Yamato se dejó caer hacia atrás en la cama una vez que había cogido el teléfono. Hacía ya un rato que Sora se había ido a la ducha y no iban a tardar demasiado en irse a dar una vuelta por aquel lugar y poder conocerlo. No había tardado mucho en vestirse y, prácticamente cuando estaba sacando la cabeza del jersey que se había traído, había escuchado su teléfono.
- ¿Se te ha olvidado algo? – fue su saludo tras descolgar y haber visto que era su padre, con el cual había hablado hacía un rato para poder darle los buenos días a la niña.
- No, pero es que quería hablar contigo. ¿Es mal momento?
- No, de hecho estaba haciendo tiempo. Sora está en la ducha, ¿pasa algo? ¿Ya te has peleado con el abuelo?
- Posiblemente dentro de un rato vuelva a mirarme mal otra vez, pero no, oficialmente no le he hecho nada – el tono que utilizó atrajo la atención del rubio, sin entender muy bien de lo que podría estar hablando.
- ¿Oficialmente? – arqueó una ceja, terminando de dejarse caerse del todo hasta quedar tumbado.
No obtuvo respuesta inmediata, quedándose ambos en silencio, no pasando mucho hasta que Yamato arqueó las cejas, creyendo entender de lo que le estaba hablando su padre.
- ¿De verdad al final has tenido las narices de hacerlo?
- Anoche.
- ¿Y qué?
- ¿Te acuerdas cuando me pasé la noche que le pediste a Sora que se casara contigo mandándote mensajes y no te dio la gana de contestarme?
- No, no es que no me diera la gana. Al que no me dio la gana de contestarle fue a Taichi, los tuyos ni los vi porque estaba altamente ocupado con otras cosas más interesantes que tú. Y si piensas que no la voy a llamar a ella para preguntarle directamente vas listo…
Escuchó como su padre se reía de fondo, quizás no habiendo esperado una respuesta tan abierta de su hijo o la declaración de intenciones posterior, pero tampoco intentó más hacerse el interesante con el tema.
- Pues por el momento vamos a ver si encontramos un sitio más o menos que quede cerca vuestro y de Takeru y así nos evitamos el problema de ver quién se va a dónde…
- Osea que te ha dicho que si… - sonrió-. Y tú como un idiota sin atreverte a preguntárselo durante… ¿cuánto?
- Bueno, en realidad adivinó por dónde iban los tiros y me preguntó que si se lo iba a pedir de una vez o no…
- Tampoco me sorprende – pudo ver a Sora salir del baño, ya vestida, haciéndole un gesto para que viera que estaba hablando por teléfono-. Bueno, me alegro por ti, que lo sepas. Si ya sabía yo que invitar al abuelo iba a servir para algo…
La pelirroja giró la cabeza al escuchar esas palabras, adivinando de lo que podían estar hablando, cambiando sus pasos y yendo a sentarse al lado de Yamato en la cama, atenta a la conversación.
- ¿Se lo ha dicho? – preguntó.
- ¿Esa ha sido Sora? – la escuchó su suegro.
- Sí, claro. Ya te dije que la de la idea había sido ella – puso el manos libres-, así que ya puedes darle las gracias.
- Había que tomar medidas drásticas – dijo la pelirroja a modo de defensa-. Me alegro muchísimo…
- Ya, ya, traidora tú también. Vaya dos se han ido a juntar en mi contra… No os distraigo más, os dejo ir a hacer turismo. Ya, cuando intentéis venir a por mi nieta, me pensaré si os abro la puerta o no.
La pelirroja se echó a reír, dejando entonces que Yamato se despidiera de su padre, esperando que colgara el teléfono, dando un par de ligeros saltos sobre sí misma cuando lo hizo, dejando claro que no era solamente Haru la que solía tener esos comportamiento.
- Si te soy sincero, tenía mis sinceras dudas. Mucho meterse conmigo por tomarme siempre con calma las cosas contigo, peor él con mi madre es experto en aterrorizarse… - contestó divertido, mirándola.
- Lo que pasa es que yo soy algo más rápida que ella en querer las cosas hechas – sonrió de una forma casi traviesa-, y te aclaro las ideas antes de que te dé tiempo a liarla.
- Y aún así me las tengo arreglado para liarla bien – se puso en pie.
- Sí, escapa de mi alcance – lo siguió-. ¿Estás ya listo?
- ¿Tú? – dijo tras asentir, viéndola hacer lo mismo-. Venga, pues nos vamos. Y ya cuando lleguemos a Tokio interrogamos a mi padre en condiciones, y así tienes entretenimiento para meterte con Takeru un par de días al menos…
Hiroaki colgó el teléfono, negando con la cabeza mientras que se reía por lo bajo. En otras circunstancias hubiera preferido tener una conversación más privada con su hijo, pero contando que apreciaba a su nuera como si lo fuera y también sabía que ella estaba pendiente del tema.
- ¿Con quién hablabas? – le preguntó Natsuko.
- Con tu hijo – se giró hacia ella, dejando también el móvil.
- ¿Por qué? ¿Se te olvidó decirle algo antes?
- No, quería hablar con él…
- Osea, que ya le has contado lo que hablamos anoche, ¿no? – dijo divertida.
- Y a tu nuera, la cual estaba altamente interesada sobre el asunto – se encogió de hombros-. Pero bueno, yo creo que ya que han estado los dos conspirando para ver si encontraban la forma de darme un empujón…
La rubia negó con la cabeza, cruzándose de brazos. Le hacía gracia todo aquello, porque se podía imaginar las vueltas que habría estado dando él para que hubiera levantado tales niveles de interés.
- Bueno, tampoco se puede meter mucho contigo porque si no fuera por Sora no sé yo si alguien le habría reordenado las ideas…
- Ya, el problema viene cuando es ella la que se mete conmigo, que no puedo decirle nada…
- Por la cuenta que te trae - esperó hasta ver cómo se colocaba delante de ella, levantando la vista hacia él-. ¿Y Takeru?
- Bueno, a Takeru podemos seguir mareándolo una temporada – sonrió, alargando las manos hacia ella con intención de acercársela.
- Hija, ¿dónde has me has metido la chaqueta que traía ayer?
La voz de Michel acercándose hacia dónde estaban provocó que ambos dieran un respingo, alejándose casi como si se hubieran dado un calambrazo el uno a la otra, casi como dos adolescentes que estaban intentando intimar y de repente alguien llegaba para molestarlos.
2008
Yamato resopló, tirando el lápiz que tenía en la mano al otro extremo de la mesa y estirándose hacia atrás en la silla. Llevaba todo el día estudiando para el examen y la cabeza estaba a punto de explotarle. Se quedó unos segundos en la misma posición, al menos hasta que escuchó el característico "clack" de su hombro volviendo a su sitio después de estar tanto tiempo retorcido.
Giró la cabeza para poder mirar hacia encima de la cama, lugar en el que tenía tirado el teléfono, viendo una luz brillando en la pantalla. Recordó en ese momento que poco antes de moralizarse para ponerse a estudiar había estado mandando algunos mensajes. Se estiró desde donde estaba para poder llegar, teniendo cuidado de no caerse de la silla, consiguiendo cogerlo. Una sonrisa apareció en su cara automáticamente nada más ver el nombre de Sora en la pantalla.
Sabía que se estaba metiendo en territorio peligroso, pero, después de la tarde que habían pasado en el parque la semana pasada, no podía evitarlo. El examen que tenía por delante era importante, pero no tenía nada que ver con el anterior. Estaba más relajado, tenía más tiempo y… simplemente no podía evitarlo. Había sido encontrarse con ella aquella noche y no poder hacer nada por mantener de nuevo las distancias. En el momento en el que había podido dejar de lado el estrés por la beca, o al menos el estrés provocado por lo que él hiciera o dejara de hacer, ya había sido un caso perdido por completo.
Leyó la respuesta de ella, quedándose pensativo unos segundos antes de decidir tomarse un buen descanso y entretenerse un rato aunque fuera de esa forma. No le iba a venir mal, eso sin duda.
- Oye – dijo nada más escuchar cómo su hermano descolgaba el teléfono-. ¿A qué hora vas a venir? ¿A las siete? No… No… por saberlo. Vale, pues te espero…
Había quedado con Takeru para cenar y como su padre se había ido acompañado por Gabumon a cubrir un reportaje, había acabado teniendo la brillante idea de decirle a Sora que por qué no iba con ellos. Sabía a lo que se arriesgaba a aguantar por parte de su hermano en cuanto la viera allí pero, por otro lado, no era valiente suficiente como para poder decirle a ella que viniera estando los dos solos.
Le daba miedo que pudiera malinterpretar la invitación y enfadarse con él. O al menos eso era lo que se decía a sí mismo, porque lo que le daba miedo era pensar en la idea de quedarse los dos a solas donde nadie pudiera molestar. No se tenía confianza como para no meter la pata hasta el fondo y acabar con ella enfadada con él. Era muy fácil suponer que ella iba a acabar enfadada de todas las formas, simplemente se remitía a los hechos y a la experiencia. Así que con Takeru en la ecuación la cosa era más fácil.
Dio un respingo al volver a escuchar su teléfono, leyendo nuevamente el nombre de su hermano en la pantalla, frunciendo el ceño.
- ¿Qué problema tienes tú ahora?
- Mamá está trabajando y se nos ha estropeado la nevera, no puedo irme hasta que lleguen a arreglarla.
- ¿Cómo que no puedes irte?
- Pues que tengo que estar aquí para abrir. Oye, si papá no va a volver pronto, ¿por qué no te vienes tú a cenar aquí?
- No…
- Mamá no te va a morder, ¿eh? Es más, si llega se va a poner muy contenta.
- Tengo que estudiar, por eso te dije que vinieras tú…
- Y luego os metíais con Jou. Anda, ya tendrás tiempo, ven a cenar aquí.
- Que no puedo te he dicho.
- Sí que puedes, pero no te da la gana.
- Pues ni puedo ni me da la gana. Y podrías habérmelo dicho primero.
- No me había acordado…
- Bah… No te habías acordado.
- Oye, no seas así, haz el favor de venir…
- Que no voy a ir a ninguna parte. Aprovecharé para estudiar más ya que no tendré a nadie en casa para que me toque las narices.
- Qué cascarrabias eres…
- Lo que tú digas.
Dando por terminada la conversación, colgó, dejando el teléfono encima de la mesa. No le importaba tener que cenar solo, absolutamente sin nadie más en casa, estaba acostumbrado. Pero estaba seguro de que había hasta empalidecido al darse cuenta de que sin duda, no iba a estarlo. Miró la hora en el reloj, dándose cuenta de que Sora estaría a punto de llegar.
¿Qué hacía ahora? ¿Por qué su hermano se las arreglaba para tocarle las narices de formas que ni siquiera se podía imaginar?
- Ni que lo hiciera queriendo el mocoso este – gruñó por lo bajo segundos antes de escuchar el timbre de la puerta.
Arqueó las cejas, recordando que además a Sora le había dicho que se pasara algo primero para poder verla un rato antes de que llegara su hermano. Pero… ¿y si ahora pensaba que lo de Takeru era una excusa? Agitó la cabeza, quitándose las ideas idiotas de su cabeza y acercándose a abrir mientras que se pasaba la mano por el pelo para ordenarlo un poco.
- ¿Llego muy pronto? – fue el saludo de ella.
- No – sonrió-. Ya no estaba estudiando… - se apartó para dejarla pasar.
- Me pillaste bastante cerca porque había estado jugando al tenis… - comentó de forma distraída mientras que dejaba las cosas y se quitaba el calzado para poder entrar.
Los ojos de él se posaron de forma automática en ella tras sus últimas palabras sin poder evitarlo. Por suerte, se había cambiado de ropa y no había rastro del uniforme con el que solía jugar. Sabía perfectamente que no era sano para él. Nunca lo había sido.
- Tenemos un problema – dijo cuando ella ya volvió a centrar su atención en él.
- ¿Problema? – lo observó.
- El otro idiota acaba de llamarme para decirme que no puede venir porque tiene que quedarse en casa para un recado de mi madre – nervioso, inconscientemente se llevó la mano al pelo, descolocando lo que anteriormente hubiera colocado-. Así que o sé si va a darle tiempo a venir.
- Ah… - aquello pareció sorprenderla, quedándose unos momentos en silencio, terminando por volver a enfocarlo y dejar escapar una sonrisa-. La verdad… Es que… Lo prefiero – pudo notar como se le subía algo el color a las mejillas la hablar-. No sé si tengo gana de que Takeru pregone por toda la ciudad que… - dudó antes de hablar nuevamente – que volvemos… - era complicado de definirlo.
- Ya, yo también lo pensé – decidió ayudarla, cortando sus palabras-. Pero por otro lado sabía que le iba a gustar verte un rato- volvió a sonreírle para que ella se relajara-. ¿Quieres algo de beber? Siéntate dónde quieras que voy a por ello mientras.
La pelirroja asintió, agradeciendo que él hubiera entendido lo que ella quería decir, haciendo lo que le había dicho, yendo a sentarse tranquilamente al salón. Buscó a su alrededor para ver si encontraba a Gabumon, recordando entonces que le había comentado que se había ido con su padre. Es decir, estaban los dos solos.
Por un lado agradecía que nadie más fuera a meterse, pudiendo así seguir llevando aquello que fuera que se traían entre ellos en privado. Sin que nadie más se metiera. Ella, por su parte, estaba teniendo especial cuidado con Taichi. Aunque se moría de ganas por contárselo y poder hablar con él del tema, pero sabía que se iba a enfadar con ella. Se iba a enfadar porque era superior a él el comportarse de esa forma protectora con ella. Y no tenía ganas de discutir con él. Por otro lado, estar completamente a solas con él era algo que la ponía muy nerviosa, pero en el buen sentido de la palabra.
- Toma – la voz del rubio la devolvió a la realidad, viendo delante de ella un vaso.
- Gracias – levantó la vista para sonreírle a modo de agradecimiento, dándose cuenta entonces de un detalle en el que todavía no se había fijado-. ¿Desde cuando usas gafas? – arqueó las cejas sorprendida.
- ¿Hm? – imitó el mismo gesto de ella, dándose cuenta entonces de que se las había dejado puestas y ni siquiera se había dado cuenta-. Ah…. Eh…. Las uso para estudiar o ir a clase… No me había dado ni cuenta…
La pelirroja se echó a reír por lo rojo que se había puesto él al verse pillado, se dedicó a observarlo algo más antes de que se las quitara, llegando a la misma conclusión de siempre con todo lo que a él respectaba.
- Te quedan bien – dijo sin alzar demasiado el tono, consiguiendo que él se pusiera más rojo de lo que ya estaba.
- Si no me las pongo luego me duele la cabeza… - intentó desviar el tema, quitándoselas ahora y dejándolas encima de la mesita del salón, tomando asiento también-. Sobretodo cuando voy a clase… O me paso largos ratos estudiando.
- Suena lógico… Y más con todas esas cosas raras que te he visto alguna vez en los papeles…
- Bueno, perdona que te lo diga, pero como si lo tuyo tuviera una pinta más normal…
Se rieron a la vez por el comentario, quedándose ella distraída todavía observándolo unos segundos. Sin duda le quedaban bien las gafas. Con Yamato ya se podía hablar de caso perdido. Estaba segura de que recién levantado, con el por de los pijamas, ojeras y pelos de loco iba a estar guapo. Pero las gafas le terminaban de dar un aire de… persona que estudiaba ingeniera aeroespacial. Decidió dar un trago del refresco que le había traído para ganar algo de tiempo.
- ¿Qué tal llevas las entregas? – volvió a hablar el rubio.
- No tenías que haberme ayudado a fregar – le dijo Yamato mientras que colocaba lo que había sobrado en la nevera.
- Claro que sí, para encima que has hecho la cena – sonrió, girándose y quedándose apoyada en la encimera.
- Bueno, fue con lo que te engañé para que vinieras, ¿no? – se quedó mirándola, acabando por acercarse hasta ella.
- Es una buena treta, que lo sepas. Es una garantía bastante segura de que me merece la pena venir hasta aquí – lo siguió con la mirada hasta que por fin lo tuvo enfrente.
- Algo bueno tengo que tener para ofrecer – se rió por lo bajo, cruzándose de brazos, observándola desde su posición.
- Y de extra te he pillado con las gafas puestas… Creo que eso cuenta como información privilegiada que podría llegar a usar en tu contra – cambió el tono de su sonrisa a una más traviesa.
Pudo ver como él arqueaba una ceja con la salida de ella, tardando unos segundos en descruzar los brazos y acercarse a ella para poder pincharla en los costados a modo de venganza por su amenaza, viendo como daba un respingo y rápidamente intentaba espantarlo a manotazos.
- Has empezado tú – le dijo divertido por su reacción, dedicándole una de sus sonrisas ladeadas.
- A mí no me vengas con tus tretas de Ishida – dándose cuenta de su gesto, retrocedió para quedarse del todo apoyada en la encimera, dejándolo dar un paso hacia delante a su vez y quedar justamente enfrente de ella-. No te hacen falta…
- No, contigo no. Tengo que recurrir a cosas mejores – se encogió de hombros, volviendo a sentir la comodidad que había sentido el día que había ido al parque, pareciéndole totalmente natural el hecho de llevar la mano a su mejilla y retirarle así el cabello hacia atrás.
