Se terminó de calmar cuando vio como ella cerraba los ojos y disfrutaba así de su gesto, ladeando ligeramente su cabeza hacia el lado en el que él la estaba tocado para tener algo más de contacto.
- Vas a acabar malacostumbrándome – le dijo, aún observándola.
- Ojalá – abrió los ojos-. No te vayas a pensar que me iba a molestar que te acostumbrases a estas cosas.
- ¿Todavía te fías de mí a pesar de lo sumamente idiota que llevo siendo toda mi vida?
- Ya te compramos con ese problema… - se encogió de hombros.
No dijo nada para defenderse de esa acusación, a sabiendas de que ella tenía toda la razón. Era algo que ya sabían que solía pasarle. La falta de confianza le llevaba a meter mucho la pata y a hacer las cosas horriblemente mal. Se dio cuenta de que ella estaba cambiando su postura, haciendo por acercarse más a él y disminuir la diferencia de alturas entre ambos, entendiendo sus intenciones. Inclinó la cabeza de forma instantánea, dejándola así alcanzarlo y que fuera ella quien tomara la iniciativa, dejándola besarlo y dedicándose a seguirla, llevando la mano a su nuca, notando como ella se quedaba abrazada a él poco a poco por la cintura. Dejó escapar muy lentamente el aire antes de dedicarse a bajar la mano que le quedaba libre por su brazo, acariciándola en el proceso.
- ¿Has sabido algo del examen ese? – le preguntó cuando se separó, levantado la vista hacia él.
- No, creo que tardan un par de meses al menos – la dejó maniobrar, dándose cuenta de que quería cambiar de lugar las manos subiéndolas por sus brazos para posarlas en sus hombros-. ¿Por qué?
- ¿Cómo que por qué? – sonrió-. Con la buena oportunidad que es… ¿No estás nervioso?
- Intento no pensar en ello. Ya no hay más que pueda hacer al respecto – se encogió de hombros – aprovechando para posar ahora sus manos en la cintura de ella, acercándosela-. La verdad es que ahora mismo quiero centrarme en los exámenes de la propia carrera y… En alguna que otra cosa – se le quedó mirando, haciendo asi una clara referencia a ella- que tengo más a mano.
La pelirroja sonrió entendiendo perfectamente a lo que se refería. Como respuesta se estiró, poniéndose de puntillas para poder cerrar sus brazos en torno a su cuello y quedarse completamente pegada a él.
- Si te digo la verdad… me alegro de que no haya venido tu hermano – le dijo por fin. Le gustaba ver a Takeru también, pero sin duda agradecía estar a solas con Yamato, más aún en la situación en la que estaban-. Al final voy a tener que darle las gracias a Mimi.
- ¿Mimi? – le contestó, confuso.
- El día que nos encontramos fue ella la que me sacó a rastras de casa – se rió tras decir aquello-. Así que sí… No sé yo hasta qué punto me habría dignado a volver a dirigirte la palabra si no fuera porque estaba algo más alegre de la cuenta.
- ¿Tú? ¿Más alegre de la cuenta? ¿Una señorita seria y formal como tú? – se empezó a reír-. Me lo tendría más que merecido, pero bueno, creo que tengo un poco más claras las cosas ahora mismo. Y oye, he mejorado mucho. Ya no me aterrorizo solo porque estés en la misma habitación que yo. Hasta sé terminar las frases y todo.
Pudo ver como la respuesta de ella era empezar a reírse automáticamente. Sabía que tenía toda la razón. Sin embargo, aquello hizo que en su memoria volviera a aparecer uno de los últimos momentos de la noche, cuando él mismo había echado el freno. El recuerdo hizo que se le hubieran ligeramente los colores, delatándola.
- Yo creo que sea como sea tampoco tengo muchas pegas en cómo pasaron las cosas en mi cabeza – habló él dándose cuenta-. ¿No crees?
- ¿Seguro?
- Ya te lo dije, contigo no quiero que las cosas sean como siempre – a ser posible, pretendía hacer las cosas lo suficientemente bien con ella como para no tener que volver a pensar en volver a las andadas, pero eso no lo dijo-. Ya bastante mal lo hemos hecho en el pasado como para andar con prisas y que luego te pases dos semanas sin mirarme a la cara.
- Das mucho por supuesto tú – dejó caer sin aclarar por qué lo decía.
Podía estar diciéndolo porque él estaba dando por supuesto que hubiera llegado a pasar algo serio entre ellos dos, podría estar diciéndolo porque igual no habría salido huyendo y sin mirarlo a la cara. Ella más bien quería creer que lo decía por la segunda opción, pero quizás su propia estupidez hubiera tomado el control de la situación. Sin embargo, aquella vez, más en frío y serena, fue capaz de volver a mirarlo.
- A lo mejor tendrías que hace la prueba para ver qué pasa – se atrevió a decir observándolo.
No iba a decir que el comentario de ella no lo pilló por sorpresa. No estaba acostumbrado a que ella fuera directa, aunque no entendía por qué, ya que era como siempre habían funcionado las cosas entre ellos dos. Siempre había sido así, ¿por qué no iba a ser ahora igual? Simplemente cambiaba la situación a una más apropiada a la edad que tenían.
- Ten cuidado no te vaya a pedir que me lo pongas por escrito – comentó antes de volver a sonreírle como antes, aprovechando la distracción para cerrar los brazos con más fuerza en torno a ella para acercársela más.
Se volvió a reír, dejándose acercar, volviendo a ponerse de puntillas para alcanzar mejor a poder cerrar sus brazos en torno a su cuello. Aquella vez lo dejó que fuera él quien tomara el control y que la besara, limitándose a cerrar los ojos y a disfrutar del contacto. No había llegado todavía a tener la conversación consigo misma sobre si aquello era mala idea o no. Sabía que acercarse a Yamato solía salirle mal, pero, ¿por qué tendría que hacerlo? Lo notaba en su forma de actuar. Había algo que simplemente la hacía sentirse cómoda con él.
Simplemente parecía que estaba todo bien.
Sintió la suave caricia que él le dedicó en los costados, entreteniéndose así en recorrerla con las manos sin ir mucho más allá, simplemente dedicándose a acariciarla de forma cariñosa. Se quedó pegada a él cuando la falta de aire fue necesaria, sonriéndole nuevamente a modo de confirmación cuando la empujó ligeramente para que se moviera y poder caminar con ella hacia el salón de vuelta.
Iban a estar más cómodos que en la cocina y de verdad que le apetecía poder avanzar un poco más las cosas con ella. No estaba tampoco seguro hasta que punto quería llegar tampoco, simplemente prefería dejar las cosas fluir, y sobretodo, estar pendiente de que ella estuviera en la misma situación. Por el momento parecía que Sora pensaba también lo mismo. Llegó con ella hasta el sofá, llevando las manos a sus mejillas para dedicarle una caricia y otro pequeño beso, notando como había adivinado sus intenciones y nada más separarse se dejaba tumbar, quedándose a la espera de que volviera a su lado.
La siguió rápidamente, quedándose con la posición de ventaja aunque sin buscar colocarse sobre ella del todo. Notó como volvía a pasar su brazos en torno a su cuello, acercándolo hacia ella y empezando a jugar con su cabello, consiguiendo de esa forma que volviera a besarla, olvidándose de todo lo que pudiera rodearlo.
Pasado un rato consiguió separarse de ella, buscando centrarse y dedicar unos segundos a calmarse. Estaba llegando a un punto donde o bien echaba el freno o iba hasta el final con todas las consecuencias. Se quedó mirándola, notando como jugaba con sus uñas en su cuello. Hacía unos segundos que se había armado de valor para colar una mano por dentro de la camiseta de ella, simplemente repitiendo las caricias de antes, solo que ahora sintiendo la piel de su cintura. Estudió su expresión, disfrutando de ella. El día del callejón estaba seguro de que había llegado mucho más allá con sus manos y comportamiento, pero ahora lo estaba disfrutando más. Se inclinó hacia su cuello, empezando a recorrerlo con pequeños besos, escuchando su reacción y sonriendo de forma ladeada antes de girarse ligeramente para poder acomodarse mejor.
Fue entonces cuando vio un par de ojos rojos mirándolo desde el otro extremo del salón prácticamente con la misma cara de susto que se le quedó a él.
- ¿Qué estás haciendo tú ahí? – preguntó.
Dio gracias a que su cabeza fue capaz de darse cuenta de que si Gabumon estaba allí, eso quería decir que era solo cuestión de momentos que su padre terminara de dejar las cosas en la entrada y que lo viera también. Cruzó una mirada con Sora, dándose cuenta de que ella también se había dado cuenta. Se retiró hacia atrás casi como si ella le acabara de provocar un calambre, empezando a pasarse la mano por el pelo, colocándoselo. Pudo ver como la pelirroja hacía lo mismo, empezando a colocarse lo más rápido que pudo, atendiendo al gesto que le hizo él para, al menos, no estar sentados con cara de susto, intentando llegar a tiempo hasta la cocina.
- Tú – llamó al digimon para hacerle un gesto de silencio, quedándose al otro lado de la encimera. Pudo ver por el rabillo del ojo que Sora, una vez pasada la sorpresa inicial estaba intentando hacer el esfuerzo de no empezar a reírse.
Apenas unos momentos más tarde pudo ver a Hiroaki aparecer finalmente, notando como echaba el freno nada más ver que su hijo estaba acompañado, reconociéndola automáticamente.
- Ehm… - arqueó las cejas-. ¿No ibas a cenar con tu hermano?
- Me dejó tirado – se encogió de hombros-. Tenía que hacerle un recado a Natsuko…
- Ah… - confuso, enfocó a la pelirroja, sonriéndole a modo de saludo-. Hola Sora. Cuánto tiempo…
- ¿Estás segura de que no quieres que te lleve yo? – preguntó Yamato, habiendo bajado a la calle con Sora para esperar al taxi y poder despedirse de ella en paz.
- No hace falta, no te preocupes – se encogió de hombros-. Me ha gustado volver a ver a tu padre.
- Ya… - hizo una pausa, no queriendo dejar que se fuera sin aclarar lo que había pasado-. Oye, yo…
- Yamato – se giró hacia él-. Está todo bien. Ya tendremos tiempo. Yo estoy perfectamente con que volvamos a vernos y que lo demás sea como tenga que ser. No te montes paranoias de las tuyas en la cabeza – pudo ver como el transporte por fin se acercaba, yendo hasta él para ponerse de puntillas y darle un beso en la mejilla a modo de despedida-. Gracias por la cena, estaba muy rica.
- Mañana te llamo – le dijo sin poder evitar que se le escapara una sonrisa dulce a modo de respuesta a su gesto-. Avísame cuando llegues a casa.
Se quedó en la calle hasta que la perdió de vista dando la vuelta para casa, dejando las llaves tiradas en el mueble de la entrada y caminando de nuevo hacia la cocina donde había dejado a su padre calentándose la cena. La cara con la que se lo encontró fue muy diferente a la última que le había visto cuando Sora aún estaba en casa.
- ¿Qué? – preguntó con una sonrisa divertida, quedándose apoyado al lado del microondas.
- ¿Qué de qué?
- Eso no me lo habías dicho, ¿eh? ¿Habéis vuelto?
El rubio se quedó mirándolo, decidiendo ayudarlo a poner las cosas en la mesa para que no tuviera que perder el tiempo y pudiera cenar en paz, hasta cierto punto no quería que su padre se metiera en el asunto pero también necesitaba comentarlo con alguien. Hiroaki siempre solía ser la mejor de las opciones.
- Bueno… - caminó hacia la mesa con el plato tras haberlo sacado del microondas al fi - yo solo te digo que es un poquito pronto, pero si habéis vuelto en serio y me quieres dar una nieta, yo te defiendo de Toshiko, ¿eh?
No pudo mantener el gesto serio al ver del color rojo intenso que se acababa de poner su hijo y la cara con la que lo estaba mirando, echándose a reír, sobretodo cuando vio que se levantaba de la mesa con cara de malas pulgas.
- Anda, no seas aburrido, ven aquí…
- Tengo que estudiar – gruñó mirando hacia Gabumon de reojo.
- Si yo me alegro mucho por vosotros hombre…
- Que me dejes en paz – entró en la habitación, cerrando la puerta de un portazo.
- Han vuelto, ¿no? – le preguntó directamente al digimon, el cual también estaba empezando a cenar.
No obtuvo respuesta, porque Gabumon bajó la vista hacia el plato sin querer mirar hacia nadie, todavía con un ligero tono rojizo en la cara. Hiroaki se rio, empezando a cenar por fin. No iba a decir que no se alegrase por su hijo. Si de verdad ellos dos habían vuelto se alegraba bastante, porque hasta él que lo había visto muy desde lejos por el poco tiempo que tenía para estar en casa, pero la cara de idiota que se le quedaba a Yamato cuando la tenía cerca era muy evidente.
Escuchó el sonido de un teléfono cuando ya estaba terminando su cena, viendo como apenas unos segundos después su hijo aparecía a las carreras. Arqueó una ceja, siguiéndolo con la mirada, estudiando sus reacciones hasta verlo sonreír de una forma bastante delatadora.
- ¿Qué? ¿Ya ha llegado a casa? – preguntó, divertido-. Anda, venga, no huyas otra vez y ponme al día cobarde…
