- Bueno, yo creo que porque te ayude a ir haciendo la cena no vamos a tener que llamar a los bomberos – dijo Taichi entretenido mientras que vigilaba a Sora-. Por el momento tengo mejor movilidad que tú… ¡Agresiva! – esquivó una bola que había hecho con uno de los envoltorios de lo que estaba utilizando para cocinar que ella le estaba lanzando.

- ¿Quieres ayudar? Vete a entretener a Aiko diciéndole que te ayude a poner la mesa fuera…

- Pero…

- Nada de peros, venga. Hoy no es un buen día para llevarme la contraria, estás avisado…

- Nunca creí que diría esto, pero… Pobrecito Yamato…

Divertido, volviendo a escaparse de los ataques de ella hizo exactamente lo que le había pedido, cogiendo por el camino los platos y asomándose por el salón donde estaba Aiko tirada en el suelo vigilando el pequeño huevo que semanas atrás había hecho acto de presencia en aquella casa. Sonrió al verla, casi sin parpadear, pendiente de aquel digihuevo casi como si esperara que se pudiera abrir en cualquier momento.

- ¿No tenemos novedades? – se acercó a ella, dejando los platos en el sofá y agachándose para quedar a su lado.

- ¡No! ¡Y yo quiero que salga ya!

- Bueno, paciencia – sonrió-. Ya verás como dentro de nada lo tienes por aquí contigo. Oye – alargó la mano hacia ella para poder pincharla con suavidad en el brazo-. ¿Me ayudas a poner la mesa? Podemos dejar el huevito en el sofá cómodamente que seguro que Gabumon te lo vigila…

- ¿Me lo cuidas tú, Gabu? – levantó la vista hacia el digimon.

- Claro que te lo cuida – el embajador volvió a incorporarse, entretenido con la escena, cogiendo entonces los platos de nuevo y esperando que la niña lo siguiera.

Era lógico que Aiko fuera a acabar amaneciendo un día con un huevo para ella. En el caso de ella más que en el suyo, ya que tanto Sora como Yamato tenían una estrecha relación con el mundo digital. La gran duda que les quedaba ahora si el digimon iba a ser de una rama o de la otra, aunque él estaba bastante seguro que no tardarían en tener un pequeño Nyokimon por casa, aquella niña sería idéntica a su padre en cuanto a aspecto, pero cada día que pasaba se le notaban más rasgos del carácter de su madre y eso era lo que realmente importaba.

- Oye, me han dicho que en septiembre vas a empezar al cole – le dijo una vez que alcanzaron la mesa-. ¿Tienes ganas de ir?

- ¡No!

- Uy, ¿cómo que no?

- No – negó con la cabeza de forma insistente.

- ¿Y eso? ¿No tienes ganas de empezar?

- Yo tengo que cuidar del nene chiquitín – anunció completamente convencida de sus palabras, no pudiendo más que sacarle a Taichi una sonrisa.

Aprovechó para ir dejando las cosas poco a poco, viendo como la niña se limitaba a ir detrás de él como si estuviera vigilando que no dejaba nada fuera de sitio.

- Puedes cuidarlo cuando estés en casa – habló de nuevo-. Ya verás, mientras que tú estés en el colegio lo dejas con Gabumon y Biyomon y ya se encargan ellos de que no le pase nada. Igual que hacían contigo cuando eras más pequeña.

- No – negó de nuevo insistentemente con la cabeza.

- ¿No quieres que lo cuiden ellos?

- No – volvió a repetir el gesto-. Al nene chiquitín tengo que cuidarlo yo…

- Bueno, no te preocupes, seguro que de aquí a que venga el nene chiquitín – lo llamó de la misma forma de ella, cogiéndola para irse hacia la cocina de nuevo con ella y poder recoger más cosas – encontramos una solución. Yo te ayudaré a pensar, ya verás…


Yamato llegó por fin a casa habiendo parado en la tienda para comprar algunas de las cosas que Sora le había encargado. No iba a negar que por la mañana se hubiera sentido aliviado al escaparse del mal humor de ella, pero, realmente, después de saber que se había pasado la noche en vela mientras que el dormía plácidamente… Le había entrado ligeramente el sentimiento de culpa y había acabado dando alguna que otra vuelta de más en la tienda para traerle algún dulce de su agrado en señal de paz.

El olor de la cena lo distrajo, haciendo que se quedara a medio camino se quitarse el calzado, oliendo el ambiente, decidiendo que fuera lo que fuera que tenían para cenar, acababa de abrirle el apetito.

- Ya estoy en casa – anunció antes de saludar a Gabumon con la cabeza, viéndolo al lado del huevo de Aiko, el cual seguramente tendría que estar vigilando-. Eso, tú ten cuidado que no vaya a salir corriendo de repente.

Giró la cabeza hacia la cristalera, viendo entonces a Biyomon jugando con Aiko fuera, acompañadas de Taichi. Sonrió antes de seguir de largo, decidiendo ir primero a saludar a la pelirroja y luego hacerle caso a los demás. Se quedó unos segundos observándola apoyado en el marco de la puerta, completamente distraído, hasta que notó cómo sus ojos canela lo descubrían y se quedaban observándolo.

- ¿Cuánto tiempo llevas tú ahí?

- El suficiente – sonrió de forma ladeada antes de despegarse de su punto de apoyo y echar a andar hacia la encimera para posar las bolsas-. ¿Qué tal el día?

- Agotador… Pero algo me dice que hoy tampoco voy a poder dormir, así que… - se encogió de hombros, dejándose acercar a él cuando soltó las cosas, recibiendo un beso en la frente a modo de saludo.

- Te he traído helado de galleta para que te lo comas tranquilamente por la noche si vuelves a estar desvelada…

- ¿Es tu ofrenda de paz por haberme despertado?

- Más o menos… Por si estabas más enfadada también te lo he traído de chocolate, pero ya solo en caso más grave…

Pudo ver como ella se reía de su respuesta, acabando por alzar la vista hacia él y sonreírle.

- Si es que no es culpa tuya… Era tú hora de levantarte…

- Bueno, tampoco fue tan grave para mí, pero si te vuelve a pasar me llevo las cosas al baño de la otra habitación y me visto ahí, ¿de acuerdo? Y no me pongas esa cara – dijo divertido cuando notó que arrugaba la nariz en una ligera mueca-. ¿Te ayudo con algo?

- Pues… a llevar las cosas si quieres, porque ya está todo listo.

- Perfecto – se giró para poder volver a mirar las bolsas-. Meto esto en su sitio y te llevo yo lo demás, no me antes cogiendo cosas que pesan.

- Oye, no empieces tú como el otro, ¿eh?

Parecía que al menos estaba de mejor humor. Se notaba la cara de cansada de ella bastante, pero, al menos, no estaba enfadada con el universo. Sacó las cosas de las bolsas colocándolas en la encimera antes de empezar a repartirlas dónde tocara, viendo como ella acababa robándole el helado.

- ¿Vas a empezar por el postre?

- Quiero probarlo… - admitió con la más inocente de sus sonrisas antes de levantar la tapa y poder coger una cucharada, quedándose a la espera de que él terminara de colocar la compra.

- ¿Está bueno? – le preguntó divertido por su comportamiento.

- Muy rico – asintió-. ¿Quieres la prueba?

- ¿En serio? ¿Vas a compartir conmigo algo de tu preciado tesoro?

- Solo porque me caes bien, peor no te lo vayas a creer demasiado, ¿eh? – se encogió de hombros, esperando a que se acercara a ella para ponerse entonces de puntillas y alcanzar los labios de su marido para poder saludarlo en condiciones.

Al pillarlo tan de sorpresa lo único que pudo hacer su seguirla, posando las manos en su cintura, dejándola apartarse cuando ella quisiera, fingiendo cara de interés por el sabor del helado una vez tuvo oportunidad.

- Pues yo creo que lo han mejorado – dejó caer finalmente.

- ¿Te lo parece? – sonrió -. Anda, vamos a llevar la cena que empiezo a tener hambre…

Yamato asintió, haciendo lo que ella le decía, dejándole su espacio, acercándose a guardar lo que había traído en su sitio, al menos lo que se pudiera estropear. Se dio cuenta de que ella le estaba esperaba, colocándose a su lado y ayudándola entonces a coger las cosas para poder salir hacia el jardín de nuevo.

- ¡Papi! – la voz de Aiko delató la llegada de su padre, saliendo corriendo hacia él a las carreras.

- Espera, espera tortuguita, que tengo las manos llenas – le dijo, riéndose al verla, acelerando el paso para poder dejar las cosas en la mesa-. Ahora sí, ven aquí – se agachó rápidamente para cogerla, teniéndolo fácil casi que dando ella un salto.

- Mira, quién lo iba a decir… - dijo Taichi divertido, observando la escena-. ¿Te traigo un babero?

- Fue a hablar el más apropiado…- le dijo la pelirroja, colocando todo lo que el rubio había posado para ir a por la niña-. ¿Qué habéis estado haciendo? – le preguntó al castaño.

- Me ha estado contando que no quiere ir al cole porque tiene que cuidar al nene chiquitín… Creo que no considera a Gabumon suficientemente hábil como para poder hacer de niñero en su ausencia.

- El pobre Gabumon ya tiene bastante con hacer de niñero para el huevo… Y hablando del cual – lo buscó con la mirada, encontrándolo en el sofá-. ¿En serio?

- ¿Qué? – Yamato buscó a su compañero también, girándose hacia él-. ¿No vas a venir?

- Aiko me ha pedido que cuide del huevo…

- ¿Y te vas a quedar sin cenar? El huevo no va a ir a ninguna parte – pudo ver que Biyomon acababa tomando tierra al lado del otro-. ¿Tú también?

La pelirroja se acabó dando por vecina, riéndose por lo bajo. Era una batalla que tenía perdida y sabía que el drama tenía fácil solución. Cogió los platos de los digimon antes que los de nadie más, empezando entonces a echarles un poco de todo para que pudiera entrar.

- Si luego queréis más me lo pedís… - dijo llegando hasta donde ellos con las cosas en la mesita.

- Mami – dijo Aiko desde los brazos de Yamato, llamando así su atención-. Yo quiero cenar con ellos.

- Con ellos… ¿o con el huevito? – sonrió, dándole un leve toquecito en la nariz-. Anda… dile a tu padre que te siente y ahora te traigo para ti… ¿Seguro que tú no quieres también cuidarlo? – le dijo a Taichi cuando volvió a llegar hasta donde estaba.

- Muy amable, pero ya me tocó el drama del huevo hace una temporada… Al menos Aiko es cuidadosa con él y no pretende llevárselo a jugar a la pelota… ¡No te rías! – le dijo al rubo cuando llegó hasta ellos.

- Claro que me río, porque estaba allí y te vi salir corriendo por medio parque para que no acabara en el agua – cogió los vasos para poder llevarlos a los otros y la botella con el agua-. Ya lo llevo yo, tranquila. Tú siéntate de una vez…

Sin protestar, Sora hizo caso de lo que él le decía, tomando asiento con aire cansado, quedándose mirando desde allí a la niña la cual se habia acomodado cerca de los digimon y el digihuevo, donde podía alcanzar bien a la mesa.

- ¿Te dije que le ha hecho una cama con cojines y un par de mantas? – habló de nuevo, reclamando así la atención de Taichi.

- No… pero me lo creo perfectamente – tomó asiento él a su vez, quedándose al lado de ella-. Tienes una cara de estar cansada que no puedes con ella… A ver si en cenando te vas a la cama a descansar.

- No sé, lo mismo me pasó ayer y luego no pegué ojo. Es este calor y que no encuentro postura – se llevó la mano a la ya abultada barriga-. Alguien ha crecido muy bien y no me deja…

- A lo mejor el cansancio gana hoy.

- ¿Has oído? – habló mirando hacia abajo, como si esperara que el bebé fuera a contestar-. Hazle caso a Taichi…