Sora abrió los ojos, tardando unos segundos tan siquiera en darse cuenta de dónde estaba. No tenía recuerdos de haber llegado a la habitación la noche anterior, ni siquiera de haberse quedado dormida en algún momento. Se llevó la mano a los ojos, frotándoselos antes de mirar hacia los lados para comprobar que estaba donde ella creía. Lo primero que vio fue la ventana entreabierta y, nada más girarse hacia el otro lado la espalda de Yamato, quien se había girado y miraba hacia el otro lado.

Lo último que recordaba con más nitidez era estar terminando de cenar y luego haberse ido a sentar un rato en el sofá. Posiblemente ahí se hubiera quedado dormida y ahí terminaban sus suposiciones sobre cómo había llegado a la habitación. Se quedó mirando hacia el techo, estirándose con cuidado de no despertar al rubio. Aquella noche había descansado, cosa que le hacía bastante falta, podía notarlo. El bebé no la había despertado en ningún momento y a esas alturas ya casi que lo consideraba hasta extraño.

Ladeó la cabeza para observar de nuevo a su marido, dejando escapar una leve sonrisa ante sus propios pensamientos de acercarse a él. No lo hizo a pesar de todo, no queriendo despertarlo. Solía desvelarse si sentía cómo ella era incapaz de dormir y aquella era su mañana libre, no iba a molestarlo. Buscó la hora en el reloj, creyendo adivinar que ya era una buena hora para levantarse, recordando de repente que tenían visita en casa.

Conociendo a Taichi como lo conocía era bastante probable que estuviera en coma en la cama hasta dentro de un rato, pero, podía levantarse ya y preparar el desayuno para todos. Sentía que había descansado y no quería seguir en la cama, de manera que se terminó por levantar. Alargó la mano para coger la fina bata que tenía en el armario cuando pasó junto a él, echándosela por encima antes de salir al pasillo, cerrando con cuidado.

Dirigió sus pasos hacia la habitación de la pequeña para asomarse, viendo que estaba completamente dormida en la cama y los digimon con ella. No le hubiera extrañado encontrarse el hueco y que se hubiera intentado colar en la habitación de invitados para darle un poco la lata a su padrino, pero tenía pinta de haber caído igual de rendida que ella.

- ¿Qué estás haciendo tú despierto? – fue lo primero que salió de su boca al llegar a la otra parte del pasillo donde se encontró precisamente con él.

- ¿Qué estás haciendo despierta tú?

- Ir a preparar el desayuno… Anda que… Vaya pelos – le dijo divertida al fijarse en él-. ¿No es muy pronto para ti?

- Tampoco es tan pronto – se encogió de hombros-. Y había olvidado el teléfono en la cocina ayer y tuve que levantarme a por él por si acaso me había escrito Koemi o algo…

- ¿Quieres ponerlo a cargar? ¿Te dejo un cargador? Seguro que al listo de Yamato no se le ocurrió anoche… Aunque bueno, ya veo que ahora compartís ropa…

Taichi se quedó confuso unos segundos, acabando en caer en la cuenta de que lo decía por el pijama que le había dejado él. Echó a andar tras la pelirroja, sin mucha intención él tampoco de volver a la cama, yendo tras ella hasta la cocina.

- ¿Has descansado? – le preguntó, viéndola asentir mientras que se volvía a acercar a él-. Anoche te nos quedaste rendida en el sofá y de repente echaste a andar para la habitación y yo no supe más.

- Yo tampoco – le contestó divertida-. Cuando estoy tan cansada ni siquiera me entero de cómo llego a la cama, pero sí, he dormido muy bien. Ahora iba a hacernos el desayuno. ¿Qué te apetece?

- ¿Vas a hacerme el desayuno a la carta? – se apoyó en la encimera, haciéndose el interesante-. Voy a tener que venir a invadiros con más frecuencia. En casa a lo máximo a lo que aspiro son a las galletas esas con forma de dinosaurio…

- ¿Quieres? Ya sabes hasta dónde las guardo… - comentó de forma irónica antes de irse hacia el armario para poder ver qué hacer.

- Si la culpa es tuya por habérselas dado hace tiempo.

- Y tú encantado, que bien que te gustan – arrugó el gesto, quedándose pensativa unos segundos-. ¿Sabes qué? Voy a ir haciendo lo que me apetezca sobre la marcha y listo… ¿A que no me haces un favor?

- Primero te metes conmigo y ahora quieres un favor, ¿qué te hace pensar que voy a picar?

- Pues que soy tu pelirroja favorita y que no llego bien con la barriga a bajar unas cosas de ahí arriba… - intentó ponerle su mejor cara de pena, a sabiendas de que no era necesaria pero haciendo un poco el paripé.

No tardó en verlo aparecer por su lado para hacer lo que le había pedido. En otras condiciones ella misma se habría arreglado, pero ahora tenía que contar con el impedimento de la barriga y le costaba más alcanza a algunos sitios que quedaban más atrás.

- Ya has hecho tu buena acción del día – dijo mientras que le daba un par de palmaditas,

- El héroe del día – acabó riéndose, optando por no alejarse demasiado por si podía serle de utilidad.

- ¿Has dormido bien? Me extraña que no se te haya colado Aiko en la cama anoche…

- Sí que se me coló – admitió divertido-. Cuando me fui a la cama por fin se me había colado allí. Estaba tan dormida que ni se enteró cuando me la traje de vuelta a la suya, me daba pena moverla pero sino iba a acabar despertándola.

- No sé por qué tiene esa manía… Bueno, sí que lo sé – se acercó hacia la nevera-. Como Haru solía quedarse sola en Tokio al principio siempre le decíamos que se quedara en casa y Aiko quería dormir con ella y que le contara cosas… También le funciona con tu querido cuñado. Así que creo que anoche debía de haber decidido que eras su futura víctima.

- Si la cosa va de contarle a Aiko los trapos sucios yo me apunto que tengo unos cuantos para acabar con la reputación de cualquiera… Y como padrino suyo tengo más autoridad moral que ese minirrubio.

- Minirrubio… - negó con la cabeza, entretenida-. Pues mira, si quieres puedes ir a despertarla tú mientras que yo enredo por aquí. No voy a necesitar que me bajes nada más, prometido.

- Pero si es muy pronto… ¿ahora quieres que sea yo el malo de la película haciéndola madrugar?

- No, te estoy dejando ser el bueno que va a ir a decirle que se tiene que levantar porque el desayuno va a estar listo que seguro que te dice que le suena la barriguita. Además, tiene que revisar que el huevo de la discordia esté en perfecto estado.

- Es verdad. El drama del huevo… - volvió a apoyarse en la encimera, aquella vez de espaldas, quedádose del lado de ella-. Y más drama que vais a tener con lo que salga de esa cáscara.

- Calla, no me lo recuerdes. Cuando me fui a Tanegashima con Yamato estos dos se pelearon y estuvieron sin hablarse una temporada. Me estoy viendo que vamos a tener la segunda temporada…

- Pues solo con verla me la voy a jugar a que no vais a tardar en tener otro ser alado más por casa. Es más, apostaría algo… Se te parece demasiado en forma de ser.

- Ya lo sé – admitió la pelirroja, levantado la mirada hacia él-. Y me va a dar una pena horrible por Gabumon porque me lo conozco ya más que de sobra y se va a disgustar…

- No te preocupes, ya le hago yo si quieres el croquis de que eso cuenta como garantía de que no nos va a salir una cabezota cascarrabias como su padre… Solo cabezota como su madre, que también te digo que no sé yo qué será peor…

La pelirroja negó con la cabeza no pudiendo decir nada en su defensa ya que cuando tenía razón, había que dársela. Continuó con lo que estaba haciendo, viéndolo quedarse sin más distraído, vigilando lo que hacía.

- ¿El bello durmiente no se levanta detrás de ti?

- Suele ser lo normal – contestó mientras que seguía haciendo-. Creo que debe de haberse quedado en coma, pero déjalo, que si sigue durmiendo es porque le hace falta. Ayer ya viste que tenía tanto trabajo que no tuvo tiempo de venir con nosotros a tomar algo…

- Bueno no me enfadaré, pero si tan cansado está puedo llevarle yo el desayuno a la cama…

- No me lo mates del infarto, anda, que a ver como me las arreglo yo con dos peques por casa – volvió a negar con la cabeza, ahora no pudiendo más que echarse a reír.

No tardó mucho en quedarse pensativa, volviendo a notar cómo rondaba por su cabeza una idea que ya hubiera tenido días atrás y que había estado rondando días anteriores. Era algo que no tenía demasiado claro todavía y que incluso antes de hablar, hizo que girase la cabeza hacia la puerta para comprobar que estuvieran solos.

- ¿Tienes algo qué hacer el miércoles por la mañana? – le preguntó de repente.

- ¿Yo? – confuso, habiéndose quedado distraído, arqueó ambas cejas.

- Sí, no le estoy hablando al zumo – se quedó observándolo.

- ¿Por qué?

- Porque tengo una cita con la doctora…

- ¿No le dan la mañana a Yamato?

- No, no se lo he dicho por el momento.

- A ver… Espera, espera… - sacudió lentamente la cabeza-. ¿Por qué no se lo has dicho por el momento?

- Porque es una consulta que quiero hacer primero, informarme y luego decírselo a él. Y no quiero ir sola… Y tampoco me gustaría pedírselo a mi madre. Así que… ¿Voy a poner que ponerte cara de pena como la que te pone Aiko o vas a venir conmigo si puedes?

- ¿Tengo derecho a saber de qué va todo esto antes de verme metido hasta las orejas?

- Sí, pero ahora no, ya te lo contaré con más calma… ¿Tienes la mañana libre?

- Y si no la tengo la pido – la observó, terminando por sonreírle-. Espero que esté todo bien al menos.

- ¿Te lo pongo por escrito? – sonrió a su vez.

Intentó volver a centrarse en lo que estaba haciendo, no teniendo tiempo de hacerlo al sentir de repente unos correteos acercarse hacia donde ellos estaban, no tardando en ver aparecer a Aiko por la esquina del pasillo.

- ¡Chi! – reclamando a su padrino hizo que se centrara toda la atención de los adultos en ella.

- Creo que te reclaman – le dijo la pelirroja, ampliando su sonrisa al ver a la niña irse directa hacia él con los brazos extendidos para que la cogiera, consiguiéndolo con facilidad nada más alcanzarlo.

- ¿No es muy temprano para estar levantada ya? - le dijo Taichi a la niña una vez la tuvo ya con él viéndola negar.

- Yo voy a apostar o porque pretendía ir a ataca a su padre o… más bien porque le suena la barriguita…

Habiendo adivinado las intenciones de la pequeña rápidamente, acabó por tenderle un trocito de fruta que acababa de cortar. Teniendo visita en casa era la opción más probable. Lo de ir a colarse en la cama con ellos solía ser si estaban solos o bien en invierno. Los días como aquel en los que ya hacía calor desde temprano era fácil verla enredando por casa ya desde por la mañana.

- ¿Por qué no le enseñas a Taichi lo que has estado dibujando estos días mientras termino el desayuno?

- Mira Aiko, tú madre me está echando para que deje de darle la lata y poder hacer el desayuno en paz… Pero habrá que hacerle caso – dijo levantándose con la niña en brazos-. A ver, ¿qué has estado dibujando?