Yamato salió de la habitación un rato, llevándose la mano al pelo, revolviéndoselo. Eran pocas las veces que se quedaba dormido tan profundamente como para no enterarse de que se quedaba solo en la cama y cuando había despertado también le había costado ubicarse. Había necesitado un par de minutos para terminar de centrarse, recordar que tenían a Taichi con ellos en casa y entender dónde podía haberse metido Sora ya temprano.

- Pero si se ha despertado el bello durmiente… - dijo el embajador nada más verlo asomar por el pasillo-. Buenos días.

- Como no vienes a darme un beso para despertarme se me pegan las sábanas – no se molestó en disimular el bostezo mientras que iba caminando para quedarse apoyado en la encimera.

- Porque no me han dejado ir a despertarte…

Sabiendo que era algo totalmente cierto viniendo de quien venía, Yamato no pudo más que reírse, acabando por mirar a su alrededor en busca de aquella que le faltaba.

- Se ha ido a ver con Aiko el huevo…

- Ese huevo va a acabar dándome pesadillas – admitió el rubio, optando por arrastrar uno de los taburetes para poder sentarse en él.

- Creo que se llama karma. Para que veas desde primera fila el nivel de acoso al que tenemos nosotros sometida a Sora…

Cuando nos deja, porque ella sí que tiene ni un problema en mandarnos a paseo a ninguno de los dos – alargó la mano hacia el agua que había quedado encima de la mesa para poder llenarse un vaso-. ¿Quieres? – vio como el castaño negaba con la cabeza-. ¿Has dormido bien?

- ¿Dónde no duermo yo bien? Bueno, en realidad últimamente en los hoteles estaba haciéndoseme más complicado.

- ¿Mucho silencio o qué?

- Pues debe de ser que si no tengo a Daigo pegándome brincos por la mañana encima o a Koemi echándome para el otro lado porque dice que le doy calor no descanso en condiciones. Hoy os he hecho una excepción no haceros el feo…

- No sabes cómo te lo agradezco… - se llevó el vaso de agua finalmente a los labios.

Los pasos de la pelirroja no tardaron en delatarla, escuchándola hablar de fondo con la niña sobre que ella y los digimon podían esperar a que los avisara para ir desayunar y poder seguir vigilando el huevo.

- Uy, ¿cuándo te has levantado tú? – dijo ella nada más ver a Yamato-. ¿Y esos pelos? A ver si voy a tener que ponerme celosa de lo que hayáis estado haciendo vosotros dos mientras yo no miraba…

- Si ya lo decía yo, que la prensa se había equivocado de miembro de la familia con el que relacionarme – dijo el castaño antes de ver como Sora llegaba hasta donde ellos-. ¿Se movía o no?

- Mira… ni me hables – contestó riéndose por lo bajo antes de mirar hacia su marido-. Iba a ir a despertarte. Ya está el desayuno… Iba a ponerlo en la mesa del salón para que estemos más cómodos.

- Pues… de pura casualidad. No sé por qué se me pegaron las sábanas tanto – se volvió a llevar la mano al pelo, revolviéndoselo. Frunció el ceño de repente antes de girar la cabeza y mirar hacia ella-. ¿Y tú? ¿Has dormido hoy?

- Sí… - dejó que tirase de ella para acercársela cuando posó la mano en su cintura-. Si ni siquiera me acuerdo cómo llegué anoche a la cama…

- Nosotros tampoco, pero te vimos irte y a ver quién era el listo que te decía algo después de haberte quedado dormida en el sofá – le contestó divertido-. Pero bueno, la próxima vez que nos cueste conciliar el sueño nos traemos a Taichi que hace de buen somnífero…

- Mientras que no me toméis cómo motivación para otra cosa creo que puedo sobrevivir… - se puso en pie con aire de resignación-. A ver que os ayudo a llevar las cosas al salón…


- ¿Vas a decirme de una vez por qué tengo que venir yo contigo hoy y no Yamato? – preguntó Taichi mientras que se quedaba esperando a que Sora terminara de acomodarse en el asiento del coche a su lado.

- ¿No me vas ni a saludar?

- Y da gracias de que no te hago chantaje con hacerte ir andando con este calor… - optó por ayudarla a dejar las cosas en el asiento trasero-. Es que no puedes decir que no es para que me dé para montarme un par de paranoias…

- Estoy bien, Taichi – giró la cabeza hacia él, aprovechando que estaba medio girado para posarle la mano en el brazo-. De verdad… - estando aún en el aparcamiento y teniendo algo de tiempo de margen lanzó un vistazo a su alrededor, buscando así algo más de tiempo para terminar de reordenar sus ideas-. Y el bebé también. Esto es algo que quiero hablar con Yamato también antes que con nadie más, pero… Pero primero quiero informarme.

- ¿Y qué pinto yo en esto?

- Pues… eres la persona en la que más confío para algo así – se encogió de hombros, volviendo a girarse hacia él-. Lo que pasa es que… Es que… Ya sabes que después de lo que pasó con Aiko en el primer embarazo es peligroso para mí. Ya no decir ni para el bebé… Y no me pongas cara de tonto, que estoy completamente segura de que alguna que otra vez te habrá ido Yamato hiperventilando con el tema. Que no me engañáis ninguno de los dos – lo cortó antes de que dijera algo más-. Y ya te he dicho que está todo bien, así que déjame hablar y no te asustes.

- ¿Cómo no quieres que me asuste?

- Estamos perfectamente – posó la mano en su abultado vientre ya-. Lo que quiero ir a hacer hoy al médico es saber qué opciones tengo para asegurarme de no volver a arriesgarme. Por mucho que me gusten los niños y que nos pudiéramos permitir tener otro, no creo que Yamato, o más bien sus nervios, sobrevivan a otro embarazo. Sé lo peligroso que es y aunque solemos tener cuidado… Los accidentes pueden pasar. Necesito una garantía más eficaz. Y simplemente quiero informarme bien antes de planteárselo a él.

El embajador giró la cabeza hacia ella para observarla. Primero sorprendido y luego yendo asimilando poco a poco sus palabras hasta entender de que ella le estaba hablando de un tema bastante serio y a la vez completamente lógico.

- He estado investigando por mi cuenta y creo que es bastante sencillo ya que Koji va a venir por cesárea como su hermana. Con dos chiquitines corriendo por casa me doy por más que contenta. Y… No nos va a venir mal algo de tranquilidad por ese frente a sabiendas del riesgo que puede suponer.

- ¿Pues sabes qué? Que me parece una idea muy buena – se encogió de hombros-. Aunque si te digo la verdad creo que a Yamato le hubiera gustado venir él.

- Ya lo sé, pero es que quiero enterarme yo primero de qué va la cosa. Si me dicen que hay riesgos o que no me lo recomiendan pues no se lo voy a comentar… Podría haber venido sola, pero… Es que no me apetecía.

- Ya, que no tenías gana de pagar un taxi… Vergüenza debería darte aprovecharte de mí de esta manera. Ya sé de quién lo ha heredado Aiko… - fingió ofensa antes de acercarse para poder darle un beso en la mejilla-. Anda, vamos. Pero luego no me delates que me tira de las orejas por ponerme de tu parte y no pasarle la información.

- Tranquilo, secreto de estado… - sonrió ampliamente a modo de respuesta.


Mai se quedó sentada en uno de los bancos a la sombra del patio, abanicándose con la mano que le quedaba libre mientras que con la otra sujetaba una botella de agua fría.

- ¿Tú crees que alguno se escandalizaría más de la cuenta si empiezo a quitarme capaz de ropa? – le dijo al rubio, el cual acababa de tomar asiento a su lado.

- Yo el primero, muchas gracias – ladeó la cabeza, entretenido-. Hace demasiado calor… ¿No tenemos alguna excusa estúpida para colarlos en alguna sala de estas donde hace más frío de la cuenta?

- Yo creo que si decimos que Takao ha roto algo y que tenemos que revisarlo nos creen.

- Suena bastante creíble… - dijo aquello de forma distraída, quedándose mirando hacia la nada unos segundos antes de empezar a reírse por lo bajo-. Es más, creo que esa excusa ya la he usado en Tanegashima alguna vez yo.

- Con lo bien que estaría yo en la playa ahora… - resopló-. ¿Cómo lo lleva Sora? Porque este año está haciendo un calor intratable.

- A ratos… Tampoco podemos poner el aire acondicionado demasiado fuerte en casa con Aiko, así que la tengo buscando sombra y el poco fresco que pueda haber por todas las partes de casa.

- No la culpo… Si es que la otra vez tuvo mucha suerte. Se libró de los calores del verano… Yo no, yo me estrené por todo lo alto con Nyoko.

- Cierto, aunque eso fue por cabezota, ¿o te lo tengo que recordar?

- ¿Cabezota?

- Sí, porque te dio la gana de no cogerte la baja hasta el último momento y aguantar en el puesto a pesar de que habrías estado mejor tranquilamente en casa…

- Anda, no seas quejica que si vas a volver a montar el drama de que aún tienes mis uñas clavadas en el brazo de cuando te cogí más fuerte de la cuenta no quiero saber cómo tendrás la espalda de cuando te vas a hacer el indecente… - se giró hacia él con la mejor de sus sonrisas socarronas-. Qué hiciste con la lima de uñas que te regalé por la boda, ¿eh?

Confuso, la observó unos segundos intentando caer en la cuenta de la lima a la que ella se podría estar refiriendo. No tardó mucho en recordar que la mañana siguiente a la boda, colocando la ropa a primera hora, había salido el objeto volando de dentro de uno de sus bolsillos.

- Nada de tu incumbencia…

- Mira qué cara que pones… Indecente…

- Tampoco te lo voy a negar. Aunque bueno, lo cierto es que ya estamos en una etapa en la que preferimos tener cuidado y evitarnos sustos.

- Así que estás en periodo de sequía. No pasa nada maravilla rubia, pero que no se te ponga cara de lechuga otra vez que estás muy bien cómo estás ahora y no tengo gana de aguantarte con los morros puestos desde bien temprano. Yo no me pienso ofrecer voluntaria para arreglarte los problemas, así que mira a ver si alguna de tus acosadoras se ofrece…

- Lo tendré en cuenta, no te preocupes por mí. Y sino ya sabes, me voy a dar un paseo por alguna redacción de alguna revista y fin del problema.

- Eh, no. Con eso sí que ni me bromees que me pongo de mal humor de solo acordarme – se giró hacia él para señalarlos amenazadoramente.

- Anda, no te me enfades – alargó el brazo para cogerla por los hombros.

- ¡Quita que me das calor! – se intentó escapar, arrastrándose por el banco.

- Madre mía, voy a empezar a llevar la cuenta de las veces que escuchó esa frase a lo largo del día – sin haber conseguido alcanzarla, se limitó a pincharla con el dedo en el hombro.

- Quita – le dio un manotazo-. Déjame beberme esto en paz que lo siguiente sino va a ser ir a meterme con el uniforme y todo en la piscina y luego a ver cómo vuelvo a casa.

- Yo creo que si vas por el lado de la calle que da el sol te secas en cosa de media hora…

El rubio decidió dejarle su espacio. Él también estaba muerto de calor y hacía ya un rato que se había aflojado tanto la corbata como los botones más superiores de la camisa. Era mejor dedicarse a pasar su descanso allí, intentando refrescarse antes de volver al trabajo.