NOTA DE LA AUTORA
Hoy os traigo un capi extra porque... Bueno, porque me ha apetecido. Y ya que estamos, quiero contaros una cosa.
A día de hoy os puedo decir que por fin he terminado de escribir esta parte de la historia. Tranquilos, aún os quedan unos cuantos capítulos por delante y eso es justamente lo que me a tranquilidad a mí. Ya, ya sé que no os tengo que dar justificaciones, pero oye, yo os las quiero contar. Arranca la rutina de nuevo y no quiero ni pensar en los meses que se me vienen por delante ahora mismo ni si tendré ganas de hacer nada cuando llegue por casa si es que tengo algo de tiempo.
¿Qué os quiero decir con esto?
Pues que sí, tengo en mente una vía por la que seguir pero que no sé si voy a tener tiempo para avanzarla como me gustaría. Pero bueno, tiempo al tiempo, que por ahora os quedan casi 40 capítulos por delante y vamos a tener tiempo de sobra.
Como siempre, muchísimas gracias por leer y por vuestras review ya que sirven para saber que alguien nos lee y que seguís por ahí. Espero que estéis todos lo mejor que esta temporada de locos os permita.
Y ya no os cuento más mi vida, ¡a leer!
Sora se quedó mirando hacia Taichi mientras que estaba sentada en la sala de espera. Quizás podría haberle dicho a su madre que fuera con ella, eso era cierto, incluso a Haru, pero, siendo un tema como aquel, simplemente su cabeza solo había pensado en decírselo a él. Por demasiados motivos era el más correcto para estar con ella en ese momento.
- ¿Le has estado dando vueltas?
- Pues… - volvió a la realidad al escucharlo hablar-. La verdad es que sí. Y creo que es lo mejor, al menos para quedarnos más tranquilos. Un tercer embarazo creo que ya sería jugar demasiado con la suerte en todos los aspectos.
- Con tres niños en casa tienes más que de sobra – comentó dejando ir una leve sonrisa-. Ya, ya sé a lo que te refieres. Es mucho exponerte y aunque no hubieras tenido un susto en su momento tampoco creo que fuera lo más recomendable. Yo creo que Yamato no va a poder ninguna pega siempre y cuando sea completamente seguro.
- Para eso quería hablar con la doctora antes que con él, quiero irle con detalles más precisos y todo bien entendido.
- Eres consciente de que va a querer venir contigo a que se lo cuenten en persona, ¿verdad?
- Eso depende. Creo que la doctora le tiene restringidas las visitas…
Ella misma se echó a reir por lo que acababa de decir, pero era una opción que no veía del todo desencaminada. La mujer tenía mucha paciencia, pero con lo fácilmente que Yamato se ponía histérico con el tema del embarazo, no podría culparla si decidiera darle con la puerta en las narices.
- ¿Quieres entrar conmigo? – le preguntó a Taichi.
- ¿Tú que quieres reavivar los cotilleos? – tardó unos segundos en encogerse de hombros-. Si quieres que entre, entro, ya lo sabes. He venido de acompañante – alargó la mano para pincharla suavemente en el brazo-. Tampoco tengo muy claro que me vayan a dejar entrar…
- Pues… podemos hacer la prueba. ¿Seguro que no te importa?
- No seas petarda. Claro que no me importa, vamos a ver, ¿por qué narices me iba a importar acompañarte? No me voy a asustar, tú tranquila. Y como me digas que es que te da vergüenza se me va a olvidar que estás embarazada y te voy a dar una colleja. Avisada quedas. Y no me pongas esa cara de pelirroja escandalizada que sabes que lo hago.
No pudo más que echarse a reír ante la amenaza que acababa de recibir y la descripción que acababa de darle. Ciertamente sería una colleja más que justificada. A esas alturas de la vida, entre ellos dos la palabra vergüenza ni siquiera debería de estar permitida. Habían pasado por demasiado y sería muy triste andar con esas estupideces de repente.
- Sra. Ishida – una tercera voz reclamó su atención, haciendo que mirasen hacia unos pasos por delante de ellos, dándose cuenta de que la enfermera había llegado a buscarla, sin haberla escuchado hacerlo-, ¿me acompaña?
Sora se puso en pie automáticamente, viendo como Taichi la seguía, caminando a su vez siguiendo los pasos de aquella que los había reclamado. El embajador no pudo más que aprovechar un momento para inclinarse levemente hacia ella y poder hablarle de forma confidencial.
- No sabes lo mal que me sigue sonando cuando te llaman así – bromeó, viendo como ella negaba con la cabeza antes de ponerse seria del todo al entrar en la consulta.
- Buenos días – saludó a la doctora, notando como se quedaba sorprendida al ver que venía acompañada-. ¿Puede entrar conmigo?
- Sí, claro… Solo que esperaba ver otra cara – asintió, haciéndole un gesto a la enfermera para que saliera y cerrase-. Supongo que hace la misma función.
- Peor… - contestó Taichi antes de sonreír entendiendo perfectamente que se estaba refiriendo a las histerias de Yamato.
- En ese caso… - hizo un gesto para que ambos tomaran asiento, centrándose en la pelirroja-. ¿Todo bien? ¿Cómo te has encontrado?
- Sí… Nada fuera de lo normal para estas fechas, supongo. Mucho calor, poco dormir, cansancio… Este señorito pesa más de lo que pesaba Aiko y yo no estoy acostumbrada – admitió encogiéndose de hombros.
- Eso es bueno. Tenemos que hacerte las analíticas para comprobar que no haya nada más fuera del cansancio pero… Tienes buen aspecto. ¿Hay algún motivo por el que hayas querido venir antes de tiempo?
- Lo cierto es que sí. Quería informarme sobre un tema y me pareció oportuno hacerlo lo antes posible para poder tomar una decisión.
La doctora la observó, terminando por arquear una ceja creyendo entender a lo que ella se estaba refiriendo. Posó la mirada en Taichi, casi sin darse cuenta, sin saber muy bien si decir algo o no.
- Yo le he pedido que venga conmigo, es de total confianza y sabe de lo que va la cosa. Podemos hablar con total claridad – dijo Sora, dándose cuenta-. He estado dándole vueltas a la recomendación de la última consulta.
- Es lo mejor. Lo veo la opción más viable y segura para todos. Un tercer embarazo tras dos cesáreas y con el riesgo de los dos anteriores no sería seguro y sería muy complicado se mire por dónde se mire. Si al principio se pudo catalogar el actual como de riesgo, uno posterior no me atrevería a decir que pudiera llegar a buen puerto. Suena horrible así dicho, pero ya te lo dije la otra vez, prefiero ser sincera contigo.
- Lo sé, y lo agradezco – miró de reojo hacia Taichi, quien había puesto cara de sorpresa, no esperando escuchar las cosas así de claras-. Y comparto la idea. Sería muy egoísta y loco por mi parte no pensar en las consecuencias.
- ¿Qué opina Yamato?
- No se lo he dicho – pudo ver la sorpresa en la cara de la doctora-. Por eso ha venido él conmigo. Es un amigo muy cercano y no quería venir sola… Quiero informarme bien antes de hablar con mi marido del tema.
- Es de esperar, nadie quiere tener al siempre encantador Sr. Ishida ingresado en cardiología – se permitió bromear-. Bien, lo cierto es que es mucho más sencillo de lo que parece. Podemos aprovechar el propio parto…
Empezó a hablar, explicando más detalladamente la información, aprovechando para darle algunos papeles que acompañaran sus palabras, a fin de cuentas, teniendo la oportunidad y habiendo entendido la importancia de aquello, quería dejarlo todo lo más claro posible.
- No creo que repercuta ni siquiera en el tiempo de recuperación. Toda precaución posterior que se debiera tener queda cubierta con la cesárea, lo cual da mucho más la lata que esto. El periodo que se recomienda no mantener relaciones sexuales también es mucho más corto que el de recuperación tanto física como hormonalmente del embarazo… Es el momento perfecto.
- ¿Y no tiene ningún riesgo para ella? – preguntó Taichi, habiendo estado atento a todos los detalles.
- No más que el propio parto. Es seguro y evitará problemas mucho mayores. Lo veo como la opción más razonable para todos. Ella estará más segura y tranquila, y creo que puedo extenderlo al resto de la familia.
La pelirroja asintió dándole la razón. Ella no se podía exponer, por mucho que pudiera gustarle ampliar la familia. Ya iban a ser dos pequeños que la necesitaban a su lado. ¿Y si salía algo mal? ¿Y si acababa otra vez ingresada? O peor… ¿y si se malograba el embarazo? Eso era lo que más miedo le daba. No estaba segura de poder lidiar con aquello, no quería ni pensarlo.
- Vamos a aprovechar a hacer la revisión rutinaria, ¿de acuerdo? – se puso en pie la mujer-. Él puede esperar aquí…
Sora se puso en pie, dejándole sus cosas a Taichi antes de echar a andar tras ella, pasando a la otra zona, más privada, para poder empezar con el reconocimiento.
- Lamento si hubieras preferido que viniera sola y no con alguien que no sea… No quería venir sola y él… él es familia prácticamente.
- No me molesta – negó con la cabeza, acercándose a ella-. Para nada. Es más, me suena haberlo visto en otras ocasiones. Es bueno que vengas acompañada. Con este calor infernal que estamos teniendo no es recomendable que estés sola. Puedes marearte y caerte.
- Es extraño, no recuerdo haber tenido tantos problemas con mis actividades del día a día cuando estaba esperando a Aiko. ¿Eso es normal? – aprovechó el momento para hacer la pregunta, no habiendo querido preocupar a Taichi.
- La otra vez a estas alturas te habíamos prohibido hacer vida normal y que guardaras el máximo reposo posible. Es normal que ahora notes un cansancio que antes no, es una situación totalmente diferente. Pero vamos a ver ahora en la ecografía si está todo bien.
- ¿No me tocaba para la siguiente visita?
- Si así te vas más tranquila… - sonrió al ver la cara de ella-. Y si él quiere acercarse cuando ya estés… Por mí no hay problema.
- Muchísimas gracias…
Taichi se quedó a la espera, pensativo sobre lo que había escuchado. Yamato le había contado tiempo atrás que no era todo tan bonito como parecía, que sí que habían tenido un riesgo de más en el embarazo, pero no tanto como lo que acaba de escuchar. ¿Era una forma de hablar? Él creía recordar que en todo momento habían asegurado que todo aquello había sido porque se les había garantizado viabilidad.
A pesar de que ya fueran todos adultos, le era imposible no preocuparse por ella. Era algo que seguramente iba a seguir haciendo durante toda su vida y no le había hecho gracia escuchar esas palabras de boca de un profesional. Lo hablaría con la pelirroja más tarde, prefiriendo así quedarse tranquilo.
Entendía perfectamente la postura de ella, y sin duda estaba a favor de llevar a cabo el proceso para no tener más sustos. Por mucho cuidado que se tuviera él mismo iba a ampliar la familia en cosa de unos meses por un pequeño descuido. En su caso no habían tenido más problemas que la paranoia que él solo se había montado. En el de Sora, por lo que acababa de escuchar, las consecuencias podían ser mucho peores. Conociendo a Yamato como lo conocí sabía que iba ser el primero en estar de acuerdo con aquello. Si garantizaba la seguridad para ella, fuera de la forma que fuera, iba a ser el primero en animarla para que tomara la decisión.
- Taichi – escuchó la voz de ella llamándolo, devolviéndolo a la realidad así-. Ven…
Confuso, no entendiendo muy bien lo que podía querer, dejó las cosas en la silla echando a andar hacia donde parecía estar la pelirroja. Arqueó las cejas, sorprendido al ver lo que estaba haciendo, sin estar muy seguro de si podía pasar.
- Ven mira, acércate – volvió a llamarlo-. ¿No quieres conocer a tu sobrino? – usó aquella palabra para atraer más su atención-. ¿O prefieres esperar a verlo en persona?
- ¿Puedo?
- Claro que puedes zoquete, sino no te habría llamado – sonrió, viendo como la doctora asentía y lo dejaba acercarse-. Mira ven, así ves lo mucho que ha crecido…
- Vale, pero luego a Yamato le aguantas tú la pataleta – bromeó a modo de respuesta antes de avanzar para poder colocarse a su lado donde no molestara.
- Ahí se puede ver – señaló la doctora hacia la pantalla - claramente que lleva un buen ritmo de crecimiento, a este chiquitín le debe de gustar comer bien.
Sora se rió, teniendo que darle la razón. Muchas veces se andaba muriendo de hambre por las esquinas. Mucho más que en el primer embarazo o en su normalidad del día a día. Y ahora se podía apreciar a la perfección. Aiko había nacido siendo muy pequeñita, sana, pero pequeña. Todo indicaba que su hermano no iba a ser el caso. Y aquello, sin duda alguna, no podía parecerle mejor.
