Yamato se quedó mirando hacia su padre de reojo mientras que se acercaba a él para quedarse apoyado en la barandilla. La casa tenía una terraza, no demasiado grande, y daba directamente al parte, siendo seguramente uno de los motivos por los que les había gustado a sus padres.
- ¿Te gusta entonces?
- Yo diría que sí y como vamos a tener a mamá vigilando que no armes ninguna desgracia con la decoración.
- Cuando tienes razón… te la tengo que dar – se encogió de hombros, aprovechando para disfrutar el aire fresco que llegaba gracias a la zona-. Cuando esté todo más adecentado ya os invitaré a los dos para que vengáis…
El rubio asintió, tampoco era algo que corriera prisa. Dentro del hecho de que Hiroaki por fin hubiera dejado de dar vueltas con el tema, el lugar donde decidieran vivir era lo de menos. Ese había sido el gran avance de la temporada y él tampoco podía decir mucho sobre el tema porque no estaba libre de acusaciones. Ladeó la cabeza nuevamente, distraído. No había estado pensando en nada en concreto más allá de la noticia que le había dado Hiroaki, pero, ahora que estaban los dos solos, quizás fuera buen momento para poder hablar con él un tema que había estado pensando.
- ¿Puedo decirte discreción con un tema?
- ¿Eh? – giró la cabeza hacia su hijo-. ¿Desde cuándo preguntas eso?
- Desde que vives con mamá bajo el mismo techo – sonrió ligeramente a sabiendas de que tenía toda la razón-. Ya lo sé, no es que no me fie de ti, pero… Prefiero que esto no salga de aquí por el momento.
- Haz el favor de no asustarme – se ladeó del todo, cruzándose de brazos-. ¿Ha pasado algo?
- No, no… No tiene que amenazarme con tirarme para abajo, tranquilo – hizo lo mismo que él para poder mirarlo de frente-. Lo que pasa es que le he estado dando vueltas a una cosa y quiero saber qué piensas al respecto.
Hiroaki lo observó, notando que se había puesto ligeramente serio, teniendo que hacer él también lo mismo. Aquello sin duda no iba sobre lo que le había dicho hacía un rato sobre el irse al sur para pasar una temporada tranquilamente.
- He estado dándole muchas vueltas y eres el primero al que le digo algo… Tengo que hablar con Sora, pero bueno, antes quiero saber qué piensas.
- ¿Primero yo que ella? ¿Qué has hecho? – hizo sonar aquello último a broma par relajar algo a su hijo al ver que de repente se había puesto tenso y parecía costarle arrancar.
- Pues… por ahí va la cosa. No de lo que he hecho, sino de lo que he estado pensando en hacer. Creo que sería una buena idea tomar medidas para no llevarnos sustos y que Sora no se pueda volver a quedar embarazada – pudo ver la sorpresa en la cara de él acentuarse, sin duda no esperando que de repente le hubiera salido con ese tema-. Sería muy peligroso – resumió-. Por todo en general. Y ella es perfectamente consciente de ello también. Así que aunque tengamos ya de base la opción de tener más hijos descartada, ya sabes que los accidentes siempre pueden pasar. Sino mira a Taichi y Koemi… Y la verdad es que cualquiera de las opciones que pudiera derivar de uno de esos accidentes no me las quiero ni plantear.
- Me parece lógico – contestó unos segundos más tarde, tras haber asimilado bien el cambio de conversación-. Si ya estáis de acuerdo en que no queréis más niños…
- Especialmente por el precio que eso conlleva… Créeme, estaría feo dejarla viuda, porque no estoy yo demasiado seguro de poder sobrevivir a otro embarazo – y aunque bromeaba era una opción muy seria-. No te digo que no sería un poco demasiado si de repente nos viniera otro además. Cuando el trabajo se pone cuesta arriba es complicado prestarles la atención que se merecen, así que… No sé. ¿Tú qué opinas?
- ¿Yo? Yo solo te pego un par de voces cuando dices estupideces y por el momento no te he escuchado decir ninguna.
Yamato dejó ir una leve sonrisa. No iba a decir que fuera un tema que estuviera seguro que le fuera a gustar a Sora, pero era una opción que quería plantearle y tener las cosas sobre la mesa antes de que pudiera haber alguna complicación. Si estaba en su mano poder ayudar a evitar problemas mayores, ¿por qué no hacerlo? Estaba seguro de que no se iba a quedar tranquilo hasta dentro de un par de meses como mínimo cuando la empezara a ver recuperar de todo de verdad. Y si decidía hacer y recurrir a métodos médicos para ello no le iba a quedar más remedio que hacer las cosas cuando menos fuera a estorbar.
- ¿Tú crees que a ella le parecerá bien?
- Pues… Me la puedo imaginar dándome la charla de que no quiere que haga nada por si las cosas se tuercen que no le parecería justo que yo me cerrase esa puerta – soltó una risa por lo bajo al ver la cara de su padre-. ¿Apostamos? Te apuesto una cena a que me sale con eso.
- Bah…
- No, "bah" no. Que nos conocemos, pero no te preocupes, que para esas cosas si tengo que darle una colleja se la doy aunque esté de unas cuantas semanas ya. Pero bueno, más allá de eso yo creo que estará de acuerdo con que es la opción más razonable para ambos.
- Es la lista de la familia, tampoco voy a ser yo quien desconfíe de ella. ¿Te has informado ya?
- Pues… un día Jou va a bloquearme de su teléfono de todas las formas que se le ocurran, pero… Sí. Según me ha dicho es una tontería y que lo único que es latoso es el tiempo de margen hasta asegurarse de que ya es completamente efectivo. Por eso se me había ocurrido aprovechar ahora que tenemos tiempo de margen.
- ¿Ahora?
- Bueno, no te digo que mañana, pero… Hace ya un par de semanas que hemos hablado sobre que es mejor tener cuidado y mantener las distancias – se revolvió el pelo sin poder evitarlo hablando con su padre de aquellos temas-, tal y como pasó la otra vez, solo que esta vez voluntariamente. Además, luego entre la cesárea y el tiempo que ella necesite… Tenemos margen más que de sobra.
- Pues la verdad es que visto así… No se me ocurre ni una sola pega. A ver lo que te dice ella, ero la verdad es que me parece algo muy lógico y coherente. Hoy tienes el día pero no te acostumbres a que te dé tanto la razón que luego a ver quién de aguanta.
- Eh, que ya empiezo a tener una edad para usar la cabeza para algo.
- Pues sí, porque peinarte no te peinas demasiado, así que eso de usarla solo para peinarte tampoco es algo que te vaya demasiado.
- ¡Chi! – Aiko salió corriendo nada más escuchar la voz de su padrino llegar acompañando a Sora, doblando la esquina del descansillo antes de llegar hasta donde él para esperar que la cogiera al dar un pequeño salto.
- Te lo advertí… - le murmuró Sora con la mejor de sus sonrisas-. ¿Y a mí no me dices nada? – le dijo a la niña antes de acercarse a ella, aprovechando que él había hecho lo que se esperaba, evitando tener que agacharse-. Hola preciosa, ¿qué tal se ha portado el abuelo?
- Pues el abuelo ha estado dando la lata como todas las tardes – saludó Toshiko desde la puerta-. ¿Qué tal todo?
- Perfectamente – sonrió la pelirroja-. Le dije que subiera aunque fuera a saludar que aún tiene algo de tiempo antes de tener que ir a buscar a Koemi, pero creo que intenta que su madre no lo cace y lo secuestre…
- Pues si lo que intentabas era no ser secuestrado por alguien me parece a mí que esa rubia te ha echado bien el lazo – se quedó mirando hacia Taichi cuando llegó hasta donde ellas.
- Es una causa perdida ya… No tengo demasiadas esperanzas para escaparme de ella – la sujetó mejor contra él.
- Como tengas las mismas intenciones de darle esquinazo que a la madre de la criatura me parece que llevas todas las de perder – se apartó para dejarlos pasar dándose cuenta de que él simplemente se quedaba en la puerta-. ¿No entras?
- Pues… No sé si me dará tiempo…
- Anda, entra que estaba a punto de prepararle a Aiko la merienda y de alguna manera hay que compensarte que andes por ahí haciendo de niñero…
- Yo que tú le hacía caso – le dijo Sora acercándose a él, bajando levemente el tono aunque asegurándose de que siguieran escuchándola todos – que a ver quién es el valiente que le dice que no a Toshiko Takenouchi…
- Y sino lo meto para dentro de la oreja que no sería ni la primera vez…
- Ni la segunda ni la tercera – admitió por lo bajo antes de darse por vencido y aceptar la invitación de ella.
Sora se rio por las palabras de él, entrando tras ellos y yendo a buscar a su padre para poder saludarlo, viendo que estaba todavía con algunos papeles del trabajo, no queriendo distraerlo demasiado. Buscó también a los digimon con la mirada, comprobando que estaban vigilando al huevo, seguramente por petición de la niña. Sonrió antes de verla pasar corriendo, entendiendo que ya la había dejado libre Taichi, haciéndole un gesto a él para que se le acercara.
- No les digas nada de lo de hoy, ¿vale?
- ¿Cómo iba a irme de la lengua con eso?
- No lo digo por eso, lo digo en general. Si se te escapa algo de lo de la eco – lo pinchó con el dedo en el brazo – van a pensar que pasa algo raro, sobretodo si les digo que no le digan nada a Yamato. Que eso seguro que se te escapa…
Arqueó una ceja, entendiendo perfectamente la advertencia de ella. Era algo que podría comentar con facilidad y que iba a derivar en explicaciones que seguramente fueran más complicadas de dar, especialmente por lo vigilada que solía estar ella por su propia seguridad.
- Osea que lo de dejarme pasar contigo para que viera al nuevo miembro de la familia en primicia ha sido una forma descarada de comprar mi silencio…
- Descarada y desvergonzada – sonrió.
- Entre vosotras dos vais a acabar conmigo, que lo sepas…
- Creo que mi madre se punta a eso – se quedó mirándolo unos segundas-. Gracias por acompañarme.
- No tienes que dármelas – se encogió de hombros-. Creo que por el momento entras dentro del cupo de cosas que priorizan sobre todo lo demás. Ya sabes, si algún conflicto internacional tiene que esperar, que se arreglen entre ellos…
La pelirroja dejó ir una risa por cómo lo había dicho. Sabía que aunque sonaba como si bromeara lo decía en serio. No era solo porque se tratara de ella, eso era demasiado él como para poder actuar de otra forma.
- Anda, vamos a que mi madre se salga con la suya. Luego te ayudo a escaparte sin que la tuya te cace para someterte a un interrogatorio…
- Mira que te tomo la palabra… - echó a andar con ella por el pasillo.
- Lo digo en serio, seguro que algo podremos hacer para esconderte… - se asomó de nuevo a el salón donde estaba la niña-. ¿Qué tal está el huevito, chiquitina? ¿Se ha movido otra vez?
- ¡Sí! – anunció contenta.
- ¿Si? – bajó la vista hacia Biyomon.
- Sí, yo también lo vi, de repente se movió un poco.
- Pues eso es muy buena señal, en nada vas a tenerlo abierto y saldremos todos de dudas… - dijo Taichi yendo a sentarse al lado de la niña-. ¿Y luego cómo te las vas a arreglar para cuidarlo y al nene chiquitín?
- Yo ya soy grande – dijo seria, mirándolo-. Puedo cuidarlos a la vez.
- Ah bueno, si eres grande ya entonces no hay problema…
