Yamato se agachó para dejar a Aiko en la cama, esperando que ella sola se metiera entre las sábanas, después de que la niña se hubiera despedido de su madre. Aquel día había estado enredando por todas partes y ahora estaba tan cansada que había pedido cenar primero.

- Anda, vamos tortuguita que te me vas a acabar quedando dormida sentada – le dijo, esperando que terminara de colocarse y así poder taparla-. ¿Qué tal con los abuelos?

Se rio al ver que en vez de contestarle se limitaba a llevarse la mano a los ojos, rascándoselos, muerta de sueño. No insistió con la pregunta, asegurándose de dejarla bien cubierta, pasándole la mano por el rostro, echándole el pelo hacia atrás.

- Buenas noches – le dijo antes de inclinarse para dejarle un beso en la frente, viéndola ya más dormida que despierta.

No queriendo molestarla, no tardó en ponerse nuevamente en pie, girándose hacia los digimon para despedirse de ellos también con un gesto y salir de la habitación, cerrando la puerta con cuidado tras él. Mientras que la pelirroja estaba terminando de hacer la cena, él se había dedicado a dársela a la pequeña y a terminar de prepararla y ahora les tocaba el turno a ellos. Se quedó apoyado en la puerta de la cocina, observándola ir y venir hasta que se dio cuenta, momento en el que le dedicó una sonrisa.

- ¿Ya se ha quedado dormida?

- Nada más tocar la cama – le dijo, encogiéndose de hombros-. ¿Qué le ha hecho a tu padre hoy?

- A mi padre y a Taichi, que luego lo cazó por banda a él y ya sabes que poco tarde en acabar también tirado por los suelos con ella – que habían estado con él era algo que sí que había dejado caer a sabiendas de que la niña podía hacer cualquier comentario.

- Ese no cuenta, son cosas de niños… - amplió su sonrisa al ver como ella se reía por sus palabras-. ¿Te ayudo con algo?

- No, ya está todo listo. Puedes ayudarme a comérmelo, pero te advierto que tenemos bastante hambre hoy a pesar de que mi madre se ha asegurado de que tomásemos una buena merienda.

No pudiendo sonarle mejor aquellas palabras, Yamato fue hacia la mesa por fin para poder sentarse y esperar que ella hiciera lo mismo a la vista de que ya estaba todo listo. Sin duda estaba cansado del trabajo, pero se había ofrecido a hacer la cena él cuando habían llegado porque seguía sin gustarle que a aquellas alturas del embarazo ella hiciera demasiado. Sin haber conseguido nada más que ser echado de la zona en la que estaba cocinando con la pregunta de siempre sobre si tenía que recordarle que solo estaba embarazada y que no era inútil, no había querido insistir y jugársela con los repentinos enfados de ella.

- ¿Ha dado mucho la lata Aiko con el huevo?

- Lo de siempre – le dijo cuando se sentó ella también-. La pobre no puede estar más emocionada… El día que se abra me parece que va a ser bastante movido.

- Se mire por dónde se mire – asintió, acomodándose-. No he tenido tiempo de preparar nada más – dijo refiriéndose a la cena.

- Más que suficiente – le contestó antes de alargar la mano para poder llenarse el plato-. ¿Qué tal el día?

- Pues… movido – lo miró de reojo, esperando para hacer ella también lo mismo, empezando a darle vueltas a cómo abordar el tema importante de aquel día-. Estuve con Taichi de tarde…

- Ya, ya lo sé, me dijiste que había estado con vosotras en casa de tus padres. ¿Qué estaba haciendo por ahí? – le dio un suave manotazo para apartar la mano de ella y echarle él.

- En realidad… En realidad, vino a buscarme al estudio – dejó que él hiciera-. Le había dicho que si podía acompañarme…

- Bueno, está bien que de vez en cuando haga algo de utilidad – le tendió el plato nuevamente.

- Ya… - alargó la mano, cogiéndolo-. Lo que pasa es que le pedí que me acompañara a la médico que me lleva el embarazo porque no quería sola. No te asustes – dijo nada más ver la cara de susto que se le había quedado al rubio- no ha pasado nada, pero quería hablar con ella.

- ¿De qué? – solo fue capaz de articular esas dos palabras, todavía demasiado sobrecogido por el susto. No era un tema que pudiera sacarle así de repente, especialmente después de todo lo que habían pasado en el anterior embarazo-. ¿Por qué le dijiste que fuera contigo si yo hoy tenía la tarde libre? Ya ves que me la pasé con mi padre, de haberlo sabido…

- Porque quería hablar con ella yo primero antes de hablar contigo. Pero quita esa cara de terror, que aprovechó y revisó que todo estuviera bien y me ha dicho que no puede estar mejor el bebé – estaba bastante segura de que estaba mucho más pálido de lo normal-. Lo que pasa es que necesitaba una información antes de comentar algo contigo y quería hacerlo sobre seguro.

- Sobre seguro… Sobre seguro tienes que como me pegues estos sustos te vas a quedar viuda – alargó la mano hacia el vaso de agua para dar un trago.

- Perdona… Si es que te lo he dicho muy de golpe – admitió, dejándole unos segundos para reponerse y calmarse. No era algo que debiera de haberle soltado a la ligera, pero tampoco había sabido muy bien por dónde empezar-. Lo que pasa es que la doctora me ha hablado de…. Bueno ya sabes que no puede entrar dentro de nuestras opciones ni tan siquiera pensar en otro embarazo. Sería demasiado peligroso… Y en la última consulta ella me habló de que la mejor opción era aprovechar la cesárea y quitarnos una preocupación.

Yamato se quedó mirándola, todavía con la sorpresa pintada en el rostro. Primero por el susto que le había dado y segundo por lo que estaba escuchando después de haber estado hablando con su padre aquella tarde.

- Mira – cogió unos papeles que había dejado encima de la mesa, acercándoselos-. Aquí está todo detallado. Pero ella me ha dicho que es completamente seguro y que es la mejor de las opciones para mí. Lo haríamos a la vez que la cesárea y así aprovecho la estancia en el hospital para tener bajo control las dos cosas… No sé, quería que ella me informara antes de hablar contigo.

- ¿Has ido a hablar con la doctora sobre métodos anticonceptivos definitivos?

- Sí – asintió – quería que me informara de todas las opciones. Y… quería hablarlo contigo.

- ¿Sabes que justamente he estado hablando de eso con mi padre esta misma tarde? Pero porque yo tampoco quiero arriesgarte... Tenemos cuidado siempre, pero… también podemos tener un despiste y mira, si te puedo ahorrar un susto, mejor que mejor.

Ahora la que tenía la sorpresa pintada en el rostro era la pelirroja no habiendo visto venir que ambos estuvieran planteándose la misma opción.

- Ponte a cenar, anda, que se te va a enfriar – le dijo él-. Podemos hablar mientras… Pero sí, llevaba un tiempo dándole vueltas y… Y yo he ido a darle la lata a Jou. Si es que no sé por qué sigue hablándome por todo lo que le doy la lata… Yo también creo que la opción más segura es tomar medidas más definitivas. Hoy justo se lo conté a mi padre cuando estuve con él…

- Pero, ¿tú para qué? – a pesar de estar distraída con la conversación, intentó centrarse en comer, notando como su propio estómago se quejaba de hambre a esa hora del día ya.

- ¿Qué yo por qué? Que yo sepa aún sigo siendo necesario para que te quedes embarazada, no porque no te puedas buscar alguna opción mejor, pero oye, soy el que más a mano tienes – intentó bromear, habiendo pasado ya algo más el terror inicial que le había provocado con sus palabras.

- Bueno, pero lo digo porque soy yo la del problema – bajó la vista hacia el plato, disimulando fingiendo estar interesada en pinchar una de las verduras del plato-. Tú estás perfectamente bien y…

- ¿Y qué? – la intentó forzar a que hablara algo más, estando seguro de lo que estaba a punto de escuchar.

- Pues que si pasa algo y tú y yo nos separamos no me parece justo por mi parte que… - levantó la vista hacia él cuando lo escuchó reírse. Arqueó las cejas, confusa a más no poder, sin entender qué era lo que podía estar haciéndole gracia-. ¿Qué te pasa? – no entendía absolutamente nada. No había dicho ni una sola palabra que pudiera parecerle gracioso al rubio.

- ¿Cómo no quieres que me ría? – le dijo.

Sin duda lo que le había provocado el empezara reírse había sido precisamente el recordar la conversación con Hiroaki en la que él mismo había dicho algo muy parecido prediciendo así la contestación que ella iba a darle. No hacía falta conocerla hasta el mismo punto que él para verlo venir, solo había que tratar con ella lo justo como para saber que lo primero iba a ser la otra persona antes que ella.

- Pues no sé qué es lo que te puede hacer gracia, te lo estoy diciendo en serio – posó el cubierto, cruzándose de brazos y arrugando la nariz en una mueca.

- ¿Dónde narices se supone que voy a ir yo sin ti? – le dijo intentando frenar el enfado que parecía estar creciendo en ella-. No digas estupideces, Sora.

- No son estupideces, siempre puede pasar algo y…

- Y nada. El único motivo por el que eso entraría en mis planes es porque tú no quisieras ni verme delante cosa que, si me permites, espero no tener que vivir…

Pudo ver como se reflejaban en su rostro todas y cada una de las ideas que podían estar pasando por su cabeza para intentar rebatirlo, como si estuviera buscando algo que poder decirle para defender su teoría.

- No te me enfades – le digo, alargando la mano hacia la de ella, esperando que no se la apartara como muestra clara de enfado-. Me estoy riendo porque le dije a mi padre que justamente ibas a decir algo así – confesó finalmente-. Pero… Es que es una de las tonterías más grandes que te he escuchado decir. No se me ocurre ni un solo motivo por el que tener eso en cuenta. Aiko, el pequeño que viene en camino y tú sois mi vida y no acepto ni la sugerencia de que eso vaya a variar en algún momento. Así que quítate eso de la cabeza y vamos a hablar las cosas acorde a los años que tenemos…

Pudo ver como decía y lo dejaba cogerla, relajando algo el gesto al escucharlo. A fin de cuentas, no podía más que dar ¡le la razón porque ella siempre había funcionado así, pero, en aquel caso, lo veía lógico.

- Mantengo lo que te he dicho de que soy yo la del problema, Yamato…

- No, no eres tú la del problema porque es algo que nos atañe a los dos. No me supone ningún sacrificio hacerlo, al contrario.

- Pero yo ya tengo que pasar por quirófano sí o sí…

- Bueno, ¿y qué? Mira… Lo primero no me pongas esas caras – dijo al notar como a ella se le había escapado una especie de gesto que bien podría haber hecho Aiko si se disgustaba por algo-. Y lo segundo, yo solo te estoy diciendo que también me lo había planteado. Así que vamos a cenar, vas a contarme lo que te ha dicho la doctora y luego yo te cuento lo que me ha dicho Jou y ya con todas las cartas encima de la mesa vamos pensando qué hacer, ¿te parce bien? Porque tú no te vas a escapar sin cenar, que lo sepas, que no estás en fechas de irte a la cama con el estómago vacío, ¿entendido?

Dejó ir otra ligera risa, viendo de nuevo la reacción de la pelirroja. Sabía que era cosa de las hormonas aún, pero era superior a ella el mantener del todo las formas. A él le parecía bastante tierno siempre que no acabara volviéndose en su contra y acabase durmiendo en el sofá.

- Vale, pero solo porque tengo hambre – dijo al final anunciando que cedía.