Toshiko hacía un rato que había llegado a casa de su hija, tomándose su tiempo para poder prestarle toda su atención a Aiko, la cual había llevado a su abuela corriendo a ver el huevo que estaba en su habitación.
- El día que se abra ese huevo vais a tenerla hiperventilando una semana entera.
- Pues como su padre cuando se abra otro huevo – dijo divertida posándose la mano en la barriga, sonriéndose a su madre.
La mayor de las Takenouchi no pudo más que echarse a reír por la contestación de su hija, acomodándose en el sofá y dejándola traer a ella el té que había preparado. Prefería no entrar en discusiones con Sora sobre lo que hacía o dejaba de hacer porque sabía que era todavía más cabezota con ella en esos temas.
- ¿Qué has hecho con Yamato?
- Lo he mandado a hacer la compra. Tendrá para un rato, porque como le hayan cambiado de sitio alguna de las cosas que suele traer es capaz de irse a otra tienda a buscarlo por si acaso a mis hormonas les da por montarle el escándalo del siglo – se encogió de hombros, teniéndole la taza.
- Pobre, voy a tener que empezar a defenderlo yo de tus ataques…
- Por favor, que la gran mayoría de las veces no tengo nada de lo que acusarlo – tomó asiento al lado de su madre.
- La mayoría de las veces – sonrió.
2018
Toshiko se quedó mirando su hija, la cual había llegado de Londres hacía apenas unas horas. Se había enterado cuando ya se había subido al avión de que ella se había ido. La noticia del atentado y de que había pillado a Taichi en el medio también la había dejado a ella de los nervios. Ese niño revoltoso que siempre tenía la idoneidad para liar alguna llevaba en su vida tanto tiempo como en la de su hija, y ahora, que ya se podía considerar un adulto funcional seguía teniéndole el mismo cariño. El saber que había acabado en el hospital la había dejado muy afecta, habiendo visto a los padres de él salir también a las carreras.
No le había extrañado el saber que lo primero que había hecho Sora había sido irse a Londres, acompañando directamente ella a Koemi. Su hija se había encargado de todo para quitarle toda dificultad a ella, como también era de esperar. Y también veía lógico que se hubiera quedado con ellos todo lo que hubiera podido.
Hasta donde ella sabía, a pesar de que Sora había tenido que volver por motivos laborales, pero por lo que ella le había contado, Taichi ya estaba bastante tiempo e iba a permanecer en Londres algo más de tiempo para estar lo mejor posible antes de meterse en un avión tantas horas. Sin embargo, la cara con la que había llegado Sora la habia dejado preocupada.
- ¿Qué tal el vuelo? – le preguntó.
- Largo – contestó, pasando la mano por encima de las alas de Biyomon, la cual se había quedado sobre sus piernas.
- Bueno, pues no pasa nada. Hoy cenas con nosotros y te quedas a dormir…
- No – negó con la cabeza.
- ¿Cómo que no? Si no debes de tener nada comestible en la nevera. Que a saber qué has estado haciendo por Londres estas dos semanas… Seguro que corriendo de un lado para otro, porque hija mía como sigas así te me vas a esconder detrás de una farola y te voy a perder.
- Pararé a comprar algunas cosas. Mañana por la mañana por la mañana quiero irme temprano al estudio.
- Pues te vas al estudio desde aquí, no digas tonterías hija – la observó, aun más confusa-. Venga, ponte cómoda y saca las cosas de la maleta… ¿Quieres que te ayude?
- Te he dicho que no – cortó de forma seca.
Biyomon levantó la cabeza para mirar hacia la pelirroja, no habiendo esperado la contestación tan brusca de ella hacia su madre. Tampoco esperó que Sora la apartara para ponerse en pie e irse a revolver a su bolso.
- Hija, ¿pasa algo? – la siguió con la mirada confusa-. ¿Estás preocupada por Taichi todavía? Puedes llamarlo desde mi teléfono… - esperó a verla volver a centrarse, coger el teléfono y mirarlo con cara de enfado-. ¿Se te ha estropeado?
- Se me ha agotado la batería en el viaje.
- Bueno, no pasará nada porque no estés disponible una noche, ¿verdad? Venga, que te hago tu cena favorita… Si tienes que hacer alguna llamada importante puedes hacerlo desde el de aquí…
- No creo que sea tan complicado de entender que quiera irme a casa – soltó antes de volver a tirar el teléfono dentro del bolso.
Toshiko la miró sin entender absolutamente nada. No era normal que su hija estuviera de tan mal humor y no le había visto un comportamiento de ese estilo desde hacía ya unos cuantos años. Frunció el ceño, intentando poder adivinar qué era lo que pasaba, sin estar segura de querer volver a preguntarle.
- Perdona – habló la pelirroja nuevamente, siendo consciente de que su madre no tenía la culpa.
- ¿Qué pasa hija?
- Pasa que me he encontrado con Ryo en Londres, Yamato se vuelve a ir a Marte y que ya no estamos juntos. Es más, no se digna ni a contestarme las llamadas.
La sorpresa apareció en la cara de su madre. Sin duda, de todas las respuestas que hubiera esperado, las que le acababa de dar su hija escapaban de su imaginación. Si le hubiera dicho que estaba preocupada por Taichi no se hubiera extrañado. Pero las tres cosas que acababa de decirle le habían descolocado todo.
- Pero… ¿por qué?
- ¿Por qué qué? ¿Por qué tienes una hija tan idiota?
En condiciones normales no era un tema que querría tratar con su madre. Posiblemente no hubiera sido capaz de explicarle a Toshiko que lo que realmente había enfadado tanto a Yamato no había sido lo de Ryo, sino el enterarse de que entre ella y Taichi sí que había pasado algo. No era algo que quisiera hablar con su madre. Estaba segura de que en su momento Toshiko sí que debió de haberse olido que algo extraño estaba pasado entre ellos, pero no quería saberlo a ciencia cierta.
- Mamá mira… No tengo gana de hablar. Tengo gana de darme una ducha, ponerme el pijama y meterme en la cama. Mañana, con un poco de suerte veré las cosas de otra forma…
- No – negó con la cabeza-. Tú no te vas a ir a casa así para pasar la noche sola… No te voy a interrogar, y tu padre seguramente no se entere de que pasa algo. Y la propuesta de la cena sigue en pie.
- Mamá…
- Anda, deja que te mime un poco – posó la mano encima de su brazo-. No me cuentes nada si no quieres hablar de ello, pero quédate hoy…
No se le podría haber ocurrido que después de todo lo que parecían haber pasado su hija y Yamato algo así fuera a haber causado un problema tan grande como para que Sora hablara de que todo se había acabado. Su hija no era alguien que hiciera aquella afirmación porque sí. Pero, ¿de verdad habían roto su relación? ¿Habían vuelto otra vez al mismo punto de siempre? Hasta ella había decidido comerse sus propias palabras cuando había advertido a su hija sobre Yamato al ver cómo estaban yendo las cosas entre ellos. Más bien estaba empezando a posicionarse en el bando que contaba con recibir una invitación de boda en cualquier momento. El Yamato que había vuelto a Tokio no tenía nada que ver con el asustadizo, metepatas y cobarde adolescente que se había ido, parecía tener las cosas claras y venir con ganas de pelear por ello. Pero… ¿romper porque se habían encontrado con Ryo? Quizás había sido su hija la que había terminado con todo ante la noticia de que él volvía a Marte tras discutir por el tema. Aquello tenía más sentido, especialmente por la forma tan extraña de comportarse de Sora como si fuera culpa suya.
- Venga, vete a la ducha…
- Gracias mamá…
Tras quedarse observando a la pelirroja por su último comentario, volvió a la realidad, dejando de lado lo que había pasado por su cabeza. Sin duda era curioso como aquel momento en el que había visto las cosas más negras para la pareja, ahora que lo podían ver en perspectiva, parecía hasta algo necesario por lo que habían tenido que pasar. Desde que se habían arreglado de aquello las cosas les habían ido tan perfectamente fluidas que en muy poco tiempo iban a tener al nuevo miembro de la familia con ellos.
La verdad es que hemos estado hablando de algunas cosas últimamente y quiero saber tu opinión – habló Sora, reclamando así su atención-. A Yamato se le ha ocurrido que nos vayamos a Tanegashima cuando yo pueda viajar, tras la cesárea. Dice que es el mejor sitio para que yo me reponga y para que Aiko pueda enredar lo que quiera…
- ¿Se le ha ocurrido a Yamato? – hizo una pausa-. ¿Qué quieres que te diga? Que tengo que darle la razón. No se me había ocurrido pero anda que no ibas a estar tú bien tranquilamente tomando el aire fresco en el jardín. A ver si voy a tener un yerno más listo de lo que yo creía…
- Si es que sabe que me encanta ese sitio… Pero no sé – se encogió de hombros-. También me ha dicho que si papá y tú queréis venir estáis más que invitados, que se debe de quedar más tranquilo si tengo a mi madre cerca…
- ¿Cómo que no sabes? ¿Por qué? – arqueó una ceja,
- Porque no quiero que estéis sin poder ver a los peques y eso…
- Anda, no digas tonterías. Si puedes permitirte alejarte tanto del estudio ya estás tardando en ponerte a hacer la maleta. Y si Hiroaki protesta ya me encargo yo de que se le pase la tontería.
- Hiroaki está de acuerdo también – contestó riéndose-. Parece ser que es la conclusión que más le gusta a todo el mundo… Tengo que hablar todavía con Haru. Iba a haberlo hecho, pero voy a esperar a que vuelva de Los Ángeles, quiero comentarlo con ella en persona.
- Hace tiempo que no la veo rondándote, ¿no?
- Porque están casi de continuo por allí. Ella está cubriendo los negocios del estudio que tenemos fuera y de paso Andrew está una temporada con los suyos. No quiero molestarla, que bastante va a tener que hacer cuando yo tenga que estar ausente sí o sí…
- Pues seguro que ella no tiene ningún problema con que estés en el sur. No creo que se vaya a dar el caso de que tengas que atender algo en persona, hija. Ya verás como está vez estás mucho mejor en muy poco tiempo. Entre que estás mucho mejor de salud y si te vas a Tanegashima… En nada de tendremos perfectamente.
- Ojalá… No quiero andar volviendo loco al pobre Yamato otra vez. Y más ahora que van a ser dos a cuidar aparte de mí misma… Que los primeros días dependo bastante de él.
- Y más que encantado que está de que te dejes cuidar. No lo veo yo demasiado afectado por ello. Se las arreglará, tú tranquila, que si ha estado por el espacio yo creo que puede sobrevivir…
Sora volvió a dejar ir una risa por las últimas palabras de ella. Sabía que tenía razón, como siempre, que Yamato aparte de que se arreglaría sin problema, iba a estar más que encantado de poder ayudarla en todo lo que necesitara. Eso no lo ponía en duda, e iban a estar así tanto en Tokio como en el Sur. No era algo que fuera a cambiar.
- ¡Papi! – la voz de Aiko hizo que se girase hacia la puerta, viendo a la niña salir corriendo hacia la puerta nada más ver aparecer a su padre con las bolsas de la compra.
