- Se me hace raro verte todavía con las gafas… - dijo Toshiko divertida al ver a su yerno posarlas encima de la mesa para frotarse los ojos.
El rubio se rio por las palabras de ella. No era lo más normal que estuviera con ellas puestas ya que tampoco era algo que, por el momento, necesitara sí o sí, pero sí que solía usarlas si quería evitarse que luego le doliera la cabeza si iba a tener que revisar algunas cosas del trabajo. Mientras que tenían a la mayor de las Takenouchi con ellos, le habían llegado unos correos urgentes y se las había puesto para poder revisar bien todo lo que en ellos había.
- Pues que conste en acta que no me he dedicado a esconderlas nunca… - lo cual, viniendo de él, sonaría hasta creíble.
- ¿Y por qué las ibas a esconder? Si hasta eso te queda bien…
- Mamá, no le digas esas cosas que luego se me asusta y se tira rojo toda la noche – dijo Sora poniéndose en pie-. No me mires así – se rio girándose hacia él-, que te estás poniendo del mismo color que mi pelo...
La pelirroja intentó mantenerse algo seria mientras que pasaba por el lado de su marido, notando el color ganar más brillo en su habitual blanca piel, teniendo que acabar riéndose y esquivarlo para que no la alcanzara con la mano para que no se escapara.
- Déjame, que me voy al baño – protestó perdiéndose por el pasillo.
No insistió en retenerla, teniendo que reírse él también por la situación. Era algo que escapaba a su control y que hasta cierto punto le daba algo de rabia, primero de todo porque él mismo solía tener unos niveles de ego suficientemente altos como para que eso no pasara, segundo porque ya iba teniendo una edad… Pero se daba por caso perdido. Y su suegro seguía riéndose de él. Al menos era una mejora considerable que ya habían tenido una época en la que estaba completamente seguro de que estaba imaginándose formas de librarse de él. Y no podía culparla de ello.
- Sora me ha dicho lo de Tanegashima – habló ella, recuperando la seriedad, consiguiendo que él se centrara y la mirase-. La verdad es que me parece que has tenido una muy buena idea. No se me ocurre dónde podría estar mejor.
- Eso mismo le dije yo – contestó recostándose algo más hacia atrás en la silla de forma más relajada-. Aunque aquí tenemos jardín no es lo mismo… Y allí tenemos la playa al lado también. También creo que la casa es más cómoda que esta al ser más pequeña y estar todo más a mano… No sé – se encogió de hombros-. Por un lado entiendo la pega que ella ve de estar lejos, pero creo que es lo mejor.
- Si a alguien no le gusta que se vaya mentalizado – contestó tras asentir a las últimas palabras de él-. Yo creo que sí que os vais a ir, y sino puedes provocarla un poco con eso de echarse a la sombra cerca de la costa con los dos peques, que estoy bastante segura de que te va a funcionar. Y ya que estamos te agradezco lo de que nos tengas en cuenta a Haruhiko y a mí.
- Bueno, partiendo de que no me molestáis… No se me ocurre mejor compañía para Sora en esa situación. Si mi padre se pone muy pesado siempre puede usarnos de excusa e irse nos días de vacaciones por su cuenta, pero a Sora siempre le hace bien tenerte cerca.
La mujer sonrió agradeciendo así las palabras de él. Sabía que se lo decía sinceramente a pesar de que podría pensar muy fácilmente que lo hacía por quedar bien con ella, conociéndolo. Pero también porque lo conocía bastante con bastante exactitud que lo decía justo por lo que lo había dicho.
- Y Aiko seguro que también está encantada de tener que compartir a su nene chiquitín con nadie más, especialmente con los pesados acaparadores de los abuelos – volvió a hablar.
- Eso seguro, aunque ahora no sé si se las arreglará para dar abasto con el huevo también – contestó el rubio girando la cabeza para buscarla, no tardando en encontrar en el jardín con los dos digimon, vigilando precisamente al nuevo y más digital futuro miembro de la familia-. Debo de confesar que hasta yo empiezo a tener curiosidad por lo que va a salir de ahí.
- Pues… con lo parecida a ti que ha salido tampoco me extrañaría demasiado que hubiera algún… - hizo una pausa, no tardando en fruncir el ceño.
- Tsunomon – completó sus palabras el rubio al darse cuenta de lo que le pasaba-. La forma anterior a Gabumon se llama así, pero del huevo saldría la que es todavía anterior… - hizo una pausa, encogiéndose de hombros-. Yo tengo mis dudas. Sé que le va a costar un disgusto muy gordo a uno que yo me sé, pero… Aiko tiene el carácter de su madre.
- ¿Es cabezota como ella sola?
Yamato arqueó las cejas justo antes de echarse a reír por la salida de su suegra, no era en lo que estaba pensando él cuando lo había dicho, pero tampoco iba a ser él quien negara que si a la niña se le metía algo en la cabeza era complicado que se le quitara por el momento.
- Aunque no se le puede decir que no se haya acabado saliendo con la suya a base de ponerse cabezota, así que si mi nieta quiere heredar eso, bienvenido sea.
Buscó a la niña con la mirada ahora ella también, viéndola ir corriendo hacia ellos, posiblemente a decirles algo sobre el huevo, como que creía que se había movido. Alargó la mano para coger la de su abuela y empezar a tirar de ella.
- ¿Qué te pasa chiquitina?
- Ven abu – tiró de ella otra vez.
- Aiko, tu abuela no tiene gana ahora de andar de paseo… - dijo Yamato usando un tono suave, para que no pensara que le estaba llamando la atención.
- Anda ven abu, verás como se mueve…
Toshiko se rio nuevamente, negando con la cabeza antes de dejarse mover e ir con la pequeña para poder ver en primicia los supuestos movimientos del huevo. El rubio las siguió con la mirada unos segundos antes de decidir ir a dejar la tableta y las gafas a la habitación para que nadie tropezara con ellas.
- Ey – llamó la atención de la pelirroja al verla sentada encima de la cama-. ¿Qué haces aquí?
- Pues… Yo creo que es el calor… Pero me he mareado un poco – explicó levantando la vista hacia él al verse descubierta-. No te me pongas histérico, estoy perfectamente…
- Estás blancucha – le dijo, dándole así la razón y posando las cosas para luego acercarse a ella, inclinándose a su lado-. ¿Quieres que te traiga algo? ¿Agua fría? ¿Un zumo?
- ¿Mi madre?
- Ha sido secuestrada para que pueda tener el honor de comprobar con sus propios ojos que el huevo se mueve – explicó, llevándole la mano a la frente y comprobando así que estaba cubierta de pequeñas perlitas de sudor frío-. Anda, ahora te traigo algo… Aprovechamos que están entretenidas.
La pelirroja le sonrió a modo de respuesta. Posiblemente con algo fresco y dulce se le pasara rápidamente, así que la opción del zumo le parecía la más apropiada. Aquel calor le solía pasar aquellas jugadas, y más ahora que ella misma era su propia fuente de calor.
- Vengo ahora – le dijo saliendo de la habitación para ir a por lo que le había dicho.
Por suerte, encontrársela así, por poco que le gustara, ya era algo a lo que estaba más acostumbrado y sabía cómo actuar más allá de aterrorizarse él solo e irse corriendo a por el teléfono para darle la lata al pobre Jou. Pasó de largo por el salón, directo hacia la cocina, esperando que las otras dos estuvieran lo suficientemente distraídas como para no darse cuenta de lo que hacía o no, llenando el vaso con el zumo.
- Si tienes mucho calor y no se te pasa – dijo cuando volvió a entrar en la habitación – le digo a tu madre que nos cuide a la niña un poco y te ayudo a que te des una ducha fresca – le tendió el vaso.
- Pues… No te diría yo que no, pero no la asustes...
- No la asusto, es ella la que me suele asustar a mí – sonrió, dejándole su espacio para ir a abrir algo más la ventana y que entrara mejor el aire en la habitación-. Anda, bébete eso… Si quieres más te lo traigo.
- No, no… No vaya a ser que luego se me revuelva el estómago – negó con la cabeza, dando un trago, notando como el líquido la refrescaba.
Yamato la observó desde allí, decidiendo que dijera lo que dijera ella iba a ayudarla a que se diera la ducha y luego se quedara un rato descansando. La tenía demasiado calada y quería evitarle mayores problemas.
- Voy a decirle a tu madre que nos vigile a la peque, anda… - no iba a dejarla protestar por aquello, pero tampoco lo hizo, quedándose entretenida en terminarse la bebida que él le había traído.
Le llamaba la atención la forma tan calmada con la que estaba aprendiendo a manejarse Yamato en gran parte de las cosas del día a día. Ahora, en vez de ponerse histérico, sabía tomar el control de la situación y que a ella no le quedara más remedio que darle la razón. Sonrió, a pesar de no encontrar del todo mejor todavía, dando otro ligero trago. No se lo quería beber demasiado rápido por si acababa sentándole mal. Sintió la suave brisa que encontró y que le revolvió el pelo ligeramente, disfrutando de ella.
- ¿Qué Aiko? ¿Se mueve mucho el huevito? – le dijo el rubio a la niña cuando llegó hasta dónde estaban.
- ¡Sí!
- La verdad es que yo también lo he notado – dijo Toshiko, levantando la vista hacia su yerno, al haberse agachado con la pequeña.
- Oye Aiko, ¿sabes que hay en el congelador helados de los que te gustan? ¿Por qué no os vais los tres a coger uno?
A sabiendas de la eficacia que iban a tener sus palabras, no tardó en ver tanto a la niña como a los digimon salir corriendo hacia la nevera tal y como había dicho, consiguiendo entonces quedarse a solas de nuevo con Toshiko.
- Sora se ha mareado, está en la habitación. No te preocupes – le hizo un gesto-, está bien. Con estos calores le está pasando bastante. Le he dado un zumo y voy a ayudarla a que se le dé una ducha fresca… ¿me vigilas a la niña mientras tanto?
- Claro que sí – asintió rápidamente-. Pero… ¿se encuentra bien?
- Sí, tranquila. Está perfectamente, pero entre el calor que hace, el que ella ya tiene… Le ha pasado ya alguna vez más esta semana. Se le pasará en nada, ya la amenazo luego para que se quede al fresco en la cama un rato.
- Tardad lo que necesites, que yo no tengo prisa y si se me hace tarde le digo a Haruhiko que venga a buscarme cuando salga.
- Pues, yo creo que para la hora de la cena Sora va a estar perfectamente ya, ¿por qué no le dices igualmente aunque tardemos poco que venga y cenáis con nosotros?
La mujer sonrió a su yerno, asintiendo a sus palabras antes de hacerle un gesto para que fuera a hacer lo que le había dicho, a sabiendas de que Aiko no tardaría en volver. Sin duda el helado era una buena forma de tenerla entretenida y que no le diera por empezar a llamar a su madre.
- Pues… Yo creo que sí que se está moviendo – dijo él tras posar la vista en el huevo-. A este paso vamos a tener otro digimon rondando por casa en cualquier momento de esta semana…
- Un poco más de revolución no sé yo qué tal os sentaría…
El rubio giró sobre sus pasos, viendo a la pequeña volver hacia donde había dejado a su abuela, seguida de los digimon. Le revolvió el pelo de la que pasara, yendo a asegurarse de que hubiera quedado bien cerrada la nevera antes de continuar su camino de vuelta hacia la habitación.
