- ¿Sabes que es lo malo? – dijo Yamato, entretenido mientras que se quedaba apoyado no demasiado lejos de dónde estaba Sora.
- ¿Estarte quietecito? – a pesar de que todavía no estaba repuesta del todo, se dio cuenta perfectamente, decidiendo que la mejor idea era tirarle la camiseta directamente a él.
Yamato se rio, sin molestarse tan siquiera en ocultar que ella tenía toda la razón y cogiendo lo que ella le había tirado. El mareo de ella iba a ayudar en que se centrara en lo que se tenía que centrar. Y, sin duda, que su suegra estuviera relativamente cerca también servía como método para que se le relajasen las hormonas.
- Tampoco hace falta que te quedes vigilando, estoy bastante mejor – la voz de ella lo devolvió a la realidad-. Me puedo arreglar perfectamente.
- Que te lo has creído… - negó con la cabeza-. La niña está en la mejor compañía que se me puede ocurrir, yo creo que ahora mismo no tengo otra cosa mejor que hacer que hacerle de niñero a la otra niña – se acercó a ella-. Le he dicho a Toshiko que le dijera a tu padre que viniera a buscarla y así cenaban con nosotros, ¿te parece bien la idea?
- Ver como a mi padre se le cae la baba con Aiko siempre me parece bien – se acercó hacia la ducha y abriendo el agua para que corriera un poco primero antes de entrar -. Ten cuidado que está fría - advirtió antes de terminar de desvestirse, dejándolo todo encima del lavamanos.
- Tampoco te digo yo que me fuera a hacer mucho daño – comentó, entretenido antes de retirar la vista de ella, a la cual no había podido estar observando mientras tanto-. Pensé que ibas a preferir darte un baño…
- La ducha funciona mejor en estos casos… - comentó encogiéndose de hombros antes de entrar directamente bajo el chorro de agua.
Aunque al final decidiera darse una ducha, no la dejó sola tampoco, por si acaso se mareaba mientras tanto o necesitaba algo. Sabía que solía pecar de sobreprotector en situaciones así pero prefería ahorrarse problemas y sustos. Además, era cierto lo que le había dicho, tampoco tenía nada mejor que hacer en aquel momento.
- Le he dicho a mi madre lo de Tanegashima – habló la pelirroja, devolviéndolo a la realidad-. No sé si quiere librarse de nosotros o realmente le parece tan buena idea, pero… Creo que le gusta más la idea que a ti incluso.
- Lo sé – contestó-. Me lo dijo ella antes – dejó escapar una corta risa-. ¿Has visto? Soy capaz de hablar con tu madre yo solito sin ayuda de nadie…
- Bueno, amor, no me hagas ponerte a prueba que igual acabamos a malas hoy… - sacando la mano por detrás de la mampara, salpicó con sus dedos hacia dónde él estaba, escuchándolo sobresaltarse por la temperatura del agua.
- Mira que alguien se va a ir a la cama castigada sin cenar por atacarme – protestó, sin ser demasiado creíble el aparente enfado de su voz.
- No me hagas ponerte cara de pena que sabes que funciona… El lunes hablo con Haru a ver qué me dice y ya podemos tomar una decisión. ¿Te parece bien?
- La cosa es que eres tú la que tiene que decidirlo, yo lo tengo más que claro. Pero bueno, me parece bien – asintió-. Aunque también te digo que me puedo imaginar la respuesta de Haru más o menos a ciegas…
- No te creas… En realidad espero que sea sincera conmigo y me diga la verdad. Es mi socia y hasta cierto punto es en Tokio donde debe de estar, pero… – cerró el grifo, asomándose de nuevo, alargando la mano par que le tendiera la toalla, sin conseguirlo.
- ¿Pero qué? – fue hacia ella para ser él quien se la pusiera por encima de los hombros, inclinando la cabeza hacia ella para darle un rápido beso en el cuello, notando el frescor de su pelo mojado en la cara.
- Pues que yo precisamente sé lo mal que se lleva estar uno en cada esquina del mundo – contestó girándose hacia él tras el beso para poder observarlo-. Y me sabe mal que por mi culpa se le complique algo más la cosa.
Entendió sin necesidad de que le diera más explicaciones. Sin duda aquello era algo que no había tenido en cuenta, ya que estaba demasiado acostumbrado a olvidarse de que a asede de todos los movimientos de Andrew estaba en Los Ángeles y no en Tokio.
- Bueno… - se entretuvo en colocarle bien la toalla-, en realidad yo creo que no habría mucha diferencia. Creo que ya ha quedado claro que se puede trabajar totalmente a distancia y de manera digital, e ibas a hacer lo mismo desde casa que desde allí, vamos a ser realistas Sora.
- Sí, pero si ella necesita algo aquí me tiene a mano…
- Y de la otra forma también – alzó la mano para darle un toque con el dedo en la nariz-. ¿Me vas a decir que no eres capaz de hacer una reunión, sea del tipo que sea, por videoconferencia a estas alturas? Anda, no saques conclusiones antes de tiempo y ya cuando hables con ella vemos exactamente cómo lo hacemos, ¿de acuerdo?
La pelirroja sonrió, terminando de dejarse arropar bien con la toalla, y asintiendo a las palabras de él. Como solía pasar, cuando tenía razón, la tenía, y demás le había sentado muy bien la ducha y el mareo había remitido considerablemente.
- Vete si quieres a ver si mi madre necesita algo… Yo me arreglo sola para terminar de vestirme – le dijo.
- ¿Quieres librarte de mí? – sonrió de medio lado, adivinando lo que estaba pasando por la cabeza de ella.
- Lo que no creo que sea muy justo es tenerte por aquí después de la conversación que tuvimos hace un par de semanas. Y no te me hagas el digno ahora que no tengo ni el más mínimo problema en admitir que si fuera al revés yo ya me habría inventado alguna excusa…
Yamato se echó a reír. Sabía por lo que lo estaba diciendo, y también sabía que tenía toda la razón. Que sin duda, a lo mejor el que luego necesitaba aclararse las ideas bajo el agua fría era él, pero, ¿qué otra cosa iba a hacer? Quería acompañarla, así que esperaba que sus hormonas se comportaran acorde a la edad que tenía.
- Además, doña "puedo yo sola" ¿te recuerdo que todavía esta mañana estabas con el drama de que no te podías vestir sola porque no llegabas bien? – dijo finalmente-. ¿Te vas a poner el pijama?
- Pues… - se quedó pensativa unos segundos-. ¿Se quedan mis padres a cenar al final?
- No se van a escandalizar… - dijo negando con la cabeza-. Voy a por él, tú vete secándote si quieres.
Salió del baño, aprovechando para recoger la ropa de Sora de dónde ella la había dejado, buscando en el armario el pijama de ella, entreteniéndose al encontrar uno de los juguetes de Aiko dentro del armario. Lo cogió también antes de volver hacia donde había dejado a la pelirroja.
- Creo que Aiko intenta dejarte vigilancia para cuando ella no está – le enseñó el objeto, caminando hacia ella.
- ¿Dónde estaba? – se giró, entretenida, estirando la mano para coger su ropa.
- Con tus cosas, a saber cuándo nos lo metió ahí - contestó, teniéndole el pijama.
La pelirroja se rió, cogiéndolo y dejando caer entonces la toalla para poder empezar a vestirse. le daba pereza secarse, queriendo prolongar el frescor del agua fría en su piel todo lo que pudiera, pero, tampoco quería dejar a su madre sola tanto tiempo, de manera que terminó de hacerlo antes de ponerse las prendas.
- ¿Ves? Tampoco ha sido tan grave – le dijo el rubio, asomándose por detrás de ella una vez que estuvo lista-. Los duros años de entrenamiento como astronauta tienen sus frutos para saber controlar situaciones complicadas.
- ¿Me consideras una situación complicada? – lo buscó en el reflejo del espejo.
- De las más complicadas – sonrió de forma ladeada-. Se me ocurren pocas cosas que me asustan más que cuando te enfadas conmigo porque te he traído las galletas que de repente no te gustan…
Volvió a tener que echarse a reír al ver la cara con la que lo estaba mirando, a sabiendas del ataque verbal que acababa de hacerle. Pasó un brazo en torno a su cintura, aprovechando para acercársela.
- Riéte, tú riéte ahora que puedes, que bien que te aterrorizabas las primeras veces…
- A eso mismo me refiero, no voy a ser yo el que diga que me asusta menos un despegue…
- Vas a ir a dormir al sofá hoy – cogió el cepillo del pelo, poniéndolo a la altura de la vista de él-. Mira a ver cómo te las arreglas para que te deje entrar a la habitación luego.
Ante la terrible amenaza que acababa de recibir por parte de ella, cogió el cepillo con toda la intención de hacer lo que muchas veces solía, desenredando con cuidado los mechones de cabello de la pelirroja. Solía rondarlo para eso cuando no tenía un buen día, ahora estaba seguro de que solo era un arranque de necesitar atenciones. Sonrió cuando dio por terminado lo que estaba haciendo, inclinándose hacia ella.
- Solo para que quede claro, con esto también me vale – dejó un beso en su mejilla antes de salir del baño-. Voy a ver que Aiko no se haya cargado a tu madre con alguna de las suyas…
La pelirroja lo siguió con la mirada, distraída por las primeras palabras que le había dicho antes de negar con la cabeza. Bajó la vista, dándose cuenta del efecto que habían tenido en ella, notándose la piel erizada. Negó de nuevo, dejando escapar una risa antes de decidir que era buen momento para terminar de adecentarse y poder salir del baño.
Toshiko había hablado con su marido ya, asegurándose de que iba a buscarla y cenaban con ellos. Mientras tanto, se había apoderado de la cocina mientras que su yerno se ocupaba de su hija. Lo primero porque le gustaba ayudar en lo que pudiera, y lo segundo porque había sido la mejor forma que se le había ocurrido para distraer a su nieta. Diciéndole que la ayudara a prepara la cena se le había olvidado hasta el huevo.
- Pero bueno – dijo Yamato al darse cuenta, habiendo llegado totalmente distraído-. No hacía falta…
- ¿Qué tal? – no hizo la pregunta entera para no alterar a la niña.
- Todo bien ya, nada que un poco de agua fría no arreglase – asintió-. ¿Y tu qué? ¿Te has portado bien con tu abuela?
- ¿Cuándo no se porta ella bien? – contestó Toshiko-. Está ayudándome a hacer la cena y su abuelo tiene que estar al llegar.
- ¡Mamá! – pudieron escuchar a Sora antes de tan siquiera darse cuenta de que hubiera llegado también-. Pero bueno, ¿no puedes estarte quieta?
- Tú deja de protestar y hacer el favor de ir a sentarte al fresco. Para lo único que te quiero por aquí es si quieres beber algo… Y no me pongas esa cara, ¡venga! – le hizo un gesto para que le hiciera caso, divertida al ver la cara de la pelirroja, la cual había arrugado la nariz.
- Yo que tú le hacía caso, que hoy estás en minoría – le dijo el rubio.
Negando con la cabeza, obedeció, acercándose a la nevera a llenarse un vaso con agua antes de ir a hacer lo que le habían dicho.
- Y tú también – escuchó como Toshiko le decía a su marido también, echándose entonces a reír.
- Eso es una orden de Toshiko Takenouchi, Ishida, así que dile a tu parte quinceañera que a veces da señales de vida que le haga caso, no vaya a ser…
