- Pues no te voy a decir yo que Aiko no tenga razón… Ese huevo se está moviendo – dijo Haruhiko quedándose observando el objeto.

- Sí, yo también lo he visto esta vez – contestó Yamato, agachándose para poder posar la mano encima de la cáscara, notando el movimiento. Giró la cabeza hacia los digimon, que curiosos también lo habían seguido-. ¿Es normal?

Gabumon lo miró, encogiéndose de hombros, haciendo que le rubio se quedara mirando entonces hacia el ave, quien estaba más o menos en las mismas.

- A mi hermano se le han abierto varios huevos ya… A lo mejor él sabe algo – Se incorporó-. A ver, tortuguita – se apartó, dejando paso a Aiko-. Voy a darle la lata a Takeru que haga algo útil.

- ¿Qué le pasa al huevito, papi?

- Nada, que tiene ganas de conocerte ya – le revolvió ligeramente el pelo antes de ir a por su teléfono.

Sora observó la escena desde el lado de su madre, donde se había quedado apoyada. Le hacía gracia ver a la pequeña tan emocionada, y podía entenderla. Toda su vida había vivido rodeada de los digimon, y en los últimos tiempos había visto a los demás pequeños de su entorno iban teniendo sus propios compañeros. Ahora, tener uno ella no podía emocionarla más.

- Yo creo que sí que se va a abrir – le dijo a su madre-. No la he visto tan emocionada desde que se enteró de que veía el nene chiquitín.

- ¿Tú crees? – giró la cabeza hacia su hija.

- Sí… Se está moviendo demasiado, eso es que quiere salir. Ya verás como Takeru si contesta dice lo mismo… Él también andaba paseando un huevo por el mundo como si fuera su posesión más precisada – comentó quedándose distraída, dejando que su mente volviera hacia atrás a aquellos primeros años en los que todos habían acabado de casualidad en el mismo campamento-. Nos espera una noche mo..

- ¡MAMI! ¡PAPI!

La voz de la niña atrajo la atención de todos, consiguiendo que su padre estuviera a punto de dejar caer el teléfono de las manos cuando la escuchó, sin haber llamado aún a su hermano. La pelirroja se puso en pie, yendo hacia donde ella a ver qué le pasaba, no necesitando más que posar la vista en el huevo para verlo rajado, con el pequeño digimon haciendo esfuerzos para salir.

Las cejas de la pelirroja se arquearon nada más ver lo que parecían un par de hojas asomar, entendiendo rápidamente el digimon que estaba haciendo acto de presencia por fin. No pudo evitar buscar con la mirada a Gabumon, el cual sabía que se iba a llevar una decepción. Lo tenía bastante calado a esas alturas como para esperar que pasara de otra forma.

- A ver… Que vamos a ayudarlo – dijo Sora, acercando la mano a la cáscara para poder retirar los trozos rotos y que el digimon pudieran salir-. Mira chiquitina, es un Nyokimon.

- ¡Es como yo! – dijo Biyomon asomándose algo más.

Aiko miró al pequeño ser, nerviosa, acercando poco a poco sus dedos hacia él, con miedo de poder llegar a hacerle daño.

- Es muy chiquitín mami – lo tocó con sumo cuidado.

El digimon se asustó al principio, retrocediendo al no esperar el contacto, haciendo que la niña hiciera lo mismo. Sin embargo, segundos más tarde, tras observarla, dio un salto hacia ella esperando que lo cogiera.

- Pues… ya estaría – dijo Yamato, sonriendo divertido con la escena-. Creo que vamos a tener digimon para rato... – observó a la pequeña, revolviéndole el pelo con suavidad nuevamente.

Bajó la vista haca su compañero, notando la cara que tenía puesta, dándose cuenta de que la pelirroja también estaba haciendo lo mismo. Le hizo un gesto a ella, diciendole así que ya se encargaba él. No le sorprendió tampoco notar como el digimon se alejaba unos pasos de dónde estaban, negando con la cabeza.

- ¿Le pasa algo? – le preguntó Toshiko, dándose cuenta ella también.

- No, nada – contestó él-. ¿Sabes lo que es eso, Aiko? Es un digimon que cuando crezca va a ser como Biyomon. Vas a tener que cuidarlo muy bien que ahora es muy pequeño todavía, ¿de acuerdo?

La niña no contestó, limitándose a abrazar al digimon contra ella, demasiado nerviosa y emocionada por tenerlo y con ella. Aprovechando el momento, el rubio se alejó unos pasos para ir detrás de su compañero, alcanzándolo un poco más allá cerca de la puerta al jardín.

- A ver – se sentó a su lado, aprovechando los escalones-. ¿Tan grave es? – lo pinchó con el dedo para reclamar su atención-. ¿No me vas a hablar?

- Yo ya sabía lo que iba a ser… Podía notarlo.

- ¿Entonces? – sorprendido por sus palabras, lo miró extrañado.

No necesitó tampoco escuchar su respuesta para saberlo. A su mente vino cuando su padre todavia esperó hasta el último momento con el nacimiento de Dai porque aún tenía puestas sus esperanzas en que fuera un error y al final le viniera una nieta.

- Si te sirve de consuelo eso es solo la confirmación de que de mí solo ha sacado el físico. ¿No te alegras de que no vaya a ser una cascarrabias? Mira que a ella seguro que no la ibas a amenazar con morderle el trasero…

- Tú no eres un cascarrabias. Y ella es más lista que tú. Seguro que ella no se aleja de todos por cabezonería, que ese era tu problema – negó con la cabeza.

- Ah, muchas gracias. Osea, ¿me estás diciendo que de verdad querías que se pareciera más a mí incluso en forma de ser?

- Soy tú compañero, ¿no?

Aquello sorprendió al rubio, tanto que cuando el digimon se puso en pie para alejarse de él y estar un rato solo ni siquiera supo qué decirle. Cuando la sorpresa se lo permitió, dibujó una leve sonrisa, teniendo claro que no se merecía el compañero que le había tocado.

- ¿Está disgustado? – le preguntó Sora cuando se acercó a ellos de nuevo.

- Un poco, pero bueno, déjalo, ya se le pasará… - se encogió de hombros.

Le diré a Biyomon que no lo provoque con el tema, que ya la conoces…

- Te lo agradecería – asintió-. Anda, vamos a hacerle más caso al pequeñajo ese porque me parece a mí que no vamos a poder echar a dormir a Aiko hoy de ninguna de las maneras.

- Oye, ¿y qué se hacía con un digimon tan bebé? – le preguntó ella mientras que asentía-. ¿Qué le doy de comer?

- ¿Lo primero que enganche? Ni que no supieras que otra cosa no, pero comer…

La pelirroja se rió, lanzando una última mirada hacia donde se había ido Gabumon antes de llegar de nuevo hasta Aiko.

- ¿Vas a dormir con él hoy? – le preguntó a la chiquitina-. Oye vamos a tener que mandarle una foto a tus otros abuelos para que lo conozcan ¿eh?

- Espera, que ya se la mando yo – dijo Haruhiko llamando así la atención de su hija. La pelirroja necesitó unos segundos antes de caer en la cuenta del motivo por el que lo decía-. ¿Sigues en guerra con Hiroaki?

- Él se lo ha buscado – le sacó la foto a la pequeña con el digimon para poder enviársela.

- Vaya dos… - Toshiko negó con la cabeza, acercándose ella a darle una pequeña caricia al pequeño ser-. No me suena haberte visto a ti tan pequeña – le dijo a Biyomon.

- Yo creo que no – contestó Sora por su compañera-. Creo que cuando la pude llevar a casa por primera vez ya era un Pyokomon.

- ¿Qué es eso mami? – preguntó la niña.

- Pues… en lo que se va a convertir esta cosita cuando crezca un poco…


La pelirroja se quedó mirando hacia la pequeña al verla tan emocionada con el digimon, quedándose sentada con él en el sofá, abrazándolo tras la cena. Sin duda era algo digno de haber causado tal reacción en la niña. Ella no se podía imaginar la vida sin Biyomon. Ni siquiera sin Gabumon cerca. Era demasiado lo que les debía y estaba segura que sin haberlos conocido no sería lo que era en esos mismo momentos.

Aquello hizo que lanzara una mirada en redondo volviendo a buscar al compañero de Yamato, del cual no había sabido nada ni siquiera para la cena. Arrugó el gesto, decidiendo coger algo del postre que había sobrado y ponerlo en un plato antes de salir en su búsqueda. Le llevó unos minutos antes de dar con él en la habitación de la niña, sentado en la cama.

- ¿Puedo pasar? – le preguntó, tanteándolo-. Te he traído algo para que no tengas hambre – le enseñó la comida-. Aunque ya sabes que si más tarde quieres algo solo tienes que ir a cogerlo…

Se acercó hasta él para poder dejarle el plato cerca, quedándose unos segundos de pie frente él antes de agacharse como pudo para poder mirarlo más de frente.

- Que el digimon de Aiko haya salido de la misma variedad que Biyomon no quiere decir que la pequeña vaya a dejar de quererte con locura, lo sabes, ¿verdad?

- No te agaches que luego te cuesta mucho levantarte – le dijo a la pelirroja.

- No me uses de excusa – negó con la cabeza-. ¿Me has oído? No me gusta verte con esa cara… ¿qué iba a ser de Aiko sin tenerte a ti rondando? No sé si me cuesta más imaginarme eso que a Yamato sin tenerte a ti detrás vigilando que siga de una pieza – le gustaba hablar con él a solas, sin tener que ser cuidadosa con lo que decía por miedo a que la niña pudiera escucharla-. Que ahora tenga ese digimon no va a cambiar absolutamente nada… Oye – llevó la mano hasta su hocico para que la mirase-. Te lo digo en serio. Yo no me canso de dar las gracias todos los días porque siempre hayas estado al lado de Yamato y que seas ahora también una parte más cercana de mi vida.

- No te preocupes – le dijo a la pelirroja-. Si yo ya lo sabía – admitió, como había hecho con el rubio un rato antes-. No olía como los míos.

- ¿Entonces? ¿No querías creerlo? – la pelirroja lo miró con una mezcla entre enternecimiento y pena-. Míralo por el lado bueno, así siempre vas a ser tú su favorito. Si cuando apenas tenía unos días ya quería dormir encima de tu barriga. Esa niña te adora, Gabumon. Ni se te ocurra pensar que te va a dar el cambiazo.

La pelirroja le dio unos segundos, sonriendo al ver que cogía el plato de comida que ella le había llevado, interpretándolo como una buena señal.

- Eso ya me gusta más – dijo -. No te quiero agobiar, cena tranquilo y si quieras algo más me lo pides, ¿vale? – posó su mano sobre su cabeza, dándole así una caricia y luego maniobrar para poder volver a incorporarse ella-. ¿Quieres que te traiga algo de beber? Nos ha comprado Yamato el zumo que también te gusta a ti – amplió su sonrisa al ver que asentía, saliendo entonces de la habitación más que encantada directa a por lo que había dicho.

Le daba mucha pena verlo triste. Se le notaba mucho. Estaba segura de que en cuanto a Aiko se le pasara el furor con el digimon también se daría cuenta ella o iría a buscarlo porque lo echaba en falta, pero, mientras tanto, si al menos podía animarlo con comida iba a intentarlo.

- ¿Dónde andabas? – le preguntó su padre al verla aparecer.

- He ido a llevarle algo de cena a Gabumon – abrió la nevera,, sacando la botella-. Está disgustado porque quería que Aiko tuviera un digimon como él, pero se le pasará.

- A lo mejor se toma como que se avecina un futuro un poco revoltoso – bromeó su padre para meterse con ella-. Seguro que se le pasa en nada. Con que vaya Aiko a darle un par de carantoñas ya lo tendrá de nuevo en forma.

- Lo sé, pero me da pena igual. Ese digimon es la cosa más buena y encantadora que conozco. Todos le debemos demasiado en esta casa – llenó el vaso de zumo-. Voy a llevárselo. Si tardo y preguntar por mí es que me he quedado con él.