La pelirroja volvió a la habitación con lo que le había ido a buscar al digimon, sonriendo al verlo cogiendo el postre que le había llevado. Eso era una buena señal, ya que al menos había aceptado algo de comida. Fue hacia él, dejando de nuevo la puerta cerrada ligeramente tras ella.
- Si quieres más puedo ir a buscártelo – lo vio negar con la cabeza, sentándose a su lado-. Bueno, tengo el zumo. Ya verás, está muy rico.
Se lo dejó a mano donde no se fuera a caer antes de empezar a acomodarse, arrastrándose algo más por la cama hasta quedarse entre los cojines. Algo le decía que su espalda le iba a sentar bien quedarse acomodada allí mientras tanto. No le dijo nada más, dejándolo estar, limitándose acompañarlo en silencio.
Al menos la pequeña estaba completamente distraída con el nuevo miembro de la familia y no se enteraba del disgusto de él. Ella, por su parte, estaba encantada de estar un rato con el digimon, aunque tuviera que dejar a sus padres algo más de largo. Así también se despejaba ella. El que parecía estar de acuerdo con todo aquello era el niño, el cual se movió, dejando que su madre lo notara, haciéndola soltar un pequeño sonido de sorpresa llamando así la atención de aquel que la acompañaba.
- Se está moviendo – le dijo la pelirroja, calmándolo-. Creo que ha sentido el revuelo que tenemos esta noche- el digimon la observó, atento, notando como ella parecía seguir sintiendo los movimientos del bebé, por las caras que estaba poniendo-. ¿Quieres sentirlo? Mira, ven – le hizo un gesto para que se acercara.
No estaba muy segura de que fuera a hacerlo, ya que estaba acostumbrada a que quisiera escaparse por lo tímido que era. Se sorprendió al verlo moverse, arrastrándose hasta ella tras haber dejado la comida, quedándose a su lado.
- Anda, acércate – ella misma le hizo espacio para que pudiera colocarse del todo junto a ella, dejándolo posar la cabeza en su barriga para poder sentir moverse al pequeño mucho más notablemente-. Él también quiere saludarnos hoy.
Con lo que no contaba tampoco era con sentirlo acomodarse, cogiendo bien postura para quedarse echado junto a ella sin apartarse. Posó la mano encima de su cabeza, empezando a mover sus dedos de forma distraída. Parecía que con aquello se le había pasado algo el disgusto a Gabumon y ella no podía estar más encantada.
Yamato volvió de la habitación, confuso. Hacía un rato que había perdido a Sora de vista y tras haber ido a buscarla y no dar con ella, volvió sobre sus pasos, sin entender gran cosa. Hasta dónde él sabía no se había vuelto a marearse, sino que la había visto cenar bien y estar distraída con sus padres y la niña. Tampoco había vuelto a ver a Gabumon, pero a él había preferido dejarlo tranquilo después de lo que había pasado.
- ¿Se ha quedado dormido? – le preguntó a Aiko al verla sin moverse en el sofá con el pequeño digimon entre los brazos.
La vio asentir, llevándose el dedo a los labios para que no hiciera ruido sacándole así una risa. Hizo un gesto de disculpa con las manos dándose cuenta de que su suegro estaba observándolos, entretenido.
- ¿Has visto a Sora? – le preguntó a Haruhiko.
- Hace un rato que no, pero me dijo que iba a llevarle algo de cena a Gabumon… Juraría que me dijo que estaba en la habitación de la niña. A lo mejor se ha entretenido con él.
- ¿Ha ido a llevarle la cena?
- ¿Te sorprende?
El rubio giró la cabeza hacia la habitación de Aiko, viendo la puerta entreabierta, lo cual casi que confirmo lo que le acababa de decir su suegro. Le hizo un gesto a modo de disculpa para poder a ir a comprobarlo, asomándose. Sin duda había acertado, pero lo que no esperaba era ver que Sora se hubiera quedado dormida al lado del digimon, el cual parecía estar en el mismo estado que ella. Se quedó observando la escena. Que la pelirroja se quedara dormida en cualquier esquina sí que era algo normal, pero lo que estaba viendo le gustaba. No le gustaba que el digimon se hubiera disgustado por lo que había pasado, claramente, pero que ella se hubiera querido asegurar se hacerle compañía y animarlo sí que le encantaba verlo.
Se acercó hacia ellos ya que era la hora de que Aiko se fuera a la cama, llegando hasta donde estaban para darse cuenta de que la cabeza del digimon estaba apoyada en la barriga de ella y que parecía estar dormido de verdad. Si el niño se había estado moviendo, seguramente hubiera servido para ayudar a distraerlo y tenía toda la pinta de que hubiera sido así.
Alargó la mano hacia la pelirroja, posándola en su hombro para darle un par de toquecitos, intentando despertarla.
- Sora – la llamó, ayudándose así y no tardando en verla abrir los ojos ligeramente-. Buenos días…
Pudo ver como se quedaba mirando hacia los lados, desorientada, tardando unos segundos en darse cuenta de dónde estaba, bajando la vista hacia el digimon que seguía acomodado a su lado.
- Nos hemos quedado dormidos… ¿Siguen mis padres aquí?
- Sí, es pronto todavía – asintió-. La que se va a venir a la cama es la niña y no sé si mandarte también a ti…
- No te diría yo que no – se rio-. A ver espera que me levanto…
Con sumo cuidado de no despertar al digimon, empezó a revolverse, primero consiguiendo que la cabeza de él cayera sobre el cojín y no se enterara y luego aceptando la ayuda del rubio, quien le tendía las manos, notando el tirón que le daba, agradeciéndolo para no tener que maniobrar tanto.
- ¿Sigue disgustado? – le preguntó cuando la tuvo frente a él, sin soltarla aún.
- Bueno… Al menos ha cenado. Así que yo creo que mañana lo tendremos bien – levantó la vista hacia él, observándolo-. ¿Te has quedado solo con mis padres y sigues de una pieza?
- ¿Has visto? – dibujó una sonrisa ladeada en su rostro-. Todo un logro, mañana les digo a los de la JAXA que me den una medalla. Vergüenza debería darte…
- Eh, las culpas al nene chiquitín. Él tiene toda la culpa de que me ande quedando dormida por cualquier esquina. Además, también es culpa tuya y de mi madre.
- ¿Mía y de tu madre? – arqueó las cejas sorprendido.
- Sí, tuya por la ducha y de mi madre por hacerme la cena – intentó mantenerse seria, sin conseguirlo-. Anda, vamos, que así metemos a la peque en la cama y Gabumon no se vuelve a despertar que ahora que se ha quedado tranquilo hay que dejarlo descansar.
Asintiendo a las palabras de ella la soltó para echar a andar y salir de la habitación, viendo nada más hacerlo a Aiko rondando a su abuelo con el digimon mientras que Biyomon vigilaba.
- Ya pensaba que te habías vuelto a marear – dijo Toshiko, atrayendo así su atención.
- Me había quedado dormida con Gabumon – se disculpó con un gesto-. Un día me voy a quedar dormida de pie o algo y estoy segura de que a nadie le extrañaría… - habló con resignación.
- No, no nos extrañaría a nadie – le dijo su madre-. Anda, vete par la cama tú también… Que no te va a venir mal, y más después de haberte mareado por la tarde.
- ¿Te has mareado? – Haruhiko llegó hasta donde estaban, observando a su hija con el ceño fruncido al escuchar aquello.
- No te preocupes, papá. Estoy perfectamente. Es el calor y tu futuro nieto, que pesa y me da más calor todavía… - se encogió de hombros-. Así que tranquilo todo el mundo que todavía puedo sobrevivir yo sola.
- Por si acaso – le dijo él, observándola todavía-. Tu madre tiene razón, no te vendría mal irte para la cama. A la niña ya la echo yo… - llevó la vista hacia su yerno-. Si no os importa claro…
- Por supuesto que no – contestó, negando con la cabeza-. Así podría yo meter en la cama a la otra niña quiera o no…
- ¿Recuerdas lo que te dije de dormir en el sofá? – la pelirroja entrecerró los ojos.
- Deja a mi pobre yerno en paz, que ya bastante hace – dijo Toshiko-. Y me parece muy bien lo que ha dicho de ir metiéndote tú en la cama. Nosotros nos ocupamos de la niña mientras tanto…
No si ahora os vais a compinchar en mi contra… Os aprovecháis de que estoy en minoría – se alejó unos pasos de ellos, yendo hacia Aiko-. A ver chiquitina, que es hora de irte a la cama. Y ese pequeñajo también, que seguro que está cansado también.
- ¿Gabu? – preguntó a su madre nada más verla.
- Está durmiendo ya, ¿vamos con él? – sonrió al ver cómo asentía-. Pues venga, vamos, que te van a meter hoy en la cama tus abuelos… - se acercó hacia ella para intentar inclinarse y darle un beso de buenas noches, consiguiéndolo finalmente y viéndola echar a correr de nuevo-. Échale un vistazo al digimon, por favor -le dijo a su compañera-. Es tan pequeño que no sé si estará bien…
- Va a estar bien, y si tiene hambre le busco yo algo más tarde – Biyomon alzó el vuelo, aprovechando así para acercarse a la pelirroja y darle un abrazo antes de salir revoloteando tras la niña ella también.
La pelirroja sonrió, siguiéndolas con la mirada antes de dejar que sus padres fueran con ella para poder echarla a dormir. Se quedó mirando a Yamato, viendo como se acercaba y terminaba por posar un brazo en torno a su cintura.
- No me voy a ir a la cama todavía – avisó-. Me despido de mis padres y entonces ya sí, ¿de acuerdo? – lo miró, frenándolo con un gesto de la mano cuando lo notó abrir la boca-. Con una condición.
- ¿Una condición? – arqueó una ceja.
- Que mañana ya recogeremos y que te vienes conmigo – intentó poner su mejor expresión de pena como si necesitara convencerlo de algo.
- No lo sé, tendré que pensármelo – divertido por el gesto de ella aprovechó para inclinarse hacia ella, aparentando ir a darle un beso en los labios pero frenando antes de hacerlo-. ¿Sigo bajo amenaza de dormir en el sofá?
- Pues… - se giró lo justo para posar ella las manos en los costados de su marido-. La verdad es que no te diría yo que no.
- ¿Y de qué se me acusa ahora si se puede saber?
- De que se me están pasando algunas cosas por la cabeza que se supone que no se me deberían de pasar… Si no te tengo a mano, pues lo mismo lo llevo mejor – arrugó el gesto en un gesto de aparente enfado y molestia.
Yamato se echó a reír tanto por lo que había dicho como por cómo lo había hecho. No iba a ser él quien le dijera que no le gustaría poder dedicar lo que quedaba de noche a lo mismo que estaba pasando por la cabeza de ella.
- Siendo así podría aceptar irme de verdad al sofá – acabó por sugerir, encogiéndose de hombros.
- No digas tonterías… Con un poco de suerte me quedo dormida pronto – se puso de puntillas para recortar la distancia que él todavía no había recorrido, consiguiendo así el beso que antes no le había dado-. Y sino mira que me voy otra vez a meterme bajo el agua fría.
