Yamato llegó al estudio, saludando a aquellos que se había ido encontrado por el camino. Atrás habían quedado los días en los que lo miraban extrañados por no saber quién era sin lugar a duda y ahora pasaba totalmente desapercibido por los pasillos.
- ¿Vienes a buscar a Sora? – la voz de Andrew hizo que girase la cabeza, buscándolo hasta ver que parecía estar a punto de irse, yendo en dirección contraria a él-. Creo que tienes para rato porque estaban revisando algunas cosas hasta el punto de echarme a mí y decirme que me fuera a por el pero "que no le gusta dejarlo solo en casa".
- Tampoco venía con muchas esperanzas… Pero bueno, pensaba recurrir al chantaje de la comida.
- Pues en ese caso no sé si esperarme porque no creo que Haru se vaya a quedar sola.
- Espera… De hecho iba a decirle a Sora que si quería comer fuera, podéis venir con nosotros. Bueno, podéis ir a por el perro y luego venir a comer con nosotros – se rió.
Andrew no pudo más que unírsele, sabiendo que era la opción más probable de cómo iban a suceder los hechos. No le parecía nada mal la idea de ir a comer por ahí, e incluso, a sabiendas de que tenían que pasarse a la zona en la que ellos vivían, se le ocurría algún sitio que podría ser del agrado de ellos.
- Hemos estado hablando con Sora sobre lo de Tanegashima – recordó el tema con el que habían abierto el día-. Ya te adelanto que poco le ha faltado a Haru para ir ella a sacarle le billete. Posiblemente me pilléis en mala época a mí, pero es que ya lo estoy ahora. La semana que viene tengo que irme, pero precisamente para eso lo mismo me da tener a Sora en Tokio que en el sur. Haru tampoco vendría conmigo, y eso es lo que nos hemos pasado un buen rato haciéndole entender a ella.
- ¿Sabes que pasa? – hizo uno pausa-. Que Sora sabe precisamente lo que es tener esa situación en casa. Nos tocó vivirla lo sabes más que de sobra. Y ella ve reflejado lo que pasamos en lo que os está pasando a vosotros y creo que le ha dado por sentirse culpable.
- Me lo puedo imaginar – se encogió de hombros-. La conocemos más que de sobra… Pero es que poco tiene que ver con ella. Quiero decir, los trabajos de ambos llevan siendo los mismos desde que nos hemos conocido. Con o sin bebé en camino la cosa estaría exactamente igual. ¿Qué otra solución buscamos? Porque no sé tú pero yo no soy tan valiente de intentar convencerla para que deje a Sora y se venga conmigo. Y tampoco me veo con suficiente habilidad para esconderme de la ira de cierta pelirroja si le robo a Haru… Tampoco entra dentro de mis aspiraciones. Así que mira, que todo sea un problema de idas y venidas.
- Yo tampoco me atrevería a arriesgarme a la furcia de Sora. Y más ahora con las hormonas, y créeme que te hablo desde la experiencia – dejó caer con aire resignado a pesar de que no hablaba en serio-. Yo os lo agradezco mucho. La culpa es mía, el de la idea fui yo. Bueno, Taichi estaba conmigo, pero no se me ocurre dónde va a pasar mejor esa temporada.
- Y tienes toda la razón. Puedo entenderlo. La vez que nos echasteis a nosotros a pasar unos días allí creo que fue la última que estuve del todo tranquilo. Que también puede haber influido que Haru me escondió el teléfono, pero… No tengo ni idea de cómo puede se ro no una cesárea, pero todo el entorno del lugar tiene pinta de ser el más apropiado. Aunque solo sea por las distancias… Si quiere ir a hacer un recado, dar un paseo… Lo que sea, lo tiene todo a mano.
- Pues mira, me acabas de dar una idea. Seguro que me sé de una encantada de echaros a los dos de vuelta para allí en cuanto esté del todo recuperada…
- Mira qué dos – la voz de Sora cortó la conversación de ellos.
Había salido de la sala de reuniones donde se había quedado con Haru hasta entonces, frenando automáticamente al escuchar la voz de su marido, reconociéndola al instante y empezando a buscarlo con la mirada hasta asomarse al final del pasillo y poder verlo en el recibidor hablando con Andrew.
- ¿Planeando una fuga? – avanzó hasta dónde estaban.
- Le estaba diciendo a Andrew mi clara intención de venir a chantajearte con comida – sonrió al verla llegar a su altura-. ¿Qué te parece? El plan incluye ir a rescatar al perro de su solitaria vida durmiendo patas arriba en el sofá y que se vengan con nosotros a comer.
- Suena bien – teniendo confianza de sobra con el que los acompañaba, aprovechó para acercarse a saludar al rubio con un rápido beso en los labios-. ¿Cómo te han dejado salir tan pronto?
- Por no aguantarme, ya lo sabes. ¿Habéis terminado?
- Podemos terminar más tarde, mientras que no me entre el sueño por culpa de haber comido más de la cuenta queda todo bajo control. Tengo una reunión a última hora, así que tampoco creo que me vaya a ir a casa.
- ¿Una reunión? ¿Con quién? Si yo no he visto a nadie rondando por la zona estos días – preguntó Andrew.
- Videollamada. El otro día me mandó un correo James para un nuevo proyecto. Creo que esta vez es él quien necesita algo de nosotros… - los observó unos instantes dándose cuenta de que no sabían de quién hablaba-. Es el "yo" de la firma con la que solía colaborar en San Francisco.
- Ah – se limitó a contestar el californiano, quedándose en silencio unos segundos antes de mirar hacia el pasillo-. Voy a por Haru, ahora vengo. Le pienso decir que tienes hambre… Que lo sepas.
Sora negó con la cabeza, divertida por lo que acababa de decir, ligeramente extrañada por la forma en al que había reaccionado él la explicar a quién se refería, pero decidiendo no darle importancia.
- No será por culpa del que te pusiste tan de los nervios a un par de semanas de la boda, ¿verdad? Mira que tengo buena memoria para lo que me interesa…
- No era culpa suya. Pero sí que era por el proyecto en el que estábamos los dos. Él solo fue el que me dio la noticias de que teníamos una desgracia de proveedores que habían hecho absolutamente todo lo que se podía hacer mal peor todavía…
- Bueno, puedes extenderle la amenaza de los picotazos y los mordiscos en el trasero si ves que te va a dar la lata – posó las manos en sus costados, acercándola así algo más a él.
- ¿Ya no me dejas recurrir a la de que trabajas para el gobierno?
- Creo que es más efectiva la de los picotazos – sonrió de medio lado-. Yo vivo con miedo de ellos, ya lo sabes.
- Yo que tú tendría más miedo del mordisco con el que te lleva amenazando uno que yo me sé unos cuantos años. ¿Te ha dicho Andrew lo de Tanegashima?
- Sí, justo de eso estábamos hablando cuando aparecido…
- ¿Y te lo crees o piensas que lo dicen por quedar bien conmigo?
El rubio arqueó una ceja, no habiendo visto esa conclusión venir. La observo unos segundos antes de volver a hablar, no necesitando darle tampoco demasiadas vueltas a la cabeza.
- ¿Sabes qué me ha dicho? Lo mismo le da que estés tú aquí que en Tanegashima ya que Haru no va a poder acompañarlo a Estados Unidos si se da la ocasión. Así que poco le importa dónde estés por ese frente… Y por otro lado, dice lo mismo que decimos todos. Vas a estar mucho más cómoda allí, Sora.
- Lo sé… - acabó por aceptar con resignación.
- Pues ya está, deja de darle vueltas. Tenemos tiempo, y si al final, por lo que sea, no quieres ir tampoco tenemos que arreglarlos con nadie. Es lo bueno que tiene el que me amenazaras para no vender la casa como ayuda para la compra de la nueva…
- Una de mis mejores ideas – sonrió-. Pues… Vamos a tener que hablar con el jardín de infancia de Aiko para decirles que va a empezar más tarde – confirmó, cediendo ya del todo-. Que nos reserven la plaza para cuando volvamos a Tokio. Aunque claro, lo mismo todo esto es tu plan para no tener que mandarla todavía allí…
- Me has pillado – empezó a reírse, no habiendo pensado en ello pero tomándolo como una gran ventaja de todo aquello.
- Además si lo planeamos con tiempo seguro que puedes encontrar alguna solución para el trabajo.
- ¿Solución? Pensaba pedir la baja por paternidad para poder estar pendiente de ti. Ahora no solo sois un bebé y tú, sino que va a estar Aiko también. El plan contaba conmigo en el paquete, se siente si querías librarte de mí…
- Yamato… - arrugó la nariz.
- ¿Qué? Tengo derecho a ello. Aunque también he hablado con Hideki de mover mis vacaciones de fecha y que así me coincida todo para estar más pendiente de ti. De todas formas, sigue en pie lo de que vengan tus padres con nosotros si quieres.
- ¿Te ves con moral de sobrevivir con ellos bajo el mismo techo?
- Contando que estarían más de mi parte que de la tuya lo veo como una ganancia para que protestes menos.
Lo decía en serio, ya que sabía que Toshiko cerca era una de las mejores cosas que le podían pasar a Sora y más estando en esa situación, a la vez que Haruhiko siempre tenía muy buena mano para que Aiko se quedara tranquila y se olvidara un rato de ir a rondar a su madre. Era la mejor de las ideas, y así él también se quedaría más tranquilo. Evidentemente no planeaba secuestrar a sus suegros todo el tiempo que estuvieran, pero sí que veía bastante necesaria su presencia con ellos al principio.
- Oye, ¿desde cuándo estos dos se dedican a juntarse por los pasillos y a hacer planes para sacarnos del estudio? – dijo Haru llegando hasta dónde estaban.
- Si al final la cosa termina con comida a esta hora del día yo los dejo que conspiren todo lo que quieran – contestó, girándose hacia ella-. A lo mejor entre los dos consiguen salir de Ginza sin perderse.
- No te pases, que tampoco es plan de subirles tanto el ego… - se quedó mirando hacia Yamato-. ¿Ya no vienes ni a saludarme?
- ¿Para qué? – terminó por soltar a Sora-. Si lo primero que me lanzas es un puñal en vez de un saludo. Pues que sepas que he llegado hasta aquí yo solito.
- ¿Con o sin GPS?
- ¿Vas a dejarla que se meta conmigo así? – aparentando ofensa se giró hacia Sora.
- ¿Qué quieres que le diga? Si cuando tiene razón se la tengo que dar – se movió hacia delante el paso que él había dado hacia atrás para cogerse de su brazo-. A ver, creo que la cosa iba de que me ibais a llevar a comer a algún sitio. Así que vamos a ir pensando a dónde vamos y mientras que vamos a buscar al niño de los Evans podemos reservar y… - se distrajo, quedándose mirando hacia Kaori, la cual acababa de llegar de nuevo hasta su mesa-. Esperad un momento.
Se soltó de su marido para acercarse hasta ella, no queriendo ponerse a hablar a voces de punta a punta de la sala.
- ¿Has terminado? – dijo habiendo llegado ya a la mesa.
- ¡Sora! No te había visto – levantó la vista hacia ella, viendo también por detrás a los demás-. ¿Os vais?
- A comer, sí. ¿Has terminado? – repitió.
- Sí… ¿Por qué? ¿Necesitabas algo?
- No… ¿Quieres venir con nosotros a comer? Luego tenemos que volver al estudio, y no quiero que acabes comiendo sola en la sala de reuniones otra vez, que te pillé la semana pasada…
- Ah… - enrojeció-. A mí no me importa, tranquila…
- Pero a mí sí. Anda, coge tus cosas y te vienes con nosotros…
- Pero no os quiero molestar…
- Que circules – le hizo un gesto con la mano señalando hacia sus pertenencias.
