- Quiero dejar claro que sigues siendo mi californiano favorito, que lo sepas – dijo Sora aprovechando para sentarse al lado de Andrew, entretenida al ver la cara que se le quedaba sin entender de lo que le hablaba-. ¿Qué problema tienes con que tenga una videollamada más tarde con James? ¿No puedo hablar con la competencia?

- Puedes hacer lo que quieras con la competencia – contestó tras aguardar unos momentos de silencio, pensando en lo que decir al respecto.

- ¿Seguro? Porque antes me has puesto cara de haber estado chupando limones.

- No tengo ningún problema con la competencia. Pero no es santo de mi devoción – se encogió de hombros, girando la cabeza hacia ella-. No creo que te cuenta nada nuevo. Simplemente no me gusta su forma de trabajar. Pero oye, tú siempre lo has tenido bastante controlado, así que adelante…

- Tampoco me ha puesto demasiadas pegas por el momento…

- Pues mira a ver qué es lo que quiere, quizás te interese… No me hagas caso, ya sabes que se me da bien ponerme más cascarrabias de la cuenta.

- No, no se te da nada bien. Pero nada de nada.

No dijo nada más sobre el tema, no queriendo insistir tampoco más. Ella no había tenido nunca problemas directamente con aquel del que hablaban. Sí que había tenido más contratiempos de los que le hubiera gustado tener la vez que había trabajado con él, pero hasta dónde ella sabía las cosas poco habían tenido que ver con él. Y parecía que Andrew tampoco estaba demasiado por la labor, por lo que simplemente lo dejó estar.

- ¿Cuándo tienes que irte tú?

- Pues… Por la noche miraré a ver qué vuelo me da menos pereza coger, no lo tengo claro todavía.

- ¿Te vas tu solo?

- Sí, espero poder volver lo más rápido posible. Estoy más cómodo aquí que allí. Creo que me he acabado acostumbrado a la forma de funcionar de aquí mejor que a la de allí. Y no solo es por ella – señaló a Haru con la cabeza.

- Lo sé, siempre lo has dicho. Creo es de las primeras conversaciones que tuvimos…

- Me acuerdo – asintió-. Y si contamos con la calma con la que me tomé tomarme las cosas más en serio con ella tampoco es que se pueda echar ahora la culpa de nada a la situación. Es lo que hay… En ocasiones no te voy a negar que se me haya pasado por la cabeza arrancar aquí de la nada.

- ¿De la nada?

- De la nada – asintió-. Llevo un tiempo dándole vueltas…

- Pero… ¿de la nada del todo?

- Del todo no, tengo el nombre, tengo los contactos… Me refiero a romper con occidente, al menos como mi punto base. Pero todavía no me he llegado a calentar lo suficiente como para hacerlo. Lo que no sé es exactamente lo que tardaré en hacerlo.

- Odio ser yo la que te diga esto, pero, ¿con lo bien que te va allí de verdad estás pensando en serio esto?

- Me iría bien tanto si tengo la sede de la firma en una parte del mundo como en el otro. A eso me refiero con que tengo el nombre y los contactos, Sora.

- Oh, perdone usted – divertida, arqueó las cejas sorprendida al no esperar aquella salida de él.

Sabía que tenía toda la razón. A él le había costado muy poco tiempo llegar a dónde estaba, tenía muy buena mano para todo aquello. Era algo que simplemente parecía natural y todo lo que tocaba, de repente, como por arte de magia, se convertía en un boom. Ya lo había podido ver cuando no eran más que dos estudiantes, que simplemente todo fluía de forma natural y no tenía que darle tantas vueltas como ella a todo. Lo que le llamaba la atención era que no era normal escuchárselo decir, aunque ahora estuviera posiblemente bromeando. Y le había gustado.

- Se me olvidaba que estoy hablando con el Coco Chanel moderno – bromeó a pesar de todo, revolviéndose cuando le vio las intenciones de pincharla por sus palabras-. Oye, yo te acepto en Tokio de manera definitiva cuando tú quieras, es más, creo que sería de las noticias que más me gustaría escuchar. Ya lo sabes.

- Tú lo que quieres es tenerme a mano siempre que necesites socorro…

- Bueno, tampoco me has preguntado el motivo – sonrió intentando aparentar un aire inocente como si de verdad acabara de delatarla.


Yamato se quedó mirando distraído hacia el fondo de su vaso, habiendo desconectado de la conversación que tenían alrededor pensando en Tanegashima y que parecía que, por el momento, iba a ser la opción más posible. Sin duda estaba encantado con la idea, pero acababa de caer en que si hacían aquello iba a tener que ir preparando algunas cosas. La casa estaba decente, no como la vez que habían pasado tanto tiempo sin ir que cuando habían entrado casi se los había comido el polvo. Pero una cosa era tener que limpiar un poco y otra que ahora iban a ir con un bebé recién nacido y, evidentemente, en sus planes no entraba la idea de que Sora lo ayudara a arreglar nada, ya que no iba a estar todavía para ello. Un bebé implicaba sacar del trastero la cuna que su momento le habían comprado a Aiko y dejado allí al igual que dejar listas algunas cosas.

¿Sería bueno ir unos días él para poder dejarlo todo listo? Tampoco le apetecía demasiado dejarla sola y no consideraba oportuno el irse los dos, no era ya buen momento par viajes en avión. Frunció el ceño, pensativo.

- ¿Te pasa algo? – le preguntó la pelirroja, notando el gesto de él.

- ¿Hm? – conectó de nuevo con la realidad-. Ah, no – negó con la cabeza, relajando el gesto-. Estaba pensando en Tanegashima y que vamos a tener que preparar la habitación para el bebé y no sé cómo me voy a arreglar.

¿Cómo te vas a arreglar? ¿Para qué? ¿Para vigilar a la tortuguita, controlar que el bebé no llore y asegurarte de que no se me ocurra respirar más fuerte de la cuenta? – sonrió irónicamente-. Tranquilo, seguro que en el tema de vigilar te ayudan dos que yo me sé – pudo ver como él se reía por lo bajo-. No te preocupes… Se me ocurre que podemos llamar a alguien para que esa vez sí que nos adecente la casa y luego ya tú preparas la cuna y listo. Todo arreglado… Te diría que podemos hacer como la otra vez y quedarnos en un hotel… Pero algo me dice que es posible que tenga ganas de irme a nuestra cama cuando lleguemos.

El rubio se quedó observándola mientras que hablaba, decidiendo que la idea de ella de recurrir a alguien en aquella ocasión le sonaba bien. Podía hacerlo él, pero prefería que estuviera todo listo para cuando llegaran. Tendría que preguntarle a Hideki que seguro que lo sabía mejor que él, o más bien, Shiori lo sabía mejor que él.

Abrió la boca para decir algo, quedándose a medias al escuchar el teléfono de Andrew sonar, girando la cabeza hacia él y viendo la cara que acababa de poner mientras que leía quién llamaba en la pantalla antes de disculparse y levantarse de la mesa.

- Me da a mí que lo voy a tener de malas pulgas lo que queda de día – murmuró Haru mientras que lo seguía con la mirada hasta perderlo de vista.

- ¿Malas pulgas? Si yo creo que nunca lo he visto enfadado – Kaori, la cual había acababa accediendo a ir con ellos, se quedó sorprendida.

- Pues hoy me parece que vas a verlo en todo su esplendor… - le contestó ella con resignación.

- Sí, hoy gruñe contra cualquier cosa – añadió Sora, mirando hacia la castaña también-. Pero… ¿es gordo?

- No lo sé. Creo que eso no ayuda con el enfado que tiene… No le han sabido tampoco decir gran cosa, así que no le queda más remedio que irse y así ver él en persona cómo están las cosas. Te podrás imaginar la nochecita que me espera hoy…

- Sinceramente, eso tiene fácil remedio y sin duda alguna no es algo que me quiera imaginar – comentó la pelirroja con el mismo aire que si hubiera hecho un comentario sobre el clima, dándose cuenta de como las mejillas de Haru iban cambiando de color-. Vete con él si quieres, Haru. Aprovecha ahora que podemos. Te lo digo totalmente en serio. Yo no tengo pensado dejar de ir al estudio por el momento. Así que… si de mi depende que no te vayas, hazlo.

Lo decía en serio. La carga de trabajo en aquellos momentos era algo con lo que se podía manejar ella incluso estando embarazada. Le sabía mejor insistir para que ella se fuera con Andrew que teniéndola con ella "por si acaso" la necesitaba.

- No lo sé… La verdad es que a mí tampoco me apetece tener que volver, pero… - se mordió el labio, dudando-. Tampoco me apetece que se tenga que ir el solo.

- Pues habladlo… De verdad que por mí que no sea, ¿de acuerdo?

- Tampoco hay demasiado lío estos días- habló Kaori nuevamente-. Las reuniones ya han pasado casi todas y… Yo creo que casi todo está en la etapa de producción por lo que no depende ya de lo que se haga en el estudio.

- ¿Has oído? La única persona con habilidad de saberse nuestro calendario de memoria dice que tenemos una semana despejada…

Yamato no dijo nada, dejándolas hablar, pero no pudiendo evitar buscar a Andrew con la mirada. Lo entendía hasta un punto tan considerable que casi le molestaba. No hacía tanto tiempo que él había estado exactamente en la misma situación y precisamente esa había sido su forma habitual de responder a ello: enfadarse con el mundo.

Habían sido muchas las veces en las que tenía planes de poder pasar unos días tranquilo con Sora y una llamada le había descolocado todo no pudiendo llegar a viajar al norte por culpa del trabajo y acabar como siempre, uno en cada punta del país. Eran malos recuerdos, y le sabía hasta mal el tener verlo también desde fuera.

- Aunque no te apetezca demasiado viajar ahora, deberías de ir con él – habló por fin de nuevo, llamando así la atención de ellas, las cuales no esperaban que se metiera-. Si puedes… que por lo que veo es que sí, créeme, estoy bastante seguro de que lo agradecerá. Te lo digo desde la peor de las experiencias – cuando dijo aquello tanto Haru como la pelirroja entendieron por qué lo decía, sobretodo lo segunda, la cual notó como posaba su mano encima de su pierna distraídamente-. Si se le cruza el tema del trabajo mejor que sea en buena compañía que ya enfadado por haberte dejado en la otra punta del mapa.

Sora posó su mano encima de la de él, notándolo. Sabía de lo que hablaba más que de sobra. Verse reflejados en esa situación era demasiado sencillo.

- Si lo fácil sería que yo me fuera directamente con él y ya está – dijo Haru, encogiéndose de hombros-. Los dos allí de seguido le facilitarían las cosas. Pero yo no quiero dejar a Sora. Lo digo de verdad. Y él no quiere que lo haga yo tampoco…

- Claro, porque lo tengo amenazado con que le secuestro al perro si se atreve – bromeó la pelirroja-. Ya lo sé, Haru. Y aunque me dolería lo mío de verdad que respetaría tu decisión.

- Lo que pasa es que la decisión te viene bien – sonrió ligeramente-. No lo sé, ya nos arreglaremos. Ya se le pasará el enfado… Si vosotros dos acabasteis encontrando una solución cuando no había manera, no creo que vaya a ser tan complicado para nosotros dos. Y… si me tengo que ir la semana que viene con él, pues nada… Ya os traeré algo para los peques…