El calor de aquella mañana había acabado consiguiendo que Yamato se rindiera, teniendo que a sentarse para recuperar el aliento. Sin duda la opción de entrenar fuera de las primeras horas de la mañana era algo con lo que estaba totalmente en desacuerdo. Resopló, pasándose la mano por la frente antes de estirarse para coger su botella de agua, tentado más bien en tirársela por encima que en beber de ella.
Miró su reloj, dándose totalmente por vencido, optando por dar por terminada la sesión e ir a darse una ducha que pudiera refrescarlo para poder seguir con su día en mejores condiciones. Aquel mes de agosto estaba siendo especialmente caluroso y había terminado por acostumbrarse él también al fresco que hacía dentro de casa debido a que Sora cada vez toleraba menos el calor.
Un rato más tarde salió de los vestuarios, habiendo hecho todo lo posible por dejarse el pelo en su sitio, todavía distraído con su propio reflejo al llegar al ascensor como para darse cuenta de que Hideki se acercaba por el pasillo.
- Hazme el favor que luego me revolucionas al personal – fue su saludo, entretenido al ver como Yamato daba un respingo no habiéndolo escuchado acercarse.
- Luego me dices que me peine por eso mismo – bromeó, girándose hacia él.
- ¿Qué tal hoy?
- Bien – asintió, agradeciendo la pregunta. Aquella mañana había llegado más tarde de la cuenta por acompañar a Sora a una revisión-. Todo parece estar bien y sin novedad, así que sigue todo como estaba planeado. Gracias por preguntar.
- Bah – le hizo un gesto con la mano-, sino te pregunto ya sabes que lo mismo no me dejan entrar en casa – habló sin necesidad de aclarar que no lo hacía en serio-. Me alegro, mientras que todo vaya según lo previsto todos contentos. Sobretodo de no tener que mandarte a un par de revisiones de cardiología…
El rubio se rio por lo bajo. Sin duda alguna estaba en una temporada que saltaba a la más mínima señal. Aunque en aquella ocasión sabía que todo estaba más controlado y que tenían más o menos una fecha estimada para la cesárea era incapaz de que no se le pusiera hasta el último pelo de punta al mínimo quejido que le escuchaba a Sora. Y, sin duda, era una mala época para eso, porque quejarse con esos calores se le daba de maravilla, especialmente las noches en las que era incapaz de dormir. Al final no dormía ninguno de los dos y eso se reflejaba en sus ojeras.
- No pasa nada, si termina por darme un infarto de aquí a fin de este mes tú tranquilo… Una que yo me sé aprende a resucitarme porque como se me ocurra dejarla sola con los niños pequeños en casa… Creo que sí que voy a sacar lo que es la mala leche de una Takenouchi cabreada sin necesidad de que las hormonas medien en mi contra.
- O con las hormonas mediando también en tu contra.
- Si te quieres librar de mí creo que los de esta organización ya han estado a punto de conseguirlo un par de veces de formas menos crueles, muchas gracias…
Era raro, incluso tras tanto tiempo, escuchar a Yamato bromear con esos temas, pero era algo que se había ido normalizado y que entre los del grupo – ya que eran de los pocos que podían entender las referencias – solía pasar con mucha más frecuencia. Parecía que por fin había llegado el punto en el que se había normalizado. Sin duda las pesadillas que podía tener Yamato poco tenían que ver con accidentes y aterrizajes, sino con alguien que dormía a su lado en la cama todas las noches que no lo mandaba al sofá y el susto que le había dado unos años atrás.
- La verdad es que ya me han dicho todos que esta vez estoy histérico de más. Y lo cierto es que tienen razón, pero no lo puedo evitar.
- Te diría que es normal después de lo que os pasó la primera vez, pero, seamos realistas, también estabas que te subías por las paredes con el embarazo de Aiko.
El rubio se encogió de hombros, sin poder decir nada para defenderse de aquello. Sin embargo, incluso antes de que Sora acabara en el hospital había estado muy preocupado por cómo la pelirroja lo había estado llevando. Por cómo había ido desmejorando con cada día que pasaba hasta que todo aquello había degenerado en el susto que se habían llevado. Estaba completamente seguro de que todo estaba relacionado. Al igual de lo mal que ella lo había pasado los primeros meses y la anemia que había acarreado y que había estado a punto de conseguir que le diera otro infarto a él tiempo más tarde.
- La verdad es que no sé cómo le han quedado ganas de tener otro bebé… Aunque solo sea por no tener que aguantarme a mí todo el día encima de ella – ahora eso era algo con lo que podía estar tranquilo.
Aprovechando aquellas últimas semanas de espera, para evitarse problemas posteriores y tras tener que volver a darle a Sora un par de veces la charla sobre que no tenía ni la más mínima intención de pensar tan siquiera en buscarse cualquier tipo de compañía que no fuera ella, finalmente había tomado medidas. Sin duda alguna lo hacía por la seguridad de ella y para evitarse problemas mayores, pero también lo hacía por él mismo. Sabía que ahora las posibilidades de que ella se quedara embarazada de nuevo eran mínimas. Y además le servía como consuelo – si podía llamarse de esa forma – para mantenerse alejado de ella más allá del acuerdo que habían hecho de tener cuidado hasta que naciera el bebé. Ahora la recomendación de no mantener relaciones hasta pasado un tiempo de la intervención también ayudaba o eso se quería decir a sí mismo.
- Tampoco le hace falta estar embarazada como para tenerte revoloteando a su alrededor más que ese digimon que la acompaña a dónde sea…
- Eso es para compensar cuando no me atrevía a acercarme por si me daba un raquetazo más que merecido… - admitió encogiéndose de hombros.
Sora arrugó el gesto, frunciendo el ceño a más no poder. Llevaba un rato trabajando en unos bocetos para poder ir adelantando trabajo olvidándose incluso del calor de que era incapaz de estar cómoda se pudiera como se pudiera, y, de repente uno de los lápices que estaba usando había salido rodando de la mesa y caído al suelo.
- ¿Te pasa algo? – preguntó Taichi llegando hasta dónde ella estaba, habiendo ido a visitarla aprovechando una reunión en uno de los hoteles cercanos.
- Eso me pasa -le señaló el objeto.
Frunció el ceño a juego con ella, sin entender de qué le hablaba, incluso llegando a preocuparse porque pudiera estar relacionado con el embarazo. Al menos hasta que siguió con los ojos la dirección en la que ella señalaba, viendo entonces lo que se le había caído a ella, no pudiendo más que echarse a reír.
- ¡No te rías odioso! – cogió uno de los papeles que había descartado momentos antes y hecho una bola para tirárselo-. ¡Si casi no me puedo ni sentar yo sola! ¡No tengo la culpa de ser una completa inútil!
- Eh, eh, eh – alzó ambas manos en señal de paz-. Luego te dejo que me pegues si quieres, pero no te me alteres… Para encima que vengo a ver – se agachó para poder coger el lápiz, quedándose a medio camino de hacerlo y llevándose la mano a la espalda tras dar un quejido.
- Eso te pasa por reírte de mí… - le dijo al verlo.
- Me lo merezco… Lo sé – se incorporó, dedicando unos momentos a estirarse-. Ayer con el calor Koemi no era capaz de dormir… Así que esta mañana he amanecido en el sofá con un gato encima…
- Pensé que ibas a decir que con un digimon encima… - se empezó a reír tras la explicación de él siguiéndolo con la mirada.
- Ese estaba demasiado cómodo durmiendo plácidamente en la habitación de invitados sin dejar que yo pudiera echarme en la cama…
Simplemente no había querido despertarlo cuando había llegado de madrugada a echarse, dándose por vencido él solo y yendo al sofá directamente. El gato no había tardado mucho en aceptarlo como su nuevo cojín y acomodarse encima de él, lo cual había ayudado a que no se moviera ni para acomodarse, habiendo amanecido aquella mañana con un buen dolor de espalda.
- Lo siguiente van a ser un par de canas nuevas, que lo sé yo – admitió con pesadez, devolviéndole el lapicero antes de dejarse caer en la silla.
- Ah, claro, si ya decía yo que algo raro te notaba, Taichi El Gris. No te preocupes la próxima noche que me la pase en vela al alba, miraré al Este…
- Cómo te aprovechas de tu estado… - dijo mientras que se quedaba mirándola con los ojos entrecerrados.
- No duermo, esta barriga pesa más que yo, tengo mucho calor y me he convertido en una cosa patosa incapaz de hacer nada. Estoy en mi derecho y pobre de aquel que intente llevarme la contraria…
- No soy tan valiente, muchas gracias. Yo con llegar de una pieza a fin de año me doy por más que satisfecho…
Sin duda estaba siendo un año complicado para su propia salud mental, pero él solo se lo había buscado. Con Koemi porque por fin se había salido con la suya de tener en camino la niña que tanto había querido y con Sora… con Sora por preocuparse por ella tanto como lo hacía. Pero mientras que solo fueran paranoias relacionadas con lo que dormían o no, o lo que lo dejaban dormir a él, se quedaba contento.
- ¿Quieres que te vaya a por algo frío? Estaban hablando antes de que hay un nuevo té helado que…
- Taichi… - lo cortó-. Este señorito que se pasa el día acomodándose encima mi vejiga no necesita algo que, en condiciones normales, ya me haría ir de paseo al baño más de la cuenta… - negó con la cabeza, viendo como él intentaba no reírse-. Pero… Cualquier otra cosa fría seguro que te la agradecería.
En cualquier otra ocasión le habría dicho que podían irse ellos a tomar algo, pero con el calor que hacía en la calle lo había descartado rápidamente. Él llevaba todo el día maldiciendo por haber tenido una reunión y haberse tenido que vestir más decentemente, de manera que no quería ni saber cómo podía estar la pelirroja.
- Pues vengo ahora – se volvió a poner en pie- Lo que sí – parloteó mientras que rebuscaba en los bolsillos de su chaqueta, acabando por sacar el teléfono y la cartera antes de dejarla posada encima de la silla-, esto te lo voy a dejar aquí, porque al que le va a acabar dando algo de un sofoco es a mí.
- Claro, vas por ahí todo elegante engañando a la gente y luego pasa lo que pasa. Y yo no te pienso colocar bien las mangas de la camisa hoy por haberte estado riendo de mí…
- A ti el embarazo te está volviendo muy mala – le dijo ante la amenaza que acaba de sufrir-. Va a tener que empezar a darme pena Yamato y todo…
Terminando de coger todo lo que necesitaba fue hacia la puerta para poder ir a por lo que había dicho. Tenía aún un par de cosas que hacer por la zona de Ginza aquella mañana y pensaba pasar el rato libre que tenía entre medias con ella. En el fondo le daba pena porque sabía lo mal que se pasaba, evidentemente no por experiencia propia, pero sí por Koemi. No la envidiaba ni lo más mínimo, por lo que siempre iba a intentar hacer lo que pudiera para que estuviera algo más cómoda. Y si lo podía arreglar con algo tan simple como algo frío para beber ya se daba por contento.
