- ¿Hace tantísimo calor como me lo parece a mí o es cosa mía? – protestó la pelirroja mientras que dimitía de hacer nada más, estirando la mano hacia la bebida fría que le había traído Taichi.
- Hace calor – se encogió de hombros-. Supongo que lo tuyo no ayuda pero sí… Esto no hay quien lo aguante. Bébete eso anda…
Había bajado hacía un rato a la calle, y el trayecto hasta el local en el que lo había pillado el sol se le había hecho eterno y había vuelto con más calor de con el que había bajado, escogiendo otro camino para la vuelta.
- ¿Viene a buscarte Yamato luego?
- ¿Tú crees que va a dejarme ir sola hasta casa?
- No voy a ser yo quien le quite la razón… - se rió por la cara de ella-. Pues dile que tenga cuidado porque como lo pille el sol se nos va a quedar igual de rojito que una gamba…
La pelirroja no pudo más que reírse, apartándose del vaso para no derramar nada y posándolo encima de la mesa ante la curiosa mirada de Taichi, el cual no entendía demasiado la reacción de ella ya que era algo que solían decir mucho sobre el rubio. No fue hasta unos segundos después que cayó en la cuenta, arqueando una ceja.
- ¿Se ha quemado ya?
- Cuando me trajo por la mañana, que vinimos caminando desde la clínica… - no había podido evitarlo, a sabiendas de que era darle más material a Taichi para picotear a Yamato, la reacción le había salido sola-. Yo creo que Aiko se quema con menos facilidad aunque ya nos tiene a todos detrás para evitárselo…
- Pues con el padre no te funciona – comentó entre risas-. Porque dudo que lo dejes tú tranquilo…
- Porque se aprovecha de que tengo la movilidad muy reducida y se me escapa…
Volvió a coger la bebida para poder dar un trago, acomodándose algo más en la silla mientras que observaba a su amigo. Agradecía las visitas que solía hacerle siempre que pasaba por Ginza y tenía un rato libre. No era demasiado compatible con su versión más productiva, pero si le traía algo fresco como en ese momento se lo perdonaba.
- Pues yo creo que voy a volver a pasar la noche en el sofá porque voy a dar demasiado calor… - dijo él al cabo de unos segundos cayendo en la cuenta.
- Es que dais mucho calor…
- Claro, luego en invierno no os molesta tampoco demasiado…
La pelirroja sonrió de la forma más encantadora que pudo a sabiendas de que tenía toda la razón. Sin duda tenía ganas de volver a tolerar tener cerca a su marido, en el amplio sentido de la palabra, pero, por el momento, la cosa estaba complicada.
- ¿Has ido hoy por la mañana a la revisión, no? – preguntó Taichi, devolviéndola a la realidad.
- Sí, ya te lo dije antes. Por el momento no me han dicho nada nuevo – se encogió de hombros, observándolo.
- A esas alturas eso me lo tomo como algo bueno. ¿Cuándo os vais para el sur?
- Pues… la verdad es que no lo sé. Depende de cómo vayan las cosas después de tener al niño, ya sabes. Tengo que estar yo bien para hacer el viaje y todo eso…
- Si no fuera porque supongo que será mejor que lo tengas aquí con la doctora que ya te ha atendido y que egoístamente prefiero tenerte a mano, casi que te diría que tendrías que haber pensado en tenerlo allí.
- Bueno, supongo que el hospital tampoco está demasiado mal si en su momento fueron capaces de devolvernos a Yamato de una pieza – dejó caer de manera distraída, posando la mano sobre su vientre-. Eso sería mucho caos. Ya siendo simplemente egoísta y dejándoos a todos de lado… Quiero a mis padres cerca e incluso a mis suegros…
- Claro, como ahora Yamato no tiene un infarto cada vez que se cruza con Toshiko…
- Oye, puedes tomarlo como modelo.
- ¿Cómo modelo?
- ¿Qué tal el padre de Koemi?
Automáticamente pudo ver como él entrecerraba los ojos, teniendo que echarse a reír abiertamente de su amigo. Ella había tenido bastante suerte con sus suegros, no lo iba a negar, pero nunca entendería el terror de unos y de otros. También estaba completamente segura de que si de Yamato dependía… pobre de aquel que tuviera la ocurrencia de acercarse a Aiko entro de unos años.
Su risa se cortó de repente al notar un pinchazo, haciendo que se inclinase ligeramente sobre sí misma.
- ¿Pasa algo? – le preguntó Taichi dándose cuenta.
- No… Creo que no – confusa, sin entender muy bien el motivo de aquello, quiso recuperar su posición original sin conseguir, volviendo a doblarse sobre sí misma cayéndosele de la mano el vaso que había tenía con ella.
Casi como si se lo hubiera pegado a él, nada más verla, se pudo en pie rápidamente y fue hasta su lado, observándola confuso a la vez que preocupado, agachándose para quedar a su altura.
- ¿Qué pasa? ¿Estás bien?
- Creo… - levantó la vista hacia él, con la confusión en la cara todavía, sin ser capaz de entenderlo, volviendo a notar de nuevo el mismo pinchazo, posando las manos encima de su vientre.
- ¿Es el niño? Sora dice algo de una vez que si quieres acabar conmigo te estás esmerando bastante…
- Creo que estoy teniendo contracciones – acabó por decir completamente confusa.
- Pero... ¿contracciones? ¿Tan pronto? – la miró sin entender nada todavía-. Si por la mañana…
- ¡Ya sé que fui por la mañana! – levantó la cabeza hacia él-. Te lo estoy diciendo en serio.
Necesitó apenas unos segundos más para terminar de entender que lo que estaba pasando era real, que parecía que sí, que lo que le estaba pasando a su amiga eran precisamente contracciones a pesar de todo.
- Voy a llamar al hospital ahora mismo – dijo él yendo de nuevo a incorporarse quedándose a medio camino cuando ella cerró con fuerza la mano encima de su brazo-. Sora, suéltame, tengo que ir a por el… - notó cómo hacía más fuerza con sus dedos, sin haber escuchado lo que le estaba diciendo-. Vale, no me muevo de aquí. Tranquila… ¡Kaori! – alzó la voz lo suficiente, esperando que estuviera fuera todavía.
No tardó en verla aparecer, confusa, asomándose por la puerta y estudiando la escena que tenía delante, sin entender nada de lo que estaba pasando.
- Llama al hospital, rápido. Creo que se ha puesto de parto – le dijo, a sabiendas de que aunque fuera una falsa alarma era la mejor de las opciones-. Y a Yamato, avisa a Yamato según cuelgues…
- … - abrió la boca para contestar, viendo entonces como la pelirroja se volvía a encoger sobre sí misma y la expresión de su cara, provocando aquello que saliera corriendo hacia su mesa para hacer lo que le había dicho.
- Tranquila, ¿vale? Intenta respirar y calmarte – volvió a centrarse él en Sora nada más ver salir a su ayudante-. Ya va a llamar ella, pero si quieres te llevo yo…
- Me duele mucho – acabó por decir, quedándose mirando hacia él.
- Ya lo sé – agradeciendo que lo soltara, se arrodilló para quedar mejor a su altura, llevándole las manos a la cara para echarle el pelo hacia atrás-. En cuanto vuelva Kaori llamo a tus padres…
Escuchó como se quejaba nuevamente sin ser capaz de decirle nada más, viéndole el dolor reflejado en la cara. Por suerte, a él a lo habían despertado en mitad de la noche hacía unos años con una escena parecida y más allá del susto inicial no parecía notar nada fuera de lo normal.
- ¿Pero te tocaba ya?
- ¿Tú crees que estaría en el trabajo si pensara que el bebé podría venir en cualquier momento? – gruñó a modo de respuesta-. Me quedan unas semanas…
- Querrás decir que te quedaban…
Yamato se quedó mirando hacia aquel con el que estaban hablando, fingiendo prestar atención a lo que le estaban contando, totalmente distraído. La cosa iba con Hideki y no con él, por lo que había preferido no estar demasiado atento.
- ¿Pretenden matarte del aburrimiento? – le dijo mientras que volvían a echar a andar por el pasillo.
- Más o menos, pero bueno, o creo que ya iba tocando…
El rubio asintió, continuando con su camino antes de sentir como el teléfono empezaba a sonarle en el bolsillo. Metió la mano para sacarlo, viendo el número del estudio de Sora, dudando si contestar en ese momento o no.
- Tranquilo que no me voy a chivar… - le dijo el general divertido, indicándole que dejara de hacer el tonto y contestara de una vez.
- Normalmente suele llamarle desde su teléfono… - dijo algo confuso, sin darle demasiada importancia antes de descolgar.
Hideki se encogió de hombros a modo de respuesta mientras que continuaba su camino hasta que se dio cuenta de que se había quedado solo. Se giró, confuso, mirando hacia el rubio entonces, notando la cara que se le había quedado. Cara de completo susto. Arqueó las cejas, estando completamente seguro de que el poco color que tenía en la cara se le había ido de golpe.
- Ahora mismo voy – fue lo único que contestó.
Aquello pareció sacar de dudas al general sobre lo que podía estar pasando, por las caras de él y lo que había dicho todo apuntaba a que acababan de tener una sorpresa no esperaba. Esperó a que el rubio volviera a recuperar el habla.
- Sora se ha puesto de parto – dijo de repente, como si al decirlo en voz alta fuera capaz de asimilarlo-. Se van al hospital…
- ¿Y qué haces ahí parado? – habiendo comprobado sus sospechas, no pudo decirle más que aquello, observándolo unos segundos más, dándose cuenta de tampoco era capaz de reaccionar del todo-. Si es que estás para ir a alguna parte… Ven conmigo anda, ya te llevo yo. ¿Dónde tienes las llaves? Yamato… - reclamó su atención al ver que no reaccionaba, todavía intentando procesar lo que acababa de escuchar-. ¡Yamato!
- Ehm… Despacho, en el despacho.
- Pues vamos. Venga – le hizo un gesto con la cabeza-. Vamos a por tus llaves y ya te llevo yo hasta el hospital porque no estás para ir a ninguna parte. Circula…
- Pero si por la mañana nos dijeron que estaba todo bien y que seguía todo planeado para la fecha que nos habían dicho…
- Bienvenido a la realidad. Que estás casado con una persona, no con un reloj… Anda, vamos y deja de poner esa cara de susto que lo que te han dicho es bueno. Circula…
Estaba completamente en shock. No esperaba escuchar aquello, sino que como mucho contaba con que Sora no encontrara su teléfono o que Kaori lo llamara para darle un recado de parte de ella. No con que lo llamara estando casi igual de histérica que él para decirle que Sora se había puesto de parto de repente. No había nada que hubiera indicado que las cosas hubieran podido derivar de esa forma. La doctora no les había dicho nada. ¿Había sido de repente? ¿No había querido decir nada por no estar segura? ¿Debía de estar con la misma cara de susto que los demás? No podía terminar de asimilarlo. El pequeño venía.
- ¿Está Sora sola?
- No – echó a andar finalmente por el pasillo, queriendo llegar cuanto antes y que Sora no tuviera que pasar sola-. Estaba Taichi con ella, así que él debe de llevarla o de estar acompañándola hasta que venga a buscarla…
- Pues ya está. Nosotros nos vamos ahora mismo. Y haz el favor de llamar a quién tengas que llamar mientras tanto… Y reacciona, chico, ¡que vas a ser padre otra vez!
- Espera, ¿podemos pasar por mi casa un momento? – fue el primer pensamiento coherente que pasó por su cabeza por fin.
- ¿Para qué?
- La bolsa con las cosas de Sora… - aclaró viendo como el general asentía inmediatamente-. Nos queda de camino, con un poco de suerte a esta hora no tendremos casi tráfico.
