Por suerte para él mismo, la situación lo tenía lo suficientemente abducido como para tener que estar montándose paranoias con lo que la doctora le había dicho. Se había limitado a quedarse donde menos estorbara y a la vez lo más cerca que podía de Sora. Había posado una de sus manos en su hombro, dejándola cogérsela de esa forma sin molestar al personal médico ni enredarse con ninguno de los cables que mantenían bajo vigilancia a la pelirroja.
Llegados a ese punto se le había pasado el susto y solo estaba nervioso. Más que nervioso, estaba ansioso. Ansioso por conocer al nuevo miembro de la familia y tenerlo entre sus brazos de una vez. De nuevo no le hacía ni la más remota gracia ver pasar a Sora por aquello. Tenía como referente lo que le había vuelto a sentirse cómoda consigo misma la primera vez y lo incómoda y dolorida que había estado las primeras semanas como para que pudiera verlo con buenos ojos. Había visto como le había afectado hasta a la percepción de sí misma y su confianza habiendo tardado meses en recuperarse.
Esperaba que aquella vez fuera diferente, que al pasar por segunda vez por aquello lo viera con perspectiva. Ahora sabía como se iban desarrollando las cosas. Y no solo con ella, sino con él. Ahora sabía también él como manejarla y el ir entendiendo todas las señales. Ahora sabía que las hormonas seguían haciendo de las suyas en cualquier forma que se pudiera imaginar y que tenía que entender todo de otra forma.
Sin embargo, seguía sin gustarle verla pasar por ello.
- Ya casi está – le dijo murmurándolo por lo bajo habiéndole inclinado hacia ella, quedándose así más cerca.
Prácticamente como si sus palabras hubieran sido para algo más que para darle ánimos se pudo ver como la doctora se apartaba, buscando algo más de espacio, tardando apenas unos segundos más en escucharse el sonido de un llanto mientras que una de las enfermeras se acercaba con unas toallas para poder coger al bebé.
- Muy bien, límpialo un poco y dáselo a la madre para que pueda verlo que tenemos que seguir – le dijo antes de dejarles algo más de espacio y mirar hacia la pareja-. Vamos a hacer ahora la otra intervención antes de terminar de cerrar, así que en nada vamos a necesitar que te vayas – habló directamente al rubio.
Él asintió, sin estar demasiado pendiente de lo que la mujer le decía o no. Simplemente se quedaba con que la estaba viendo tranquila y eso era buena señal. Más le gustaba escuchar el sonido de fondo del llanto del pequeño.
- Aquí está, es un niño perfectamente sano – dijo la enfermera al llegar hasta ellos-. Mucho cuidado… - se lo tendió a la pelirroja para que fuera ella la que pudiera cogerlo.
El pequeño tenía aún sus ojos cerrados y estaba rojo por la situación, notándose especialmente en sus redonditas mejillas. Parecía algo más grande de lo que había sido Aiko y, al igual que ella, parecía tener el pelo claro, aún estando manchado sin poder verse el color. Nada más posarlo encima de su madre, como si supiera dónde estaba, abandonó el llanto, quedándose en silencio y acomodándose en cuestión de segundos.
Tal y como le había pasado con Aiko, algo en él parecía no terminar de creerse lo que estaba viendo. Más bien parecía que estaba viéndolo desde un punto ajeno a la realidad. ¿Ya estaba? ¿Ya tenían al pequeño con ellos? ¿Había salido todo bien? Cruzarse con los ojos de la pelirroja lo hizo volver a la realidad. Sí, estaba pasando de verdad.
Sonrió.
- Bienvenido al mundo, nene chiquitín – murmuró quedándose lo más cerca que pudo sin molestar, acercando una de sus manos a él para poder acariciarlo con suavidad dejando la otra aún encima del hombro de Sora.
Era imposible en esos momentos sacarle parecido alguno a nadie, teniendo el niño los ojos cerrados todavía y apenas siendo visible entre la toalla en la que estaba envuelto y los brazos de su madre, pero, no había forma tampoco de que fuera más perfecto. Amplió algo más su sonrisa, girándose para dejar un beso en la mejilla a la pelirroja.
- Lo siento – dijo una de las enfermeras-. Voy a tener que llevarme al niño para poder limpiarlo bien mientras que seguimos con la intervención.
Lo había supuesto, ya que la otra vez había sido igual. Aquella vez con más motivo estorbaba, no era solo coser la herida, sino que tenían que aprovechar para hacer más cosas. Asintió sin protestar, girándose de nuevo hacia Sora.
- Te veo dentro de un rato – no alzó la voz a pesar de que podría hacerlo-. Te quiero – repitió el gesto de dejarle un beso en la frente antes de apartarse.
Le sabía mal que ella no pudiera decir gran cosa, pero no le hacía falta. Siempre había sido capaz de leer lo que ella quería decir con la mirada. Y no se refería a cuando le lanzaba miradas asesinas conocidas como "miradas Takenouchi", sino a cualquier otro pequeño detalle que había aprendido a identificar de esa forma. Le dedicó una leve sonrisa de nuevo antes de salir del todo.
- Yamato – reclamó su atención la doctora, deteniéndolo solo unos segundos-. Está todo bien. Puedes irte tranquilo y avisar a sus familiares. Cuando la traslademos a la habitación iré yo a buscaros y así contesto lo que tenga que contestar.
- Muchas gracias… De verdad – sabía que era su trabajo y que hacía lo que tenía que hacer, pero no podía más que estar agradecido.
Salió de la zona solo apta para el personal médico para no estorbar lo antes posible, yendo directo a buscar el baño. Necesitaba despejarse. Aquella mañana había estado subido en una montaña rusa de emociones y no había sido todavía capaz de asimilarlas. En cuestión de horas había pasado de tener la mañana más ordinaria del mundo a estar allí habiendo conocido por fin al nuevo miembro de la familia.
El nuevo miembro de su familia.
Volvió a dejar ir una sonrisa, apoyándose en el lavamanos unos segundos. Fue entonces cuando, al levantar la mirada hacia su propio reflejo se dio cuenta de que tenía los ojos húmedos. No lo había notado hasta ese momento. Se pasó la mano por ellos, acabando por abrir el grifo de agua fría para echarse algo de agua a la cara e intentar terminar de conectar del todo con la realidad.
La realidad en la que había vuelto a ser padre otra vez.
Sonrió. finalmente sonrió. Ahora sí, dejando atrás el susto y empezando a notar del todo la alegría porque todo hubiera salido bien. Solo quedaba esperar a que Sora se recuperase, pero todo estaba bien. Se devolvió el pelo casi sin darse cuenta, echándose otro vistazo al espejo, notando que había recuperado hasta el color en la cara tras haberlo perdido por completo nada más recibir aquella llamada.
- ¿Seguro que no puedes ir a que algún conocido te pase algo de información? – le dijo Taichi a Jou, quedándose mirando para él de brazos cruzados.
- Que no, pesado. ¿Sabes lo que es el secreto médico?
- Me da igual, anda que no cotillearéis con lo que pasa o deja de pasar entre vosotros…
- Que no voy a ir a preguntarle a nadie. Cuando haya algo que saber ya nos lo dirán…
Habían quedado a la espera de noticias en cuanto Yamato se había ido, y en el caso de aquellos que llevaban allí más tiempo se empezaba a notar la impaciencia. Taichi había ya un rato que había empezado a moverse de un lado para otro, dejando ver ese comportamiento suyo tan característico cuando se impacientaba y ahora había optado por ir insistir con lo mismo una y otra vez al médico.
- Díselo tú, Toshiko – dijo el embajador, quedándose mirando hacia ella.
- Deja a Jou en paz, no seas pesado. Y ni se te ocurra ir a ti a dar la lata al mostrador – lo señaló con el dedo, cayendo en la cuenta de las posibles conclusiones de él- porque como nos acaben llamando la atención vas a ir para casa de la oreja, ¿queda claro? Y me importa muy poco que trabajes para la ONU y que hayas pasado la treintena hace unos años ya.
Hizo una mueca al quedarse a medio abrir la boca para contestar, sabiendo que llevaba las de perder y limitándose a cruzar los brazos sobre el pecho buscó una esquina en la que apoyarse. No llegó a hacerlo tampoco porque no tardó en enfocar la figura de Yamato acercándose por el pasillo de nuevo hacia ellos. Se incorporó nuevamente, sobresaltando a aquellos que estaban más cerca suyos, que tampoco tardaron en ver el motivo del comportamiento de él.
- ¡Yamato! – saltó Hiroaki rápidamente al verlo aparecer, sin necesitar muchas explicaciones al ver la cara que traía su hijo.
- Está todo bien. Sora y el bebé están perfectamente, así que… Ya está. Koji ya ha nacido… Es algo más grande de lo que fue Aiko cuando nació…
- Mira qué cara que se te queda – le contestó su padre.
- ¿Y Sora? – preguntó Toshiko rápidamente.
- Perfectamente. Simplemente debe de haberse colocado el bebé a lo largo de la mañana. Ella está bien… Me echaron antes de tiempo esta vez, pero estaba todo bien – asintió-. Voy… ¿debería de ir a ver a Aiko ahora que tengo un rato hasta que nos dejen pasar y contarle lo que pasa?
- Puedes llamarla desde aquí y… - dijo su suegra.
- No – la cortó-, quiero hacerlo en persona…
Quería poder hacer aquello en persona. Por un lado prefería quedarse en el hospital y esperar allí a que lo dejaran pasar a ver a Sora de nuevo, pero, la niña también tenía derecho a saber lo que estaba pasando y a él le apetecía poder darle la noticia en persona.
- Yo creo que es buena idea – dijo Mimi-. Puedo ir yo contigo, aviso a Koushiro para que me vaya a buscar a vuestra casa y así puede venir también Haruhiko y nosotros nos quedamos ya con la niña.
- ¿Tú? ¿Vosotros dos y el tráfico de Tokio solos hasta llegar a casa de los Takenouchi? – dijo Taichi divertido mirando hacia el rubio también.
- Cierra el pico – lo cortó Yamato, enfocando a Mimi-. ¿Te vas a quedar tú con Aiko?
- Así pueden estar aquí tus suegros y tu hermano – asintió-. Si no tienes miedo de que le pegue algo a la niña, claro…
- Para una vez que dices algo contra lo que no puedo sacar ninguna pega no lo vamos a estropear – asintió-. Gracias.
- No me las des – se encogió de hombros-. Entonces podemos ir ahora y así nos perdemos tiempo por si acaso la llevan a la habitación primero y quieres estar con ella.
- Yo me quedo con Toshiko – dijo Taichi-. En cuanto volváis si aún no dejan pasar a verla me iré para casa que no quiero dejar a Koemi sola.
- ¿Tú conmigo? ¿Qué quieres terminar de volverme loca? – ironizó, no tardando en relajar el gesto para uno más amable, agradeciéndole así el gesto-. Llamo yo a Haruhiko para que esté pendiente y prepare a la niña, por si se la ha llevado al parque o algo.
- Gracias – contestó el rubio antes de girarse hacia sus padres-. Avisad a Takeru si queréis para que pueda venir y decidle que ya es tío otra vez…
- Tranquilo – asintió Natsuko-. Y dale un beso a mi nieta de mi parte.
- Lo haré…
- Y enhorabuena, ¿eh? – dijo su padre posándole la mano en el hombro, recibiendo una sonrisa a modo de respuesta-. Anda, vete a ver a mi nieta y dale otro beso de mi parte. Venga, fuera, que cuanto antes de vayas antes vuelves.
Asintió a las palabras de él, haciéndole a Mimi un gesto para que echara a andar con él. Hacía un rato que Hideki se había tenido que ir, habiéndose quedado lo justo antes de tener que volver a la JAXA para una reunión.
- Ahora espera a ver dónde tendré yo el coche… - murmuró por lo bajo, esperando tener suerte y centrarse como para poder ubicarse y recordar dónde le había dicho que lo había dejado.
¡FELIZ AÑO 2022!
Si es que el tiempo vuela... Acabo de mirarlo y la primera historia que subí en esta web fue en el 2018. Cualquiera echa la vista atrás tal y cómo están ahora mismo las cosas, ¿no? Pandemia aparte, quiero aprovechar para desearos a todos mucha suerte para el año nuevo que entra, que no nos va a venir mal a ninguno. Muchas gracias por estar ahí capítulo tras capítulo.
Esta temporada no he estado escribiendo, he tenido la suerte de tener los capítulos escritos para poder terminar la historia. Tranquilos, aún os quedan unos cuantos por leer, pero, para que os vayáis mentalizando, por el momento no tengo escrita la continuación ni tiene pinta de que vaya a tener tiempo para ponerme con ella. Así que, por el momento vamos a darle la bienvenida al nene chiquitín a este mundo de locos y ya veremos si las cosas van cambiando con el paso de los días.
Eso, que muy feliz año nuevo y que millones y millones de gracias por el apoyo.
