- Gracias por quedarte con ella – le dijo Yamato a Mimi.
- Anda, no digas tonterías. Hoy no me van a dejar pasar a ver a Sora y mira… para estorbar en el hospital estoy mejor con la niña. Y así les quito un peso encima a tus suegros o tus padres… Takeru ya me da menos pena, pero bueno…
- Takeru no le da pena a nadie – se rió por lo bajo-. De todas formas, muchas gracias. Le diré a Sora que estuviste allí y por lo que te fuiste.
- Me has dado las gracias dos veces en el mismo minuto, ¿no te habrán puesto a ti algún calmante?
- No me des ideas… - giró la cabeza hacia ella, dejándola salir del ascensor a ella primero-. Aiko creo que tiene ropa en casa de mis suegros…
- No te preocupes. Es algo más alta que Sen, pero si tengo que dejarle un pijama yo creo que sobrevivimos… Si es que también vaya dos que os habéis ido a juntar…
Entretenido por el último comentario de Mimi caminó por el pasillo, guiándola a pesar de que ella pudiera saberse el camino a la perfección. Habiendo llamado a su suegro un rato antes para avisarle de que iban a por la niña, no le sorprendió ver como la puerta de la casa se abría y Aiko salía corriendo hacia él.
- ¡Papi! – fue directa a por su padre con los brazos por delante esperando a que él la cogiera, dándose cuenta de que no venía solo, sin llegar a desviarse, pero saludándola con la mano una vez que estuvo ya en brazos de su padre.
- Hola tortuguita – le saludó antes de esperar que Mimi se acercara también a poder saludar a la pequeña-. ¿Dónde te has dejado a Gabumon?
- Está cuidado al digimon chiquitín y Biyomon al abu – explicó mientras que centraba unos segundos su atención en la que los acompañaba.
Entrando de nuevo con la pequeña en casa, no tardó en ver aparecer a su suegro. Por suerte ya había hablado con Toshiko y tenía toda la información que podría necesitar como para ir a buscar información en él. Yamato pudo fijarse en que estaba dejando unas cosas encima de la mesa, seguramente para Aiko.
- ¿Qué tal se ha portado? – preguntó le rubio como solía hacer siempre.
- De maravilla, ya sabes que ha salido más buena que la madre – posó la mano en la cabeza de la pequeña cuando su padre la hubo soltado y ella colocarse a su lado.
- Papi, ¿vamos a quedarnos a cenar con los abus?
- No señorita – negó con la cabeza, acercándose hasta ella para quedarse inclinado a su altura y poder hablarle de frente-. Te vas a ir a dormir a casa de Mimi y Koushiro, ¿qué te parece?
Las palabras de él atrajeron rápidamente la atención de la niña y los digimon, quienes no esperaban escuchar aquello tan de repente, aunque explicase la presencia de ella allí. Yamato terminó de arrodillarse en el suelo y quedarse así más cómodo para poder hablar con la niña.
- ¿Con Sen y Hiro?
- Sí, con ellos – asintió, viendo la cara que ponía ella, quedándose contenta, sonriendo a su vez-. Vas a tener que quedarte con ellos y… A lo mejor con tus abuelos o tu tío unos días o incluso con Taichi.
- ¿Por qué, papi?
Levantó la cabeza hacia su suegro, cruzando una mirada con él antes de volver a centrarse en la niña y sonreírle para evitar que se pudiera poner nerviosa.
- Porque ya eres toda una hermana mayor y yo tengo que quedarme a cuidado del nene chiquitín y de tu madre hasta que los dejen salir del hospital y venirse a casa con nosotros – los grandes ojos de la niña se quedaron abiertos de par en par con las palabras de él, mirándolo en la más absoluta de las sorpresas, a juego con los digimon-. Nació hace un rato y estoy seguro de que ya se muere de ganas de conocerte, pero van a tener que pasar unos días hasta que puedas ir a verlo, ¿vale?
- ¿El nene chiquitín?
- Sí, el nene chiquitín – alargó la mano hacia ella dedicándole un par de caricias en la mejilla con cuidado-. Tu madre y él están muy bien, solo que tienen que pasar unos días en el hospital para que vuelvan a casa. En cuando podamos le decimos a alguien que te deje verlo por videollamada, pero tienes que tener paciencia, ¿de acuerdo chiquitina?
- Sí, papi – asintió aún abrumada por la sorpresa-. ¿Mami?
- Está muy bien – asintió-. Vamos a tener que cuidarla mucho cuando llegue a casa y tener cuidado con ella. Me ayudarás con eso, ¿no?
Amplió la sonrisa al ver como ella asentía nuevamente, cambiando la cara de sorpresa a una de contenta para terminar queriendo acercarse a él en un ataque repentino de mimos, quedándose pegada al pecho de su padre quien no tardó en envolverla con un brazo, viendo entonces a los digimon asomarse.
- Está bien – le dijo a Biyomon directamente-. Estaba con Taichi con el estudio y fue él quien la ha estado acompañando hasta que llegaron. ¿Queréis quedaros con Aiko o venís al hospital?
- Bueno, puedes dejarlos que lo piensen y luego ya veremos – intervino Haruhiko-. Me ha dicho Toshiko que ha ido la médico a decirles que ya habían terminado con todo, que era cosa de un par de horas que nos dejen pasar a verla. Así que… voy contigo de vuelta y así puedo verla yo también.
- Para eso se ha ofrecido Mimi a quedarse con Aiko – asintió, poniéndose en pie arrastrando así a la niña con él-. Oye tortuguita, ¿estás contenta?
- Mucho papi – contestó levantando la cabeza para observarlo.
Taichi colgó el teléfono, acabando de hablar con Koemi, volviendo a acercarse a dónde estaban los demás, viendo su cuñado quedándose sentado al lado de Hiroaki y no demasiado lejos de Toshiko a Haru que había llegado acompañada de Andrew hacía un rato. Le hacía gracia que a pesar de que posiblemente no los fueran a dejar pasar hubieran querido ir a hacer acto de presencia.
- Creo que si hubiera venido andando hubiera llegado primero – una voz con la que no estaba tan familiarizado lo distrajo, haciendo que girase la cabeza para descubrir que la que acababa de llegar también era Mai.
- Si vienes desde la sede no voy a ser yo el que te lleve la contraria – asintió-. Yamato no está, se ha ido a preparar unas cosas con Aiko, pero tiene que estar al llegar…
- Lo sé, lo llamé en cuanto salí de las prácticas que estaba haciendo y me dijo Hideki lo que había pasado. Pero bueno, sí, supongo que no tardará en aparecer por aquí… Y más le vale no tardar mucho que tengo que conocer a mi ahijado – hizo una pausa riéndose por lo bajo-. ¿Todo bien?
- Por lo que nos han dicho tanto Sora como el bebé están perfectamente. Y a él no se lo han tenido que llevar a cardiología lo cual es un gran avance, de manera que por el momento solo nos queda esperar.
- ¿Estaba muy nervioso?
- Yo creo que estaba aterrorizado porque no contaba con ello tan de repente y estoy completamente seguro de que se estaba montando en la cabeza unas cuantas historias para no dormir. No estoy demasiado seguro de que haya asimilado del todo que ya haya nacido Koji.
- Por lo que me dijo Hideki no suenas muy desencaminado. No pasa nada, ya lo espabilo yo rápidamente y ya verás qué rápido se le pasa la tontería.
El embajador sonrió antes de hacerle un gesto a la piloto para poder echar a andar de vuelta a donde estaban todos los demás sentados y que ella pudiera hacer lo mismo.
- Dentro de nada vas a estar tú en las mismas – le dijo Takeru al verlo volver-. A ver quién de los dos sabe ponerse más especialito si mi hermano o tú…
- Mira, calla, porque estás tu precisamente guapo para hablar… - tomó asiento, poniendo ligeramente los ojos en blanco.
- Sí, contigo revoloteando alrededor también porque tu hermana se había puesto de parto…
- Pues como ahora, que lleva revoloteando alrededor mío desde que he llegado y no se va a quedar tranquilito hasta que nos dejen ver a Sora… Pero déjalo en paz, que tiene razón, estás tú guapo para hablar – dijo Toshiko antes de quedarse mirando hacia la recién llegada, reconociéndola de haberla visto en otras ocasiones y saludarla con un gesto.
Sora entreabrió los ojos lentamente. No estaba segura de en qué momento se había quedado dormida, pero no estaba donde ella recordaba estar. Hubiera esperado estar todavía en el estudio no en una sala llena de cortinas blancas que hacían de paredes. Necesitó unos segundos más para darse cuenta de que estaba en el hospital porque acababa de tener el bebé.
El bebé.
No era algo que hubiera esperado que hubiera pasado tan pronto pero… ¿ya estaba?
- ¿Estás despierta ya? – dijo la enfermera, dándose cuenta, sonriéndole amablemente a modo de saludo-. Si notas molestias es normal, pero irán remitiendo, tranquila. ¿Sientes ya las piernas? – esperó a que la pelirroja intentara moverlas, viendo que lo conseguía ligeramente, asintiendo a la pregunta-. Vale, tranquila. No te muevas demasiado, esta vez los puntos van a molestarte algo más, pero poco a poco se irán calmando. Voy a traerte al bebé para que coma. Ahora mismo vengo...
Aquellas palabras la hicieron terminar de despertarse. Recordaba haber tenido al pequeño con ella ya, verlo envuelto en la pequeña toalla en la que lo habían cubierto para poder dejarlo en los brazos de sus padres. También se le venía a la cabeza como el rostro más pálido de lo normal y con expresión asustada de Yamato cambiaba por completo al posar los ojos en el pequeño. No pudo evitar que una sonrisa se le formara en los labios antes de sentir los pasos de la enfermera que volvía.
- Aquí tenemos a este señorito que debe de tener hambre porque lleva protestando un rato – caminó hacia Sora-. ¿Estás cómoda así? ¿Quieres que te coloque alguna de las almohadas? – la vio negar con la cabeza-. ¿No? ¿Segura? Vale, pues… Ten cuidado. Ha dicho la doctora que no es la primera vez y que sabes cómo hay que hacer, pero, por si acaso.
La pelirroja volvió a sonreír a modo de agradecimiento por sus palabras, viendo como el pequeño estaba agitando sus brazos mientras que la enfermera se acercaba a ayudarla a bajarse bien la bata. Una vez hecho aquello lo posó encima del torso de ella, esperando que no se revolviera demasiado, ayudándolo a tomar posición para que no hiciera daño a su madre.
- No me ha hecho tampoco buscar demasiado por el historial… Este pequeñajo deja claro de quién ha decidido heredar ese mechoncito – comentó animadamente la mujer haciendo que los ojos de la pelirroja se fijaran en el mechoncito de cabello pelirrojo que se podía ver asomar entre las mantas.
Apenas se dio cuenta de cómo el niño parecía saber perfectamente lo que hacía, encontrando rápidamente el pecho de su madre para empezar a comer. Sin duda había pasado tiempo y la sensación se le había demasiado extraño y molesta, pero le daba igual. Sabía que era solo hasta que se acostumbrada y en aquellos momentos su cuerpo entero le molestaba. A ella con tener al pequeño con ella le servía para que se le olvidase todo lo demás.
- Ha pesado algo más de los 3 kg por lo que este señorito ha estado comiendo muy bien – observó la escena unos segundos-. Y parecía estar muerto de hambre… Voy a dejarte con él para que estés tranquila. Si necesitas cualquier cosa estaré al otro lado de la sala puedes llamarme – señaló hacia una pequeña campanita que había al lado de la mesa, viendo como la pelirroja le sonreía a modo de agradecimiento.
Los ojos de Sora volvieron a quedar fijos en el pequeño con su mechoncito pelirrojo que estaba sobre ella comiendo, estrenando por primera vez aquel mundo.
