El sonido de los nudillos en la puerta antes de que esta se abriera anunció la llegada de la enfermera que había estado antes con Sora acompañada también de la médico, con ellas llevaban al bebé en la pequeña cuna para dejarla en la habitación.

- Ha salido todo a la perfección. Este señorito se ha empeñado en descolocarme la agenda del día apareciendo por sorpresa pero no puede estar más sano – dijo ella antes de acercarse a los padres, dándose cuenta de que Sora estaba dormida-. ¿Quieres que os dejemos al niño aquí y cuando ella despierte ya te encargas tú?

- No, tranquila. Eso es lo que te diría yo, pero sé que ella quería estar despierta – negó con la cabeza antes de inclinarse ligeramente para poder mover una de sus manos, la cual había quedado bajo la pelirroja al estar ella usándolo de apoyo-. Sora – la llamó tocándola así suavemente-. Tenemos visita – le dijo cuando pudo ver que volvía ligeramente en sí.

La pelirroja parpadeó, confusa, necesitando unos segundos más hasta ubicarse y caer en la cuenta de lo que pasaba. Enfocó rápidamente con la mirada a las demás caras que la rodeaban, buscando acto seguido el pequeño busco que se podía ver ya en brazos de la enfermera.

- Debe de tocarle comer otra vez, pero ya cuando os dejemos solos – explicó la doctora-. ¿Qué tal te encuentras?

- Pues… supongo que bien – contestó, atenta al ver como les acercaban al pequeño, negando con la cabeza cuando se lo tendieron a ella-. Dáselo a su padre, que todavía no ha podido cogerlo en condiciones – sonrió.

- Sí, dáselo al padre no vaya a ser que al final sí que tenga que hacerle hueco en cardiología – los observó unos segundos, haciéndole un gesto a aquella que había llegado con ella para que esperara unos segundos-. Mañana me pasaré para daros un informe más serio y las directrices a seguir. Como ha coincidido con la cesárea no creo que vayas a necesitar ningún tipo de cuidado extra, Sora. La intervención también ha salido de maravilla. Así que por el momento no tengo nada más que decirte que darte la enhorabuena y pedirte que intentes descansar todo lo que puedas. Y… que si hay que echar a alguna de las visitas para que vuelva mañana…

- No hace falta – la cortó Yamato-. Ya se ha encargado Jo… El doctor Kido ya se ha encargado de ello hace un rato.

La doctora se rio por lo bajo, no tardando en asentir, y dejar entonces que le llevaran el bebé al rubio, despidiéndose de la pareja con un gesto de la cabeza. Si dijo algo más o no fue algo que escapó totalmente de la atención de Yamato nada más que tuvo al niño en brazos.

Ni siquiera había llegado a enfocarlo del todo, demasiado nervioso ante la simple idea de tener por fin al nene chiquitín con ellos y que todo hubiera salido tan bien. Recordaba cuando había cogido a Aiko por primera vez, sintiendo los mismo nervioso y la misma sensación sobrecogedora recorriéndolo de arriba abajo. Una vez que lo tuvo afianzado bajó la vista hacia él ante la atenta mirada de Sora.

El pequeño se notaba que era algo más grande de lo que había sido su hermana, no solo por el peso, sino que saltaba a la vista. No era algo que los cogiera por sorpresa, ya que la barriga de Sora había estado mucho más abultada en aquella ocasión. Las mejillas sonrosadas y redondas del pequeño llamaron directamente la atención de su padre, quien no tardó en posar sus dedos en ellas, acariciándolas con suavidad, con miedo a despertarlo.

- Bienvenido al mundo, pequeño – murmuró por lo bajo antes de inclinarse hacia él para darle un beso en la frente.

Quizás el sonido de la voz de su padre, el gesto o el mismo roce del flequillo de él en su rostro hizo que el niño reaccionara a aquello. Quizás no estuviera dormido, sino que todavía adaptándose a su nueva situación, o tal y como había dicho la enfermera, fuera la hora de comer de nuevo. Pero, fuera por lo que fuera, apenas pasaron unos segundos antes de que Yamato pudiera ver una pequeña franja de color canela abrirse lentamente, confuso, intentando adaptarse a la claridad hasta decidir enfocar a su padre.

Yamato giró la cabeza, sorprendido, mirando hacia Sora, la cual parecía tener la misma cara de sorpresa que él. Sin duda se había dado cuenta del detalle del color del pelo cuando había estado en la sala de reanimación, pero el bebé había abierto los ojos y la sorpresa también la había sobrecogido.

Quizás no tanto a ella como al rubio, quien al poco de ver la reacción de Sora había vuelto a bajar la vista hacia el pequeño de ambos. Aiko, sin lugar a dudas, le había robado el corazón igual que aquel niño desde el primer momento que había sabido de su existencia. Pero… El niño había heredado los ojos de su madre.

Sabían que las posibilidades de que aquello pasara eran casi imposibles, ya que en aquel lugar, incluso más raro que los genes de él y de su hermano, eran los de Sora. los cuales, además, no parecían venir de ninguna parte que él hubiera conocido tampoco. Y ahora, Koji no solo tenía el pelo de ella, sino que también sus ojos.

Se llevó la mano con la que antes lo había acariciado a los ojos para poder frotárselos y recuperar una visión mucho más nítida.

- ¿Eres consciente de que nos vamos a cargar a tu abuelo? – consiguió articular pasados unos segundos.

La respuesta que escuchó fuera una ligera risa por parte de ella, quien volvía a dejar su cabeza apoyada en él para mirar más de cerca al pequeño. Fuera como fuera el niño le habría parecido perfecto, pero le gustaba ver la respuesta de Yamato al darse cuenta.

- ¿Solo al abuelo? – contestó ella, moviéndose también para poder acariciar al pequeño.

Notando el cansancio en la voz de la pelirroja hizo el esfuerzo por volver a la realidad. Recordando que tenían gente esperando fuera. Sin duda, viéndola a ella, lo mejor que podría hacer era mandarlos a casa y decirles que volvieran al día siguiente. Pero conociéndola como la conocía sabía que no era una opción.

- A ver… - carraspeó, intentado recuperar un poco el control sobre sus propias emociones y poder dejarle el bebé a ella-. ¿Quieres que los deje entrar y así puedes descansar primero?

- ¿Tanto se me nota?

- Demasiado – esperó a que ella cogiera la postura correcta para poder dejarle al niño a su lado- No lo cojas todavía, vamos a esperar a que estés algo mejor y así mientras tanto solo haces el esfuerzo para darle de comer.

- ¿Ya te vas a poner mandón?

- No sabes lo que te espera – inclinándose hacia ella con una sonrisa, dejó un pequeño beso en sus labios, aprovechando también para acariciar de nuevo suavemente al bebé.

Incorporándose nuevamente dirigió sus pasos hacia la puerta. Sin duda a los primeros que iba a dejar pasar era a los abuelos, decidiendo en aquella ocasión dejar que entraran solo los Takenouchi los primeros a sabiendas de lo que podía pasar. Abrió la puerta, asomándose con una ligera sonrisa, apartándose para dejarlos entrar.

- Sora está que se cae de sueño – explicó a los que estaban fuera-. Se me ha quedado dormida mientras que esperábamos… Así que cuando salgan sus padres pasad lo más rápido posible y ya mañana cuando haya descansado podéis venir todo lo que queráis.

- Yo… Yo puedo irme – habló Taichi antes de que volviera a entrar-. Soy el que menos pinta aquí de todos…

- Dile eso a ella si te atreves… - sonrió de forma ladeada antes de negar con la cabeza.

Sora pudo ver como sus padres entraban en la habitación, buscándola a ella primero con la mirada como si necesitaran comprobar que fuera cierto que estaba bien. La pelirroja los recibió con la mejor de sus sonrisas, a pesar de la situación.

- ¿Qué tal estás cariño? – le preguntó Toshiko caminando hacia ella.

- Cansada ero bien… siento el susto que os he dado a todos…

- Déjate de tonterías – negó con la cabeza-. No creo que ni Taichi te vaya a protestar ni media palabra y sigue ahí fuera que solo le falta echarse a dormir en la puerta…

Se distrajo completamente de la reacción que tuvo su hija al ver la cara que estaba poniendo su marido, casi a la vez que sentía cómo se cerraba la puerta de la habitación y Yamato volvía a entrar. Arqueó las cejas, confusa, todavía sin entender muy bien a que se debía la expresión de Haruhiko. Al menos no hasta que posó la vista en su bebé que estaba justamente al otro lado de Sora.

- Oh… - se le escapó sin poder evitarlo.

Ese pequeño estaba mirando fijamente a su abuelo con los mismos ojos que su hija y una expresión curiosa en el rostro. Aquello sí que no esperaba haberlo visto, dándose cuenta entonces que el poco pelo que cubría la cabeza del pequeño también dejaba notar un tono rojizo. El cual, sin duda alguna, ya no era ningún rastro del parto.

- Aiko tardó un poco más en abrir los ojos – dijo la pelirroja dándose cuenta de los gestos de ambos-. Pero bueno… Yo creo que quiere que lo cojáis… - notó como el rubio se colocaba a su lado.

Sin duda hubiera sido lógico que los abuelos, los cuatro, hubieran pasado a la vez para ganar tiempo, pero no le hacía falta mucha explicación de por qué había dejado que entraran primero sus padres. Sonrió, entretenida por la cara que se le había quedado al profesor, viéndolo reaccionar por fin para poder coger al pequeño en brazos.

- Koji, saluda a tus abuelos – dijo ella, quedándose mirando hacia ellos.

Haruhiko todavía no estaba seguro de lo que estaba viendo delante de él. Le habría dado igual si el niño hubiera nacido con el pelo verde mientras que hubiera estado sano, pero, que de repente pudiera ver tan claramente los rasgos de su hija en el pequeño era un tema muy diferente. Y más cuando había tenido que pasar tantos años fuera de casa y perderse cómo Sora iba creciendo mientras que había permanecido en Kioto. Y ahora, su nieto, el cual seguía observándolo curioso, había nacido con ese aspecto. La mano de Toshiko entró en su campo de visión, teniendo algo más de margen de reacción que él, buscando acariciar al niño con suavidad.

- Es precioso…

- Claro que es precioso, es idéntico a ella – soltó el profesor sin darse cuenta, sacándole una risa a la pelirroja.

- Nos dijeron que probablemente fuera a parecerse a su hermana, porque… Bueno, porque era más probable. Pero… - habló Yamato con la mejor de sus sonrisas ocupando todo su rostro-, no voy a ser yo el que me vaya a quejar.

- No, no creo que nadie se vaya a quejar – asintió Toshiko, todavía sin enfocar a su yerno-. Cuando lo vea la chiquitina seguro que se va a emocionar… Hola pequeño – le dijo al niño cuando la miró a ella también, continuando con las caricias que le estaba dando-. ¿Te parece bonito? Me has dejado a tu abuelo tonto… A ver quién le quita esa cara en lo que nos queda de semana… Anda – le dijo a su marido-, déjame cogerlo un momento que tenemos que dejar descansar a Sora…

Volviendo a la realidad, asintió a las palabras de ella, tendiéndole al bebé a Toshiko, dirigiendo entonces sus pasos hacia su hija, acercándose a ella para poder dejar un beso en su frente. Sin duda no iba a decir nada no quería revolver heridas pasadas, pero los rasgos que había heredado el pequeño significaban mucho más para él que para nadie más.

- Enhorabuena – le dijo antes de apartarse y mirar también hacia el rubio-. A los dos.

- Gracias papá – le contestó Sora, sonriendo.