Una vez que Taichi se hubiera ido, Yamato se quedó apoyado en la puerta, observando a Sora. La pelirroja se había quedado con el pequeño de ambos en brazos, atenta a los movimientos de él mientras tanto. Sonrió antes de caminar hacia ellos para poder ayudarla al darse cuenta de que estaba intentando colocarlo para poder darle de comer.

- ¿Deberíamos mandarle una foto a Mimi para que se la enseñe a Aiko? – dijo cayendo en la cuenta al llegar hasta donde ellos.

- Pues… - levantó la vista hacia él-. No lo sé. A lo mejor… A lo mejor mañana podemos hacer una videollamada con ella y que lo vea así… ¿Qué te parece? – arrugó ligeramente la nariz.

Yamato se dio cuenta del gesto de ella, dejando ir una ligera risa antes de inclinarse para poder dejar un beso en su cabello antes de volver a dejarle algo de espacio.

- Yo tampoco estoy muy de acuerdo con que no pueda estar aquí con nosotros y poder ser ella la primera en conocerlo – le dijo adivinando perfectamente el motivo del gesto de ella.

- Ya… - resopló ligeramente, dejándolo ayudarla a coger bien al pequeño.

- Mañana la llamamos a ella la primera – repitió antes de asentir, colaborando y dándole todo el tiempo del mundo a ella para que pudiera encontrar la mejor postura-. Deja, ya te ayudo yo – dijo cuando la vio revolverse para poder bajarse al camisón.

Asintió, quedándose quieta para que fuera él quien la ayudara, aprovechando esos segundos de tenerlo más cerca de la cuenta, esperándolo con una ligera sonrisa cuando pudo volver a enfocarlo.

- ¿Y ahora cómo vamos a hacer cuando volvamos a casa y tengamos a la tortuguita queriendo cuidar al nene chiquitín? – le preguntó, entretenida por las posibles respuestas.

- Pues tú verás cómo cargas conmigo por casa. También te digo que peso bastante como para que me puedas arrastrar y más con los puntos – lo veía bastante probable. Se quedó a su lado, dejándola darle de comer al pequeño mientras tanto, quedándose mirando hacia ella-. Creo que esta vez es diferente de cuando nos llegó Aiko…

- ¿Diferente? – levantó la vista hacia él.

- Sí, no estoy aterrorizado en el rincón – se encogió de hombros.

- Eso es porque ya le has ido cogiendo práctica – sonrió, entretenida-. Lo sé, yo también lo noto todo diferente. Esta vez estamos los dos mucho más calmados a pesar del susto que os di a todos por la mañana. Ya sabemos lo que es tener a un chiquitín con nosotros…

Cierto era que ahora la experiencia los respaldaba, pero las cosas no tenían por qué ser idénticas a cómo habían sido con Aiko. Sin embargo, ahora iban a ser capaces de entender mejor a aquel pequeño que estaba completamente ajeno a que estuvieran hablando de él mientras que comía.

- ¿Te han dicho si van a venir a por él o lo dejan quedarse con nosotros?

- Supongo que vendrán a por él – dijo la pelirroja- y que me lo traerán cuando le toque volver a comer…

- Pues me sé de alguien que nada más que termine con lo que está haciendo se va a echar a descansar e intentar dormir…

- Creo que no te voy a llevar la contraria por esta vez… - le sonrió, dejando nuevamente su cabeza apoyada contra él, ampliando algo más la sonrisa cuando lo sintió inclinarse hacia ella para dejar un beso en su cabello.

Yamato se quedó mirando hacia Sora, comprobando que se hubiera quedado dormida. Debía de estar agotada, dolorida y muy incómoda. Aquella vez ni siquiera se había molestado en disimular y había querido descansar lo antes posible. Llevaban ya todo el día en el hospital y el día ya lo había empezado temprano con la revisión médica. Si él notaba el cansancio, ¿cómo no estaría ella?

Bajó la vista hacia el pequeño que tenía entre sus brazos, habiéndolo cogido nada más terminar de comer para que ella pudiera descansar, y, el niño, al igual que su madre, había caído completamente rendido también. Sonrió al verlo tan plácidamente dormido y ajeno a todo lo demás, estudiando sus rasgos. No hubiera esperado aquello, cierto era, lo había cogido por sorpresa al igual que a todos. Si bien sus rasgos eran raros en aquel rincón del mundo, más lo eran los de ella. Y sin embargo se las había arreglado para tener los ojos de su madre y un cabello que amenazaba con tener también el mismo color que el de ella.

Sin duda alguna, aquel pequeño venía pisando fuerte al parecerse tanto a Sora. Y estaba seguro de que se lo tenía más que merecido después de que Aiko hubiera salido idéntica a él, o al menos eso sería lo que la pelirroja le diría a la primera de cabio. Sonrió, entretenido en mover sus dedos con suavidad por la barriguita del bebé, el cual seguía completamente dormido.

- Ahora hazme un favor – le murmuró por lo bajo-, si te vas a parecer a tu madre hazlo del todo y no me hagas como tu hermana…

Levantó la vista hacia la puerta cuando sintió que se abría, viendo entonces a la enfermera, buscándolo con la mirada, para llevarse al niño con ella hasta que volviera a ser la hora de comer.

- Hace nada que se ha quedado dormida – le dijo tendiéndole al pequeño.

- Que descase todo lo que pueda. Si se nos necesita para algo puede preguntar en el mostrador… Mañana buscaremos una habitación más cómoda.

- Tranquila – asintió-. Gracias.

La mujer se despidió con un gesto de la cabeza, dejándolo a él solo de nuevo. No tardó mucho en volver a posar sus ojos en la pelirroja, acercándose a ella para poder verla más de cerca y comprobar que estaba completamente dormida. Le echó hacia atrás el pelo de la cara antes de volver a apartarse.

Podía aprovechar para colocar las cosas que había traído para dejar a mano lo que ella pudiera necesitar hasta que llegaran a la habitación que realmente les correspondía. Había ido a por la bolsa de ella a casa casi de forma automática, solo esperaba que estuviera todo lo que necesitaba dentro, porque no lo había comprobado. Posiblemente si no lo hubiera llevado Hideki tampoco se habría acordado del camino de vuelta a casa.

Recordar al general hizo que se diera cuenta de que apenas había vuelto a hablar ni con él ni con Mai desde hacía un rato, posiblemente desde que habían salido de la sala de espera para dejarles algo de espacio a ellos.

Chasqueó la lengua, sacando el teléfono de su bolsillo para poder buscar los nombres de ambos.


- La verdad es que me hubiera gustado quedarme, pero yo mejor que nadie sé las ganas que puede tener Sora de aguantar un desfile de pesados… - dijo Mai apoyándose en la mesa de Hideki.

- Normal… A mí me van a dar con la escoba al llegar a casa tanto si me hubiera quedado como si no cuando le cuenta la novedad a Shiori – se encogió de hombros antes de dejarse caer hacia atrás, apoyándose en la silla-. ¿Se han enterado Takao y Katsu?

- Supongo, sí…

- ¿Supones?

- Takao sigue sin hablarme… Como si con eso fuera a conseguir que deje de echarle en cara lo indecente que ha sido durante todo este tiempo por no contarme que las cosas estaban tan serias con esa chica…

- Y tan serias… Que te digo yo que no me extrañaría que el año que viene no tuviéramos… - cortó sus palabras al darse cuenta de que su teléfono estaba iluminado y que en la pantalla aparecía el nombre de Yamato-. ¿Sigues vivo? – contestó poniendo el manos libres.

- ¿Estás ocupado?

- Solo aguantando la tortura de todos los días…

- ¡Eh! Que te he traído el café – contestó la piloto, haciéndose así notar-. ¿Qué? ¿De verdad sigues sin desmayarte?

- Pues… no lo tengo muy claro. Os mando la foto del pequeño, a ver qué os parece…

- Ya me parecía mucho que estabas tardando… ¿qué tal está Sora? – pregunto ella.

- Durmiendo, así que espero no despertarla… Pero me ha sabido mal que al final os tuvierais que ir…

- Bueno, tú mándame la foto de mi ahijado y luego hablamos de cómo me lo puedes compensar, maravilla rubia.

La piloto no tardó en sentir como vibraba su teléfono, sacándolo rápidamente, dándose cuenta de que él había mandado la imagen por el grupo que tenían con los otros dejando así que el de Hideki siguiera haciendo su función.

- Será broma – dijo automáticamente nada más ver la imagen.

- No, no lo es – escucharon la voz de él.

- ¿El qué? ¿También es un miniél?

- ¡No! ¡Mira!

Cogió el teléfono cuando ella se lo tendió, observando la imagen que se podía ver en ella. Era la misma que le habían mandado hacía un rato al resto de la familia para que pudieran conocerlo. Se podía ver al niño todavía despierto por lo que se apreciaban sus ojos y el ligero tono rojito del pelo.

- ¿Y sigues vivo? – repitió la pregunta Hideki.

- Debe de llevar montando el drama desde que se lo pusieron en brazos… Así tiene hasta pinta de bueno…

- Es más grande de lo que lo fue Aiko, pero eso no tiene nada que ver. Debió de colocarse a lo largo de la mañana. Por eso en la revisión nadie notó nada raro.

- La cosa era pegarte un buen susto – le contestó ella-. Pobrecito, qué pena me das. Si ya tenías poco con Aiko para babarte encima, si ahora te ha salido un miniclon de su madre, ¿cómo piensas salir de casa por las mañanas?

La respuesta del rubio fue reírse, no había nada que le pudiera decir a modo de defensa. Iba a tenerlo bastante complicado. Conociendo a Aiko, a ver quién sobrevivía a los primeros días de tener a los dos en casa. Él tenía bastante claro que la cosa iba a hacérsele complicada.

- Mañana podéis venir cuando queráis a verlo. Hoy es pronto todavía pero prefiero que Sora esté tranquila. Ya os diré en qué habitación estamos porque nos han dicho que nos van a mover…

- ¿Ella está bien? – preguntó Hideki.

- Agotada. Se estaba cayendo de sueño, pero aguantó hasta que Koji comió y luego se me quedó dormida nada más cogerlo yo. Espero que la dejen descansar todo lo que pueda…

- Seguro que sí y sino se te da bastante bien ponerle malas caras a la gente como para que ahora intentes disimular…

- A buen sitio. Ahora con la baba colgando no impone a nadie… - dijo la piloto-. Déjala que descanse. Pero mañana tengo pase VIP por ser la madrina, ¿queda claro?

- Clarísimo – contestó él divertido-. Si te tienes que pelear con los demás para entrar ya les digo yo que tienes privilegio. Como el padrino… Que tampoco ha podido pasar todavía, pero bueno, mañana.

- Tú no le des coba que luego te viene con exigencias. Ahora que ha conseguido que Takao deje de hablarle por pesada se va a centrar en reclamar sus derechos… Saluda a Sora de mi parte cuando se despierte y dale también la enhorabuena.

- ¿De tu parte solo? ¿Y a mí que me den?

- Más o menos – contestó, ignorando la primera de sus preguntas-. Seguramente mañana Shiori quiera pasarse a saludar, pero te llamaré primero para ver si ella tiene gana de visitas. Creo que en la cola que se os está formando tampoco somos los más prioritarios…

- Bueno, eso lo dirás tú – lo cortó el rubio-. Creo que a estas alturas las cosas están bastante igualadas.

- Deja de hacerle la pelota, maravilla rubia. Yq no es directamente tu jefe, no tienes que quedar bien con él…

- Qué pesada que eres cuando quieres – murmuró Yamato-. Mañana os veré entonces. Saludad a los otros dos de mi parte.

- Lo haremos, tranquilo – le dijo el general.