- No sé cómo se ha quedado dormida al final, pero sí… Tranquilo, mañana cuando tu padre quiere puede venir a por ella. O bueno, se me ocurre una idea mejor – Mimi caminaba de un lado a otro terminando de recoger por el salón algunas cosas-, mañana de la que me voy a ver a Sora la llevo conmigo y así bajas tú a verla también.

Hacía un rato que había recibido una llamada de Yamato, aprovechando que Sora estaba despierta de nuevo, pudiendo hablar con ella también. Aiko tenía cola de espera para ver quién se quedaba con ella, ya que todos se habían ofrecido. Y aquel era uno de los pocos días en los que había visto a la pequeña más revolucionada. No había querido jugar demasiado con Hiro y Sen y había estado nerviosa. Tampoco la iba a culpar, sabía por lo que faltaban sus padres y lo que quería ella era otra cosa muy diferente.

- No seas pesado, claro que no me importa estar pendiente de ella todo lo que haga falta – puso los ojos en blanco-. Vamos a ver… Esa niña me cae mucho mejor que tú por si aun lo ponías en duda…

- Eso no es demasiado complicado – contestó el rubio al otro lado del teléfono, haciendo tiempo fuera ya que la enfermera lo había mandado salir para poder atender a Sora más tranquilamente antes de terminar el turno.

- Pues eso, si ya lo sabes no des tanto la lata. Me costó que cenara y que se metiera en la cama, pero lo mismo con ella que con los otros dos digimon. Y tampoco puedo culparla. A ver si mañana con tus padres está más tranquila.

- Yo creo que no va a haber mucha diferencia. ¿Sabes con quién sí que la habría?

- Como me digas Taichi y Koemi te cuelgo… - escuchó la risa de él de fondo.

- No, a Taichi le habría hecho lo mismo hoy… Toshiko – contestó tras una breve pausa-. Pero es que ella está mucho mejor yendo y viniendo cuando quiera por aquí…

- Sí, con ella se iba a quedar más tranquila. Eso te lo tengo que reconocer… Pero bueno, ya nos iremos arreglando. Tú estate a lo que tienes que estar y mañana cuando quieras me avisas y os la pongo en videollamada para que conozca a Koji.

- Gracias Mimi.

- No me las des – negó con la cabeza-. Mañana te veo – dijo antes de dar por terminada la conversación.

Cuando colgó se quedó unos segundos con la vista fija en el teléfono, volviendo a mirar la imagen del niño que apenas acababa de llegar y que ya había montado tanto revuelo. Tampoco podía culparlos a ellos. Ella era la primera que le tenía mucho aprecio a Sora y que el pequeño se le hubiera parecido tanto era algo que le gustaba. El trabajo no ayudaba a que pudiera verla todo lo que le gustaría, pero eso nunca había sido un problema. Con Sora nunca lo era.

- ¿Qué te ha dicho Yamato? – preguntó Koushiro acercándose a ella-. ¿Lo ha asimilado ya y se ha desmayado?

- Probablemente – se rio suavemente por lo bajo, girándose hacia él-. Me dijo que mañana llevarían a Sora a la habitación definitiva así que ya nos avisará para cuando podamos llevarle a la niña. Fíjate tú que don astronauta importante tiene que estar de buen humor para andar a buenas conmigo.

- Eso es porque no te has metido con él lo suficiente hoy – contestó entretenido mientras que dejaba una taza encima de la mesa-. Aunque bueno, posiblemente hoy te dejaría que le liaras cualquiera de las tuyas sin protestan tan siquiera.

- ¿Cómo que liarle alguna de las mías? – lo siguió con la mirada-. ¿Insinuas que yo me meto con Yamato?

- Lo afirmo – sonrió, quedándose mirando hacia la mueca de fingida ofensa de ella-. Y creo que entra dentro de tus aficiones favoritas…

- Entra en el top 5… - acabó por echarse a reír a la vez que él-. A ver, vamos a recoger que tengo gana de irme a hacer el vago un rato… Toda la mañana en el hospital me ha dejado cansada.

Asintió a las palabras de ella antes de esperar a que llegara a su lado para poder hacer lo que había dicho. Por la mañana había salido corriendo para poder esta en el hospital y aunque al final no hubiera podido ver a Sora, había pasado un buen rato. Él, por su parte, se había ido a cubrir al profesor para que pudiera estar tranquilo con su nieta y luego irse al hospital. Le esperaban unos días de tener que hacer el trabajo de dos, pero tenían las cosas lo suficientemente bien controladas y encaminadas que dudaba que fuera a causarle muchos inconvenientes.


Taichi llegó a casa finalmente, habiendo aprovechado para hacer unos recados de la que volvía del hospital, haciendo malabares a la hora de entrar y cerrar la puerta para que no se le cayeran las bolsas. El ruido llamó la atención de Daigo y Agumon, quienes nada más verlo fueron corriendo para poder recibirlo.

- A ver, calma, calma… Que como se me caigan los huevos tu madre me mata – le dijo al niño, todavía cerrando con el talón antes de agacharse a dejar las bolsas y poder cogerlo a él en cuenta-. Ahora sí que sí, ¿qué tal te has portado?

- ¿Sora?

Sonrió al escuchar la pregunta del niño. Seguramente Koemi le habría contado lo que pasaba y que precisamente Daigo le preguntara por ella nada más llegar a casa era algo que le gustaba escuchar.

- Muy bien. Aiko ya tiene un hermanito. Cuando salgan del hospital vamos a tener que ir a verlos.

- Yo puedo enseñarlo a jugar con la pelota – dijo mientras que Taichi veía asomarse a Koemi desde el salón.

- Lleva con eso toda la tarde… - dijo ella entretenida, yendo a por las bolsas que él había dejado en el suelo.

- Shhh – se puso en medio, no dejándola hacerlo, agachándose para dejar al niño-. Deja eso…

Aprovechó el movimiento para saludar también a Agumon con un par de caricias antes de volver a coger las bolsas y echar a andar con ellas hacia la cocina.

- ¿Tengo que darte otra vez la charla de que no soy inútil?

- Las veces que quieras, pero voy a seguir sin hacerte caso – contestó girándose hacia ella cuando se colocó a su lado, aprovechando para darle un beso en la mejilla a modo de saludo-. ¿Te puedes creer que se le parece muchísimo a ella? Por lo que he visto hasta el color de pelo…

- ¿En serio? – arqueó una ceja-. ¿Yamato sigue vivo?

La respuesta del castaño fue reírse mientras que empezaba a sacar las cosas, dejándolas encima de la encimera para que ella fuera comprobando que estaba todo. Lo cierto es que era una buena pregunta. Debía de haber sido un numerito bueno si es que había sido capaz de asimilarlo.

- La verdad es que mira, le viene bien. Estaba bastante paranoico cuando llegó. Con eso de que por la mañana nadie les dijera nada y que de repente se pusiera de parto… Estaban pasándole por la cabeza un montón de cosas y ninguna buena.

- Nadie puede culparlo – se encogió de hombros-. Después de lo que les pasó la otra vez es normal que todavía le dure el miedo encima. Y te digo yo que hasta que no los tenga a los dos en casa tranquilamente no se va a quedar tranquilo. ¿Apostamos por el tamaño de las ojeras que va a tener mañana?

Sin poder más que darle la razón se giró con los paquetes que más pesaban para poder ir dejándolos en la nevera. Tampoco podía culpar a Yamato, si estuvieran en ellos en ese caso seguramente él sería mucho más agonías.

- Lo que sí que es verdad es que no sé qué empeño tienen los críos de esos dos de intentar matarme de un infarto… Estaba tan tranquila y de repente se me puso de parto.

- Seguro que esto ya te lo han dicho, pero eso te pasa por estar siempre en medio – se apoyó en la encimera, siguiéndolo con la mirada-. ¿O no? Y creo que bien orgulloso que estás de ello…

- Podría ser – acabó por admitir de la que volvía, quedándose frente a ella.

- ¿Mañana vamos a poder ir a verlos? – esperó a verlo asentir, sonriendo entonces y posando las manos en sus costados-. Bien, algo me dice que también quiero conocer yo al nene chiquitín. ¿No les has dicho que Aiko puede quedarse con nosotros?

- Aiko cotiza más que las acciones en bolsa… Se ha quedado con Mimi para que los demás pudiéramos estar más en el hospital.

- Pues… creo que ya te he hecho esta pregunta antes, pero… ¿Sigue Yamato vivo?

Entendiendo perfectamente por lo que ella lo decía, no pudo más que echarse a reír. Sin duda era algo en lo que no se había parado a pensar, ni siquiera cuando los había visto irse a los dos solos para poder ir a buscar a la niña. Sin duda se notaba que era un día en el que la cabeza del rubio estaba centrada en otras cosas.

- De hecho, se fue él solo con Mimi. Se ofreció a llevarla a casa de los Takenouchi para ir a recoger a la niña y luego llevarlas a la casa de ella. A lo mejor al que le han puesto algo en vena ha sido a él – volvió a reírse, inclinándose para poder por fin saludarla tras haber pasado todo el día fuera de casa.

- La epidural se la pusieron a él – contestó, manteniéndolo cerca de ella cuando se separó del beso que acababa de darle-. Oye, ¿te apetece que pidamos la cena?

- ¿Por qué? ¿No tienes ganas de hacer nada? Lo puedo hacer yo…

- ¿Seguro?

- Creo que soy capaz de hacer algo de cena sin mañana salir en los telediarios por haber intoxicado a mi familia entera…

- ¿Seguro? – dejó ir una ligera risa-. No, lo digo porque… Llevo toda la tarde pensando en el restaurante que me gusta… Pero toda la tarde, es que no me he podido ni siquiera concentrar en los papeles del trabajo…

Arqueó una ceja antes de volver a echarse a reír. Solía ser más bien al revés aquello, pero le hacía gracia, especialmente el tono de molestia con el que ella lo había dicho, como si estuviera enfadada consigo misma por ello.

- Me parece perfecto en ese caso – le contestó por fin, llevando una mano a su nariz para darle un leve toquecito-. Te diría que si me lo hubieras dicho antes hubiera pasado yo a por ello, pero algo me dice que no sé si me veo valiente para adivinar qué es exactamente lo que quieres cenar…

- Eh, que llevo un rato con la carta en el teléfono intentando decidirme…

La dejó escabullirse cuando se dio cuenta de sus intenciones de ir a por el aparato para poder enseñarle la carta. Entretenido negó con la cabeza antes de terminar de colocar las cosas y dejarla volver hacia el salón. Sin duda no parecía haberlo echado mucho en falta por la tarde con la dura decisión que tenía delante.

- Tampoco sé por lo que le das tantas vueltas – contestó sin saber lo que ella le iba a enseñar cuando la vio volver-. Si sabes que vamos a acabar pidiendo varias opciones porque lo que no quieras tú me lo voy a terminar yo… - se apoyó mientras tanto, dejando sus codos sobre la encimera-. Que llevo todo el día en el hospital y también tengo hambre.

- Eh, tú. La embarazada soy yo así que te aguantas y si sobra algo me lo quedo yo para por si me entra hambre más tarde… Y no quiero ni media protesta al respecto.

- Jamás me atrevería…