Yamato había terminado por quedarse dormido finalmente en el sillón. En algún momento de la noche se había sentado para poder seguir vigilando desde allí que Sora no necesitara nada y el sueño había podido con él. No fue hasta que empezó a sentir ruido a su alrededor que entreabrió los ojos, encontrándose entonces con que no estaban solos en la habitación y que la doctora estaba revisando a la pelirroja.
Se llevó la mano a los ojos, pasándola por ellos para terminar de despejarse antes de ponerse en pie, llamando así la atención de ambas, acercándose hasta donde estaban, todavía intentando despejarse del todo.
- ¿Todo bien? – fue su saludo antes de colocarse al lado de su esposa donde no molestara.
- Perfectamente – contestó la doctora-. Le estaba diciendo a Sora que en un rato la íbamos a cambiar de habitación para que esté más cómoda.
- Eso suena bien – contestó, asintiendo.
- Y aprovechando que ahora puedo hablar con los dos estaba… La verdad es que he estado hablando con el Dr. Kido – se giró hacia la pareja de tal forma que pudiera ver a ambos- ya que es bastante cercano a vosotros. Y… La verdad es que dada la situación no creo que sea la mejor de las ideas volver a dejarte ingresada tantos días en el hospital. Con una niña pequeña en casa a lo mejor lo mejor para ti es poder irte tranquilamente en un par de días y que sea él quien se encargue de hacerte el seguimiento. Él mismo se ha ofrecido sin que nadie tuviera que decirle algo, se nota que os aprecia mucho a los dos. Yo… Yo me fio bastante de él como para saber que quedarías en buenas manos.
- ¿En casa? – dijo Sora todavía intentando centrarse en lo que estaba escuchando.
- Sí, en casa. La idea es que guardes reposo y que descanses y si él se hace cargo, no veo ningún problema por el que no pudieras hacerlo allí. Estarías mucho más cómoda y yo creo que mil veces mejor acompañada que aquí.
Los ojos de ella se dirigieron a Yamato, quedándose observándolo unos segundos, como si esperara que fuera capaz de entender algo más detrás de sus propias palabras, limitándose finalmente a volver a enfocar a la pelirroja.
- Tienes tiempo para pensarlo, tranquila. Simplemente con que me avises a mí basta ya que soy yo la que tiene que dar la autorización.
El sonido de la puerta de la habitación abriéndose de nuevo llamó la atención de todos, viendo entonces aparecer a alguien del personal del hospital llevando el desayuno para Sora, haciendo así que la doctora retrocediera unos pasos para dejarle paso.
- Desayuna tranquila, luego cuando te cambien de habitación me paso a ver que todo esté bien. En nada te traer al pequeño también.
- Muchas gracias – contestó ella, todavía con el ofrecimiento que ella le había hecho en la cabeza, sin terminar de centrarse.
Dirigiendo sus pasos hacia la puerta bajo la atenta mirada del rubio, se despidió, dejando entonces que le sirvieran la comida. No tardó en escuchar los pasos de él siguiéndola, quedándose a la espera en el pasillo, viéndolo aparecer segundos más tarde tras ella.
- Tranquilo, no pasa nada – agradecida de que se hubiera dado cuenta de la mirada que le había lanzando antes, prefirió calmarlo-. Lo que pasa es que… Bueno, ya sabes que los hospitales tampoco son el mejor sitio para que nadie se quede. Sora está ahora mismo en una situación en la que necesita reponerse, descansar y hacerlo donde más cómoda y tranquila esté… Y sin riesgos de que nadie pueda pegarle nada – recalcó aquellas palabras-. Está bien, pero sí que la he visto con las defensas más bajas de lo que me gustaría para dejarla aquí. Y la prefiero en casa antes que aquí. No te preocupes, no es para preocuparse, pero… ¿Por qué dejarla dónde puede coger cualquier cosa? Jou se ofreció encantado nada más que se lo dije. Va a estar igual de bien en casa que aquí…
- Pero… ¿eso...?
- No te preocupes – lo cortó nuevamente, viendo las caras que estaba poniendo-. Pero se le ha juntado todo y no es el mejor sitio para ella. Y además… creo que no os vendrá mal estar menos tiempo aquí. No tener que andar buscando con quien dejar a la niña y protestando por no tenerla a mano seguro que a ella le sienta de maravilla.
- ¿Y si pasa algo?
- ¿Qué va a pasar? – negó con la cabeza, tranquilizándolo-. La herida va a cerrar igual aquí que allí. Y de todas formas la atenderíamos también como si estuviera aquí - hizo una pausa-. ¿De acuerdo? Háblalo con ella, incluso con Jou si así te quedas más tranquilo.
Continuó observándola unos segundos más, demasiado desorientado con tal noticia al poco de despertarse de un sueño para nada reparador, hasta que por fin asintió a lo que decía, dejando que se fuera de esa forma.
- Gracias – dijo antes de volver a entrar en la habitación, viendo que Sora ya estaba sola y que ni había visto al celador irse-. ¿De verdad piensas intentar comer así tú sola? – dejó ir una ligera sonrisa al verla con el gesto arrugado mirando hacia la taza que le había dejado pensando en cómo poder cogerla sin tirárselo todo encima.
- Tengo hambre… Y una nunca sabe cuánto vas a tardar en volver cuando de acosar a esa pobre mujer se trata…
Arqueó las cejas por la respuesta de ella antes de tener que reírse y admitir que lo había pillado con todas las de la ley, echando a andar hacia ella para poder ayudarla.
- ¿Tienes hambre? - repitió usando un tono divertido.
- ¿Con quién te crees que estas hablando? – fue su respuesta mientras que aceptaba su ayuda para poder acomodarse-. ¿Qué te ha dicho?
- Lo que a ti, que estás mejor en casa… Lo que no sabe es que me ha dado via libre para volver loco a Jou de aquí a que pensemos qué queremos hacer…
- ¿Pensemos qué queremos hacer? – cogió una de las galletas que tenía para comer, mirándola casi que con pena al ver que era una totalmente de las básicas y de siempre-. ¿Tengo esto de desayuno y me preguntas que qué prefiero? – bromeó, levantando la vista hacia él-. No quiero darle Jou más trabajo del que ya tienes y supongo que siempre estaré mejor atendida aquí… Pero…
- ¿Pero?
- Quiero estar en nuestra casa con Aiko… ¿Es ser muy egoísta?
- Yo diría que no – dijo tras observarla sonriendo unos segundos, viendo la cara que ponía, antes de inclinarse a dejar un beso en su frente-. Y si lo es creo que ya te toca serlo tras todos estos años de poner siempre a todo el mundo por delante de ti.
- Es sobretodo por ella… No la quiero teniendo que depender de los demás. Sé que se quedan encantados y que a ella no le molesta, pero… Quiero que conozca a su hermano. No es justo que esté sola y sin poder verlo tanto tiempo… Y la echo mucho de menos – acabó por admitir con resignación-. A los tres…
No podía no darle la razón. Les faltaba Aiko con ellos y eso saltaba a la vista. No solo la niña, sino que como ella había dicho, los digimon también se hacían echar en falta mucho. Y sabía que ahora iban a preferir quedarse cuidándola a ella antes que cualquier otra cosa. La mejor opción para todos era poder estar en casa. No podía negarlo.
- Vale, primero vamos a hablar con Jou, ¿vale? Creo que es él quien debe de tener la última palabra en esto. Me creo perfectamente que haya sido él quien se haya ofrecido, pero vamos a ver qué piensa.
- Me parece bien – le dijo ella, asintiendo-. Además, tiene que venir por aquí a conocer a su ahijado.
- Sí, y me sé de otra pesada que no tardará en venir arrastrando al primero que haya pillado más a mano a hacer lo mismo. Ayer hablé con Mai y Hideki mientras que dormías y creo que se ha vuelto a ir corriendo por toda la sede con la foto de Koji para que lo vean.
- Pues tampoco es tan grave. Cuando nació Aiko todavía lo entendería con esa cara de lechuga que te gusta pasearte, pero creo que ya te han visto lo suficiente con ella como para que no se vayan a asustar por enterarse de esa noticia…
- Eh… ¿cómo que cara de lechuga? – fingió la ofensa.
- Pero una lechuga muy guapa, tranquilo – intentó no reírse, a sabiendas de que le iban a molestar los puntos-. Vas a bajar a desayunar, ¿no?
- Pues…
- No, no, nada de esperar a que alguien venga para que no esté sola. Vete a desayunar Yamato… Y si quieres ir a ver a Aiko y a casa a ducharte traquilamente vete tranquilo que…
- Que nada – negó con la cabeza-. A Aiko me la va a traer luego Mimi para que se vaya con mis padres. Y lo de ducharme, bueno…
- ¿Seguro? – se acercó algo a él, arrugando la nariz ligeramente-. A lo mejor no te vendría mal…
- Eso, tú aprovéchate que estás convaleciente… Mira que cuando vuelva de ir a desayunar no te subo nada de contrabando. Tú verás cómo te quieres portar…
Relajó el gesto para volver a intentar mantener la seriedad, centrándose en terminar de desayunar. Sabía que dentro de poco iban a empezar a llegar algunas de las visitas y que también le iban a traer al pequeño, pero había algo que quería hacer antes de que nadie más pudiera aparecer.
- ¿Crees que es muy pronto para intentar hablar con Aiko y que conozca a Koji aunque sea por videollamada? – dijo levantando nuevamente la vista hacia el rubio.
- Puedo llamar a Mimi, ya sabes que no me da nada de pena despertarla de su rutina de belleza. Si Aiko está despierta ya podemos hablar con ella…
- Llámala cuando vayas a desayunar, sí – asintió.
- ¿Cómo que cuando vaya a desayunar? ¿No tengo derecho a hacer nada hasta que no haya desayunado?
- No, y no acepto discusiones. Mientras tanto seguro que viene la enfermera a comprobar que esté todo bien y puedo darle de comer también al bebé… No quiero que siga quedándose atrás en la lista de gene que lo va conociendo cuando ella debería de haber sido la primera…
Notaba el fastidio en la voz de la pelirroja incluso a sabiendas de que no había nada que se pudiera hacer con aquello. Ella era demasiado pequeña como para poder pasar a un hospital aunque fuera en esas circunstancias. También lo prefería así, pudiendo evitar de esa forma que pudiera contagiarse de algo.
- ¿Llegaste a cenar ayer? – preguntó dándose cuenta del detalle levantando la vista hacia el rubio.
Volvió a arquear ambas cejar, pensativo, ayudándola mientras tanto a que pudiera dar un trago de la taza, a sabiendas de que era lo más complicado. No recordaba demasiado más allá de haberse sentado en el sillón durante un rato y luego lo siguiente que le aparecía en la cabeza era la conversación que habían tenido por la mañana con la doctora.
- ¡Yamato! – protestó ella dándose cuenta de lo que estaba pensando.
- Ya, ya… En cuanto te termines el desayuno voy a desayunar, prometido. Me quedé dormido y se me debió de olvidar…
- Se te debió de olvidar… - repitió.
- ¿Qué? – le tendió la servilleta-. Ayer fue un día cuanto menos movidito, cuando me acomodé se me cerraron los ojos y hasta que me desperté ahora… - se revolvió el pelo con la mano que le quedaba libre-. Pero bueno, tampoco tenía hambre, sino yo creo que me habría despertado.
- Espera que se entere mi madre, verás quién va a irse como poco de la oreja con ella a casa – sonó totalmente seria, a sabiendas de que era una opción más que factible.
- ¿Me estás amenazado?
- Con todas las letras.
