- Está terminando de desayunar, no se ha enterado de que estoy hablando contigo – dijo Mimi mientras que se asomaba a la puerta del salón dónde había dejado a los digimon y los niños distraídos-. Luego cuando vaya a dejarla con sus abuelos subo a verte. ¿Qué tal estás? ¿Harta del pesado de Yamato ya?

- Estoy bien, todavía algo cansada de todo el día de ayer y dolorida. Pero es como la otra vez, el peor día fue el primero. Y a Yamato lo he echado a desayunar hace un rato, tiene que estar a punto de volver.

- Pues disfruta de la paz que te queda porque dudo que tarde mucho en volver, o que te empiecen a llegar visitas.

- No los dejan pasar hasta dentro de un par de horas – contesto divertida-. Pero bueno, él supongo que tendrás razón y así podemos hablar con Aiko y que conozca a su hermano.

- ¿Se lo vais a enseñar por videollamada?

- Pues sí… Quiero que lo conozca lo primero que pueda y que no sea la última porque no la dejen pasar a verlo. No sé si voy a estar aquí todos los días o me voy a ir a casa primero, eso tengo que verlo todavía, pero es que ella tendría que haber sido de las primeras en verlo…

Las palabras de la pelirroja se cortaron, dejando a Mimi a la espera hasta que no tardó en escuchar una nueva voz de fondo. Se rió por lo bajo, comprobando así que su teoria era cierta y que poco había tardado el rubio en llegar de vuelta. Aprovechó para caminar hasta donde había dejado su ordenador y encenderlo mientras tanto para usarlo más tarde y que Aiko pueda ver mejor al pequeño.

- ¿Te das cuenta de lo pesado que eres que no la dejas ni diez minutos en paz? – dijo esperando que pudiera escucharla.

- No te va a contestar porque me llega todavía con la boca llena… - dijo la pelirroja con un tono que sonaba como si estuviera reprimiendo a un niño pequeño-. Te dije que fueras a desayunar en paz.

- Deja de protestar – pudo oír como decía él de fondo finalmente.

- A ver, voy a buscaros a la nena para dejarla aquí tranquilamente con el ordenador que creo que ya ha terminado de desayunar. Os cuelgo y os llamo yo cuando ya la tenga lista, ¿os parece bien?

- Dame diez minutos que ya que Yamato ha vuelto voy a aprovechar para que me ayude a levantarme un momento…

Dando por terminada de llamada, dejó el teléfono encima de la mesa para poder colocar el ordenador encima de la cama y que fuera más fácil para que la niña pudiera alcanzar antes de salir a buscarla al salón.

- ¿Para qué quieres levantarte? – dijo el rubio arqueando las cejas.

- Tengo que ir al baño – dijo con un resoplido-. Estaba esperando a que volvieras porque no me atrevo a ir sola por si me mareo…

- Y por no aguantarme con lo pesado que me puedo poner si me entero – dijo haciendo sonar a broma, aunque ambos sabían que lo decía totalmente en serio.

Se acercó a ella para poder ayudarla a incorporarse, teniendo especial cuidado con los movimientos más delicados, notando como hacía una mueca antes de terminar de quedarse sentada del todo.

- No te me pongas paranoico – le dijo-. Tengo que ir al baño sí o sí, así que tengo que levantarme…

- No he dicho ni media palabra.

- Por la cuenta que te trae – lo amenazó señalándolo con un dedo entrecerrando ligeramente los ojos.

Riéndose por lo bajo esperó a que ella se moviera de nuevo, ofreciéndole las manos como punto de apoyo primero para luego poder cogerla a su lado por la cintura y ayudarla de esa forma a terminar de incorporarse.

- Odio sentirme tan inútil, pero es que tira…

- Tranquila, creo que lo tienes permitido de vez en cuando… - divertido por las caras de protesta de ella, esperó a que la pelirroja terminara de ajustarse a la nueva postura antes de echar a andar lentamente-. Si te portas bien y no protestas mucho por tener que dejarte ayudar igual hasta te enseño lo que te he traído de la cafetería – le dijo acercándose a su oído aprovechando la cercanía entre ambos.

Divertido por la expresión con la que se quedó mirando, hizo el esfuerzo por no reírse ya que sabía que si ella empezaba a hacerlo también se iba a quejar. Prefirió centrarse en continuar en dirección hacia el baño, que él también tenía muchas ganas de poder hablar con Aiko y ver cómo se tomaba el poder conocer al pequeño.


- A ver, Aiko – dijo Mimi mientras que miraba hacia la pantalla del teléfono, leyendo el mensaje que acababa de mandarle Yamato-. Creo que es la vez que tu padre me ha mandado más mensajes en cosa de un par de días desde que lo conozco – comentó divertida antes de dejar a la pequeña acomodarse bien con el ordenador estando ella sentada a su lado-. Aquí los tienes… - comentó mientras que le daba a aceptar a la videoconferencia entrante.

- ¡Mami! ¡Mami! – empezó a reclamar rápidamente la atención de ella, a la cual era a la que más tiempo llevaba sin ver de los dos.

- Hola chiquitina – devolvió el saludo la pelirroja, la cual aprovechó también para dedicar una sonrisa a su amiga al verla por detrás de la niña-. ¿Qué tal? ¿Te has portado bien?

- Ella siempre se porta bien – contestó Mimi-. Ha estado desayunando por la mañana con Hiro y Sen mientras que recogía por aquí, ¿a que sí Aiko?

- ¿Y el nene chiquitín? – preguntó la pequeña buscándolo con la mirada haciendo que su madre ampliarse la sonrisa.

- Pues el nene chiquitín tiene muchas ganas de conocerte – contestó ella entonces levantando la vista.

Yamato se había quedado a su lado con el niño en brazos para poder dejarla a ella manejarse mejor con la pantalla del teléfono, aprovechando así para escuchar la conversación dejando a Sora ocuparse ella de la niña unos momentos hasta que escuchó la pregunta de ella. Le sacó una ligera risa antes de cruzar una mirada con la pelirroja y acercarse entonces, sentándose al lado de ella.

- A ver cómo nos arreglamos – murmuró, todavía maniobrando para ser él quien siguiera sujetando al pequeño y que Sora no tuviera que revolverse demasiado.

- ¡Papi! – lo llamó Aiko al escuchar su voz.

- Voy, voy tortuguita… - alargó el brazo libre para poder coger el teléfono por fin-. Mira quien está aquí también – no llegó a apuntarse, sino que enfocó por fin al bebé, el cual estaba completamente dormido tras haberse acomodado entre los brazos de él después del desayuno.

La respuesta que tuvieron por parte de la pequeña fue el silencio, quedándose mirando hacia el recién nacido fijamente. Los ojos de ella lo observaron atentamente, como si fuera la primera vez que veía algo tan pequeño. No era el primer bebé con el que se cruzaba, pero sin duda, no todos los días podía conocer por fin a su hermano pequeño.

- ¿Qué te parece? – le preguntó Sora, quien estaba observándola casi que con la misma atención, esperado alguna respuesta, dándole su tiempo a pesar de todo.

- ¡Eh! – un tercera voz se hizo notar, asomando entonces un pequeño cuerno dorado por detrás de Mimi.

- ¡Quita! – el motivo de la protesta que habían escuchado se hizo notar, dejándose ver Biyomon, quien había apartado a Gabumon -. ¡Es igual que tú! ¡Sora! ¡Es igual!

- Eh, eh, calma vosotros dos – dijo Mimi, intentando poner calma, queriendo dejar que la pequeña fuera la que pudiera estar más pendiente de la llamada.

- ¡Es igual que ella!

- ¡Que me dejes ver!

- Shh… - intentó apartarlos sacudiendo la mano, señalándoles a la niña con la cabeza, consiguiendo así que se dieran cuenta.

Ajena a lo que pasaba a su alrededor, Aiko se había acercado a la pantalla para poder observar mejor al bebé que dormía en brazos de su padre, casi como si lo estuviera viendo en directo, atenta a cada detalle, olvidándose de lo que parecía pasar a su alrededor, incluso de que sus padres estaban esperando por ver algún tipo de reacción por su parte, no al menos hasta que de repente pareció reaccionar, arrugando el gesto.

- ¿Aiko? – volvió a preguntar su madre, notándole el disgusto en el gesto-. ¿Qué pasa chiquitina? – hizo una pausa, de nuevo esperando a que ella dijera algo, sin conseguirlo-. ¿Nena?

- ¿Por qué no puedo ir yo? – acabó finalmente por decir.

La pelirroja no pudo más que dejar ir una leve risa al entender por fin el motivo de las caras que estaba poniendo la pequeña, cruzando entonces también una mirada con el rubio, quien estaba haciendo lo mismo que ella.

- No puedes venir porque no es bueno para los niños pequeños venir hasta aquí – le contestó su padre-. Pero no te preocupes porque en nada vas a poder estar con nosotros y verlo a él también.

- Pero yo quiero ir… - aumentó más el puchero.

- Aiko, chiquitina, en cuanto nos dejen volver contigo iremos. Primero tienen que asegurarse de que tu madre y Koji están bien del todo, ¿vale? Cuando vayas a irte con tu abuelo aprovecharé para ir a verte yo un rato…

- … - no dijo nada, manteniendo el gesto.

- ¿Vale tortuguita? - insistió.

- Vale papi… - acabó por hablar por fin, volviendo a mirar de frente hacia ellos.

- Nosotros también tenemos muchas ganas de verte, pequeña – le dijo su madre-. Y él de conocerte… Es el que más ganas tiene de verte – sonrió-. Serán solo unos días, te lo prometo, luego vas a poder tenerlo contigo todo lo que tú quieras.

- Sí mami… ¡Se ha despertado! – pareciendo reaccionar del todo por fin, se dio cuenta de que el bebé había abierto los ojos-. ¡Mira mami! ¡Mira!

- Porque te ha escuchado y quiere verte él a ti también – más tranquila por verla cambiar nuevamente a su semblante más alegre, sonrió.

- ¡Hola nene chiquitín! ¡Mira Gabu mira! – empezó a coger la pata del digimon en el cual se había terminado por quedar apoyada.

El bebé, ajeno a todo, sin entender muy bien todavía lo que pasaba, no tardó demasiado en volver a cerrar los ojos y buscar acomodarse en los brazos de su padre, encantado de poder seguir durmiendo. No entendía ni las voces que escuchaba, ni lo que pasaba, limitándose a dejar ir un bostezo.

- Jou y mi doctora han estado conspirando a mis espaldas – le dijo Sora a Mimi, reclamando así su atención cuando la niña y los digimon se hubieron apartado por fin-. Parece ser que tengo permiso para irme a casa tranquilamente si él se hace responsable de mi supervisión… Y como ha sido idea suya…

- ¿En serio? Me alegro entonces de escuchar eso… Con la panda de pesados que estamos dispuestos de acosarte durante todo el día vas a estar mejor vigilada en casa que en el hospital – sonrió-. Es un niño precioso, Sora… Tienen razón los digimon, se te parece muchísimo.

- No me hubiera importado que saliera como su hermana…

- Con dos rubios en esa familia tenemos todos más que de sobra, tranquila – contestó a sabiendas de que Yamato aún la estaba escuchando-. Lo que me extraña es que siga de una pieza…

- Bueno… Más o menos… Sabe que por el momento puede serme útil aunque sea para ir al baño.

- Es lo bueno de tener un astronauta en casa…

- No te rías que luego te duele… Y no aproveches ahora que no me puedo defender – se escuchó de fondo como decía él.

- Supongo que el abuelo tampoco estará demasiado operativo…

- El abuelo está bien. Los dos abuelos… Mis padres supongo que vendrán por aquí no tardando… Tú ven cuando quieras, sé que ayer te fuiste para que pudieran pasar los demás y que yo pudiera descansar…

- Ya, tendría que haber echado a Taichi y a Takeru, pero bueno… Aún les tengo algo de aprecio. Voy a prepararos a la pequeña y después me paso por ahí para verte y que ella se quede con Hiroaki. Ya hablo yo con él no os precupéis.

- Gracias de nuevo, Mimi…