- Es decir, que ya está más que decidido, ¿no? – le preguntó Yamato a la pelirroja una vez que hubieran terminado la llamada.
No esperaba tampoco que fuera a responderle, no al menos con algo más que la ligera sonrisa en los labios con la que lo había mirado. Sin duda la conversación con la niña no podía acabar de otra forma. A él de poco había que convencerlo después de lo que le había dicho la doctora sobre las posibilidades de poder contagiarse de algo teniendo las defensas más bajas por todo lo que había pasado en las últimas horas, pero si para encima Aiko se les había puesto a hacer pucheros porque quería estar con ellos había poco más que él pudiera decir.
- Lo único que me preocupa es darle más la lata de la cuenta a Jou… - fue la primera respuesta hablada de ella antes de volver a bajar la vista hacia el bebé que estaba echado a su lado en la cama.
- Créeme que si aún me sigue hablando a día de hoy no creo que vaya a considerar el echarte un ojo, ahora que de verdad hay motivos, como darle la lata – se encogió de hombros-. Y por lo que sé ha sido cosa de él también… También lo de echarlos a todos ayer para que te pudieras ir a dormir pronto.
- Pues me parece a mí que cierto señorito ha tenido mucha suerte con el padrino que le hemos buscado – alargó el dedo para acariciar ligeramente la mejilla del bebé.
- Sí, no como su hermana, que menuda desgracia le hemos ido a buscar… - se empezó a reír suavemente por lo bajo.
Eran amigos todos de ambos, lo sabía, pero también era plenamente consciente de que todo aquello derivaba por parte de Sora. Ella, de entre todos, siempre se había hecho querer. Él había sido mucho más complicado. Mucho más. Y aunque tampoco lo habían dejado de lado, por mucho que se había esforzado, pero la situación era muy diferente. Recordando que antes le había traído algo a la pelirroja de la cafetería, se acercó hacia la chaqueta para poderlo sacar del bolsillo.
- Estoy casi seguro de que tu madre te va a traer algo de contrabando más tarde, pero por el momento yo creo que te va a servir para pasar el drama – le tendió el muffin, divertido al ver como ella arqueaba las cejas automáticamente-. Qué facil de contentar eres – negó con la cabeza, riéndose, inclinándose hacia ella para dejarle un beso en la frente-. No tiene chocolate, tampoco te me motives tanto, pero algo es algo…
- Lo que no termino de entender es por qué te dejo que me líes para venir contigo siempre… No escarmiento – protestó Hideki mientras que caminaba al lado de Mai por los pasillos del hospital.
- No escarmientas porque tienes la misma gana yo de venir, así que deja de hacerte el digno que ya no cuela después de tantos años…
- Y pensar que había una época en la que todavía me hacíais casi y me teníais un poco de respecto… - intentó sonar resignado.
- No te engañes. Lo que pasa es que se nos daba muy bien disimular. Casi tanto como a ti cuando querías ir de serio…
- ¿Qué habitación era? – contestó para salir del tema en el que estaban sabiendo que llevaba las de perder, distrayéndola de esa forma cuando sacó el teléfono para comprobarlo, viendo que iban por buen camino-. ¿Será muy pronto para que nos dejen pasar?
- No lo creo, sino nos habrían echado antes en recepción. Y sino les decimos que somos dos importantes miembros el programa espacial del país y que trabajamos para el gobierno a ver si cuela…
- Esa última excusa ya se te ha pegado de Yamato…
- Venga, no me distraigas, que quiero conocer de una vez a mi ahijado – aceleró el paso esperando que él hiciera lo mismo mientras que iba pendiente de los números de habitación que iban pasando.
No tardando en encontrar el destino, la piloto llamó con los dedos en la puerta a la espera de que le dijeran si podía pasar. Tenía prisa, pero era temprano y podía ser mal momento para entrar o simplemente podría estar dormida Sora y no quería molestar. Esperó a ver aparecer a su rubio favorito al otro lado antes de sonreír.
- ¿Qué narices estás haciendo tú aquí ya?
- Conocer a mi ahijado, así que hazme el favor de quitarte del medio…
- Y arrastrarme a mí…
Dándose cuenta de que llegaba acompañada del general, Yamato no pudo más que devolverles una sonrisa a ambos antes de apartarse y dejarlos pasar, dando por sentado que la pelirroja los habría escuchado al abrir él.
- ¿Ya le has enseñado la foto que te mandé ayer a toda la sede? – preguntó él siguiendo a la piloto con la mirada.
- ¿Todavía pones en duda las habilidades de Mai? – contestó el general antes de acercarse hacia donde estaba también Sora-. ¿Qué tal estás?
- Bien, gracias… Y gracias por traerlo ayer para que no se nos perdiera por el camino con los nervios…
- Tenía mis dudas de que fuera capaz de acordarse de que hay que arrancar el coche para poder moverlo – se encogió de hombros -. En realidad, salvo por el susto inicial lo vi bastante calmado.
- Eso no es estar calmado para este – dijo Mai-. Es estar procesando la información a su ritmo porque tiene tal ataque de histeria que no se acuerda ni cómo se llama. Pero hoy no he venido a verte a ti, maravilla rubia, sino a mi ahijado…
La pelirroja se rió suavemente por lo bajo sabiendo que Mai tendría absolutamente toda la razón en todo lo que había dicho, señalándole con la cabeza el otro lateral de la cama donde habían dejado momentos antes al bebé.
- Con la herida no es lo mejor del mundo que lo tenga yo en brazos, pero tampoco lo quiero tener lejos – explicó antes de ver como ella se cambiaba de lugar-. Pero está despierto…
La atención de Mai se centró rápidamente en el bebé, acercándose a él para poder cogerlo y asi observarlo más de cerca, sujetándolo contra ella y así dándole algo más de espacio nuevamente a la pelirroja.
- Me caes bien, seguro que ya te has cargado a tu padre un par de veces del infarto con solo verte – le dijo al niño entretenida-. ¿A que sí Koji?
- La verdad es que el parecido es bastante notable – dijo también Hideki mientras que se acercaba a ella para pode verlo también-. Shiori me dijo que seguramente querría venir, pero que no te quería molestar… Ya sabes que es una causa más que perdida a estas alturas.
- Pues ten cuidado no te vaya a echar al sofá por haber venido tú también a molestar – contestó Yamato entretenido, caminando hasta quedarse sentado en el lado contrario del que estaba Mai con el niño, al lado de su esposa.
- No le des ideas…
- Dile que puede venir cuando quiera, que no me va a molestar precisamente ella – le dijo la pelirroja, observándolos-. Aunque lo más cómodo es que espere un par de días y así pueda venir directamente a vernos a casa.
- ¿Un par de días?
- Sí, igual nos dejan que haga la recuperación en casa.
- ¿Has amenazado a los médicos para que os manden primero a casa para tener a Aiko también en casa? – preguntó Mai-. ¿Ya lo ha visto ella?
- Sí – contestó Sora-. Se lo enseñados antes por videollamada. No era justo que ella, de entre todos, fuera a ser la última. Quiere estar ella aquí también… Creo que se distrajo con el parecido al menos, pero al principio estaba bastante disgustada.
Mai sonrió, volviendo a bajar la mirada hacia el niño, observándolo detenidamente unos segundos, dejando que Hideki también pudiera hacerlo. A esas alturas ya no iba tan directa a hacer las comparaciones con el Yamato que durante tantos años había aguantado enfadado con el mundo a su lado. Ahora simplemente podía alegrarse por él, incluso cuando de repente el bebé pareció empezar a protestar y a amenazar con llorar.
- ¿Qué? ¿Ya me vas a hacer como tu padre? – le dijo al bebé, intentando tranquilizarlo sin conseguirlo.
- Yo también lloraría en esa situación – le contestó él, siguiéndola con la mirada al ve que la solución que parecía encontrar la piloto era volver a dejarlo al lado de su madre, la cual no tardó en intentar calmarlo, posando su mano sobre él. Sorprendida, no pudo más que mirarlo sin entender mucho, cuando apenas unos segundos más tarde parecía volver a quedarse calmada, incluso adormilado.
- Digno hijo de su padre – habló tras unos momentos Hideki al ver como efectivamente se había quedado dormido.
- Pues como le haya dado por sacar el carácter de ese de ahí – lo señaló Mai con la cabeza- toda la culpa cae sobre vosotros…
- Eh, para algo eres la madrina. Se supone que es responsabilidad tuya también que nos salga decente.
- Y mira cómo me acabaste saliendo tú… - negó con la cabeza-. Entonces, ¿estás bien? – se dirigió aquella vez a la pelirroja-. Ayer nos hubiera gustado pasar a verte, pero yo mejor que nadie sé lo que es querer descansar en una situación así…
- Estoy bien – asintió-. Ayer yo creo que estaba más cansada de la cuenta por todo en general. Bastante pensaba yo que de repente iba a venir el bebé así de repente. Por la mañana nos habían dicho que estaba todo normal… - hizo una pausa antes de buscar al rubio con la mirada-. ¿Te han dicho algo a ti de por qué fue todo así?
- Pues… Si te digo la verdad… Lo que me dijo fue que con tu historial prefería no dar nada por sentado y que tendríamos que ver cómo iba evolucionando todo – acabó por admitir-. Por suerte, al rato apareció cierto pelirrojillo para evitar que a mí terminara por darme un infarto.
Se encogió de hombros. Por el momento lo único que parecía era que aquello los había pillado a todos por sorpresa y nada más. Y había sido una sorpresa de las buenas. Era lo único con lo que pensaba quedarse por el momento, ya que parecía que no habían tenido más complicaciones, y que tampoco las iban a tener.
- Aunque también existe la posibilidad de que quisiera vengarse de mí por toda la lata que le he dado…
- Pobre mujer… - contestó Mai, quien había estado más pendiente del niño que de lo que decía el padre de éste-. Yo también aprovecharía la oportunidad para ver si me dejas en paz un rato, la verdad, que nos conocemos ya y debes de hacer estado a nada de perseguirla.
- Creo que ha hablado más él con ella que yo – dijo Sora, entretenida mirado para unos y para otros, especialmente para el bebé que ya había vuelvo a quedarse completamente tranquilo-. Por eso igual me quieren mandar para casa primero para no tenerlo por aquí volviéndolos a todos locos.
- Pues los días de baja se los van a dar igual en el trabajo aunque salgas primero, así que lamento decirte que la va a tener que padecerlo vas a ser tú. Yo poco puedo hacer con eso – comentó Hideki, entretenido, mirando hacia unos y hacia otros.
- Oye – protestó el rubio-, ¿te parece que necesitan que te pongas tú también de su parte? Ellas dos solas se valen para tenerme más que a raya, tranquilo. Y no creo que ella lo vea como una carga, ahora mismo le sirvo de apoyo para salir de la cama y para traerle comida, os digo yo que con eso la tengo más que comprada.
- Tampoco creo yo que le fuera a ser demasiado complicado en dar con alguien que le sirva para las mismas funciones. Da gracias a que tienes a Aiko para que te defienda, que sino… Con lo pesadito que te debes de poner…
- Un poco pesadito sí que se pone, pero luego me hace la comida y se me pasa rápido - terminó por decir la pelirroja.
- ¿Veis? Os dije que con la comida la tenía comprada… - sonrió de medio lado como si acabara de ganar un debate de gran importancia.
