- Que sepas que parece ser que tu padre ya ha pasado por el departamento por la mañana enseñando a su recién estrenado nieto de la que iba a informar en la Universidad de que se va a tomar unos días…
Jou estaba sentado en uno de los laterales de la cama con su ahijado en brazos. Hacía un rato que había llegado para poder visitarlos tranquilamente, entretenido al ver los rasgos del pequeño, aunque ya hubiera podido verlo por fotografía.
- Mi hermano dice que os dé la enhorabuena, por cierto – siguió hablando, haciendo así referencia a haber hablado con él y así saber lo que había hecho Haruhiko por la mañana-. ¿Qué tal estás? – levantó la vista hacia la pelirroja.
- Estoy bien – asintió-. Anoche me caía de sueño por las esquinas, pero… Ahora estoy todo lo bien que se puede estar en mi situación – sonrió mirando hacia él-. ¿Cómo no iba a estarlo?
- Ya… - hizo una pausa, observando nuevamente al bebé unos segundos antes de volver a mirar hacia su madre-. La verdad es que debes de haberte quedado contenta. Que te quisieras vengar de Yamato por lo de Aiko puedo entenderlo… Pero tendrías que haber pensado en el resto de víctimas colaterales…
No necesitó explicaciones para entender de lo que le hablaba, empezando a reírse, no tardando mucho en hacer una mueca al sentir el tirón de la herida, pegándole en ese momento la risa también a él.
- Eso vas as tenerlo molestándote unos días, aunque no creo que te cuente nada nuevo – hizo referencia así al anterior embarazo, viéndola negar con la cabeza-. Pero bueno, supongo que te merece mucho la pena.
El pequeño que estaba en sus brazos parecía haberse acomodado con su padrino, el cual estaba todavía sorprendido del parecido que tenía con Sora. Y aunque lo había dicho a modo de broma estaba seguro que absolutamente todo el mundo pensaba como él. Una cosa era que Aiko hubiera salido clavada a su padre, que Daigo fuera un miniTaichi en potencia… Y otra que de repente apareciera un pequeño en aquel mundo con un parecido tan drástico a su madre. El grupo siempre había sido muy unido, eso era cierto, pero más lo era aún que la pelirroja se había ganado su hueco estrella con todos ellos con el paso del tiempo. Decidió dejar al pequeño para que durmiera más cómodamente encima de las mantas antes de volver hacia ella.
- ¿Qué has hecho con Yamato?
- Lo he mandado para casa a que se dé una ducha tranquilamente y se cambie… No me preguntes cómo me las he arreglado para que me haga caso, pero así traía unas cosas que le van a hacer falta a Aiko más tarde.
- Pues así será cómo lo habrás convencido para irse hasta casa… - la observó unos segundos-. Ya me dijo tu doctora que había hablado con vosotros…
- ¿Sobre qué? – lo miró ligeramente confusa, no tardando demasiado en darse cuenta de lo que estaba hablando, asintiendo-. Sí, nos lo dijo por la mañana… Dijo que es mejor que esté en casa por si acaso y que había sido idea tuya para que pudiera irme primero.
- Pues poco más tengo que decir – se encogió de hombros-. Ya sabes que en tu estado actual es mejor que estés bajo vigilancia, sí, pero también que estés cómoda y lejos de todo este entorno..
- Jou, no tienes que convencerme de nada – sonrió-. Sé que tengo que tener cuidado y que es fácil que me pueda contagiar de algo y que en casa iba a estar bien cuidada…
- ¿Ves? Todo ventajas…
- Todo ventajas… - negó con la cabeza, repitiendo sus palabras-. Tienes suerte de que Aiko se nos haya puesto a hacer pucheros porque quiere estar con nosotros y conocer a su hermano. Creo que eso ha convencido hasta a Yamato al momento.
- ¿Así de fácil?
- Pucheros de los grandes y cara de pena… Vete tú a decirle que no a esa cara… - y aunque sonaba como la peor de las excusas estaba siendo completamente sincera-. Pero de verdad que no quiero suponerte ninguna molesta.
- Sora… Es mi trabajo, ¿de acuerdo? Que seas tú y que esta opción sea la que más conviene a todo el mundo es solo una ayuda para que haya podido convencer también a tu doctora. Yo me hago cargo. Fin del asunto. Y dile a Yamato que como se le ocurra tan siquiera tener la idea de hablar conmigo sobre dinero voy a enfadarme mucho con él.
- Pero…
- Nada de peros – negó con la cabeza-. Hablo totalmente en serio y no pienso tener esta conversación también con él. Puedes avisarlo tú ya de entrada.
La pelirroja abrió la boca, tardando unos segundos en volver a cerrarla. Era la discusión de siempre con él, y aunque sabía que estaba siendo sincero y que no lo decía por cumplir, ella tampoco quería aprovecharse de la situación. Sin embargo, en algo tenían que parecerse ellos dos. Y era capaz de entender lo que él estaba queriendo decir. Terminó por posar su mano encima de las de él, sonriéndole.
- Yo le aviso todo lo que quieras, pero lo aguantas tú – esperó unos segundos antes de volver a ponerse seria-. Gracias…
- No tienes que dármelas – levantó la vista hacia ella, contestándole a la vez a sus palabras con una sonrisa-. Lo hago más que encantado. Es más, si quieres puedo dar órdenes médicas serias de que es mejor que no se te moleste para evitarte la eterna ronda de visitas de pesados todos los días…
- Si se me ocurre hacer eso me sé de alguno que te acaba buscando la via legal de hacer que dejes de ejercer…
La respuesta de Jou fue empezar a reír, entendiendo sin muchas más explicaciones de quién hablaba al hacer la referencia a los medios legales.
- En realidad, para hacer algo en mi contra tendría que seguir vivo y no sé yo hasta qué punto lo estará si le presentaste anoche a este señorito…
- Oh está vivo, tranquilo. Es más, me extrañaría que no estuviera al llegar porque ya me llamó hace un rato diciendo que iba a venir a verme antes de entrar a una reunión.
- Eso ya me suena más a él. A lo mejor se está peleando con alguien por los pasillos para ver quien llega primero…
- ¡Que no me hagas reír! – alargó la mano para darle ligeramente con ella cuando el último de sus comentarios hizo que le entrara la risa de nuevo.
Taichi llegó a la recepción del hospital con aire distraído. Había querido aprovechar que tenía un rato libre entre reuniones para poder pasarse por allí y no tener que dejarlo para última hora en el día y así no tardar tanto en volver a casa. Suponía que era también solo cuestión de tiempo que empezase a llegar por allí todo el mundo a saludar por allí, especialmente los que ayer se habían tenido que ir.
Se acercó hacia el ascensor, pendiente de su propio teléfono, atendiendo unos mensajes que acababan de llegarle, llamando y quedándose a la espera mientras tanto.
- ¿En serio? ¿Solo nos cruzamos en los hospitales? – una voz conocida lo hizo levantar la cabeza, desorientado.
Lo había pillado completamente distraído y, de entre todos los que hubiera esperado encontrarse en aquel momento e incluso en aquel país, era uno de los últimos que se le ocurrirían.
- ¿Dr. Konoe? – preguntó una voz ajena en inglés, dándole unos segundos más para volver al mismo planeta, atando cabos cuando lo escuchó contestar que se adelantaran sin él, fijándose entonces en que no estaba solo y que tampoco iba con la bata blanca.
- Perdona… Me has cogido completamente ido… - se excusó-. ¿Qué estás haciendo tú en Tokio? Podrías haber avisado, Ryo.
- Se te nota – devolvió la mirada hacia Taichi tras haber seguido con ella unos segundos a aquellos que lo habían estado acompañando-. Solo estoy de paso, tengo un par de conferencias y no voy a tener tiempo casi que de salir de estas paredes. Tendría que haber avisado también a Evans pero no hemos podido ponernos de acuerdo. Es más no he sabido gran cosa de él…- hizo una pausa-. Pero verme a mí en un hospital no es lo importante, ¿qué haces tú aquí? ¿Está todo el mundo bien? ¿Koemi?
Asintió a lo primero, terminando de atacar cabos. Sin duda no debería de parecerle extraño cruzárselo en un lugar así, aunque fuera en el país equivocado. No había vuelto a verlo desde que lo había atendido en Londres y, a aquellas alturas de su vida, podía decir que era la vez que más se había alegrado de verlo.
- Koemi está bien – contestó, dudando unos segundos antes de contestar a la otra pregunta que le había hecho-. Tranquilo. Estamos todos bien, es más, algunos mejor que otros – observó el gesto de no entender sus palabras de él -. Es Sora, venía a verla a ella. Ayer se puso de parto y está en la planta de maternidad. Posiblemente por eso tampoco hayas sabido de Andrew, es bastante probable que esté siendo arrastrado por medio Tokio todavía ahora.
Era un tema que podría considerarse delicado siendo quién era él, pero después de tanto tiempo las cosas deberían de estar lo suficientemente normalizadas como para no crear ningún tipo de situación extraña. Lo único que vio reflejarse en la cara del médico fue la sorpresa, al no esperar que ese fuera el motivo de la visita del embajador en el hospital.
- ¿Está bien?
- De maravilla. Y el niño ha tenido la brillante idea de ser una fotocopia de ella, así que…
- Es el segundo, ¿no? No me mires con esa cara – se rio al ver la expresión en la cara de él-, ni que fuera información clasificada. ¿Te que tenemos unos cuantos conocidos en común?
No era complicado de saber. Ni siquiera había preguntado, era algo que ya hacía tiempo que no iba con él, pero en alguna de las ocasiones que se había cruzado con conocidos en común alguien había mencionado algo de manera casual. Tampoco hubiera necesitado investigar demasiado, no hacía mucho tiempo que una noticia había llegado también a la prensa londinense. Había pasado totalmente desapercibida para casi todos, mientras que él poco más y se había tirado el café por encima al verlo una mañana cualquiera en entre las revistas del hospital. Podría haber dicho precisamente que se había enterado al leer algunas noticias en la prensa, esperar a ver la cara que ponía él, pero era algo que tampoco iba con él.
- Cierto, como te has ido a la otra punta del planeta se me olvida…
- Con lo que debes de viajar por todas partes tú, todavía tiene gracia que se te olvide. Pues me alegro de que esté bien. De que estén bien los dos – hizo referencia al niño-. ¿Y tú?
- Como siempre, de hecho dentro de no mucho nos va a llegar el segundo a nosotros también.
- ¿Por qué no me parece extraño? ¿Hasta para eso os tenéis que poner de acuerdo? Pues enhorabuena – bajó la vista hacia el reloj-. Tengo una conferencia y se me va a hacer tarde. Salúdala de mi parte, ¿quieres?
- Lo haré -asintió-. Y de verdad que seguro que es cosa de tiempo que Andrew llegue por aquí, así que si quieres aprovechar para saludarlo a él también avísalo. Ayer tuvieron que irse porque ya éramos muchos y teníamos que dejarla descansar a ella, pero no tardarán en llegar.
- Gracias – asintió-. Me alegro de haberte visto – le tendió la mano a modo de despedida-. Aunque sea también dentro de un hospital, me gustan más estas condiciones que las de la última vez.
- La última vez mientras que me firmabas el alta tampoco tengo demasiada queja – apretó su mano, asintiendo-. Y si tienes tiempo, avísame.
Asintió a las palabras de él antes de seguir los pasos de aquellos que hacía un rato lo habían acompañado dejando al embajador solo, viendo entonces que la puerta del ascensor volvía abrirse sin haber estado pendiente de las veces que lo debía de haber hecho ya mientras que estaban allí.
- ¿Qué haces ahí con cara de besugo? – le dijo la voz de Jou-. ¿Ese que se va por el pasillo no es…?
- Es – asintió.
- Es verdad, la conferencia… Bueno, da igual, sube – le dio un toque en el brazo para terminar de espabilarlo-. Está Sora sola, así que haz algo de utilidad y vete a hacerle compañía por si necesita algo.
