- ¿Y qué me quieres decir con eso? – dijo Koemi mientras que sujetaba el teléfono en la mano distraídamente colocando los papeles que había estado revisando aquella mañana.

- ¿No me has estado escuchando? – le contestó Taichi al otro lado de la línea.

- Sí, pero me perdí en el descanso entre la segunda y la tercera temporada de lo que te estás montando en la cabeza. ¿Me quieres decir que te hayas encontrado a un médico en una conferencia en uno de los hospitales más reconocidos del centro? De verdad que sigo sin terminar de entenderte…

- Ya lo veo ya…

- A ver, entendemos que el drama viene de que te lo hayas encontrado mientras que sigue Sora por ahí. Pero contando que probablemente a nadie le importe lo uno o lo otro, especialmente a Yamato que estará muy ocupado babándose encima con el nuevo pelirrojo de la familia… Creo que sigo necesitando que me expliques el drama – esperó, dejando que el silencio fuera la mejor respuesta que él pudiera darle-. Venga, ahora gruñe y dime que por qué siempre tengo que tener la razón…

- ¿Para qué?

- Y hazme el favor no irte al rincón con el marido de Haru a montar la cuarta temporada, que nos conocemos ya… ¿A qué hora vas a venir por aquí?

- Te aviso, pero yo creo que tengo para largo hoy.

- Vale, don embajador importante. Avísame y te digo qué es lo que he hecho al final… Saluda a Sora de mi parte, ¿quieres?

Despidiéndose de él, posó el teléfono encima de la mesa, quedándose distraída sin volver a centrase en los papeles. Lo único raro de todo aquello era la coincidencia ya que cada uno estaba en un país diferente, pero todo lo demás tenía perfecto sentido. Le hacía gracia lo fácilmente que se podía revolucionar Taichi cuando algo con lo que no contaba aparecía de repente y la imaginación que era capaz de sacar a relucir. Tampoco podía culparlo del todo después de todo lo relacionado con aquel tema, pero, a aquellas alturas de la vida, estaba completamente segura de que no iba a ser el caso de que nadie tuviera que preocuparse.

Sin embargo, también conocía a Taichi como la palma de su mano. Y el silencio que había quedado camuflado como estar a punto de darle la razón, sabía perfectamente que había sido por otra cosa. Podría apostar todo lo que tenía a que parte de todo aquello derivaba directamente de cierto artículo que había salpicado la prensa no hacía todavía un año. No le había dicho porque prefería hacerlo con él delante para ver la cara que ponía. Estaba prácticamente segura también de que con o sin todo aquello la situación iba a ser exactamente la misma, pero como ya había dicho, lo conocía como la palma de su mano e iban a tener al menos para un par de días.

Terminó por reírse ligeramente, cogiendo aire para luego soltarlo lentamente y poder volver a intentar centrarse en lo que tenía delante de ella.


- Ya me parecía a mí que tardabas mucho en asomar por aquí – dijo al pelirroja al ver aparece por fin a Taichi-. Jou estaba haciendo tiempo para no dejarme sola…

- Lo sé, me lo crucé abajo – explicó, acercándose hacia ella-. ¿Estás sola?

- Sola, sola – asintió-. Hace un poco que se lo ha llevado la enfermera para que pudiera dormir tranquilo. Ya te he dicho que tardabas mucho en asomar por aquí…

- Bueno, ya tuve el privilegio ayer. Tendré que conformarme ahora con tener que aguantarte a ti sola – se acercó hasta ella, aprovechando para observarla-. Tienes mejor cara que ayer.

- No creo que eso sea demasiado complicado… Estaba cansadísima, pero bueno, es que cuando tu viniste a verme al trabajo ya llevaba bastante rato levantada y de un lado para otro. Eso sin contar que no había quien durmiera todos estos días…

- Claro, después de darme a mí el infarto reglamentario ya te puedes echar a dormir en paz. ¿Yamato?

- Tiene que estar al volver, a no ser que se haya encontrado con Mimi que traía a la niña con ella para que se pudiera quedar con sus abuelos.

- ¿Y tus padres?

- Más de lo mismo – se encogió de hombros.

- Entonces puedo aprovechar para tenerte monopolizada un rato – comentó, caminando hacia la ventana de la habitación, quedándose mirando unos segundos hacia fuera-. ¿Sabes a quién me acabo de encontrar en el hospital?

- Pues… si me lo preguntas es porque tiene que ser alguien conocido – le contestó tras estar observándolo unos segundos, estudiando así su comportamiento-. Pero te recuerdo que por el momento adivina no soy…

- Oye, con la imaginación que sabes tener cuando quieres… - se giró, quedándose apoyado en el alfeizar de la ventana-. Ryo. Parece ser que hay una conferencia internacional y participa. Me lo crucé cuando iba con un grupo de gente.

Se quedó mirando hacia ella, viéndola arquear las cejas a modo de respuesta a lo que acababa de decirle. Sin duda, era lo más lógico para todos, no contaban con verlo en la ciudad ya que lo que sabían de él era que seguía en otro continente. Pero, al contrario que él, tampoco tardó en relajar nuevamente el gesto.

- Bueno, la verdad es que no sería la primera vez que me lo cruzo en un caso así… Me lo encontré en San Francisco también porque estaba de conferencia. Oye, con todo lo que ha sacrificado y trabajado durante todos estos años ya te digo yo que se ha ganado estar en estas cosas… La que está fuera de fechas donde no le toca soy yo.

Y hablaba con el poco conocimiento de causa que había llegado a ver años atrás en los que habían estado juntos. Estaba completamente segura de que para la edad que tenía, haber recibido una oferta para trabajar en uno de los hospitales más prestigiosos de otro país no era algo que ocurriera todos los días. Sabía que era muy bueno en lo suyo y precisamente tener a Taichi ahí era prueba de ello.

- Me preguntó qué hacía aquí y le dije que venía a verte. No te importa, ¿no?

- Claro que no – negó con la cabeza-. Encontrarlo a él en un hospital no es lo raro, es normal que te pregunte. Espero que no se cruce a Andrew de sorpresa también porque si me vienes tú con esa cara a él va a volver a darle un infarto como cuando nos lo encontramos en Londres…

- ¡Eh! – protestó.

- ¿Qué? Si me llegas a mí con semejante cara de susto a saber con la que lo habrás mirado a él…

- Pues… me pilló totalmente distraído… Me dijo que te saludase de su parte.

La pelirroja contestó a aquello último con una ligera sonrisa, quedándose mirando hacia su amigo, pensativa. No había nada de lo que pudiera acusar a Ryo ahora que había pasado el tiempo. Durante años se había excusado en que él la había ignorado hasta el punto de que ella había preferido continuar con su carrera antes que con él. Pero el tiempo había acabado dándole otra perspectiva. Nadie más que ella había tenido la culpa de todo. Sin duda él estaba demasiado centrado en su trabajo, pero también lo estaba ella. Nunca había dejado de estarlo. Al igual que tampoco habia dejado de estarlo Yamato y con ellos dos las cosas sí que habían funcionado con una facilidad que todavía a día de hoy la extrañaba.

Sin duda el problema no había sido Ryo.

Ella lo sabía perfectamente. Y aquel que estaba con ella mejor que nadie. Mejor que nadie.

- La cara de susto que me traes no tendrá nada que ver con el maldito artículo ese de hace meses, ¿verdad? – se quedó mirando hacia él, viéndolo delatarse por la forma en la que se quedó mirando hacia la nada-. Oh… Venga ya. Me la juego a que si lo ha leído lo más seguro es que le haya entrado la risa. Y no precisamente por no creérselo…

Estaba la opción de reírse porque por fin alguien se hubiera dado cuenta, la de que no había por dónde cogerlo tampoco, o la que implicaba también a Yamato y lo complicado que iba a tener pasar por debajo de las puertas. Y todas ellas eran opciones posibles que podrían provocarle un buen ataque de risa.

- Si no se dio cuenta en su día cuando era real… Si no se dio cuenta entonces… O si no se quiso dar cuenta entonces, más bien, poco le va o le viene todo eso. Creo que estaría entre los que querrían una copia firmada. Eso si es que tiempo que perder con esas estupideces, que conociéndolo, ya te digo yo que no.

También era la otra opción más probable. La única opción de que hubiera leído algo estaría relacionada con que hubiera visto los nombres y le hubiera llamado la atención. Pero contando que dudaba mucho que estuviera leyendo algo relacionado con ese tipo de información las probabilidades se hacían mínimas. Y más viviendo en otro país.

- Con lo cotilla que es la gente aquí, vete tú a saber si no le quemaron a él también el teléfono nada más salir la noticia…

- ¿Y qué más da? No te me vayas a poner otra vez nervioso por esas cosas, que ya habíamos quedado en que se podían ir todos a tomar viento fresco. Absolutamente todos. Y si ahora le apetece estar leyendo cuentos de viejas cotillas, casi que me alegro porque así se habrá desenganchado un poco de tanto trabajo. No te me pongas otra vez especialito con el tema, ¿quieres?

- No me pongo especialito – se terminó por despegar de la ventana, caminando hacia ella para poder sentarse a su lado-. Creo que se llama bipolarizar.

- Pensaba que ibas a decir que se llamaba "hacerse mayor" – sonrió al verlo acercarse.

- Iba a hacerlo, pero si digo eso o "madurar" estoy seguro de que me ibas a desmontar la teoría con un par de puñales en cosa de segundos, así que ¿para qué intentarlo? – la observó más de cerca entonces-. Sigues estando algo blanchucha, que lo sepas.

- ¿Sabes que Jou ha dicho que él se hace cargo de mi seguimiento y así puedo irme a casa mucho primero? – cambió el tema radicalmente-. Dicen que es mejor para mí y… Y yo quiero irme a casa para tener a Aiko conmigo.

- ¿Y Yamato qué ha dicho?

- Aiko le ha puesto pucheros, tranquilo, lo tenemos bajo control. Que cómo va a poder ella cuidar al nene chiquitín sin estar con él…

- ¿Sabes que es lo peor? Que en el fondo me da pena el nivel de manipulación sentimental a la que lo tenéis sometido…

- Pues al mismo que a ti, que no engañas a nadie – esperó a ver como se reía, contenta por ver como se había olvidado del tema anterior con facilidad-. Aunque también te sirve de ejemplo para que sepas lo que te espera dentro de unos meses.

- ¿Dentro de unos meses? A Daigo se le dan peor los pucheros y al final al que le caen las culpas a mí, pero ese enano ya hace lo que le da la real gana conmigo desde siempre.

- Como para no…

- Ya me parecía a mí raro que no hubieras asomado tú por aquí hoy también – dijo la voz de Yamato, reclamando así la atención de ambos para que se dieran cuenta de que estaba apoyado en la puerta, llevando con él la pequeña mochila con las cosas de Aiko que había ido a buscar.

- Lo raro es que tú te hayas dejado engañar para irte a casa…

- Porque no ponía en duda que no fuerais a estar haciendo cola para que os dejaran pasar a verla – caminó hacia ellos, posando las cosas-. ¿Ha venido Jou al final?

- Sí, hace un rato que se fue. Y al peque se lo ha llevado la enfemera hace un rato.

- Bueno, será para evitar que aquí don importante pueda pegarle algo…

- Con el apellido que va a tener que llevar el pobre niño creo que ya se ha quedado inmunizado para lo que le queda de vida…