- Que sepas que ya me han dicho que te has pasado por todo el departamento dando la lata con tu nieto…

Hacía un rato que habían llegado ya los padres de Sora, habiéndose entretenido más de la cuenta por el camino a causa de los papeleos que había tenido que terminar de hacer el profesor y que había tenido que volver luego a recoger a Toshiko. Cuando ellos habían llegado habían tenido la suerte de que Koji hubiera vuelto a los brazos de su madre al ser la hora de una de sus comidas, pudiendo así ver al pequeño, quien ahora estaba en brazos de su abuelo.

- ¿Qué otra cosa esperabas que hiciera? Tampoco les di oportunidad a que ninguno me preguntara si era algo que todavía dudabas…

- No se me pasaría por la cabeza – se acomodó algo más, quedándose al lado de Toshiko, la cual estaba observándolos-. Lo bueno de tener un goteo constante de visitas es que consigo que Yamato no se pase el día aquí pendiente de si se me ocurre estornudar tan siquiera…

- Déjalo. Bien que hace… Y de buena gana además… - dijo su madre.

- Lo sé, lo sé. Pero no me gusta tampoco que se agobie tanto él solo. Por ahora he conseguido que fuera a casa a ducharse y cambiarse… Y por la cara con la que volvía le ha debido de sentar de maravilla.

- Con los sustos que le pegas tampoco podemos culparlo. Ayer estaba que se subía por las paredes porque nadie le terminaba de decir nada. Llegó más blanco de lo que ya es, pero claro, ¿qué le vas a decir? Menos mal que lo trajeron…

- Sí – asintió la pelirroja-. Con los disgustos que le doy cuando se despista mejor tenerme bajo vigilancia… Aunque creo que esta vez le va a costar muy poco salirse con la suya.

Cuando sus padres habían llegado y para evitar problemas de exceder el máximo número de visitas a la vez, Taichi había decidido irse, aprovechando entonces Yamato para acompañarlo y dejarla a ella tranquilamente con Haruhiko y Toshiko. Tendría todo el tiempo que quisiera para estar con Sora y el pequeño más adelante.

- Bueno, contando que estás bien vigilada aquí dudo yo que te vaya a perder mucho de vista, hija – le dijo el profesor, girándose hacia ella y dejando de mirar hacia el bebé.

- Por poco tiempo – sonrió, viendo así la cara de sorpresa de sus padres-. Dicen que es mejor que me vaya casa. Jou se ha ofrecido a responsabilizarse de mi seguimiento. De hecho ha sido cosa suya… Parece ser que él y mi doctora han estado hablando y han llegado a la conclusión de que estoy mejor en casa.

- ¿Mejor en casa? – preguntó su padre, confuso.

- Porque tras la intervención es fácil que pueda contagiarme de cualquier cosa y más en los tiempos en los que corren… En casa estoy mejor…

- ¿Y Yamato no ha montado el drama?

- No – negó con la cabeza, entretenida-. Primero porque se fía de Jou a ciegas… y segundo… Segundo porque hoy por la mañana le hemos enseñado a Koji a su hermana y se nos puso toda triste diciendo que quiere estar con nosotros y conocerlo… Que por qué no puede venir ella también…

Las cejas de Toshiko se arquearon unos segundos antes de que la mujer volviera a relajar el resto, dejando ir una leve risa entendiendo entonces la facilidad con la que habían llegado todos a un acuerdo tan cómodo como aquel.

- Pobrecito mi yerno, manipulado totalmente por una minifotocopia suya… - bajó la vista hacia el niño-. Pobre de él cuando a ese chiquitín clavado a su madre abra la boca para decir algo…

- Pobre Yamato – dijo Haruhiko.

- ¿Ahora lo defiendes? – preguntó Sora, entretenida.

- Claro que lo defiende. ¿No ves que él va a estar igual? Que lleva con la baba colgando desde que vio a quién se le parecía el niño…

La pelirroja tardó unos segundos en empezar a reírse nuevamente, intentando hacerlo con sumo cuidado para evitarse los tirones nuevamente, entretenida con la cara de resignación que había puesto su padre. No era algo que tuviera que ver con que de repente Haruhiko fuera a tener un favorito entre sus nietos, era fácil de entender. Él se había perdido completamente toda la niña de Sora por estar en Kioto, ahora además de Aiko, había alguien más en la familia con un parecido más que notable a su madre.

- Con un poco de suerte ahora ya no tenemos que aguantarlo todo el día discutiendo con Hiroaki…

- ¿Tú crees? – le dijo a Toshiko-. Porque estos dos son capaces de querer acaparar a los dos a la vez…

- Más que capaces, pero bueno, siempre estaré yo para asustarlos a todos y quedarme con ellos. A Hiroaki lo espanto rápidamente con un par de malas miradas y mandándolo con los demás nietos que tiene, y tu padre para este tema me da la razón. Así que todo arreglado.

- Mamá, papá te da la razón con todo porque sabe a lo que se atiene sino…

El profesor cruzó una mirada con su hija, sin molestarse tan siquiera en contradecir las palabras de ella, haciendo que volvía a centrarse totalmente en su nieto.

- Pocos son los valientes en llevarle la contraria a Toshiko Takenouchi… - acabó por decir al final.


Yamato guardó el teléfono en su bolsillo, habiendo estado hablando con su hermano para ver cuándo podían ir hasta allí para que Hikari pudiera conocer al niño ya que el día anterior no habían tenido ocasión.

- Dice que viene por la tarde – explicó cuando volvió a mirar hacia su amigo-, que le den a los dos enanos a tus padres y listo.

- Ya me ha dicho Sora que os vais para casa en nada, así que al resto de gente podéis decirles que esperen y que no os anden mareando…

- Eso díselo tú a doña "buena cara así me esté muriendo" – se encogió de hombros-. Las visitas no nos molestan, Taichi. Ni siquiera tú, fíjate…

- Mira que le digo a Mimi que venga a hacerle compañía a Sora toda la tarde…

- Mimi… - hizo una pausa, cogiendo aire y soltándolo lentamente-. Por mucho que reniegue de ella tengo que admitir que le debo una por ofrecerse a quedarse con Aiko y arreglarse con mis padres para que vengan a buscarla…

El embajador se rió. Tenía mejor relación con Mimi, sin duda, pero porque solía ser menos víctima de los ataques de ella. Se libraba por los pelos y porque en vez de ponerse rojo hasta las orejas se las solía devolver que daba gusto. Yamato iba entrando en el juego desde hacía ya una temporada, pero les quedaban todavía unos cuantos años que arreglar por el camino.

- Ya me parecía a mí raro que ayer la hubieras estado paseando tú por Tokio y que los dos sigáis de una pieza.

- Eso fue porque no nos pilló ningún atasco, no te engañes – lo miró, entretenido, antes de cambiar el gesto a algo más serio-. ¿Te ha dicho Sora más de lo de que nos mandan a casa?

- Poca cosa, ¿por?

- Me han dicho que tienen miedo de que pueda coger aquí cualquier cosa y que en su situación está mucho mejor en casa. También ayer me dijeron que cuando llegó tenían sus dudas de que no hubiera algún problema más serio que hubiera derivado en que se le adelantarse el parto – vio aparecer de repente la sorpresa en la cara de Taichi-. Se supone que el principal problema que podríamos tener era que se repitiera lo que le pasó cuando esperaba a Aiko. Eso derivaría en una situación más complicada y que la pérdida de sangre pudiera a ser realmente peligrosa… Por eso la idea de tener el parto de forma natural estaba totalmente descartada y hasta habíamos barajado la opción de que fuera programado del todo.

Taichi lo miró sorprendido. No era algo que realmente no supiera, pero no hasta ese punto de detalle y esa información de repente le llegó como si le hubiera dado un tortazo. No esperaba que de repente fuera a salirle con eso, a pesar de que el riesgo ya no estuviera y que todo hubiera salido bien.

- ¿Por eso estabas tan sumamente aterrorizado ayer?

- Las paranoias que te montas tú en la cabeza no eran nada con lo que me estaba pasando a mí por ella al no saber nada durante tanto tiempo – admitió-. Y si bien es cierto que ella está bien, está muy baja de todo. En casa va a estar mucho mejor…

- ¿Jou?

- Jou… No sé cómo me las voy a arreglar para agradecérselo.

- Creo que lo debe de hacer de buena gana…

- Lo sé – asintió-. Pero de todas formas… Todo lo ha estado pendiente de ella esta temporada y ahora esto…

- Es Jou – resumió como explicación a todo lo demás-. Y es Sora, precisamente una de las que menos se suele dejar cuidar de todos los del grupo y aquella por la que con solo estornudar tiene encima a cinco para comprobar que esté perfectamente. Y sin tener que contarte a ti en la ecuación porque tú tampoco la dejarías llegar a estornudar.

- Y no sabes la rabia que le da eso. Ahora va a tener que darse en la cama, quietecita y dejando que los demás estemos pendientes de ella – relajó nuevamente el gesto-. Verás cuando se empiece a encontrar bien la guerra que me va a dar para estarse quietecita y no hacer nada. Le diré a Aiko que le compraré las galletas que le gustan si me ayuda a vigilar a su madre…

- Con galletas la compras fácil. Y yo que tú probaba eso con la mayor, porque a lo mejor te funciona también…

El teléfono de Taichi hizo que dejase la frase en el aire, metiendo la mano en el bolsillo de la chaqueta para poder ver de quién era la llamada, haciéndole un gesto al rubio para poder atenderla, alejándose unos pasos. Yamato aprovechó para observarlo desde dónde se había quedado, entretenido y curioso hasta cierto punto, con el cambio de todo que parecía haber sufrido automáticamente Taichi nada más atender una llamada del trabajo. No era la primera vez que lo había visto en su elemento, pero seguía llamándole la atención sin duda alguna. Era curioso como alguien tan distraído y poco serio para casi todo en general podía dar semejante giro en cuestión de segundos.

De él había algunos que habrían dicho algo parecido tiempo atrás, pero no era lo mismo. Taichi lo hacía porque simplemente tenía la capacidad de dejar de lado todo lo demás y ponerse lo más profesional que sabía. En su caso, especialmente en algunas épocas, la seriedad excesiva derivaba de sus malos humores. Cuando se le habían ido, lo habían hecho de forma intermitente y por motivos que poco habían tenido que ver con su libre elección.

- Tengo que irme – dijo al cabo de un rato, volviendo a su lado.

- ¿Algún problema?

- No, pero me han adelantado la reunión de por la tarde – se encogió de hombros-. Mejor, así estoy por casa primero y entretengo a la fiera antes de que termine por volver loca a su madre.

- Pobre Koemi…

- Mañana si aún estáis aquí os llamo y me paso si tengo un rato, ¿de acuerdo?

- Puedes venir cuando te dé la gana. Creo que de entre todos debes de ser el único que tiene libertad de ir y venir…

- ¿Incluidos los abuelos?

- Al otro abuelo le va a regular el régimen de visitas mi suegro, te lo digo yo – se rio mientras que decía aquello-. Saluda a Koemi de mi parte, ¿quieres?

- Lo haré – asintió, usando aquello a modo de despedida antes de girarse y echar a andar.