- No sé si quiero saber a qué viene esa cara, la verdad – le dijo Haru a Andrew cuando volvió a dejar su atención en él, viéndolo pendiente del teléfono.

- Sin haberla escuchado, estaba distraído pendiente de unos correos que tenían que llegarle, haciendo recibido entre ellos algunos mensajes. El motivo de que ella hubiera prestado atención a lo que hacía era el gesto de sorpresa que había aparecido en su cara, arqueando las cejas.

- ¿Me estás escuchando? – preguntó colocándose a su lado, devolviéndolo a la realidad-. ¿Ha pasado algo en LA?

- No – giró la cabeza hacia ella, terminando de contestar el mensaje que le había llegado antes de guardarlo en el bolsillo-. Creo que no, al menos – se encogió de hombros.

- ¿Cómo que crees que no? ¿Con esa cara de susto?

- La cara de susto es porque hayan sabido arreglar ellos solos sin que haya tenido que irme corriendo yo al aeropuerto. Volvieron a tener el mismo problema de la semana pasada, pero solo me han mandado el mensaje ahora para confirmar que estaba todo en orden de nuevo.

Imitando el gesto de sorpresa de antes de él, se quedó mirándolo unos segundos, no tardando demasiado en reírse ligeramente ante la cara de no entender de él al verla reaccionar a lo que le acababa de decir.

- ¿Qué te pasa?

- Que hacía falta que fuera yo a meterles cuatro voces para que se dejaran de tanta tontería.

- Luego las de este país tenéis fama de modositas.

- ¡Ja! – se acercó, estirándose ligeramente para dejar un beso en su mejilla-. Tú es que eres demasiado tranquilo…

No se molestó en defenderse tan siquiera de la acusación de ella, poniendo cara de resignación, mientras que posaba la mano en su espalda, primero con la intención de acercársela, pero terminando por usarla para indicarle que ya habían llegado a la entrada que buscaban.

- Anda, vamos, no vaya a ser que todavía se nos haga más tarde – le dio un toquecito, echando a andar hacia la puerta ambos.

- Con un poco de suerte a esta hora no pillamos a nadie por aquí.

- Que te lo has creído tú… Te cambio la frase con que con un poquito de suerte no tendremos que hacer tiempo para poder pasar a verla.

Unos correteos hacia ellos llamaron la atención de la pareja antes de poder llegar a entrar, haciendo que Haru se girase justo a tiempo para ver aparecer de repente a Aiko corriendo para poder alcanzarlos.

- ¿De dónde sales tú? – le preguntó ella a la pequeña, agachándose automáticamente.

- Estamos esperando a que su padre baje un rato para que pueda verlo – la voz de Mimi, desde no demasiado lejos, llamó la atención también de ambos, no habiéndola visto acercarse.

- Es un buen motivo de peso para conseguir que Yamato se despegue un rato. Y uno de los pocos efectivos me parece a mí – volvió a mirar hacia la niña-. Oye, ¿tú has crecido mientras que nosotros no estábamos?

- Claro, ella ya es grande, ¿no ves que ahora tiene que cuidar al nene chiquitín? – le dijo Andrew prestándole también atención a la niña.

La atención de la pequeña se vio completamente atraída por alguien más que acababa de aparecer por la puerta, saliendo corriendo de nuevo, sin motivo alguno. Tampoco fue demasiado complicado adivinar que el que acababa de bajar era su padre y que las carreras de la niña iban directas hacia él.

- ¿Estás de fiesta aquí abajo y no avisáis? – dijo al verlo, acercándose ya con ella en brazos.

- Acabas de eclipsarnos toda su atención, ¿no te da vergüenza? Que llevamos siglos sin verla – le dijo Haru.

- Prueba a venir con la bola de pelo, verás como os hace más caso a vosotros, entretenido, bajó la cabeza hacia la de Aiko, inclinándose para dejarle un beso en el cabello-. ¿Dónde os habéis dejado a los digimon?

- Venían por detrás con Koushiro, Aiko los vio a lo lejos y echó a correr – señaló hacia la pareja con la cabeza-. Así que me vine yo con ella, no tardarán en aparecer. ¿Qué tal está Sora?

- Perfectamente, no ha tenido tiempo ni de aburrirse y echando mucho de menos a esta señorita, claro – pudo ver como la niña levantaba la cabeza para hacia él para quedar mirándolo.

- ¿Y tú qué haces aquí? ¿Eres capaz de despegarte de ella cinco segundos? – le preguntó Haru, sonriendo de forma divertida.

- Me ha echado la enfermera – admitió con resignación-. Y como me habían dicho que estaban al llegar, así aprovecho. Tenían que revisarle los puntos. Me dijeron que en un cuarto de hora o así podía volver, así que vosotros dos si queréis subir…

Era cierto que en aquella ocasión se había permitido no estar tan pegado a ella como la primera vez. Había tenido que preparar más cosas para la niña y luego había cedido con más facilidad para dispersarse. Tampoco era demasiado complicado entender el por qué, a la vista del goteo continuo de visitantes que estaban teniendo.

- Han estado por aquí gran parte del día sus padres – les dijo, uniendo el hilo de sus pensamientos con lo que estaba diciendo-, además de algunos de mi trabajo, Jou y Taichi.

- ¿Taichi otra vez? ¿No lo quieren en su casa o qué? – dijo Mimi.

- Posiblemente no – llegando por fin hasta donde estaban los demás, Gabumon se hizo notar, caminando hasta colocarse al lado de Yamato.

- ¿Qué? ¿Te has pasado desde ayer rondado a Mimi para que te haga cosas de comer?

- Pobrecito, no te metas con él. Yo le hago lo que él quiera, aunque en tu defensa diré que es una de las cosas con las que no me puedo meter contigo – pudo ver como el digimon ni siquiera se inmutaba por los comentarios del rubio.

- Claro que me meto, siempre le echa mucho morro. Mi padre me dijo que ya estaban de camino, así que estarán también al llegar. Vosotros despreocuparos, si queréis subir hacedlo tranquilamente que me quedo yo un rato con Aiko y espero por él. Y yo que vosotros iría pronto porque mis padres también se lo van a tomar con calma, pero el pesado de mi hermano y mi cuñada seguro que quieren aprovechar… - volvió a buscar a los digimon con la mirada-. Y vosotros dos… Vosotros dos ya os sabéis lo que hay, intentad pasar por peluches.

- No – dijo Biyomon negando con la cabeza.

- ¿No? – la miró sin entender demasiado.

- Nosotros vamos a conocer a Koji en persona cuando lo haga Aiko.

Arqueó las cejas, de nuevo, sorprendido por lo que acababa de escuchar, miró a unos y luego a la niña.

- Estuvieron negociando por la mañana después de la videollamada, que no es justo que uno lo vea antes que otro. Una conversación mucho más adulta que las que os tengo vistas a vosotros – dijo Koushiro mirando hacia Yamato y Mimi.

- Podría decirte algo, pero contando que los he visto… Cuando tengo que darte la razón te la tengo que dar – le dijo ella riéndose.


Sora se quedó entretenida, aprovechando que se había quedado sola durante un rato, con el pequeño solo para ella. Llevaba toda la mañana recibiendo visitas y, aunque las agradecía profundamente, ahora que tenía al niño totalmente para ella quería disfrutarlo. Lo observó atenta, recorriendo sus rasgos con sus dedos, acariciándolo con sumo cuidado, viendo como se iba relajando, dejando que sus ojos se cerrasen lentamente, disfrutando de las atenciones de su madre.

- Menuda la que has liado. Entre tu hermana y tú si os habéis propuesto acaba con unos cuantos miembros de la familia lleváis buen camino. ¿Tú has visto a tu abuelo? – sabía que no se estaba enterando de nada de lo que le decía, pero parecía gustarle el sonido.

Le había gustado ver la reacción de su padre. La entendía a la perfección. Sabía que aunque él no dijera nada, era algo que quedaba en su cabeza. Había pasado demasiados años lejos de todo y se había perdido demasiado de la vida de su hija. Ya con Aiko se podía notar lo que pasaba por la cabeza de él y ahora algo le decía que iban a seguir por la misma línea con aquel pequeño pelirrojo que acababa de llegar a sus vidas.

- Y de tu padre mejor no hablamos, porque el pobrecito va a perder toda la fama de astronauta importante con vosotros dos. Y pensar que lo teníamos tachado de rancio… Bueno, lo tenían, porque a mí no me la ha dado nunca… - se fijó en que el niño se había quedado del todo dormido con el sonido de su voz, quedándose observándolo de nuevo.

Por el momento no había hecho mucho más allá de dormir y come, no había dejado todavía notar su carácter. Podría decir que parecía ser tan tranquilo como su hermana, pero era pronto todavía para saberlo.

Ese pensamiento hizo que pensara que Yamato hacía un rato que había bajado para ir a buscar a Mimi así que seguramente estaría ahora con la niña. Tenía muchas ganas de verla. No era lo mismo cuando tenía que pasar unos días fuera de casa porque estaba fuera por trabajo, y otra aquella situación. Tenía muchas ganas de ver como reaccionaba de verdad Aiko al tener a su hermano con ella en casa. El carácter de ella solo hacía pensar que todo fuera a ir bien y que iba a estar encantada.

Esperaba que fuera así. Aunque también le había dado siempre miedo que fuera a tener celos. Llevaba tiempo recibiendo la atención de todo su entorno. Siempre que estaba ella acababa arreglándoselas para que todos estuvieran pendientes de ella. Ahora iba a tener que compartir eso con Koji. No era lo mismo tener a sus primos en casa un rato con los abuelos y ahora tener que vivir bajo el mismo techo con alguien más. Alguien totalmente incapaz de valerse por sí mismo para nada que iba a depender de ellos dos a todas horas. Sobretodo al principio. Tanto Yamato como ella iban a tener que estar pendientes del bebé y le daba miedo como pudiera reaccionar ella. Esperaba que lo entendiera, o que si tenían algún problema, fuera solo cosa de que se fuera haciendo a la nueva rutina.

El sonido de unos nudillos en la puerta reclamó su atención, haciendo que volviera a la realidad y levantara la cabeza hacia ella solo para ver asomar segundos más tarde a Haru. Sonrió nada más verla, llevándose el dedo a los labios para que no alzara la voz, señalando con la cabeza al pequeño indicando que se había quedado dormido.

- ¿Andrew? – le preguntó sin alzar demasiado el tono.

- Pues me dijo que venía ahora… - se encogió de hombros, llegando hasta su altura y quedándose mirando hacia Koji-. Madre mía, te debes de haber cargado a Yamato…

- Justa venganza por lo de Aiko… - se acomodó, teniendo cuidado de no moverse demasiado.

- También, se lo tiene más que merecido. Es muy guapo… - levantó la mirada hacia ella con la sonrisa amplia en el rostro-. Y a ti te veo bastante bien… ¿Cómo estás?

- Encantada con el chiquitín… Y bien – sabía lo que le preguntaba-. Todo lo bien que puedo estar. Me duele si me muevo y no sé quién es más dependiente de los dos, si el bebé o yo, pero… Bien.

- Bueno, así si no te puedes mover podemos aprovechar todos a cuidarte que no nos tienes acostumbrados. En el estudio está todo bien, no te preocupes por nada, ya me encargo yo de todo. Nos pillaste ya en Tokio y creo que vamos a tener una temporada tranquila.

- No te lo crees ni tú – dejó ir una leve risa-. No te preocupes, ya nos vamos arreglando sobre la marcha, Haru. Y si algo tiene que esperar que espere unos días… De hecho, dile a Kaori que haga el favor de no volverse demasiado loca estos días. Que era sí que es minitú.

- Pues contando que a mí me van llamando minitú también, así que esa cadena empieza a ser un poco viciosa… - no se molestó tan siquiera en negar lo evidente.