- Pues a mí me parece buena idea que en cuanto puedas viajas os vayáis al sur – dijo Haru, quedándose sentada en uno de los laterales de la cama de la pelirroja-. Yo me las arreglo más que de sobra en el estudio hasta que estés de vuelta y si alguien tiene alguna urgencia vital pues que se aguante.

- ¿Y si el de la urgencia vital es alguien con una tendencia mucho más alta de la media a perder o desgraciar las gafas?

Ahora que hemos descubierto que sabe enfadarse de verdad e imponerse creo que lo tiene más controlado. Fíjate si será grave la cosa que hoy andaba hasta él con cara de susto porque algo había pasado pero había sabido arreglarse ellos solos sin tener que volver a subirse él a un avión.

- Lo que pasa es que nosotras no le damos problemas y a nosotras no nos gruñe…

- Bueno, eso de que no le damos problemas… Habla por ti – se rio, bajando la vista unos segundos hacia el niño, el cual acababa de hacer un pequeño ruidito-. Y creo que Koji me acaba de dar la razón.

La pelirroja dejó ir una leve risa. Sabía que no estaban hablando en serio, porque evidentemente sí que habían tenido multitud de oportunidades para ver cómo Andrew sabía más que de sobra ponerse todo lo serio que necesitara dependiendo de la situación. Otra cosa era que prefiriese tomarse las cosas de otra forma.

- Claro que te da la razón, no le hace falta ni conocerlo para saberlo – bromeó a pesar de todo-. Cuando vuelva de Tanegashima ya te compensaré por el esfuerzo, avisada quedas. Además, Aiko tendría que empezar al colegio también y voy a tener algo más de tiempo para todo aunque tenga el bebé. Así que no te quiero ni ver asomar por el estudio en una buena temporada.

- ¿Ya me vas a echar? Con lo bien que me lo paso yo fingiendo que soy la dueña y señora…

- Te aguantas. Puedes irte a L.A. a hacer de dueña y señora que ahí seguro que te dejan hacerlo más que encantado – hizo una leve mueca tras dejar ir de nuevo una risa-. Ay, que me duele aún al reírme, que esto tira.

- Eso es por amenazarme – le dijo, echando un vistazo a su teléfono, arqueando las cejas.

- ¿Qué te pasa? – preguntó curiosa al verla, posando su mano encima del bebé, consiguiendo así que dejara de intentar revolverse al caso de unos segundos.

- Nada, Andrew que aún parece que va a tardar un poco…

- ¿Por qué se ha encontrado algún conocido por el hospital? – sonrió divertida al ver la cara con la que la estaba mirando al decir aquello-. Tranquila, no he desarrollado poderes de adivinación por el momento. Lo que pasa es que parece ser que hay una conferencia importante en el hospital y por la mañana Taichi se encontró ya a Ryo bien temprano. Así que conociendo un poco el historial se lo habrá encontrado antes de que le haya dado tiempo a avisarlo.

La castaña se quedó mirándola, terminando de hacer memoria exactamente hasta recordar exactamente de quién le estaba hablando, poner todo en contexto, y entonces volver a alzar las cejas sorprendida.

- Qué cosa más rara ¿eh? Un médico en un hospital… Dile de mi parte al lumbrera con el que te has casado que no le hace falta andar hiperventilando por las esquinas, ya estamos más que informados y que con Taichi más pálido de lo normal me vale ya como numerito del día…

- No es raro que esté en un hospital. Lo que es raro es que justo esté aquí ahora.

- Se llama don de la oportunidad. No te lo vas a creer pero tengo bastante de eso, así que este señorito que todos decís que se me parece tanto debe de haberlo heredado. Pero si alguien está montándose ya paranoias sobre los morros de Yamato… Creo que por el momento está ocupado babeando como para tan siquiera acordarse de quién es.

Y de todas formas, ella seguía pensando lo mismo que siempre le había dicho. Era algo que no tenía absolutamente nada que ver con él y no debería de tener que decir nada al respecto. Quizás, en su momento, podría habérselo dicho, simplemente para que supiera como estaban las cosas y cómo habían sido cuando él no había estado. Peor, era exactamente eso, él no había estado. Se lo había perdido porque él había querido. Por suerte, estaban en un punto en el que ella aún lo entendía todo aquello mejor, y que él también. Y sabía que le daba exactamente igual.

- En todo caso si le entra el drama me quedo con lo de que está ocupado babeando…

- El que me preocupa es Andrew, esperemos que no se le funda el cerebro del todo. Dile aunque sea que ya lo sabemos para que no se esté aterrorizando.

- Voy… - divertida al saber que ella tenía toda la razón, hizo lo que le decía, enviándole le mensaje a su marido antes de volver a mirarla-. No ha venido a verte, ¿no?

- No… Y tampoco creo que lo haga. Una cosa es que nos sepamos comportar como adultos si nos encontramos y otra eso. Es demasiado delicado todo… - se encogió de hombros-. Deja que se entretenga con Andrew que siempre se han llevado bien.


2012

Andrew dejó la carpeta con el proyecto que había tenido que recoger a la vuelta de las vacaciones encima de la mesa de la sala de trabajo en la que había visto a una pelirroja completamente distraída. Tan distraída de la realidad que no lo había visto tan siquiera llegar hasta dónde ella estaba. Ni siquiera tenía los auriculares puestos, simplemente estaba en otro universo bastante lejano.

Cogió una de las bolas de papel que ella misma parecía haber tirado por la mesa, usándola contra ella y acertándole en la frente, riéndose al ver el susto que acababa de pegarle.

- Bienvenida al planeta Tierra, ¿eh? – se quedó mirándola-. Te estás pegando la tarde más productiva del año, ya lo veo…

- ¿Cuándo has llegado? – no se rio por la situación, manteniendo el ceño fruncido.

- ¿De vuelta o aquí? De vuelta por la mañana, te lo dije ayer, pero claro, como no te habías dignado a leerme… Y aquí… Ahora mismo. Vengo del despacho de mi tutora, que tenía algunas cosas que decirme.

- No he estado pendiente del teléfono…

- Ya, ya. Ni de la realidad por lo que veo. Anda, deja eso y ven conmigo, que te llevo a merendar a alguna parte para que te pase lo que sea que te pase. No estarás en tus días, ¿no? Porque esa cara de mala leche hace tiempo que no te la veo.

No le respondía de palabra, chasqueando la lengua, sin demasiadas ganas tampoco de hacerle mucho caso. Llevaba así desde que había despedido a Taichi en el aeropuerto. Una cosa había sido el tenerlo rondando por allí y otra que la hubiera dejado sola ya, con su enfado, sus remordimientos y el ciclo siniestro mental en el que llevaba.

- Venga – escuchó de nuevo la voz de Andrew, viéndolo recogerle las cosas y metérselas en el estuche-. Circulando, que con esa cara casi que me da miedo preguntarte.

No le había costado demasiado convencerla para que fuera detrás de él. Tampoco se la veía demasiado centrada en lo que estaba haciendo y una buena opción siempre era el intentar convencerla con la comida. Dejó apoyada la espalda en el respaldo mientras que la observaba dándole vueltas al líquido del interior de la taza.

- ¿Has pasado las vacaciones sola al final? – preguntó, intentando reclamar así su atención.

- No – contestó de forma vaga.

- ¿No? ¿Has tenido visita? – sorprendido, guardó silencio nuevamente hasta que creyó entender por fin lo que le pasaba-. Ah, claro. Por eso tienes esos morros. ¿Cuándo se ha ido? – de nuevo el silencio fue lo único que obtuvo por respuesta-. Qué raro, si hablé con él el día de Año Nuevo y no me dijo nada…

No insistió todavia, dejándole algo de tiempo, aprovechando entonces que se habían acerco a traer el resto de lo que habían pedido, dejándolo encima de la mesa. Volvió a observar a la pelirroja, intentando ser capaz de hilar algo coherente. La tenía calada, evidentemente sabía que le pasaba algo. Pero le faltaba bastante más tiempo de práctica como para ser capaz de entender lo que pasaba.

- ¿Qué te has pedido? – le preguntó la pelirroja, hablando por fin, esquivando la pregunta que él le había hecho.

- Pues… Lo de siempre – habló con resignación, aceptando el cambio, y dejándola coger su quería, ganando así algo más de tiempo-. ¿Estás así porque no ha podido venir al final? Porque ya lo sabías cuando yo me fui y tampoco se te veía demasiado enfadada por ello. Que no te parezca mal lo que te digo pero casi que me iba a jugar a que parecía que te daba igual.

- No me daba igual – negó con la cabeza-. Pero era algo que llevaba viendo venir desde hacia tiempo y tampoco me pilló demasiado por sorpresa. Pero no me daba igual.

- Bueno, lo que fuera, pero no parecías demasiado afectada – notó la forma en la que ella le había contestado, todavía extrañándole más al no ser demasiado común en ella-. Preguntaría si has tenido problemas con alguno de los tutores, pero no tiene pinta tampoco. ¿Te has pasado las vacaciones sola y te has ido enfadando con el paso de los días? Como sea por eso te voy a dar una colleja que vas a llegar de vuelta a casa por no haber querido venir conmigo.

Pudo ver como con toda la calma del mundo aprovechaba para coger un trozo de su plato, tomándose así su tiempo, tardando más en contestarle cuando se lo llevó a los labios bajo la atenta mirada de Andrew.

- Ha estado aquí las vacaciones Taichi – habló por fin.

Frunció el ceño, no esperando que fuera a decirle algo primero y luego intentando ubicar el nombre que acababa de darle. No tardó mucho en darse cuenta de que era alguien de quien le había hablado muchísimas veces. Pero aquello entonces no explicaba tampoco el enfado de ella, ya que no solo había estado acompañada, sino que por alguien muy cercano. ¿Qué le pasaba entonces? Estaba seguro de que nunca la había visto así.

Alargó la mano para recuperar su plato, aun sin ser capaz de comprender nada de lo que estaba pasando a su alrededor, ganando así tiempo gracias a la comida, la cual se había ganado el título como la excusa perfecta para no tener que hablar desde hacía un rato.

Estudió a la pelirroja nuevamente, mirándola atentamente, notando que aparte de enfadada se la notaba algo… ¿rara? ¿Incómoda? Aquello era lo que más le extrañaba. Hasta cierto punto parecía que estaba buscando la forma de ser capaz de decir algo. Entrecerró los ojos, observándola más fijamente, notando entonces que tenía un tono rojizo en las mejillas.

¿Qué estaba pasando ahí?

- ¿Puedo cogerte otro trozo? – le preguntó ella.

- ¿No te has pedido nada tú de comer? – contestó automáticamente, antes de asentir, acercándole él el plato, atento a la pelirroja aún.

Pasaron aún unos momentos más antes de que se diera cuenta finalmente del motivo de todo aquello. Estuvo a punto de atragantarse con el café al que acababa de dar un sorbo, necesitando unos segundos para pasarlo. ¿Estaba entendiendo bien lo que pasaba ahí?

- ¿Has dicho que has pasado las vacaciones con Taichi? – la vio asentir con la cabeza-. ¿Se ha quedado contigo en tu casa?

- Claro, ya bastante caro es venir hasta aquí…

- Ya… - habiendo hecho aquellas preguntas solo para ver como se ponía todavía más roja, no disimuló la expresión de incredulidad en su rostro-. ¿En serio? – silencio-. ¿¡En serio!?

La respuesta de ella fue rehuirle la mirada, dejándola fija en la comida. Andrew lanzó una mirada hacia los lados, dándose cuenta de que había subido más el tono de lo que se solía acostumbrar así, esperando unos segundos más antes de volver a mirar hacia la pelirroja.

- Pero… - abrió la boca para preguntar algo, no llegando hacerlo al darse cuenta de que estaba mirando para abajo para disimular que se había echado a llorar-. Eh, eh… Oye, no – alargó la mano para reclamar su atención-. No te me pongas a llorar.