- No, no, no – repitió-. Venga, no te me pongas así ahora que a este paso van a venir pegarme a mí por haberte hecho yo algo.

Había dicho aquello con intención de distraerla, pero no tenía demasiada pinta de que fuera a ser así. No contaba con que la respuesta que ella le diera fuera de ese tipo. No era algo que esperase escuchar de Sora, ni aunque le echara demasiada imaginación. Sin embargo, algo le decía que las cosas tenían que estar demasiado revueltas como para haber llegado hasta aquella situación y que si había explotado de esa forma debía de ser mucho más grave de lo que parecía.

Hasta cierto punto podría enfadarse por meterlo a él en semejante apuro, ya que con el paso del tiempo había empezado a tener trato con Ryo, el suficiente como para considerarlo un amigo y ahora estaba seguro de que iba a querer meter la cabeza bajo tierra cada vez que se lo encontrase. Pero algo le decía también que no era momento de ponerse a pensar precisamente en eso.

- Lo siento – le dijo la pelirroja, pasándole la manga por los ojos-. No es sitio…

- Que le den al sitio – le contestó, cambiando el rumbo de sus pensamientos hacia la preocupación-. ¿Estás bien? – vio la que la respuesta de ella no iba más allá de encogerse de hombros-. ¿Puedo preguntar qué ha pasado?

Esperó a que ella quisiera hablar de nuevo, viéndola repetir el gesto de antes, intentando tranquilizarse primero antes de hacer cualquier otra cosa. Alargó la mano para volver a empujar el plato que ella antes le había robado, dejándoselo a su lado, distrayéndola de esa forma.

- ¿Tú qué crees que ha pasado? – dijo en voz alta antes de charquear la lengua. Era una pregunta retórica, sin esperar que él la respondiera-. No sé si estoy enfadada más conmigo o con él.

- Y… A riesgo de que me tires algo a la cabeza a mí… ¿por qué estás enfadada contigo misma? Y no me pongas esas caras… Anda, toma – habló mientras que revolvía entre sus bolsillos, encontrando un paquete pañuelos para tendérselo.

- ¿Cómo que por qué estoy enfadada conmigo misma? ¿Te parece poco lo que te acabo de contar?

- Técnicamente no me has contado nada, y casi que lo agradezco, pero como nos conocemos ya más que de sobra, no me voy a creer, así que no lo intentes, que fue un desliz por el motivo puntual que fuera. Así que mira, si quieres podemos irnos a tu casa o a la mía, me cuentas lo que me tengas que contar en condiciones y pedimos la cena… Porque algo me dice que vamos a tener para rato.

No pudo evitar que se le escapara una risa al ver la cara con la que ella se le quedaba mirando, siéndole imposible a la pelirroja controlar el ligero hipo que estaba empezando a escapársele. Negando con la cabeza, reclamó la atención de uno de los camareros para poder pagar.

- Si es que me metes en unos líos que no sé ni por qué te lo aguanto… - bromeó por lo bajo.


El sonido de unos golpes en la puerta reclamó la atención de ambas, abriéndose segundos después para dejar paso a Andrew, quien hizo un gesto de disculpa antes de caminar hacia donde estaban.

- Que sepas que están abajo Yamato y Mimi, yo no sé cómo puede acabar eso… - fue su saludo antes de acercarse hasta la pelirroja-. ¿Qué tal estás?

- ¿Y tú? Porque casi que estaba por llamar a los de cardiología – contestó con una ligera sonrisa-. Yamato estos días tolera hasta a Mimi de seguido si me apuras… Estoy bien. Estamos los dos muy bien, pero creo que alguien está demasiado dormido como para poder hacerte caso ahora mismo…

Los ojos de él se centraron en el pequeño, dejando escapar una sonrisa de forma automática nada más verlo. Sin duda, se confirmaba lo que ya había podido ver en la fotografía. Se parecía mucho más a su madre de lo que todos hubieran esperado.

- A ver lo que tarda en protestar porque tiene hambre – dijo divertido, atacando así a la pelirroja, entretenido antes de buscarla con la mirada-. ¿Qué tal estás?

- Estoy todo lo bien que se supone que tengo que estar – asintió-. Estamos los dos bien.

- Pues eso es lo que más importa, aunque no sé yo cuánto tiempo les quedará de una pieza a unos cuantos que yo me sé.

- Bueno, por el momento han sobrevivido bastante bien, o eso creo yo. Para ayudarme a levantarme de la cama y traerme comida de contrabando por el momento me sirven. Ahora mismo tengo las aspiraciones tan bajas que con eso me doy más que por contenta.

Andrew se rió, retrocediendo un par de pasos para dejarle su espacio, quedándose entonces al lado de Haru, viendo que estaba algo más callada de la cuenta en esos momentos, seguramente con la cabeza en otra parte. No necesitaba tampoco demasiada ayuda para poder adivinar lo que se les estaba pasando por la mente. Sin duda tenía toda la pinta de derivar en que cuando se quedaran solos, un buen rato más tarde, probablemente cuando estuvieran en casa, a ella le volviera a dar una de sus crisis relacionadas sobre cosas que debería querer y todavía no quería. Podría apostar por ello y saldría ganando.

- Me han dicho que te van a dejar irte a casa primero para que estés más cómoda. Como me entere – la señaló con el dedo, queriendo así distraer algo más a su esposa – de que ya que estás en casa estás más pendiente del estudio de lo que deberías te banneo la IP para que no puedas acceder, avisada estás.

- Oye…

- No, no, de oye nada. Que nos conocemos. Y si me apuras subo la amenaza con que vuelvo a intentar robarte a la socia.

- Mejor te dejas de intentar robarme a la socia y aprovechamos este tiempo que sé que te vas a quedar aquí para poder ir haciendo cosas de utilidad…

- ¿Ves? No pienso mover un solo dedo de ese proyecto conjunto al menos hasta que te vuelvas de Tanegashima. Estás bajo amenaza Takenouchi.

- Cuando te pones mandón no hay quien te aguante…

- Lo que te fastidia es tener que darme la razón porque sabes que la tengo. Avisada quedas, y para esto sí que se pone de mi parte – lanzó una mirada hacia Haru.

- Sí, y ni siquiera es aliarme con el enemigo, ni venderme fácilmente… - se encogió de hombros-. Aprovecha para descansar, ¿quieres? A no ser que no quede más remedio que buscarte intenta desconectar, que con Aiko y Koji me parece que vas a estar bastante entretenida.

- Y con el padre…

- Bueno, de Yamato muriéndose solo por las esquinas es mejor no acordarse. Ver veremos cómo lleva cuando le pongáis delante a su hermanito a Aiko… Que por cierto, antes estaba ya bien agarrada a su padre.

Sora sonrió al escuchar hablar de la niña. Era lo que más echaba de menos. La sensación de cuando la había tenido a ella había sido completamente diferente. Ahora sí, tenía a Koji a su lado, a todos sus seres queridos… Pero le faltaba algo. Le faltaba su pequeña a su lado. Sabía que no iba a disfrutar plenamente de aquello hasta que pudiera estar con ella.

- Esperemos que se entretenga un buen rato con ella. Normalmente a la niña no le importa quedarse con nadie más cuando nosotros no estamos. Hoy, de hecho, se va con mis suegros… Pero hoy por la mañana cuando le hicimos la videollamada para que conociera a Koji solo le faltaba echarse a llorar.

- Igual con sus abuelos está más entretenida. Los digimon han dicho que no iban a subir, por cierto – le dijo Haru a la pelirroja.

- ¿Por qué no?

- Dicen que quieren que sea justo y poder conocer ellos también al nuevo miembro de la familia a la vez que Aiko.

Sonrió automáticamente nada más escuchar aquello. Echaba en falta a esos dos pequeños seres, pero le encantaba saber cosas de ese estilo. Estaba segura de que estaban mucho más encariñados con Aiko de lo que podrían estar con Yamato y con ella, y nadie sabía lo profundamente agradecida por ello que estaba. Solo había que ver los ojos con los que la mirada Gabumon desde que la había conocido. Pensar que ahora también iban a comportarse así con Koji era algo que conseguía emocionarla con facilidad, teniendo que tragar saliva antes de volver a hablar.

- Mimi quería subir también a verte, así que nosotros si quieres nos vamos y le decimos que puede venir ya, ¿qué te parece? - volvió a hablar Andrew, viendo como la pelirroja asentía-. Eso te pasa por ser doña popular, que vamos a tener que sacar número para poder venir a verte todos los que queremos hacerlo…

- Ya le diré a Kaori que lo arregle, que a ella estas cosas se le dan de maravilla – añadió Haru-. Mañana volveremos otro rato si se puede, ¿vale?

- Claro que se puede – sonrió-. Muchas gracias por haber venido…

- Tonterías… - dijo Andrew mientras que posaba su mano en uno de los costados de Haru, indicándole así que podían echar a andar-. Y olvídate del estudio, queda de nuestra mano.

Vocalizó un gracias sin apenas levantar la voz, usándolo también de despedida con ellos, quedándose mirando para la puerta una vez que se hubieran ido. Agradecía mucho el esfuerzo que suponía para Haru el tener que quedarse ella al frente de todo, pero, agradecía todavía más que Andrew estuviera ahí para ayudar e incluso sustituirla a ella misma. A fin de cuentas, no dejaban de ser la competencia el uno de la otra.

También sabía la carga de trabajo que solía manejar. Era incluso mayor que la de ella, ya que al dar el giro hacia otro tipo de moda años atrás, ella había salido algo más de la línea tan comercial. Andrew, al contrario, no solo se movía en otros campos, sino que teniendo su sede en Los Ángeles manejaba mucha más clientela y densidad de trabajo. ¿Qué las iba a dejar algo más de lado aquella temporada por ayudar?

- Koji, no me dejes montar el drama a mí sola, que el bebé llorón se supone que tienes que ser tú – dijo al darse cuenta de que el niño la estaba mirándola, despierto de nuevo-. Las hormonas de tu madre son un desastre… A ver si van volviendo a la normalidad porque así no podemos estar… - como respuesta, obtuvo un bostezo, volviendo a acomodarse para poder seguir durmiendo.

Esbozó una sonrisa al verlo, pasándose la mano por los ojos para secárselos, sintiendo como llamaban a la puerta, sin abrir en aquella ocasión, simplemente esperando que ella respondiera.

- Pasa Mimi… - contestó en voz alta-. No sé cómo has llegado tan rápido, pero puedes pasar…

- Si sé que es Mimi la que viene en camino lo mismo me replanteo venir en otro momento…

Fue el saludo de Ryo una vez que se asomó lo suficiente para dejarse notar, viendo entonces la cara de sorpresa con la que se quedó mirándolo la pelirroja.

- ¿Estás presentable? No es lo mismo mandar pasar a Mimi que a mí…

- No… - estaba segura de que se había quedado como un pez boqueando fuera del agua-. Claro que sí, quiero decir… Pasa, sí, claro. Me habían dicho que te habían visto pero pensaba que ibas a estar muy ocupado.

- Me he escapado en uno de los descansos… - se acercó, quizás no tanto como habían hecho los demás-. Creo que tengo que darte la enhorabuena.

- Gracias – sonrió-. No lo esperábamos para ahora pero… se adelantó.

- Queria ser parte de la conspiración para terminar con Andrew – bromeó-. Tenía un congreso y ni siquiera sabía si iba a tener tiempo para hacer algo más que ver a la familia…

- No se puede ser un médico tan importante – mantuvo su sonrisa-. ¿Todo bien?

- No me puedo quejar – asintió-. No se me ocurriría quejarme… Creo que hace una temporada que he encontrado exactamente el punto en el que quería estar y no sabes la paz que da eso… Bueno, ¿qué digo? Seguro que lo sabes…

La pelirroja aprovechó el momento para observarlo. Hacia tiempo que no había tenido la oportunidad, ya que cuando se habían cruzado en Londres la situación no podía haber sido más diferente. Estaba acostumbrada al aire cansado que siempre lo había envuelto y, para su sorpresa, aquella vez no había ni rastro de él. Simplemente se le veía cómodo hasta en una situación que para muchos no debería de serlo.

- Lleva dormido desde hace un rato, me temo, pero… - señaló con la cabeza hacia donde estaba el pequeño, indicándole que si quería podía acercarse-. Solo abrió los ojos antes y creo que ni siquiera se enteró…

- Bueno, con los bebés casi que es mejor así para que puedas descansar – se asomó, arqueando las cejas, sorprendido, quedándose unos segundos en silencio, terminando por volver a enfocarla a ella con una sonrisa-. Enhorabuena.

- Gracias.

Sin duda no era una situación en la que nunca hubiera pensado verse. Y en caso de verse, seguro que no la hubiera supuesto tan cómoda como estaba siendo. El tiempo había ido dejando las cosas tan bien colocadas en su lugar que parecían ser hasta lógicas. Habían pasado muchos años, habían cambiado tanto en todos los sentidos que aquello más bien parecía el reencuentro entre dos antiguos conocidos.