- ¿Seguro? – preguntó Yamato mientras que hablaba con la doctora en el pasillo.

- Totalmente – asintió-. Tengo confianza ciega en…

- No, no – la cortó-. Más confianza que la que puedo tener yo en él no creo que sea, pero... Como la otra vez se alargó tanto la estancia en el hospital… - se encogió de hombros.

Hacía un rato que se había encontrado con ella antes de entrar en la habitación de Sora, habiendo ido a buscar algo más del agrado de la pelirroja para comer en un rato que habían tenido sin visitas. La doctora había aprovechado para hablar primero con él, para poder allanar mejor el tema.

- Sí, claro, pero de eso va precisamente la cosa, de no tener a Sora aquí porque sí más tiempo de la cuenta. Así que cuanto antes la mandemos para su casa, mucho mejor. Ella está perfectamente. El bebé también… ¿Para qué vamos a seguir esperando?

- Suena muy bien escuchar eso – dijo dejando escapar una leve sonrisa-. Ella seguro que se va a alegrar de poder escucharlo.

- Además, la situación es diferente – asintió-. A ella le va a venir mucho mejor tener a vuestra hija cerca. No creo que tenga que explicarte a estas alturas el peligro que tienen las hormonas tan alteradas. La niña va a ser una buena influencia para que Sora esté más tranquila, más distraída y tenga menos problemas a la hora de ir adaptándose a la normalidad.

No se había parado a pensar en aquello, entendiendo a la perfección lo que ella le estaba diciendo. Sin duda alguna la influencia que iba a tener Aiko en su madre iba a ser la mejor de todas. Se lo notaba a la pelirroja, estaba echando de menos a aquella pequeña demasiado, incluso parecía que no estaba del todo bien al no tenerla con ellos. Y aunque no entró en detalles, sin duda alguna, sabía a lo que se refería con las hormonas. Había visto como afectaban a Sora hasta niveles que lo habían asustado años atrás cuando no lo entendía. Ahora que ya sabía mejor cómo iba la situación, si podía evitarse que volviera a tener esos altibajos, mejor.

- Seguro que estará encantada de escucharlo entonces – asintió-. Y cuanto antes mejor.

Esperó a ver como ella imitaba su gesto, dejándola pasar delante y yendo hacia la puerta para poder entrar en la habitación, siguiéndola en silencio. Si los dejaban irse para casa iba a tener unas cuantas cosas que hacer, empezando por ir llamando a sus padres para que fueran preparando a Aiko para llevarla a casa.

- ¿Qué tal estás esta mañana? – se acercó hacia ella y el niño con intención de poder revisar que todo estuviera en orden.

- Bien. Ya me puedo revolver un poco mejor – asintió.

- Eso es bueno, sobretodo ahora que no te va a venir nada mal tener más movilidad – sonrió a le pelirroja unos segundos antes de volver a centrarse en el bebé para seguir revisándolo-. Te vas a ir a casa al mediodía, cuando tenga listo todo el papeleo y me asegure de que estás para irte.

- ¿Ya? – sorprendida, buscó a Yamato con la mirada viendo como asentía.

- Sí, ya. Si está todo bien no veo motivos por los que tengas que alargarlo más. La costumbre de este país de tener a la gente en el hospital más tiempo del estrictamente necesario vamos a tener que ir cambiándola – explicó-. Así que aprovecha para mandarlo a buscarte algo si necesitas para ti o para el bebé. Voy a hacerte una revisión antes de que te vayas a casa para asegurarme de que esté todo en orden.

- ¿Y el pequeño?

- Más tarde os daremos todas las indicaciones, tranquila, aunque no creo que a estas alturas necesitéis muchas. Es lo mismo que os mandé a casa con él ahora que si lo hago dentro de unos días.

- Entonces, aunque esté pendiente la revisión, en principio nos vamos hoy para casa, ¿no? – preguntó Yamato, metiéndose en la conversación finalmente.

- Sí, casi todo indica que sí – le contestó la mujer-. Voy a preparar algunos de los papeles y vuelvo más tarde. Podéis ir recogiendo las cosas y lo que haga falta.

- Muchas gracias – dijo la pelirroja automáticamente.


Hiroaki estaba distraído, siguiendo con la mirada a Dai, el cual estaba enredando con su hermano no demasiado lejos de donde él se había quedado sentado con Aiko. La niña no había querido ir tras ellos, estando algo más ausente y seria de lo que solía ser normal en ella, pero era más que evidente el motivo. En las rodillas de la pequeña estaba el digimon que no hacía demasiado había salido del huevo y dormía plácidamente sin enterarse de mucho más.

- Hiroaki – lo llamó Natsuko, reclamando así su atención para que fuera hasta donde ella estaba, enseñándole entonces el teléfono.

- ¿Pasa algo? – preguntó llegando hasta ella.

- Tu hijo – se encogió de hombros.

- ¿Cuál de los dos? – pudo ver como ella señala a Aiko con la mirada-. ¿Y qué le pasa al tonto este que os traéis tanto secretismo?

- No tenemos secretismo – ya le contestó directamente Yamato desde el otro lado de la línea-. Solo no quiero que Aiko se entere por el momento.

- ¿Ha pasado algo?

- Que nos vamos para casa hoy.

- ¿¡Ya!? – aquel reclamó la atención de Natsuko, la cual se quedó mirando interrogante.

- Sí, ya. Te lo contaré luego mejor. Lo que pasa es que se me había ocurrido que podíamos darle una sorpresa a Aiko que parecía estar bastante disgustada cuando la dejé contigo.

- No ha querido jugar con sus primos…

- Porque está enfadada y no entiende qué narices hace ahí sin conocer todavía a su hermano – dijo el rubio con resignación en el tono-. ¿Por qué no la llevas a casa con cualquier excusa sin que sepa que hemos vuelto ya? Bueno, la lleváis, que seguro que mamá se apunta a la idea.

- Por las caras que está poniendo ya te digo yo que sí – contestó, entretenido al ver las caras de la rubia-. Llámame cuando estéis ya ahí, le digo que tenemos que pasar a buscar cualquier cosa por casa y listo. Y hablando de lo cual… ¿necesitáis algo? ¿Algo de la tienda? Puedo pasar de camino, con los días que lleváis en el hospital y habiéndoos pillado de sorpresa…

- Pues… Ahora mismo no caigo, pero nada más llegar a casa hecho un vistazo y te digo. Muchas gracia…

- Bah, tonterías. ¿Os mando a Takeru para que os ayude con el bebé y las cosas al salir? Tiene que estar al llegar a buscar a estos dos elementos…

- Está aquí conmigo, por eso no ha ido todavía. Dijo que te iba a llamar, pero ya que estamos, aprovecho yo la llamada. A veces todavía se le da bien ser de utilidad.

- Entonces todo perfecto, pero que venga él por casa antes de que vayamos nosotros. No sé yo cómo de buena idea será que lleve yo conmigo a Dai y Reiji estando Sora todavía delicada.

La risa de Yamato fue la respuesta que obtuvo, mientras que escuchaba a Takeru preguntar de fondo qué era lo que había dicho ya, con la posterior respuesta del mayor de los rubios. Sin duda era algo con lo que iban a tener que darle la razón.

- Llámame cuando quieras, nos quedamos pendientes ya – fue su despedida antes de colgar y quedarse mirando hacia Natsuko la cual estaba esperando impaciente una explicación-. Mandan a Sora a casa – bajó el tono para que Aiko no lo escuchara-. Eso ya me lo había dicho, pero no contaba con que fuera tan pronto. Quiere que les llevemos a Aiko sin que ella sea que van a estar ya en casa.

- ¿Ya la mandan? Pues mira, mucho mejor. Que no va a estar en ninguna parte mejor que en su casa – giró la cabeza hacia su nieta-. Y esa chiquitina como siga poniendo pucheros va a hacer que sea yo la que vaya a ponerles una hoja de reclamaciones a los del hospital.


Colgó el teléfono y se quedó mirando hacia su hermano.

- Que lo llame con algo de tiempo y que vayas primero tú por casa a por las dos fieras, que no se fía.

- No se fía…

- No sé, pensará que se le van a tirar encima a Sora.

- Pues podría ser, contando que ella les cae mejor que tú – sonrió socarronamente-. ¿Qué te ha dicho de Aiko?

- Que sigue tristona. No ha querido jugar en todo el día, así que vamos a ver si así se le pasan los males.

- ¿A ella sola? – amplió su sonrisa-. A ver qué tal se te da sobrevivir a eso, ¿eh? – posó la mano en su hombro-. Aquí, don estirado que parece que siempre va de serio y distante.

- Eh, que hace bastante tiempo que ya ni lo intento.

- Y ya había quedado más que claro para todos que no era lo que parecía, que simplemente estaba enfadado con el universo porque en su vida personal las cosas no le salían bien ni de casualidad. Luego se había ido encauzando todo poco a poco y ni siquiera se había molestado en intentar mantener la fachada con nadie. Luego había llegado Aiko y poco más se había podido hacer. Ya ni mencionar ahora con Koji.

- También le va a venir bien a Sora, porque diréis que se parece muchísimo más a mí, pero los gestos los ha sacado de ella. La he visto antes con la misma cara que tenía Aiko ayer cuando la dejé con mi padre.

- Porque le falta la niña, eso no es un secreto. Hasta que no los tenga a los dos con ella no va a estar del todo contenta incluso estando en la situación en la que está con el enano recién nacido. Pero ya verás de noche con uno a cada lado.

- Para algo iba a tener que servir que quisieras correr tanto y llevarme la delantera, ¿eh?

- No es que yo corriera mucho – protestó-, es que tú te lo has tomado con demasiada calma.

- ¿Completamente seguro de eso?

- Al menos no voluntariamente – se encogió de hombros.

La última parte de la conversación hizo que ambos se rieran.


- Está todo perfectamente – dijo la doctora ayudando a la pelirroja a volver a acomodarse-. La herida tiene muy buena pinta y con lo que te hemos puesto deberías de aguantar sin tener que cambiar la venda hasta un par de semanas.

- Ya me duele menos al moverme – explicó-. ¿Todos los demás cuidados como siempre?

- Sí, exactamente como la otra vez. La semana que viene hablaré contigo sobre la intervención también. Era el momento perfecto para hacerlo, con el tiempo de prevención por la cesárea antes de volver a retomar con normalidad la actividad sexual será más que suficiente para asegurarnos de que todo está bien.

- Como las cosas sean como la otra vez… No creo que corra demasiado peligro tampoco…

El ligero tono de fastidio pudo notarse en su voz. Sin duda, acababa de venirle a la cabeza una época que tampoco le había hecho demasiada gracia. Ahora ya venían los dos con la lección aprendida, pero ella seguía teniendo el riesgo de que sus hormonas tomaran el control y le diera otra vez por volver a tener ideas estúpidas. Solo esperaba que fueran algo más oportunas de lo que lo habían sido en ocasiones anteriores. Se dio cuenta de la mirada de la doctora antes de encogerse de hombros.

- No sé quién es más víctima de mis desajustes hormonales de los dos en casa – resumió todo en una sola frase.

- Bueno, tampoco le viene mal hacerse a la idea de lo que es – contestó-. Cualquier cosa llamáis inmediatamente al hospital, ¿de acuerdo? Confío con el doctor Kido plenamente, pero siempre se te podrá atender mejor entre estas paredes.

- De acuerdo – asintió.

- Pues en ese caso… Solo me queda darte el alta y decirte que vayas preparando las cosas para irte – se acercó hacia ella-. Yo también sé lo que es dejar a alguien muy importante esperando en casa y no poder disfrutar de la situación como debiera. Descansa rodeada de los tuyos, estoy segura de que esta vez no te va a costar tanto tiempo volver a la normalidad.

- Muchísimas gracias… Por todo – negó con la cabeza al verla abrir la boca-. No, no es tu trabajo simplemente.

- Sí que lo es, o al menos es como debería ser… A muchos se les olvida lo humano detrás de todo esto. Aunque te acepto los agradecimientos aunque sea simplemente por el hecho de tener que lidiar también con futuros padres un poco más paranoicos de la cuenta.