- Si llega a salir este niño también siendo una minifotocopia de mi madre, yo creo que al pobre abuelo lo perdemos – dijo Takeru mientras que estaba con Koji en brazos.

Sora se rió, todavía sentada en la cama de la habitación. Ya estaba vestida y con todo listo para poder irse, simplemente a la espera de que Yamato volviera de terminar de rellenar todos los papeles. Había preferido no quedarse de pie, buscando cansarse lo menos posible.

- ¿Tú crees que Aiko lo llevará bien? – preguntó, mirando hacia su cuñado.

- ¿El qué? ¿Dejar de ser el centro de atención de todo el Universo que la rodea? – contestó divertido-. Ya, va a notar mucho cambio. No solo con vosotros, sino con todos los demás. Pero por lo que he visto hasta ahora… Tampoco tiene pinta de que lo vaya a llevar muy mal. Solo se parece a su padre en lo físico.

- Eh – negó con la cabeza-. "Su padre" perdía el trasero detrás de su hermano pequeño a la mínima de cambio y no le quitaba el ojo de encima, así que déjate de tonterías...

- Y ahora me vende a la mínima me cambio y me deja solo ante el peligro cuando mi cuñada trama algo en mi contra… Y tampoco te creas que me defiende demasiado del otro cuñado…

- Beneficios de estar casada con él… - se encogió de hombros.

- ¿Y lo de Taichi?

- Ese también está casado con él – repitió el gesto anterior.

Tampoco era una afirmación demasiado desencaminada, porque la mejor forma de describir la relación entre Taichi y Yamato era esa. Un matrimonio de los que llevan más años casados que vivos. Siempre había sido así y siempre sería. Y no iba a ser ella la que se fuera a quejar de esa situación.

- No creo que vayáis a tener problema – acabó por volver a hablar el rubio cuando había dejado de reírse por las palabras de ella-. No tiene pinta precisamente ella de ponerse celosa. Sí que ahora mismo es el centro de atención de allí dónde está, pero contando que tiene toda la pinta de ser ella la que va a centrarse del todo en su hermano…

- Eso espero…

- Ya verás como sí, y sino es lista bastante para entenderlo cuando se lo expliquéis. No creo que le cueste comprender que si estáis más pendientes de él es porque es más pequeño. Por algo es el nene chiquitín.


Yamato firmó los documentos que le habían dejado, devolviéndoles al personal de administración. Había podido ver que entre ellos estaban los informes y la autorización para que Sora pudiera irse primero y se había tomado su tiempo para poder leerlo todo, aunque aquello fuera para la doctora principalmente. Una vez dio por terminados todos los trámites se despidió, echando a andar de nuevo hacia la habitación mientras que buscaba su teléfono en el bolsillo para avisar a su padre.

Estaba extrañado con lo tranquilo que estaba con todo. Sabía que el tema del bebé iba a ser diferente aquella vez, ya que no era todo tan primerizo, pero conociéndose como se conocía, lo que hubiera cabido esperar de él era que estuviera histérico bien porque" mandaran a Sora antes de tiempo y que pudiera pasarle algo" o porque "Si la mandan a casa por poder pillar cualquier cosa allí seguro que era mala señal".

Sabía que aún estaba a tiempo de entrar en su propio bucle de paranoias, pero por ahora, lo que priorizaba en su cabeza era el poder estar en casa. Ese era el motivo que lo mantenía tranquilo. Algo le decía que la idea de irse tranquilamente a casa y así poder tener a toda la familia junta era justa y exactamente lo que le hacía falta.

- ¿Estás ya? – preguntó una vez que entró en la habitación.

- Sí, solo esperábamos por ti, lento, que eres un lento – le contestó su hermano.

Ignorando las palabras de Takeru fue a meter los papeles en la bolsa con las cosas de la pelirroja, teniendo cuidado de que no se arrugasen demasiado. Se quedó mirándola desde allí unos segundos, casi con un gesto divertido.

- ¿Cómo te ves para irte caminando hasta el coche?

- Perfectamente – arqueó ambas cejas por la pregunta.

- ¿Segura?

- Pues… No creo que sea mucho más que todos los paseos que me puedo dar al baño a lo largo de la mañana.

- Ya… A lo largo de la mañana. Vamos despacio, y si te duele me lo dices.

- Que sí, pesado – resopló-. Lo que me espera en casa…

- No lo sabes tú bien – le dijo antes de volver a centrarse en las cosas y luego mirar a su hermano-. Al bebé lo llevas tú, ¿no?

- Claro, tengo que monopolizarlo ahora que puedo.

- Pues ya está, yo llevó la bolsa y tú te vas apoyando en mí sin protestar demasiado a ser posible – cogió la bolsa mientras que decía aquello, girándose luego hacia la pelirroja tras comprobar que Takeru tuviera también las cosas del bebé-. ¿Vamos?

Le tendió las manos para poder ayudarla a ponerse en pie, esperando que las aceptara y haciendo fuerza para tirar y que no tuviera que esforzarse demasiado. Sabía que esos movimientos eran los que más le costaban por el momento. Una vez la tuvo a su lado, le tendió el brazo, dejándola cogerse tras decidir que esa iba a ser la forma más cómoda.

- Takeru – reclamó la atención de su hermano-. ¿Te quedas tú con ella cuando lleguemos abajo y voy yo a por el coche?

- O me das las llaves a mí y te quedas tú y ya os lo acerco yo a la puerta – contestó viendo como el mayor de los dos asentía-. ¿Has llamado ya a papá?

- Sí, cuando iba hacia la habitación – volvió a mirar hacia Sora-. Me ha dicho que dentro de una hora están en casa para que nos dé tiempo a llegar si hay tráfico y a que estés ya acomodada.

- ¿Una hora?

- ¿Qué? ¿Tanto mono tienes de Aiko? – se rio al ver la mueca de ella-. Si no hay tráfico desde aquí tenemos para media hora, ya lo sabes.

- Solo preguntaba – aprovechó el momento para cogerse algo más a él-. Así puedo cambiarme y…

- ¿Ya estás pensando en pasar por la bañera tranquilamente? ¿Te dará tiempo? ¿Quieres que lo llame para que tarde algo más?

- No, no… - negó con la cabeza levantando la vista hacia él.

- ¿Segura? Me dijo que nos hacía él la compra, puedo decirle que…

- Que no – repitió el gesto-. Quiero que la chiquitina conozca a su hermano en persona de una vez…

El gesto de ella al decir aquello consiguió que el rubio dejara ir una sonrisa, entre entretenido y algo conmovido, antes de inclinarse hacia ella para dejarle un beso en la frente. No podía culparla, él sí que había estado con la niña estos días.

- Oye, vosotros dos, ¿vamos o vais a seguir haciendo el empalagoso? – protestó Takeru al ver que no lo habían alcanzado.


Yamato abrió la puerta de casa y dejó que pasara primero al pelirroja, dándole algo más de espacio mientras que él dejaba las cosas a su lado antes de volver a por el bebé en el coche. Takeru no había ido con ellos, teniendo que ir a recoger a Hikari y tampoco queriendo abrumar a su cuñada con demasiada gente a su alrededor. Evidentemente le hubiera gustado quedarse y ver cómo se tomaba Aiko el conocer al nuevo miembro de la familia, pero sabía que aunque ella no lo iba a echar, también tenía ganas de estar en su casa tranquila y en paz.

- ¿Quieres echarte un rato? – le dijo el rubio una vez que volvió tras ella-. O bueno, es pronto. Yo creo que si te das prisa te da tiempo a darte una ducha.

- ¿Tú crees?

- Sí, yo creo que sí. Mi padre todavía estaba preparando a la tortuguita. Así que si quieres empezamos por ahí, te pones el pijama y ya luego yo recojo lo que toque.

- ¿Vas a ponerte en modo mandón ahora? – sonrió, acercándose hacia el bebé-. Tu padre va a aprovecharse mucho de que tengo que hacerle caso, más te vale defenderme.

- Lo tiene bastante fácil – sonrió ante las palabras de ella-. Con que se ponga a llorar de repente ya tengo para pasarme un par de días estresado.

- Pobre astronauta profesional – imitó el gesto de él, sonriéndole-. Pero bueno, la idea de la ducha me parece bien. Puedes quedarte vigilándome desde la habitación y a la vez tener al bebé contigo.

- Lo tengo todo estudiado, si me siento en tu esquina de la cama cubro los dos frentes de una sola vez. Tú no me pongas a prueba – sonaba a broma, pero ambos sabían que lo estaba diciendo en serio.

Caminando hacia la habitación, lo primero que hizo fue sacar al pequeño de dónde estaba para poder dejarlo echado encima de la cama, entreteniéndose unos segundos en pasar sus dedos por encima de su pequeño cuerpo, jugando con sus dedos en el estómago del bebé.

- Dentro de nada vas a conocer a alguien que se muere de ganas de verte… - le dijo, asegurándose de que no había posibilidad de que se fuera a caer, antes de volver a incorporarse y poder ver que la pelirroja estaba observándolos-. ¿Qué?

- Nada… - se encogió de hombros-. Se me olvidaba el peligro que tienes con un bebé cerca…

- Anda… Ahora te traigo tus cosas – contestó divertido negando con la cabeza-. ¿Qué pijama quieres?


- Te digo que no creo que a ninguno les vaya a importar que venas tú también…

Habiendo terminado de recoger las cosas de la niña y dejarla a ella sentada ya esperando a que su abuelo la llevara, Hiroaki todavía no había terminado de sentarse en el coche, hablando con Natsuko.

- Ya lo sé.

- ¿Entonces?

- Entonces… ¿Todavía te tengo que explicar que tenemos una nuera demasiado correcta? Tú vas porque tienes que llevarles a la pequeña, les haces la compra y te vienes para casa y los dejas a su aire. Esa pobre mujer debe de tener unas ganas de estar cómodamente en casa sin tener un desfile de familiares pesados que no ve… Si yo voy, pues solo le empeoramos más las cosas.

- Pero puedes venir conmigo…

- Si voy contigo estoy escuchando a alguno de los dos diciendo que nos quedemos a cenar o algo por el estilo. Así que no, ya iré más adelante. Y venga, deja de dar tantas vueltas que esa pobre niña se merece conocer a su hermano de una vez.

- Voy – se rindió-. Si quieres que te traiga algo a ti luego avísame y aprovecho.

Asintiendo a lo que le decía, le hizo un gesto con la cabeza para que se fuera de una vez y pudiera llevar a Aiko. Podía ponerse my fácilmente en el lugar de su nuera, solo que ella aún tenía un carácter mucho más complaciente que el de cualquiera que conociera. Iba a ponerle buena cara a todas las visitas que llegaran cuando de lo que realmente debería de tener ganas era de echarse a descansar tranquilamente todo lo que un recién nacido buenamente le permitiera.

Despidió a la niña con la mano y a los digimon cuando los vio hacerle gestos antes de que Hiroaki arrancase. Sin duda le hacía gracia que ellos mismos se hubieran negado a poder subir a ver al bebé si Aiko no podía hacerlo. Se les avecinaba una escena cuanto menos curiosa en casa del mayor de sus hijos, de esas que seguramente dentro de unas cuantas décadas todavía seguirían recordando.

El sonido del teléfono la devolvió a la realidad, leyendo el nombre de su padre, arqueando ambas cejas al recordar, de repente, que no había llegado a avisarlo de que había nacido su nuevo bisnieto. Dejando escapar una ligera maldición por lo bajo por su despiste en su lengua materna, contestó rápidamente la llamada.