Con una pose digna de un héroe y una sonrisa fija en su cara, Naruto tomó una respiración profunda; cada músculo de su cuerpo relajándose en el proceso. No sabía cómo describir lo que sentía en ese momento. Desde la salida de la aldea había venido experimentando algo nuevo; distintas partes de su cuerpo dolían, pero se sentían mucho más ligeras y vigorizadas. Lo cual era raro, considerando que su mochila estaba llena.
Pero si no lo había descifrado en todo el viaje, sabía que tampoco lo haría en ese instante. Llegado a ese punto, era más productivo solo contemplar lo que tenía en frente.
Si había algo que disfrutaba hacer en Konoha era observar la aldea desde las cabezas de los Hokages. Y parecía que el hábito no había desaparecido solo por haberse ido de ésta. En ese momento se encontraba en un risco enorme que le otorgaba una vista impresionante. Allí arriba, con la cálida luz del sol dándole en la cara mientras miraba la pradera verde debajo, se sentía poderoso. Y su emoción aumentó aún más cuando distinguió un distrito comercial ubicado a las orillas de un lago. El comerciante le había explicado que lugares así eran conocidos como Shukuba y había varios a lo largo del país. Si quería un lugar donde descansar, entonces uno de estos era lo que necesitaba.
Un calambre intenso en la pierna le recordó lo agotado que estaba, por lo que corrió algunas piedras para poder dejarse caer sentado. El anciano le había informado que solo podría "alcanzarla" hasta cierto punto antes de tener que tomar otro camino y Naruto tendría que hacer el resto del viaje a pie. Quizás hace una semana el niño habría intentado manipularlo con unas monedas extras, pero en esa ocasión sólo lo aceptó, se mantuvo callado y soportó el dolor como pudo.
Naruto se quitó la mochila de la espalda y de ella sacó su cantimplora, vendas, un mapa y un lápiz. ¿Acaso sabía para que podría usar el mapa? No, pero la gente los llevaba encima por algo. Marcó en éste algunos puntos de referencia que le llamaron la atención como había venido haciendo durante el trayecto y cuando terminó guardó todo de nuevo. Quizás si hubiera prestado más atención en clase sabría si estaba marcando todo donde correspondía, o cómo hacer para ubicarse correctamente, pero no iba a llorar sobre leche derramada.
Agarrando luego la cantimplora, dudó cuando llegó el momento de limpiar la herida en su muslo. No era como si no estuviera acostumbrado a lastimarse, pero ésta no podía dejar una cicatriz bonita. Poco a poco, con las manos temblorosas, se deshizo de la tela empapada en sangre que cubría el corte y no pudo evitar morderse el labio. La herida del tamaño de un ojo estaba inflamada y la zona alrededor había desarrollado un feo moretón. No soportó verla más de unos segundos antes de limpiarla con agua y envolverla otra vez, apretando los dientes por el dolor punzante. Después comprobó el corte en su brazo, aunque se llevó una grata sorpresa cuando vio que se había curado hasta ser una línea rosa gruesa en su piel.
Luego de unos minutos de descanso, cuando el hormigueo en su muslo cesó y su pierna dejó de sentirse entumecida, se puso de pie. Guardar sus cosas no le tomó mucho más tiempo y estuvo listo para partir.
Ansiaba poder llegar rápido a su destino para descansar en una cama apropiada y cómoda. Solo así podría despejar su mente lo suficiente para preocuparse por donde iría después. Estaba consciente de lo peligroso que era detenerse, pero si seguía así colapsaría en cualquier momento y su único plan sería evitar aldeas ninja.
Una vez que estuvo más cerca, la diferencia entre un pueblo normal y un Shukuba fue obvia. Sin importar a donde mirara, todo irradiaba vida y energía. Los negocios estaban decorados con carteles de distintos tamaños y estilos, lámparas de papel de colores diferentes colgaban de postes en las calles de tierra y el ruido de la muchedumbre resultaba aturdidor.
Naruto recorrió rengueando las calles del lugar con asombro, tratando de memorizar sus pasos hechos al mismo tiempo que evitaba ser aplastado por carretas o ser empujado por la multitud. En varias ocasiones se encontró frente a las puertas de hoteles convenientes, pero ya fuera porque contaban con la presencia de mujeres atrayendo clientes masculinos o precios elevados, decidió seguir explorando. Eventualmente optó por un hospedaje pequeño antiguo en el que, si bien tenía precios accesibles, en la recepción le aseguraron que no despertaría abrazado a una rata y para él eso fue más que suficiente.
El cuarto en sí era chico y una cama con frazada verde ocupaba casi todo el espacio disponible. Las paredes "blancas" y el suelo gastado eran un buen indicio de que el lugar había conocido mejores épocas, al igual que el espejo resquebrajado colgado precariamente en una esquina. El ligero aroma de los productos de limpieza utilizados permanecía impregnado en el ambiente y el ruido de la calle invadía el espacio con claridad, gracias a una ventana abierta.
Con lo pulverizado que Naruto se sentía, le podrían haber dicho que se encontraba en un castillo y él lo habría creído.
Su mochila pareció pesar veinte kilos más que antes, así que se la quitó y la dejó en el suelo contra una pared, antes de dejarse caer en la cama. Su cuerpo se derritió ante la comodidad de una superficie blanda después de más de un día sin dormir bien y se permitió cerrar los ojos un minuto.
O un quizás un par de horas.
Para cuando abrió los ojos en un lugar desconocido, con menos luz natural entrando al cuarto que antes, el corazón de Naruto trató de abandonar su pecho. Se levantó de un salto de la cama como si esta estuviera en fuego, y como era de esperar, una punzada fulminante recorrió su pierna herida. Perdiendo fuerza, cayó sentado al colchón y eso junto a su reflejo en el espejo activaron su memoria al fin.
Ya no le parecía extraño que la señora de la recepción lo hubiera mirado de arriba abajo con asombro. Su imagen en el espejo portaba mechones de cabello endurecidos por una mezcla de sudor y tierra, apuntando en cualquier dirección posible. Su piel, usualmente bronceada, había quedado gris por la suciedad y sangre seca pegada a ésta, con visibles marcas de arañazos en sus mejillas y ceja que suponía que eran obra de Mizuki.
No, no iba a pensar en lo que pasó. ¿Siquiera había sucedido algo? Él estaba de paseo, nada más. Solo que seguramente nadie estaba de acuerdo con que lo hiciera. Pero no tenía que preocuparse por eso, era un detalle diminuto. Es más, era tan insignificante que un baño caliente era todo lo que necesitaba para poder sentirse como nuevo.
― ¡Ey! Ten más cuidado.
―Sí, sí. Lo siento―dijo Naruto, sin prestar mucha atención.
Había estado tan embobado mirando los carteles con ofertas que ya no veía por donde iba. Su baño había abierto enormemente su apetito, por lo que se había propuesto recorrer el distrito entero probando las distintas cosas que tenían para ofrecer los negocios culinarios.
El choque con el hombre lo devolvió a la realidad y miró a su alrededor. Los últimos rayos del atardecer habían desaparecido hacía rato, causando que fuera necesario encender las lámparas de papel de la calle y que todo aquello que estuviera alejado de éstas quedara indistinguible en la oscuridad nocturna. Si no fuera porque ya había memorizado el camino de vuelta mientras paseaba, Naruto habría entrado en pánico. Con la cantidad de gente rodeándolo, empujándolo y gritando para hacerse oír en el caos, algo tan simple como intentar ubicarse parecía imposible.
Dando una última ojeada en dirección a los puestos de comida que no daban abasto para atender a sus clientes amontonados alrededor agitando billetes, podía decir que había llegado la hora de volver a su habitación. Puede que su hambre no conociera límites, pero no tenía ganas de desperdiciar más tiempo haciendo colas.
No se iba con las manos vacías, sin embargo. En su recorrido se había cruzado a muchos que hablaban sin controlar su volumen y le habían permitido obtener algunos datos interesantes sobre lugares donde la seguridad era escasa y los que estaban a cargo no tendían a hacer mucho. Para él, eso solo podía significar que eran posibles destinos donde un huérfano más no haría diferencia y la presencia de ninjas era nula. Básicamente, todo lo que él buscaba.
Mientras se retiraba, un cartel con el menú de un negocio destacó del resto por sus descuentos. Eran unas ofertas demasiado buenas para ser verdad, pero la gran clientela en espera hacía creer que debía valer la pena. Por esto, Naruto se abrió paso entre la gente como pudo para dar un vistazo rápido, tomando notas mentales para saber dónde volver cuando tuviera que almorzar.
Al mismo tiempo, un par de hombres vestidos de pies a cabeza en uniformes azules se detuvieron detrás de la muchedumbre. Uno con la vista concentrada en el pequeño puesto y el otro distraído masajeando sus propios hombros.
― ¿Por qué las tareas que parecen simples siempre terminan siendo las más complicadas? ―Protestó el segundo―. Ahhh… No puedo esperar para volver a Konoha. Necesito mi cama de nuevo.
Los ojos de Naruto se abrieron como platos y se olvidó de cómo respirar. Se lanzó de inmediato hacia el mostrador del puesto y arrancó un folleto de la pila que había allí para taparse la cara. Aquellos a los que empujó se quejaron, pero él no movió un solo músculo.
No podía ser posible que tuviera tan mala suerte.
El folleto en su mano se volvió súper interesante de repente y no le sacó los ojos de encima. Admiró los colores y la calidad del papel, rogando para sí mismo que la persona de la voz se alejara sin mirar atrás.
―Lo que digas. Escucha, tengo una idea. ¿Por qué no cenamos aquí? ―Preguntó el otro― Están haciendo descuento de yakitori. Podemos llevarle una porción a tu hermano y convencerlo de quedarnos en un hotel por hoy.
Naruto quiso golpearse el rostro contra el mostrador. En cambio, dejó mil insultos pasar por su mente. Si alguien lo reconocía estaba frito. Asegurándose de darle la espalda en todo momento a las voces de los hombres que seguían charlando, pasó frente a ellos y comenzó a alejarse, ocultando su rostro de su ángulo de visión.
― ¡Oye, niño!¡Tú, el rubio!
Su corazón se detuvo de golpe. Frenó en seco donde estaba y volteó en dirección al grito. Un chico no mucho más grande que él que acababa de venderle un pincho de dangos en otro puesto se abrió paso entre la gente en su dirección. Los curiosos a su alrededor se dieron vuelta para observar lo que fuera a suceder, convirtiéndolo oportunamente en el centro de atención. Por instinto, su mirada buscó cualquier vía de escape disponible y se preparó para huir de ser necesario.
―Ya me iba a dar por vencido en encontrarte ―dijo el joven con una sonrisa cuando lo alcanzó, rebuscando en los bolsillos de su delantal―Nos diste dinero de más y te lo quería devolver.
El folleto en las manos de Naruto quedó irreconocible cuando lo estrujó. Por supuesto que su primer encuentro con un comerciante honesto iba a ser en el mejor de los momentos. Con su suerte actual, no podía ser de otra forma.
Dándose cuenta que no sucedía nada de importancia, el público alrededor perdió el interés y volvió a ocuparse de sus asuntos. Excepto dos personas.
―Ah…Gracias, que tonto soy… ―Sonrió a medias Naruto, rascándose la frente en un intento inútil de tapar su rostro con su brazo.
Cuando el muchacho se retiró, el niño trató de seguir su camino como si nada hubiera pasado, pero resultó ser inútil. Un carraspeo fuerte se distinguió del alboroto a su alrededor, seguido por la exclamación de su nombre y Naruto se detuvo bruscamente de mala gana. Derrotado, suspiró exageradamente y volteó para encarar a los que obviamente eran ninjas. Al de la derecha no lo reconoció, al no tener rasgos propios de alguno de los clanes importantes, mientras que el otro tenía el mismo cabello rubio platinado y ojos color cian que una de las fans de Sasuke, Ino.
Si sentían curiosidad sobre que hacía allí no lo demostraron, aunque por sus caras se podría pensar que una paloma acababa de cagarles encima. El "clon" de Ino se inclinó hacia el otro hombre para susurrar con la mandíbula tensa algo indescifrable, a lo que éste respondió encogiéndose de hombros, pasándose una mano por su cabello rapado. ¿A lo mejor no estaban enterados de nada?
El saber que no estaba bajo peligro inmediato le dio a Naruto un pequeño subidón de confianza y se cruzó de brazos antes de mostrarles los dientes. Esperaba poder intimidarlos y dejarles claro que quería que lo dejaran en paz, pero contrario a su deseo inocente, el ninja rubio frunció el entrecejo como si hubiera descubierto algo extraño y el niño supo que había metido la pata.
―Deberíamos irnos ―dijo éste a su compañero, con sus ojos claros ansiosos fijos en el niño―. No queremos hacer esperar a tu hermano, ¿verdad?
El otro ninja no aparentó haberle prestado atención y en vez de retirarse mantuvo el contacto visual con Naruto mientras avanzaba hacia él. Se detuvo al instante, sin embargo, debido a que su compañero lo sujetó del brazo con firmeza. Ambos se miraron por unos segundos y después de una pequeña discusión sin palabras, los dos retrocedieron.
―Tienes razón ―dijo finalmente el ninja con una pequeña sonrisa de costado dirigida al niño―, no vale la pena demorarnos aquí. Esta zona está empezando a oler mal.
― ¿Estás-? ¡¿Estás diciéndome basura?!
―Ay, puede hablar…
La sonrisa burlona del adulto que recibió hizo que su sangre hirviera. ¿Quién se creía ese inútil que era? ¿Alguien superior a él? Porque de ser así le probaría que estaba muy equivocado. Si algo había aprendido de humillar a Mizuki hasta hacerlo rogar era que sus días de ser el hazmerreír de la aldea se habían acabado. Y no tendría problemas en demostrarlo a todos los que hiciera falta rompiendo algunos huesos.
Un niño pasó corriendo delante suyo, deteniendo sus pensamientos de golpe.
Era como si se hubiera adentrado poco a poco en un banco de niebla espesa y al final una ráfaga de viento hubiera despejado todo de repente. Naruto pestañeo rápidamente y realizó un paso hacia atrás, tratando de darle sentido a lo que había sucedido. La temperatura de su rostro subió aún más al darse cuenta que se había dejado llevar por sus impulsos y había avanzado hacia los ninjas. No podía tenerlos a más de unos pasos de distancia, separados por peatones despistados cruzándose en el medio.
Lo peor para él era que la sonrisa maliciosa del que lo había provocado no había hecho más que crecer. Tuvo que reprimir con toda su fuerza de voluntad las ganas de quitársela a golpes y apretó sus manos en puños hasta que se le durmieron los dedos, pero logró contenerse y solo sacarles la lengua como una señal de bandera blanca.
Al final el hombre testarudo se dejó llevar por su compañero sin protestar y ambos desaparecieron entre la muchedumbre. Naruto no se descuidó, sin embargo, y sólo se retiró una vez que se aseguró que no volverían. Luego, tomó muchos desvíos y trató de camuflarse lo máximo posible entre la gente. Si estos ninjas eran iguales al resto de los aldeanos de Konoha le darían ventaja por error al subestimar sus habilidades.
Su teoría fue confirmada al entrar sano y salvo al lobby vacío de su hotel.
Para cuando llegó a su habitación y cerró la puerta con un portazo, la ansiedad que había sentido fue reemplazada por un dolor de cabeza detrás de sus ojos. La aparición de los dos ninjas, tres si todo un equipo estaba aquí, cambiaba todo. Se había confiado pensando que podría quedarse un par de días, cuando en realidad tendría suerte si no lo encontraban antes de que pudiera huir al amanecer.
¿Tendría algún día la oportunidad de bajar la guardia? ¿Qué haría si abandonar la aldea había sido un error?
Exhausto, tanto física como mentalmente, se arrastró a lo largo de la pared para llegar a la cama, agarrando otro puñado de vendas en el camino. No lo había notado hasta que la brisa fresca hizo contacto directo con sus manos, pero al parecer se había hecho sangrar las palmas con sus propias uñas durante su momento de ira. Un poco extraño, considerando su largo actual.
―Podríamos haberlo atrapado.
― ¿A Naruto? ¿Con qué energía, Shun? No podrías ni perseguir a un perro.
―Tengo suficiente para hacerte callar.
―Ey, presten atención. ¿Confirmaron si estaba solo?
―No. Intentamos ver donde se estaba quedando, pero es tan pequeño que se nos escapó.
― ¿En serio? Pero si es…No importa…Solo sigan intentando. Después de lo de hoy no me queda chackra para enviar mensajeros de tierra a la aldea, así que tendré que ir en persona ante el Hokage.
—Si es urgente puedes pedirle a alguien del clan que te comunique con nosotros. Mi tío es el que tiene más alcance.
—De acuerdo. Y recuerden, es posible que solo se haya olvidado del saludo en código. Mantengan la distancia.
—Ciento cuatro…
El pájaro recién contado salió volando, asustado, mientras Naruto suspiraba. Su idea de lo que una aventura fuera de la aldea contendría había sido destruida de forma constante en los últimos días.
Revisó el mapa en su mano por lo que parecía la centésima vez sin obtener ningún tipo de información nueva y dejó salir un quejido largo mirando al cielo. Se suponía que iba en dirección al País de las Aguas Termales, un lugar donde no existían aldeas ninjas, pero aún no había encontrado ninguna señal de que se estuviera acercando más allá de un cartel a las afueras del Shukuba que le había indicado en qué sentido ir. Quizás si estuviera recorriendo el camino principal podría haber encontrado algo más esclarecedor, pero la idea de ir desprotegido a simple vista hacía que se le pusiera la piel de gallina, por lo que avanzar por el bosque había parecido una mejor alternativa y es lo que había hecho por los últimos días con tal de evitar encuentros indeseados.
En particular, había un cierto par de personas que no quería volver a cruzarse antes de llegar a la frontera del país supuestamente marcada por cascadas.
Al guardar el mapa en su bolsillo, una roca grande unos pasos más adelante llamó su atención, tentándolo a sentarse. Sabía que perder el ritmo no era lo ideal, pero sus piernas ya no daban más de sí y su panza vibraba gracias a los gruñidos de su estómago, por lo que optó por detenerse un momento. Una vez que se puso cómodo, devoró lo último que le quedaba de provisiones y agua, antes de dedicar unos minutos a masajear sus extremidades entumecidas. Tantos días de actividad demandante sin dormir como debería se habían cobrado un precio alto en su cuerpo.
Luego, cuando se sintió un poco mejor, se volvió a colocar su mochila y se dispuso a retomar su marcha extenuante.
Un salto hacia el costado, que realizó siguiendo su instinto, le salvó de la oleada de shurikens que salieron volando hacia él de entre los arbustos. Cuando quedó indefenso en el aire, una cadena se envolvió como un látigo en su pie, antes de ser mandado volando contra un árbol de un tirón. Un dolor fulminante golpeó su espalda y sumado al crujido de la corteza, Naruto cayó al suelo creyendo que se había roto algo. Por suerte para él, su mochila recibió parte del impacto y lo protegió de daños severos. Se puso en pie tambaleante y creó una barrera de casi una docena de clones de sombra delante suyo para su protección.
Recobrando el aliento, asomó la cabeza entre las copias de él para ver a su atacante y se encontró haciendo contacto visual con el ninja brabucón de antes. Su postura relajada junto con la cadena enrollada en su brazo reflejaba la confianza que seguro tenía en sus propias habilidades. Después, un segundo más tarde, su compañero se le unió aterrizando en la roca donde Naruto se había sentado.
― ¡¿Qué les pasa?! ―La voz del niño salió sofocada, con su respiración y corazón acelerados―. ¡¿Por qué hicieron eso?!
― ¡Qué curioso! A mí también me gustaría saber lo mismo ―dijo el hombre rubio con el ceño fruncido, aunque no en su dirección―. Habíamos acordado algo, Shun.
―Quedarme callado no es confirmación, Fujita ―El joven no le sacó los ojos de encima a Naruto y fue deslizando sus pies a través del pasto lejos de su compañero, posicionándose a una distancia segura en la dirección contraria.
Los pelos de los brazos de Naruto se pusieron de punta. Los ninjas no se estaban separando solo porque sí. Lo estaban acorralando. Querían cortarle cualquier vía de huida que pudiera llegar a encontrar. Shun se estaba comportando como un gato listo para atrapar su presa, mientras que su compañero estaba inquieto y parecía preparado para correr como si la situación fuera a la inversa.
¿Cómo haría para salir de esta? No podía pelear contra dos ninjas adultos mano a mano, lo harían puré. Necesitaba escapar rápido. Escaneó sus alrededores con la mirada para tratar de distinguir espacios entre los árboles y arbustos, pero los que alcanzó a ver estaban detrás de sus acosadores.
― ¿Y bien? ¿Vas a correr? Si te tuvimos que rastrear por días al menos podrías hacer que esto sea interesante―Lo desafió Shun con una media sonrisa, dejando que su cadena se desenrollara y golpeara secamente el suelo.
― Shun, por lo que más quieras en tu vida, te pido que te tomes esto con seriedad.
―Pero si es solo un mocoso buscapleitos―Respondió éste riéndose y quitando su vista de Naruto por un instante.
Justo allí, el niño reconoció la oportunidad perfecta. Rodeado por sus clones, salió disparado hacia los árboles ignorando todo lo demás. Si lograba ser más rápido ahora, luego podría esconderse. Lo que no notó fue al ninja girando hacia él con una sonrisa de oreja a oreja apenas se movió. El hombre latigueó su arma en su dirección a pesar de que una de las copias lo tapaba de su vista. Al mismo tiempo, su compañero insultó por lo bajo y ejecutó unas posiciones de manos antes de desplomarse al suelo.
El chasquido estrepitoso de la cadena llegó a los oídos de Naruto junto con una corriente de aire, causándole escalofríos por todo el cuerpo. De inmediato, clavó los pies en la tierra para frenar y tropezó los últimos pasos antes de voltear hacia atrás. Del clon que había corrido a su lado ya no quedaba nada y su pequeña formación tenía un hueco que fue cubierto por otro clon que corrió a la posición. El ninja que lo había atacado, por su parte, parecía desconcertado mirando con la boca abierta a los distintos niños y la cadena que yacía en el suelo.
― ¿Pero qué-? ¡¿Son réplicas sólidas?!
― ¿Shun? Creo que estas no son ilusiones ―Se escuchó Naruto diciendo con voz temblorosa, pero él no había abierto la boca. ¿Acaso los clones podían hablar? ¿Y qué hacía una de sus copias mirándose las manos?
―Pero si eso no es posible. Y ahora tú… ¡Mierda! ―El hombre recuperó su arma de un tirón y el niño tembló ante el nuevo chasquido de la cadena. De alguna forma sabía lo horrible que era ser atrapado por una del cuello. Luego, en un pestañear de ojos, Shun lanzó un kunai de su manga directo a la frente del clon extraño, haciéndolo desaparecer en una nube de humo.
Un gritito quedó atorado en la garganta de Naruto. Correr. Tenía que correr. Ya no estaba en la aldea donde lo castigaban sermoneándole un rato o haciéndolo limpiar. Este ninja iba enserio. Lanzándose en dirección opuesta a Shun, huyó hacia el espacio entre los árboles, rogando para sí mismo que sus clones decidieran atacar para ganarle tiempo.
De alguna forma la mayoría lo entendió, porque varios se detuvieron con brusquedad y se volvieron. Los gritos de frustración distantes de Shun fueron como música para los oídos del niño.
La euforia duró menos de un segundo, sin embargo. Raíces, plantas con espinas y ramas parecieron surgir de la nada para obstaculizar su camino lo máximo posible. En varias ocasiones perdió el balance sobre rocas o en tierra desnivelada en situaciones que podrían haber llevado a su muerte temprana, pero se recuperó cada vez a duras penas.
Con el corazón en la garganta, sin saber siquiera si iba en la dirección correcta a su objetivo, decidió continuar hacia delante y crear otra distracción. Sabía que sus clones ya habían sido aniquilados y necesitaba todo el tiempo posible. Dos de las copias de sí mismo permanecieron a su lado, mientras que las otras corrieron hacia la vegetación de a pares en direcciones opuestas y desaparecieron de vista.
Mantuvo el ritmo por unos cinco minutos extenuantes, antes de sentir el resultado de su experimento. Como si él mismo lo hubiera vivido, pudo recordar a ambos grupos siendo atacados sin piedad; uno por ninja.
Sus piernas temblorosas finalmente perdieron fuerza y cayó de rodillas y manos al pasto cubierto de rocío. Su respiración agitada se sintió pesada con la humedad del aire. No sabía cómo haría para escapar de esta situación. Ya no le quedaba energía para seguir corriendo. En cualquier momento Shun aparecería, dado que los clones que eliminó no habían alcanzado a separarse mucho.
Sus dos últimos clones no se rindieron, sin embargo, y con esfuerzo lo ayudaron a ponerse de pie, apoyando su espalda en un árbol. La frialdad del musgo en la corteza de éste causó escalofríos por toda su espalda acalorada, pero se permitió reposar y recuperar el aliento.
Solo unos segundos de descanso y estaba seguro que podría continuar. Así el zumbido constante en sus orejas desaparecería. Nada más tenía que concentrarse en inhalar y exhalar. Excepto que los segundos pasaban y éste aún estaba presente, distrayéndolo de sus pensamientos.
Si se concentraba en el sonido podía ubicarlo a su derecha, más allá de los árboles, por lo que decidió seguirlo con un clon a cada lado cual guardaespaldas. Luego, cuando el Naruto a su izquierda apartó una rama frondosa de su camino, todo cobró sentido. Todavía a cierta distancia, oculta por la flora, asomaba una sección de una corriente de agua fuerte que liberaba niebla al aire.
―Mmm…Así que era un río. O no. Puede ser una cascada.
Apenas las palabras salieron de su boca, se formó una sonrisa gigante en su cara ¡El zumbido venía de una cascada! No podía decirlo con certeza en el momento, pero lo sentía dentro suyo. De alguna forma tenía que haber llegado al País de las Aguas Termales. Una oleada de alivio y ligereza recorrió todo el cuerpo de Naruto, convirtiendo sus huesos en gelatina. Lo había logrado a pesar de todo.
Riendo genuinamente por primera vez en lo que se sentía como una eternidad, se encorvó y puso sus manos en sus rodillas.
Un destello metálico surgió de entre las copas frondosas de los árboles detrás de Naruto y pasó rozando la columna de este. Los ojos del niño se abrieron de par en par y se le escapó un chillido. No de nuevo. Una cadena familiar chasqueó a su costado y el clon sosteniendo la rama desapareció en una explosión de humo. Sin pensarlo siquiera, Naruto se lanzó a la fuga otra vez llevando a su cuerpo y el de su última copia al límite. Shun, por su parte, aterrizó bañado en sudor en el pasto y lo persiguió mientras tironeaba su arma de vuelta hacia él. A diferencia del anterior encuentro, el hombre exudaba sed de sangre.
Necesitaba un plan. Lo que fuera. No podía faltar para llegar a la cascada y no sabía que haría cuando eso pasara.
― ¡DETENTE AHORA MISMO O TE VOY A LLEVAR DE VUELTA EN PEDACITOS! ―Naruto miró sobre su hombro hacia atrás y tragó saliva. Shun tenía sus ojos fijos en él mientras saltaba sobre raíces y golpeaba ramas bajas fuera de su camino. En su mano destacaba un kunai envuelto en papel bomba.
Eso no era bueno. No era bueno para nada. Mierda, mierda, mierda. ¿Qué podía hacer para sacárselo de encima? No tenía nada a mano más que su clon a su lado. Ya no había forma de poder usarlo para sorprender al ninja. O quizás sí. Había algo que podía intentar, pero no había forma de que funcionara.
Se concentró en una idea en particular por unos segundos y luego su clon cambió de rumbo, corriendo en diagonal a mayor velocidad.
― ¡¿Es en serio?! ¡SÉ QUE ERES EL ORIGINAL, CARAJO!
Bueno, eso seguro había sido la distracción más corta de la historia. Naruto apretó los dientes y se esforzó en mantener rectas sus piernas nuevamente inestables. Solo tenía que aguantar un poco más. El zumbido que lo había guiado hacia la cascada había ido subiendo de volumen hasta convertirse en el estruendo del choque del agua consigo misma y las rocas. Tenía que estar muy cerca.
Mucho más cerca de lo que pensaba, en realidad. Al enfocarse en los pequeños vistazos de la cascada cuesta arriba a través de los árboles y el sonido de ésta, se dio cuenta tarde que ya no había camino delante. El niño intentó frenar abruptamente, lo que provocó que trastabillara y resbalara en el pasto húmedo a un metro del borde. Un barranco serpenteado ancho dividía el bosque en dos y un río originado de la cascada corría por debajo.
Naruto se levantó de un salto de inmediato, con su corazón acelerado a punto de salírsele del pecho. Se había salvado por un pelo. Pero no tuvo un momento para respirar. Detrás suyo sonaron los crujidos de hojas al ser aplastadas y se dio vuelta para encarar a Shun que al fin lo había alcanzado.
―Como muevas un solo músculo… voy a pintar las rocas con tu sangre ―dijo el ninja encorvado respirando con fuerza por la nariz. En su mano temblorosa todavía tenía su arma bomba―. Lo digo en serio, ya no estoy de humor… para juegos ―Una mueca de dolor se formó en su cara al inhalar, pero se enderezó y llevó su brazo hacia atrás, listo para lanzar su kunai―. Vamos a esperar juntos a mi compañero y luego vendrás con nosotros. Fin de la historia.
Su mandíbula se tensó. ¿De verdad el idiota creía que le haría caso? Ya tendría que haber aprendido a no subestimarlo.
La temperatura de su cuerpo aumentó, con el calor subiendo por su cuello a su rostro. Si no fuera por el acantilado habría dejado al ninja detrás. Y de no ser por el par de genios todavía podría estar cómodo en el hotel. Ni hablar de cómo el origen de todo era Mizuki.
― ¡¿Por qué no me pueden dejar en paz?! ¡YO NO SOY MALO! ―Algo se movió detrás del ninja, pero Naruto lo ignoró. Sus ojos estaban fijos en Shun. Harto, agarró una piedra a sus pies y se la lanzó al hombre con un grito exasperado que le salió del alma.
El tiro fue fácil de esquivar para el hombre que solo tuvo que hacer un paso al costado y se notaba que tenía algo para decir, pero se vio interrumpido. Lo que al parecer Shun no notó es que apenas Naruto abrió la boca, el último clon salió lanzado de su escondite entre los árboles. Este logró acortar la distancia entre los dos y fue directo a por su kunai. Recién ahí el ninja reaccionó abriendo sus ojos de par en par y arrojó el arma bomba al aire, para luego detener a la copia con su mano libre y golpearlo con la que sostenía su cadena.
Una nube de humo cubrió a Shun al tener éxito y sin esperar se estiró para recuperar el kunai, pero solo alcanzó a rozarlo con la punta de los dedos. Al mismo tiempo Naruto, exhausto y desesperado, trató de alejarse rengueando. Aunque no llego lejos. Tan pronto como el ninja falló en atrapar el arma antes de que tocara el suelo, éste se arrojó en la dirección opuesta gritando. Acto seguido, con Shun aún en el aire, una onda expansiva de energía surgió del papel bomba.
La explosión levantó la tierra del lugar en una nube de polvo y tapó el resto de sonidos con su estruendo. Ramas, hojas y piedras salieron volando en muchas direcciones. Naruto tropezó cuando lo asustó la onda de choque y cayó al suelo tapándose las orejas.
Resultaba que las historias de bombas que les habían contado en la Academia no eran exageraciones.
Un pitido molesto invadió sus oídos, pero lo ignoró mientras se mantenía contra el suelo. Después de un segundo, cuando no pasó más nada, miró hacia atrás, pero no había señales de que el ninja estuviera de pie. ¿Quizás era esa figura azul en el césped? Era lo más probable, aunque no tuvo oportunidad de confirmarlo.
El suelo debajo suyo vibró, con grietas abriéndose paso por la superficie a medida que la tierra se separaba y desplazaba. No había forma que estuviera pasando lo que creía que estaba pasando, ¿verdad?
Naruto trató de moverse a tierra estable, pero perdió soporte y su equilibrio. Pronto, sus manos solo dieron manotazos a rocas sueltas y parches de césped, con el borde del acantilado incrementándose en altura. O más bien él estaba cayendo.
Para cuando el polvo en el aire se asentó en la orilla rota del barranco, ya no quedaban rastros del niño.
