― ¿Te puedo ofrecer un poco de sopa tibia? ―Le preguntó Ryuu en un tono tranquilo a un Naruto tenso en modo alerta―. Prendería el fuego de nuevo, pero eso podría llamar la atención y no es algo que queramos, ¿verdad?

―No, supongo que no.

La casa, tuvo tiempo Naruto de observar ahora que ya no estaba intentando huir, era una antigüedad de madera de estilo tradicional. Los yuyos altos llegaban hasta la plataforma elevada que nivelaba la casa sobre el suelo desigual, con apenas unos peldaños necesarios para alcanzar el porche. Las paredes estaban todas desgastadas y la puerta corrediza de la entrada tenía numerosos parches que ya se estaban deshilachando.

Una vez dentro, Ryuu se sentó junto al fogón antiguo incorporado al suelo que ocupaba el centro de la sala de estar/cocina y le sirvió comida de una olla en un tazón que tenía a mano, usando un cucharón que había dejado en el piso. Al ofrecérselo, Naruto, que de pronto notó que su estómago gruñía, lo aceptó con mala disimulada urgencia y se retrajo contra una pared a comer sin perder de vista al chico.

El silencio se extendió en el ambiente sin que ninguno de los dos dijera algo, hasta que Ryuu carraspeó y se abrazó las rodillas.

―Así que… todavía no sé tu nombre. ¿Me lo vas a decir?

Naruto dejó de sorber mientras dudaba sobre qué contestar, haciéndose un lio mental tratando de pensar en las posibilidades si decía que sí o no, pero sin poder llegar a una conclusión. Es decir, Ryuu podía ser su amigo como había dicho o podía ser una amenaza latente bajo la superficie, lista para explotar en cualquier momento. O, de nuevo era importante recalcar, podía ser su amigo.

Al final escogió una opción neutral.

―Solo si me muestras como puedo salir de aquí ―dijo con un tono que intento que sonara seguro y confiado, que al estar limpiándose desprolijamente restos de sopa de la boca con la mano y apretujado contra la pared quizás no se interpretó como tal— Eso y que me digas donde están mis cosas.

Ryuu suspiró y se volteó hacia la olla del fogón para servirse una porción para sí mismo y alimentarse, mientras parecía pensativo y lo ojeaba. Una vez que terminó, se levantó de un salto y aplaudió una sola vez.

― De acuerdo, esto es lo que haremos: No solo te voy a mostrar cómo salir de aquí, sino que también vamos a hacer un pequeño tour por la zona, ¿te parece bien?

— ¿Y mis cosas?

—Guau, tienes mucho interés por lo material, ¿no? Jajaja. Deberías hacer como yo y acostumbrarte a tener poco, porquetuscosaslasuseaparapagarlesalosaldeanosparaquetetrajeranhastaaquí. ¿Listo? ¡Vayámonos!

Lo único que Naruto alcanzó a entender de todo eso es que podía desearles buen viaje a sus pertenencias porque seguro no las recuperaría pronto.


Ryuu guio a Naruto detrás de la casa por un sendero angosto escondido entre la vegetación de la ladera de la montaña, lleno de subidas y bajadas empinadas, con rocas de distinto tamaño haciendo tanto de obstáculos como refugio. En distintas ocasiones, tropezones del rubio fueron seguido por tierra y piedras desprendiéndose colina abajo hasta desaparecer en la espesura de los arboles justo debajo, por lo que Naruto aprendió rápido que lo mejor era pisar solo donde Ryuu pisaba y descansar solo donde el chico frenaba.

Para el tiempo en que el sol ascendió por el horizonte hasta convertirse en un mediodía caluroso y húmedo, los chicos llegaron sudados al fin del camino, señalado por un árbol seco torcido contra la pared de piedra y un barranco de unos metros. Allí, Ryuu rebuscó entre unos matorrales pegados al viejo tronco y sacó el extremo de una cuerda anudada en distintos puntos, cuyo otro final parecía estar atado a dicho árbol. Luego, con una sonrisa hacia Naruto digna de alguien que se siente orgulloso de su ingenio, él niño sujetó la cuerda y, apoyando los pies contra la piedra, fue bajando a donde un camino doblaba hacia vaya a saber dónde. Naruto, consecuentemente, lo imitó (aunque con dificultad debido sus heridas), pero al final ambos se reencontraron en suelo firme y Ryuu volvió a esconder la soga.

―Uf… ―dijo el chico de pelo color azabache estirándose como un gato―. No sé si cada vez el camino se me hace más largo o ya no es tan divertido como las primeras veces.

Lo último que dijo llamó la atención de Naruto que había estado observando (con ojos entrecerrados por la luz excesiva) sus alrededores elevados y comprendiendo que el sendero en el que se encontraban parecía ser una quebrada que dividía las montañas al medio.

― ¿Primeras veces? ¿No lo has usado toda tu vida?

―Ay no, eso suena súper aburrido ―Ryuu empezó a caminar a paso leve, con Naruto uniéndosele tan pronto notó que estaba de nuevo en movimiento―. Hace poco que me auto-nombré dueño de esa casa… ¿No es genial? ―Volteó para mirarlo sin frenar―. ¿Qué tonto no aprovecharía la oportunidad de una casa abandonada? ―Se rió.

―Entonces… ¿me estás diciendo que solo tú vives ahí? ¿Dónde está tu familia?

―No sé, ni me importa… ―El chico no quitó la vista del frente y protegió sus ojos del sol con su mano mientras miraba a lo lejos―. ¿Dónde está la tuya?

― …No tengo.

―Ah… ¿Así que eres huérfano? ―Naruto asintió―. Mmm… De alguna forma yo también lo soy… creo que eso nos hace iguales, ¿no crees?

Ryuu estiró su mano desocupada hacia él en forma de puño y Naruto dudó sobre qué hacer. Sus compañeros de la Academia se chocaban los puños todo el tiempo, pero no era algo que habitualmente hicieran con él, así que no estaba seguro si era eso lo que Ryuu quería que hiciera o no.

―Cierto, cierto. Poco a poco ―dijo Ryuu con una sonrisa después de unos segundos, dejando caer su mano y continuando con su marcha, a lo que Naruto, por su parte, sintió una punzada en el pecho por una oportunidad pérdida y prometió mentalmente no desperdiciar otra.

La tarde siguió avanzando lentamente en tranquilidad, con el chico de cabello azabache aparentemente decidido a no dejar que el silencio se extendiera entre ambos, ocupando el tiempo con cháchara básica sobre el paisaje o el clima el resto del trayecto a donde sea que lo estuviera guiando y Naruto comenzó a ponerse ansioso.

―Eh… ¿Ryuu? —preguntó el rubio en un momento de calma en que ambos se detuvieron a quitarse sus remeras y atárselas en la cabeza por el calor—. ¿Dónde estamos exactamente? ¿Y a donde me llevas ahora?

―Espera que lleguemos y todo tendrá sentido. Solo faltaaa… un rato máass… ¡Ahora!

Al rodear una zona de rocas gigantes caídas, Ryuu dio un saltito al costado y abrió los brazos en dirección al panorama, como si lo estuviera exhibiendo con orgullo.

― ¡Tarán! ―agregó con una sonrisa de oreja a oreja― ¡Llegamos a donde te encontré! ¿Qué piensas?

Apurando el paso, Naruto lo alcanzó para poder presenciar lo que el chico estaba viendo. Separando la tierra en dos y marcando el punto más bajo de la quebrada, había un río de corriente lenta que fluía más adelante por el gran valle serpenteado en el que se encontraban. A su alrededor, todo estaba cubierto de vegetación baja, incluidos pequeños parches verdes en los desniveles de las colinas de piedra que enmarcaban la zona como paredes de doscientos metros. Y no era todo. Más allá, a la lejanía, podía notar una conocida cascada que chocaba contra el suelo, liberando niebla ligera al aire, y que originaba el río frente a sus ojos.

― ¿Y? ―preguntó Ryuu sonriendo, apoyando las manos en su cintura y con los brazos en forma de jarra―. ¿Reconoces dónde estás?

―Quiero oírte decirlo ―dijo Naruto sin mirar atrás― Con país y todo.

― ¿En serio? Pensé que no te habías golpeado la cabeza tan fuerte… ¿O acaso es que no eres de por aquí que no reconoces la "Cola de Serpiente"?

―Te pedí con país y todo ―Ahí el rubio se volteó hacia el otro chico y lo miró a los ojos―. Por favor.

Ryuu elevó una ceja.

―Bueno, ya te dije cómo se llama esta zona… Más allá de eso, estamos a unos kilómetros de La Cuenca y en el País de las Aguas Termales ¿Me falta algo?

Una ola de alivio recorrió el cuerpo de Naruto de pies a cabeza y sus extremidades cedieron ante la gravedad. Antes de poder caerse al suelo, se atajó a sí mismo apoyando sus manos en sus rodillas y respiró profundamente varias veces. Lo había logrado. De verdad lo había logrado. Ya no eran puras suposiciones en un momento lleno de tensión, sino que había confirmado su llegada a su destino fuera del País del Fuego.

Libre de presión, Naruto comenzó a reírse. Suavemente, al principio, pero pronto fue subiendo la intensidad hasta que le terminaron saliendo lágrimas de los ojos y calor subió por su rostro.

― ¿De qué me perdí? ¿Qué ocurre? ―Ryuu se veía absolutamente confundido y no dejaba de acercar sus manos a Naruto, sólo para después alejarlas.

― ¡Soy libre! ¡De verdad, soy libre! ―dijo el rubio secándose las lágrimas con las palmas de las manos, antes de agarrar al otro chico por los hombros―. ¡No pudieron conmigo!

― Ehh… Sí… Sigo sin entender… ¿Quiénes no pudieron… vencerte?

― ¡Ellos! Los… ―De pronto Naruto se dio cuenta que no convenía decirlo y soltó a Ryuu― Los-los… Una gente… Sí… Que me perseguían por algo que hice y no les gustó para nada, así que querían matarme-

― Estás exagerando, ¿no?

―Pero ahora todo está bien, porque deben haberme perdido el rastro después de la explosión… Espero.

― ¡¿Una explosión?!

―Es decir, caí de un barranco. No pueden tener muchas pistas, ¿verdad?

―Siento que no estás oyendo las cosas que estás diciendo, amigo. En serio.

―Hablando de eso… ―Continuó Naruto perdido en su propio mundo, caminando en dirección a la pared de roca del valle―. Quiero ver dónde sucedió todo.

―Espera, espera, espera. ¿Me estás diciendo que no te lo acabas de inventar?

Ahora fue Ryuu quien apuró el paso para alcanzar a Naruto y así ambos recorrieron la costanera del río buscando señales de algo. Aunque no tardaron mucho, ya que quince minutos de caminata después se encontraron con un montículo enorme de tierra y piedras que bloqueaba parte del río y el paso de ese lado hacia el resto de la quebrada. Sobre éste, saltaba a la vista que había una parte faltante de muro y que dicha parte se había desplomado hasta formar el obstáculo que tenían en frente.

― ¿Qué mierda…? ―Ryuu había repetido un par de veces por los últimos minutos mientras se acercaban al derrumbe y ahora que estaban al lado lo decía mirando hacia arriba― ¿Tú viste que pasó aquí?

―Yo lo hice ―dijo Naruto, encogiéndose de hombros para no darle tanta importancia, a pesar de que no podía dejar de visualizar al ninja que lo había perseguido saltando por su vida lejos del papel bomba. Y aunque nunca lo admitiría en voz alta, esperaba que estuviera bien. Osea, era un imbécil total, sí, pero igual rogaba mentalmente no haberlo matado.

—Pero… ¿Cómo?… No, no puede ser. Estás tratando de engañarme.

—¡Es la verdad!

— Ah, ¿sí? Y dime, ¿qué pasó allí, eh? —Ryuu señaló por encima de la cabeza de Naruto hacia la pared de roca.

Cuando el rubio se dio vuelta, notó que había unas marcas extrañas que recorrían el centro de la zona afectada por el derrumbe y llegaban hasta unos metros de altura sobre él, por lo que se acercó para observar mejor. Lo que terminaron siendo unos surcos precisos tallados en la piedra, bajaban en varias líneas rectas de ancho medio casi perfectas que cada tanto se hacían más superficiales o profundas, dependiendo de la textura desigual del muro.

Sus manos vendadas sufrieron un espasmo repentino.

—No estoy seguro… Quizás es algo más del derrumbe… ¡Pero te juro que-!

De pronto Naruto se calló, habiendo notado movimiento a la lejanía.

En el lado opuesto del barranco en el que se encontraban, sobre el muro, se asomaban del torso para arriba un par de figuras desconocidas, aunque reconocibles por sus características a pesar de la gran distancia. Vestidos de negro y con máscaras, aunque no estaba cien por ciento seguro, no podían ser más que miembros del grupo más leal a su aldea natal. Ninjas ANBU. Aquí. Rastreándolo, probablemente.

Sudor frío cayó por su espalda.

Miró al niño a su lado y ya estaba por advertirle del peligro, cuando volvió la vista hacia arriba y no vio a nadie. Y si había algo peor que los bichos, era el momento en que los perdías de vista.

Ryuu ¡Ryuu! —siseó Naruto, golpeando el brazo del chico con el dorso de la mano repetidamente.

— ¿Qué? ¿Qué pasa? ¡Te estoy escuchando!

Tenemos que irnos, ¡ahora!

¿Por qué? ¿Qué ocurre? —El chico miró hacia todos lados, con los ojos grandes como platos.

No puedo decirte ahora, solo vayámonos —susurró con fuerza Naruto, empujando por la espalda a Ryuu de vuelta al camino por el que habían venido hasta que avanzaron un buen trecho—. Dijiste que había un pueblo cerca, ¿no? Llévame allí.


La Cuenca resultó ser un lugar que le hacía honor a su nombre. Al igual que si una cuchara gigante hubiera sacado toda una zona de tierra, el pueblo se ubicaba en el centro de una zona arbolada con forma de cantera, delimitada por las montañas que la rodeaban. El río que habían seguido los chicos, corriente abajo, como guía fluía serpenteando por el centro del terreno en bajada y las construcciones sencillas se agrupaban tanto a sus orillas como por encima en puentes anchos de piedra.

—Aquí es —dijo Ryuu desde el punto de observación estratégico, o simple colina, en la que se encontraban—. Ahora deberíamos estar tranquilos. Por aquí los ninjas no son bienvenidos —Se acercó a Naruto que estaba ocupado mirándose el pecho marcado con heridas, pero en particular un moretón gigante verde pálido que decoraba su costado sobre las costillas y se puso de cuclillas a su lado— Y hablando del tema… ¿Cómo sabías como lucen? Yo nunca vi uno en la vida real.

—Ehh… Solían… Ehh… Pasar por donde yo vivo-Quiero decir, vivía —Ryuu entrecerró los ojos ante su respuesta, como si pudiera ver a través de sus buenas mentiras.

— ¿Y solo caminaban por ahí tapados de pies a cabeza con sus máscaras?

—Sí-Digo, no-Ósea… A veces… Pero esos son como una aparición rara que solo pocos llegan a ver. Y yo lo logré.

—Ya veo… —Ryuu se quedó observando el moretón, como si se guardara lo que estuviera pensando, y en cambio señaló la zona lastimada—. ¿Duele mucho?

—No tanto ya. Sólo cuando me esfuerzo bastante —Y Naruto no mentía. Al menos no del todo. De alguna forma su cuerpo siempre había sido capaz de recuperarse a mayor velocidad que sus compañeros de la Academia y esta ocasión no era la excepción, por suerte—. En unos días debería estar como nuevo.

— ¿Y crees que podrás continuar? Digo, si no queremos arriesgarnos a saber si por alguna razón nos buscan a nosotros.

—Estoy bien, de veras —Se puso de pie con cuidado y rengueó un poco con su pierna en la que le había dado un tirón previamente hasta que se le pasó la molestia. Luego notó que los ojos de Ryuu aún seguían en él, así que se forzó a tener buena postura rápido—. Te sigo.

Ryuu suspiró, se encogió de hombros y comenzó a caminar colina abajo.

Y así, ambos chicos retomaron la marcha hacia el pueblo, con la particularidad de que en esta ocasión el que se fue tensando a medida que se acercaban era Ryuu, por la forma en que con el tiempo miraba en todas las direcciones y se mordía las uñas una por una.

— Escucha, amigo —dijo éste en un momento—. Tengo que avisarte que estamos entrando en pleno territorio de La Hermandad ahora mismo, ¿entiendes?

—¿Qué? ¿Por qué no me dijiste antes?

— ¡Porque no pensaba que tendríamos que venir!

— ¿No dijiste que no me tenía acercar a ellos?

— ¡Sí dije eso, pero no esperaba tener que escapar de ninjas! Que hablando de eso… ¿Tú sabes qué-?

—Si no nos conviene acercarnos, ¿no podríamos haber ido a otro lugar? —interrumpió con velocidad Naruto, tratando de distraer al otro chico.

— ¿Y qué? ¿Guiarlos a mi casa y dejarlos que sepan dónde vivo? —contestó Ryuu, mordiendo el anzuelo—. Todos saben que los ninjas de otro país nunca son una buena señal. ¡Incluso los de aquí me darían mala espina si los tuviéramos!

— ¿No tienen ninjas por aquí? —preguntó Naruto, con su tono de voz haciéndose más agudo sin querer en un intento de falsa curiosidad mal actuada, al ya saber la respuesta.

—Na. Desaparecieron hace mucho… Por eso la Hermandad se hizo tan importante. Se supone que le ofrecen "protección" a los aldeanos de los países que sí los utilizan, aunque sólo es una excusa para sacarle dinero a los que menos tienen —dijo Ryuu frunciendo el ceño y apretando la mandíbula, seguramente demasiado concentrado en sus pensamientos para darse cuenta de la pésima capacidad de disimulo del rubio.

— ¿Es por eso que me dijiste que no me cruzara con ellos? ¿Porque me robarían? —Ante esta pregunta, Ryuu suspiró, quitándose su remera de la cabeza y poniéndosela de nuevo.

—Tampoco te robarían… Es sólo que no tienen buenas intenciones… Ellos-Emm… —Ryuu apretó los labios, como si le costara encontrar las palabras exactas que quería decir— Un… amigo… se hizo muy cercano de ellos. Y al principio no hubo problemas con eso, créeme. Nos seguimos viendo normalmente para pasar el tiempo, comer algo y divertirnos. Lo básico, ¿no?
»Pero con el tiempo las cosas cambiaron. Él cambió. Y después de unas semanas no lo volví a ver nunca más.

— ¿Así de repente? ¿Y qué crees que le pasó? —preguntó Naruto cautivado por la historia, e imitando al otro chico se sacó su gorra improvisada y se vistió correctamente.

— En otro momento te cuento —contestó Ryuu y se tapó los labios con un dedo, antes de señalarle las primeras casas y construcciones del pueblo cada vez más cercano, con un puñado de sus respectivos aldeanos ocupando la calle principal yendo de acá para allá con frascos, leña, barriles y carretas, trabajando duro.

Un cartel antiguo de madera clavado en la tierra y semioculto entra la vegetación salvaje con el nombre "La Cuenca" en letras grandes marcaba la entrada oficial a la comunidad. Además, clavados frente a éste, había otros carteles pequeños de distintos tamaños, materiales y formas, pintados con varios colores en los que se leían nombres diferentes escritos de formas tanto artísticas como infantiles.

Esa —susurró Ryuu, señalando los letreros e inclinándose hacia el rubio— Es la advertencia de que esta zona está controlada por La Hermandad. No te dejes engañar por lo divertido que parezca.
»Ahora, mantente cerca mío, no hables con nadie con quien yo no hable y (esto especialmente) no hables mal de ellos en voz alta.

Un señor llevando detrás suyo una carreta con verduras dentro pasó al lado de los chicos, por lo que Ryuu corrigió su postura, alejándose de Naruto, y movió su brazo como si en vez de señalar estuviera estirándose.

—La humedad está terrible hoy —dijo lo suficientemente fuerte para que el hombre escuchara, aunque éste no mostró señales de prestarles atención, y luego de seguirlo un poco con la mirada, el chico de pelo y ojos oscuros se volvió con una sonrisa hacia Naruto (que sólo había alcanzado a balbucear una confirmación) y le mostró su mano con el pulgar levantado— Muy bien, sigamos así.

Naruto se quedó pestañeando, sin saber que había hecho bien.

—Eh… Si, seguro. Como digas.

A medida que continuaron avanzando por el camino de tierra, postes decorados con luces colgantes (ahora apagadas) aparecieron a los costados de éste, dándole un toque de color a la costanera del río. Por no mencionar la vida que aportaban a la corriente de agua botes sencillos desde donde pequeños grupos de personas arrojaban redes de pesca. Más allá de eso, el pueblo era muy silencioso comparado con Konoha donde siempre había alguna banda de músicos ofreciendo un show a cambio de monedas o gente borracha causando disturbios, por ejemplo. Y ni hablar de la diferencia con el Shukuba que había visitado anteriormente. Pero aquí ni pío. Sólo un montón de gente ocupada y algún que otro puesto de mercadería con un par de clientes tranquilos.

— ¿Siempre hay tanta… calma… por aquí? —Le consultó Naruto a su compañero de aventuras.

— ¡Ja! Ya quisieras. Esto es solo la entrada, aunque en mi opinión es la mejor zona para estar.

— ¿Tú crees? —Naruto podía sentir clavadas en él las miradas de más de una persona parada en la puerta de su casa, como si pudieran reconocer que no era un lugareño más y su cabeza empezó a trabajar a mayor velocidad, quizás un poquito alimentada por la paranoia, considerando mil y una posibilidades como que había caído en una emboscada y que todos sabían quién era o que había ninjas transformados entre la gente, entre otras.

—Te lo digo por experiencia, este no es el corazón del pueblo. Eso sería más adelante, en esos puentes de allá —dijo Ryuu, señalándoselos.

—Entonces vayamos allí —Naruto avanzó decidido en esa dirección unos pasos, antes de que Ryuu aparentemente entendiera lo que estaba haciendo y corriera hacia él para sujetarlo del brazo.

¿Qué estás haciendo? ¡No podemos ir a esa zona!

¿Por qué no? —Naruto sacudió su brazo para que su compañero lo soltara y se detuvo para escucharlo.

¡Porque el centro del pueblo también es el centro de poder de ya sabes quienes! —siseó con fuerza Ryuu, sin darse aparente cuenta del volumen de su voz, a lo que escaneó sus alrededores rápido (seguramente comprobando si alguien lo había escuchado) y cuando completó su inspección se acercó más a Naruto y le habló casi al oído—. Allí está su base, ¿por qué querrías ir?

— Porque no me siento cómodo aquí. Solo eso —Ante una mirada inquisitiva del otro chico, Naruto siguió tratando de convencerlo—. Necesito estar donde haya mucha gente, por favor —Nunca había sido una persona "correcta" en su vida y ya era la segunda vez en el mismo día que demostraba buenos modales. Debía parecer un loco desesperado. Pero incluso así, Ryuu no parecía persuadido.
»Si me acompañas, te contaré sobre mí. ¿Qué piensas?

Eso llamó la atención del chico de pelo oscuro por la forma en que se quedó callado mientras miraba entre Naruto y sus alrededores. Luego, suspiró exageradamente y se frotó los ojos con fuerza por un momento, antes de dejar caer sus brazos.

—Bien, de acuerdo. Metámonos a la boca del lobo, ¿por qué no?


Caos era lo que buscaba para sentirse a salvo y caos es lo que encontró.

Después de caminar por unos veinte minutos, Naruto se topó con los primeros borrachos del pueblo armando escándalo abrazados cantando a todo volumen o desmayados contra las paredes de las casas con piezas de ropa faltantes. Venían de otra calle más ancha que en la que se encontraba actualmente, por lo que asumió que ese era el comienzo del distrito principal de la zona. Y no se equivocó. Al seguir avanzando, música rítmica (que resultó provenir de un show andante sobre un escenario improvisado) invadió sus oídos y pudo presenciar un grupo de gente bailando desenfrenadamente al son de la melodía (seguramente alentados por el alcohol).

A los costados de dicha calle, habían puestos de venta de mercancías varias (con la particularidad que ninguno de ellos era de comida o bebidas) que ocupaban no solo la zona de tierra frente a sus ojos, sino además los bordes del puente de piedra que atravesaba el río y continuaban hacia el otro extremo (que podía asumir que era igual a este lado). Por si fuera poco, conectado al puente, y dividiendo el río en dos caudales más angostos, había una especie de islote donde se ubicaba un edificio de tres pisos de altura parecido a un restaurante cuyas cercanías estaban cercadas con madera como para impedir que cualquiera pudiera trepar desde el río (o escapar a éste en el peor de los casos).

Naruto no podía evitar mirar a su alrededor con la boca abierta a la cantidad de gente que entraba y salía (o esperaba en fila esperando turno para ingresar) a semejante lugar y sólo cuando fue chocado accidentalmente por un grupo de niños de tamaños variados con cometas que pasaban de largo riendo a carcajadas, recordó las advertencias de su compañero y se volteó a mirarlo.

Ryuu, que lo seguía de cerca, aparentemente se había conseguido por ahí (o robado) un abrigo, por lo que ahora estaba vestido con más color, pero no le mencionó nada al respecto. Su mirada estaba fija en la construcción de varios pisos y cada tanto se quedaba observando el suelo con intensidad, como quién busca evadir a alguien vigilando.

¿Ya estás satisfecho? —Le susurró ansiosamente éste cuando logró alcanzarlo—. ¿Podemos irnos de este festival o evento o lo que sea que se esté dando?

Aún no… Quiero ver más… —De repente una cacofonía de vítores, gritos y aplausos a lo lejos llamó su atención y algo en él se sintió atraído hacia el origen del ruido, como si pudiera predecir que se encontraría con algo bueno de ver—. Quiero ver lo que sea que sea eso…

Antes de que pudiera meterse entre la gente en dirección al escándalo, impulsado por curiosidad, Ryuu lo volvió a tomar del brazo y lo detuvo.

—Ey, ey, ey. ¿A dónde crees que vas?

—Vamos, seguro tú también quieres ver lo que sea que esté pasando.

—Nooo… —Negó con la cabeza y lo miró fijo a los ojos—. Créeme que no quiero. Ya superamos mi límite. Hasta aquí llego. Tengo un plan para esta noche y no voy a dejar que lo pongas en peligro, amigo.

El rubio miró al chico y luego a la gente que avanzaba en dirección hacia donde él quería ir. Sólo por un momento corto. Después de eso se le prendió la lamparita y se le ocurrió una idea. A fin de cuentas, este chico le había salvado la vida, aparentemente, con lo que ya había superado sus expectativas para con alguien y no tenía nada que perder más que el ínfimo resto de su confianza en la humanidad que le quedaba.

Naruto —Dijo, en un intento de convencer al otro chico—. Mi nombre es Naruto. Pero ni se te ocurra llamarme así en voz alta —aclaró velozmente—. Sólo te lo digo porque eres mi amigo.

Eso pareció tomar por sorpresa a Ryuu, por la forma en que sus cejas se elevaron por un segundo.

— Con qué eres mi amigo, ¿eh?

— Ajá… ¿Y tú serias un amigo que no va a fallarme en acompañarme a ver lo que sea que esté pasando?

—Guau… —Ryuu suspiró exageradamente mirando al cielo y se tomó su tiempo para pensar, ojeando al restaurante de varios pisos, a Naruto y al objetivo de su atención más adelante—. Y sólo para que quede claro, como eres mi amigo oficialmente, ¿me dirás más sobre ti y haremos cosas de amigos? —Naruto se lo pensó por un segundo, aunque luego asintió—. Bueno, vamos entonces, te sigo —dijo el chico con una sonrisa grande.

Su nueva amistad sí que era fácil de persuadir. O quizás él era muy bueno para los juegos mentales. Sí, debía ser eso.

Los dos niños se acercaron juntos a la multitud reunida en un solo punto, pero la barrera de espaldas no los dejaba ver qué era lo interesante que estaba llamando la atención de tanta gente, por lo que se colaron en los pequeños espacios disponibles entre persona y persona, en ocasiones teniendo que usar un poco de fuerza para abrirse paso, lo que causó un par de incidentes como un niño asustándose al ser empujado y soltando su globo o un señor anciano (desde el punto de vista de un chico de doce años) de larga cabellera blanca derramando su bebida contra la espalda de una jovencita que se dio vuelta iracunda para golpearlo.

—Perdone belleza-Auch, ¿quiere dejarme explicar? Fue culpa de ese mocoso. ¡Ey, mocoso! ¡Vuelve aquí!

Naruto se volteó la suficiente como para hacer contacto visual con el viejo, pero supo mejor que quedarse donde estaba, así que siguió avanzando hasta llegar a la primera fila, donde perdió de vista a Ryuu.

Lo que si terminó encontrando fue nada más y nada menos que una arena de pelea de tierra oscura y rojiza en la que un par de adolescentes, cubiertos de mugre de pie a cabeza, estaban tratando de derribarse el uno al otro al suelo con técnicas parecidas a las que le habían enseñado a él en la Academia y otras que no podía reconocer.

En ese mismo momento, el más grande de los dos se lanzó con rapidez contra las piernas de su oponente, agarrándoselas, y la multitud vitoreó con fuerza. Sin llegar a defenderse a tiempo, el chico atacado perdió el equilibrio y forcejeó con su oponente para ver quien dominaba al otro, aunque terminó siendo superado y con una serie de movimientos fue finalmente empujado fuera de la arena.

La multitud se volvió loca con gritos y silbidos, alentando al ganador, antes de que un hombre de pelo largo oscuro y cicatrices bien visibles de quemaduras en el brazo derecho trotara hacia el centro de la arena.

—¡Por favor, démosles un gran aplauso a Takeo y a Atsushi! ¡Qué gran lucha! —La gente hizo lo que se les pidió con vigor— Se ganaron un vaso de sake cada uno, jajajaja. Vayan a reclamarlo cuando quieran, muchachos. Y ustedes —Habló al público con una gran sonrisa de vendedor—, no se olviden de pasar por el "Ojos de Serpiente" por un descuento especial en sus bebidas y comidas en este día de fiesta —La gente aulló de alegría y la sonrisa del hombre se hizo más ancha, antes de tomarse a sí mismo de las manos—. Ahora, amigos míos, llegamos a un momento especial en el que cualquiera de sus hijos puede participar de las luchas del día contra nuestro campeón Takeo y probar suerte aguantando un minuto entero sin salirse del ring para ganarles a ustedes una cena gratis familiar (con límite de seis personas).

De inmediato, niños dieron un paso al frente para participar, ya sea por voluntad propia o empujados por sus padres, y hasta Naruto se sintió tentado de ser parte. ¿Qué tan difícil podía ser solo aguantar? Y encima podía ganarse una buena comida decente. A lo que no le prestó atención fue al presentador del evento, que se acercó y comenzó a recorrer la fila de voluntarios, inspeccionándolos, antes de detenerse detrás de él.

— ¿Qué tal tú, enano? —sintió la voz alta atrás suyo, con una mano en su hombro, poniéndole la piel de gallina por el susto, y se volteó para encararlo rápidamente con la guardia alta, con sus manos listas para defenderse— Guau, tranquilo tigre. Sólo era una pregunta, jajaja —El hombre levantó sus manos al aire y le sonrió al público que tenía detrás, para luego volverlo a mirar— ¿Y? ¿Qué dices? Se nota que haces ejercicio, ¿no te gustaría intentarlo?

Tan pronto como pensó siquiera en que contestarle, una mano salió del gentío a sus espaldas y lo agarró del brazo, dándole un tirón repentino. Así, el chico fue tragado entre el público hacia atrás y alcanzó a escuchar que el hombre decía «Supongo que no quería» con la gente riendo en respuesta.

Al salir del mar de gente, se encontró cara a cara con un Ryuu tenso que no dejaba de mirar a todos lados.

—Es hora de irnos, amigo. Estamos jugando con fuego y nos vamos a quemar.

Naruto supuso que ya se había aprovechado todo lo que podía, así que no tuvo más alternativa que aceptar.

— Está bien, está bien —Trató de calmarlo—. Volvamos. Yo te sigo.


Hola a todos!

Quiero presumir que rompí un récord personal y logré terminar este capítulo en dos meses! Y eso considerando que estoy estudiando y trabajando al mismo tiempo =D

Bueno nada, sólo eso jajajaja, quería dejar este mensaje para que cuando me estén ganando mis problemas mentales recordar este logro y tener un poco de motivación extra pensando en ustedes mis queridos lectores.

Espero que hayan disfrutado este nuevo capítulo y la historia hasta ahora y recuerden que siempre pueden dejarme algún comentario con lo que sea, como sugerencias para esta o otra historia. No descarto nada y anoto todo en mis notas!

Si estas leyendo esto, gracias, muchos besos y nos leemos luego!