Amor de Temporada: El Árcade

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Querido Diario:

La vida de un universitario muele a cualquiera. Yo aun no me acostumbro a apenas tener tiempo para dormir, lavar la ropa y comer en la escuela. Aunque Natsuki se esmera en mandarme temprano a la cama suele ser ella quien no quiere dejar de mandarme mensajes, pero diré que tiene un horario todavía más estricto que el mío y eso que ella no trabaja. Debe de ser cosa de su universidad; los ingenieros seguro tienen más responsabilidades que los cocineros.

De momento no hemos conseguido volver a vernos. Le di algunas indirectas, pero ella simplemente las ignora así que decidí dejar de intentar, pues seguro tiene cosas más importantes que hacer… o gente más importante que yo en su vida.

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En la pequeña biblioteca del Instituto una pelirroja y una pelinegra llevan dos horas practicando ortografía, pronunciación y desarrollo del francés. Pasan todo el tiempo que tiene libre Mai para ayudarle en los exámenes escritos de la Chef Arnaldi. Hasta el momento la ojilila va bien pero no quiere dejar nada a la suerte.

—¿Segura que puedes quedarte hoy? - pregunta Mai a la chica enfrente suyo.

—Los viernes fin de mes no tenemos clases… - sonríe anotando una receta en francés y al mismo tiempo en japones.

—Pero si tienen club… - recuerda, pues no ha pasado tanto tiempo de que saliera de la preparatoria y aún recuerda cómo se manejan la mayoría.

—Tampoco estoy interesada en eso… -frunció el ceño. —Es más divertido estar aquí.

—Solo estarás en los clubs de preparatoria una vez en la vida… -palabras textuales de su madre -deberías sacarle provecho, seguro que entrarías perfecto en varios.

—Es mi primer año… -a sus ojos todavía tiene mucho tiempo, pero algo le pica la curiosidad. —¿Cómo en cual me vendría bien? - pregunta mirando a los ojos de la otra chica.

—Atletismo, seguro. - sonrió —Es increíble lo rápido que corres y saltas… - recordando todas las veces que ella anda por las escaleras y la otra joven llega de sorpresa en un brinco directo a su pecho.

—Estuve en el de karate cuando era niña. - se sonroja un poco. —No me iba mal.

—Seguro que no - sonrió —Tienes el cuerpo de un atleta olímpico -aún le falta mucho por desarrollar, pero puede ver a través de la falda y la blusa holgada una constitución fuerte; no le sorprendería que la chica terminara siendo más alta que ella.

—Pero no tienen en la escuela ningún club que me llame la atención… — infló las mejillas—. Es más divertido pasar el rato aquí… —insistió por no querer decir "prefiero estar contigo todo el tiempo que pueda".

—¿Qué club te gustaría? - por lo general las escuelas tienen una veintena de opciones para club, incluso cocina, en el cual estuvo ella y no le fue nada mal.

—Ehm… - no esperaba una pregunta directa a una respuesta tan vergonzosa.

—¿Acaso no sabes que es lo que quieres? - pregunto con una sonrisa en tanto miraba lo que le había traducido al japonés.

—Sé lo que quiero cuando lo veo… - sus dorados ojos puestos en la joven pelirroja. —El problema radica en cómo obtenerlo.

—¿Qué? - sus ojos violetas pasan del cuaderno a la pelinegra, pues no entendió la última frase. ¿Qué tenía que ver obtener algo con un club?

—Nada, nada... - sacudió su cabeza. —¿Qué tal vas con el ensayo que tienes que entregar? - cambió drásticamente el tema por su propia seguridad.

—Creo que voy bien, pero quería que le dieras un último vistazo... - cosa curiosa son esos ensayos en francés que no aparecen en la tira de materias pero que los chefs han hecho complot para pedirlos; según ellos ayuda a comprender el idioma, sin embargo, ella sigue sin entender para qué lo necesita en Japón.

—Deja veo... - en cuanto la ojilila da el pedazo de papel, la joven pasa sus ávidos ojos dorados por cada palabra y cuando encuentra errores de ortografía o gramática los encierra en pequeños círculos naranjas. —Aquí y aquí no se entiende muy bien lo que quieres decir.

—Porque ni yo misma sé lo que quiero decir... se toma la cabeza entre las manos. —¿Mis sentimientos al preparar Bœuf bourguignon? ¡NO SIENTO NADA POR UN ESTOFADO DE RES! - chilló, hundiéndose en la mesa.

—Con lo bien que cocinas me decepciona un poco que digas eso... - suspira Mikoto tachando por completo un párrafo del ensayo y reescribiéndolo en la parte inferior de la hoja.

—¡Claro que tengo sentimientos! Pero no por un platillo, sino que... siempre pienso en alguien o algún momento en especial mientras cocino. - su atención "emocional" no iba al platillo, sino a la persona que lo probaría.

—Entonces reformula la pregunta en tu cabeza. ¿Qué es lo que sentirías si le cocinaras el Bœuf bourguignon a alguien especial? - un ligero sonrojo se colocó en sus mejillas en tanto Mai deja perder sus ojos en el techo del salón.

—Pues... - un pequeño pitido le distrae; es su celular y es justamente la persona en quien pensaba. —Hablando del diablo... - sonrió revisando el mensaje: un pequeño lobo que lleva en las patas un estandarte con la leyenda "el 18 lo tengo libre". —Je, je, je, je.

—¿Mai? - pregunta frunciendo el ceño, pues le molesta que le roben la atención de la pelirroja así que discretamente se acerca para leer los mensajes que se envía con la persona misteriosa, notando la fecha que lleva el lobo.

—Siento expectación, como si el corazón me vibrara... - dice aun mirando su celular y contestando, o, mejor dicho, "haciendo planes para el próximo 18". —Mis dedos hormiguean, el tiempo deja de tener sentido, trabajar rápido ya no es un problema y por arte de magia el cansancio que pudiera tener se desvanece con solo imaginarle mirando mi trabajo, o pidiendo otro pedazo porque es la razón por la que cocino... vaya, por la que comencé a cocinar; el poder ver su sonrisa una vez más... - sus labios hicieron una extraña mueca feliz acompañada de un gran sonrojo. —Perdona Mikoto, creo que me salí de la pregunta y del Bœuf bourguignon.

—No te preocupes… bajó la mirada tratando de controlar sus sentimientos: una mezcla de tristeza, enojo, y un poco de envidia. —Es el clásico "cuisiner l'amour".

—Cuisiner l'amour… - las palabras dieron brincos en su voz. —El amor del cocinero… - su sonrojo se volvió doble con una pequeña sonrisa.

—Decir "te amo" con comida… - ahora siente nostalgia al recordar a sus padres, la familia que hace mucho dejo de tener.

—Por cierto… - el ambiente se puso un poco tenso en ese momento, Mai lo siente y trata de cambiarlo. —¿Estás segura de que me puedo quedar con esto? - saca de su mochila 5 libros.

—¡Claro! Mi abuelo dice que no los usa, puedes tenerlos. - por no querer decir "use mi mesada para ir a la librería y te los compre".

—Pero están nuevos… - no eran unos libros guardados en el almacén, se veían demasiado bien para ser libros abandonados.

—Eso se arregla rápido. - tomó el primero de la pila, le abrió y en la última hoja escribió "Propiedad de Mai" junto a un corazón.

— ¡Noooo! ¡Mikoto! – trata de detenerle, pero la chica es más rápida. —¡No rayes los libros!

—No es rayar... solo "marco" tus pertenencias.

—No son míos... - chilla con vergüenza; no sería capaz de devolverlos si tenían escrito su nombre.

—Ya lo son - le muestra en una pésima caligrafía el nombre que escribió.

—¡Tokiha! - una mujer casi gruñe el nombre. —¿¡No tienes nada mejor que hacer aparte de molestar a tus compañeros!?

—Chef... - la chica se levanta y mira alrededor como todos los presentes le están observando.

—Modula tu voz... - es lo último que dice, pues unos ojos dorados se le clavan como espadas.

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Ya en la tarde noche cuando la escuela está por cerrar las ultimas en salir son los chefs y cierta pelinegra de trenzas quien va regañando en francés a la mujer mayor quien con la cabeza hundida entre hombros pone cara de berrinche en tanto sus compañeros se controlan para no reírse de la escena.

—Siempre vas tras Mai, no creas que no me he dado cuenta – le chilla la joven. —¿A qué viene el ensayo en francés? Revise tu carta temática y en ningún lado la has propuesto y mucho menos está aprobado por mi abuelo.

—Jean… - un hombre rubio y barbón se le acerca. —Te dije que era cuestión de tiempo… - no podía meterse activamente contra un estudiante sin que nadie lo notara.

—No tengo nada que esconder - se detiene dándose la vuelta para enfrentar los ojos dorados. —A Tokiha la trato con el mismo rigor que a todos los estudiantes.

—Mentira - asevera la joven. —Sé que te desagrada, pero no entiendo por qué.

—Eso es irrelevante - no queriendo mentir sobre su sentir por la pelirroja. —Ella tiene la misma carga de trabajo y el mismo trato por parte de todos los chef.

—No hablo de los otros chef, hablo de ti… - le señalo con el dedo. —El cómo la miras y el cómo le hablas; tu tono de voz siempre es enojado cuando se trata de ella.

—Dejemos los asuntos del trabajo en el trabajo - pidió Henry al llegar a la puerta principal del edificio departamental donde todos ellos viven.

Por parte de la escuela corre la vivienda de los chefs franceses a quienes les rentan un edifico de 3 pisos y 6 departamentos que se encuentra a unas cuadras de la escuela, lugar perfecto para habitar pues, aunque ya tiene sus ayeres es mucho mejor que tener un departamento nuevo pero alejado y pagar transporte.

—Este no es un asunto del trabajo - Mikoto infla las mejillas y se acomoda su mochila en tanto los hombres le ceden el paso para que entre después de Arnaldi quien está a poco de explotar y dar su sincera opinión sobre Tokiha. —Hablamos de mi amiga que es acosada en su escuela por mi tutora.

Aunque Mikoto tiene un abuelo y un medio hermano mayor de edad ninguno de ellos se hace responsable "legalmente" de ella, la persona que le ha cuidado desde pequeña aun estando en Francia es Jean Arnaldi, vieja colega de su fallecido padre y mejor amiga de su fallecida madre, razón por la cual Tokiha pasa a ser más un problema entre madre hija que una simple riña con cualquier estudiante.

—Conoces las reglas, Mikoto - la castaña pasa sus dedos por entre su cabello, conteniendo su enojo.

—No tratamos temas del trabajo en la casa - ojos igual de asesinos que los dorados chocan hasta que la pelinegra cede, se va derecho por las escaleras y al poco rato se escucha azotar una puerta.

—¡Cenamos a las 9! -grita Duval en tanto Jean solo suspira.

—La adolescencia siempre es la etapa más difícil… - comenta el viejo Kentaro rascándose la barbilla

—Desde que llego Tokiha no para de hablar de ella - busca en su bolsa una cajetilla de cigarros. —No sé cómo decirle que esa pelirroja no le conviene.

—¿Quizá algo como "Mikoto-chan esa pelirroja es una oportunista, aléjate de ella"? - Henry hace su mejor imitación de la voz femenil y los demás ríen.

—Si dijera algo así ella explotaría - le conoce, para la ojidorada la "amistad" que lleva es desinteresada pero que Tokiha le hiciera comprar sus libros era señal de alarma, pronto le pediría más cosas.

—Esa niña no parece una oportunista… - comenta el viejo mirando las escaleras. —Se ve como alguien distraído que no se da cuenta con quien está hablando, tampoco va Mikoto gritando por la escuela que es la nieta del director, pero varios jóvenes que asisten saben quién es y por lo tanto le tratan con sumo respeto, pero entre ellos no está Tokiha que le habla como si fuera cualquier otra chica del vecindario.

—Pues mientras no sepa cuáles son sus intenciones para mí, Tokiha Mai es un intruso en la escuela y en el corazón de Mikoto-chan - la mujer se cruzó de brazos.

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En tanto muy lejos de la residencia de Mikoto y sus chefs guardianes una chica termina su turno en el restaurante.

—Oye Mai -Midori le llama desde un pequeño cuarto que funge de jarciería y oficina.

—¿Sí, chef? - pregunta entrando con la filipina abierta y mochila en mano, estaba a tres pasos de su libertad cuando escuchó su nombre y regresó con cierto temor de tener que quedarse por más tiempo.

—Aquí tienes - le extiende un sobre amarillo y pequeño.

—¿Y esto? -pregunta mirando el objeto amarillo.

—Son tu porcentaje de propinas, pero si no lo quieres…

—¡Sí lo quiero! – se apresura a tomar el dinero. —Sólo que es extraño, nunca nos lo das a mediados de mes… - Midori tiende a juntar el dinero y dar un buen botín a final de mes.

—Bueno, hoy quise variar - sin mencionar que escucho que pronto la chica ira a una "no cita" con su "no pretendiente" y que estaba algo acongojada por no tener que llevarle ni dinero para gastar.

—¡Muchísimas gracias! - sonrió alegre como un sol.

—De nada, de nada - movió la mano como si no fuera la gran cosa. —Ahora vete antes de que me arrepienta.

—¡Claro que sí! - hizo un saludo militar y tan rápido como llegó, salió por la puerta trasera. —Ahora directo a la tienda por algunos ingredientes - sonrió en tanto se acomodaba la mochila en los hombros.

—¡Aaaaaah! ¡La juventud! - Midori se quedará otras dos horas más frente a una computadora donde lleva la contabilidad del lugar… su mayor enemigo.

En tanto Mai ha cambiado su ruta habitual y se va en tren hasta un supermercado que tiene un área de panadería mayor que otros, va revisando con paciencia cada estante, analizando el precio/ calidad de cada marca de harina; algunas ya las conoce y otras son de importación. De igual modo se va por el chocolate, el azúcar y pasa por pasillos de ingredientes selectos que parecen hasta brillar, pero dándole un vistazo al dinero que lleva. Prefiere suspirar y pensar en una receta que no necesite de tanto glamour.

—De por sí Natsuki no es alguien que se fije en eso… - la peli azul era todo sabor, claro que le llamaba la atención un platillo bien montado pero lo que realmente le importaba era el interior. —Con lo que llevo debería de bastar - sonrió para sí misma alzando el puño. —¡Será la mejor salida de amigas que hemos tenido! -aunque claro… ésta sería solo la segunda.

Para cuando llega por fin a su pequeño departamento deja la mochila en la sala, la bolsa de las compras en la mesa y su cuerpo apenas tiene fuerzas para desvestirse y tomar un buen baño. Las piernas le matan después de estar 9 horas de pie; con tan poco tiempo para comer correctamente, cero ejercicio y estrés constante su salud se ha visto mellada sin mencionar la condición física. Le viera ahora su profesor de educación física, en la preparatoria era capaz de correr maratones y ahora subir las escaleras y correr unos metros para alcanzar el tren le dejan a nada de escupir un pulmón.

-… escaleras. - Miró dicho objeto que conecta el piso con su cama. —Cómo odio las escaleras… -porque subirlas le hace sentir que se le quiebran los talones y tiene que hacerlo todas las noches.

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—Harina, huevo, mantequilla… - dice Mai en tanto se va colocando su mandil. —Azúcar y chispas de chocolate… - toma un caso del pequeño estante que tiene debajo de su microondas. —Una receta simple pero llena de sabor, je, je, je. - de los primeros postres que aprendió. —Siempre te han gustado -también de los primeros que le preparo a Natsuki.

Una receta que lleva en la memoria se va desarrollando con sus diestras manos, ingrediente a ingrediente: primero los secos, en otro molde los líquidos para luego ir mezclando de a poco todo junto, amasar y amasar hasta que la consistencia sea la correcta. Una canción suena en la radio que comienza a tararear.

—Llamarás… yo lo sé, llamarás. Si no es ahora mañana vendrás… -es una melodía vieja, de la juventud de su madre, pero tanto lo escucho de niña que le ha tomado cariño y no puede si no cantarla usando la palita para batir de micrófono. —Tus ojos fueron esa noche un destello de amor… – llevó la masa al refrigerador y le dejo reposar en tanto iba por su ropa para juntarla y llevarla a la lavandería.

Este lunes era perfecto, es feriado y no ha tenido clases así que desde temprano se ha puesto a cocinar, lavar la ropa, limpiar la casa y pasar a pagar las cuentas que se le acumularon en el mes. Cuando dieron las 3 de la tarde se fue a bañar y arreglar "casual pero despampanante" como no queriendo, pero sí queriendo lucir hermosa. A las 4 en punto se encuentra fuera de la estación esperando a cierta motociclista quien tan puntual como ella llega de frente.

—¡Hey! - le saluda la peli azul quien lleva una chamarra de cuero, una camiseta verde y pantalones de mezclilla muy ajustados.

—Hola - Mai se ha puesto un pantalón de mezclilla claro, tenis tipo vans, una camiseta de cierta serie que le gusta y un suéter ligero, aparte llevando una mochila pequeña color naranja pastel. —¿Te hice esperar?

—Para nada - sonríe. —Apenas acabo de llegar.

—Qué bien... - un silencio incómodo, la ojilila siente un ligero rubor en sus mejillas.

—¿Te parece si...? - señala en dirección al arcade.

—¡Claro! ¡Claro que sí! - da un pequeño brinco y se van las dos caminando. —Ehm... - quiere hablar pero, extraño en ella, se le traba la lengua y no sabe que decir.

—¿Qué sucede? - pregunta volteando a verle.

—¿Te hice algo malo…? - más calor hacia sus mejillas.

—¿Algo? - ahora es la peli azul quien comienza a tener rojo su rostro.

—No es la gran cosa, pero... - torpemente se quita la mochila y saca una bolsa de celofán llena de galletas con chispas de chocolate. —Ayer recordé una vieja receta y no me la pude sacar de la cabeza hasta que las hice y bueno… terminé con muchas… - le sonríe ofreciendo un kilo de galletas.

—¿Natsuki? -la otra se ha quedado sin palabras

—Jamás me han regalado algo tan bueno en mi vida… - hizo un pequeño puchero tomando la bolsa.

—Adoro estas galletas, me recuerdan a mi niñez - aun sin abrir el empaque emana un olor a chocolate y casa que hace mucho la ojiverde olvidó. —Muchas gracias, Mai, pero yo no te traje nada -inmediatamente abre la bolsa y se lleva una galleta entera a la boca. —hmm! ¡Están más buenas que antes!

—No es necesario que me des nada. - Pasó su mano a rascar la nuca. —Bueno, mis técnicas de cocina han mejorado desde que tenía 12 años, je, je, je. Sería una burla si asistiera a una de las mejores escuelas de cocina en Japón y no pudiera hornear galletas con chispas de chocolate.

—¡Te ganare algo! - dice con la boca atascada de galletas. —¡Un peluche, una figura exclusiva, lo que tú me pidas lo ganare para ti! - cierra su puño con fuerza mostrando que habla en serio.

—Etto… - ahora el sonrojo se ha comido toda su cara, no esperaba esa respuesta; de lo poco que conoce a la joven creyó que solo musitaría un corto "gracias" frio y glacial como la mirada que generalmente lleva en los ojos.

—Hace unas semanas anunciaron que tendrían los peluches de RWBY de colección. - comenta ante el silencio de la pelirroja. —Escuché que se necesitaban muchos puntos para conseguir los cuatro por lo que dudo que se hayan acabado.

—¿Conoces RWBY? - dijo saliendo de su estupor.

—El segundo volumen es mi favorito - sigue la ingesta de galletas —Pero admito que el volumen seis no está nada mal.

—También me gusta el segundo volumen - sonríe —Pero en el cuarto volumen estuve por decir adiós a la serie.

—No te culpo, fue aburrido… - se le queda mirando fijamente.

—¿Qué sucede? - pregunta bajando la mirada.

—Nada… es que no pareces la clase de chica que le gusta… - piensa detenidamente sus palabras.

—¿Las series animadas? ¿El ánime o el cómic? -solo recibe un ligero movimiento de cabeza por parte de la peli azul. —A mi hermano le encantan así que termine agarrándole el gustillo. - se encoge de hombros. —Él prefiere el ánime gore yo soy más de acción y comedia.

—Eres una caja de sorpresas, Mai - ya se encontraban frente al arcade.

—Je, je, je, je… - se volvió a rascar la nuca. —Pero eso debería decirlo yo.

—Bueno, la tecnología y el ánime van casi de la mano. - gran parte de sus compañeros ingenieros adoran el ánime y todo lo que tenga que ver con robots gigantes.

—¿Pero las motocicletas? ¿Y el gusto por los dulces? - hace notar Mai en tanto entran al establecimiento y observa que será lo primero que jueguen.

—Tal vez trabaje en microprocesadores, pero mi pasión es las maquinas grandes y ruidosas – sonríe. – ven - le toma del suéter para llevarla hacia el elevador del edificio. —Los juegos que dan más puntos están en el último piso.

—Pues vamos…

—¡Esperen! ¡Detengan el elevador! - una voz conocida hace que Mai detenga su plática y mire hacia afuera para ver con sorpresa a la persona que va corriendo, intentando alcanzar el elevador.

—¡Mikoto-chan! – sonríe.

—¿Le conoces? -pregunta con extrañeza la ojiverde.

—Es una amiga de la escuela - aprieta el botón para detener las puertas y permitir a la joven pelinegra entrar. —Qué sorpresa verte hoy Mikoto-chan

—Había quedado con unos amigos – invisibles - en vernos en el arcade, pero al final no pudieron venir - porque eran invisibles y ella leyó los mensajes cuando Mai había quedado con la mujer intrusa en arcade, lleva desde que abrieron el lugar rondando por la entrada. —Me alegro de encontrarte… - de inmediato cruza miradas con la ojiverde quien le responde de igual modo. —Creí que perdería el día aburriéndome -se coloca justo en medio de las dos mayores. —¿Qué quieres jugar Mai?

—Pues… -sus ojos van hacia Natsuki quien mira a la joven pelinegra como un intruso. —No las he presentado… ¿Verdad? - intenta darse tiempo para analizar la situación.

—Mikoto Minagi - alza la barbilla y su voz suena más grave de lo normal.

—Natsuki Kuga - le mira desde arriba, desde que llegó no le agrada.

—Eso fue rápido - sonríe nerviosa, un pequeño e incómodo silencio se apodera del elevador hasta que llegan al último piso y las puertas se abren dejando salir a las tres chicas.

—Nee, Natsuki… ¿Qué juego es el que me ibas a mostrar? - pregunta intentando separar a las mujeres que aún tienen una pelea a muerte con miradas.

—Oh… éste - comienza a caminar hacia un juego de shooter.

—Pff, juego para niños… -susurra Mikoto con la intención de que solo Natsuki le escuche.

—Tienes buen tino Mikoto-chan? - una sonrisa forzada por parte de la ojiverde.

—Cómo no tienes idea - otra sonrisa forzada. —¿Quieres probar?

—Con gusto… - toma una de las pistolas y cada quien pasa su tarjeta del arcade por el lector para dar inicio al juego. —Mai, ¿Podrías sostener MIS GALLETAS? - dice antes de tomar dos de la bolsa y llevarlas a su boca, acto que provoca furia en Mikoto.

—Hai, hai - toma la bolsa de galletas y da tres pasos hacia atrás avecinando la tormenta. No entiende como es que si llevan 5 minutos conociéndose ya se odian.

El juego es un Western, en modo competencia son dos vaqueros que entran a buscar pleito en un bar donde van a llenar de plomo a todo tipo que se les ponga enfrente. Pierdes puntos si le disparas a las abuelas, las chicas que trabajan en el lugar y a los cactus, porque por alguna buena razón saldrán cactus volando en el zafarrancho.

—Que sean 2 de 3 - chilla Mikoto cuando su puntaje es por mucho abajo del de Natsuki.

—Ni en 100 juegos me vencerás - la peli azul eligió ese en particular porque era absurdamente buena en él. Takeda le dijo que lo mejor esa fanfarronear ante las chicas con habilidades que tuvieras dominadas a la perfección.

—Entonces vamos… - miró alrededor. —A las motos.

—Como quieras - sonrió con malicia.

En las motos también le aplastó, luego en juegos de peleas tipo Tekken donde también ganó la peli azul, pasaron al futbolito y tirar balones de basquetbol, pero no importaba el juego, la ojiverde mostraba una pericia nata, haciendo pensar a la pelirroja que la dejó ganar la primera vez que llegaron al arcade.

—¡Ahora éstas! -Mikoto señala las máquinas de premios donde usas la garra para tomar el juguete y lanzarlo a la puerta.

—Si tú quieres - se tronó los dedos. —Veamos que tenemos por ganar… -caminaron entre las maquinas hasta que una llamó la atención de la peli azul. —Ésta parece buena -llena de peluches de perros. Puso una moneda y comenzó a bajar la garra hasta tomar un pequeño Akita felpudo que con maestría llega hasta sus manos. —¡Mai! -grita haciendo que la chica de un pequeño brinco.

—¡Hai! - responde con el mismo tono, se había perdido en sus pensamientos desde que comenzó la batalla por la supremacía del arcade.

—Toma - bajó la mirada en tanto le entrega el peluche. —Se verá mejor en tu habitación que en la mía.

—Gracias Natsuki - se sonríen llevando el peluche a su pecho para abrazarlo con fuerza. —Es muy suave…

—Je, je, je, je, sabía que te gustaría - la ojiverde se pone un tanto nerviosa al punto de olvidar a la pequeña pelinegra que ha corrido a otra máquina, está llena de gatos, le toma dos intentos, pero lleva hasta la pelirroja un gato blanco y negro. —¡Mai, toma! - casi le avienta el muñeco. —Sé que también te gustan los gatos.

—Gracias Mikoto-chan - de igual modo le sonríe. —Es muy bonito.

Entonces comienza otra guerra, "veamos qué tan grande y bonito regalo le podemos dar a Mai": en media hora la pelirroja lleva 3 perros, 2 gatos, 2 focas, 3 figuras de Gokú y un pulpo rojo. Cuando Mikoto lleva gastados cinco mil yenes en una máquina de peluches gigantes y Natsuki por su lado otros tres mil yenes en una máquina de pokemones edición de lujo super especiales tiene que detener esa locura.

—Es suficiente… - dice suspirando, cuando nadie le hace caso deja los peluches en el suelo y va hasta Natsuki quien está totalmente concentrada en sacar a ese magikarp dorado de la máquina. —Esto no es divertido… - se recarga en el vidrio de la máquina.

—¿Cómo? - voltea a verle y por suerte o destino la figura cae hacia la puerta provocando que la maquina comience a brillar.

—Mejor me voy a casa - tenía muchas cosas que hacer aparte de mirar a esas dos ganar premios e ignorarla. Dio la media vuelta y se fue hacia la salida.

—¡Espera! - toma su magikarp dorado y sale corriendo en busca de la pelirroja, la cual alcanza el elevador y lo cierra tras de ella. —¡Que esperes! - le grita a la puerta, mira hacia los lados y ve las escaleras, rápidamente baja por ellas hasta la salida donde intercepta a la otra joven. —¿Qué te sucede?

—¿Qué me sucede? - le dice con los ojos ligeramente cristalinos. —¿Qué te sucede a ti? No has parado de competir con Mikoto.

—Ella comenzó -chista cruzándose de brazos

—Ella tiene 16 años - le hace notar – ¿Qué caso tiene competir con ella?

—Uhm… - cerró los ojos. —No lo entenderías… - ni ella lo entendía muy bien, pero desde el momento que vio a esa chica le hervía la sangre, como si fuera un ladrón descarado.

—Hoy se supone que sería un día divertido - su mirada se fue al suelo, no tenía derecho a reprochar nada, pero estaba decepcionada de cómo iba la velada. —Lo estuve esperando por mucho tiempo ¿sabes? - una sonrisa triste. —Eso ya no importa… - dio media vuelta dispuesta a retirarse del lugar

—No te vayas… -le tomó de la mano. —Yo también… yo… - un sonrojo. – quería volver a verte otra vez - hizo circo maroma y teatro para lograr tener un día entero sin que Shizuru se enterara. —La cosa es que… ¡agh! – gruñó. —No sé cuándo detenerme, no se me da bien hablar con la gente y … no sé qué hacer cuando estoy contigo… - lo último lo dijo casi en un susurro.

—Je, je, je, je… -una pequeña risa salió de los labios de la pelirroja.

—Oye, no es gracioso - infló las mejillas.

—Gomen, Natsuki - se dio la vuelta para mirarle a los ojos. —Es que creí que era la única que no sabía qué hacer.

—¿Qué te parece otra vez ir al cine? O a lo que tú quieras, elige. - recuerda que hasta el momento es ella quien ha decidido los lugares.

—¿Lo que sea? - pregunta alzando una ceja.

—A donde quieras ir te acompañaré - le asegura.

—Bueno… - puso su dedo índice en la barbilla. —Primero quiero regresar por mi Akita de peluche y por Mikoto.

—¡Agh! - giró los ojos al cielo en molestia.

—No podemos dejarle así con todas las cosas… - en su berrinche Mai dejó todo excepto su mochila. —Después podemos ir a una tienda de artículos de cocina que no tiene mucho que abrió - todos sus compañeros hablaban del lugar, pero ella con su agenda tan apretada no había tenido tiempo y quería con todas sus ganas visitarla.

—¡Hecho! - se regresaron a donde dejaron a la pelinegra, encontrándola en una esquina con todos los juguetes y comiendo tranquilamente de las galletas de Natsuki.

—¿A dónde se fueron? - pregunta molesta llevando otra galleta a la boca, se había terminado casi la mitad de la bolsa.

—Pequeño gato ladrón… - gruñó arrebatando las galletas. —Eran mis galletas.

—No tenían tu nombre en ellas - le chista mirándole desafiante.

—Te voy a dar algo que tiene mi nombre en todo el…

—¡Basta! - Mai se pone entre las dos. —Mikoto-chan está mal que te comas algo que no te pertenece -le mira con reproche.

—¡Pero Mai…! – chilla. —Tú nunca me has hecho galletas… - un detalle que le caló en el corazón.

—No pareces de los que les gustan los dulces, aparte siempre te cocino ramen cada que tú quieres - le recordó. —No tienes necesidad de robar galletas.

—Uhm… - no tenía como discutir con ella.

—Es hora de irnos - suspiro la ojilila. —Ya me cansé del arcade - entre el ruido y las riñas era suficiente por un día.

Se fueron caminando lento hacia la estación del tren. Entraron y estaban esperando en el andén hasta que el tren abrió las puertas. Natsuki tomó a Mai por la mano deteniendo su camino en tanto con la otra mano empujó a Mikoto quien llevaba el gato gigante que había ganado y se fue a estampar con un señor de traje. Para cuando la ojidorado se levantó dispuesta a enfrentar a Natsuki las puertas se habían cerrado.

—¡Natsuki! - le miró enojada. —Eso fue muy grosero.

—Lo sé, lo sé… me disculpare cuando la vuelva a ver - que esperaba fuera nunca. —Vamos a la tienda ahora.

—Esperaremos el siguiente tren - dice cruzándose de brazos.

—No necesitas un tren… - le hace una señal para que le siga y salen de la estación para ir a un aparcamiento cercano donde Natsuki saca su flamante motocicleta. —Llegaremos más rápido con esto - le entrega un casco extra.

—Si tú lo dices… - solo en sus sueños más alocados había pensado siquiera en montar una moto agarrada fuertemente del abdomen de Natsuki, pero ahí estaba en las calles de Tokio sintiendo la calidez del cuerpo cubierto de cuero que va sorteando las avenidas con maestría; está tan feliz que ha olvidado disculparse con Mikoto.

—¿Es éste el lugar? - le pregunta deteniendo la marcha frente a una tienda de tres pisos.

—Parece que es ésta… - en las vitrinas ve ollas y batidoras junto a maniquíes vestidos con finas filipinas.

—Deja busco aparcamiento y entramos.

No tardan en encontrar un lugar donde dejar la motocicleta y tranquilas entran en la tienda donde los ojos de Mai brillan como niño en dulcería: ve los recipientes, los cuchillos, las maquinas, las vajillas y hasta las licoreras. Todo es mostrado y explicado para Natsuki quien mira entre intrigada y divertida como la pelirroja le habla con tanta emoción de sus herramientas.

—En la escuela tenemos batidoras el doble de grandes que ésta - señala a una aparato en una mesa. —pero…

—Pero seguro no vienen en 34 colores diferentes - comenzó a reír

—Exacto, no son tan bonitas como las que venden aquí - suspira con un pequeño mohín

—¿Qué color tienes? -pregunta observando la batidora color rojo corvet.

—No tengo ninguna. - contesta tomando uno de los brazos intercambiables con los que viene ese modelo.

—¿Entonces cómo bates tu masa? - voltea a verle.

—Con estas batidoras... - flexiona sus brazos, mostrando que tiene un buen músculo a lo cual Natsuki solo traga saliva.

—Ya veo, je, je, je, je... - se voltea; no esperaba que le llamaran la atención esos brazos bien torneados.

—¿Qué es lo que venden ahí?

—Son recipientes para horneado, pero los de teflón no son muy buenos que digamos.

—¿Por qué? - Lo que sea con tal de sacar los pensamientos que han comenzado a rondar en su cabeza.

—Si tienes una cocina de hogar, no tienes problema, pero ya en un restaurante...

Mai habló y habló lo que no había hecho en meses. Natsuki le escuchó atenta todo el tiempo solo disfrutando la cantarina voz y sus movimientos alegres cada que veía un artículo de importación o una herramienta que ni siquiera sabía que existía y no paró hasta llegar al último piso y ver el último anaquel.

—¡Pero mira la hora! - la ojilila vio su celular, ya pasaban de las 8. —Natsuki, te tuve en la tienda todo el día...

—No te preocupes. - negó con la cabeza. —Estabas muy entretenida con los cuchillos y las mangas pasteleras.

—Qué pena, qué pena... - puso sus manos sobre sus mejillas. —Seguro tienes mil cosas por hacer y yo aquí reteniéndote...

—Me divertí. - le dice con una sonrisa. —Pero es cierto, ya tenemos que irnos.

—Claro. - rápidamente bajaron las escaleras y se dirigieron a la motocicleta de Natsuki. —Entonces... - no sabía que procedía. ¿Se despedían? ¿Se subía a la motocicleta? Sería un descaro subirse sin más, tenía que esperar que Natsuki le dijera algo.

—¿Qué esperas? - le extendió el segundo casco.

—Nada... - tomó el casco para colocarlo en su lugar; a la peli azul el acomodo no le convence y le da de golpes en la cabeza para asegurarse de que está bien colocado.

—¿Por dónde vives, Mai? - pregunta cuando arranca y se va incorporando a la calle.

—Algo lejos de aquí, pero si me dejas en una estación yo puedo irme sin problemas.

—Quiero llevarte a tu casa... - las palabras salen antes de que siquiera lo piense y agradece llevar el casco, pues se ha sonrojado por enésima vez en el día.

—Sí, si tú lo dices... - con esa voz tan confiada y firme, Mai no tiene más que decirle su dirección. Natsuki tiene un mapa mental de Tokio en la cabeza así que sin mucha ayuda llegan hasta el edificio departamental donde habita la pelirroja.

—Gracias por todo.

—Gracias a ti... - se quita el casco para verle mejor. —Fue un buen día.

—Espero que lo podamos repetir... - baja un poco la mirada, cruzando las piernas algo nerviosa.

—Quizá el próximo mes... - comenta de nuevo sin pensarlo mucho.

—Sería perfecto. - le sonríe, pero después otro silencio; las dos no saben cómo seguir la conversación.

—Pues... me voy. - levantó la mano para luego colocarse el casco.

—¡Claro, claro! Nos estamos hablando. - Mai da media vuelta y camina hacia su puerta. La ojiverde puede ver que en la mochila va algo apretado el Akita de peluche que ella le ganó en el Arcade.

—Hasta pronto, Mai... - susurra para sí en tanto echa a andar su motocicleta, perdiéndose en la calle.

—Hasta pronto, Natsuki... - dice la otra, cerrando la puerta.

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COMENTARIOS DE LA AUTORA:

El bœuf bourguignon o buey a la borgoñona es otro de los platos más tradicionales de Francia, original de la región de Borgoña, de ahí su nombre. Se trata de un estofado de buey en el que la carne se cocina con vino tinto de Borgoña a fuego lento. Además, se le añaden otros ingredientes, tales como zanahorias, cebollas, ajo y un condimento muy utilizado en Francia que se llama bouquet garni.

Cuando todos los ingredientes mencionados anteriormente se han cocinado, el líquido resultante se suele espesar un poco con un roux, esto es, salsa hecha a base de mantequilla y harina. Gracias a ello se consigue la consistencia que caracteriza a esta salsa.

Tarde años, pero aquí esta otro capítulo y bastante grande para mi común denominador de capítulos jajajajaja.

La canción que tararea Mai tiene que ver mucho con lo que paso en la historia y también es una canción de mi niñez. Otro tema es RWBY, la serie de la que habla con Natsuki que resulta ser una de mis favoritas en estos días y de la que también estoy escribiendo. ¿Meterla es como hacer un crossover? Creo que no, pero quería meter mis series favoritas en un solo escrito.