Hola queridos lectores, aquí Trainer Manuel trayendoles el segundo capitulo de este fanfic.
Espero les este gustando esta pequeña historia, y quisiera decirles que habrá mínimo dos episodios por mes, es algo garantizado uvu.
Recuerden que cualquier comentario es excelentemente bien recibido C:
Sin mas, disfruten del capitulo.
Entrada II: Pokédex
20 de Mayo, Ciudad Rocavelo
El suave toque del sol llegó con fuerza a Ciudad Rocavelo. Mientras para la mayor parte de personas aquel era un día normal, para una pequeña chica de pelo rosado este día era el que más había ansiado desde hacía mucho tiempo.
Levantándose desde temprano, la chica se vistió con una playera anaranjada con franjas azules horizontales, una falda azul que le llegaba hasta las rodillas, una linda bufanda rosada y unas botas oscuras. Mientras la chica terminaba de alistar algunas cosas en su pequeña mochila negra, una pequeña Buneary se acercó a ella.
—Bunny, espero que estés preparada para este gran día —la chica de lindos ojos amarillos le sonrió a su pokémon.
El pequeño pokémon solo le sonrió a su entrenadora con determinación. La pequeña chica había estado planeando esto desde hacía mucho tiempo, y finalmente el gran día había llegado. Después de alistar las últimas cosas en su mochila, la chica se colocó su mochila, tomó la pokébola de su compañera y ambas salieron corriendo de la linda habitación de color rosa.
Al llegar a la pequeña sala principal, pudo ver a sus padres, los cuales estaban esperándola en el umbral de la puerta. La pequeña se paró en seco, sorprendida de verlos.
—Mamá, pensé que ya te habías ido al gimnasio —la chica estaba sorprendida de verla.
—¿Y perderme el día mas especial de mi pequeña? Ni loca —la mujer de pelo rosado y ropas de lucha se acercó a su pequeña hija—. ¿Estas lista para emprender este viaje?
—Más lista que papá antes de ir al Frente de Batalla —la alegría que desprendía cautivaba a sus progenitores.
—Esa es la actitud, Rose —el hombre de pelo amarillo acarició el pelo de su hija—. ¿Llevas todo lo que necesitas?
—Sí —la chica revisó de reojo su mochila—. Comida, agua, dinero, cosas para acampar, medicinas, pokébolas y mi poké-reloj.
—Bueno, entonces no tenemos de que preocuparnos —la mujer se sintió aliviada, aunque internamente aun sentía algo de preocupación.
—Tranquila, Maylene —el rubio sonrió—. Yo salí de viaje junto a Diamond cuando apenas teníamos once, Rose tiene trece, estoy seguro que le ira bien.
—Pero tú ibas acompañado —dijo con nerviosismo.
—Pero seguro que hará grandes amigos en su viaje, ¿no es así, cariño?
—Así es, estoy ansiosa por saber que me deparara mi viaje —con determinación, la chica tomó a su Buneary entre sus brazos—. Los haremos sentir orgullosos.
—Rose, ya lo estamos —con una sonrisa, Maylene se agachó ligeramente hacia su hija—. Prométeme que iras con cuidado.
—Lo hare, madre —con una sonrisa, la chica abrazó fuertemente a su madre—. No tienen de que preocuparse.
—Sé que lo harás genial, Rose —el rubio también le dio un fuerte abrazo a su hija.
Aunque estaban un poco tristes, ambos padres se sentían orgullosos de como su hija estaba a punto de comenzar su viaje a través de la región de Sinnoh. Hace apenas dieciocho años, Pearl y sus amigos habían comenzado el suyo propio, y ahora la hija de este estaba lista para emprender su propio viaje.
Por su parte, Rose estaban emocionada de finalmente salir de viaje. Estaba deseosa de saber qué clase de nuevos pokémon y personas se encontraría. Pero sobre todo, estaba ansiosa de demostrarles a sus padres su valía de entrenador, quería que se sintieran orgullosos de ella.
—Antes de que partas, Rose, ¿Qué ciudad piensas visitar primero? —preguntó Pearl, con curiosidad.
—Estaba pensando en ir a Ciudad Corazón, quiero conocer los concursos y a la líder de gimnasio —comentó con alegría.
—Fantina es una entrenadora muy fuerte, tal vez deberías entrenar bien antes de enfrentarla —el hombre sacó un mapa de su bolsillo—. ¿No te gustaría ir a Ciudad Jubileo primero? Es un buen sitió de entrenamiento.
Aquella propuesta sorprendió a las dos, Rose tenia pensando ir primero a Ciudad Corazon y después ir a Ciudad Vetusta, pero la sugerencia de su padre le parecía completamente rara a estas alturas.
—¿No está un poco lejos? —preguntó Rose, arqueando una ceja.
—Eso no es un problema —el hombre sacó un Chatot de su pokébola—. Puedes usar a Chatlord para que te deje ahí.
—Pero…
—Vamos Rose, estoy seguro que te gustara ir a esa gran ciudad —el hombre sonrió.
—¿Por qué tanta insistencia en que vaya a Ciudad Jubileo? —preguntó Maylene, sospechando algo.
—Nada en especial —riendo nerviosamente.
Si hay algo que el rubio tenia era su mala habilidad para mentir, luego de que la madre y su hija se miraran de entre ellas, identificando la mentira, ambas miraron con ojos amenazantes a Pearl.
—Iré solo si me dices la verdad, padre —la mirada sombría de Rose asustó un poco al hombre.
—Vamos, Pearl, ¿acaso tienes algo que ocultarnos? —Maylene también miró a su esposo de manera agresiva.
Incluso la pequeña Buneary miró a Pearl con agresividad. Lo habían pillado, y la mirada de malicia de ambas hizo que el hombre quedara ligeramente aterrado, siempre le aplicaban la misma treta.
—O-oigan tranquilas —Pearl retrocedió un poco—. Bueno, solo quiero que Rose conozca a una conocida en Jubileo, eso es todo.
Al escuchar aquello, la cara de ambas cambio de amenaza a desconcierto.
—¿Qué clase de conocida? —preguntó Maylene, con un tono de celos.
—Es alguien que podría ayudar a Rose en su viaje, créeme —la sonrisa llena de determinación hizo que ambas se calmaran—. ¿Qué dices, Rose?
—Bueno, supongo que está bien —Pearl se alegró de que aceptara—. Pero, ¿Cómo sabré quien es esa mujer?
—Cuando la veas lo sabrás.
Aunque no muy convencida del todo, Rose aceptó la idea de su padre y salió de la casa junto al Chatot de Pearl. Luego de una última despedida, la chica tomó los pies del pokémon y este la elevó a gran velocidad para llevarla hasta Ciudad Jubileo. Sería un viaje un poco largo, pero ella tendría el suficiente tiempo de observar la belleza de la región y de planear un nuevo plan de viaje.
Entre unas pequeñas lágrimas, ambos padres despidieron a su hija con alegría, deseándole suerte y que les llamara cuando llegara a Jubileo. Luego de que la figura de Rose se desvaneció del horizonte, Maylene decidió interrogar a su marido.
—Ahora si podrías decirme quien es esa conocida —interrogó la de pelo rosa.
—La profesora de Sinnoh, Moon —confesó con una sonrisa.
—¿¡Qué!? —Maylene dio un grito—. ¿La sucesora del profesor Rowan?
—Así es, hace unos días me llamó y me preguntó si Rose tenía planes de salir de viaje —el chico revisó rápidamente su bolsillo—. Parece que está buscando tres nuevos entrenadores que porten la pokédex.
—Eso quiere decir que Rose…
—Sí, será una nueva Pokédex Holder —sonriendo con alegría.
Aunque Pearl esperaba que Maylene se alegrara por la noticia, lo que recibió a cambio fue un fuerte golpe en la nuca. Maylene estaba enojada de que el rubio jamás le hubiese contado del plan de Moon, pero la verdad era que Pearl quería mantenerlo en secreto hasta que llegase el gran día.
[…]
20 de Marzo, Pueblo Arena
—Veamos, algo adecuado para un día como hoy —dijo una chica vestida con un pijama rosado de aspecto muy fino—. En mi mano derecha, lo último en fineza —dijo mientras se colocaba un anillo con una gran perla—. Y en mi mano izquierda, lo último en dureza —poniéndose un anillo con un gran diamante.
Aquello fue solo un recuerdo, un recuerdo lejano de la hereda, Platinum Berlitz. La mujer estaba en el umbral de la puerta de su antigua habitación, mirando con nostalgia como su hija adoptiva se preparaba para emprender su viaje.
Equipada con una mochila roja, una bufanda roja, una camisa blanca con los bordes azules, unos pantalones vaqueros y unos tenis azules, Níquel hacia sus últimos preparativos para salir de viaje, siendo acompañada por su Shuppet.
—Es un poco raro que me veas en silencio, Platinum —comentó Níquel, terminando de alistar sus cosas.
—Perdona, es solo que recordaba viejos tiempos —confesó con una pequeña risa.
—Cuando saliste de viaje, ¿no? —preguntó, arqueando la ceja.
—Así es —la mujer entró y se sentó en la enorme cama—. Aquel día me levante temprano, me coloque mis dos anillos y fui en búsqueda de mis guardaespaldas.
Platinum le comentó a Níquel el cómo había salido de viaje y las aventuras que vivió junto a Diamond y Pearl. A la chica le parecía bastante tonto el hecho de que Platinum haya confundido a dos niños con guardaespaldas profesionales, más aun le sorprendió saber que Pearl nunca se dio cuenta que Platinum no era una guía turística. Era obvio que Pearl no era muy avispado.
Su madre le había preguntado si deseaba tener guardaespaldas, pero Níquel se negó rotundamente. Aquello solo le causaría problemas en su entrenamiento, además de que no quería tener a dos sujetos que le impidieran hacer lo que deseara. A decir verdad, le parecía estúpido tener guardaespaldas, Sinnoh había estado en paz desde que ellos se enfrentaron al Team Galaxy, no había necesidad de más protección.
—¿Diamond ya se ha ido a trabajar? —preguntó Níquel.
—No, está en la sala esperándote —comentó Platinum con delicadeza.
—Bueno, me gustaría llevarme algunos panqueques para el camino a Ciudad Jubileo —con fuerza, la chica se puso la mochila a los hombros.
—Antes de que te vayas —la mujer sacó del bolsillo de su falda una pequeña tarjeta—. Toma esto.
—¿Qué es? —preguntó, desconcertada.
—Una tarjeta para que puedas dormir en los hoteles de cada ciudad —Platinum sonrió.
Aunque Níquel se le quedo viendo un rato, decidió rechazarla.
—No la veo necesaria, puedo acampar fácilmente o dormir en los centros pokémon —Níquel parecía recia a aceptar el obsequio.
—De todas formas, quiero que la tomes —la mujer seguía extendiendo su mano.
—No, no lo hare —aquel clásico orgullo le impedía tomarla—. Puedo sobrevivir sin vivir en lujosos hoteles.
—Pensé que ya habías dejado tu ego a un lado —Platinum suspiró—. Solo quiero ayudarte un poco, eso es todo —la mujer pensó un poco—. Velo como un pequeño pago por lo que estás haciendo por nosotros.
Níquel se quedó quieta por un segundo. Su rostro se nublo ligeramente, cosa que asustó un poco a Platinum. Cuando la chica se volteó, tomó la tarjeta con rapidez.
—Platinum, no me trates como una empleada —el tono de voz de la chica intimido a la mujer—. Hago esto porque quiero hacerme fuerte, darle una lección a Cooper y retribuirles un poco de lo que han dado, no quiero que me des regalos como si estuviera trabajando para ustedes, ¿de acuerdo?
Ante aquellas palabras, Platinum se quedó seria por un momento. La expresión en la cara de Níquel le aterraba, y las palabras que decía le hicieron darse cuenta de que Níquel no buscaba que le dieran un pago como si estuvieran contratando sus servicios. Aunque estaba ligeramente molesta por cómo le había hablado, en el fondo entendía el porqué.
—Solo quería que la tomaras —confesó Platinum con seriedad—. Pensé que la forma de verlo más como algo que te ganaste a algo regalado haría que lo tomaras.
Al escuchar aquello, el semblante del rostro de Níquel volvió a la normalidad, a la par que sacó una leve risita.
—Perdona por hablarte así, es solo que no me gusta que me tratan como si fuera una simple herramienta a la cual necesitan mantener —confesó, ligeramente apenada—. Tomare la tarjeta, pero con la condición de no más cosas regaladas.
Aunque el repentino cambio brusco de personalidad le sorprendió, Platinum solo pudo sonreír tiernamente al escuchar el pequeño trato. Aceptando, ambas fueron hasta la sala principal, donde Diamond las esperaba con un pequeño recipiente que tenía algunos panqueques.
—Guarde los panqueques que quedaban en este pequeño contenedor para que los lleves contigo —el hombre se acercó a la chica y se los entregó.
—Genial, gracias, Diamond —Níquel los tomó y los guardó en su mochila—. Creo que lo que más voy a extrañar será tu comida.
—Puedes pasar por mi restaurante cuando quieras —guiñando el ojo.
—Lo tendré en cuenta —Níquel sonrió, decidida—. Bueno, creo que este es el momento de decir adiós, ¿no?
—Eso parece —Platinum se acercó tímidamente a Níquel—. ¿Cuál es tu plan de viaje?
—Iré a entrenar un poco a la ruta 202, pasare por Jubileo y seguiré recto hasta el bosque Vetusto, luego visitare la mansión abandonada y finalmente iré a Ciudad Vetusta, de ahí supongo que seguiré hacia Ciudad Pirita y luego a Ciudad Corazon, luego de ahí supongo que seguiré al viento.
—La mansión abandonada —Diamond recordó la última vez que fue a verla—. Hay un Rotom que vivía ahí, si lo vez salúdalo de mi parte.
—¡Un Rotom! —gritó al escuchar aquello—. Creo que ahora tengo más ganas de ir.
No era una sorpresa para la pareja que Níquel era fanática de los pokémon de tipo fantasma. Su Shuppet era claro ejemplo de eso. De hecho, el motivo para ir a esa mansión era el poder capturar algún pokémon de dicho tipo, pero al escuchar de la existencia de un Rotom, Níquel se quedó con más ganas de ir.
—No será fácil de capturar, si eso pretendes —confesó la mujer.
—Eso ya lo veremos —con determinación, Níquel se acercó a la puerta—. Bueno, creo que es hora de irme.
Antes de que pudiera abrir la puerta, Diamond se acercó a ella y le dio un fuerte abrazo que le tomó por sorpresa. Aunque le incomodaba levemente, el sentir el pequeño calor que le transmitía le hizo abrazarlo de vuelta, aunque tímidamente.
—No hagas esas cosas de manera tan repentina —dijo la ojos cian, con algo de vergüenza.
—Perdona, solo quiero que te vaya bien —confesó el hombre con una sonrisa.
—Lo será —luego de eso, la chica miró de reojo a Platinum y, con un choque de miradas, ambas supieron que un abrazo no sería demasiado cómodo para ambas.
—Cuídate mucho, Níquel —ofreciéndole la mano—. Llámanos cuando puedas por el poké-reloj, ¿vale?
—Lo hare —despidiéndose de manera formal—. Cuídense los dos, estaremos en contacto.
Y sin más que decir, Níquel cruzó el umbral de la puerta y comenzó su viaje hasta ciudad Jubileo. Aunque el camino era corto, sería suficiente para que ella y Shuppet entrenaran un poco con los pokémon salvajes y algún que otro entrenador.
Mientras Níquel partía, Platinum sintió un ligero escalofrió en el hombro, como si algo no fuera a salir bien. Sin embargo, el escalofrió se fue cuando Diamond la tomó del hombro.
—No te preocupes, cariño, estoy seguro que ella estará bien —dijo el hombre con tranquilidad.
—Lo sé, es solo que sentí como si algo malo fuera a pasar —confesó decaída.
—Si pasara, estoy seguro que lograremos solucionarlo —sonriendo, Diamond le dio un pequeño beso en la mejilla a su esposa—. ¿Por cierto, has recibido alguna llamada de Gold y Crystal?
—Sí, parece que llegaran a las cinco a Jubileo, tiempo perfecto para ir a recogerlos —Platinum comenzó a recordar la última llamada que tuvo de ellos—. Pediré que alisten su habitación.
—Pero pide que tengan dos camas separadas —pidió el hombre, con un tono serio.
—¿Por qué? ¿No se supone que son esposos? —preguntó, desconcertada.
—Es algo complicado —confesó con algo de tristeza—. Vamos adentro y te lo explico, aunque antes necesito llamar a alguien.
Y sin decir más, la pareja volvió a entrar a la mansión para organizar la habitación donde dormirían sus amigos Holders. Luego de llamar al extraño contacto que estaba en Ciudad Jubileo, Diamond se tomó el tiempo de explicarle a Platinum la extraña situación que parecía estar teniendo la pareja de Holders de Johto.
[…]
20 de Mayo, Ciudad Jubileo
El brusco toque de la modernidad había golpeado con fuerza a Ciudad Jubileo. La mayor parte de aquella ciudad estaba infestada de enormes edificios que iban desde hoteles hasta oficinas.
En las calles había lámparas solares, enormes pantallas donde se podían ver una gran variedad de anuncios, baños que surgían del medio de la calles, hermosas plazas llenas de innumerable vegetación, relojes holograma e incluso basureros autónomos que ordenaban los residuos, Ciudad Jubileo se había convertido en la ciudad más avanzada de todo Sinnoh.
Mientras la gente avanzaba de un lado a otro, una chica de pelo rosado aterrizó en medio de una plaza pública. Cuando tocó tierra, Rose se despidió del pokémon de su padre y este emprendió el vuelo hasta Ciudad Rocavelo. Cuando vio que el pokémon se alejaba por el horizonte, llamó a su padre por su poké-reloj.
A pesar del gran avance tecnológico, Rose estaba muy acostumbrada a usar una de las viejas versiones del poké-reloj, más en concreto el modelo que usaba su padre. Luego de marcar el contacto y llamar, su padre le contestó de vuelta.
—Rose, ¿cómo estuvo tu viaje con Chatlord? —preguntó Pearl, desde su casa en Ciudad Rocavelo.
—Fue divertido, aun no sé cómo Chatlord puede soportar el peso —confesó con una pequeña risa.
—Chatlord es bastante más fuerte de lo que crees —el hombre estaba feliz de hablar así de su pokémon.
—Lo sé, me cuidaba desde pequeña —recordando los viejos momentos con aquel pokémon—. ¿Dónde está la amiga que querías que viera?
—Bueno —el hombre se tocó la barbilla, recordando el lugar exacto donde estaría la mujer—, debe estar en la pequeña cafetería que está al lado del centro pokémon, la identificaras fácil por su bata de científica y su gorro.
—De acuerdo, solo espero que no me demore —comentó con pesadez—. Vi muchos pokémon en la ruta 203 que me gustaría conocer, además de que Bunny está lista para combatir —comentó con orgullo.
—No te arrepentirás, lo prometo —finalizó—. Ten suerte en tu viaje, llámanos frecuentemente, y saluda a esa chica por mí.
—Así lo hare, adiós papá, te quiero —se despidió.
Finalizando aquella llamada, Rose se dirigió hasta la cafetería que su padre había comentado. El lugar se encontraba a dos cuadras, por lo que podría disfrutar un poco de la vista de la ciudad.
Aunque el sonido de los automóviles y el caminar de la gente era bastante potente, aquello no evitó que Rose admirara la belleza de la urbe. Los gigantescos edificios que se extendían hasta donde alcanzaba la vista, las limpias y bien pulidas banquetas, los cientos de tiendas y restaurantes a cada lado que miraras y los innumerables pokémon que paseaban junto a sus entrenadores.
Inclusive podía respirar un aire fresco, pues la mayoría de automóviles que había en la ciudad funcionaban con electricidad. Además, el sin número de árboles que había por todos lados habían que la ciudad pudiese respirar profundamente.
Luego de avanzar por este hermoso paisaje, Rose finalmente llegó a la pequeña cafetería que estaba al lado del enorme centro pokémon. El establecimiento era bastante modesto, contrastando con aquellos enormes edificios. Luego de examinar bien las mesas de cristal, Rose localizó a la chica que buscaba. Aquella chica estaba degustando de un delicioso batido de moras.
Sin embargo, cuando Rose se acercó más a la chica, ella pudo darse cuenta de algo que la tomó por sorpresa. De inmediato reconoció de quien se trataba.
—¿Profesora Moon? —preguntó con sorpresa a la chica.
—Oh —Moon se sorprendió igualmente, pero rápidamente reconoció a la chica—. Tú debes ser Rose, ¿cierto?
—Sí, mucho gusto en conocerla —el tono de voz de Rose expresaba mucha emoción.
Luego de un fuerte apretón de manos, Rose se sentó junto a Moon. De inmediato, la profesora le ofreció tomar un batido con ella, la chica inmediatamente aceptó y la mesera le trajo una malteada de fresa.
—Así que usted era la conocida que mi papá quería que viera —luego de tomar un poco de su malteada, la chica se quedó maravillada de estar sentada junto a la profesora más importante de la región.
—Así es, tu padre me habló bastante de ti —confesó con una sonrisa—. Estas empezando tu viaje, ¿o me equivocó?
—N-no, está en lo cierto —Rose estaba bastante apenada de que su padre hablar de ella—. Justo hoy empezaba.
—¿Y qué planes tienes para este viaje? —preguntó con curiosidad.
Aquella pregunta le hizo reflexionar un poco. Ella aún no estaba segura de que era exactamente lo que deseaba cumplir. Vencer a los líderes de gimnasio sería una buena manera de enorgullecer a su madre, pero el vencer a los ases del frente enorgullecería a su padre. Tantas cosas en que pensar le agobiaba.
—Quiero conocer muchos pokémon, y también quiero vencer a los líderes de gimnasio, o mejor a los ases del frente, o tal vez ambos —dijo con algo de nerviosismo—. La verdad aun no me he decidido exactamente.
Aquella confesión puso en Moon una cara de confusión. Le parecía gracioso como la chica parecía aspirar a nada y a tanto al mismo tiempo. Sin embargo, tomando en cuenta de quién es hija, supuso que tal vez quería seguir el camino de alguno de sus dos padres.
—Quieres superar a algunos de tus padres, ¿no es así? —preguntó, arqueando la ceja.
—Algo así —respondió con nerviosismo—. Solo quiero que se sientan orgullosos de mí, tengo que cumplir sus expectativas.
—Entiendo —profesora terminó con su batido, movió el vaso a un lado y puso un maletín en la mesa—. Dime, Rose, ¿no te gustaría tener una herramienta que te ayude en tu viaje?
Rose se quedó sorprendida ante aquella pregunta. La verdad no entendía mucho a que se refería, ni mucho menos porqué había sacado aquel extraño maletín.
—¿Herramienta? —preguntó, confusa.
—Sí, pero creo que mi asistente será mejor explicándote —con una sonrisa confiada, un pokémon salió de por debajo de la mesa.
Alzándose frente a una impactada Rose, la RotomDex de Moon hizó su aparición. Rose no se esperaba para nada el también conocer la famosa Pokédex que la profesora de Sinnoh tenía.
—Hola, Rose, mi nombre es Rotom y te explicare todo lo que necesites acerca de la nueva versión de la pokédex —el pokémon parecía estar bastante animado—. Con los últimos conocimientos en pokémon, la profesora Moon ha construido tres nuevas versiones de la pokédex original del difunto profesor Rowan, estas pokédex son capaces de identificar hasta más de ochocientos pokémon, además de tener adicciones extra que pueden resultar útiles en tu viaje, como lo son…
—¿¡Me están ofreciendo una pokédex!? —gritó Rose, interrumpiendo al pobre RotomDex.
Aquello asustó a ambos, incluso hizo que la gente del local se les quedara mirando de manera molesta. Moon se disculpó rápidamente, inclinando la cabeza.
—No grites, chica —dijo la RotomDex, ligeramente molesto.
—Jeje, una disculpa —tapándose rápidamente la boca y soltando una pequeña risa—. No pude contener la emoción.
—Supongo que es algo normal en ti —confesó Moon con sinceridad, cosa que sorprendió a Rotom—. He terminado estas tres pokédex y no hay nadie mejor que porte una que la hija de un pokédex holder.
Al decir aquello, la mente de Rose se quedó en shock. Ella sabía que su padre se había convertido en un Pokédex Holder cuando tenía su edad, además, el mismo le había contado historias como había varios pokédex holders en cada región, muchos de ellos tenían un gran poder. El tan solo pensar que ella formaría parte de aquel grupo de selectos entrenadores la elevó a los cielos, tanto así que Moon tuvo que devolverla a la realidad con algunos chasquidos.
—¿Me escuchas, Rose? —preguntó Moon, chasqueando los dedos.
—¡Aceptó! —dijo sin titubear.
Otro pequeño grito por el cual Moon tuvo que pedir disculpas, pero tampoco se enojó, cosa que sorprendió bastante a Rotom. No era común que la profesora no estuviera regañando a alguien como Rose por su actitud.
—Bueno, pero necesito que me prometas que harás buen uso de ella y recolectaras toda la información que puedas de los pokémon, ¿de acuerdo? —preguntó con una ceja levantada.
—Por supuesto que si —contestó con alegría—. Le prometo que no se defraudara.
Con eso dicho, Moon colocó una clave en el maletín e, instantáneamente, este se abrió, dejando ver las pokédex.
Aquellos aparatos constaban de una gran pantalla que tenía a los lados dos pequeños módulos removibles con algunos botones y números raros. Al verlos, Rose quedó completamente anonada de ver aquellos brillantes objetos.
—Bueno, Rose —Moon tomó con delicadeza una y se la dio a Rose—. Cuida bien de esta pokédex, y recolecta toda la información que puedas.
—Wow —Rose aún no se podía creer que tenía aquella artefacto entre sus manos—. Es hermosa, enserio —la chica se acercó a examinar más la pokédex—. No la defraudare, profesora Moon.
—Sé que no lo harás —sonriendo—. Los módulos removibles tienen diferentes funciones, la más importante de es la transferencia de información entre pokédex, si pones el modulo rojo en otra pokédex, complementaras la información de esa pokédex con la tuya, y viceversa.
—Genial —Rose aún seguía emocionada de tener su primera pokédex, pero hubo algo que le llamó la atención—. Disculpe, profesora Moon, ¿eso significa que le dará las otras dos a otros dos entrenadores?
—Ese es el plan —sonrió con nerviosismo—. De hecho, quería saber si tú no conocías a la otra entrenadora que estoy por dársela —con determinación, Moon miró a Rose directo a los ojos—. ¿Conoces a Níquel Berlitz?
Berlitz, ese apellido le sonaba de algo. Indagando entre sus memorias, Rose recordó que aquel era el apellido de una de las amigas de su padre, Platinum Berlitz. Aquella chica con la que antaño había salido de viaje. Sin embargo, ella no recordaba nada acerca de una tal Níquel Berlitz.
—Conozco el apellido Berlitz, era el apellido de la señora Platinum, amiga de mi padre, pero no sé nada acerca de una Níquel —cruzándose de brazos y tratando de pensar.
—Bueno, Níquel es la hija adoptiva de Platinum, la amiga de tu padre —la profesora volvió a cerrar el maletín—. Siendo ella parte de la familia de dos viejos pokédex holders, me gustaría que ella portara una pokédex, al igual que tú.
—¿Eso significaría que Níquel y yo podríamos ser compañeras de aventura? —preguntó, con los ojos llenos de emoción.
—B-bueno, yo no dije eso —respondió nerviosa—. Por lo que me han contado, ella bastante especial para las relaciones y eso.
—No hay de qué preocuparse, estoy segura que a ella le encantara hacer equipo con una de las hijas del mejor amigo de su madre adoptiva—sonrió, llena de confianza y colocándose una mano en el pecho—. Si quiere, puedo ir a buscarla.
La energía y vitalidad que demostraba Rose dejaba bastante sorprendida y nerviosa a Moon. Estaba segura de que ella heredaría un poco de aquella actitud de su padre, pero no esperaba que incluso fuese más hiperactiva que él.
Para fortuna de Moon, ella había recibido una llamada de Diamond hace algunas horas. En aquella conversación, además de afinar los detalles para encontrar a los holders de Johto en Ciudad Canal, Diamond le había comentado que Níquel había comenzado su viaje. La propuesta de Rose le venía como anillo al dedo para darle su pokédex a Níquel.
—Creo que puedo encargarte ese pequeño favor, ahora que eres una pokédex holder —guiñando el ojo—. Si mis cálculos no fallan, Níquel debería estar por la ruta 202. Si la encuentras, hazme el favor de hablarme por medio de la pokédex, yo acudiré de inmediato.
—Sin embargo —Rose parecía algo preocupada—. ¿Cómo la puedo contactar desde la pokédex?
En ese instante, Moon aprovechó para indicarle a Rose como era que funcionaba el sistema de comunicación de las pokédex. La profesora había hecho el sistema operativo de la pokédex lo más intuitivo posible, de forma que no fuera difícil el poder usarla.
Además de la función de recolección de información de pokémon y el intercambio de la misma, esta pokédex tenía funciones de comunicación con la otras pokédex y con la profesora, un sistema de rastreo para saber dónde se encontraban las otras pokédex e incluso tenía un mapa ultra preciso para saber tú localización exacta. También le mostró una foto de cómo era físicamente Níquel, haciendo hincapié en que su rasgo más distintivo era sus extraños mechones con doble punta invertida.
Luego de haberle explicado lo básico de la pokédex a Rose, la chica se despidió amablemente de la profesora, le agradeció por todo e inmediatamente salió corriendo hasta la ruta 202, en búsqueda de su futura nueva compañera.
Mientras Rose se desvanecía en el horizonte, Moon se quedó mirando el maletín con las otras pokédex que faltaban. Si Níquel se quedaría con una ¿quién sería el portador de la tercera? Mientras pensaba, un mensaje llegó a su pokéreloj.
Al ver la vista previa, en el mensaje se alcanzaba a leer "Disculpe, tendré que llegar a las nueve a su laboratorio, tuve problemas en el lago". Al leer aquello, Moon soltó un suspiró de malestar y le dio un último sorbo a su malteada. Cuando Rotom la vio, solo pudo expresar una pregunta.
—¿Estas segura que son los correctos? —preguntó.
—Lo son, solo necesitan tiempo —contestó, sin dudas.
[…]
20 de Mayo, Ruta 202
El reloj marcaba las tres de la tarde, la hora justa para el almuerzo de la mayoría de personas. Sin embargo, Rose no estaba dispuesta a almorzar hasta que no encontrara a esa entrenadora.
La holder había estaba explorando la ruta 202 en búsqueda de aquella entrenadora que la profesora le había comentado, pero en toda su búsqueda solo se había encontrado con el tranquilo paisaje de aquella apacible ruta. El viento soplaba suavemente, moviendo débilmente su corto cabello rosado.
Su leal pokémon la seguía fielmente, al mismo paso que la entrenadora daba. Aunque no se hubiesen encontrado con Níquel, Rose aprovechó para ver varias especies de pokémon. Bidoof, Starly, Shinx y Growlithe eran los pokémon que había alcanzado a ver y documentado para su pokédex. Sin embargo, la pokédex le indicó que para poder registrar a los pokémon, ella debía capturarlos.
—Esto será muy tardado —dijo Rose, con pesadez—. Pero no importa, si completó la pokédex tendré otro logro para que mis padres se sientan orgullosos ¿no es así Bunny?
El pokémon respondió con un pequeño gritó de determinación. Su pequeña Buneary estaba lista para ayudar a su entrenadora en lo que sea que fuere, ambas habían estado esperando este viaje desde hacía mucho tiempo.
Rose decidió posponer la captura de pokémon hasta que encontrara a Níquel. La verdad era que le apasionaba la idea de tener una compañera de viaje. Más aún si esa compañera era familiar de los amigos de su padre.
—Solo imagínalo, Bunny, una nueva amiga con la cual poder viajar juntas —la expresión de felicidad de la chica fue secundada con la sonrisa de su pokémon—. Justo como papá en sus viajes, será una aventura estupenda.
La emoción era grande, y no era para menos. El pensar que tomaría el mismo camino que tomó su padre en el pasado le hacía sentirse genial, le parecía una excelente idea para aumentar las expectativas de sus padres. Se moría de ganas por conocer a aquella entrenadora.
Mientras avanzaba, unos ruidos captaron su atención, aquellos ruidos parecían provenir de un pequeño claro que estaba cerca de donde se encontraban. Luego de correr hasta el origen del ruido, Rose finalmente encontró a quien buscaba.
—La chica de piel clara, ojos cian y mechones con punta doble invertida —comentó Rose, con emoción.
Níquel acabada de tener un combate pokémon con un entrenador dueño de un Growlithe. Con un resultado victorioso, Níquel recibió el pagó del entrenador y le dio a su Shuppet una baya oran para que recuperara fuerzas. Sin embargo, ambos se asustaron cuando escucharon un gritó que venía por detrás de ellos.
—¡Níquel Berlitz! —gritó Rose, con emoción.
Aquel grito desconcertó a Níquel y a su pokémon, tanto así que este tiró la baya que procedía a comer. Luego de recoger la comida de su pokémon, Níquel miró con molestia a la chica que se acercaba.
—Entiendo que estemos en un bosque, pero no es manera de saludar una persona —dijo, con enojo.
—No pude evitarlo, eres la persona que he estado buscando —comentó con una sonrisa.
—¿Y tú eres…?
—Mi nombre es Rose, mucho gusto —extendiéndole la mano—. Nuestros padres se conocen.
Al decir aquello, Níquel se quedó en silencio por un momento. A pesar de usar el apellido de manera oficial, la chica no deseaba que reconocieran a Diamond y Platinum como sus verdaderos padres. Luego de notar la molestia en Níquel, Rose retiró la mano.
—¿Dije algo malo? —preguntó, con nerviosismo.
—Mis padres murieron hace mucho tiempo, chica —dijo con enojo—. Si te refieres a Diamond y Platinum, ellos solo me adoptaron.
Aquella voz agresiva hizo que Rose tuviera escalofríos, ahora entendía por qué Moon le había advertido sobre el temperamento de Níquel.
—L-lo lamento, solo que no me quedaba claro —rascándose la nuca—. Bueno, mi padre es Pearl y mi madre es Maylene, ambos son amigos de tus padres adoptivos.
—La líder de gimnasio y el as del frente —su tono de voz se volvió ligeramente más tranquilo—. Interesante, debes ser alguien fuerte.
—Bueno, la verdad es que apenas estoy comenzando mi viaje como entrenadora pokémon —dijo con orgullo—. De hecho, mi primera misión era encontrarte.
—¿Encontrarme? —preguntó sorprendida—. ¿Para qué?
—Una misión que me encargó la profesora, dame un minuto para contactarla.
Entonces Rose se sacó su pokédex y trató de hacer una llamada a la profesora, sin embargo, la emoción del momento le impedía recordar los pasos a seguir para concretar la llamada, haciéndose todo un lio. Níquel solo miró con cierta diversión como la chica se hacía un lio con aquel extraño artefacto. Sin embargo, finalmente logró llamar a la profesora.
—Buenas tardes, Rose, ¿has encontrado a Níquel? —preguntó Moon, desde la pantalla de la pokédex.
—Así es, mírela está aquí conmigo.
Rose se acercó demasiado a Níquel para ambas pudieran ser vistas por la profesora. Aquella acción la incomodó bastante, no estaba del todo segura si realmente le caía bien aquella entrenadora que acabada de conocer, pero el ver la cara de la profesora hizo que despertara en ella cierta curiosidad.
—Hola, Níquel, ¿qué tal ha resultado tu viaje? —preguntó Moon.
—Hola —saludó sin mucho ánimo—. Usted es la profesora de Sinnoh, ¿no es así?
—En efecto, parece que ya me conocías —respondió, con una sonrisa.
—Encontré algunas fotos tuyas en la sala de investigación del padre de Platinum —recordando levemente—. ¿Para qué me estabas buscando?
—Creo que será mejor que nos veamos en persona —sin perder tiempo, la profesora sacó a su Decidueye—. Las llegare en unos diez minutos, por favor espera ahí, no tardare.
—Pero…
Sin darle oportunidad de réplica, la profesora acabó la llamada para ir con Níquel y Rose. Aunque sorprendida, Níquel simplemente suspiró derrotada y se tiró al césped, no le gustaba en lo absoluto que interfirieran con su entrenamiento.
Mientras pensaba en que quería la profesora, su pequeño Shuppet comenzó a jugar un poco con la pequeña Buneary de Rose. Aunque le dio miedo al inicio, rápidamente los dos pokémon comenzaron a juguetear entre ellos.
—Parase que nuestros pokémon se llevan bien entre ellos —Rose se había sentado junto a Níquel—. Tal vez deberíamos hacer lo mismo.
—Bueno, al menos tu Buneary no le gritó tan fuerte a mi Shuppet —comentó, sin interés realmente en hacer amigos—. ¿Sabes para que me quiere la profesora?
—Te encantara, estoy segura de que si —sonrió, muy motivada—. Pero lo mantendré en secreto.
—¿Cómo sabes que me gustara? —arqueando la ceja— Ni siquiera sabes como soy.
—Lo sé, pero estoy segura que siendo… —Rose hizo una pequeña pausa, recordando cómo se puso cuando le mencionó que Diamond y Platinum eran sus padres— familiar de Diamond y Platinum, seguramente te encantara esa propuesta.
Una pequeña sonrisa salió del rostro de Níquel, le pareció gracioso como la chica se retractaba rápidamente. Cuando Rose alcanzó a mirar su sonrisa, Níquel inmediatamente la borró de su rostro.
—¿Acabas de sonreír? —preguntó.
—No, no lo hice —respondió de manera indiferente.
—¡Si lo hiciste! —gritó.
Aquel fuerte grito asustó a Shuppet, pero Buneary estaba tan acostumbrada que ni se inmutó. Níquel inmediatamente se levantó, enojada, aquel grito le hizo enojarse bastante.
—¿Quieres dejar de gritar? —preguntó, molesta.
—Solo si admites que sonreíste.
—No lo ha…
—¡Mentirosa!
Otro grito más, esta vez más fuerte que el anterior. Estaba vez Níquel se puso de pie y agitó el puño con furia, sentía que aquella chica le estaba retando demasiado. Sin embargo, Rose parecía divertirse con esa situación, las expresiones de la ojos cian le parecía divertido.
—¡Para ya! —gritó, enojada— Además, aun no me has dicho que es lo que quiere Moon de mí.
—Lo sabrás a su momento —comentó con una sonrisa malvada—. Por el momento, será mejor esperarla.
Aunque aquella chica comenzaba a desesperarla, Níquel simplemente tragó saliva y se volvió a tirar al pasto, esperando que la dichosa profesora llegara. No podía creer que la personalidad de Rose fuera tan desesperante, Diamond le había contado que Pearl era algo hiperactivo, pero jamás imaginó que su hija lo hubiese heredado. La verdad estaba mejor sin conocer a esa entrenadora.
Para su fortuna, la profesora Moon no tardó demasiado en llegar a donde se encontraban ambas. Aterrizando en la gran explanada, Moon sacó su portafolio y se acercó a las dos entrenadoras.
—Espero no hayas esperado demasiado, Níquel —dijo la profesora.
—Con la gritona de su asistente tuve suficiente —comentó con tono de queja, haciendo que Rose hiciera un puchero—. ¿Qué es lo que necesita?
—Justamente tiene que ver con el papel de Rose —la chica abrió el maletín—. Rose no es mi asistente, ella es una pokédex holder.
Níquel creyó recordar el título que Moon le puso a Rose. Indagando en sus recuerdos, recordó la vez que leyó aquel título en la tarjeta de entrenador de Diamond y Platinum. No solo eso, también recordó que su abuela le había contado sobre eso.
—¿Pokedex holder? —mirando de reojo a Rose—. Mi abuela me contó sobre ellos, son una especie de entrenadores que consiguieron la pokédex ¿no?
—Exacto, Diamond y Platinum son pokédex holder también, al igual que el padre de Rose, Pearl.
—¿Y eso que tiene que ver conmigo? —preguntó, arqueando la ceja.
—Pues, siendo la hija adoptiva de Diamond y Platinum, creo que tú eres la indicada para portar una pokédex —mostrándole el contenido del maletín.
Níquel se acercó con curiosidad, observando detalladamente las dos pokédex que habían almacenadas. Aunque le parecían bonitas, rápidamente volteó a ver a Moon con indiferencia.
—¿Quieres darme una pokédex?
—¿Qué no es obvio? —la expresión de Moon reflejaba molestia, acabada de decirle que le daría una y aun así preguntaba.
Aunque Níquel acercó levemente su mano a una de ellas, rápidamente se dio la vuelta y le dio la espalda a Moon y a Rose, las cuales le miraron confundidas.
—No, gracias —dijo con sinceridad.
—¿¡Te estas negando!? —gritó Rose, sorprendida.
—¡Deja de gritar! —gritó de devuelta Rose— No quiero convertirme en otro acarreado más de un profesor, o profesora en este caso —respondió con desinterés—. Además ya tienes a esta chica gritona, no me necesitan.
—¿M-me estás diciendo que los pokédex holders son acarreados? —preguntó con nerviosismo la pelirosa.
—Que son los pokédex holders además de un grupo de niños que reciben el favor de una pokédex para completar el trabajo de un profesor mediocre que es incapaz de completar su trabajo por sí mismo —comentó, con desinterés—. No me interesa ser otro trabajador, tengo una misión que cumplir…
—Hacerte más fuerte, ¿no es así? —preguntó, con una cara seria.
Níquel se detuvo un momento, su rostro se ensombreció y su respiración se hizo más profunda.
—Sí, pero ese no es asunto tuyo —volteó a verla con cierto enojo—. Diamond o Platinum te llamaron, ¿verdad?
—Ese no es el punto, Níquel —la profesora se acercó—. Puede que sea cierto lo que dices, después de todo una profesora primeriza como yo no podría recolectar toda la información de los pokémon de Sinnoh —riendo de manera seca—. Sin embargo, no todos los holders quisieron su pokédex para ayudar a un profesor, otros la usaron como medio para hacerse mucho más fuertes, una herramienta más para convertirse en los mejores entrenadores. Puedo decirte el nombre de muchos de ellos y de las grandes hazañas que han hecho.
Níquel volteó a ver directamente a la profesora. Aunque ambas tenían una mirada seria, Níquel la miraba de manera retadora, aquellos ojos cian parecían retar a Moon. Sin embargo, la profesora se mantuvo firme.
—Sé que no quieres ser una trabajadora más, o recibir algo de manera gratuita solo porque sí, pero si realmente buscas ser mucho más fuerte necesitaras esto, será una increíble herramienta para tu entrenamiento.
Níquel se quedó pensando un momento aquellas palabras. Aunque el discurso de la profesora le parecía bastante genérico, había algo que le hacía querer subirse a ese tren. Era claro su deseo de volverse más fuerte, y la idea que le ofrecía Moon parecía conversarle de a poco.
En el pasado, Níquel había escuchado que existían dos poderosos entrenadores en Kanto que habían logrado grandes hazañas; Red y Green. Su abuela le contaba como aquellos poderosos entrenadores habían tenido una batalla espectacular en la liga de aquella región, los describía con un poder mayor que incluso el de la misma Cynthia.
Con una sonrisa pícara, Níquel rio levemente, desconcertando a Rose y a la propia Moon, la cual parecía molesta. Luego de parar su risa, miró a la profesora con ojos sínicos.
—¿Enserio estas dispuesta a darle un pokédex a alguien como yo? —preguntó.
—Lo estoy —respondió, tragándose su enojo.
—¿Por qué yo? No soy hija de Diamond y Platinum, apenas estoy empezando mi viaje, hace apenas cinco años era una niña que vivía cerca de un cementerio —preguntó con descontentó.
—Llámalo intuición, si Diamond y Platinum creen en ti, no veo por qué yo no puedo hacerlo también —comentó, determinada.
Aún tenía dudas, sin embargo, dentro de ella sentía la determinación de la profesora, sentía como esa determinación se volvía suya, como esa esperanza de una profesora en una joven promesa se volviera suya.
Ya había pasado antes con Platinum, aquella sensación de empatía extrema le molestaba increíblemente. No sabía decir si aquello era normal o no, pero definitivamente quería dejar de sentirlo. Sintiéndose eso tan vivo en su pecho, la chica simplemente se acercó y, actuando por impulso, tomó una pokédex.
—De acuerdo, me volveré una pokédex holder —dijo, tomando la pokédex entre sus manos.
—Has tomado la decisión correcta, Ní…
—¡Yupi, una nueva compañera! —gritó Rose una vez más, haciendo que Níquel casi tirara la pokédex.
—¿Esta chica nunca deja de gritar cierto? —preguntó Níquel a la profesora, esta solo contestó con una mirada apenada.
Luego de entregarle la pokédex, Moon se tomó el tiempo de explicarle todas las funcionalidades de la misma a Níquel. Aunque Níquel había aceptado, ella misma le dijo que le entregaría la pokédex después de que terminara su viaje. Después de todo, aun no se sentía cómoda teniendo aquel aparato de gratis.
—Bueno, creo que retomare mi camino hasta Ciudad Jubileo —Níquel había guardado su pokédex en su mochila.
—¿Puedo acompañarte hasta ahí? —preguntó Rose, animada.
—Solo si no gritas en el camino —puso de condición—. Enserio, debes controlarte un poco.
—Lo intentare —aceptando con una risa.
—Bueno chicas, tengan un excelente viaje, estaré en contacto con ustedes para cualquier cosa que necesiten —despidiéndose de ambas—. Excelente tarde.
—Nos vemos, profesora —se despidió cortésmente Níquel.
—Nos veremos luego profesora —despidiéndose la chica de pelo rosa—. Vamos a Ciudad Jubileo, compañera de viaje.
—Nunca dije que sería tu compañera de viaje —dijo la ojos cian, molesta.
Mientras se iban, Moon sonrió por haber convencido a Níquel de conseguir la pokédex. Diamond le había advertido que no sería para nada fácil hacerla aceptar, pero afortunadamente había encontrado la forma de hacer que aceptara.
—Ahora que lo pienso, esos chicos deben estar por llegar a Ciudad Canal —mencionó la profesora, checando la hora en su pokéreloj—. La otra pokédex tendrá que esperar para más tarde.
Sin perder tiempo, la chica emprendió el vuelo con su Decidueye hacia Ciudad Canal, debía llegar temprano para recibir a los holders de Johto, aquellos que le ayudarían en la investigación que estaba por realizar. Una que podría finalmente arreglar el pequeño problema de aquella pareja de holders.
