Buenas queridos lectores UvU, aquí les traigo el tercer capitulo de esta interesante historia. Es un poco mas largo, pero creo que a la gente le gustan los capítulos largos, xD.

Sin mas, espero les encante este capitulo y la historia en general. Cualquier comentario se agradece profundamente y ayuda a la continuación de este proyecto UwU.

Nos vemos a finales del mes con el capitulo 4. Hasta entonces.

Enjoy :D


Entrada III: Vs Buneary

El suave y gélido viento del norte le dio la bienvenida al SS Aqua a Sinnoh. El enorme barco estaba lo suficientemente cerca de Ciudad Canal como para que esta se alcanzará a ver levemente desde la cubierta del barco. La embarcación se acercaba de manera lenta pero veloz, asegurando a sus pasajeros que tocaría tierra en unas tres horas.

Mientras la mayoría de personas se ocultaban en sus camarotes, en la cubierta había un hombre de pelo azabache y ojos tan brillantes como el oro. Aquel hombre estaba vestido con una sudadera oscura para protegerse levemente del frio, la verdad era que no estaba acostumbrado a esa temperatura en su región de origen, Johto.

Tomándose del barandal del barco, el hombre respiró con alegría el aire fresco, exhaló y miró con felicidad a la ciudad que se alcanzaba a apreciar a lo lejos. Detrás de él había una mujer de pelo azul y ojos cristalinos, la mujer no parecía compartir el mismo ánimo. La mujer estaba sentada en una de las pequeñas sillas que estaban cerca de ahí, ocultando sus manos dentro de su gran abrigo gris.

—¿No es acaso Sinnoh hermoso? —preguntó el azabache a la mujer.

—Supongo —respondió, sin darle mucha atención al ambiente.

—El aire frio, la calma de sus enormes bosques, la nieve en tus dedos —el hombre parecía bastante feliz—. Serán unas semanas maravillosas.

—No estamos de vacaciones, Gold —respondió de manera seca.

—Ya lo sé, Crys —mirando a la mujer directamente—. Sin embargo, creo que podríamos aprovechar el tiempo, viajar un poco.

—No —su respuesta fue contundente—. Haremos lo que Moon nos diga y volveremos a Johto para terminar el papeleo.

—No seas aburrida, cari…

El hombre intentó acercarse a la mujer y darle un abrazo, pero esta lo evitó rápidamente, levantándose y caminando lentamente hasta un camarote. Su mirada era penetrante y fría, daba miedo el solo verla. Cuando miró directamente a Gold, exclamó.

—Iré al camarote, no me molestes hasta que llegue —la frialdad de sus palabras asustaba, pero Gold solo movió su cabeza, serio.

La mujer entró dentro del barco, en búsqueda de su camarote para ir a dormir un poco. La verdad era que había pensado que un poco de aire fresco le haría bien, pero cuando llegó su marido todo se fue al demonio. Gold simplemente se sentó y miró con tristeza el mar que se alzaba ante él.

—¿Cuánto tiempo más seguirás guardándotelo? —se preguntó así mismo en voz baja— ¿Cuánto tiempo más nos destruiremos?

Aquellas preguntas hacían reflexionar al chico, preguntas que no tenían una respuesta clara, solo el ruido de las olas golpeando el barco. Gold parecía reflexionar bastante, siempre lo había hecho desde hacía un buen tiempo.

Lo único que lo sacó de su transe fue el movimiento de dos contenedores que estaban a un lado de él. Aquellos dos contenedores contenían dos huevos, uno por cada contenedor.

—No me he olvidado de ustedes —confesó con una sonrisa—. Estoy seguro que les encontrare un buen entrenador en esta región, se los prometo.

[…]

20 de Mayo, Ciudad Jubileo

El enorme reloj digital del edificio más alto de Ciudad Jubileo marcaba las seis de la tarde, justo cuando el sol comenzaba a entrar en su ocaso. Níquel y Rose habían alcanzado a llegar a la ciudad y, sin perder tiempo, Níquel fue a curar a su pokémon al centro pokémon. Luego de esperar sentadas por algunos minutos, la enfermera llamó a la chica para entregarle a su pokémon.

—Aquí tienes, tu Shuppet está completamente recuperado —comentó la enfermera, entregándole a Níquel la pokébola.

—Gracias, enfermera —respondió con una pequeña sonrisa.

—No hay de que, vuelve siempre que tus pokémon se encuentren heridos.

Con una ligera sonrisa en sus labios, Níquel se despidió de la enfermera y se dirigió hacia Rose, la cual le miraba con una cara burlona. Inmediatamente la sonrisa de Níquel se desvaneció.

—Acabas de volver a sonreír —comentó con una risita.

—No, no lo hice…

—¡Men…!

Antes de que completara el gritó, Níquel alcanzó a taparle la boca con su mano. Estando en un centro pokémon, definitivamente era de muy mal gusto que Rose gritara justo ahí. Aunque Níquel estaba furiosa, Rose simplemente rio divertida.

—Enserio, debes de dejar de gritar —comentó la ojos cian—. Es molesto para las demás personas.

—No gritó, es solo que soy una persona asertiva —confesó con orgullo, saliendo del centro pokémon—. Así como mi padre lo llama.

—Supongo que Pearl te miente bastante —riendo sarcásticamente.

—¿Qué dices que dijiste? —preguntó Rose con cierto enojo, haciendo un puchero.

—Olvídalo, mejor enséñame lo fuerte que es la hija de un as del frente y una líder de gimnasio —la chica parecía bastante decidida de tener un combate.

—Claro que si —Rose se emocionó bastante, sacando a Buneary de su pokébola—. Pero necesitaremos encontrar un lugar donde pelear.

Para mantenerse así de elegante y limpia, Ciudad Jubileo prohibía los combates pokémon fuera de las pequeñas áreas reservadas para ese fin. De esa manera se mantendría la limpieza y seguridad de los habitantes.

—Debe haber una plaza cerca de aquí —comentó Rose, inspeccionado los alrededores.

—La profesora Moon dijo que la pokédex tenía un mapa detallado, ¿no? —preguntó la ojos cian.

—Así es, déjame revisar —sacando su pokédex de su mochila.

Luego de sacarla, Rose estuvo intentando entrar a la herramienta de mapa, pero no pudo encontrarla fácilmente. Níquel intentó ayudarla, pero ambas chicas no pudieron dar con el paradero de aquella importante herramienta. Parecía que Moon no hizo la pokédex de forma tan intuitiva como ellas esperaban. Luego de indagar un poco más, finalmente encontraron la función de mapa.

En lo que no se había equivocado Moon era en la función de mapa. En la pantalla se mostró un mapa completamente detallado de la ciudad, mostrando todo tipo de sitios de interés, horarios de los mismos, descripciones de lugares famosos e incluso un generador de rutas automáticas. Con ese mapa era imposible que se desviaran.

—La siguiente cancha de combate está a unas cuadras de aquí —indicó Níquel, mirando la ruta que la pokédex les marcaba.

—Perfecto, entonces pongámonos en marcha —comentó con un sonrisa, guardando su pokédex en su mochila—. ¡El último en llegar es un huevo podrido!

—¡Oye, espera! —gritó Níquel al ver como la chica corría a máxima velocidad.

—¡No grites tanto, Níquel! —gritó de vuelta, de manera burlona.

Aunque una pequeña vena de enojo saltó en su rostro, Níquel se apresuró a tratar de alcanzar a Rose. Aquella chica le parecía tremendamente infantil e irresponsable, después de todo era muy peligroso jugar a una carrera en medio de una ciudad tan grande.

Para su sorpresa, las calles se encontraban relativamente vacías y el transito apenas era importante, dándole a Rose todo el campo abierto que necesitaba para moverse de la manera más ágil y veloz que podía. Sin embargo, Níquel apenas era capaz de seguirle el paso, debía aceptar que pasar tanto tiempo sin hacer nada en la mansión Berlitz le comenzaba a cobrar factura.

Antes de alcanzar a llegar a la pequeña arena de combate, Rose se detuvo al ver un gran conglomerado de personas en lo que parecía un pequeño evento. Níquel llegó unos segundos después, jadeando y con bastante sudor en el cuerpo. La chica había perdido bastante condición física.

—¿D-de donde sacaste tanta energía? —preguntó Níquel, jadeando.

—Mi madre me sacaba a correr todos los días para entrenar —confesó con una sonrisa—. ¿Por qué crees que haya tanta gente agrupada aquí?

Luego de sentir que el oxígeno volvía a sus pulmones, Níquel apreció con más interés el lugar. Además del gran número de personas, en medio del grupo había un pequeño escenario con algunas bocinas y algunas extrañas banderas moradas con un logo conformado por un Starly sujetando unas cadenas rotas en sus patas. Luego de hacer memoria un poco, Níquel recordó que era aquello.

—Parece ser un discurso de campaña del PNM —mencionó, recordando haberlos visto por la tv.

—¿PNM? —preguntó Rose, sin entender bien que era aquello.

—Partido Nuevo Mañana —Níquel sabía un poco de la política de la región—. Las elecciones para elegir presidente serán dentro de dos meses, por lo que supongo que están en sus últimos discursos.

—Oh, lo había olvidado —Rose estaba tocándose la barbilla y mirando al cielo—. ¿Vamos a ver?

—No hay nada nuevo que ver, seguramente sacaran todo lo que tengan que decir en el debate de la siguiente semana —comentó Níquel, con indiferencia—. Además, la ideología de ese partido no me cae bien.

Níquel comenzó a caminar hacia la cancha, pero Rose se quedó pensativa y mirando profundamente al cielo, cuando Níquel se acercó a ella, esta dijo.

—¿Qué es "ideología"? —preguntó con inocencia.

Ante aquella pregunta tan tonta (al menos para Níquel), la chica simplemente se golpeó la cara con la palma, no creyendo que esa chica no comprendiera un concepto tan simple. Luego de dar un fuerte suspiró de incredulidad, Níquel decidió explicarle el significado de dicha palabra.

—Tú sabes, son las ideas y pensamientos con las que tú crees y vives —dando una explicación rápida.

—Oh, gracias, Níquel —sonriendo—. Bueno, entonces será mejor ir a combatir.

Ambas chicas comenzaron el caminó hacia la pequeña cancha que estaba justo al lado del mitin, pero al llegar, unos guardias de seguridad les impidieron el paso y el acceso a la cancha.

—Por cuestiones de seguridad, no se podrá usar estas canchas hasta que termine el discurso —comentó uno de los elementos.

Y así era, había bastantes guardias de seguridad alrededor de las canchas, impidiendo el paso a cualquier entrenador que buscase tener un pequeño combate. Ante aquella negativa, Níquel preguntó cuánto tardaría el candidato en terminar su discurso, diciendo que solo faltarían unos veinte minutos.

—"Creo que es mejor esperar a tener que correr otra vez junto a Rose" —pensó Níquel, deseando no tener que volver a correr con esa chica hasta que tuviera mas condición física.

Luego de convencer a Rose, ambas chicas decidieron esperar cerca de donde estaba la multitud, escuchando lo que decía el candidato, Yake. Níquel aprovecharía el tiempo para planear una estrategia para vencer al Buneary de Rose, mientras que la chica de pelo rosado se quedaba escuchando el discurso de Yake.

En el escenario, un hombre bastante alto, de piel blanca, ojos verdes y cabello oscuro estaba dando su discurso de campaña presidencial frente a la enorme multitud que lo escuchaba en silencio, escuchando atentamente las propuestas del candidato vestido con traje de gala oscuro.

—Quisiera hacer un pequeño paréntesis para agradecer a la hermosa Ciudad Jubileo por prestarnos este espacio —dijo aquel candidato, recargándose en el podio donde se encontraba el micrófono—. De verdad esta es una de las ciudades más bellas de todo el planeta, Kanto tendrá su Ciudad Azafrán y Johto su Ciudad Trigal, pero Sinnoh tiene la maravillosa y moderna Ciudad Jubileo.

Mientras Níquel no prestaba atención alguna al candidato, Rose estaba completamente entretenida viendo hablar a aquel hombre de aquella forma tan fluida.

—Debo aceptar que la seguridad en esta ciudad es excelente, tanto así que podemos organizar estos discursos a estas horas y que nadie se sienta inseguro al momento de volver a su casa —el hombre tomó el micrófono y comenzó a caminar por el escenario—. Sin embargo, la triste realidad es que no toda la región goza de la mejor seguridad. Muchas y muchos aún tienen que llegar rápido a sus casas antes de que el sol se oculte, pues saben que es altamente probable que un malhechor los asalte, los asesine o cosas mucho peores —metiendo sus manos en los bolsillos—. Aquí les pregunto, ¿Qué han hecho los gobernantes de las demás ciudades de Sinnoh para mejorar esto? ¿Qué ha hecho el actual gobierno para evitar que la mayoría de personas los consuma el miedo de no poder salir por la noche?

La respuesta a aquellas palabras fue un silencio casi total. La gente comenzaba a mirarse a sí misma, buscando en la cara del otro una respuesta clara, pero no había una respuesta fija, solo silencio. Pareciese como si todos se sintieran un poco avergonzados, avergonzados por haber elegido al actual gobierno que se había elegido hace seis años.

—Es triste, es triste que solo los entrenadores pueden darse el lugar del salir a la calle en la noche sin temor, aun incluso ellos mismo no están seguros si no son lo suficientemente fuertes —confesó, energizando su voz—. Y este gobierno lo ha estado permitiendo desde los últimos treinta años, incluso fueron incapaces de detener al Team Galaxy hace veinte años, tuvimos que depender de los líderes de gimnasio, el alto mando, la campeona y los tres pokédex holders para que le nos mantuvieran a salvo. El gobierno de aquel entonces no pudo hacerse cargo, y eso sigue pasando en estos días —con una mirada enojada, habló a la audiencia con energía—. ¿Cuántos de ustedes han sufrido ataques por parte del Team Age y el Team Right?

Ante aquella pregunta, el público comenzó a enardecerse, levantando la mano con furia y gritando a viva voz lo que habían sufrido. Aquellos extraños grupos parecían haber estado un caos en la población, sin embargo, Níquel parecía no entender a que se refería.

—¿Team Age? —se preguntó a sí misma, buscando una respuesta en Rose.

—No sé mucho, pero creo que mi padre me contó sobre ellos —recordando las palabras de su padre—. Mi padre tuvo un percance con el Team Age cuando viajaba por la ruta 209 para comprar unas cosas a Ciudad Corazon, creo que visten una especie de ropas de cuero con cota de mallas.

—¿Cómo el antiguo Team Plasma? —preguntó de vuelta la ojos cian.

—Supongo que sí. En cuanto a Team Right, la verdad no los ubico.

—Supongo que tiene que ver con alguna especie de grupo conservador, al menos eso me dice el nombre —llevándose las manos a la nuca.

—¿Qué tiene que ver el nombre? —preguntó, ingenuamente.

—Tú sabes, derecha e izquierda.

Níquel debía acostumbrarse a que Rose no entendía a la perfección de todo lo que le hablaba. Dándose una palmada en la cara, decidió explicarle un poco acerca del tema.

—La derecha es una ideología conservadora, enfocada a cosas tradicionales y eso —explicando—, mientras que la izquierda es lo opuesto, algo más liberal y esas cosas.

—Oh, ya entendí —la chica sonrió enérgicamente, para luego voltear a ver a la multitud—. Parece que les han causado muchos problemas.

—No deben tratarse de buenos tipos, aunque mientras no nos topemos con ellos no creo que haya problemas —la chica volvió a llevarse las manos a la nuca—. Espero que esto se termine.

Níquel volvió a ser indiferente al discurso de Yake, mientras que Rose seguía viendo de manera interesada a la multitud. No entendía mucho de aquellos temas políticos, pero le llamaba bastante la atención el cómo Yake expresaba sus ideas de manera tal que todo el mundo lo apoyara.

—Ellos fueron tan ineptos que ni siquiera pudieron darse cuenta de las bases de operaciones del Team Galaxy en Ciudad Vetusta y Ciudad Rocavelo, vaya que era incompetentes —llevándose la mano a la frente en señal de decepción—. Sin embargo, esto puede cambiar, tenemos el poder de hacer cambiar las cosas este próximo primero de Julio —la voz de Yake transmitía esperanza—. Por todos aquellos que sufrieron un asalto, un robo, un secuestro o cualquier otro tipo de delito, por todos ellos hagamos un cambio, un cambio que realmente importe. Les invitó a que apoyen este proyecto de nación, para que todos finalmente podamos vivir en tranquilidad y paz, para que dejemos de sobrevivir y comenzamos a vivir —con una sonrisa en el rostro, gritó enérgicamente—. ¡Por el bien de la región Sinnoh! Muchas gracias.

Aquello fue seguido por una ola de gritos y aplausos por parte de la multitud, los cuales comenzaron a gritar el nombre de aquel extraño candidato. Todos en júbilo, todos con ganas de gritar y apoyar a Yake en las elecciones. Aquel discurso parecía haber sido un completo éxito.

Mientras Yake bajaba del escenario, la multitud se comenzó a dispersar de manera pausada y lenta, había algunos guardias de seguridad que guiaban a la gente para salir del recinto con seguridad. Mientras lo hacían, Níquel y Rose esperaron a que finalmente se fueran los guardias de las zonas de combate. Solo debían esperar a que Yake se retirara del lugar.

Al estar en un lugar lo suficientemente alejado, no tuvieron que interactuar directamente con la eufórica multitud que apoyaba al candidato y gritaba su nombre al unísono. Solo esperaron cinco minutos y, finalmente, el candidato se había ido, dejando las canchas de combate libres.

—Ya era hora —Níquel se estiró para desentumecer los músculos—. Estos discursos duran demasiado, incluso ya se puede ver a la luna.

Cuando ambas miraron al cielo, la luna les saludo desde lo alto. Las luces de las calles se habían activado automáticamente, por lo que no tendrían problemas para poder caminar hasta ahí.

Mientras ambas caminaban, Níquel pudo notar como Rose se mantenía en silencio y pensaba en las palabras que Yake acababa de decir. Aquello comenzaba a darle vueltas a la cabeza, tanto así que Níquel se interesó lo suficiente para preguntarle el porqué de su silencio tan incómodo.

—¿No te pareció increíble cómo Yake hablaba de aquella forma tan fluida y convencida? —preguntó.

—Son candidatos, deben hacerlo para poder ganar votos —levantando los hombros.

—Fue tan extraño —mientras caminaba, Rose paró en seco—. Níquel, ¿tú crees que realmente es tan insegura la situación en Sinnoh?

Ante aquella pregunta, Níquel también se detuvo y comenzó a pensar.

Naciendo en una familia de clase baja, la chica entendía bastante bien lo que era la delincuencia en aquellos barrios bajos. Incluso sus padres habían sido asesinados por aquel extraño hombre. El vivir con su abuela también le enseñó cuan malos podían ser las personas, inclusos los propios niños de su propia edad. Sin embargo, cuando comenzó a vivir con Diamond y Platinum, los peligros a los que se enfrentó disminuyeron notoriamente, así que no estaba del todo segura de su respuesta.

—No estoy segura —respondió, tocándose el codo—. Supongo que todo depende de cómo lo mires, siempre habrá gente mala y gente "muy" mala —haciendo énfasis en eso último—. De todas formas, si no quieres sufrir eso tendrás que hacerte muy fuerte, y eso solo lo podrás lograr con entrenamiento —alzando la pokébola de su Shuppet—. Así que vamos a luchar.

—De acuerdo —sonriendo.

Ambas comenzaron a correr un poco hasta finalmente llegar a la arena de combate (por suerte para Níquel, estaba vez Rose no corrió tan rápido).

La arena era un pequeño campo del tamaño de un campo de baloncesto, en suelo tenia las típicas marcas que delimitaban el terreno de combate y el área donde debían estar los entrenadores. Esta última estaba sobre una pequeña plataforma elevada, para que el entrenador pudiese ver mejor a su compañero en el combate.

Luego de posicionarse en sus lugares, Níquel lanzó la pokébola de su Shuppet, saliendo el pokémon fantasma con mucha energía. Rose hizo lo propio con su Buneary, la cual salió con una cara que mostraba bastante determinación, lista para librar el tan ansiado combate.

—¿Estas lista, Rose? —preguntó Níquel, arqueando la ceja.

—Cuando quieras, Níquel, Bunny y yo estamos listas para lo que tú y Shuppet tengan.

—De acuerdo, no me contendré en lo absoluto —confesó con una sonrisa—. ¡Shuppet, usa Chirrido!

—¡Bunny, contraataca con Ojitos Tiernos! —gritó la entrenadora.

El primero en moverse fue el pokémon de Rose, el cual le dirigió una mirada sumamente sutil y tierna mesclada con unos lindos ojos acaramelados que lograron hacer mecha en Shuppet, bajando su ataque. Sin embargo, el pokémon recordó la orden de su entrenadora y emitió un fuerte sonido metálico que hizo que Rose y Buneary trataran de taparse los oídos. Aquel ataque logró que la defensa de Buneary disminuyera notablemente.

—Es nuestra oportunidad, ¡Shuppet, usa Desarme! —ordenó su entrenadora.

Sin perder el tiempo, el pokémon golpeó con fuerza a Buneary usando su cabeza, haciendo que este tirara la Baya Oran que ocultaba en sus orejas. Al caer al suelo, la baya quedó destruida. Rose se quedó impresionada de que Shuppet haya logrado quitar la baya que tanto había escondido en su pokémon.

—La habilidad de Shuppet, Cacheo —comentó con seriedad.

—Así es, Shuppet puede detectar cualquier objeto que tenga un pokémon y deshabilitarlo por completo —sonrió Níquel confiada—. Además, parece que Buneary sufrió bastante daño.

Así era, a pesar de haber bajado el ataque de Shuppet, Buneary había recibido una gran cantidad de daño, pero el pokémon aún tenía energías para seguir luchando, levantándose del suelo con determinación.

—¡Bunny, es hora de la estrategia cinco! —ordenó Rose con coraje— ¡Usa Profecía!

Níquel se sorprendió al escuchar aquello y no entendió en un primer momento a que se refería con "estrategia cinco", pero puedo adivinar a que se refería al ver el pequeño resplandor que emitió Buneary y como este cubrió a Shuppet.

—¡Usa Desarme una vez más! —gritó de manera enérgica la entrenadora de ojos cian.

—¡Contraataca con Puño Drenaje! —ordenó de igual forma la chica de pelo rosado.

Los dos pokémon se acercaron rápidamente al otro y ejecutaron sus ataques casi simultáneamente. Shuppet logró azotar a Buneary con la cabeza, mientras que Buneary logró acertar un puñetazo en el cuerpo, ahora corpóreo, del pokémon fantasma.

Aquella gran colisión generó que ambos pokémon salieran disparados hacia donde estaban sus entrenadoras. Shuppet logró levantarse, pero su cuerpo se notaba bastante cansado, mientras que al pokémon conejo le parecía ir mejor. Cuando se levantó, un aura verde le rodeó y, al desvanecerse dicha aura, el pokémon parecía haberse recuperado del golpe.

—¿Puño Drenaje, enserio? —preguntó Níquel, incrédula—. Buneary no puede aprenderlo normalmente.

—Un Buneary normal no, pero un Buneary entrenado por la mejor luchadora de Sinnoh, si —Rose sonrió enérgicamente—. Mi madre logró enseñarle ese movimiento a Bunny desde hace algún tiempo.

—Vaya, parece que eres fuerte después de todo —riendo levemente, Níquel se lamentó no haberle enseñado más movimientos a Shuppet—. Sin embargo, Shuppet y yo pensamos darlo todo hasta el final.

—Bien pensado —sonriendo—. ¡Bunny, estrategia cuatro! —gritó repentinamente—. ¡Usa Ojitos Tiernos una vez más!

—Shuppet, trata de…

Antes de que pudiera ordenar a su pokémon, Buneary le dirigió otra mirada dulce a Shuppet, haciendo que su ataque bajara una vez más. Debía admitirlo, Rose era bastante buena buscando cada pequeña oportunidad, la había agarrado por sorpresa con la guardia baja.

—¡Shuppet, usa Chirrido para compensar! —ordenó.

Shuppet volvió a producir aquel sonido ensordecedor que volvió un poco más vulnerable al rival y a su entrenadora. Aprovechando el despiste, Níquel le ordenó a Shuppet atacar con otro Desarme, pero Rose tenía otro plan entre manos.

—¡Ahora! —gritó la entrenadora, quitándose las manos de los oídos.

Antes de que Shuppet atacara, Buneary saltó encima de él y lo recibió con una potente ráfaga de estrellas energéticas que lo golpearon incansablemente. Para su fortuna, el ataque no le hizo tanto daño como esperaba.

Sin embargo, el plan maestro de Rose aún no se terminaba. Cuando la lluvia de estrellas cesó, el pokémon fantasma comenzó a buscar con la mirada la ubicación de su rival, pero no se encontró absolutamente nada. Lo que él no sabía, era que Buneary estaba justo detrás de él.

—¡Detrás de tuyo! —gritó Níquel.

Cuando el pokémon volteó, Buneary acertó otro poderoso Puño Drenaje directo en la cara del pokémon, mandándolo a volar hasta estrellarse en el piso del suelo contrario. Aquella jugada dejó bastante sorprendida a Níquel. Comenzaba a entender que Rose y Buneary tenían una especie de tácticas de combate especiales. Su corazón comenzó a latir fuertemente al ver como Shuppet apenas podía levantarse.

—¡Te encuentras bien! —le gritó Níquel a su pokémon.

El pokémon de tipo fantasma hacia todo lo posible por levantarse, pero el dolor de sus heridas le hacía difícil el ponerse de pie. Sin embargo, el pokémon pudo volver a flotar una vez más, pero desafortunadamente fue recibido por una última ráfaga de estrellas que acabó con él.

—¡Usa Rapidez! —gritó Rose, no perdiendo el tiempo.

Aquel ataque fue la guinda en el pastel. Shuppet finalmente cayó al suelo, completamente debilitado por aquella extenuante batalla, Buneary por su parte estaba con mucha más energía que antes. Al ver a su pokémon en el piso, Níquel saltó sin dudar hacia la arena y corrió para ver a su pokémon. El cual solo la miró con ojos de arrepentimiento.

—Has peleado muy bien, Shuppet —confesó Níquel con una sonrisa.

—¿Se encuentra bien? —Rose también se había acercado a ver a Shuppet.

—Sí, solo necesita un poco de descanso y…

—Dale de comer esto —la chica le hizo entrega de una baya Sidra—. Lo pondrá mejor.

Aunque Níquel parecía recia a aceptar aquel regalo, el ver el estado de su pokémon le hizo tragarse su orgullo, tomando la baya y ofreciéndosela a su pokémon. Al comerla, Shuppet recuperó gran parte de sus fuerzas y pudo elevarse sin ayuda. Agradeciendo a Rose por la baya.

—G-gracias, Rose —agradeció con vergüenza—. Ha sido un excelente combate.

—Ni que lo digas, tú y Shuppet son bastante hábiles —Rose sonrió y tomó a su Buneary entre sus brazos—. Hiciste un excelente combate, Bunny, es hora de descansar —la chica sacó la pokébola de su compañero y lo metió dentro.

—Cuando luchabas, le dijiste a Buneary que ejecutara ciertas estrategias —comentó Níquel con curiosidad—. ¿Ya habías entrenado antes con ella?

—Así es, mi madre y mi padre me ayudaron en eso de crear las primeras diez estrategias —confesó con una sonrisa—.

—¿Eso significa que tienes más?

—Al menos eso quiero —dijo con inocencia, rascándose la cabeza—. Cuando consiga nuevos compañeros, conseguiré nuevas estrategias.

Fue entonces que Níquel sonrió lentamente, ahora sentía como aquella extraña chica gritona era un gran entrenadora con la cual tenía que tener cuidado. Se notaba a leguas que ella era hija de un as del frente y una líder de gimnasio. Con ese combate, Níquel comenzó a sentir un poco de respeto por esa chica.

Luego de que Níquel metiera a Shuppet en su pokébola, ambas chicas comenzaron a caminar para buscar un lugar donde pasar la noche. Níquel tenía mucho que pensar sobre la derrota que había tenido con Rose, inclusive ya estaba planeando su revancha.

—¿Dónde piensas dormir? —preguntó Rose, con interés.

—¿Dormir? —la chica pareció sorprenderse por la pregunta—. No estoy segura, pero creo que buscare un hotel para pasar la noche.

—En ese caso te acompañare —Rose le dio una palmada en la espalda a Níquel—. Mis padres me dieron una tarjeta de hospedaje financiada por la asociación pokémon, así que puedo dormir donde quiera. Además, eso reforzara nuestra amistad para emprender este viaje juntas.

Al escuchar aquello último, Níquel volvió a quedarse quieta y su rostro se ensombreció. A pesar del respeto que le tenía a Rose, parecía que ella no entendía muy bien los límites que tenían que tener entre ellas.

—Nunca dije que sería tu compañera —dijo de manera seria.

—P-pero, creí que…

—Creíste mal, Rose —el tono de Níquel asustó a la chica de pelo rosado—. Lo único que compartimos son las pokédex, pero eso no implica en ningún sentido que tengamos que viajar juntas —Níquel siguió avanzando, con paso firme—. Disfruto de mi soledad, si no te importa.

—Un viaje en conjunto siempre es mejor que un viaje en solitario, piensa en nuestros pa… en Diamond, Platinum y mi padre —la chica quería convencer a Níquel de que unirse era mejor idea.

—Ellos fueron ellos, nosotras somos nosotras —caminando tranquilamente—. Diamond, Platinum y Pearl hicieron su viaje a su manera, eso significa que nosotras elegimos la manera de tener nuestro viaje, y la mía es andar en solitario.

—D-de acuerdo —aceptó Rose, con tristeza.

Al terminar de decir eso, Níquel volvió a sentir otra vez esa maldita presión en el pecho, una presión que hacia nacer dentro de ella una especie de sentimiento de tristeza y decepción. Ya era la tercera vez que lo sentía y no sabía porque demonios le ocurría. Estaba comenzando a preocuparle más de la cuenta.

Mientras se tocaba el pecho, la chica giró y miró a una Rose bastante decaída y triste. Era como si Níquel fuese capaz de sentir las emociones de aquella chica de pelo rosado. Si así era, debía pararlo.

—R-rose —Níquel trató de buscar el aire que le faltaba—. N-no quise asustarte, es solo que me gusta hacer las cosas solas.

—E-está bien, no hay problema —respondió, con aquel tono desalentado.

—Hagamos un trató, mañana nos separaremos para seguir nuestro viaje, pero nos volveremos a ver en unos cincos días en la entrada al Monte Corona de la ruta 207, ahí seguiremos nuestro viaje juntas hasta Ciudad Corazon, ¿te parece? —al sentir aquel sentimiento tan punzante, Níquel decidió ceder un poco.

—¿Enserio? —la chica preguntó con alegría, haciendo que Níquel se sintiera un poco mejor.

—Solo si me prometes no gritar tanto —comentó con una pequeña risa forzada.

—¡Hecho! —la chica dio un gran gritó que asustó a Níquel—. Perdón, juro que es la última vez que lo hare, jeje —bajando la voz.

Aquel gritó había logrado que aquella extraña sensación desapareciera. Sintiéndose mucho mejor, Níquel simplemente tragó saliva y suspiró, derrotada. Aunque en el fondo agradecía el gritó de Rose, aun sentía que viajar con ella tanto tiempo podría ser una mala idea.

Luego de quedar de acuerdo con eso, Níquel y Rose comenzaron a buscar un hotel donde quedarse. Ambas tenían la ventaja económica de poder quedarse en el hotel que desearan, pero Níquel buscó el más económico que encontrara, no se sentía cómoda gastando dinero que no le pertenecía. Por su parte, Rose la siguió de cerca, ella estaba dispuesta a dormir donde fuera que Níquel fuera.

Mientras avanzaban por aquellas calles, Níquel se seguía preguntando por qué había estado teniendo esos extraños eventos los últimos días. Aquella extraña fuerza de empatía le hacía sentir fuertemente las emociones de los otros de manera casi aleatoria, o al menos eso pensaba ella. Debía averiguar que le sucedía, aquello no era en lo absoluto normal y podría perjudicar su entrenamiento. Tenía que llegar al fondo de todo eso.

[…]

20 de Mayo, Ciudad Canal

Los últimos rayos de sol de aquel día alcanzaron a ser vistos por los tripulantes del SS Aqua cuando este desembarcó en Ciudad Canal. El enorme barco llegó sin mayores complicaciones al puerto de la hermosa ciudad.

A los alrededores, habían un sin número de personas que esperaban a que sus familiares y/o amigos salieran de la embarcación. A pesar del ligero frio que había, la gente estaba bastante entusiasmada por ver a sus seres queridos.

En las cercanías se encontraban reunidos tres antiguos entrenadores que habían sido conocidos en la región como los pokédex holders de Sinnoh; Diamond, Pearl y Platinum. Los tres amigos esperaban con alegría la llegada de sus compañeros de Johto.

Platinum llevaba puesto un lindo suéter rojo y una larga falda negra, Diamond llevaba puesta una chaqueta azul y unos pantalones oscuros, y Pearl llevaba una chaqueta verde y unos pantalones vaqueros. Los tres holders esperaban justo en el límite donde se les permitía estar, vigilando en todo momento a que sus amigos llegaran. Sin embargo, había una persona que faltaba por llegar.

—¿Dónde está la señorita Moon? —preguntó Platinum, extrañada.

—Seguro que aún debe estar con Rose y Níquel —respondió Pearl con una sonrisa confiada—. No me esperaba que considerara también a Níquel.

—Honestamente yo tampoco —confesó Diamond, rascándose la nuca—. Solo recibí la llamada y conteste.

—Supongo que aún debe estar convenciéndola de que acepte la pokédex —la mujer suspiró—. Espero logre hacerla aceptar.

—Moon es una chica muy buena convenciendo, seguro lo lograra —comentó el rubio con una risa—. Solo espero que no llegue después de que Gold y Crystal nos encuentren.

Diamond y Platinum se miraron a los ojos mutuamente. Aunque la capacidad de persuasión de Moon podía ser considerable, Níquel era una chica impredecible y bastante orgullosa. En el fondo temían que su hija adoptiva diera demasiados problemas o se metiera en líos por aquella actitud tan característica de ella.

Mientras esperaban, Platinum sacó su teléfono para intentar distraerse un poco, se sentía un poco nerviosa al ver otra vez a Gold y Crystal después de tanto tiempo. Además, cuando Diamond le comentó del pequeño problema que ambos tenían, la mujer se preocupó por sus compañeros.

Diamond por su parte estaba un poco más tranquilo, pero estaba igual de intranquilo con la situación de Gold y Crystal. Cuando miró a su mejor amigo de reojo, notó como su expresión le confirmaba que, tal vez, esta sería la última oportunidad de ayudarlos antes de que terminaran destruyéndose entre ellos.

Gold había contactado con ellos anteriormente, contándoles el enorme problema que habían sufrido hace apenas dos años. El hombre, hecho un mar de lágrimas, les pidió su ayuda para evitar que él y Crystal terminaran mal, pero ninguno de los dos tenía ni la más remota idea de cómo ayudarlos.

Mientras Diamond y Pearl buscaban una forma de ayudar, y Platinum se distraía con su teléfono. Una voz detrás suyo les hizo girar rápidamente. Finalmente había llegado Moon, la cual había logrado colarse sin ser vista usando unos lentes oscuros y quitándose su bata.

—Buenas noches, Diamond, Pearl y Platinum —Moon hizo una pequeña reverencia—. Lamento haberlos hecho esperar.

—No tiene de que preocuparse —Diamond saludó de vuelta—. Gold y Crystal aun no bajan del barco.

—Aunque no deben tardar —Pearl miró de reojo el barco, notando como había menos gente bajando del mismo.

—Entonces creo que llegue justo a tiempo —la profesora suspiró, aliviada, y se acercó a la línea límite—. Por cierto, me acabo de ver con Rose y Níquel.

—¿Y qué tal te fue, Moon? —preguntó Platinum, con curiosidad.

—Bien —la profesora miró a Pearl directamente—. Rose es una niña energética y linda, digno de su padre. Aceptó la pokédex con gusto.

—Mi querida Rose, nunca se queda sin energía —confesó Pearl con una sonrisa.

—¿Y qué hay de Níquel? ¿Lograste convencerla? —preguntó Diamond con nerviosismo.

—B-bueno —Moon hizo una cara bastante divertida que demostraba cierto nerviosismo—, Níquel es bastante orgullosa y de carácter bastante fuerte, pero al final logra convencerla de tomar la pokédex —la profesora sonrió, confiada.

—¿Enserio lo lograste? —Platinum parecía incrédula.

—Fue extraño, pero creo que logre motivarla lo suficiente para que aceptara tenerla, por lo menos hasta que termine su viaje —rascándose la nuca—. Ambas son chicas bastante fuertes, estoy segura que usaran bien la pokédex.

Diamond y Platinum se vieron así mismos, aliviados de que Moon lograra convencer a Níquel de que aceptara la pokédex. En el fondo sentían que la chica jamás aceptaría ese aparato, pero suspiraron aliviados de que ella hubiese decidido aceptar la pokédex y ayudar a Moon con su investigación.

Mientras conversaban sobre la pokédex, Pearl alcanzó a ver a lo lejos a las personas por la cuales estaban ahí. Alzando la mano, el rubio logró llamar la atención del hombre de pelo azabache y la mujer de pelo azul. El hombre se acercó de manera animada al grupo, mientras que la mujer caminaba de manera calmada y tranquila.

—¡Chico glotón, chica rica, chico imperativo y chica de las miradas! —gritó Gold desde lo lejos, haciendo que el grupo sintiera cierta vergüenza.

—No deberías llamarlos así —comentó Crystal, con seriedad.

—Ellos lo entienden —luego de caminar un poco más, finalmente llegó con ellos—. ¿Cómo se encuentran todos?

El grupo de Sinnoh los saludaron cordialmente, a pesar de la presentación de Gold, los cuatro estaban felices de verlos. Luego de un fuerte apretón de manos, los seis estaban listos para ir a la mansión de Platinum para cenar algo.

El grupo comenzó a moverse hacia la limosina de Platinum. Diamond y Pearl ayudaron con el equipaje de sus compañeros, cargando las cuatro maletas que ambos habían traído desde Johto. Platinum miraba con un poco de curiosidad a Crystal. No se esperaba ver a una Crystal tan apagada y tan seria, parecía como si se hubiese tomado a pecho lo de "chica súper seria" que le decía Gold a cada rato.

—¿Cómo estuvo su viaje? —preguntó Moon, con curiosidad.

—Excelente, la brisa marina era demasiado relajante —respondió el azabache con una sonrisa—. ¿No lo crees así, Crys?

—Fue relajante —respondió sin demasiado ánimo.

—El clima de Sinnoh es bastante agradable, seguro les gustara —antes de que se formara un ambiente incomodo, Diamond intervino.

—He escuchado de eso —Gold sonrió y se acercó a Diamond—. Tienes presentarme tu restaurante, Diamond, estoy seguro que sigues haciendo comida deliciosa.

—Por supuesto, tú y Crystal están invitados para cualquier día que gusten —el chico sonrió—. Todos son bienvenidos.

Aunque todos sonrieron por la invitación de Diamond, Crystal siguió de manera inmutable. La chica caminaba de una forma tan tranquila y calmada que daba miedo, más aun considerando como sus ojos parecían ver a un punto fijo en el cielo. Diamond y Pearl sabían de la condición de Crystal, pero no esperaban que fuera tan grave.

Luego de caminar un poco más, finalmente llegaron a la enorme limosina que los llevaría hasta la enorme residencia Berlitz. Aquel hermoso y fino auto cautivó bastante a Moon y Gold, ambos no estaban para nada acostumbrados a la fineza y extravagancia de Platinum, mientras que Diamond y Pearl estaban plenamente acostumbrados.

Luego de subir su equipaje, el grupo emprendió el viaje hasta Pueblo Arena. El trayecto duraría apenas una hora aproximadamente, el camino se había vuelto más corto desde que se había construido esa carreta que conecta por tierra a Ciudad Canal con Ciudad Jubileo. En el trayecto, el grupo tendría bastante cosas de las cuales conversar.

Aunque Gold era el que más conversaba con los holders de Sinnoh, Crystal seguía callada y seria, mirando la ventana de la limosina con desanimo, casi buscando algo en los lugares que veía. Platinum se mantenía atenta a Crystal, deseaba saber cómo ayudar a su compañera, pero no sabía exactamente como. La hereda buscó respuesta en Diamond, pero este solo le devolvía una mirada que le hacía entender que era algo demasiado complicado.

Moon estaba algo nerviosa, tener a todos esos entrenadores más grandes que ella le hacía sentirse insignificante, pequeña. Sin embargo, internamente sabía que ese pequeño malestar, fruto de su corta edad, no podía distraerle del objetivo principal por el cual trajo a estos holders a Sinnoh.

Sin embargo, la chica recordó que también había alguien más que era vital en su plan. Mirando su teléfono, la profesora confirmó que había recibido un mensaje del extraño contacto que esperaba en su laboratorio. Aquel chico parecía estar a punto de llegar, por lo que Moon tendría que despedirse del grupo ni bien llegaran a la mansión.

Luego de otros quince minutos de viaje, el grupo llegó a la enorme residencia Berlitz. Al bajar, Gold se quedó maravillado de lo hermosa y linda que era aquella mansión. La recordaba un poco menos espectacular.

—¿Hicieron remodelaciones? —preguntó Gold, luego de haber salido del auto.

—Solo unas pocas, desde que Níquel vive aquí —respondió Platinum, con una sonrisa.

—Oh cierto, la niña orgullosa —el chico rio un poco—. ¿Dónde está ella?

—Salió de viaje en la mañana —respondió Diamond—. Comenzará su aventura junto a la hija de Pearl.

—Así es, la pequeña Rose también salió de viaje.

Aunque los tres hombres parecían felices, Platinum pudo notar como, por primera vez desde que la vio, la cara de Crystal comenzó a cambiar ligeramente. Aquel frio y seco rostro parecía reflejar un poco de tristeza y enojo, casi ira. Quiso acercarse, pero la voz de Moon la detuvo en seco.

—Bueno, creo que yo tendré que retirarme —confesó Moon, con un poco de pena.

—¿Enserio te tienes que ir, Moon? —preguntó Pearl, consternado.

—Sí, tengo un asunto que me salió de última hora y debo atenderlo —la chica sacó a su Decidueye de su pokébola.

—Bueno, supongo que te perderás de la comida de Día, quiero decir Diamond —el rubio solo suspiró.

—Lo lamento, volveré pronto con noticias y…

—¿A dónde piensas ir? —Crystal interrumpió, en seco.

—A-a mi laboratorio —Moon no esperaba en lo absoluto que Crystal la interrumpiera de aquella manera tan fuerte.

—¿Acaso no tendrá algo que ver con el portafolio que tienes en tus manos? —la voz de Crystal se volvía bastante agresiva.

—Sí, tiene que ver con su contenido, la pokédex —confesó Moon, con seriedad.

—Ya veo… supongo que se la piensas dar a un entrenador —el rostro de Crystal reflejaba cierta culpa—. ¿Estas segura de que quieres cargar con esa responsabilidad?

—Por supuesto, ese chico es bastante fuerte como para ser un pokédex holder —Moon sabía el punto al que quería llegar Crystal.

—No deberías confiarles esa responsabilidad tan a ligera, no sabes lo que les podrías causar, lo que les podría… —la voz de la capturadora se agrietó tanto que apenas y podía hablar, cuando su ojo comenzó a deslizar una lágrima, la mujer rápidamente se la secó—. Moon, tú nos trajiste aquí, así que espero que sea rápido para que podamos volver a Johto cuanto antes, ¿ok?

La actitud de Crystal sorprendió a todos los presentes, exceptuando a Gold, el cual miraba con preocupación y tristeza aquella escena. Aquello era por lo cual había pedido ayuda a Diamond y Pearl, su esposa no estaba bien, aunque no podía culparla.

—Sera lo más rápido que pueda, pero creo que necesitan descansar un poco —Moon miró de forma seria y determinada a Crystal—. Descanse, en cuatro días les daré la información que necesitan, por el momento relájense, en especial tú, Crystal —la profesora fue elevada con la ayuda de su pokémon—. Cuídense.

Moon se marchó rápidamente del lugar, dejando a Crystal sumamente sumida en su propio maremoto de pensamientos. La mujer mirada como la profesora desaparecía en el oscuro horizonte, hasta que Gold le tocó el hombro. Al sentir aquel calor, la mujer simplemente se hizo a un lado y se acercó a Platinum, como buscando una forma de refugiarse del hombre.

Platinum se sintió bastante confundida por el acto. Tener a Crystal tan cerca y ser usada como método para que Gold se alejara de ella le hacía sentirse, rara. En medio de toda esa aura incomoda, la mujer de ojos avellana solo pudo decir:

—¿Entramos de una vez?

[…]

20 de Mayo, Pueblo Arena

La noche se apodero de Pueblo Arena, logrando que la mayoría de sus habitantes se resguardaran en sus hogares. Sin embargo, en la puerta del gran laboratorio de la profesora Moon, un chico de pelo azul, piel blanca y ojos rojos esperaba sentado la vuelta de la profesora.

Junto aquel chico, un pequeño Weedle le hacía compañía, el pokémon parecía estar algo cansado, pero se mantenía despierto para resguardar a su entrenador. El chico miró una vez más su reloj, dándose cuenta de que ya era relativamente tarde. Suspiró, como lamentando el no haber venido antes cuando la profesora lo citó en Ciudad Jubileo.

Sin embargo, mientras jugaba con las mangas de su extraña chaqueta azul, un sonido le hizo levantarse de golpe y mirar a su derecha. La profesora Moon había llegado.

—Buenas noches, profesora —el chico saludó cordialmente.

—Buenas noches, Titán, lamento haberte hecho esperar —la profesora se lamentaba el haber llegado tan tarde—. Tuve que recibir a unos amigos de Johto.

—No se preocupe, al fin y al cabo yo tampoco pude presentarme cuando usted me lo pidió —admitiendo con mucha pena, Titán esperó a que Moon abriera la puerta del laboratorio.

Una vez abierta, ambos entraron al enredoso y sofisticado laboratorio de Moon. La chica apenas había sido nombrada profesora desde hacía dos años, por lo que aún era inexperta en ordenar de manera adecuada todos los papeles que tenía. Además, sentía demasiado respetó como para tocar algunos de los papeles que Rowan dejo antes de morir.

—¿Qué ocurrió en el lago? —preguntó Moon, con curiosidad.

—Otra de esas extrañas invasiones de pokémon raros, aparecieron unos extraños pokémon parecidos a un Horsea, pero eran de color café con morado —el chico sacó una pokébola de su cinturón—. Solo puede capturar a tres de esos pokémon, los demás huyeron al fondo del lago.

La profesora tomó la pokébola del chico y examinó al pokémon que había en su interior. Luego de analizarlo por un corto tiempo, la RotomDex de Moon salió para analizar los datos del pokémon.

—Este espécimen es un Skrelp, el pokémon pseudoalga —Rotom miraba la pokébola con interés—. Este pokémon es originario de los mares de Kalos, Hoenn y Alola, no se tiene registro alguno de algún avistamiento de estos pokémon en Sinnoh, hasta ahora.

—Ya veo, es la especie numero treinta y cuatro no nativa que encuentras —Moon parecía fascinada por la aparición de dicho pokémon—. Esto se vuelve cada vez más raro.

—Los Skrelp son pokémon de agua salada, no deberían aparecer en agua dulce —Rotom estaba intrigado por la aparición de dicha especie.

—Le he enviado los dos Skrelp a su laboratorio, pero me gustaría preguntarle si puedo quedarme con este —Titán recogió la pokébola—. Fue bastante duro de vencer y me gustaría entrenarlo.

—Por supuesto, prefiero que tú los conserves a que estén por ahí dañando el ecosistema —Moon rápidamente recordó el porqué estaba ahí—. Además, lo necesitaras para tu siguiente misión.

Titán había estado trabajando para la profesora a jornada completa desde que esta llegó a ser profesora. Moon le había confiado varias misiones para su investigación, incluida la captura de especies extrañas en la región, evento que había estado ocurriendo hace dos años aproximadamente.

—¿Cuál será esa misión? —preguntó Titán, con curiosidad.

—Bueno, primero quiero que recibas esto —la profesora abrió su maletín y le mostró a Titán el contenido—. Esta es la nueva versión de la pokédex, quisiera que tú la tuvieras.

Titán se vio gratamente sorprendido al ver aquel hermoso artefacto. Las proporciones y el diseño le encantaba de sobre manera, era como una pieza de arte. El chico la tomó entre sus manos, se sentía bastante maravillado por la belleza tecnológica que tenía entre manos.

—Es hermosa —confesó con una sonrisa—. ¿Enserio quiere dármela?

—Tú eres el más indicado para portarla —Moon sonrió y se acercó al chico—. Has trabajado duro estos dos años, realmente te la has ganado por derecho propio.

—M-muchas gracias —el chico tartamudeó y una pequeña lágrima salió de su ojo, la cual limpió rápidamente—. Hare buen uso de ella.

—Estoy segura de que si —Moon sonrió, para recibir una notificación en su pokéreloj que le indicaba la hora actual—. Bueno, por el momento te explicare como usarla, ya que actualmente no tengo misiones por ahora —confesó con un poco de pena—. Tomate estos próximos dos días libres.

Titán aceptó con gusto el plan de la profesora, la cual procedió a explicarle todas las funciones de la pokédex y cómo usarla. Titán prestó suma atención a las explicaciones de Moon, estaba bastante maravillado en todo lo que aquella maquina podía hacer.

Luego de eso, Titán se despidió de la profesora y se fue del laboratorio ayudado por su Yanmega. Moon vio partir finalmente al último chico al cual le haría entregada de la pokédex. Con un suspiró, la chica esperaba haber tomado la mejor decisión. Sin saberlo, el futuro de una región podría depender de aquella elección de entrenadores.

[…]

21 de Mayo, Afueras de Ciudad Jubileo.

La noche con Rose fue (por palabras de la propia Níquel) bastante agotadora. Níquel seguía sin creer toda la energía que la chica tenia, apenas y pudo dormir tranquilamente con esa chica al lado.

Luego de despertarse y haber desayunado, ambas chicas decidieron despedirse en el centro de la ciudad. Ambas con sus metas bien en claro.

—¿Entonces enfrentaras a Roark primero? —preguntó Níquel.

—Así es, me dará tiempo suficiente para explorar la ruta 203 —Rose parecía basten optimista, con su pequeña Buneary apoyándola a un lado de ella.

—Entonces yo enfrentare a Gardenia —Níquel también estaba feliz, al igual que su Shuppet que la acompañaba—. Recuerda, en cinco días nos veremos en la entrada al Monte Corona, ¿de acuerdo?

—Si —respondió—. ¡No te atrevas a irte sin mí! —gritó.

—Solo tienes que dejar de gritar —un pequeño suspiró salió de sus labios—. No lo hare, una promesa es una promesa —Níquel alzó la mano—. Vuélvete fuerte y vence a Roark, tendremos nuestra revancha.

—Tómalo por hecho, Níquel —Rose apretó la mano de Níquel con firmeza—. Tú también vuélvete fuerte.

Con una promesa a futuro, las dos entrenadoras partieron hacia rumbos distintos. Níquel se iría hacia el norte, por la ruta 204, mientras que Rose partiría rumbo a la ruta 203. Mientras marchaban, en sus corazones se asentaba un sentimiento de amistad y rivalidad bastante sana. Ambas deseaban saber que tan fuertes se volverían después de ese pequeño desvió. Ambas tenían la convicción de volver a pelear una vez más. Con esperanza y determinación, Níquel y Rose continuaron su viaje.