Hola, queridos lectores.
Espero que hayan tenido un excelente Pokemon Day, yo me la pase bastante bien.
Vieron la nueva generación, ufff la verdad promete mucho, mas para una idea de un futuro fanfic *guiño guiño*
Bueno, espero disfruten este capitulo, los veremos a mediados de Marzo con un nuevo episodio :D
Enjoy :D
Entrada cuatro: Caminos paralelos
22 de Mayo, Valle Eólico
El suave viento del amanecer hacía mover con fuerza los enormes molinos de viento de la poderosa central eólica de la región.
Cerca de ahí, el antaño Pueblo Aromaflor se había convertido en una ciudad bastante importante. Sin embargo, aquella ciudad era más bien un sitio de descanso y retiro que una ciudad en sí misma. Los únicos tres grandes edificios que sobresalían estaban destinados a fungir de departamentos para todo aquel que tuviera el dinero de pagarlos. Aquel se había convertido en un excelente lugar para pasar unas tranquilas vacaciones, mirando la gigantesca pradera llena de flores que había al norte, un campo que se ha mantenido inalterable.
En medio del pequeño camino que conecta la pequeña ciudad y la central, se encontraba un pequeño tronco caído, fruto de algún accidente. Sobre este, la joven entrenadora Berlitz disfrutaba de un pequeño alimento, junto a su fiel Shuppet. La entrenadora comía tranquilamente un pequeño emparedado, mientras que su pokémon degustaba de una deliciosa baya Oran.
—¿Quién diría que nos tomaría un día entero atravesar la ruta 204? —preguntó Níquel, con un poco de cansancio.
Su pokémon solo emitió un gritó de alegría. La ruta había sido un problema bastante grande en su viaje. Además de los muchos entrenadores que había, ambos tuvieron que enfrentar la extraña caverna que daba hasta la "Pueblo" Aromaflor. Sin embargo, aquello no les detuvo en su viaje.
Luego de su derrota con Rose, Níquel se volvió mucho más determinada para lograr vencerla en una hipotética revancha. La chica salió victoriosa de cada enfrentamiento que tuvo en aquella ruta. Sin importar si fuera un entrenador o un pokémon salvaje, Níquel aceptó todo desafío, venciendo en cada uno de ellos.
Luego de acampar en aquel pequeño tronco caído, la entrenadora y su pokémon decidieron desayunar algo antes de emprender su viaje hacia el Bosque Vetusto, lugar donde Diamond le había contado se encontraba Rotom, un pokémon que sin duda debía formar parte del equipo de la entrenadora primeriza.
Luego de haber degustado de un delicioso emparedado y unas nutritivas bayas, Shuppet y Níquel emprendieron su viaje para llegar al Bosque Vetusto. La ruta 205 prometía ser una ruta bastante más relajada que la anterior, pero aun así había bastantes retos que ser superados.
Luego de caminar por la orilla del rio y llegar al puente que les permitiría cruzarlo, ambos pudieron apreciar la enorme central eólica, lugar donde nacía toda la energía de las ciudades cercanas. La pequeña industria que antaño había sido atacada por el Team Galactic ahora se había convertido en una central de energía.
Aunque Níquel no le prestó mayor importancia, hubo un pequeño objeto que llamó la atención. Una pequeña silueta, parecida a un balón, paseando entre los molinos. Con curiosidad, la chica le indicó a su Shuppet que la acompañara a buscar que era aquel extraño objeto que parecía moverse entre los molinos de vientos.
Con pokédex en mano, la chica se acercó lo más que pudo al objeto que revoloteaba entre los molinos. Luego de estar lo suficientemente cerca, la chica le apuntó a la extraña criatura de color morado con su pokédex, la cual reaccionó al instante.
"El pokémon que usted vio es Drifloon, un pokémon tipo fantasma y volador" mostró la pokédex en su pantalla, indicándole que su predicción había sido correcta.
—Esta cosa si será de utilidad entonces —murmuró Níquel, ocultando su pokédex—. A la cuenta de tres, le lanzas una Bola Sombra.
El pokémon afirmó con la cabeza, esperando el momento preciso para atacar. Drifloon parecía volar de un lado a otro, por lo que tenían que encontrar el momento en que el pokémon se detuviera para poder atacarlo por sorpresa.
Aquel pequeño pokémon volador le parecía sumamente bonito, un excelente compañero para su viaje. Aquella extraña afición por los pokémon fantasma le hacía desear el poder capturar ese Drifloon. Sí lo hacía, el combate contra Gardenia sería mucho más sencillo.
Luego de unos minutos, el pokémon finalmente se quedó estático por un tiempo lo suficientemente prolongado para que Níquel pudiese atacar.
—¡Ahora! —gritó, revelando su posición.
Su pokémon inmediatamente usó su movimiento, creando una esfera negra que impacto directamente en el cuerpo de Drifloon, dejándolo bastante herido. Níquel se sorprendió de que apenas hubiese soportado un golpe, no debía ser demasiado fuerte.
—Bueno, creo que es mi turno —con una sonrisa, la chica sacó una Dusk Ball—. ¡Serás mío…!
Cuando la pokébola estaba en el aire, un sonido viscoso se hizo presente, a la par que la pokébola caía al suelo, inhabilitando el tiro. Mirando de reojo, la entrenadora se dio cuenta que su pokébola tenía una extraña mucosidad morada, como si de veneno se tratase.
Buscando respuestas a lo acontecido, la chica miró a su derecha, encontrándose con el autor del ataque; un pequeño Weedle que estaba en el hombro de un chico de pelo azulo y ojos rojizos, el cual miraba a Níquel con cierto odio.
—¿Qué se supone que haces? —preguntó Níquel, molesta.
—No puedes capturar a este pokémon —el chico se acercó al pequeño Drifloon.
—¿Y quién lo dice? —pregunta de vuelta.
—Este pequeño pertenece a este lugar desde antes que tú nacieras, por lo que debe ser libre de vivir en estos lares —el chico tomó una pequeña poción de su mochila—. No puedo permitir que lo captures, nadie debe hacerlo.
Níquel no entendía muy bien aquello, pero su sorpresa fue mayor al ver el extraño apegó que el pokémon le tenía al chico. Luego de darle la poción, el pokémon se revitalizo y agradeció al entrenador, el cual respondió tomando los pequeños cordones que salían de su cuerpo.
Luego de eso, Níquel dio un paso al frente, acción que hizo que Drifloon se escondiera detrás del chico, el cual miró de manera feroz a la entrenadora.
—No piensas ceder ¿verdad? —preguntó el chico de ojos rojizos, mirando directamente a los ojos cian de Níquel.
—No entiendo el porqué impides que lo capture —Níquel seguía bastante confundida.
—Es una cuestión de principios, supongo —el chico rio levemente, para después tomar una de sus pokébolas—. Escucha, solo vete por donde viniste y no habrá problemas.
—¿Me estas retando? —Níquel arqueó la ceja.
—Es una advertencia, debo proteger a este pequeño para que sea libre en este valle —el chico lanzó su pokébola—. Ahora, retírate.
De la pokébola salió un poderoso Metang que atacó rápidamente a la entrenadora, la cual logró esquivar la poderosa Machacada del pokémon. Al caer al suelo, el rostro enfurecido de Metang le hizo retroceder un poco, con temor. Incluso su pequeño Shuppet se vio intimidado por aquello. Al ver la diferencia tan abismal de poder, la chica tuvo que rendirse.
—Eres un tipo con suerte —suspiró, derrotada—. De acuerdo, no capturare a Drifloon, solo dile a tu extraño pokémon hojalata que no ataque directamente a los entrenadores.
Aunque el pokémon se enfadó bastante por la descripción que Níquel le dio, el entrenador rápidamente introdujo a su pokémon dentro de su pokébola, sabiendo que había dejado claro el mensaje. Mientras lo hacía no se dio cuenta como Níquel comenzó a teclear algunas cosas dentro de su pokéreloj, para luego simplemente acercarte.
—A todo esto, ¿cómo es que tan si quiera te llamas? —preguntó, con cautela.
—¿Para qué lo quieres saber? —preguntó, arqueando la ceja.
—Quisiera saber quién parece ser el protector de este pequeño, además, pareces ser un entrenador a tener en cuenta —la chica se detuvo un momento.
El chico parecía dudar si realmente valía la pena decirle su nombre a aquella entrenadora, no sabía si debía confiar en ella. Al ver esto, Níquel simplemente tragó saliva, dándose cuenta que tendría que hacer un pequeño sacrificio si quería conseguir esa información. Hurgando entre su mochila, la de ojos cian sacó una baya zidra.
—Recibe esto como una pequeña oferta de paz, si es que no confías en mí —Níquel sonrió, entregándola la baya al chico.
El chico dudó un momento al tomarla, pero finalmente decidió hacerlo y se la dio al pokémon, el cual pareció disfrutarla bastante y ponerse bastante alegre. Aunque Níquel se sentía una tonta por haber gastado una baya para convencer al chico, al final este intercambio dio sus frutos.
—Parece que eres de confianza, o al menos eso creo —el chico sonrió, algo aliviado—. Mi nombre es Titan, me encargo de cuidar de algunas cosas, como lo es de este pequeño Drifloon.
—Oh, un gusto en conocerte, Titan —masculló, forzando una amabilidad no típica en ella—. Eres un entrenador bastante fuerte, espero que un día tengamos un buen combate.
—Si tengo tiempo libre, podría combatir contra ti —comentó, con una sonrisa determinada.
—Bueno, debo retirarme —la chica colocó sus brazos en su nuca y comenzó a retirarse—. Nos veremos luego, Titan.
Antes de que Níquel diera un paso más, Titan la detuvo.
—No serás tan grosera como para no decirme tu nombre, ¿no?
Aquello hizo que Níquel tragara saliva, no esperaba tener que revelar su nombre. Sin embargo, decidió simplemente voltear y decirle algo, para no levantar alguna sospecha o algo por el estilo.
—Me llamo Daipura —sonrió de manera confiada, despidiéndose.
[…]
22 de Mayo, Ruta 203
La ruta 203 era bastante más calmada que la ruta 205. A pesar de estar mucho más cerca de la enorme Ciudad Jubileo, la ruta era bastante silenciosa y calmada, conservando aquel toque natural que había permanecido de manera inalterable los últimos veinte años o más.
El viento suave moviendo con delicadeza el césped y los pocos árboles que había en la ruta, algunas personas acampando tranquilamente y algunos pokémon acercándose al pequeño cuerpo de agua que iban a beber un poco. Todo aquello formaba una armonía cuasi perfecta para disfrutar en familia.
Es por ello que la hija de la líder de gimnasio de Ciudad Rocavelo había decidido quedarse un poco más en la ruta disfrutando del paisaje, entrenando a su Buneary y completando un poco la pokédex que le habían dado. Había conseguido capturar seis pokémon, enviándolos todos al laboratorio de la profesora Moon.
—Abra, Bidoof, Kricketot, Starly y Shinx —dictó Rose mirando su pokédex—. Creo que no debería haber muchos más pokémon en esta ruta.
A su lado se encontraba su Buneary, comiendo tranquilamente una Baya Oran. Luego de algunas capturas mañaneras, el pokémon quería descansar un poco antes de enfrentar el próximo reto.
Aquello no solo le servía para completar la pokédex, si no también que era de gran ayuda para el entrenamiento de Buneary, el cual siempre ayudaba a su entrenadora para debilitar lo suficiente a los pokémon para capturarlos. Sin embargo, Buneary presentía que su entrenadora se estaba presionando demasiado para no fallarle a la profesora, aunque esta ni siquiera le había dado una misión en concreto.
Luego de analizar un poco más, Rose decidió probar un poco más su pokédex, en especial una función capaz de mostrarte un informe detallado de un pokémon. Buscando entrar las numerosas funciones, encontró un icono de una pokébola cuyo nombre era "Analizador de Equipo".
Al darle un click al icono, este inmediatamente encendió la cámara delantera de la pokédex, con la cual se podía enfocar a un pokémon para conseguir toda su información. Sin dudarlo, la chica de pelo rosado enfocó a su pokémon.
—Bunny, te has vuelto muy fuerte —dijo la chica, sonriendo—. Pareces tener un nivel de quince, bastante impresionante.
Al escucharlo, Buneary sonrió feliz y le mostró los músculos a su entrenadora, presumiendo su avance. Aunque Rose sonrió ante aquello, el pokémon dejó caer la pequeña baya que estaba comiendo, rodando cuesta abajo hasta unos pequeños arbustos.
—Déjame ir por ella —la chica sonrió y se acercó al arbusto.
Luego de procurar no caer por la empinada pendiente, la chica llegó al pequeño arbusto y se agachó para poder buscar la baya caída. Después de apartar las hojas para poder investigar donde se encontraba la baya, la chica finalmente pudo verla.
—Aquí estas —la chica intentó tomarla, pero algo por dentro de la maleza sacó su brazo y tomó la baya rápidamente—. ¡Oye, eso era nuestro!
Sin pensarlo mucho, Rose se lanzó hacia el arbusto, buscando al presunto ladrón de esa baya a medio comer. Buneary fue también con su entrenadora, alertada por el grito.
Luego de moverse con dificultad, ambas encontraron al ladrón de la baya. Sobre un árbol, un pequeño Ralts comía tranquilamente la baya que había robado con anterioridad. Ante aquello, Rose y Buneary le miraron con rostro de enojo, aunque el Ralts estaba más ocupado comiendo la baya que poniéndoles atención.
—¡Oye, eso no se hace! —gritó con fuerza—. Esa Baya Oran era de Bunny.
Ralts seguía manteniéndose inmutable ante los gritos de la entrenadora, concentrándose en comer aquella baya con bastante alegría. Aquello hizo enojar de sobremanera a la entrenadora y su pokémon.
—¡¿Podrías, al menos, prestarnos atención?! —gritó Rose, siendo otra vez ignorada.
Ante la negativa, Rose decidió que debía darle un buen escarmiento para que, al menos, les prestara atención. Aquello ya no se trataba de la baya, Rose solo quería enseñarle un poco de respeto a ese pokémon.
Buneary decidió golpear con fuerza el árbol el pokémon se encontraba, cayendo rápidamente este al suelo. Cuando el pokémon se reincorporó, pudo ver que su baya había sido destrozada por la caída, haciendo nacer en él una gran furia que estaba dispuesta a liberar en Buneary.
Iluminando sus ojos, Ralts golpeó a Buneary con un fuerte Confusión, la cual mando a volar a Buneary hasta un árbol. Sin embargo, el pokémon se levantó sin mayores problemas, como si el ataque no le hubiese hecho demasiado daño. Cuando Rose sacó su pokédex, pudo darse cuenta del porqué esto pasaba.
—Ese Ralts es de nivel 9 —le dijo a su pokémon—. A pesar de ser bastante fuerte para los de su especie, no será un problema para nosotros… ¡Buneary, usa Rapidez!
Las estrellas de energía rápidamente se materializaron y comenzaron a perseguir a Ralts, aunque este era bastante rápido, el golpe finalmente lo golpeó directamente, debilitándolo.
—No pareces tener buena defensa especial —con una sonrisa, Rose sacó una Sana Ball y la lanzó.
Impactando directamente en su cabeza, Ralts entró directamente a la pokébola, quedando rápidamente capturado luego de tres giros de la pokébola. Cuando Rose se acercó, pudo ver que el pokémon había recuperado sus fuerzas al ser capturado.
Aunque sacó su pokédex para enviarlo con la profesora, la chica se detuvo un momento, pensando si le enviaría el pokémon. Luego de pensarlo mejor, una sonrisa se dibujó en su rostro, seguido de guardar una vez más su pokédex.
—Creo que necesitaremos de tu ayuda —liberando al pokémon—. Bienvenido al equipo, Ral.
El pokémon miró de manera confundida a su nueva entrenadora, no entendiendo muy bien a que se refería.
—Serás parte de nuestro equipo, junto a Buneary —la chica hizó que su pokémon se acerca—. Además, una de los beneficios de ser mi pokémon es el poder comer muchas y deliciosas bayas.
Al escuchar aquello, Ralts sonrió de manera alegre y abrazó la pierna de Rose, ignorando por completo a Buneary, que tenía la idea de saludarle cordialmente. Al ver aquello, Rose simplemente rio un poco, para posteriormente ponerse algo seria.
—Sin embargo, tendrás que ganarte esas bayas —la chica tomó a Ralts y lo alzó—. ¿Estás dispuesto a hacerte más fuerte, Ral?
El pokémon simplemente maulló de alegría, aceptando el trató que Rose le había impuesto. Con eso dicho, la entrenadora y sus pokémon pusieron rumbo al siguiente desafío que tendrían que afrontar, el líder de gimnasio de Ciudad Pirita.
—Antes de ir a Ciudad Pirita, debemos entrenarte un poco, Ral —la chica caminaba junto a sus dos pokémon—.Así que entrenaremos en la cueva Puerta Pirita.
Y con actitud y determinación, la entrenadora y sus pokémon fueron directos a la cueva, con un nuevo compañero para la chica de pelo rosado. Rose estaba confiada en terminar su reto.
[…]
22 de Mayo, Residencia Berlitz
Luego del pequeño altercado de hace dos días, Crystal se había reusado a salir de la habitación que Platinum les había prestado para hospedarse. La mujer solo salía para comer o pasear un poco en los jardines, pero rápidamente volvía a su habitación cuando sentía que alguien la mirada, como si estuviese escapando de algo.
Por su parte, Gold se mantuvo mucho más participativo en la mansión, ayudando con todo lo que podía a Diamond y Platinum y disfrutando un poco de las comodidades que la mansión le ofrecía. Sin embargo, el hombre siempre se mantenía al tanto de su esposa, pues solo la podía ver cuando dormía, aunque ella dormía mucho antes que él.
Aunque Diamond no podía estar tanto tiempo en la mansión, Platinum había decidido tomarse un descanso de su trabajo y pasar un poco el tiempo con los holders de Johto, pero solo había podido convivir con Gold. Un Gold que parecía completamente diferente al Gold al que había conocido en la primera reunión de holders que ella recordaba.
Aquella tarde, Platinum se encontraba en la pequeña biblioteca de su mansión, revisando algunos documentos referentes a sus antepasados, mientras que Gold decidió exploraba la inmensa colección de libros, buscando uno en específico. Luego de indagar un poco, el holder de Johto finalmente encontró lo que buscaba.
—Te tengo —exclamó con felicidad, tomando un libro de cubierta gris.
—¿Finalmente lo encontraste? —preguntó Platinum, con curiosidad.
—En efecto —el hombre bajó de las escaleras de mano de los estantes—. Enserio que tienes una colección amplia.
—Mi familia ha comprado libros desde que está en Sinnoh —una pequeña risa orgullosa nació en su rostro.
Gold sonrió de vuelta y se sentó junto a la Berlitz, poniendo su libro en la mesa donde estaban los otros documentos que la mujer estaba leyendo.
Aquel libro tenía el título de "Vórtice Espacial". La abrirlo, rápidamente el hombre de pelo azabache comenzó a leerlo con mucho ánimo y entusiasmo, mientras que Platinum se le quedó mirando, pensando en porqué aquel gusto tan repentino por ese tema.
Luego del pasar algún tiempo, por lo menos una hora, Platinum finalmente decidió tener el valor de preguntarle a Gold el porqué había querido leer ese libro. Al escuchar la pregunta, el azabache bajó el libro y suspiró.
—Supongo que, aun buscó algo a que aferrarme —aquel triste tono en sus palabras hizo que Platinum encogiera los hombros.
—¿Crees que ellos aun estén…?
—No lo sé, aunque algo dentro de mí desea que sí —el hombre interrumpió rápidamente a la mujer de ojos color avellana—. Sea como sea, solo espero que estén descansando.
Aquello hizo sentir a Platinum un hueco en el estómago. El escuchar a Gold de esa forma le hacía sentirse increíblemente mal, lo único que pudo hacer fue poner una mano en el hombro del chico. Esta era una de las veces en las que envidiaba a Diamond, él era el mejor para consolar a los demás.
—Espero que también sea así —dijo de manera sincera, esbozando una tímida sonrisa.
—Sabes, creo que a quien más daño le hizo fue a Crys —Gold sonrió débilmente—. Ella no supo lidiar con ese hecho, se bloqueó así misma.
—No pensaba que Crys fuera de ese tipo de persona —confesó.
—Yo tampoco, Platinum, yo tampoco —con lentitud, el chico se acomodó el cabello—. Se supone que la que tenía problemas con las emociones eras tú, chica fría.
Aunque aquello haría sacar una pequeña cara de enojo a la heredera, esta simplemente sonrió de manera divertida, en esos momentos deseaba más que Gold fuese el mismo de siempre a que fuera un hombro triste, como la misma Crystal.
—Por cierto, ¿Cuándo enfrentara la niña orgullosa su primer gimnasio? —preguntó el azabache, recordando uno de sus encargos.
—¿Níquel? La verdad no estoy segura —Platinum se puso a pensar—. La última vez que hablamos con ella fue esta mañana y estaba en la ruta 205, así que debería estar llegando a Ciudad Vetusta para mañana en la tarde, o eso creo yo.
—Esa niña avanza rápido —el chico se cruzó de brazos—. Sin embargo, creo que la hija de Pearl podría llegar más rápido a Ciudad Pirita, ¿no es así?
—Supongo, es algo más cerca.
Gold había tenido comunicación con Pearl, el cual le había explicado el plan de su hija para llegar a Ciudad Pirita. El azabache tenía planeado hacerles entrega a esas dos chicas de los huevos que había traído desde Johto, sin embargo, el hombre quería estar seguro de que Níquel y Rose tenían el poder suficiente para poder confiarles esos dos pokémon.
Luego de esa pequeña charla con la Berlitz, Gold decidió salir para hablar directamente con Pearl, el cual debía estar en el frente de batalla. El hombre quería saber el día y hora exacta en la que Rose se enfrentaría a Roark, con el fin de poder apreciar el combate.
Al irse, Platinum siguió investigando un poco más acerca de sus antepasados. Aunque se sentía un poco aliviada de que el plan de Cooper no funcionaría después de todo, la mujer quería tener un plan B en caso de que Níquel no lograse cumplir su objetivo.
Investigando más a fondo, la mujer se dio cuenta de algo bastante peculiar. Aunque pensaba que su familia había llegado a Sinnoh desde hacía doscientos años, los registros apuntaban a que los Berlitz habían estado en Sinnoh desde hacía más de mil años. Incluso había algunos reyes que habían dominado la región en tiempos lejanos.
Aquello hizo aumentar el ego de Platinum, sonriendo firmemente y apretando el medallón que siempre cargaba consigo en su pecho, aquel que había forjado hace tanto tiempo.
—Níquel, en tus hombros cae una gran tradición de una familia milenaria, confió en que lograras poner en alto nuestro apellido —dijo con voz orgullosa, mirando los registros.
[…]
22 de Mayo, Bosque Vetusto
El cielo comenzaba a tornarse anaranjado sobre el Bosque Vetusto. El débil viento del atardecer movía con extrema sutileza los enormes arboles del bosque, moviendo sus hojas de los mismos de tal manera que parecía que estos se despedían de una día que parecía nunca volver.
En medio de aquella tranquilidad casi tétrica, la chica de ojos cian seguía su búsqueda de la enigmática mansión abandonada donde podría encontrarse con aquel pokémon que tanto deseaba; Rotom.
Luego de derrotar a los entrenadores de la ruta 205, la chica finalmente se encontraba en aquel enigmático bosque. Su Shuppet la acompañaba, recuperado completamente de su arduo entrenamiento gracias a una súper poción.
Aunque estaba decidida a buscar a Rotom, en su mente aún seguía el recuerdo de extraño chico que había enfrentado en la mañana. Por alguna razón, el físico del chico le hacía recordar a alguien más, aunque no estaba segura del todo de quien se podría tratar.
—Titan —dijo en voz baja, caminando tranquilamente por el bosque—. Me recuerdas mucho a unas personas, pero no logró recordarlo.
Aquel cabello azulado y ojos rojizos le hacían recordar a dos personas que había visto en algún lado. Tal vez en algún libro, en alguna foto o incluso en las noticias de la televisión. Sin embargo, era incapaz de recordar donde había visto algo así.
—¿Alguna idea, Shuppet? —le preguntó a su pokémon, el cual movió su cabeza en señal de desconocimiento—. Desearía estar en la mansión en estos momentos.
La idea estaba dando vueltas en su cabeza, una y otra vez. Además, el recordar a ese poderoso Metang también le tenía la cabeza comida. Jamás imaginó que un chico que tiene su edad podría tener acceso a un pokémon tan poderoso como era aquel.
—Tenemos que idear una forma de enfrentarnos a él, Shuppet —le comentó a su pokémon, el cual respondió una sonrisa determinada—. Aunque, tal vez debamos pensar en una estrategia para derrotar al Buneary de Rose, le dije que tendríamos nuestra revancha.
Gracias a Rose, Níquel había saboreado el amargo sabor de la derrota, la chica admitió que ella era superior al momento de planear una estrategia vencedora. Sin embargo, ella no tenía la intención de quedarse atrás. Con Rose y Titan, ella encontró una motivación para hacerse fuerte, debía ser capaz de derrotarlos a ambos. Después de todo, su propia vida dependía del poder que alcáncese a desarrollar.
—Afortunadamente le di mi segundo nombre a Titan, de esa forma no podrá encontrarme fácilmente —una sonrisa se dibujó en su rostro—. Solo Diamond y Platinum lo conocen, por lo que tengo la oportunidad de planear una estrategia antes de que él pueda encontrarme.
Con una sonrisa de determinación, Níquel siguió su camino por el bosque. En su mente, la chica comenzó a planear las potenciales estrategias con las cuales podría derrotarlos, sin darse cuenta que su imaginación le daba tantas ideas que no era capaz de razonar ninguna de ellas.
Aquello la confundió, haciéndole perderse un poco en cientos de divagaciones, como si le fuera imposible concentrarse en algo en concreto. Su mente se distraía fácilmente y se perdía en un laberinto.
Sin embargo, el ver la gigantesca mansión abandonada le hizo recuperar la concentración. Sujetando su cabeza para controlar sus pensamientos, la chica pudo finalmente apreciar la belleza de la mansión, que a pesar de estar bastante deteriorada, seguía siendo bastante elegante.
—Debo admitir que se ve mejor de lo que imagine —confesó con una pequeña sonrisa, mientras su pokémon se acercaba a ella—. Vamos a entrar.
Aunque dio algunos pasos en la dirección correcta, el abrir de la puerta de la mansión hizo que esta de detuviera en seco. Con la puerta abierta, una mujer de pelo castaño y ropas verdes salió de la mansión, cerrando la puerta de la misma con un candado. Cuando la mujer se volteó, Níquel identificó en seguida de quien se trataba.
—Gardenia —con rapidez, la chica corrió hasta donde estaba la líder de gimnasio.
Al verla, la líder de gimnasio se sintió ligeramente confundida por ver a alguien correr de una manera tan efusiva. Al plantarse frente a ella, Níquel saludó.
—Tú eres la líder de gimnasio de Ciudad Vetusto, ¿no? —preguntó Níquel.
—Sí, ¿Quién lo pregunta? —respondió.
—Bueno, mi nombre es Níquel —la chica le ofreció la mano—. Venia justo aquí para visitar la mansión.
—Oh, ya había escuchado de ti —la mujer apretó un poco la mano de la chica—. Eres la hija de Diamond y Platinum, ¿no?
—Hija adoptada, si no te importa —su expresión cambio rápidamente a una de seriedad.
Gardenia se asustó un poco por el extraño tono de voz que la niña adoptó al preguntarle si Diamond y Platinum eran sus padres biológicos. Sin embargo, la mujer intentó ser aún más seria que la chica.
—¿Qué te trae por aquí? —preguntó sin rodeos.
—La mansión abandonada, quiero internarme dentro de ella —confesó.
—Lo siento, no puedes entrar —suspiró con decepción.
—¿Disculpa?
—Lo que escuchaste, no puede dejar entrar así a la ligera a un lugar como este —repitió con algo de molestia, cruzándose de brazos—. ¿Acaso pensabas que se le permite el paso a todo aquel que quiera?
Ante aquello, la chica comenzó a enojarse levemente.
—Hasta donde tengo entendido, esta mansión es prácticamente propiedad del estado, por lo que eso la convierte en un lugar para todo público —la chica apretó su puño—. Así que hasta a un lado y déjame entrar.
Gardenia se enojó de sobre manera ante aquel tono tan grosero con el que Níquel le habló. Aunque la chica intentó empujarla, la líder logró esquivar el empujón y tomó el brazo de la chica con fuerza.
—No sé cómo te educaron tus padres, pero no te enseñaron modales —dirigiéndole una mirada de enojo—. Un no es un no, niña.
—Y a ti no te enseñaron a apartarte de mi camino —la chica se zafó del agarre—. Nada me impedirá que cruce esa puerta, na…
Antes de que pudiese decir algo más, unas poderosas enredaderas tomaron a Níquel por la camisa y la arrogaron hacia atrás. Cuando cayó al suelo, la chica pudo ver que su atacante era el Roserade de la líder, la cual había salido para hacer respetar la palabra de su entrenadora.
—No me importa que seas una Berlitz, no dejare que entres a esta mansión en lo absoluto, niña —la mujer se acercó a la chica—. Además, si realmente quieres ponerte agresiva conmigo, que sea mañana a las cuatro de la tarde en mi gimnasio.
Níquel se levantó rápidamente y le dirigió una mirada retadora a la líder. Aunque su determinación y su coraje eran fuertes, una idea brotó fugazmente en su cabeza. Sin pensarlo mucho, la chica trató de disimular un suspiró de derrota.
—Bueno, supongo que tienes razón —la chica rio de manera forzada—. Si he de patearte el trasero, lo hare de manera legal, ¿tienes alguna regla para poder vencer tu gimnasio?
La mujer arqueó la ceja, sabía que Níquel estaba planeando algo.
—Solo lleva dos pokémon, pero necesitas algo más que insultos si quieres derrotarme —la mujer rio, confiada—. Tienes todo el bosque para conseguir buenos pokémon, menos la mansión.
La mujer chasqueó los dedos, momento en el cual Roserade creó unas poderosas enredaderas que cubrieron las puertas a la mansión, dejándolas inhabilitadas. Ante aquella acción, Níquel bufó un poco, como si su plan no fuese a funcionar. Ante aquello, Gardenia sonrió.
—Bueno, no me queda más opción, vámonos Shuppet —la chica se cruzó de brazos y comenzó a caminar hacia el sur—. Quiero que recuerdes estas palabras, Gardenia —la chica volteó y le dirigió una mirada fría—. Te derrotare.
Aunque molesta, Gardenia aceptó el desafió de la chica que se alejaba del lugar. Mirando a su Roserade, ambas se dirigieron una mirada que expresaba que no se dejarían derrotar por aquella chica.
Sin embargo, mientras caminaba, una sonrisa maliciosa se dibujó en el rostro de Níquel.
[…]
—¡Ral, usa Confusión! —gritó Rose, ordenándole a su pokémon atacar.
En medio de una oscura cueva, el Ralts de la entrenadora atacó con todas sus fuerzas a un Geodude con el cual estaba combatiendo. Al recibir el golpe, el pokémon piedra fue arrojado hasta la gruesa pared de roca, incrustándose.
Aunque el pokémon pudo desincrustarse, Ralts continuó su ataque con una poderosa Voz Cautivadora. Aquel ataque fue lo suficientemente fuerte como para que Geodude cayera al suelo, derrotado.
—Bien, ahora será mío —sacando una pokébola, Rose se la lanzó.
Dadas las correspondientes vueltas, el pokémon finalmente fue capturado, dando fin al entrenamiento de Ral y a la captura de los pokémon de aquella cueva. Cuando Rose envió el Geodude a la profesora, la entrenadora rápidamente sacó una baya y se la dio a su pokémon.
—Te has esforzado bastante, Ral —la chica sonrió y acarició a su pokémon, seguido de un gran bostezo—. Recuerdas cómo hacer las estrategias once y doce, ¿verdad?
Aunque estaba concentrado en comer, el pokémon emitió un pequeño sonido de felicidad, contestando la pregunta de su entrenadora. Esta se sintió bastante aliviada y metió a su pokémon dentro de su pokébola.
—Por Arceus, se nos pasó el día volando —la chica bostezó de manera fuerte una vez más.
Aunque había comido bastante bien, Rose sentía como sus piernas y pies le dolían de manera intensa, a la vez que sus ojos le pedían descansar un poco. Aunque hubiese deseado ir a la cama, quería terminar de capturar los pokémon de la cueva y entrenar a su Ral antes de que terminara el día.
Sintiendo fuertemente su cansancio, la chica finalmente salió de la cueva, encontrándose frente a frente con Ciudad Pirita.
Aunque la mayoría de ciudades de Sinnoh habían crecido con el tiempo, Ciudad Pirita parecía ser la única ciudad que no registraba un aumento de habitantes. Muy por el contrario, el cierre de la mina de carbón había logrado que los pobladores de la ciudad se fueran de la misma, buscando una nueva fuente de empleo.
Con cansancio, la chica recorrió las tranquilas y solitarias calles de la ciudad, en búsqueda de algún hotel en donde hospedarse para poder dormir. Luego de buscar una posada por algunos minutos, sin darse cuenta, la chica chocó contra una gran pared.
—¡Ay! —gritó con dolor—. ¡Quien puso este edificio en medio del camino!
La chica seguía con la misma intensa en sus gritos, a pesar de estar en estado somnoliento. Luego de acariciarse la cabeza por el golpe, la chica pudo apreciar mejor el recinto con el que había chocado.
Frente a ella se erigía el gimnasio de Ciudad Pirita. La edificación se había modernizado ligeramente en el exterior, dejando unas enormes pantallas en las paredes para que la gente pudiese ver los combates desde fuera.
Rose quedo maravillada por el recinto. Aunque su cuerpo le pedía dormir, la chica rodeó el edificio hasta encontrarse con un hombre que estaba cerrando las puertas del gimnasio. Cuando el hombre miró a la chica, este le reconoció al instante.
—¿Rose? —preguntó el hombre de pelo rojizo y ojos del mismo color.
—Señor Roark, buenas noches —Rose sonrió pesadamente, acercándose al líder.
—¿Qué haces por aquí a estas horas? Ya he cerrado el gimnasio —el hombre metió sus llaves, las cuales tenían un lindo llavero de un Cacnea, en su bolsillo.
—Bueno, me la pase entrenando todo el día en Puerta Pirita y justo ahora buscaba un hotel o algo, tengo bastante sueño y no encuentro ninguno —la chica rio un poco y se rascó la nuca—. De todas formas, quisiera retarlo mañana.
—Bueno, entonces eso tiene fácil remedio —el chico tomó una de sus pokébolas y la lanzó.
De la pokémon se materializó un Aerodactyl, el cual miró con una mirada alegre a su entrenador. Roark se acercó a su pokémon y le acarició la cabeza.
—Aerodactyl puede guiarte al hotel más cercano, será un viaje bastante sencillo —al escuchar sus palabras, el pokémon comenzó a volar cerca de Rose—. Espero que no tengas muchos problemas con este tipo de viaje.
—Muchas gracias, señor —una gran bostezó de Rose— Roark.
—No tiene que agradecer, salúdame a tú madre si tienes tiempo —el hombre le sonrió y se acercó a su pokémon—. Cuando la dejes en el hotel, vuelve a casa.
El pokémon rugió con alegría y comenzó a elevarse lentamente. Estando acostumbrada a volar con el Chatot de su padre, Rose no se sintió incomoda cuando el pokémon la tomó por los hombros.
—Mi gimnasio abre mañana a las doce, estaré esperándote con gusto —dijo mientras le daba una mirada determinada a Rose—. Descansa, te veré mañana.
—¡Estaré aquí a primera hora! —gritó con fuerzas la chica, asustando ligeramente a Aerodactyl—. ¡Buenas noches!
Y Rose se alejó por el horizonte. Sujetada por Aerodactyl, la chica no tardaría demasiado en llegar al hotel. Cuando llegara, la chica inmediatamente llamaría a sus padres y se echaría una buena siesta, que su cuerpo lo estaba pidiendo.
Roark, por su parte, siguió caminando hasta su hogar, afortunadamente vivía relativamente cerca como para llegar caminando. Mientras lo hacía, el hombre sonrió con determinación y miró la luna. Él estaba enterado de que la hija de una de colegas, Maylene, había comenzado su viaje, y estaba esperando con ansias su combate.
A la par, mientras Rose estaba en pleno vuelo, una pregunta llegó a su mente.
—¿Cómo le estará yendo a Níquel? —sin querer, la chica había pensado en voz alta.
[…]
22 de Mayo, Bosque Vetusto
Hay una cosa que Diamond y Platinum habían aprendido (a la mala) acerca de Níquel. No importa cuántas veces le prohibieras hacer algo, cualquier cosa, ella siempre buscaba la forma de hacer aquello que se le prohibiste, sin importar el costo. Esa era una cosa que Gardenia estaba a punto de saber.
A pesar de tener las puertas bloqueadas, las ventanas de la misma eran fácilmente accesibles, por lo que Níquel no dudó al momento de subirse a un gran árbol que estaba cerca de una ventana y, con ayuda de su Shuppet que abrió la ventana desde dentro, logró saltar hasta la mansión.
—Aun no pierdo el toque de saltar —comentó con una sonrisa luego de caer al suelo, para luego caer por un profundo dolor en la pierna—. Ah, parece que si me falta más condición.
Viviendo gran parte de su vida en los barrios bajos, la chica había aprendido a violar la mayor parte de medidas de seguridad que la gente le ponía a sus hogares, así había sido como conoció a Diamond, violando el sistema de seguridad de su restaurante, se podría decir que era una muy buena infiltradora. Sin embargo, tanto tiempo haciendo prácticamente nada en la mansión le había reducido su condición.
Con una pierna adolorida, la chica se levantó con cuidado y miró a su alrededor, observando la tétrica sala en la que se encontraba. La habitación estaba notablemente deteriorada, con la pintura de las paredes prácticamente desaparecida, los muebles prácticamente en ruina y con miles de telarañas, y el papel los cuadros colgados en la pared empezando a corroerse.
Al dar el primer paso, Níquel sintió como la madera estaba muy deteriorada, incluso se sorprendió de no haber rotó el suelo al caer de su salto. Con cada paso, Níquel sentía que el suelo se le vendría abajo.
—Tienes mucha suerte de flotar, Shuppet —confesó con un suspiró—. Bueno, encontremos a Rotom y salgamos de aquí.
Con cuidado, Níquel comenzó a deambular entre la mansión. Abriendo la primera puerta, la cual era horripilantemente ruidosa debido a las bisagras oxidadas, la achica se encontró con el pasillo principal.
Aunque a cualquier persona le daría miedo, Níquel caminó de manera calmada y curiosa, aunque cojeando levemente, por la mansión, sin inmutarse por el estado de la misma. Luego de avanzar un poco por el corredor, un ruido se hizo presente del otro lado de la puerta que estaba a su derecha.
Con sigilo, la chica abrió lentamente la puerta, encontrándose con un Gastly que trataba de tirar un jarrón al piso, para asustar a la entrenadora. Confiada, la chica abrió la puerta con fuerza.
—¡Shuppet, Bola Sombra! —gritó.
El pokémon rápidamente creó la esfera oscura y atacó al Gastly, debilitándolo al instante. Cuando cayó, Níquel se acercó al pokémon.
—Vivía en un cementerio, nada de lo que ustedes pueden traerme puede asustarme —confesó con una sonrisa de burla.
Sin darse cuenta, el haber atacado a ese pokémon había despertado la ira de innumerables Gastly que comenzaron a entrar a la pequeña habitación donde se encontraban. Al verlos, Níquel se lamentó el haber atacado sin pensar.
Sin embargo, no se daría por vencida tan fácilmente. Si aquellos pokémon querían una batalla campal, tendrían una batalla campal.
—Es hora de poner en practica tus nuevos movimientos, Shuppet —la chica se apartó un poco de la manada de Gastly—. ¡Usa Sombra Vil!
A pesar de ser un solo ataque, este era sumamente rápido y potente, haciendo que Shuppet comenzara a debilitar a varios Gastly, los cuales intentaban acertarles con algunos ataques, pero Shuppet era capaz de esquivarlos fácilmente.
—No están sincronizados —comentó, acercándose a su pokémon—. Debe faltarles un líder.
Y así era, los pokémon habían llegado al llamado de su compañero sin tener siquiera tener una buena estrategia, momento que Níquel aprovechó para que su pokémon comenzara el ataque.
Sin embargo, todo cambio cuando el foco de la habitación comenzó a iluminarse de manera bastante potente, haciendo que Níquel se cubriera los ojos por la intensidad. Seguido de eso, la chica sintió un leve toque eléctrico en sus brazos, como si algo hubiese hecho reaccionar la electricidad estática de su cuerpo. Sin embargo, cuando volteó a ver a su pokémon, su compañero estaba siendo atacado por todos los Gastly a la vez, los cuales ahora si atacaban de manera sincronizada.
—¡Shuppet! —gritó Níquel, al ver a su pokémon ligeramente herido—. El jefe debe estar aquí.
Y así era, un intensó rayo eléctrico, salido del foco, golpeó con fuerza a Shuppet, dañándolo gravemente. Al ver a su compañero, Níquel intentó acercarse, pero los Gastly comenzaron a rodearla y emitir un fuerte gas que le impedía respirar. Entre tosidos, la chica introdujo a su pokémon en su pokébola y, torpemente, comenzó a correr hasta el pasillo.
—N-no es nuestro estilo —tosiendo—, pero debemos emprender una retirada.
Aunque el pokémon estaba herido, este deseaba salir de su pokébola para ayudar a su entrenadora, la cual corría con dificultad debido a la pierna adolorida que tenía al correr. Sin embargo, Níquel le impedía salir de su pokébola, apretando la misma.
Mientras corría, la manada de Gastly comenzaron a seguirla de manera lenta pero firme, a la par que el extraño líder comenzaba a moverse entre las instalaciones eléctricas, encendiendo cada foco que se encontraba.
Luego de llegar a las escaleras, la chica intentó bajarlas, pero antes de llegar a los últimos escalones, un intensó ataque fantasma golpeó con fuerza a la entrenadora, haciéndola caer al suelo.
Debilitada, la chica intentó levantarse. Sus músculos estaban bastante adoloridos, por lo cual aquella acción le provocó un profundo dolor. Cuando miró hacia el frente, pudo ver varios electrodomésticos frente a ella; un refrigerador, un ventilador, un horno, una lavadora y una podadora.
—B-bueno —la chica se levantó con pesadez—, creo que y-ya encontramos a nuestros amigo.
Mirando hacia el inmenso candelabro que estaba sobre su cabeza, el pokémon motor finalmente hizo su triunfante aparición. Mostrándose finalmente para atacar a la entrenadora.
—N-no puedo culparte por estar enojado —dijo, sacando una poción de su mochila—. Entramos a tu territorio y atacamos a tus compañeros.
Rápidamente, Níquel sacó a su Shuppet y le suministró la poción, recuperándose este al instante. Afortunadamente, Rotom no impidió que este se recuperara.
—B-bueno, aquí estamos —Níquel, a pesar de la heridas, miró con determinación a Rotom—. He venido aquí a capturarte, y no me pienso ir con las manos vacías.
Al escuchar aquello, Rotom comenzó con la batalla. El pokémon rápidamente lanzó un Impactrueno a Shuppet, el cual pudo soportarlo. Seguido de eso, Níquel sonrió.
—¡Usa Maldición! —gritó con determinación.
Y así lo hizo, un inmenso clavo energético perforó a Shuppet, perdiendo este la mitad de sus puntos de salud. Sin embargo, un aura oscura rodeó a Rotom, haciéndole perder un poco de su salud.
Aquello era una apuesta arriesgada, pero Níquel estaba dispuesta a correr el riesgo. Había planeado esa estrategia desde que Shuppet había aprendido ese movimiento, lo único que necesitaba era esperar cuatro turnos más.
Rotom respondió con un poderoso Impactrueno, el cual dejo bastante herido a Shuppet. Sin posibilidad de utilizar pociones, Shuppet debía esquivar perfectamente todos los ataques de su adversario si deseaba ganar.
—¡Usa Sombra Vil! —gritó la entrenadora.
El ataque fue rápido y eficaz, golpeando fuertemente a Rotom. El pokémon cayó al suelo, a par que el aura oscura que le rodeaba le arrebato vitalidad. Viendo la necesidad de más potencia, el pokémon se introdujo en el refrigerador que estaba en la sala.
A la par que el pokémon poseía el refrigerador, un frio intensó comenzó a hacerse presente. Cuando Níquel se dio cuenta, Rotom había tomado el control total de la nevera y comenzó a atacar a Shuppet.
Una intensa ventisca comenzó salió del interior de Rotom, directo hacia Shuppet. Inmediatamente, Shuppet comenzó a escapar de la ventisca, haciendo que esta comenzara a congelar todas las paredes de la mansión. Shuppet era bastante rápido, por lo que pudo esquivar el ataque con rapidez.
—Necesitaras algo más preciso para acabar con Shuppet, Rotom —le dijo la chica—. ¡Bola Sombra!
La bola de energía logró golpear en Rotom, creando una pequeña cortina de humo. Aunque no pudieron ver nada, el pequeño alarido de Rotom les hizo saber que el segundo golpe de la maldición había servido.
Sin embargo, la alegría no fue mucha cuando ambos miraron que Rotom había logrado poseer la podadora. Siendo ahora más rápido, Rotom intentó atacar a Shuppet con Impactrueno, pero este logró escapar de los ataque por muy poco.
Aquello puso de los nervios a Níquel, sabía que con cualquier mínimo error Rotom los vencería, y no tenía ganas de saber que podría pasar si ella perdiera dentro de aquella mansión. Sin embargo, esa chica no estaba dispuesta a perder, mucho menos Rotom, el cual se aferró a utilizar Lluevehojas, medida desesperada para no perder contra la entrenadora.
Con una gran euforia, la chica sacó su pokédex y monitoreó a Rotom, observando que, en efecto, al pokémon le quedaban pocos puntos de salud. Aquella herramienta, que al principio desprecio, parecía serle ahora de utilidad.
—T-te aferras a la victoria, Rotom —Níquel sonrió con determinación—. Yo también lo hago, así que veremos cual determinación es más fuerte —un sentimiento de euforia nació en el pecho de la chica—. ¡Sombra Vil!
Luego de haber esquivado tantos ataques, Shuppet lanzó su último ataque, el cual lo dejo al descubierto contra el potente Lluevehojas que le golpeó de llenó. Sin embargó, el ataque de Shuppet no logró debilitar a Rotom.
Con Shuppet caído, Rotom salió de la podadora, triunfante de aquel gran combate. Cuando vio a Níquel, este le dirigió una mirada burlona y comenzó a acercarse a ella, pero este se paró en seco al ver como esta le dirigió una mirada burlona también.
—Aprende a esperar lo inesperado —finalizó, con una risita.
Aunque no entendió aquello, el pokémon sintió como una presencia estaba justo detrás de él. Al voltear, pudo ver como Shuppet le acertó una poderosa Bola Sombra en la cara. Aunque el pokémon estaba casi moribundo, tuvo la energía suficiente para ver como Rotom cayó al suelo e intentó atacarle de vuelta, para luego caer al suelo, completamente exhausto por el tercer y último golpe.
—Habías usado tantas veces tu Lluevehojas que olvidaste completamente este bajaba su potencia —la chica sacó una Dusk Ball—. La pokédex si tiene gran utilidad, después de todo.
La chica lanzó con fuerza la pokébola, la cual golpeó la cabeza del pokémon y lo introdujo en la misma. Luego de un par de vueltas, Rotom finalmente fue capturado por la entrenadora, la cual se acercó con lentitud a su pokémon, mientras los Gastly comenzaron a dispersarse por haber perdido a su líder.
—Has peleado bastante bien, esperó te agrade ser parte del equipo, Tom —la chica sonrió al ver al pequeño Rotom dentro de su pokébola—. Y tú hiciste un excelente trabajo, Shuppet, mereces descansar.
Con una sonrisa, Níquel acarició lentamente a Shuppet, el cual estaba bastante feliz, y cansado, de aquella batalla. Rápidamente, Níquel le introdujo en su pokébola.
Sin embargo, luego de este hecho, Níquel se dejó tirar al helado suelo de la mansión, completamente exhausta y adolorida. Aunque Shuppet intentó salir a ayudar a su entrenadora, esta lo impidió.
—M-maldita sea, los ataques de Rotom sí que duelen —confesó, levantándose torpemente—. No te preocupes, solo necesito descansar un poco, es solo eso.
Y con múltiples dolores, Níquel comenzó a caminar de la mejor manera que pudo hasta la primera habitación con cama que encontró. Aunque la primera habitación que encontró no estaba limpia en lo más mínimo, el intenso dolor en los músculos le hizo simplemente tirarse en la cama, sin importar el polvo que había sobre ella. Sin poder aguantar más el agotamiento, Níquel comenzó a dormirse.
—D-definitivamente he perdido condición —dijo, antes de quedarse dormida.
