Hola queridos lectores, aqui les traigo un nuevo capitulo de este fanfic que espero estén disfrutando.

Quisiera mencionar que el capitulo se compone de dos partes (R y N), ya que las dos partes juntas hacen un capitulo demasiado largo, por lo que decidí dividirlo xD.

Así que habrá tres capítulos este mes!

Sin nada mas que decir, me despido y espero disfruten la lectura uvu

Enjoy :D


Entrada 5-R: Vs Anorith

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"El experimento es mas lento de lo precisado. Una fluctuación anómala en los acontecimientos le impide desarrollar todo su potencial. Sin embargo, se nota que los cambios en el sujeto comienzan a gestarse, la singularidad debería despertar muy pronto.

Se necesitan mas análisis, el sujeto esta bajo estricta supervisión. En cuanto a los otros dos, su desarrollo no parece ayudar demasiado, aunque parecen tener características que podrían desarrollar la singularidad del sujeto uno. Se esperan conclusiones mas interesantes en los próximos días."

-W.C.S

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8 de Marzo, Ruta 225

El suave y dulce olor del pie de calabaza llegó hasta la nariz de una pequeña niña de ojos cían que dormía en una pequeña cama azul. Al reconocer tan delicioso olor, la pequeña niña se levantó con entusiasmo, aunque estuvo a punto de caer de su cama.

Rápidamente corrió hasta la gran puerta de abedul que había en su cuarto. Dando unos pequeños saltitos, la niña logró abrir el cerrojo y correr hasta la cocina. Aunque el frio en la parte exterior era evidente, la niña parecía estar bastante bien con su pequeña pijama alargada, la cual tenía un logo de un pequeño Shellos forma oeste.

Al llegar a la pequeña cocina, la niña rápidamente tomó una silla de madera que estaba en la mesa y se sentó. Al hacerlo, pudo ver a un hombre de traje, bigote, pelo oscuro y ojos verdes comiendo lo que parecía ser una tostada con mantequilla y un café. Rápidamente, el hombre volteó a ver a la niña.

Buenos días, princesa —el hombre sonrió alegremente y acarició el cabello de la niña.

Buenos días, papi —contestó la niña, sonriendo alegremente—. ¿Mamá está preparando pie de calabaza?

Eso parece —contestó con una tímida sonrisa.

Están en lo correcto —una mujer, de hermoso pelo castaño y ojos cafés apareció en la escena, trayendo consigo un enorme pie de calabaza—. ¡Feliz cumpleaños, amor!

La mujer dejó la tarta en la mesa y se acercó a su hija para agarrarla y abrazarla fuertemente, dando vueltas alrededor. La niña dada pequeños gritos de alegría y se aferraba a su madre con cariño, sintiendo el amor que esta le profesaba. Seguidamente, el padre abrazó a ambas.

Feliz cumpleaños, mi angelito —el hombre acarició el cabello de la niña—. Has crecido bastante, ¿Cuántos años cumples?

Cuatro —respondió con alegría—. Ya soy una niña grande.

Sin duda lo eres, Níquel —el hombre le dio un beso en la mejilla—. Bueno, desayunemos este rico pie que hizo tu madre.

¿No has comido mucho ya? —comentó la madre, arqueando la ceja.

Aún tengo espacio para un pedazo —confesó con una risita.

Entonces, la pequeña familia se sentó a la mesa y comenzaron a comer de aquel delicioso pie casero que la madre de la pequeña había creado. Al probarla, el dulce sabor del mismo hizo que todos quedaran maravillados, siendo Níquel y su padre los que más comieron rápidamente.

Aquel momento era demasiado hermoso para la pequeña niña. A pesar de ser tan pequeña, amaba aquella pequeña reunión por su cumpleaños. Estar junto a sus padres, las personas que más quería, la hacía sentirse completamente feliz.

Sin embargo, luego de comer el último pedazo de pie, la niña comenzó a sentir un sentimiento extraño. Por alguna razón, sintió un extraño calorcito apoderándose de su cuerpo. Caliente, aún más caliente. Níquel sintió como si estuviera en un horno.

P-papá —tartamudeo la niña, sudando.

¿Qué pasa, Níquel? —preguntó su padre.

Te estas…

Antes de poder decir algo más, toda la cocina en la que se encontraban fue envuelta en llamas. Todo comenzó a incendiarse, exceptuando Níquel, la cual miró de manera horrorizada como sus padres comenzaban a quemarse vivos, pero estos parecían mantenerse inmutables.

¡Se están quemando! —gritó, con miedo.

No es cierto, Níquel —dijo el padre, el cual se había convertido en un esqueleto completamente negro.

No seas mentirosa, cariño —la madre había pasado por el mismo proceso—. Solo come…

Níquel sintió como caía al suelo luego de que su silla se hubiese convertido en cenizas. Cuan se pudo levantar, miró como todo estaba envuelto en una gran llama, y en medio de esa llama, los esqueletos calcinados de sus padres le acercaron el plato del pie, completamente calcinado.

¿Acaso no quieres comerte tu postre? Princesa —dijo uno de los esqueletos.

Fue entonces que Níquel gritó, gritó con todas las fuerzas que sus cuerdas vocales le daban. Aquel grito pareció ser tan potente como para que los dos esqueletos se desvanecieran, convertidos en polvo. Cuando Níquel dejo de gritar, pudo ver como la gran llama que la rodeaba se extinguía.

Entre lagrimas, la niña miró como todo se volvía oscuro, aun mas oscuro. Cuando las llamas desaparecieron, ella estaba en un espacio oscuro, completamente sola, solo teniendo el polvo de sus padres. Cuando levantó la mirada, pudo ver a un hombre con túnica.

Se levantó rápidamente y se alejó, intimidada por el aspecto de aquel hombre. A la par que uno de sus ojos comenzó a brillar en un intenso color anaranjado, un maldito olor a muerte inundó el ambiente. Al borde del llanto, la niña pudo ver como las manos del hombre parecían estar amarradas, como si fuera una marioneta.

De manera suave y lenta, una voz se hizo presente.

Esto resulta muy… interesante —aunque la voz parecía venir de aquel hombre, no parecía que su boca emitiera ningún sonido—. Dime, Níquel, ¿eres capaz de escuchar mi nombre entre las llamas?

Y antes de hacer algo mas, Níquel vio como un potente fuego comenzaba a rodearla, haciéndole arder.

23 de Mayo, Bosque Vetusto

Un repentino grito pudo escucharse en la vieja mansión del bosque. Un ruido que había sido capaz de despertar a varios pokémon fantasma que vivían en la misma. Aquel grito provenía de la infiltrada; Níquel.

La chica se despertó de golpe de su pequeño sueño de descanso. El corazón le latía de manera acelerada, su piel estaba completamente pálida y su respiración era bastante. Su estado era tal, que Shuppet salió rápidamente de su pokébola, preocupado por su entrenadora.

Luego de respirar un poco mas y sentir que recuperaba la calma, la chica finalmente pudo articular una palabra.

—Por Arceus, fue solo una pesadilla —tocándose la cara, esperando que eso la calmara—. Solo una estúpida pesadilla.

El pokémon se acercó a su entrenadora, buscando el aliviarla o calmarla un poco. Cuando la entrenadora miró a su preocupado pokémon, esta lo acarició alegremente.

—Tranquilo, ya estoy un poco mejor —dándole una pequeña sonrisa—. Solo fue una pesadilla, una muy mala pesadilla.

Tragando saliva, la chica siguió acariciando a su pokémon, aunque este rápidamente notó el temblor de sus manos. Al sentir aquello, el pokémon chilló, haciéndole entender que debería dormir un poco mas, apenas habían pasado seis horas desde que atrapo a Rotom.

—Dormir no es una opción —confesó, con seriedad—. El solo pensar en que puedo volver a soñarlo me da…—la chica apretó el puño, pero su expresión delataba miedo— Creó de sera mejor si entrenamos —la chica se levantó—, eso mantendrá mi cabeza ocupada.

La chica rápidamente comenzó a salir de la habitación, seguida de cerca por su pokémon, el cual la acompañaba con preocupación. El pokémon sabia que ella no estaba bien, necesitaba descansar.

Fue solo el sonido de sus tripas lo que la hizo para. A pesar de ser las cinco de la mañana, Níquel y Shuppet tenían bastante hambre, por lo que mejor seria comer un poco antes de hacer cualquier cosa.

Con eso en mente, la chica, olvidándose de que la entrada principal estaba cerrada, llegó hasta el pasillo principal, encontrándose con los artefactos que Rotom utilizaba.

—Bueno, ya que estamos aquí —la chica tomó la pokébola de su Rotom y la lanzó.

El pokémon salió rápidamente de la pokébola. A pesar de haber sido vencido, el pokémon parecía mantener cierta aura divertida, como si le hubiese gustado ser capturado por Níquel.

—Tom, puedes llevarte cualquiera de estos electrodomésticos en tu viaje —dijo, sentándose lentamente en las escaleras—. No tengo un almacén aun, por lo que no podemos llevarlos mas de uno.

Suspirando, la chica esperó a Rotom eligiera alguno de los aparatos que tenia para llevárselo. Mientras el pokémon escogía, la chica apreció un poco mas su pierna, notando que ya no sentía dolor alguno, cosa que agradeció infinitamente.

Rápidamente empezó a sentir un pequeño calorcito, cosa que le hizo saltar de repente y ponerse en posición defensiva. Al mirar mejor, puedo ver que solo se trataba de Rotom forma horno, cosa que le había asustado al inició.

—No me asustes así —dijo, poniéndose en posición normal—. Es una excelente idea llevarnos el horno, seguro funcionara —la chica rápidamente volvió a meter a Rotom a su pokébola—. Bueno, salgamos de este lugar.

Y así como entró es como salió. Níquel brincó desde la habitación donde había caído hacia un árbol, dañándose un poco el brazo en esta ocasión. Sin embargo, la expresión de Níquel no fue de dolor, fue de seriedad.

Luego de bajar del árbol, la chica comenzó a caminar hacia el interior del bosque, con su Shuppet a un lado, el cual seguía un poco preocupado por el estado de su entrenadora.

—Comeremos y entrenaremos hasta perfeccionar una técnica para vencer a Gardenia—la chica apretó su puño—. Necesitamos hacernos más fuertes, necesitamos evitar la amenaza —la chica se detuvo por un momento—… necesitamos vengar a mis padres.

[…]

23 de Mayo, Ciudad Pirita

Las mañanas en Ciudad Pirita se habían vuelto muy silenciosa y tranquila, como si de un pequeño pueblo se tratara. Donde antaño la enorme infraestructura de la mina emitía la alarma a la ciudad de que el día había comenzado, ahora solo habían vigas y cintas oxidadas, algunas de ellas incluso estaban siendo comidas por algunos Aron y Lairon que vivían por la zona.

En medio de aquel silencioso paisaje, Rose caminaba alegremente junto a su Buneary. La entrenadora había dormido hasta las once de la mañana. Cuando se despertó, la chica comenzó a gritar de manera alocada, asustada por aquella hora tan tarde a la que había despertado. Luego de disculparse con los inquilinos y dueños del Hotel, la chica se fue del lugar, comió algo en una pequeña fonda local y se apresuró a ir al gimnasio.

—Espero que el señor Roark no se moleste —dijo mientras caminaba por la principal avenida del lugar—. Dije que llegaría temprano, pero me quede dormida por mucho tiempo.

Buneary trató de animar a su entrenadora. El entrenamiento de ayer había sido muy extenuante para ella y Ralts, por lo que necesitaban dormir unas horas extras para recuperar toda la energía perdida. Ademas, la energía que necesitaba Rose era mucha.

Ralts por su parte estaba bastante descansado, aunque ligeramente hambriento. Sin embargo, se mantenía determinado al saber que después de ese combate recibiría una deliciosa baya.

Luego de avanzar un poco mas entre la vacía ciudad, Rose finalmente se encontró con el gimnasio, el cual había comenzado a operar desde algunas horas. Sin perder el tiempo, la chica corrió todo lo que pudo, se colocó en frente de las puertas del gimnasio, las abrió de golpe y gritó.

—¡Estoy lista!

Donde se encontraba no era la arena del gimnasio, solo una pequeña sala de espera con múltiples asientos, tres puertas, una computadora y una gran pantalla donde se podía ver la arena en sí misma. Al estar la sala vacía, no hubo un solo entrenador que se molestara por la presentación de la chica.

Al ver que ya había un entrenador combatiendo, Rose inmediatamente se acercó a la computadora, sacó su tarjeta de entrenadora y la introdujo en pequeña ranura. Luego de teclear algunos datos mas, la chica había finalizado su registro.

Rose se sentó en una silla y observó el combate. En la pantalla, se podía apreciar a un joven entrenador y un Grotle peleando contra Roark y su Graveler.

El combate era bastante interesante. Aunque Rose sabia que Grotle tenia ventaja de tipo, el Graveler de Roark era mucho mas rápido y fuerte, resistiendo todos los golpes como un autentico campeón. Aquello intimidó ligeramente a la chica, aquel pokémon parecía ser casi invencible.

Luego de unos minutos, el combate finalizó en una victoria para el líder de gimnasio, el cual pudo defender su medalla. Cuando ambos se dieron la manos, el retador y el líder salieron a la sala de espera, encontrándose con Rose.

—Agradezco la oportunidad del combate —confesó el retador—. Esperare la revancha.

—Eres bienvenido cuando quieras —mencionó el pelirojo—. Nos vemos.

El retador se fue del lugar, momento en el cual Rose se presentó ante Roark, ligeramente apenada.

—Buenas tardes, señor Roark —la chica bajó levemente la cabeza—. Hubiese querido llegar antes, pero me quede un poco dormida.

—Rose, no tienes que disculparse —el hombre sonrió gentilmente—. Es una hora perfecta, ya estaba esperando enfrentarme a ti.

Rose levantó la mirada con emoción, mientras que Roark comenzó a caminar hacia la pequeña computadora que estaba en la pared.

—Parece que eres la siguiente en la lista —el hombre se acercó a la joven promesa—. Puedes entrar, pero recuerda que debes enfrentar a otros dos entrenadores antes de combatir contra mí.

—Así lo haré, señor Roark —la chica sonrió tiernamente—. Comencemos de una vez.

Sin esperar otra indicación, Rose abrió con fuerza la puerta central de la habitación, encontrándose con la arena de combate.

La arena parecía ser inmutable al paso del tiempo, manteniendo fielmente su estructura original llena de rocas y tierra. A los costados estaban las gradas, lugar donde solo había un hombre de chaqueta rojiza y pelo azabache que esperaba el siguiente combate.

—¡Estoy lista! —gritó enérgicamente.

Al escuchar el grito, el hombre sonrió de manera determinada, como si aquello le confirmara que esa chica era la entrenadora que buscaba.

Luego de dar su primer paso, un entrenador salió al asecho, sacando a un Geudude para pelear contra Rose. La chica sin titubear sacó a su pequeño Buneary al combate, lista para hacerle frente al pokémon tipo roca.

Mientras combatía, Roark caminó hasta una pequeña computadora que estaba al fondo del gimnasio. En la misma se mostraba los datos de Rose y su numero de medallas. Al no tener ninguna medalla, el sistema le indicó que solo podía utilizar determinados pokémon, y solo dos de ellos. El hombre simplemente accedió a su caja de pokémon y sacó una pokébola normal y una Repeat Ball.

Luego de elegir sus pokémon, el líder subió al pequeño escenario elevado donde el tenia sus combates con los aspirantes y se sentó en una silla, esperando la llegada de la joven promesa. Mientras lo hacia, pudo notar como el hombre azabache miraba con mucho interés a Rose, como si estuviera analizando cada uno de sus movimientos.

Luego de diez minutos, Rose finalmente llegó al escenario principal, el lugar donde enfrentaría si primer gran reto. La chica había curado a sus pokémon y estaba lista para demostrarle a Roark todo su potencial. Por su parte, Roark estaba deseando enfrentarse a ella.

—Espero que estés lista para este reto —Roark acomodó ligeramente sus gafas—. No esperes que tenga compasión por que seas la hija de Maylene

—No la espero en lo absoluto —Rose sonrió, confiada—. Vamos, Señor Roark.

—En ese caso —el hombre tomó su pokébola—. ¡Ve, Geodude!

—¡Adelante, Bunny! —gritó Rose, lanzando su pokébola.

Al lanzar las pokébolas, ambos pokémon se materializaron en el pedregoso campo de batalla. Mirándose con determinación, esperaron las ordenes de sus entrenadores. Sin embargo, el Geodude de Roark era diferente a todos los Geodude que Rose había visto antes. Este era de color gris y tenia unos extraños picos saliendo de su cabeza, ademas de una cejas muy remarcadas.

—¡Bunny, usa Ojitos Tiernos! —gritó Rose, con energía.

—¡Geodude, usa Pulimento! —gritó de nuevo el líder.

El primer turno fue usado para propósitos de estadísticas. Buneary logró conectar una mirada acaramelada en el extraño Geodude, haciéndole disminuir su ataque. Sin embargo, Geodude respondió liberando un gran peso de su cuerpo, haciéndose mucho mas rápido.

—Debemos tener cuidado, a aumentado su velocidad —Rose apretó los puños—. ¡Usa la estrategia 3!

Una aura blanca cubrió a Buneary, a su vez que este comenzó a correr de manera veloz hacia Geodude. Cuando menos lo esperaba, Buneary acertó un gran golpe en Geodude, pero este pudo resistirlo sin problemas.

—¡Usa Carga! —gritó Roark.

Rose se impresionó al escuchar aquello, pero se impresionó mas al ver que Geodude comenzó a generar una pequeña aura eléctrica, ¿no se suponía que Geodude no era tipo eléctrico? Sea como fuese, Buneary siguió con su estrategia, golpeando dos veces mas al pokémon, como si buscara un punto débil. Luego del segundo golpe, Buneary detectó donde estaba ese punto débil.

Rápidamente, Buneary suspendió su ultimo ataque rápido y trató de atacar a Geodude, pero este pudo darse cuenta desde que punto su adversario intentaba darle un Puño Drenaje. Ante la mirada atónita de Rose, Geodude paró el golpe de Buneary en seco utilizando su mano.

—No creías que serian tan sencillo —Roark sonrió—. ¡Geodude, Chispa!

Envolviéndose de mas energía eléctrica, Geodude atacó directamente a Buneary en el pecho. El pokémon salió despedido, cayendo inevitablemente al suelo. A pesar de tener un ataque bajo, el movimiento Carga logró potenciar su ataque, ademas de erizar su cabello.

Buneary se levantó, con firmeza, no estaba decidida a perder. Sin embargo, Rose estaba completamente confundida, no entendía como es que ese Geodude podía saber esos movimientos.

—Ese no es un Geodude normal —expresó Rose.

—En lo absoluto, es mejor que el promedio —dijo de manera divertida—. ¡Geodude, usa Lanzarocas¡

Invocando algunas rocas, el pokémon las lanzó rápidamente contra Buneary. Las rocas fueron demasiado rápidas, mas de lo que Rose esperaba. Aunque esquivó algunas, la ultima de ellas logró dejarla herida y con el pecho adolorido.

—¿Te encuentras bien? —gritó Rose

Buneary respondió con un chillido expresando que aun podía seguir luchando, Rose suspiró y entonces recordó su pokédex. Aunque esta no podía decirle los datos exactos de Geodude, si le podría decir que clase de pokémon era. Luego de analizarlo, la pokédex arrojó un resultado.

—¿Geodude de Alola? —preguntó con incredulidad.

—Así es, un regalo de una amiga —sonriendo—. Los Geodude de esa región desarrollaron el tipo eléctrico y perdieron el tipo tierra, una autentica piedra magnética.

—Lo entiendo —Rose cerró su pokédex—. Bueno, necesitaremos una nueva estrategia —mirando a su Buneary—. ¡Bunny, estrategia 3 una vez mas¡

Aunque Buneary no entendió el porqué volver a usar esa estrategia, el pokémon simplemente volvió a ser envuelto en un aura y golpeó de manera repetida a Geodude, buscando una vez mas otro punto débil.

—No funcionara —Roark suspiró—. ¡Geodude, usa Carga!

Geodude volvió a usar su movimiento, recargando al máximo sus movimientos de tipo eléctrico. Una vez recargado, el pokémon no tuvo problemas para cuando Buneary volvió a intentar golpearlo. Esta vez el pokémon simplemente se apartó del golpe de manera veloz.

—¡Chispa! —gritó el líder.

Y como era de esperarse, Buneary recibió otro duro golpe que la dejó bastante herida, sin embargo, estaba vez el golpe la dejó paralizada, siendo rodeada por algunos rayos alrededor de su cuerpo.

—¿Te encuentras bien, Buneary? —preguntó la chica.

El pokémon solo emitió un gruñido de cansancio, realmente estaba bastante herido. El estar paralizada le impedía moverse correctamente, ademas de que los puntos de salud que había perdido eran bastante considerables.

—Terminemos con esto —Roark parecía confiado—. ¡Usa Placaje!

Sin siquiera pensarlo, Geodude se abalanzó contra Buneary, la cual parecía esconderse del ataque ocultado su rostro con su ojera. Sin embargó, cuando Geodude intentó atacarla, Buneary rápidamente se hizo a un lado y tomó el brazo de Geodude.

—¡¿Qué?! —preguntó Roark con incredulidad.

—Una pequeña sorpresa, señor Roark —la chica sonrió tiernamente—. ¡Bunny, usa Puño Drenaje ahora!

Con una sonrisa ganadora, Buneary acertó un poderoso golpe en la cara de Geodude, absorbiendo toda la energía que le quedaba y derrotándolo. Ante la mirada sorprendida del hombre azabache de las gradas, Rose derrotó al primer pokémon del líder de gimnasio.

Roark inmediatamente metió a su compañero en su pokébola, a la vez que observaba como Buneary parecía haberse recuperado por completo de la parálisis. Fue entonces que recordó como esta estaba antes del ataque.

—¿Escondiste una baya Zreza en las orejas de Buneary? —preguntó el líder.

—En realidad fue una baya Ziuela —confesó Rose con una sonrisa traviesa—. Son las bayas favoritas de Buneary, y pensé que me servirían si intentabas usar a algún pokémon como Probopass o algún otro que pudiese poner cambios de estado. Solo tuve un poco de suerte.

—Ya veo —Roark lo analizó por un segundo, para luego reír un poco—. Eres muy afortunada, pero no creo que la fortuna te sonría dos veces. ¡Anorith, ve!

En el campo se apareció el pequeño pokémon fósil, el cual miró con un poco de descontento a Buneary, como si realmente deseara acabar con el pokémon. Aunque se intimidó un poco, Buneary volvió a ponerse en posición de ataque. El segundo encuentro estaba a punto de comenzar.

—De acuerdo, esta vez la suerte no te salvara —Roark sonrió, confiado—. ¡Anorith, usa Garra Metal!

—¡Bunny, responde con Ataque Rápido¡

El pokémon prehistórico hizo que sus garras brillaran como el acero, mientras que Buneary se acercaba a él con gran velocidad. El ataque de Buneary conectó en Anorith, pero este apenas recibió un daño significante. Sin embargo, la poderosa Garra Metal logró dejar a Buneary muy debilitado.

Buneary se levantó, no estaba dispuesta a perder ese combate, aunque estaba visiblemente cansada. Rose intentó pensar en una contra estrategia efectiva, pero Roark no parecía estar dispuesto a darle tiempo de reacción.

—¡Usa Excavar! —ordenó el líder.

Inmediatamente el pokémon prehistórico entró en la tierra, desplazándose por debajo de esta para poder atacar a Buneary por sorpresa.

—¡No te dejes intimidar, Bunny! —gritó—. ¡Cuando sientas algo cerca, huye con Ataque Rápido!

Buneary se quedó en silenció, esperando el momento justo en el cual recibiría el ataque. Luego de unos segundos, finalmente pudo sentir como la tierra que estaba bajo sus pies comenzaba a moverse. Fue entonces que utilizó su movimiento para escapar.

Sin embargo, cuando Buneary miró a su posición previa, vio como solo una pequeña roca había salido a la superficie. Anorith no había atacado.

—¡Cuidado! —gritó Rose, al ver como algo salia por detrás de su pokémon.

Anorith salió de su escondite y acertó un fiero golpe en la barbilla de Buneary usando una de sus garras.

—¡Usa Garra Metal antes de que caiga al suelo! —ordenó el hombre.

Y así lo hizo, Anorith acertó un poderoso ataque que mandó a Buneary hacia una roca. Cuando el polvo del ataque disminuyó, Buneary había quedado fuera de combate.

—¡Bunny! —sin pensarlo, Rose corrió hacia su pokémon—. ¿Te encuentras bien?

Buneary emitió un sonido débil y calmado. Había perdido bastante energía y realmente necesitaba un descanso. Sin dudar, la chica metió a su compañera en su pokébola. Luego de eso, la chica tomó su siguiente pokébola.

—Señor Roark, aun me queda un pokémon —Rose volvió al lugar donde estaba—. ¡Adelante, Ral!

El pokémon se materializo, esbozando un poco de energía y bastante vitalidad. Ante el gruñido alegre de su pokémon, Rose sonrió de manera confiada.

—Un tipo hada y psíquico, es una fortuna que mi Anorith sepa movimientos de tipo metal —sacando una pequeña sonrisa—. ¡Anorith, usa Picadura!

Sin darle tiempo a reaccionar, Anorith embistió a Ralts y logró quitarle su baya Oran, haciendo que este la comiera en lugar de él. Al hacer esto, Ralts se levantó de manera furiosa del piso.

—No correré mas riesgos con tus bayas —confesó el líder.

—Aunque lo cometiste con Ral, él se pone de mal humor cuando le quitas su comida —la chica dio un paso al frente—. ¡Ral, estrategia once, ahora!

Enojado, Ral focalizó ese enojo dentro de si y logró crear varias copias de si mismo, rodeando a Anorith. Viéndose rodeado, el pokémon intentó atacar a uno de los clones de Ralts con una Garra Metal, fallando en el proceso.

—¡Ahora! —gritó Rose.

Aunque furioso, Ralts logró emitir una linda y delicada melodía. Un sonido que era tan hermoso como letal, pues logró acertar directamente en Anorith, haciéndole retroceder al centro de la arena. Una vez ahí, el ataque de Ralts continuó, desesperando al pokémon.

—¡Sal de ahí con Excavar! —gritó Roark.

A pesar del ruido, Anorith fue capaz de escuchar la orden y se ocultó bajo tierra. Aunque Rose se sentía confiada de que este seria incapaz de atacar a Ralts, su teoría fue destruida cuando Anorith salió del suelo y golpeó al Ralts verdadero, haciendo que las copias desaparecieran.

—¡Ral, ¿te encuentras bien?! —preguntó la entrenadora.

Ralts emitió un gruñido débil, aun tenia energía, pero estaba bastante débil. Rose necesitaba entender como es que el Excavar del enemigo había dado en el blanco. Afortunadamente, la chica no tardó mucho en darse cuenta.

—La presión en el suelo, ¿no es así? —preguntó Rose a Roark.

—Es un defecto del Doble Equipo —Roark sonrió—. Los clones creados no tienen apenas peso, por lo que Anorith pudo saber donde estaba el Ralts original —el hombre se quitó los anteojos—. Ralts tiene poca defensa física, un golpe mas y acabare con esta batalla.

—¡Jamas! —gritó Rose con fuerza— ¡Debo demostrar que soy lo suficientemente fuerte como para vencer a un líder de gimnasio! —Rose apretó sus puños con fuerza— ¡Ral, estrategia doce!

Ante aquello, Ralts se quedó confundido y miró a su entrenadora con una expresión que demostraba inseguridad. Sin embargo, este le dedicó un rostro lleno de determinación, indicándole que todo estaría bien.

—Acabemos con esta faena —Roark volvió a colocarse los lentes—. ¡Usa Garra Metal!

Anorith hizo brillar sus garras una vez mas y se abalanzó contra Ralts, pero justo antes de acertar el golpe, Ralts fue rodeado por una aura blanca y desapareció justo antes de recibir el golpe. Aquello sorprendió al líder, era la primera vez que venia a alguien usar el movimiento Teletransportación de esa manera. Aprovechando el haber esquivado el ataque, Ral intentó atacar, pero fue detenido por su entrenadora.

—¡Aun no! —gritó— ¡Solo espera!

—No funcionara —Roark se animó—. ¡Usa Excavar!

Inmediatamente el pokémon se introdujo bajo tierra. Ralts se puso bastante nervioso, sentía que no podía adivinar donde atacaría Anorith. Sin embargo, Rose sonrió de manera confiada y le habló a su pokémon.

—¡Usa tus ondas psíquicas para detectar a Anorith! —gritó Rose.

Aunque Roark no entendió aquello, el pokémon simplemente cerró los ojos y comenzó a concentrarse. De repente, una pequeña aura rosada comenzaba a emanar de su cuerpo, una aura que lanzaba pequeños pulsos invisibles que retumbaban por todo el suelo. Cuando uno de esos pulsos volvió a Ralts, este pudo adivinar donde se encontraba Anorith.

Cuando el enemigo atacó, Ralts pudo teletransportarse a un lugar lo suficientemente alejado para evitar el golpe, pero lo suficientemente cerca para atacar. Estando en el aire, el aura rosada de Ralts atacó a Anorith fuertemente, rodeándolo y causándole un poderoso daño del cual no pudo recuperarse. Cuando el aura se desvaneció, Anorith cayó, debilitado.

—¡Lo hicimos! —el gritó de Rose pudo escucharse fuerte y claro por todo el gimnasio— ¡Bien hecho, Ral!

La chica no contuvo la emoción, corrió lo mas rápido que pudo hacia su pokémon y comenzó a lanzarlo hacia arriba, en señal de victoria. Ralts estaba bastante cansado, pero el ver a su entrenadora feliz hizo que este se alegrara.

—Creó que ambos se merecen un premio —la entrenadora sacó a su Buneary de su pokébola, para luego sacar dos bayas Oran—. Aquí tienen, se las han ganado, han hecho un excelente trabajo.

Los pokémon aceptaron las bayas con alegría, les complacía enormemente el ayudar a su entrenadora con aquel detalle. Sin perder el tiempo (en especial Ralts), ambos pokémon comieron tranquilamente sus bayas.

—Usaste el movimiento Confusión de Ralts para rastrear a Anorith, ¿no es así? —preguntó Roark, caminando hacia la chica.

—Exactamente —confesó con una sonrisa—. Había experimentado con Ralts esa forma de usar su movimiento, aunque aun no la tenia perfeccionada del todo —la chica se frotó la nuca—. Me alegra que haya funcionado.

—Vaya que si lo hizo —Roark sonrió, para después tomar una pequeña placa de su chaqueta—. Como prueba de haber derrotado este gimnasio, te hago entrega la Medalla Lignito.

Rose recibió en sus manos la pequeña medalla de metal, la primera medalla de gimnasio. Al ver aquel reluciente trofeo en su poder, la chica no pudo aguantar su euforia y dio un gran salto de alegría, seguido de un fuerte grito.

—¡Mi primera medalla de gimnasio! —gritó, asustando un poco a Roark— Gracias señor Roark.

—N-no tienes que agradecerme —Roark estaba un poco nervioso—. Te la has ganado por merito propio, pero aun te quedan varios gimnasios que derrotar si lo que buscas es ser la mejor entrenadora, ademas…

Antes de que el líder pudiese terminar su explicación, unos aplausos lo interrumpieron. Cuando ambos voltearon a ver el origen del ruido, pudieron ver al hombre azabache acercándose a ellos.

—Buen trabajo, chica gritona —el azabache se acercó con una sonrisa—. Fuiste bastante ingeniosa.

—Gracias señor, pero no soy una chica gritona —la chica hizo un pequeño puchero—. Por cierto, ¿quien es usted?

—Lamentó no presentarme con formalidad —el hombre colocó un pequeño contenedor de metal en el suelo, para luego rascarse la nariz—. Tienes ante ti al famoso holder de Johto, Gold.

Ante aquella revelación, Rose no emitió palabra alguna, solo se le quedó mirando con cara confundida. Cuando Gold intentó decirle algo mas, la chica finalmente recordó perfectamente quien era.

—¡Usted es Gold, un viejo pokédex holder! —sin darse cuenta, la chica había repetido lo que el mismo Gold le había dicho.

—Así es —Gold solo rió un poco—. Has tenido un combate excelente, se nota que eres hija de Pearl y Maylene.

—G-gracias —la chica se apenó un poco—. Mis padres me enseñaron varios trucos antes de salir de viaje.

—Te enseñaron bien, tienes una habilidad digna de un pokédex holder —Gold sonrió, tomó el recipiente de metal y se acercó a la chica—. Es por ello que me gustaría encargarte esto.

El hombre apretó el brillante botón verde que tenia el recipiente, el cual reveló que aquello era en realidad una incubadora en la cual había un huevo. Rose se quedó impresionada y fascinada al ver el huevo.

—¿Es un huevo de pokémon? —preguntó.

—En efecto, y me gustaría que tu lo cuidaras —el chico le ofreció el recipiente—. Tienes las habilidades suficientes para cuidarlo.

—¡Acepto! —la chica aceptó el reto sin pensarlo dos veces—. Como pokédex holder, estoy dispuesta a cuidarlo.

—Esa era la actitud que deseaba escuchar —el hombre le dio la incubadora a la chica—. Recuerda cuidar bien de él, y llama a tu padre cuando eclosione, quiero saber que pokémon hay dentro.

—No se preocupe, cuidare de él —la chica tomó el recipiente—. Gracias por confiar en mí.

Gold solo sonrió, algo en la mirada de Rose la hacia sentir que cuidaría bien del pokémon. Mientras la chica metía la incubadora en su mochila, un recuerdo llegó a su mente.

—Por cierto, Rose, ¿sabes cuando Níquel enfrentara a la otra líder? —preguntó.

—Yo puedo responder eso —Roark respondió por Rose—. Gardenia la vio por la mansión ayer, y dice que posiblemente se enfrenten en la tarde.

—Oh vaya, parece que tendré tiempo de volver a la mansión de Platinum —el hombre se rascó la nuca.

—Aunque me gustaría que te quedaras aquí —el líder cambió a un estado serio—. La profesora Moon nos encargó a mi y a Gardenia el reunirte a ti y a Crystal, es algo que tiene que ver con la misión.

—De todas formas tendremos que ir a la mansión por Crystal —dijo Gold—. Ademas, necesitó ver a Níquel también.

—Disculpe, señor Gold —Rose interrumpió—. Níquel y yo nos veremos en dos días en la entrada del Monte Corona, por lo que ahí podría verla.

Gold no estaba convencido del todo, pero terminó aceptando el quedarse con el líder. Después de todo, él y Crystal estaban en ese lugar por Moon, debían estar al pendiente cuando ella los llamara. Ademas, ya tendría tiempo para charlar con Níquel.

Sin nada mas que hacer, Rose colocó su primera medalla en el medallero rojo con naranja que su padre le había regalado y lo guardó en su mochila. Después de eso, se despidió amablemente de Roark y Gold.

—Gracias por todo, espero verlos pronto —se despidió la chica de pelo rosado

—Cuídate, Rose, suerte en tu viaje —dijo Roark con una sonrisa.

—Te veré luego, y cuida de ese huevo.

Con una sonrisa, Rose finalmente salió del gimnasio. Cuando miró la luz del sol, la chica pensó que seria bueno tomar un pequeño descanso antes de seguir su siguiente objetivo; la ruta 207. En dos días se encontraría con Níquel, quería estar preparada para cuando ella llegara.