Hola queridos lectores UvU, aqui les traigo el siguiente "mini capitulo" de esta historia xD.
Como les había comentado, el capitulo cinco lo dividí en dos para no tener un episodio tan largo. De todas formas no se preocupen, si habrá episodio seis antes de acabar el mes xD.

Los dejo con el capitulo, nos leeremos luego C:

Enjoy :D


Entrada 5-N: Vs Lileep

23 de Mayo, Mansión Berlitz

El sonido del timbre hizo eco en toda la mansión Berlitz. Luego de sonar una sola vez, el mayordomo de la familia abrió la puerta, encontrándose simplemente con una cesta llena de bayas en la entrada. Era la quinta vez en este mes que recibían una.

Al principio pensaron que aquella comida podría ser peligrosa, pues la falta de un remitente hacia dudar a los empleados. Sin embargo, luego de probarlas, la familia se acostumbró a recibir esa cesta de frutas regularmente.

El mayordomo tomó la cesta y se la llevó a Platinum, la cual estaba descansando en la terraza de su hogar, mirando su hermoso jardín y tomando una taza de té. Cuando el empleado le dio la cesta, Platinum le agradeció y la puso sobre la mesa de cristal donde tomaba su merienda. Cuando el mayordomo se fue, la chica tomó con delicadeza la pequeña nota que había en ella.

—"Lo siento" —leyó Platinum en voz alta—. Siempre el mismo mensaje, la misma fruta y el mismo extraño mensajero —la chica suspiró—. ¿Quién serás, pequeño mensajero?

Se sentía un poco más frustrada que confusa. Le estresaba el no saber quién era aquel extraño o extraña que enviaba esas cestas. Ni siquiera podía usar las cámaras de seguridad, pues era un pokémon el que les entregaba las cestas, y siempre era uno diferente. Se notaba que el responsable no deseaba ser descubierto.

Suspirando, la mujer le dio otro pequeño sorbo al té, hundida en sus pensamientos para descifrar quien era el responsable de tan extraños regalos. Sin embargo, sus pensamientos fueron interrumpidos de manera súbita cuando sintió una presencia justo al lado suyo.

Al voltear, pudo a su amiga, Crystal. La mujer llevaba puesto una gran falda oscura y una blusa azul con algunos detalles. El ver a la holder sin esconderse hizo que Platinum se sorprendiera de sobremanera.

—¿Sabes dónde está Gold? —preguntó la mujer de ojos azules.

—S-salió hace unas horas —confesó Platinum, acomodándose en su asiento—. ¿Quieres tomar un té?

—No me caería mal —una ligera sonrisa tímida, casi imperceptible, se dibujó en su rostro—. Gracias.

Esto era un avance, definitivamente. Luego de estar huyendo de todos por toda la semana, Crystal finalmente se animaba a salir de su cuarto e interactuar un poco con la Berlitz. La mujer supuso a que se debía a la ausencia de Gold, así que debía aprovechar un poco para tratar de ayudar a su amiga, o al menos a que la pasase lo más confortable posible.

—¿Como te la has pasado? —preguntó la heredera, con un poco de timidez.

—Bien, tienes una mansión hermosa —Crystal sorbió un poco de su té—. Gracias por dejar que nos quedemos.

—No hay de que, es un honor tenerlos aquí —Platinum sonrió y bebió un poco más de su té—. A decir verdad, me gustaría que estuvieran lo más cómodos posibles.

—Ya lo estamos, tus atenciones son de admirarse —a pesar de sus palabras, Crystal parecía ser indiferente—. Tienes un lindo jardín, por cierto.

—Gracias, Níquel y yo lo hemos estado acomodando desde hace un año, en gran parte se lo debo a ella —Platinum sonrió de manera orgullosa.

—Ya veo, son muy unidos a esa niña

—Aunque sea adoptada, Diamond y yo la sentimos como nuestra hija —Platinum dejó de lado su té.

—Y aun así, no eres capaz de llamarle hija —la voz fría de Crystal intimidó un poco a Platinum—. Además, la dejaste ser una pokédex holder, sabiendo el peligro que eso trae consigo.

Un nudo en la garganta se formó en Platinum. La mujer trató de huir de la mirada de Crystal, pero sentía que debía hacerle frente.

—Solo necesitamos un poco más de tiempo —confesó con seriedad—. Níquel es fuerte, lo suficientemente fuerte para ser una pokédex holder.

—¿Y si no lo es? —Crystal dejó su taza en la mesa—. ¿Y si algún día le ocurre algo por sobrestimar su fuerza?

—E-eso no pasara —Platinum comenzó a sentirse intimidada—. Todos nosotros superamos todas estas pruebas cuando viajamos, estoy segura de que Níquel estará preparada para todo lo venga.

—Nunca estés segura de eso —su voz comenzó a quebrarse.

Platinum sintió una vez más el brusco cambio de tono en la voz de Crystal. Entendió esa tristeza, pero se sentía incapaz de hacer algo para ayudar. Se sentía una inútil al no poder tranquilizar a su amiga.

—Crystal —Platinum intentó poner la voz más suave que pudo— ¿quieres hablar de eso?

—No…

Ese "No" expresó mucho más de lo que parecía. Rápidamente, Crystal se paró de golpe y comenzó a alejarse, pero Platinum rápidamente se levantó y la siguió hasta dentro de la mansión.

—Si no quieres hablar de eso, ¿por qué me preguntaste acerca de Níquel? —preguntó Platinum.

Hubo un pequeño silenció, seguido de una débil voz quebrada que provenía de la holder de Johto.

—Supongo que quiero prevenirlo, o sentir que no hice mal al confiar —confesó con tristeza—. Gold se llevó uno de los huevos con Rose, ¿no?

—Sí

Crystal lo pensó un momento, y antes de dejar que una pequeña lagrima se deslizara por su rostro, fue a su habitación y tomó el ultimo huevo que quedaba. Luego de tenerlo consigo, se acercó a Platinum.

—¿Níquel está en Ciudad Vetusta?

—Debe estar llegando ahora —Platinum estaba genuinamente sorprendida—. ¿Piensas ir?

Otro silenció se apoderó de las dos chicas. Sin sonido, lo único con lo que se comunicaban era el movimiento de sus ojos y caras. Ambas buscaban algo que decir.

—Quisiera comprobar por mí misma, si no te importa —la mujer comenzó a caminar hacia la salida—. Honestamente, no quisiera que a ti te ocurriera lo mismo que a mí, Platinum.

Ante aquello, Platinum solo bajó la mirada, sin saber que decir. Todos estos años con Diamond parecían no haber servido para nada, Platinum seguía sin saber que decir en momentos como estos.

Sin decir una sola palabra, Crystal finalmente salió de la mansión, sacó a su Tupeon y emprendió el vuelo hacia la ciudad. Platinum se quedó viéndola desde el umbral de su puerta, sintiéndose completamente inútil al no poder lidiar con esa situación. Debía pedirle ayuda a Diamond, él era el que se encargaba de esas cosas. Aunque Platinum deseaba ayudar, se sentía completamente inútil al no encontrar las palabras correctas.

[…]

23 de Mayo, Ciudad Vetusta

—¡Bola Sombra! —gritó Níquel, con furia.

La chica le ordenó a su Shuppet atacar al Bullbasaur enemigo. Cuando el poderoso ataque golpeó al objetivo, este calló al suelo, fulminado.

—Bien hecho —Níquel sonrió levemente.

Luego de un entrenamiento sin descanso desde la mañana, Níquel había llegado al gimnasio de Gardenia. El recinto seguía manteniendo su estructura de laberinto de árboles, junto a su gran reloj central por el cual la retadora podría enfrentar a la líder.

Luego de derrotar a las dos entrenadoras auxiliares de Gardenia, Níquel finalmente logró mover el gran reloj de pétalos en la posición justa para enfrentar a la líder de gimnasio.

Caminando sobre el reloj, la chica llegó al gran campo de batalla donde ya estaba la líder esperándola. Al verla, Gardenia le lanzó una pequeña risa de incredulidad, a la par que cruzaba los brazos.

—Me sorprende que hayas llegado hasta aquí —confesó, con superioridad.

—Tú laberinto no fue tan problemático —la chica parecía mofarse—, el reloj, bueno, he visto acertijos mejores.

Gardenia se molestó ligeramente, aquella chica seguía siendo tan engreída como la otra vez, no podía creer que Diamond y Platinum la hayan adoptado. Sin embargo, el saber que podría derrotarla le hacía sentir que valía la pena estar ahí.

—Aún recuerdo verte hacer ese pequeño escándalo en la fiesta de aniversario de Platinum y Diamond, aunque ahora comprendo porque reaccionaste así —Gardenia suspiró—. Como sea, veamos si tu ego está justificado con este combate.

—No me iré de aquí sin patearte el trasero, Gardenia —Níquel sonrió de manera burlona, tomando la pokébola de su Shuppet y la de Rotom—. Dos pokémon, como tú lo pediste, ellos harán que muerdas el polvo.

—No hables por hablar, niña —Gardenia sacó una de sus pokébolas—. Empecemos —la líder lanzó la pokébola—. ¡Adelante, Turwig!

—¿No piensas sacar a tu Roserade? —preguntó, confundida y ligeramente decepcionada.

—Aunque me encantaría derrotarte de un golpe, las reglas me impiden usar pokémon tan poderosos contra entrenadores que no tengan medallas —la mujer suspiró—. Si fuera un poco más fuerte te mostraría todo mi potencial.

—Deja la condescendencia —Níquel se enojó—. Te enfrentare con tus reglas, pero luego tendremos una pelea sin ellas —Níquel lanzó con fuerza su pokébola—. ¡Shuppet, ve!

El pokémon fantasma se materializó, mirando con determinación a Turwig, el cual parecía estar bastante más relajado. Con los dos pokémon en la arena, el combate estaba a punto de comenzar.

—¡Shuppet, usa Desarme! —ordenó la entrenadora.

—¡Contraataca con Hoja Afilada! —gritó la líder.

El primero en moverse fue Shuppet, el cual embistió rápidamente a Turwig y logró arrebatare su baya Oran, la cual fue destruida al tocar el suelo. Sin embargo, Turwig logró reincorporarse y lanzar una serie de hojas afiladas que dieron justo en el blanco, hiriendo un poco a Shuppet.

—Vaya, parece que la habilidad de tu Shuppet le alertó de…

—¡Usa Sombra Vil! —gritó la chica, interrumpiendo a Gardenia.

Sin darle tiempo de reacción, una sombra recorrió el campo y atacó de manera directa a Turwig, dejándolo bastante herido. Al ver esto, Gardenia dio un fuerte pisotón al suelo.

—¡Déjame terminar de hablar antes de atacar! —gritó Gardenia, enojada.

—Es un combate, no una charla —la voz de Níquel se volvió más agitada—. No pierdas el tiempo con palabrería obvia y ataca.

Gardenia se molestó aún más al oír aquel tono tan grosero de Níquel. Sin embargo, al fijarse bien en su aspecto físico, pudo ver como la chica estaba sudando mucho, a la par que parecía estar muy cansada, como si estuviera a punto de caer fulminada. Era demasiado notorio el cansancio en su cuerpo.

—Ya veo —la chica alzó el puño—. ¡Turwig, usa Mordisco!

—¡Repele con Bola Sombra, Shuppet! —ordenó de vuelta la chica.

Turwig corrió hacia Shuppet, pero este respondió usando repetidas bolas sombras para evitar el contacto con el objetivo. Sin embargo, el pokémon de la líder fue capaz de esquivar todos los ataques de Shuppet, los cuales solo dejaron una gran nube de polvo que le impedía a ambas ver que había ocurrido.

En medio del polvo, un gruñido pudo ser escuchado. Del lado de Níquel, Shuppet salió de la nube de polvo, golpeando el piso gracias al ataque de Turwig. Cuando Níquel intentó comunicarse con su pokémon, este se levantó rápidamente, pero con bastantes heridas.

—Si quieres un combate exprés, eso tendrás —Gardenia sonrió de manera confiada—. ¡Turwig, Energibola!

—¡Responde con Bola Sombra! —gritó Níquel.

Ambos pokémon generaron sus bolas de energía y las lanzaron al unisonó. Al chocar, los ataques formaron una pequeña explosión que generó otra gran nube de polvo. Sin capacidad de ver, Níquel decidió tomar ventaja.

—¡Shuppet, si vez a Turwig, usa Sombra Vil! —gritó Níquel

—¡Protección! —gritó Gardenia.

Shuppet pudo localizar la figura de Turwig e intentó atacar, pero el pokémon fue protegido gracias a un domo de energía que se generó alrededor de él, protegiéndole de todos los daños.

Cuando el humo se disipó, Níquel pudo ver lo fallido de su ataque.

—Esta fiesta aun continua —Gardenia alzó el brazo derecho—. ¡Usa Excavar!

El pokémon tortuga rápidamente se introdujo bajo tierra y comenzó a moverse para buscar el momento perfecto para atacar a Shuppet. El pokémon se quedó quieto por un momento, para después ver a su entrenadora, la cual acercaba su mano peligrosamente a su Dusk Ball.

Esperando hasta el último segundo, Níquel hizo un cambio. Cuando Turwig atacó, pudo ver que su objeto ahora no era Shuppet. Frente a él se encontraba un Rotom en forma Microondas, el cual era inmune a sus ataques.

Sin perder un solo minuto, Níquel le ordenó a su pokémon usar Sofoco. Llenando el escenario con llamas, Rotom atacó de manera brutal a Turwig, dejándolo fuera de combate de manera instantánea.

Gardenia se quedó impactada por la estrategia que acabada de ver, pero más sorprendida se quedó al ver el pokémon que Níquel había sacado. Si aquella chica tenia a Rotom, eso significaba que…

—¡¿Entraste a la mansión?! —gritó Gardenia, molesta.

—¿Acaso no lo esperabas? —Níquel sonrió de manera engreída.

—¡Eres una vándala! —gritó de vuelta.

—Tómalo como quieras, yo solo quería conseguir a Rotom, y eso conseguí —la chica miró con orgullo a su pokémon—. Hemos estado entrenando desde la madrugada con un único objetivo, derrotarte.

Gardenia estaba realmente enojada, se sentía ofendida al saber que aquella niña había menoscabado su autoridad como protectora de la mansión. Quería aplastarla para enseñarle una lección, pero el sacar un pokémon como su Roserade le podría generar una penalización con el consejo de la liga pokémon.

Sin embargo, cuando miró como Níquel parecía aún más cansada, con los ojos cerrándose y con varios bostezos, supo que este era el momento de fastidiarla un poco, debía explotar esa debilidad de cansancio que había en la chica.

Sin pensarlo, la mujer metió a su pokémon en su pokébola, para después sacar una Repeat Ball. Ya había escogido el pokémon perfecto para fastidiarla.

—Entiendo tu estilo acelerado, pero creo que tendrás que calmarte un poco —con una sonrisa, la líder lanzó la pokébola—. ¡Adelante, Lileep!

El pokémon fósil se materializó en el escenario, mirando con ojos curiosos a Rotom. Cuando miró al pokémon, Níquel no pudo identificarlo, era la primera vez que veía a esa especie.

—Cambio —la chica metió a Rotom a su pokébola y sacó a Shuppet—. No sé qué clase de pokémon sea, pero estoy segura de que podre vencerlo.

—Que no se te suba el orgullo por ganar un combate —Gardenia parecía bastante confiada—. ¡Lileep, usa Arraigo!

De inmediato, unas potentes enredaderas salieron de los pies de Lileep y se incrustaron en el suelo, para poder aprovechar todos los nutrientes que la tierra del gimnasio tenía. Níquel aún estaba insegura de qué tipo de pokémon se enfrentaba, pero estaba segura de que Gardenia usaría una estrategia defensiva.

—¡Shuppet, usa Desarme!

—¡No esta vez —Gardenia gritó más fuerte—, Lileep, contraataca con Poder Pasado!

Antes de que Shuppet pudiera acercarse, Lileep le lanzó una serie de rocas fosilizadas directamente en la cara. A la par de dejarlo bastante herido, Lileep vio un aumento en todas sus estadísticas.

—Lo lamento, Níquel, no puedo permitir que le quites la Raiz Grande a mi Lileep —Gardenia sonrió—. Este sera un combate más largo.

—Eres fastidiosa —gruñó con enfado—. No tengo tiempo para esto —Níquel miró a Shuppet directamente, como buscando su aprobación—. ¡Shuppet, usa Maldición!

—¡Lileep, usa…

La líder no pudo completar su orden, ya que Shuppet fue mucho más rápido y logró incrustarse un clavo a sí mismo, debilitándose. Sin embargo, aquel sacrificio no había sido en vano, puedo ahora Lileep estaba bajo los efectos del movimiento, haciendo que esta perdiera un cuarto de su vida.

—Gracias, Shuppet —dijo Níquel en voz baja, metiendo su pokémon en su pokébola—. ¡Tom, ve!

—No importa que hayas máldito a Lileep, la Raíz Grande hará que recupere toda la salud perdida —explicó Gardenia.

—Lo sé, la maldición era para que Arraigo no tuviera efecto —la chica cerró los ojos con determinación, para después abrirlos—. ¡Tom, usa Rayo Confuso!

—¡Lileep, responde con Gigadrenado! —ordenó.

Ambos pokémon atacaron casi al mismo tiempo, mientras Lileep recibía las ondas confusas de Rotom, este último fue cubierto de un aura verde que drenó una pequeña parte de sus puntos de salud.

Sin embargo, Rotom salió mejor librado al tener el tipo fuego que debilitaba el movimiento Gigadrenado. Mientras tanto, la cabeza de Lileep comenzó a dar vueltas y vueltas sobre su propio eje, solo detenida por las poderosas enredaderas que le daban energía.

—Y-yo también puedo jugar tu juego —la chica comenzaba a agitarse a un más—. ¡T-tom, usa Rayo!

—¡Lileep, trata de usar Reserva! —gritó Gardenia.

Un poderoso rayo logró acertar con fuerza a Lileep, aunque este no recibió mucho daño. Sin embargo, cuando el pokémon fósil intentó usar su movimiento defensivo, este estuvo tan confundido que se hirió a si mismo usando uno de sus látigos.

Esto era malo para la líder. Aunque el pokémon estaba bajo el efecto de Arraigo, la suma del movimiento Rayo, la maldición y la confusión harían que su pokémon terminara cayendo de a poco. En aquellos momentos deseaba tener a su Roserade para hacer añicos a Níquel.

Sin embargo, ese deseo se convirtió en una brillante idea. Una idea que incluso había utilizado en el pasado. Con una sonrisa, Gardenia recordó como había enfrentado a Platinum en el pasado.

—Estas cansada Níquel, demasiado —Gardenia se llevó las manos a la cadera—. El sueño no te dejara pensar con claridad.

—No te hagas la simpática y preocupada conmigo —luego de un pequeño suspiró, Níquel se enojó—. No te dejare hacer tiempo, ¡Tom, usa Bola Sombra!

—¡Lileep, utiliza la vieja estrategia de enredaderas!

Rotom creó una esfera oscura y la lanzó contra Lileep. Al contacto, el ataque generó una pequeña explosión que Níquel interpretó como una jugada perfecta. Sin embargo, cuando Gardenia escuchó el sonido de las raíces moviéndose, esta sonrió.

Cuando el humo se disipo, Lileep había perdido el efecto del Rayo Confuso y observaba con curiosidad a Rotom. Aunque Rotom no entendía el porqué Lileep lo veía así, rápidamente sintió una fuerte presión a sus costados.

—¡Tom, cuidado! —gritó Níquel.

Cuando volteó, pudo notar como dos raíces habían brotado justo del suelo que estaba de abajo de él. Aquellas raíces lo sujetaron fuertemente y le impidieron moverse.

—Espero que tu madre te haya contado como lidió con las enredaderas —Gardenia sonrió de forma burlona—. ¡Lileep, usa Poder Pasado!

Antes de que Rotom pudiese zafarse, Lileep volvió a crear una serie de rocas fosilizadas y las envió hasta el inmovilizado Rotom, el cual quedo completamente indefenso ante el ataque. Quedando herido, Lileep simplemente lanzó a Rotom al suelo, aquel ataque directo había provocado grandes daños.

Cuando Rotom se levantó, miró como su entrenadora tenía una cara completamente sombría y algunas de sus venas se resaltaban.

—¡No soy su hija! —gritó con rabia—. ¡Entiéndelo bien, maldita sea! —su cara se puso roja, su respiración se agitó y su corazón comenzó a latir de forma acelerada—. ¡Usa Sofoco!

Rotom respondió de inmediato al ataque de ira de su entrenadora, lanzando el poderoso ataque de tipo fuego.

Cuando las llamas rodearon a Lileep, Níquel pudo aprecia por unos segundos algo muy particular, aunque su estado mental le impido ver con claridad lo que parecía ser un rostro entre las llamas. Momento justo en el que sintió un gran dolor en el pecho, como si alguien se lo apretara. Su cuerpo comenzó a sudar y sus músculos comenzaron a temblar. A causa de ello, Níquel cayó de rodillas al suelo, tratando de calmar su ira.

Para su mala suerte, su ira no impidió que Lileep sobreviviera al ataque y volviese a agarrar a Rotom. Sin embargo, aun cuando la tenía a su merced, Gardenia no ordenó ataque alguno. Simplemente se quedó viendo a Níquel con cara de preocupación.

—¿Te encuentras bien? —preguntó la líder, visiblemente preocupada.

—¿Por qué ahora te preocupas por mí? —preguntó de vuelta Níquel, tratando de calmarse.

—Oye, no creo que te encuentres bien —Gardenia parecía estar dispuesta a terminar el combate—. ¿Quieres que llame a alguien?

La líder de gimnasio estaba visiblemente asustada. Había conocido aspirantes más engreídos que la propia Níquel, pero nunca había visto que una entrenadora terminara en ese estado. Aquello parecía ser una crisis de ansiedad.

—S-solo termina con esta faena —exclamó Níquel, con rabia—. He perdido que más da.

—Incluso en este momento no puedes dejar tu comporta…

—Has lo que pide —exclamó una voz desde las gradas.

Ambas voltearon a ver el origen de la voz, encontrándose con una mujer de pelo azul y blusa del mismo color. Gardenia identificó perfectamente de quien se trataba, mientras que Níquel no identificó exactamente quien era.

—Si Platinum tiene razón, esa chica es demasiado orgullosa para aceptar tu lastima —la mujer no parecía expresar emoción alguna—. Solo dale lo que pide.

Gardenia se lo pensó un momento. Aunque aquel no era el momento indicado, en su interior si quería derrotarla y hacerle cambiar un poco. No deseaba terminar su combate así, pero entendió que lo que decía la mujer era cierto, Níquel no aceptaría terminar el combate así.

—Lileep, usa Poder Pasado —esta vez no hubo un gritó, simplemente una instrucción calmada.

Y así de calmado, Lileep creó sus pequeñas piedras fosilizadas y apuntó al inmovilizado Rotom, preparándose para darle la estocada final.

Sin embargo, Rotom no estaba dispuesto a dejarse vencer tan fácilmente. El pokémon miró a su entrenadora, la cual estaba aun de rodillas en el suelo, y trató de hacerle entender que no podía rendirse, ese no era el momento para hacerlo. Incluso su Shuppet quería darle a entender que no debía darse por vencida, debía superar esto, después de todo para eso habían entrenado.

Luchando con su mente, Níquel pudo sentir una leve sensación de comodidad dentro de ella, un sentimiento agradable que lograba nacer dentro de su cabeza, como si los pensamientos y sentimientos de sus pokémon llegaran a ella. Sin embargo, su mente aún era un completo caos.

Alzó la mirada, viendo justo como Rotom estaba punto de ser derrotado. De un momento a otro, sintió como el tiempo comenzaba a ralentizarse cada vez más y más, al punto que parecía que todo se había detenido. No sabría decir si realmente el tiempo se había detenido o solo era su percepción.

Sea como fuere, un ligero pensamiento de cordura llegó a su cabeza, como si un ligero brillo de esperanza llegando desde un lugar más grande que ella. Fue entonces que apretó su puño, no estaba dispuesta a perder.

Lentamente, el tiempo volvió a transcurrir de manera normal, poco a poco. Fue entonces que Níquel pudo enderezarse un poco y exclamar.

—¡Sal! —gritó como pudo.

Aquel gritó asustó a Gardenia y a la mujer, parecía como si Níquel hubiese recuperado toda su energía de golpe, sin embargo, ella seguía muy mal.

Las rocas finalmente golpearon a Rotom, generando una gran nube de polvo que anunciaba el fin del combate. Gardenia aún estaba consternada, pero más consternada se quedó al ver lo que Lileep sujetaba.

El pokémon sujetaba un simple microondas vació, nada más. El aparato había recibido todo el golpe y había quedado destruido. Mientras Gardenia buscaba una explicación, Níquel pudo ver a Rotom en su forma normal, el cual estaba justo detrás de Lileep.

Aferrándose a su determinación y usando cada molécula de aire que tenía en sus pulmones, la chica pudo pronunciar sus movimientos finales.

—¡Bola Sombra y Rayo! —gritó con las ultimas fuerzas que le quedaban.

Gardenia volteó rápidamente a ver a su pokémon, el cual fue rápidamente envestido por la Bola Sombra de Rotom. Aquel ataque causó mucho daño, y el Rayo terminó de rematar todo.

Cuando Níquel cayó completamente al suelo, pudo ver como las enredaderas de Lileep se desvanecieron y este mismo caía al suelo, debilitado. Níquel había ganado en el último momento.

Gardenia no podía creerlo, Níquel le había vencido. La mujer sentía que la chica le había mentido para que bajara la guardia, pero al ver a la entrenadora en el pisó le hizo darse cuenta de que no era un truco, genuinamente estaba mal.

Metiendo a su Lileep en su pokébola, la líder corrió hacia donde se encontraba Níquel para tratar de auxiliarla, a la vez que la otra mujer salia de las gradas para ir a ver la chica.

Al llegar, se encontraron a la chica con los mismos síntomas que tenía con anterioridad, aunque ahora emitía un calor intensó, como si tuviera mucha fiebre. Aunque consiente, la chica necesitó un poco de ayuda de Gardenia para poder sentarse en el suelo, sus músculos aun temblaban ligeramente.

—¿Te encuentras bien? —preguntó Gardenia.

No hubo respuesta, pues Níquel aún seguía recuperando el aliento. La mujer llegó al lugar y le intentó dar de beber a la chica, la cual aceptó sin problemas de la botella de agua.

Con cada tragó, Níquel sentía como su cuerpo se recuperaba más y más, y como volvía el aire a sus pulmones. Cuando terminó de beberse la botella completa, la chica respiró de manera profunda, sintiendo como el aire y el agua hacían bajar su temperatura, aunque un extraño dolor en su hombro izquierdo no parecía desaparecer.

Cuando finalmente recuperó el aliento, finalmente pudo hablar.

—G-gracias —confesó de manera sincera.

La líder sonrió ligeramente, pero la mujer siguió sin expresar emoción alguna. Sin embargo, aunque Gardenia estaba aliviada de que Níquel estuviera bien, la chica rápidamente le pidió aquello por lo que había venido.

—Creo que me debes una medalla —dijo con una sonrisa burlona.

—Tuviste una crisis de ansiedad y ¿lo único que te interesa es la medalla? —preguntó con molestia.

—Que haya tenido eso no significa que no buscara la medalla —confesó con orgullo.

Aunque Gardenia se molestó ligeramente, una pequeña risita salió de sus labios. Risa que la mujer no entendió del todo y que Níquel respondió con una pequeña sonrisa burlona. Sin más opción, la líder sacó la medalla.

—Por haber demostrado tu fuerza, te hago entrega de la medalla Bosque —la líder le hizo entrega de la medalla.

—Gracias —Níquel tomó la medalla y la colgó en su bufanda—. Tengo una, faltan siete —la chica, con la ayuda de Gardenia se puso de pie.

—¿Aun piensas que es buena idea ser una Pokédex Holder? —preguntó la mujer, desconcertando a la líder.

Níquel volteó a ver a la mujer, tratando de buscar en sus recuerdos si alguna vez había visto a aquella mujer. Sin encontrar nada en sus memorias, la chica contestó.

—Si eso implica volverme más fuerte, entonces lo haré —confesó de manera orgullosa—. Por cierto, ¿Quién eres tú?

—Una pokédex holder, Crystal —confesó, acercándose a la niña—. No sabes a lo que te arriesgas.

—¿Qué es lo peor que podría pasarme? —preguntó, con burla.

Fue entonces que Crystal tragó saliva, recordando un poco de aquel pasado del cual nunca quiso hablar, de aquello que le atormentaba todos los días y que había llevado su vida a un espiral de dolor. Tragando saliva, la mujer finalmente emitió una sola palabra.

—Morir —contestó con frialdad.