Hola lectores, aquí un nuevo capítulo de esta historia UvU.
Estoy como a 20 minutos de que acabe el mes, pero igual logre publicarla xD.

Si preguntan porque tarde tanto, bueno es confidencial, pero pronto lo averiguaran (?)
Sin mas, disfruten del capitulo :D


Entrada 8: Mejor uno que dos

24 de mayo, Ruta 221

Aquel desfigurado rostro hizo que Cyrus se sorprendiera al instante, incluso le hizo plantearse la idea de que, tal vez, estaba teniendo una pesadilla. Sin embargo, aquello era completamente real, aquel extraño "hombre" no era producto de su imaginación. Expresando una sensación de incomodidad, Cyrus intentó desviar la mirada, aquella cara realmente le incomodaba.

—Disculpa que no te muestre mi mejor cara —el hombre se sentó en la mesa y se sirvió un poco de vino—, esta cara de unas de las consecuencias de estar vivo, es una sensación extraña, amigo.

—No somos amigos —dijo Cyrus, volteando a ver al hombre—. ¿Quién rayos eres y qué quieres?

—No eres un hombre muy paciente —con aquella extraña voz eléctrica, el hombre bebió un poco del vino—. Veras Cyrus, he estado buscándote desde hace unos años, tuvimos que interrogar a todos los antiguos miembros del Equipo Galaxia, sin embargo, esas ratas no estaban dispuestas a hablar, por lo que terminamos eliminándolos de uno en uno, hasta que finalmente encontramos a alguien dispuesto a cooperar por salvar su vida —el hombre se levantó de la mesa—. Admiró tu logro de crear la forma de controlar a Palkia y Dialga, es impresionante ver que lograste tal mérito.

Cyrus suspiró de manera desalentadora, aunque no lo pareciera, él se sentía mal al oír que tantos exmiembros de su organización habían muerto protegiéndole. Además, el escuchar de aquella ocasión le hizo suponer que es lo que quería aquel sujeto.

—¿Así que hiciste todo por eso? —preguntó, arqueando la ceja.

—A mí me parece bastante poco —el hombre puso sus manos hacia atrás—. Fue ingenioso, pero a la vez estúpido tratar de invocar deidades y pensar que no habría otros dioses que se interpondrían —una risa sarcástica salió de sus labios.

—¿Y qué hubieras hecho en mi lugar? —Cyrus parecía querer ganar tiempo.

—Es eso lo que estoy intentando llevar acabo —el hombre se acercó a Cyrus—. Mis científicos han intentado replicar la cadena roja, pero cada intentó solo no ha llevado a versiones poco útiles que solo sirven de portal para otras criaturas. Intentamos contactar con Pluto, pero el idiota murió en la cárcel, así que solo nos quedabas tú.

—Entonces buscas la investigación de cómo crear la cadena, ¿no?

—Si, y también la otra cadena roja que tienes guardada —acercándose cada vez más al rostro de Cyrus, para tenerlo de frente—. Vimos los registros en Ciudad Vetusto, un idealista como tú no dejaría escapar la oportunidad de volver a usar esa cadena, así que espero que la tengas aquí, si es que quieres salir con vida.

Aquello era verdad, de aquella investigación se había creado una cadena roja extra que Cyrus cuidaba celosamente, con el objetivo de usarla una vez más para poder ir al Mundo Distorsión. Sobre la información de la investigación, aquella había sido borrada de todos los servidores del gran edificio en Ciudad Rocavelo, pero aún estaba almacenada en el ordenador de aquella casa.

Sin embargo, el exlíder sabía que entregarles a estos tipos aquella información podría ser peligroso, no por nada la había tenido perfectamente resguardada para que nadie, ni siquiera el gobierno, pudiese usarla.

—Esa información fue destruida hace mucho tiempo —dijo Cyrus, mirando fijamente aquellos ojos saltones que tenía el hombre—. Sobre la cadena, bueno, honestamente le perdí el rastro.

El cráneo del hombre no podía expresar muchas emociones, pero el sonido que salió de su boca le hizo saber a Cyrus que estaba decepcionado. Irguiéndose, el hombre miró como dos de sus reclutas se dirigían a la zona de máquinas.

—Eres pésimo mintiendo, Cyrus —dijo, dándole la espalda—. Estamos demasiado alejados de la civilización, podríamos matarlos a todos y nadie se daría cuenta en semanas, yo reconsideraría mis opciones, o al menos —chasqueando los dedos, tres de los hombres restantes en la cocina tomaron los cuerpos desmayados de los secuaces de Cyrus y pusieron sus dagas en los cuellos de estos— las opciones de ellos.

Aquello hizo que Cyrus se comenzara a preocupar. A pesar de ser aquel tipo solitario, el hombre había desarrollado un fuerte apegó por ellos, considerándolos la única familia que realmente ha tenido. Verlos al borde de la muerte le hizo reconsiderar fuertemente su decisión.

—Todos tenemos una debilidad, Cyrus —poniendo sus manos en este—. Incluido tú.

—Si te dijo dónde están, ¿los dejaras vivos? —preguntó, tragando saliva.

—Yo siempre honro un acuerdo —confesó con sinceridad—. Solo dime lo que necesito y ellos seguirán vivos.

Cyrus lo reconsideró bastante, no quería que ver morir a la única gente que realmente le importaba. Sin embargo, antes de decir algo, pudo ver con la mano derecha del hombre de pelo azul se movía en forma de circulo, dándole a entender que estaba consiente. Ante aquello, Cyrus sonrió de manera disimulada.

—De acuerdo, te daré lo que quieres —aceptando, el captor hizo que sus subordinados soltaran a los administradores, los cuales cayeron al suelo—. Vamos a la sala de máquinas.

Luego de eso, Cyrus se levantó y guio al hombre hacia la sala de máquinas, donde ya había dos miembros extrayendo información de la gran computadora central. Mientras se iba, pudo ver como el hombre de pelo azul le guiñaba el ojo, dándole a entender que entendía cuál era el plan.

Tenía que ganar tiempo, por lo que intentó llevar al hombre por el camino más largo que había hacia la ubicación de la cadena roja, debía esperar hasta que se escuchara un ruido, entonces sabría que podía atacar al enemigo.

Lo que él no sabía, era que su enemigo contemplaba todas las posibilidades que ocurrirían en dicho asalto, por lo que, al notar como Cyrus lo llevaba a través de un extenuante laberinto, este lo detuvo, tocándole el hombro.

—Cyrus, realmente no soy un tonto —el hombre sacó un pequeño dispositivo parecido a un teléfono, pero con dos botones—. Se que planeas algo, pero me siento lo suficientemente benevolente como para seguir con mi acuerdo.

—¿A qué te refieres? —preguntó, con un tono de nerviosismo ligero.

—Tengo muchos más guardias de los que te puedes imaginar, si presionó el primer botón, estos entraran a la casa con bastante artillería y mataran a tus amigos, sin embargo, si tocó el segundo, ellos no harán absolutamente nada. Solo dame la cadena, y dejare a tus amigos escapar.

Estaba acorralado, era difícil de creer, pero aquel extraño sujeto había planificado todo de una manera increíble. Sin tener más opción, el hombre simplemente caminó de manera rápida hacia una pared que tenía un pequeño teclado. Tecleando la contraseña "20062021", la pared comenzó a bajar, dejando ver la vitrina donde se encontraba la cadena roja.

—Tomaste la elección correcta —dijo el hombre, presionando el botón dos de su dispositivo—. Déjame ver esta maravilla —acercándose, el hombre pudo abrir la vitrina y sacar la cadena roja que tan celosamente resguardaba Cyrus.

Al verla, el hombre quedo completamente sorprendido. Después de tantos intentos por recrearla, finalmente estaba enfrente de una que funcionaba, aquello lo hizo muy feliz.

—Es hermosa, más de lo que recordaba —el hombre se colocó la cadena en sus hombros.

En ese momento, pudo escuchar un ruido de golpes sobre él, momento en cual supo que el plan de Cyrus había comenzado, sin embargo, cuando miro a la vitrina, pudo ver como Cyrus tomaba una de sus pokébolas.

—Cyrus, me hubiese encantado dejarte con vida —confesó, decepcionado.

En ese momento, antes de que pudiese atacar, Cyrus fue embestido por el poderoso Aqua Jet de un Kabutops rival, estrellándose contra el grueso muro de piedra de la habitación.

Inmediatamente, su Honchkrow salió de su pokébola para intentar atacar al hombre de la cadena con un poderoso Pulso Umbrío, pero un poderoso Tyranitar salió de la pokébola del hombre para protegerlo.

—Si quieres pelea, pelea tendrás, amigo —de otra pokébola suya salió un Tyrantrum, el cual estaba dispuesto a pelear.

—Que así sea —Cyrus se levantó y sacó a su Gyarados.

Empezó la pelea, Gyarados atacó a Tyranitar con un poderoso Hidrobomba, pero Tyrantrum utilizó un fuerte Pulso Dragón para repeler, mientras que Tyranitar se lanzaba contra Honchkrow usando Puño Trueno.

Mientras aquella pelea acontecía, Mars, Jupiter y Saturn habían logrado derrotar a los guardias de la casa y se dirigieron inmediatamente al sótano, para ayudar a su líder.

Al bajar, pudieron ver como su líder peleaba contra el extraño hombre en traje. Aunque intentaron ayudar, un Kabutops y un Scizor les cortaron el paso, impidiéndoles ayudar.

—Apártense de nuestro camino —dijo Saturn, enojado—. No dejaremos que dañen a nuestro jefe.

Aunque Saturn quería atacar, el grito de Cyrus le detuvo.

—¡Váyanse de aquí! —gritó Cyrus

—¡¿Pero qué dices? ¡Podemos pelear juntos! —exclamo Mars, preocupada.

—Esta pelea es mía, no suya —dijo de vuelta—. Necesito que permanezcan con vida.

—No te dejaremos solo, jefe —dijo Jupiter, enojada.

—No les estoy dando otra opción —el líder sacó a su Magnezone y su Probopass—. Ya saben qué hacer.

Preocupados, ambos pokémon se aceraron al trio y ejecutaron una poderosa Onda Truena que dejó completamente paralizados a los tres. Una vez desmayados, ambos pokémon subieron a sus cabezas a los tres y se los llevaron hacia afuera, a algún lugar donde estuvieran a salvo.

"Si no sobrevivo, necesito que ustedes detengan a este tipo" pensó Cyrus, viendo como sus camaradas se iban.

—Muy sentimental Cyrus, más de lo que deberías —el hombre de esmoquin comenzó a mofarse—. Sin embargo, acabas de eliminar tu única oportunidad de salir con vida.

—¿Qué? —preguntó, contrariado.

—¡Tyrantrum, usa Testarazo contra Honchkrow! —gritó— ¡Tyranitar, usa Roca Afilada contra Gyarados!

El pokémon fósil arremetió con brutalidad contra Honchkrow, golpeándole contra la pared de manera tan brutal que hizo temblar todo el techo. A su vez, las poderosas rocas de Tyranitar lograron infligir grandes daños contra Gyarados, a la vez que debilitaron aún más la estructura en la que estaban. Fue entonces que Cyrus entendió cuál era el plan de su rival.

—¡¿Acaso estás loco?! —gritó Cyrus.

—Solo un poco, mi querido amigo.

Los dos guardias que habían recolectado la información se acercaron al líder, esperando instrucciones. Sin embargo, los dos hombres alcanzaron a ver como unas afiladas garras se lanzaban en contra de ellos.

Aquellas garras eran de Weavile, el cual estaba dispuesto a matar a esos dos hombres, sin embargo, aquella esperanza fue inútil cuando otro pokémon salió de las sombras y atacó primero a Weavile, dejándolo en el suelo. Con temor, Cyrus pudo ver como un Gallade había protegido a sus rivales y los escoltaba hasta donde se encontraba el verdadero enemigo.

—Tu astucia me sorprende de sobremanera, Cyrus —el hombre metió a Tyrantrum y a Tyranitar en sus pokébolas, mientras que sus secuaces resguardaban a su Kabutops y Scizor.

—Debía intentarlo —confesó, con sarcasmo—. Si derribas esto, morirás sepultado conmigo.

—En eso te equivocas —chasqueando los dedos, Gallade creo un campo de fuerza que los cubría—. El ultimo error que cometerás.

Fue entonces que sus aliados lanzaron seis dispositivos explosivos, los cuales inmediatamente estallaron en una increíble explosión. Seguido de eso, finalmente toda la casa se vino abajo (al menos las partes que no fueron destruidas con la explosión).

Cyrus trató de correr hacia un estante que estaba cerca de él, pero una roca logró golpearle directamente en la cara. Ni él ni sus Pokémon pudieron resguardarse con la repentina onda de choque que logró hacerlos sentir que su vida es escapaba.

Donde antes había una pacifica cabaña, ahora había una gigantesca bola de fuego y escombros que comenzaban a incendiar poco a poco el lugar. Aquello había sido completamente devastador.

De entre los escombros salió una esfera verde la cual mantenía a salvo al líder y a sus secuaces. La esfera se colocó en lejos de la explosión y se evaporó, momento en el cual los dos secuaces corrieron hacia donde estaba otro grupo de guardias. El hombre del traje, sin embargo, se quedó mirando la destrucción.

Contemplando las ruinas, el hombre suspiró de manera reflexiva y miró a la tímida luna que salía por el horizonte. Él no deseaba acabar con la vida de Cyrus, él podría ser un aliado valioso en su cruzada, pero su actitud dejaba ver que jamás colaboraría. Una verdadera lástima.

—Hay pecados que deben ser pagados, y creo que los tuyos ya fueron pagados —con una cara llena de calma, el hombre camino hasta donde estaban sus subordinados—. Eviten que el incendio se propague, no queremos llamar la atención —dijo el líder.

—¿Qué hacemos con los otros tres? —preguntó uno de los hombres.

—Búsquenlos y llévenlos a la base, pero con vida —haciendo énfasis en eso ultimo—. Siempre honro un acuerdo, además, estoy seguro de que nos pueden servir de algo.

[...]

24 de Mayo, Ruta 207

La luna sorprendió a Rose, la cual parecía haber perdido el sentido del tiempo entrenando a Ralts y capturando pokémon. La chica se la había pasado capturando todas las especies nuevas que encontraba y se las mandaba a Moon, sin embargo, no hubo respuesta alguna por parte de la profesora.

Siendo de noche, la peli rosa decidió descansar un momento antes de ir a la ciudad para ir a dormir. Aunque amaba salir a explorar, había algo en la penumbra de la noche que le impedía disfrutar de la calmada y pacifica ruta.

Sentada sobre una roca, y con la luz de la luna como única compañera (pues sus pokémon se encontraban descansando), la chica decidió mirar algunos videos de pokémon en su Pokedex para tratar de calmarse un poco, solo esperaba que sus pies dejaran de doler para salir lo más rápido posible hacia Ciudad Pirita.

—Tener un Quasire debe ser algo divertido —dijo con un tono ligeramente nervioso—, esa cara de tranquilidad es lo que necesito para olvidar en donde estoy.

Aunque Rose amaba estar en la noche por la Ciudad, estar en las rutas le transmitía más inseguridad. Además, el haber visto el reportaje del Team Right tampoco ayudaba mucho a su situación actual.

Fue entonces que recordó a Níquel, después de todo mañana se encontrarían finalmente. Aquello le tranquilizaba, pues era diferente estar en una ruta en la noche con un compañero. Poco sabia la chica lo que estaba por venir.

De un momento a otro, la pokédex comenzó a fallar lentamente, mostrando bastante estática en medio del simpático video del Quasire bailarín. Aquello asustó a Rose, la cual golpeó repetidamente su pokédex para ver si esta se componía, lo cual no pasó.

—Vamos, esto es lo único que me mantiene tranquila —dijo con un ligero tono de desesperación.

No hubo respuesta, simplemente la pokédex se apagó de manera abrupta, dejando a Rose iluminada simplemente con la luz de la luna. Aquello puso tan asustada a la entrenadora, que hizo que sus dos pokémon salieran de su recinto para que les hiciera compañía.

—P-perdón, no quiero estar sola —se disculpó.

Ambos pokémon entendieron el miedo de su entrenadora y decidieron ayudarla. Ralts se subió a su hombro para analizar cualquier peligro potencial, mientras que Buneary se acercó lo más que pudo para acompañarla.

Aunque sus pies aun dolieran un poco, Rose comenzó el camino hasta la ciudad, no quería estar ni un momento más en aquel lugar. Y aunque estaba con sus pokémon, el sonido del viento chocando con los pocos árboles que había y el sonido de algunos pokémon insecto nocturnos le hacían ponerse aún más asustada.

Ralts y Buneary no detectaron nada fuera de lo común, pero entendían que su entrenadora estuviera asustada. Buneary había estado con ella desde hacía mucho tiempo, por lo que eso no le sorprendía, mientras que Ralts podía sentir su miedo directamente. Rose no podía tener mejores pokémon.

Sin embargo, su miedo llegó a niveles extremos cuando escucho unos pasos que parecían acercarse a ella. La chica se quedó completamente paralizada, buscando fuerzas para poder voltear y ver quien se acercaba, pero fallando en el intento. Sin embargo, antes de que Ralts o Buneary pudiesen voltear, una voz se hizo presente.

—Oye, Rose —dijo una voz femenina.

—¡AHHH! —gritó la chica.

Sin darle tiempo a Ralts o Buneary para hacer algo, Rose gritó de manera despavorida y saltó hacia adelante, cayendo en el acto y tirando al pobre Ralts. Completamente asustada, la chica volteó para ver con quien se enfrentaba, encontrándose con una sorprendida Níquel.

—¡Níquel! —gritó, asustada.

—Oye, tranquila —Níquel parecía estar asustada por ese gritó—. Lamento haberte asustado.

—¡No vuelvas a hacer eso! —gritó de vuelta, levantándose de golpe.

—Perdón, es solo que te vi mientras iba a caminó a Ciudad Pirita y decidí que nuestra reunión podría adelantarse.

—¡No, tú querías asustarme! —dijo, enojada.

—Oye, tranquilízate —Níquel trató de acercarse—. Honestamente no sabía que te asustada tanto la noche, pero yo no trate de asustarte.

—P-pero, la falla en la pokédex y los pasos —Rose comenzaba a respirar más tranquilamente—. ¿No pudiste hablarme desde lejos?

—A diferencia de ti, no me gusta gritar, menos en medio de la nada —confesó, cruzándose de brazos—. ¿Falló tu pokédex?

—Tuvo interferencia y se apagó de la nada.

—¿La tienes cargada?

—¿Estas cosas se cargan?

Ante aquella pregunta, Níquel no pudo evitar darse una palmada en la cara. Podía entender que Rose no entendiera conceptos básicos de ciertos temas, pero que desconociera que la pokédex se carga era algo que le parecía bastante absurdo.

Luego de explicarle conceptos básicos de aparatos inalámbricos, Rose se sintió bastante apenada por un error tan obvio, al parecer su cabeza le gastó una mala broma con todo aquello.

—Sera mejor que vayamos a Ciudad Pirita, ahí podremos dormir y podre cargar la pokédex —propuso Rose.

—¿No te gustaría mejor acampar en el Monte Corona? —preguntó Níquel, con curiosidad.

—¡¿Acampar en una cueva?! —gritó— ¡Acaso estas demente!

—Ya te he dicho que dejes de gritar —dijo con molestia—. Además, no es tan malo, estaremos más cerca de Ciudad Corazón y será una autentica experiencia de viaje.

—P-pero ¿dormir en una cueva no suena como algo peligroso? —Rose parecía recia a intentar aquello—. Además, necesito cargar la pokédex.

—No si sabes donde acampar —dijo, confiada—. Y por la pokédex, bueno, tengo alguien que puede ayudar.

De inmediato, Rotom salió de su pokébola, sorprendiendo increíblemente a Rose, la cual nunca había visto un Rotom en persona. Fue entonces que Rotom lanzó un pequeño rayo de baja potencia a la pokédex que descansaba en el bolsillo de la chica, cargándolo al 100%.

—¿Como conseguiste un Rotom? —preguntó, sorprendida.

—De la Mansión Abandonada del Bosque Vetusto —dijo Níquel, metiendo a Rotom a su pokébola—, es una historia larga que te puedo contar en la cueva.

—P-pero —Rose aun parecía oponer un poco de resistencia, sin embargo, un pequeño pensamiento acerca de sus padres le hizo aceptar finalmente—. De acuerdo.

—¿Enserio? —se preguntó Níquel, ligeramente sorprendida de que Rose no se hiciera aún más del rogar—. Bueno, vamos hacia allá.

Aquella conducta le pareció bastante extraña, realmente pensaba que Rose terminaría negándose y se iría a Ciudad Pirita, pero aparentemente su fuerza de voluntad para con sus propias decisiones no era muy fuerte. Cosa extraña viniendo de alguien con la cual había peleado y le había ganado.

Sin embargo, no había tiempo para cuestionarse mucho aquello, pues estaban a punto de dar las doce y el sueño comenzaría rápidamente a hacerse presente en ambas entrenadoras. La entrada al Monte Corona estaba a menos de quinientos metros, por lo que ambas podrían hablar un poco.

Rose le platicó como había logrado vencer a Roark y de cómo capturó a Ralts. Níquel quedó bastante sorprendida del combate que tuvo su "compañera" contra el líder de tipo roca, después de todo esa experiencia le podría servir para cuando ella peleara contra el líder.

Níquel se limitó a hablar de lo más básico sobre su pelea contra Gardenia, no mencionando su pequeño incidente justo al final. También le platicó sobre como capturó a Rotom, lo cual dejo a Rose todavía más sorprendida. Era obvio que Rose no consideraba que Níquel fuera una chica tan ruda, o al menos que se metiera en tantos problemas.

Luego de comentar sus experiencias (siendo Níquel la que más omitió algunas), ambas finalmente llegaron al Monte Corona. La entrada al enigmático monte se lograba gracias a un gigantesco hueco por el cual cruzaba una carretera, aquella pequeña estaba bastante iluminada, por lo que Rose se sintió bastante más tranquila al estar en aquel ambiente, aunque la ausencia de automóviles le incomodaba un poco.

—¿Como piensas que dormiremos en medio de la carretera? —preguntó Rose, arqueando la ceja.

—No lo haremos, buscaremos un buen lugar por las grutas —respondió Níquel, caminando sobre el asfalto.

La carretera era lo suficientemente larga como para que ambas no pudieses ver el final de esta, aunque cuando había caminado por casi cinco minutos. Sin embargo, justo cuando Rose podía ver lo que parecía ser la salida de la carretera, Níquel le tocó el hombro y le indicó que fueran por una abertura bastante grande que había en la pared de la montaña.

Dentro de la abertura se encontraron con un pequeño camino, no demasiado angosto, que daba a una cámara bastante grande y humedad, la cual tenía un pequeño charco de agua bastante clara. Donde ahí donde ambas pudieron sentir un gran calor que les hizo quitarse las bufandas.

—Creo que dormiremos por aquí —comentó Níquel, dejando su mochila con sumo cuidado en el piso.

—¿Crees que sea un buen lugar? —preguntó Rose, un poco temerosa.

—Por supuesto —respondió, sacando de su mochila un pequeño aparato—. He dormido en peores lugares que este, créeme —la chica activó el pequeño dispositivo lanzándolo al suelo, al tocar el suelo, el dispositivo hizo aparecer una perfecta bolsa para dormir de color azul—. Si, esto es lo que yo llamó viajar con Níquel.

Aquella última frase hizo que Rose comenzara a analizar todo. La repentina invitación de Níquel, la insistencia en ir a dormir al Monte Corona y la sorpresa de Níquel cuando Rose aceptó era parte de un plan, un plan que parecía tener como objetivo el hacer que Rose decidiera no viajar más con Níquel.

No podía negar que lo estaba logrando, sin embargo, su deseó por seguir el mismo camino que sus padres era mucho más grande, por lo que simplemente sonrió de manera picara, alzando la voz.

—¡Me parece divertidísimo! —gritó a viva voz, asustando a Níquel—. Es muy genial viajar contigo.

—Te dije que no gritaras —dijo en forma de regaño.

—Oh cierto, lo lamento —dijo, fingiendo estar apenada—. Igual, quiero que sepas que estoy realmente encantada de estar viajando contigo, es muy divertido esto de acampar en una cueva.

Mientras Rose sacaba otro dispositivo para sacar su bolsa de dormir compacta, Níquel suspiró de manera molesta. La habían descubierto, su plan para quitarse a Rose de encima no tendría mucho futuro.

Sin embargo, Níquel se preguntó el porqué esa chica se empeñaba tanto en estar con ella. ¿Realmente necesitaba tanto hacerse amiga de la hija adoptada de los mejores amigos de su padre? ¿cuál era la razón?, esas preguntabas abordaban la mente de Níquel mientras veía como Rose se ocultaba tras una roca para ponerse su piyama.

Níquel hizo lo mismo, sin embargo, cuando se quitó la camiseta, pudo ver algo extraño justo en la pared que estaba frente a ella. En el suelo había un pequeño pañuelo rojo, el cual estaba bastante limpio a pesar del lugar donde se encontraba. Fue entonces que supo que no estaban solas en ese lugar.

—Rose… —dijo Níquel, un poco asustada.

—¿Qué ocurre compañera? —preguntó en tono burlón.

—Debemos salir de…

Justo antes de poder ponerse de nuevo su camiseta, la chica miró con terror como un Salamance parecía husmear entre sus cosas. La chica rápidamente se ocultó tras la roca y se quedó ligeramente paralizada al ver al pokémon husmeando en su mochila. No tenía sus pokémon consigo, por lo que solo podía esperar que su compañera trajera algún pokémon consigo.

—Rose… tienes a Buneary o a Ralts contigo —dijo Níquel en voz baja, sin moverse de lugar.

—No, pero puedo mostrártelos en cuanto termine de ponerme mi pijama, es difícil vestirse sin ensuciarse —dijo Rose.

Ante la potente voz de Rose, Salamance se vio atraído y se acercó a la roca donde se ocultaba Rose. Sin pensarlo dos veces, Níquel se arrojó hacia su cinturón para poder tomar las pokébolas de sus pokémon.

—¡Rose, cuidado! —gritó Níquel, liberando a sus pokémon.

—Cuidado de… —luego de ponerse su camisa rosada, Rose volteó y pudo ver al Salamance—. ¡Ahh!

Rose gritó tan fuerte que asustó a Salamance, el cual parecía estar a punto de atacar. Sin embargo, una poderosa Bola Sombra y un Rayo lograron llamar la atención del pokémon. Dándole tiempo a Rose para poder correr hasta su cinturón.

Salamance se elevó un poco y atacó con un poderoso Pulso Dragón el cual dejó fuera de combate a Shuppet, pero Rotom logró esquivarlo. Fue entonces que Rose logró liberar a sus pokémon.

—¡Si es uno de tus planes, no es divertido! —gritó Rose, asustada.

—¡No lo es! —dijo Níquel, también asustada al ver a su compañero ser herido de un golpe—. ¡Tom, usa Rayo una vez más!

—Ral, usa Confusión, Bunny, usa Rapidez! —ordenó Rose.

Los tres pokémon ejecutaron sus ataques, los cuales dieron en el blanco debido a que Salamance tenía poco espacio para moverse. Sin embargo, aquellos ataques no parecían afectarle, por lo que rápidamente el pokémon atacó con un poderoso Pulso Dragón, pero este no hirió a ninguno.

Aprovechando la distracción, Níquel corrió hacia donde se encontraba Shuppet para poder ayudarlo, el pokémon estaba completamente fuera de combate, pero se encontraba bien.

—¡Níquel, cuidado! —gritó Rose.

Cuando volteó, pudo ver como Salamance estaba a punto de atacarla con un poderoso Garra Dragón. Para evitar más daño, la chica protegió a su pokémon y le dio la espalda a Salamance, intentado amortiguar el golpe. No fue necesario ese pequeño sacrificio, ya que Ralts se lanzó al ataque de Salamance con un poderoso Cabezazo Zen. Aunque no logró hacerle mucho daño, si logró cancelar el ataque. Cuando Níquel miró, pudo ver al pequeño Ralts en el suelo.

—G-gracias —dijo Níquel con sinceridad.

—¿Cuándo aprendiste ese movimiento? —preguntó Rose, confundida.

Ralts simplemente sonrió de manera picara, parecía ser algo que había aprendido a espaldas de Rose. Sin embargo, la alegría terminaría pronto cuando Salamance volvía al ataque contra el pequeño Ralts, usando una poderosa Garra Dragón.

Aunque nadie pudo reaccionar, Ralts pudo sujetar la garra de Salamance sin problema alguno, con sorpresa, Níquel y Rose vieron como Ralts ni parecía inmutarse contra el ataque. La sorpresa fue mayor cuando un aura blanca cubrió por completo a Ralts.

—¿Acaso esta...?

—Evolucionando —completó Rose la frase de Níquel.

Fue entonces que la figura de Ralts se iluminó tanto que obligó a Níquel y Rose a cerrar los ojos. Cuando los volvieron a abrir, pudieron que el que sujetaba la garra de Salamance ahora era un Kirlia. Cosa que dejó impactada a Níquel y sorprendida a Rose.

Sin perder el tiempo, Kirlia se acercó un poco más a Salamance y le dio un beso en la pata, aquel beso logró lanzar al pokémon contra la pared, a la vez que una esfera de energía salía de su cuerpo y se unía a Kirlia.

—Beso Drenaje —comentó Rose—. Bien hecho, Ral… Kir.

Sin embargo, que Ralts tuviese ventaja de tipo y hubiese evolucionado no aseguraba para nada la victoria, pues Salamance aún tenía un poderoso movimiento que usar contra Kirlia.

Sin perder el tiempo, el pokémon comenzó a rodearse de energía y atacó con toda la potencia que pudo a Kirlia con un poderoso Giga Impacto. Sin embargo, devolviéndole el favor por salvar a su entrenadora, Rotom empujó a Kirlia y se dejó golpear directamente por Salamance, y al ser tipo fantasma, Salamance simplemente atravesó a Rotom e impacto fuertemente contra el techo.

Aquello generó un pequeño movimiento violento dentro de la cámara, un movimiento lo suficientemente fuerte como para dejar caer una roca sobre una de las alas de Salamance, impidiéndole moverse a su libertad.

—Es nuestra oportunidad —gritó Níquel mientras iba hacia su mochila—. Tomemos nuestras cosas y vayámonos de aquí.

—Si —Rose aceptó y comenzó a tomar sus cosas, sin embargo, al ver a Salamance atorado le hizo detenerse—. Pero y ¿Salamance?

—¡Qué importa ahora! —gritó Níquel, terminando de tomar su cosa—. Es de algún entrenador que no nos quiere aquí, además es un pokémon bastante agresivo.

—Pero, creo que está lo suficientemente débil, y necesita ayuda —comentó Rose, acercándose al pokémon junto a su Buneary.

—¡Acaba de atacarnos hace apenas segundos! —dijo Níquel, enojada—. Que su entrenador lo ayude, nosotras…

Antes de poder terminar, Rose se acercó al ala de pokémon y, con ayuda de Buneary, ambos lograron quitarle a Salamance aquella roca. Con aquello, Rose pensó que hacia lo correcto y tal vez Salamance no estaría tan enojado. Sin embargo, ocurrió todo lo contrario cuando un poderoso fuego azul se formó en la boca de Salamance.

—¡Cuidado! —gritó Níquel, tratando de salvarla.

Salamance lanzó un poderoso Lanzallamas contra la chica, pero su Buneary logró tirarla al suelo para que ella evitara el ataque. Para la mala fortuna del pokémon, esta recibió todo el poder del golpe de manera directa, estrellándola contra la pared, completamente debilitada.

—¡Bunny! —gritó Rose, completamente asustada.

—Maldita sea —maldijo Níquel, molesta—. ¡Tom, usa Onda Trueno!

De inmediato, el pokémon fantasma lanzó unos rayos que lograron paralizar a Salamance, pero el pokémon aún tenía ganas de seguir peleando. Sin perder el tiempo, Níquel se puso su mochila y metió a Rotom y a su debilitado Shuppet a sus pokébolas.

Mientras eso pasaba, Rose tomaba de manera completamente horrorizada como su pokémon yacía en el suelo completamente desmayada y con algunas quemaduras. El llanto comenzó a salir de sus ojos, pero Níquel rápidamente le tomó de la mano.

—Debemos irnos ya —dijo, completamente agitada.

—Yo… —Rose aún seguía en shock.

—¡Ahora! —gritó Níquel.

De un jalón brusco, Rose entró en razón y metió a sus pokémon en sus pokébolas. Luego de eso, ambas chicas comenzaron a correr de la manera más rápida que podían. Níquel estaba completamente desesperada y asustada al oír los incesantes gritos de rabia del pokémon dragón, mientras que Rose aún seguía en shock por lo que había experimentado.

Cuando finalmente salieron de la cueva, ambas comenzaron a correr hacia la ruta 208, la adrenalina que había en sus cuerpos les impedía darse cuenta de que iban hacia la salida más larga.

Para empeorar las cosas, una gran explosión pudo escucharse detrás de ellas. Cuando Níquel volteó, pudo ver que Salamance había logrado salir de la cámara usando Pulso Dragón, y ahora se dirigía hacia ellas de manera ligeramente lenta debido a la parálisis.

El miedo se apoderó de sus cuerpos mientras que el poderoso Salamance trataba de atacarlas con su Lanzallamas. Ambas corrían sin parar, y aunque el cansancio se hizo presente más rápidamente en Níquel que en Rose, la adrenalina en su cuerpo le impedía para por un instante, su vida dependía de ello.

Luego de una extenuante persecución, finalmente ambas lograron salir del monte y corrieron hasta una gran piedra cercana para poder ocultarse del pokémon. El dragón salió de la cueva y comenzó a buscar a las chicas por todas partes, pero no las encontró. Frustrado, el pokémon emitió un poderoso rugido que asustó aún más a Níquel. Finalmente, el pokémon comenzó a caminar de vuelta hacia la cueva.

Al ver que el pokémon se había ido, Níquel se resbaló lentamente para sentarse en el suelo, estaba completamente agitada y exhausta, hacía mucho tiempo que no había corrido de esa manera. Luego de frotarse la cara lentamente para quitarse el sudor, la chica dio un fuerte puñetazo contra la roca con la cual se escondía.

—¡Arceus santo, eres una completa estúpida! —gritó, enojada— ¡En que maldita sea estabas pensado, pudimos haber muerto por tu estupidez!

Níquel estaba realmente furiosa, la chica que estaba a su lado estuvo a punto de matarlas a ambas por cometer una estúpida idea. El solo pensar en aquello le hacía hervir la sangre.

—Yo… —Rose parecía querer articular una palabra.

—¡Salamance es un pokémon demasiado peligroso y territorial, no lo convencerías de dejar de atacar con tu estúpido acto! —ella estaba dispuesta a sacar toda la rabia que le quemaba por dentro— ¡Son más peligrosos que los Garchomp, pero a ti te importó un bledo!

Por parte de Rose no hubo una sola palabra, la chica seguía en shock por lo ocurrido, en especial por su Buneary. Realmente pensaba que ayudar a Salamance sería la mejor forma de apaciguarlo, después de todo su padre alguna vez le había contado que había calmado a un grupo de Shinx ayudando a su líder.

—¡Es por eso que no quiero tener compañeros! —dijo, llena de odio— ¡No quiero lidiar con compañeros inútiles que tengo que salvar de su propia estupidez!

Aquellas palabras lograron penetrar el shockeado corazón de Rose, haciéndole derramar una pequeña lagrima. Las palabras de Níquel eran demasiado crueles para la chica, cosa que potencíalizo el dolor en Rose a niveles que le hicieron simplemente tirarse a llorar.

Ante aquello, aquella maldita sensación de empata se activó en Níquel, haciendo que esta se arrodillara por el profundo dolor que sintió en su pecho. Ademas, el sentimiento de ira comenzó a luchar contra el sentimiento de tristeza que la chica sentía al ver a Rose. Aquellas emociones parecían desgarrarla por dentro, privándole del oxígeno.

—¡Ahhh! —soltó un fuerte gritó, para después golpear con fuerza el suelo—. Estoy harta de esto —buscando toda la fuerza que le quedaba, la chica se levantó y miró a una Rose completamente destrozada, llorando—. ¡Para de hacer eso!

Su grito no fue escuchado, Rose estaba demasiado en su mundo como para atender a las peticiones de Níquel. Por su lado, la chica de ojos cían aún sentía esa maldita sensación que le quemaba por dentro, sin embargo, pensó que si se alejaba, la sensación desaparecería.

—Ciudad Corazón está a dos horas de aquí, y no pienso quedarme aquí a mirar como una niña llorona se lamenta por creer que el mundo pokémon no tiene riesgos —comentó Níquel, tratando de soportar la presión en el pecho—. Ahí te quedas.

Níquel se puso su camiseta y comenzó a caminar lentamente por la enorme carretera que llevaba a Ciudad Corazón, el caminó seria largo, pero la chica no estaba dispuesta a quedarse a descansar con Rose y hacer que su sensación empeorara.

Sin embargo, luego de unos cuantos pasos, la chica sintió como la presión disminuyó de golpe, momento en el cual volteó y miró a Rose, la cual parecía haber dejado de llorar. La pelirosada la miraba con una cara sombría, para después pronunciar una palabra.

—Fue tu idea entrar ahí.

Aquellas palabras resonaron en la cabeza de Níquel, unas palabras que le hicieron sentir culpa. Ella no respondió, simplemente se dio la vuelta y siguió caminando hacia Ciudad Corazón, dejando a Rose en el suelo.

En su cabeza, nació una idea que se negaba a reconocer. Tal vez aquel accidente había sido su culpa.

[…]

25 de mayo, Ciudad Corazón

Níquel tardó las justas dos horas que predijo. Inmediatamente al llegar a Ciudad Corazón, la chica fue hasta el Centro Pokémon de la ciudad para que curaran a su Shuppet. Para su fortuna, los Centro Pokémon operaban las veinticuatro horas, por lo que pudo ingresar a su Shuppet con éxito.

Shuppet había recibidos bastantes heridas por un simple ataque, pero se pondría bien después de estar un poco es observación, después de todo era la primera vez que recibía un ataque tan poderoso.

La enfermera le ofreció a Níquel una habitación para poder dormir en el Centro Pokémon, además de que en la mañana podrían atender sus propias heridas causadas por su pelea con Salamance. La chica aceptó sin problemas, la verdad deseaba descansar un poco después de un día tan agitado, al final había descubierto que los viajes pokémon no eran tan divertidos como muchos contaban.

Justo antes de ir a la habitación donde dormiría, pudo escuchar la voz de Rose entrando al centro. Aunque el sentimiento de culpa comenzaba a nacer en ella, decidió simplemente ignorarle.

[—]

A la mañana siguiente, Níquel despertó con un dolor en su hombro, justo donde tenía su herida cuya procedencia desconocía. Se asustó un poco al sentir aquel dolor punzante, por lo que inmediatamente se levantó, acomodo la pequeña habitación blanca donde durmió y fue hasta donde se encontraba la enfermera del Centro Pokémon, la cual la guio hasta el consultorio de una doctora.

Luego de entrar al consultorio de la doctora, Níquel inmediatamente se quitó la camisa y le mostró a la doctora su extraña cicatriz, la cual sorprendió bastante a la doctora.

Luego de eso, Níquel le contó acerca de los extraños ataques que había estado experimentado, todo esto mientras la doctora analizaba su curiosa herida y anotaba cosas en su libreta.

—Lo que me cuentas encaja perfectamente con ataques de ansiedad —dijo la doctora, terminando de ver la herida de Níquel.

—¿Ataques? ¿Pero por qué? —preguntó la chica, extrañada.

—Hay muchos factores, el más común es el estrés —la doctora comenzó a escribir en su libreta—. A parte del ataque en el gimnasio, ¿has experimentado algún ataque en otro lado?

—No, esto y mi extraña condición de "ultra-empatía" las he padecido desde que comencé a viajar —confesó Níquel, recordando algún otro momento.

—¿Ya le pusiste nombre? Debo admitir que es bastante ingenioso —la doctora rio de manera calmada—. Bueno, creo que tus problemas están más relacionados con tu mente.

—¿Enfermedad mental? —preguntó, ligeramente asustada.

—O algún desorden, a decir verdad, no estoy segura del todo, pero creo que hay algo en tu mente que hace que tengas todos estos problemas —la doctora se acercó a su escritorio y comenzó a escribir una receta.

—¿Y la herida en mi brazo? —Níquel comenzó a ponerse su camisa.

—Lo más seguro es que sea psicosomático —confesó la doctora, arrancando la receta—. Lo que sea que tengas en tu mente está afectando a tu cuerpo de manera directa, por lo que lo mejor será que vayas con un psiquiatra.

Con miedo, Níquel tomó la receta que la doctora le dio. Honestamente no esperaba en lo más mínimo que su condición fuera una enfermedad mental. Tenía miedo, miedo que aquello pudiese agravarse y ponerla peor en el futuro.

—Te daré un frasco de IRSN para cuando vuelvas a sentir otro ataque —la doctora vio que la chica estaba un poco asustada—. No te preocupes, no parece que sea demasiado grave, solo necesitas ver a un psiquiatra, te anotare el nombre de una amiga psiquiatra que vive en Ciudad Rocavelo y...

—¿El IRSN son drogas? —preguntó Níquel, mirando su receta e interrumpiendo a la doctora.

—Bueno, mas vez son inhibidores de serotonina y norepinefrina —confesó la doctora—. Te ayudaran a sentirte mejor, son una especie de…

—Antidepresivos —dijo Níquel, volteando a ver a la doctora con una cara completamente asustada—. Siendo honesta, nunca creí que llegaría a este punto tan lamentable.

Al escuchar aquella voz tan asustada, la doctora se acercó a Níquel y le tocó el hombro.

—No tienes que asustarte, dudo que sea algo tan grave —la voz de la doctora era calmada y algo esperanzadora—. Solo ve al psiquiatra cuanto antes, ¿vale?

—De acuerdo.

Sin decir una sola palabra, Níquel comenzó a caminar de manera calmada hacia la salida del consultorio, dejando a la doctora un poco triste de como la chica parecía aceptar su extraña condición.

Antes de salir, Níquel miró a la doctora una vez más.

—Disculpe, los que tengo podría cambiar mi actitud —preguntó, buscando una especie de consuelo.

—Bueno, honestamente es poco probable que se produzcan cambios de humor, pero podría darse la remota posibilidad de que si —confesó, un poco extrañada.

—De acuerdo, gracias doctora —y sin decir una sola palabra más, Níquel se fue.

[—]

El camino de Rose fue muy parecido al de Níquel. Después de haber llorado por diez minutos, la chica corrió lo más que pudo para llegar a Ciudad Corazón para curar a su pokémon.

Una vez ahí, la chica le entregó su pokémon a la enfermera, la cual le dijo que cuidaría muy bien de su amiga. Luego de eso, la enfermera le ofreció también una habitación para poder dormir.

Cuando Rose se tiró en la cama, la chica comenzó a sollozar en silencio. En su mente no dejaba de culparse por lo ocurrido con Salamance y Buneary. Níquel había tenido razón, ayudar a ese pokémon había sido una mala idea.

Sin embargo, sus intenciones eran buenas, después de todo solo había actuado como sus padres le habían dicho, siempre tratando de buscar una solución pacífica ante los problemas. Sin embargo, esta vez parecía que aquellos consejos y anécdotas no habían servido de mucho.

Y eso aplicaba para Níquel en sí. Si no le hubiese visto, si no le hubiese hecho caso de ir a dormir al Monte Corona, tal vez su Buneary no tendría que ser curada por un ataque tan poderoso. Sin embargo, aquel pensamiento no era tan fuerte, pues la chica solo lloraba por la condición de su compañera.

Fue en ese momento que recordó a sus padres, recordando que cuando ella era más pequeña, sus padres siempre estaban con ella cuando lloraba fuertemente. Sin embargo, ahora no había nadie, solo su Kirlia tratando de calmarla.

Quiso llamarles, pero la hora que era indicaba que seguramente estarían dormidos. No quería despertarlos, pero realmente los necesitaba a su lado. Por primera vez, Rose se dio cuenta que este viaje no sería todo miel sobre hojuelas.

A la mañana siguiente, Rose bajó a ver como se encontraba su Buneary, la enfermera le comentó que estaba bien, pero debía mantenerse en observación hasta el día de mañana. Aceptando aquello, la chica salió para buscar la cafetería más cercana y comer algo. Su Kirlia la acompañó, y aunque tenía mucha hambre, aún seguía preocupado por su entrenadora.

Una vez en una pequeña cafetería, Rose ordenó unos panqueques para Kirlia y para ella. Aunque Kirlia comió todo su plato, Rose solo alcanzó a comer uno, la tristeza que inundaba su corazón aún era muy fuerte. Fue entonces que decidió llamar a sus padres por videollamada.

—¡Rose, amor, que alegría verte! —contestó Maylene con una gran sonrisa, al igual que Pearl que estaba justo detrás. Sin embargo, su sonrisa de desvaneció al ver el tono tan decaído de su hija— ¿Que ocurre?

Rose les contó todo lo que había ocurrido con Níquel desde que la encontró en la ruta 207 y como ella le había gritado de aquella forma tan cruel. Al escuchar aquello, ambos se molestaron demasiado con la hija de sus mejores amigos. Y aunque Pearl sabía que Níquel era una chica especial, el ver a su propia hija llorando por ella le hacía hervir la sangre.

—¿Dónde se encuentra esa mocosa? Iré inmediatamente a patearle el trasero personalmente —amenazó Maylene, completamente enojada.

—Yo, no se —respondió Rose, triste—, yo solo quería que fuéramos amigas, pensé que siendo holders podríamos ser compañeras.

—Níquel es una chica complicada, Diamond ya me lo había dicho —comentó Pearl, ocultando un poco su enojo.

—Eso no justifica que le dijera eso a Rose —Maylene no ocultaba su enojo—. Platinum cometió un error en adoptarla.

—¿R-realmente creen que soy una acompañante inútil? —preguntó Rose, con lágrimas en los ojos.

Al verla, sus padres eliminaron todos sus pensamientos de odio a unos de tristeza. Maylene se acercó a la cámara de su pokéreloj y le habló a su hija de la forma más maternal que pudo.

—Cariño, claro que no, eres la mejor compañera que cualquier entrenador podría tener —Maylene deseaba estar en ese momento con su hija y abrazarla—. Que nadie te convenza de lo contrario. Eres una entrenadora de gran corazón y muy fuerte, nunca lo olvides.

—P-pero, ese Salamance…

—Todos cometemos errores, Rose —Pearl le interrumpió—. Tu acción fue muy noble, y aunque no haya funcionado esta vez, estoy seguro de que ese Salamance recordara esa acción tarde o temprano —el rubio también tenía el deseó de estar con ella—. Níquel es muy temperamental, simplemente actuó sin pensar, estoy seguro de que ella siente lo ocurrido.

—¿De verdad lo crees? —preguntaron Maylene y Rose al unisonó.

—Bueno, aunque sea adoptada, recuerden que Diamond la crio un poco —sin querer, el odio de Pearl se convirtió en esperanza—. Solo dale su espacio si realmente necesita estar sola, es lo mejor para las dos, ¿ok?

—D-de acuerdo —la chica se limpió las lágrimas—. Gracias a ambos, los amo.

—Nosotros también te amamos, cariño —dijo Maylene, entendiendo a su marido—. No te desanimes, sabes que estamos contigo para lo que necesites, eso incluye cuando chicas mentecatas te hagan llorar, nada más eso nos faltaba.

Ante aquello los tres comenzaron a reír tiernamente, para después despedirse con una sonrisa. Rose admitió que sus padres siempre le hacían sentirse bien desde que tenía memoria. Con una sonrisa, la chica siguió comiendo sus panqueques hasta que sintió que una mujer alta y de ropas negras le tocaba el hombro.

—Tienes muy buenos padres en realidad, Rose —dijo la mujer de exuberante pelo rubio.

[—]

Luego obtener los antidepresivos que la doctora le recetó, Níquel se sentó en uno de los sillones del Centro Pokémon. Moviendo el frasco blanco, Níquel comenzó a replantearse los últimos acontecimientos.

No podía negarlo, la idea de tener una enfermedad mental le aterraba de sobremanera, más aún por lo que había vivido hace mucho tiempo. El saber que en un futuro podría terminar autodestruyéndose y destruyendo a sus seres queridos le hacía temblar. Rechazaba la idea, tal vez la psiquiatra le diría que solo estaba pasando por algo más común, ¿no? Podría ser la pubertad ¿no?

En medio de todo ese pensamiento recordó a Rose y aquellas últimas palabras que ella le había dicho. Aunque le costara reconocerlo, ella se había pasado un poco. Sin embargo, la chica se justificaba a sí misma, después de todo había sido Rose la que empeoró el problema.

A pesar de eso, el peso de la culpa que ella se negaba a aceptar le golpeaba por dentro. No se sentía bien, y aunque tratara de usar la lógica, sus emociones parecían ir en la dirección incorrecta (al menos eso es lo que Níquel creía).

Fue esa sensación contradictoria la que le hizo llamar a casa, buscando el consejo del hombre en el que más confiaba en ese momento; Diamond. Luego de unos segundos, Diamond finalmente contestó.

—Níquel, buenos días —Diamond esbozó una sonrisa gratificante—. ¿Qué tal tu mañana?

—Bien, Diamond, bien —respondió Níquel, sin mucho ánimo—. ¿Esta Platinum en casa?

—No, salió a trabajar —Diamond se percató de inmediato del ánimo de su niña—. ¿Por qué estas de caída?

—B-bueno, tuve algunos problemas.

Sin perder tiempo, Níquel le explicó lo que había ocurrido desde que se encontró con Rose hasta el momento en el que se sentó a llamarlo. Aquello asustó de sobremanera a Diamond, el cual estaba visiblemente preocupado por la salud de Níquel.

—¿Enfermedad mental? —preguntó Diamond al escuchar el diagnostico.

—Eso parece, pero no estaré segura hasta ir con la psiquiatra de Ciudad Rocavelo —dijo Níquel, con un suspiró.

—Por tu expresión diría que si iras, ¿no es así?

—En cuanto termine de vencer a Fantina —Níquel notó la cara de sorpresa de Diamond—. ¿Qué ocurre?

—Nada, es solo que esperaba que dijeras que no —Diamond miró a Níquel de una forma en la que la chica se sintió en confianza—. ¿Quieres que este contigo cuando vayas allí? Se nota que te preocupa mucho.

—No, gracias Diamond —dijo Níquel, sonriendo levemente—. Solo quisiera que me ayudaras con la chica esa, Rose.

Diamond conocía bastante bien a Níquel, más de lo que a Níquel le gustaría. Es por ello que el hombre comprendió de inmediato que aquello parecía afectar demasiado a Níquel.

—Bueno, entonces hiciste llorar a la hija de Pearl por decirle "acompañante inútil".

—Si, pero es que, si no hubiese hecho eso de ayudar a Salamance, su Buneary no hubiese salido lastimada y ambas no hubiéramos tenido que correr un riesgo innecesario —dijo, tratando de escudarse.

—¿Pero eso realmente justificaba que le dijeras así? —preguntó Diamond, arqueando la ceja—. Y si realmente fuese así, entonces ¿por qué te sientes culpable?

—Bueno, tal vez porque tú me has metido muchas cosas sentimentales a la cabeza —fingiendo un tono sarcástico, tratando de evitar el confrontarse a sí misma.

—Yo solo te he ayudado cuando me lo has pedido —el hombre se acercó un poco más a su pokéreloj—. Níquel, si realmente te sientes mal es porque en el interior sabes que hiciste mal.

—Pero, no tiene lógica alguna, fue toda su culpa.

—Supongo que ella tuvo la idea de ir a dormir a ir en primer lugar, ¿no? —Diamond parecía bastante serio—. El que te sientas mal es cuestión de lógica humana, de que sabes que hiciste mal.

Debía aceptarlo, después de todo por eso había llamado a Diamond, el experto en las emociones y su consejero desde que él la adoptó. Aunque le costó, finalmente aceptó que había sobrepasado los límites de manera injustificable.

—Supongo que le debo una disculpa —dijo, derrotada.

—Sera lo mejor que puedes hacer, Rose es una chica muy linda y lo entenderá, mientras sea una disculpa sincera —Diamond sonrió de manera sincera—. Además, deberías abrirte a la posibilidad de viajar acompañada, una aventura es mucho más divertida si vas con amigos.

—No prometo nada, pero intentare ser un poco amable con Rose —Níquel sonrió de vuelta, Diamond podía leer sinceridad en esa sonrisa—. Muchas gracias, Diamond.

—No tienes que agradecerme —Diamond estaba satisfecho de ayudar a su hija—. Supongo que no quieres que le diga a Platinum.

—Por favor, arruinaría mi récord —confesó con una risita—. Sobre el psiquiatra, me gustaría decirle por mí misma si es que encuentran algo mal.

—De acuerdo, cuídate mucho Níquel, te quiero.

—Yo también, salúdame a Platinum —dijo, finalizando la llamada.

Luego de colgar la llamada, Níquel no perdió el tiempo y comenzó la búsqueda de Rose. Sabía que la chica debía estar cerca del Centro Pokémon, por lo que le preguntó a la enfermera si había visto a una chica de pelo rosado que había traído una Buneary. La enfermera le indicó que había salido hace apenas unos minutos a comer, por lo que, raudo y veloz, Níquel salió del centro para buscar a su compañera Holder.

No tardó mucho en encontrarla comiendo junto a una extraña mujer de ropas negras y gafas negras. Rápidamente, Níquel entró al establecimiento para hablar directamente con Rose, pero antes de que pudiese decir una palabra, la mujer que estaba sentada se levantó y miró a Níquel con una expresión seria.

—Tú debes ser Níquel, ¿no? —preguntó la mujer.

—En efecto, pero solo quiero hablar con la chica que está sentada junto a usted, seño… —antes de poder decir una palabra más, la mujer se quitó las gafas que llevaba puestas, revelando su verdadera identidad—. ¡Cynthia!


"¿Alguien aun quiere a Níquel? :c"