¿Y si hago capitulos mensaules? (?)
Nah
Hola lectores y lectoras, aqui les traigo un nuevo capitulo.
La verdad me costó mucho hacer este episodio (mas de lo que esperaba), necesito mejorar mas al momento de escribir escenas de tranquilidad xD
Bueno, espero que les guste este episodio.
Enjoy :D
Entrada 13: Culpa
29 de mayo, Ruta 212
El extraño anciano tomó las enigmáticas cadenas rojas con sus manos, alzándola y admirándolas detenidamente como si aquello fuese una victoria, una gran e increíble victoria.
AquaCute y Rose se quedaron impactadas al verlas, más la agente de la interpol, la cual no tenía ni la más mínima idea de que el Team Age tuviese en su posesión tres de aquellos artefactos sagrados.
"¿Cómo demonios las consiguieron?" se preguntó a sí misma en su mente, tratando imaginar de qué lugar la habían conseguido.
Rose por su parte estaba bastante confusa y asustada. Aunque no sabía del todo que era la cadena roja, si estaba segura de la capacidad destructiva que tenía dicho artefacto, después de todo su padre se lo había comentado.
—Generadores eléctricos al noventa por ciento de su capacidad, Sir Impex —dijo uno de los miembros que monitoreaba en su ordenador el estado de los generadores.
—Perfecto, podremos empezar con las pruebas de inmediato —el hombre sonrió y le entregó las cadenas a dos miembros—. Condestable Mónica, ¿tendrá mi grabadora de casualidad?
La mujer asintió y sacó de su bolsillo una pequeña grabadora un poco maltratada.
—Aun no entiendo por qué usas ese viejo aparato —dijo la mujer, ligeramente molesta.
—Resulta indispensable dejar registros de todos nuestros experimentos —dijo el hombre, con una sonrisa, encendiendo la grabadora—. Veintinueve de mayo, cuatro horas y treinta minutos de la mañana, empezamos el experimento "TDPL" con el uso de tres cadenas rojas, los generadores Meltan están a un noventa por ciento de su capacidad máxima y no encontramos ningún inconveniente extra más allá de la aparición de la hija de la líder de gimnasio de Ciudad Rocavelo.
Mientras el hombre grabada los acontecimientos, los miembros del Team Age colocaron las tres cadenas rojas en los grandes engranajes que estaban en el escenario. Al colocarlos, unos focos rojos comenzaron a brillar, alertando sobre lo peligroso que sería estar en aquel escenario.
La agente tocó un botón de su máscara, un botón que comenzó a grabar todo lo que estaba ocurriendo para después llevarlo al departamento de sus superiores. Mientras tanto, Rose seguía algo aterrada y confusa al ver tan extraño espectáculo.
—Las simulaciones por computadora han arrojado resultados muy positivos cuando se somete a las cadenas una corriente eléctrica de cuarenta megavatios y se les hace girar a mil cuatrocientos cincuenta revoluciones por minuto, por lo que esta prueba debería obtener los mismos resultados —el hombre finalmente paró la grabación—. De acuerdo, enciéndanlo.
Los miembros encargados de mover los engranajes pusieron manos a la obra para empezar con aquel experimento.
Lo primero fue cargar las cadenas rojas con la energía necesaria, energía que fue tomada de los cuerpos de los numerosos Meltan encerrados en sus cúpulas. Al sentir la enorme demanda de energía, los pokémon comenzaron a emitir un fuerte chillido muy agudo que reflejaba que estaban sufriendo.
Esto preocupó a Rose, la cual deseaba hacer algo para que estos no sufrieran y dejaran de gritar. Sin embargo, la chica se vio sin la capacidad de moverse cuando la agente le apretó más fuerte la mano.
—Energía suministrada —dijo uno de los miembros—. Comenzando fase de aceleración.
Al recibir tal poder energético, las cadenas rojas comenzaron a brillar de manera tenue, como si de pequeños soles rojos se tratasen. Aunque la luz no era intensa, aunque si era lo suficientemente molesta como para que varios voltearán a otro lado, tratando de no dañarse los ojos. La agente pudo soportar el golpe gracias a su máscara, pero Rose si tuvo que apartar la mirada.
Los engranes comenzaron a moverse poco a poco, de manera lenta pero segura y girando a una velocidad mayor cada vez. Lentamente, los engranajes comenzaron a girar de manera muy agresiva, moviendo consigo las cadenas que tenían colgadas.
—¿Qué se supone que sigue? —preguntó Mónica, colocándose unos lentes negros para ver las cadenas.
—Necesitaremos esperar, la paciencia es una gran virtud —el hombre se acercó a su mesa y tomó un pequeño recipiente metálico—. Cuando las cadenas lleguen a la velocidad correcta, el resto será pan comido.
Gracias al gran ruido que había, Rose aprovechó y trató de hablar con la agente.
—¿Qué es lo que están haciendo? ¿Tratan de invocar a Dialga y Palkia? —susurró.
—No, el ritual de invocación para esas deidades es muy diferente al que uso Cyrus —susurró de vuelta—. Hay algo más, deben estar intentando traer otra cosa.
—Velocidad alcanzada —dijo el hombre en la computadora—. Energía mínima, no hay rastro de apertura dimensional.
—Solo debemos esperar —el anciano parecía bastante atentó a las cadenas—. No deberían tardar demasiado.
Las cadenas seguían girando endemoniadamente y brillando con la misma o mayor intensidad que antes, aquello desanimó bastante a Mónica, mientras que Impex se mantenía atento.
—Humm, parece que será otro fracaso para usted, igual que sus resultados de la clonación —la mujer parecía divertida al momento de burlarse.
—Condestable Mónica, le pediría amablemente que guarde sus comentarios para el final del experimento —el anciano se molestó—. Esto no tarda en…
—Concentración de energía en aumento, revoluciones constantes —interrumpieron—. Parecer ser qué…
Al escuchar aquello, Impex se quedó más atentó que nunca a las cadenas que giraban sin cesar y detenían poco a poco su inquietante y abrumador brillo.
—Apaguen los generadores, las cadenas son auto-sustentables —comentó el anciano, metiendo su mano dentro del extraño recipiente metálico—. Es hora de darles la bienvenida.
Dicho y hecho, el recluta apagó los generadores de electricidad, pero las cadenas se mantuvieron girando y con una concentración de energía cada vez mayor y mayor. Ante esto, Impex sacó su mano y reveló un extraño brazalete blanco que tenía una pantalla y una pequeña piedra roja en el centro.
—Energía crítica teórica alcanzada —informó—. Brecha espacio-temporal abriéndose.
Todo el mundo presente se quedó de boca abierta al escuchar aquello. De inmediato, las cadenas volvieron a su estado natural, girando de una manera tan rápida que parecían estar completamente estáticas en el aire.
Al concentrarse tanta energía, el espacio dentro de ellas se expandió rápidamente y, como si se tratase de vidrio, se rasgó. Aquellas rasgaduras aumentaron hasta que el espacio dentro de la cadena colapsó sobre sí mismo, generando tres inmensos portales.
—¡Eureka! —gritó el anciano, tomando rápidamente su grabadora—. El experimento funcionó, se han abierto las tres singularidades que habíamos predicho.
Rose y AquaCute se sorprendieron enormemente, tanto así que casi se estrellan contra una mesa que estaba justo detrás de ellas. Ante sus ojos había tres portales artificiales creados a partir de las cadenas rojas, tres portales creados por el Team Age.
—Que sorpresa, parece que lo has logrado —Mónica estaba muy sorprendida—. Pero le pido que me diga qué clase de pokémon traerá.
—He decidido que para este primer experimento traigamos tres antiguos e interesantes pokémon —dijo el anciano con una sonrisa.
De pronto, de los portales comenzaron a salir lentamente tres grandes sombras que dejaron en shock a todos los presentes, incluyendo a Rose y AquaCute. La temperatura comenzó a elevarse y disminuir a unos niveles absurdos, mientras que algunos rayos eléctricos comenzaron a aparecer por todos lados.
—Antaño fueron usadas por el Team Rocket sin ningún tipo de inteligencia, pero ahora servirán a un fin mayor —el hombre miró como la parte roja de su brazalete comenzó a brillar y entonces se giró—. ¡Contemplar la maravilla de Articuno, Zapdos y Moltres!
Ante todos los presentes, las tres poderosas aves aparecieron y gritaron al unísono, mostrando su magnificencia en toda su gloria y resplandor.
[…]
29 de mayo, Ruta 209
—¡Níquel! —un grito desesperado rompió el escalofriante silencio del bosque.
Diamond salió rápidamente del hospital y comenzó su misión de encontrar a su pequeña hija adoptiva. Junto a su leal Torterra, el hombre se habría paso entre los árboles, buscándola de manera angustiada. Ya llevaba bastantes horas buscándola, y aunque el cansancio era evidente, Diamond no se rendía en lo absoluto.
El hombre sabía perfectamente que Níquel no estaba en la condición física para estar sola en el bosque, menos sin ninguno de sus pokémon. A su vez, el hombre se culpaba así mismo por no haber previsto que ella escapara.
Su respiración estaba agitada y su corazón latía fuertemente, a la vez que una fuerte desesperación lo invadía. Sin embargo, el temor de verla atacada por algún pokémon salvaje le mantenía firme en su búsqueda. Para su fortuna, Cynthia había decidido ayudarlo, pero la mujer tampoco había tenido éxito en encontrar a la niña.
—¡Níquel! —gritó una vez más.
No hubo respuesta, solo el mismo silencio del bosque. El hombre miró su pokéreloj para ver si Níquel le había llamado, pero no había recibido ninguna llamada desde la última vez que habló con Cynthia.
Torterra bostezó ligeramente, cansado de estar despierto hasta aquellas horas de la madrugada. Diamond pudo sentir el cansancio de su pokémon, por lo que de inmediato sacó su pokébola.
—Me has ayudado bastante, puedes dormir un minuto si quieres, yo seguiré con mi búsqueda —dijo, ocultando levemente su preocupación.
Torterra desistió la idea, el ver a su entrenador tan preocupado le hizo seguir acompañándolo sin importar lo que pasase. Diamond simplemente sonrió y volvió a guardar su pokébola, conmovido por la determinación de su pokémon.
—Por Arceus, espero que se encuentre cerca de aquí —el hombre suspiró—. ¡Níquel, por favor, dime dónde estás!
Su ardua caminata continuó, sin resultado alguno. Aunque pareciera que hubiese explorado el bosque en su totalidad, Diamond no encontraba rastro alguno de su hija. Lo único que veía eran árboles, pasto y troncos caídos.
Antes de poder seguir, el hombre pudo ver algo extraño en el pasto. Centrando un poco su mirada, Diamond se percató que el pasto estaba manchado por sangre, sangre que formaba un camión que iba a un lugar.
—No… —dijo con voz atormentada.
Diamond comenzó a sudar frio, a la par que sentía que su corazón se detenía. Los brazos comenzaron a temblarle, a la par que sus piernas. Siguiendo el rastro con la mirada, se dio cuenta que llevaba hasta la Torre Espíritu.
—¡Níquel! —gritó.
Sin perder tiempo, Diamond comenzó a correr de manera desesperada, seguido rápidamente por su Torterra. Sin embargo, antes de seguir corriendo, una gran explosión pudo escucharse justo donde la torre se encontraba, a la par que la misma torre parecía inclinarse.
Con máxima desesperación, Diamond corrió con todas sus fuerzas hasta la Torre Perdida, esperando no encontrarse lo peor. Su pokémon intentó seguirle el paso, pero su entrenador era demasiado rápido, la desesperación le hacía correr a máxima velocidad.
Luego de cinco minutos de correr, Diamond encontró más de lo que buscaba.
A los pies de una torre destruida, varios pokémon cargaban los cuerpos de varias personas y pokémon. Typhlosion cargaba a Gold, Meganium a Crystal, Decidueye a Moon, Metang a Titan y Golurk a Harold.
Aquello lo dejó sorprendido, mas sorprendido aun cuando vio a Níquel y el Zangoose que la había rescatado, en manos de Dusknoir. Sin perder tiempo, el hombre se acercó al pokémon, el cual no se mostró hostil y le dejó tomar a la chica.
—¡¿Qué te han hecho, Níquel?! —preguntó entre lágrimas, sosteniendo la cabeza de la chica.
Tocando su cuello, el hombre suspiró aliviado al percatarse que estaba viva, pero el ver su bata de hospital manchada por algo de sangre le hizo preocuparse aún más.
—¡Por Arceus! —un gritó femenino se hizo presente.
Al voltear, Diamond se encontró con Cynthia, la cual había llegado rápidamente gracias a su Garchomp. La campeona se encontraba horrorizada al ver el aspecto tan deplorable en el que Moon y los demás se encontraban.
Rápidamente, la mujer se acercó y examinó todos los cuerpos, dándose cuenta que apenas y tenían pulso y respiraban.
—¿Cómo terminaron así? —preguntó, asustada.
—No lo sé —dijo Diamond, cargando entre sus brazos a Níquel—. Solo sé que debemos llevarlos al hospital, ahora —el hombre comenzó a caminar—. No tenemos tiempos que perder.
Antes de decir más, Golurk comenzó a moverse de manera lenta hacia el norte, guiando a todos los demás pokémon hacia el hospital más cercano. Entendiendo que Golurk debía ser el líder, Cynthia y Diamond comenzaron a seguirle, montándose ambos en Garchomp para poder llegar mucho más rápido.
Todos los demás pokémon comenzaron a correr rápidamente hasta el hospital, buscando salvar a sus entrenadores y a los otros pokémon heridos. Una inmensa caravana se abría paso entre el bosque, una caravana de salvación.
Mientras todos se movían rápidamente, Diamond miró a su hija. El verla en aquel estado hacia que se le encogiera el corazón, a la vez que una gran culpa parecía carcomerlo por dentro. Acariciando su cabello, el hombre dijo en voz baja.
—¿Quién te ha hecho esto?
[…]
29 de mayo, Pueblo Sosiego
Un fuerte rayo de sol logró golpear en la cara a Harold, despertándolo de su letargo. El muchacho abrió lentamente los ojos, ligeramente irritado por haber sido despertado.
Su cabeza le dolía y sus hombros estaban ligeramente adoloridos, además de experimentar un ligero mareo. Le tomó más de unos minutos dilucidar en qué lugar se encontraba.
Con algunas vendas, Harold estaba en el hospital. A su derecha se encontraba una pequeña mesita con una flor y un vaso de agua. Con lentitud, el chico tomó el vaso y bebió un poco, buscando eliminar la sed que tenía.
Cuando terminó de beber, el chico pudo ver a una mujer sentada al fondo de la habitación, ligeramente dormida. La mujer se encontraba junto a un gran hombre de aspecto fornido y con una máscara en su rostro, el cual parecía estar igual de dormido que la mujer.
—¿Mamá? ¿Papá? —dijo débilmente, mientras recuperaba fuerzas.
Aquellas palabras, aunque débiles, lograron despertar rápidamente a la pareja, los cuales se alegraron bastante de ver al chico despierto. De inmediato, ambos se acercaron para abrazarle.
—Gracias a Arceus que estas bien —dijo Fantina con una sonrisa y abrazando de manera fuerte a su hijo.
—Mamá, yo… —el chico ocultó su rostro en el hombro de su madre—. ¿Cómo están los demás?
El hombre se mordió el labio, intentando no relevar mayor información, mientras que su madre simplemente se apartó ligeramente y lo vio a los ojos.
—Lo importante es que estas a salvo, y los pusiste a salvo a ellos —dijo con una sonrisa ligeramente incomoda.
—Ciertamente, demostraste una gran valía allí abajo —dijo el hombre, con una pequeña sonrisa.
Harold hizo una mueca, recordando su batalla contra Spiritomb. No se sentía realmente digno de haber ganado aquello, no era la victoria que estaba esperando.
—No, no lo hice —dijo en voz baja—. Solo díganme si los demás están bien.
Fantina y Wake intercambiaron miradas, confabulando si el decirle la verdad al chico era una buena o una mala idea. Finalmente, Wake decidió contar la verdad.
—La profesora y los demás se encuentran un poco delicados, perdieron demasiadas energías y podrían tardar unos días en tan siquiera despertar, incluso semanas —el hombre tocó su barbilla—. En cuanto a la niña, parece que estará en terapia intensiva unos días, tiene algunas extrañas lecciones dentro del cuerpo.
Harold se quedó callado y miró hacia abajo, pensativo. En aquellos momentos el chico recordó la extraña escena que vivió junto a esa extraña faceta de Níquel. Esos ojos, esos malditos ojos rojos eran algo difícil de olvidar, o tan si quiera de digerir.
Antes de seguir pensando en ello, su madre tocó delicadamente su hombro, buscando aliviarlo un momento. Aquello le hizo alzar su mirada levemente hacia su progenitora.
—Lo bueno es que lograste traerlos con vida al hospital —Fantina parecía estar bastante orgullosa—. Fue una excelente decisión.
Harold solo suspiró. A pesar de haber cumplido el objetivo de salvarlos a todos, en el fondo sentía aquella victoria como algo vació, no había logrado llenar ese hueco que con tanto esmero buscaba llenar.
—Fue una simple casualidad —dijo, frustrado—. Pude ver la presencia de ese Spiritomb desde la dimensión fantasma, pensé que el derrotarlo me podría dar alguna satisfacción, pero... —apretando con fuerzas sus manos— Níquel volvió a aparecer, ella fue la que me dijo que hacer… esa victoria no era mía.
Fantina se quedó en silenció por un momento, mientras que Wake cerró los ojos y suspiró con lentitud, ligeramente decepcionado. Con rostro calmado, el hombre se acercó a su hijo.
—La victoria individual es igual que la victoria en equipo, hijo —el hombre se recargó en la pared—. Además, algunas veces la victoria no se encuentra únicamente en derrotar a tu oponente, el haber rescatado con vida a los demás es una gran victoria, más que cualquiera que hayas tenido en tus combates de gimnasio.
Harold se quedó en silencio, tratando de analizar lo que su padre le decía. Aunque tenía sentido y entendía que salvar a los demás era la prioridad en aquel momento, el chico no era capaz de sentir satisfacción real en ello, menos aun considerando que no estaban tan bien como cabría esperar. Había algo que le faltaba, un hueco que aun necesitaba llenar.
—No importa cuanto lo intentes, papá, mi hermano es demasiado necio —dijo una chica desde el umbral de la puerta.
La que interrumpió la escena fue la hermana de Harold, Gredia. La chica de enigmáticos ojos morados y pelo oscuro, entró de manera lenta a la habitación, mirando con una cara divertida a su hermano.
—Oh no, ya llegó la rechazada —dijo Harold con burla, mirando a su hermana.
—Tranquilo, junior —respondió con voz retadora.
Aquello sorprendió rápidamente a Harold. De inmediato, el chico miró a su madre, la cual simplemente se avergonzó ligeramente, mientras que su padre trató de aguantarse la risa.
—¡Le dijiste lo que paso en la batalla! —preguntó, enojado.
—¡Greda, no le digas así a tu hermano! —exclamó, tratando de evadir el tema.
—Él empezó —respondió—. Además, no tengo la culpa de que sea demasiado sensible.
—Dejare de ser sensible cuando tengas una…
—¡Suficiente! —gritó Fantina, deteniendo la pequeña discusión.
Aquel gritó fue lo suficientemente alto como para poder ser escuchado más allá de las cuatro paredes de la habitación. Y aunque evitó que ambos hermanos siguieran peleando, la mujer recibió una llamada de atención por parte de una de las enfermeras del lugar.
Apenada, Fantina se disculpó y rápidamente cerró la puerta de la habitación. Harold y Gredia se quedaron ligeramente incomodos, mientras que Wake simplemente se acercó a su esposa para intentar calmarle.
—Perdón, mamá —Gredia fue la primera en hablar—. No volveré a gritarle a mi hermano, al menos en este lugar.
—Eso espero —dijo Harold, ligeramente asustado.
Gredia miró a su hermano con una mirada enojada, cosa que el chico correspondió con una mirada igual. Al final Fantina simplemente se pegó en la frente, sus hijos no parecían tener más remedio.
—Bueno, creo que ya fue mucha discusión por el día de hoy —Wake se acercó a su hija—. ¿Por qué no le dices a tu hermano el motivo de estar aquí?
Gredia suspiró, derrotada. Con lentitud, la chica se acercó a su hermano.
—Me alegra que estés bien, y más me alegra ver hiciste algo bueno por otros y no por ti mismo —la chica sonrió de manera sincera—. Oye, no todos los días tienes la oportunidad de salvar a una profesora y a tres Pokédex Holders.
—Supongo que eso comprueba tu teoría, ¿no? —Harold rio levemente—. Como sea, lo único que quiero ahora es salir de aquí.
—El doctor nos comentó que pueden darte de alta mañana en la tarde, así que pronto estarás fuera de aquí, fanfarroneando como siempre —Gredia le dio la espalda, usando un tono burlesco.
Harold se quedó callado por un momento, pensando en que decir exactamente. En su cabeza se formó una idea, una idea a la cual le parecía factible.
—No lo creo —susurró—. Ya que no soy un aspirante a líder de gimnasio, creo que me vendrá bien emprender un viaje.
Aquello sorprendió a todos en la habitación. Aquella era una revelación que absolutamente nadie se esperaba, menos de una persona como Harold. Aunque su hermana lo miró con cara de incredulidad, en la cara de Fantina y Wake se formó una pequeña sonrisa.
[…]
Un pequeño auto de color negro entró de la manera más tranquila al estacionamiento del hospital. Cuando el auto se estacionó, una mujer vestida con gafas negras y sobrero del mismo color salió rápidamente y caminó lo más rápido que pudo hacia el hospital, vigilando que no hubiese nadie que la viera llegar.
Abrieron de par en par las puertas de la entrada, la mujer se abalanzó rápidamente hasta la recepcionista del lugar, la cual arqueó la ceja al ver el aspecto de tan extraña mujer.
—Disculpe, señorita, ¿dónde se encuentra la habitación de Níquel Daipura Berlitz? —la mujer rápidamente se quitó los lentes de manera disimulada—. Soy su madre, Platinum Berlitz.
La recepcionista no pudo evitar hacer una pequeña mueca con desagrado. Sin embargo, siguiendo la labor de su oficio, la mujer rápidamente buscó la habitación de la chica.
—Habitación 23, en la sala de terapia intensiva —informó de manera seca y desinteresada.
Platinum no le importó el tono tan seco de la recepcionista y de inmediato salió en búsqueda de su hija, colocándose una vez más las gafas. Sin perder tiempo, la mujer fue lo más rápido que pudo hasta el elevador y lo tomó para llegar a aquella habitación.
Al abrirse las puertas del elevador, la mujer se encontró con un gran pasillo que parecía extenderse hasta donde se alzaba la vista. Había bastantes sillas de espera que estaban siendo ocupadas por varias personas. Platinum pudo identificar rápidamente a las personas que buscaba.
Al sentir su presencia, Diamond y Cynthia se levantaron rápidamente. Como un acto reflejo, Platinum rápidamente tomó las manos de Diamond y lo miró de manera directa a los ojos.
—¿Dónde está? —preguntó, asustada.
El hombre suspiró y la llevó hasta la habitación donde Níquel se encontraba. Caminando de la manera más rápida que podía, la mujer abrió con rapidez la puerta que marcaba el numero veintitrés. Al abrirla, Platinum se quedó de piedra.
Níquel yacía inconsciente en una cama, su estómago y mano derecha contaban con varias vendas, sus brazos eran alimentados con varios sueros y a la derecha de su cama había un monitor cardiaco.
Platinum no pudo evitar llevarse las manos a la boca al ver a Níquel en tan deplorable estado. Lagrimas comenzaron a salir de sus ojos mientras lentamente se acercaba a ella. Diamond la seguía de cerca, sujetándola de los hombros.
—¿Co-como puede ser posible? —preguntó, aún sin poder creer aquello.
—Ella fue atacada en la Torre Perdida —respondió Diamond.
La mujer se acercó más y tocó con delicadeza la mano izquierda de Níquel. Platinum seguía sin poder creerse que aquella niña estuviera tan mal, simplemente no podía creerlo.
—Pe-pero, ¿cómo es que la dejaron irse sin más? —preguntó, entre lágrimas.
—Nos pidió un momento a solas después de… —Diamond se detuvo un momento— Lo importante es que ahora está bien, solo debe recuperarse.
Platinum sollozó un poco más, tomando con fuerza la mano de Níquel.
—Esto, esto es mi culpa —dijo entre sollozos—. Yo no debí… yo…
—Platinum, esto no es culpa tuya —Diamond se acercó y la tomó de los hombros—. En dado caso sería culpa mía por no estar más atento.
—No, tú no lo entiendes, Diamond —Platinum le miró de reojo—. Yo… si ella no me hubiese defendido, si tan si quiera yo…
Había algo, algo que deseaba salir de los labios de Platinum, pero aquello se reusaba a salir aún. Lo único que pudo evitar que Platinum siguiera intentado decir algo fue un fuerte abrazo de Diamond.
—No te preocupes, todo va a salir bien —dijo el hombre, besando su frente—. Lo mejor por ahora es dejarla descansar, necesita reposo.
Con lágrimas en los ojos, Platinum aceptó y ambos salieron lentamente de la habitación, dejando a solas a Níquel. Cynthia los esperaba por fuera, esperando que el ver que su hija se encontraba bien haría que Platinum se calmara. Para su mala fortuna, aquello había aumentado la tristeza de la entrenadora.
—El doctor nos dijo que Níquel no debería tardar mucho en poder despertar —Cynthia trató de sonreír—. No te preocupes, ella estará bien.
—Es-esto no se supone que debería haber pasado —la mujer se abrazó a si misma—. Ella no debía…
Diamond tomó a Platinum fuertemente de la mano, pidiéndole con la mirada que no llorara más, que todo estaría bien. Cynthia suspiró y tocó el hombro de la mujer, jamás en su vida había visto a Platinum en aquel estado.
Mientras ambos trataban de calmarla, un doctor de pelo blanco y piel arrugada se acercó a los tres. De inmediato, Platinum se levantó para escucharle.
—Afortunadamente logramos detener en su totalidad las hemorragias internas, su signos vitales parecen estar normalizándose y ya empezamos el tratamiento de sus fracturas en las costilla —aquellas palabras parecieron calmar un poco la tristeza de Platinum—. Sin embargo, necesitaremos más sangre para algunas transfusiones más, su corazón sigue segregando esa extraña sangre enrarecida.
—¿Enrarecida? —preguntó Platinum, asustada.
—Parece que su corazón comenzó a segregar una especie de sangre que es mucho más densa, aún no entendemos a que se deba con exactitud, pero si le podemos decir que necesitara pronto más sangre en lo que encontramos una explicación.
—No hay problema con ello —confesó Platinum—. Yo soy compatible con su sangre, puedo donarla en este mismo momento.
—Bueno, primero le haremos algunos exámenes y luego podrá proceder a donar —el doctor le indicó el camino—. Pase por aquí, por favor.
Platinum rápidamente aceptó, dejo sus cosas con Diamond y, luego de despedirse de él, partió junto al doctor para poder realizar la donación.
Aquello dejo bastante inquieto al nombre, el cual no estaba seguro si era una buena idea que Platinum donara sangre, pensando que tal vez él debería donar más. Sin embargo, Cynthia lo convención de que aquello era una mala idea, después de todo ambos ya habían donado bastante sangre.
—Platinum se ve demasiado preocupada por Níquel —comentó Cynthia—. No esperaba que esa fuera su reacción.
—Yo tampoco, pero es algo lógico —lentamente el hombre deslizo sus manos sobre su cara—. Estuvo en casa desde ayer sin poder verla… En estos momentos me preguntó si fue la mejor elección decirle que no viniera.
—Diamond —la campeona suspiró—, algunas veces tenemos que tomar decisiones difíciles para proteger a los que queremos…
—¿Pero hasta qué punto es viable? —interrumpió, ligeramente molesto— Ya ni siquiera sé que es lo mejor para ellas —el hombre miró a la puerta—. Si tan solo yo no hubiese sido tan duro con Platinum y la hubiese traído aquí, si no hubiese sido tan flexible con Níquel, ya no sé cuál de las dos formas de ser es correcta.
Diamond tenía un punto. Por contradictorio que fuese, el hombre había resultado ser más duro con Platinum para protegerla, pero siguió siendo flexible con Níquel y ambas cosas llevaron a cosas malas. En su mente, Diamond no estaba seguro de cuál debía ser la actitud que debía tomar.
Cynthia simplemente se quedó pensando un momento para saber que decir. La campeona se había metido en un lio bastante intenso, y eso que ni siquiera había investigado nada acerca del Team Age.
Tratando de armar un consejo valido, la mujer simplemente tocó lentamente el hombro de Diamond.
—A pesar de todo, el hecho de que Níquel hubiese salido del hospital produjo que Harold pudiese rescatarlos a todos —la mujer finalmente encontró un punto—. Tal vez no fue tu forma de actuar la que salió mal, tal vez necesitas enseñarle a controlar sus emociones.
Diamond se quedó en silencio por un momento y miró a Cynthia con cara de confusión.
—Por lo poco que he conocido a Níquel, puedo decirte que ella es muy impulsiva en cuanto a sus emociones —confesó la campeona—. Fue ese impulso lo que hizo que decidiera ir a combatir sola sin pedir ayuda. Fue ese impulso la que la lleva a hacer y decir cosas por las cuales se termina arrepintiendo.
Diamond analizó con cuidado las palabras de Cynthia. El hombre se dio cuenta de una realidad que era demasiado evidente, pero a la que parecía no prestarle la atención adecuada.
Aceptar de golpe el viaje, entrar a la Mansión Abandonada, interrumpir un discurso de campaña e ir sola a una misión suicida. Todas esas acciones fueron tomadas sin previa meditación, por puro impulso.
—Tal vez tengas razón —admitió el holder—. Desde que la conocí, Níquel fue demasiado impulsiva, y ahora eso le está cobrando factura —Diamond miró una vez más la puerta de la habitación de Níquel—. Tienes razón, debo enseñarle a Níquel a controlar esas emociones.
Cynthia sonrió levemente al ver el entusiasmo de Diamond. La mujer estaba segura que un experto en las emociones como el mismo Diamond sería más que suficiente para poder ayudar a Níquel con aquel problema.
Antes de que la alegría comenzara a florecer, el sonido de una llamada entrante apareció justo en la bolsa que Platinum había dejado. Diamond rápidamente tomó el celular de su esposa y miró de quien se trataba.
Cynthia rápidamente entendió que Diamond debía atender la llamada y, con un gesto, le avisó que iría a ver cómo era que Crystal y los demás se encontraban. Diamond simplemente sonrió y se despidió.
Tragando saliva, el hombre no estaba seguro si aquel era el mejor momento para contestar aquella llamada. No sabía si realmente debía hacerlo o no. Sin embargo, él estaba consciente de que tarde o temprano esto terminaría ocurriendo.
Caminando hacia un lugar más solitario, el hombre tragó saliva y contestó el teléfono.
—Hola, Cooper —saludó de manera seria.
[…]
Debido a las limitaciones del hospital, Gold, Crystal, Moon y Titan tuvieron que compartir una sola gran habitación. Cada uno dividido por el suficiente espacio para que las mismas maquinas que los atendían tuvieran suficiente espacio.
Todos ellos contaban con un medidor cardiaco y muchas bolsas de sueros conectados a su cuerpo. El ambiente estaba demasiado tranquilo a decir verdad, el único sonido que sobresalía del ruido de fondo era el pequeño ventilador de la pared y el rítmico tic de los monitores.
En medio de todo ese silencio, Cynthia entró a la habitación de manera cuidadosa, observando como una doctora de pelo rubio y piel clara analizaba los signos vitales de Titan. Con lentitud, Cynthia se acercó ligeramente, cosa que alertó a la doctora.
—Oh, señorita Cynthia —la doctora se vio sorprendida de ver a la campeona ahí—. ¿Es familiar de los pacientes?
—No, solo soy conocida de la profesora Moon —respondió de manera apenada—. Lamento entrar así de repente.
—No se preocupe, ellos siguen recuperándose —dijo la mujer—. Sin embargo, parece que él chico tiene unos signos vitales curiosos. ¿De casualidad usted no conoce a los padres del niño?
Cynthia se quedó pensando por un momento. Titan era un chico que apenas conocía en realidad, incluso su cara le parecía poco conocida. Aunque buscó en sus recuerdos alguna referencia de sus padres, nada se le vino a la mente.
—Lamentablemente no, lo más parecido a un tutor legal es la profesora —mirando a Moon.
—Oh, eso puede que resulte problemático —confesó, mirando sus resultados—. No existen registros médicos de este chico, ni siquiera un acta de nacimiento.
—Siendo honesta, esto también me sorprende —comentó, arqueando la ceja—. Supongo que solo quedara esperar a que Moon despierte.
—Te temo que sí, aunque eso puede tardar demasiado —mirando la cama de la mujer, para después mirar a todos los lados—. Escuche, debido a que Titan carece de cualquier tutor legal, parece que tendré que platicarle a usted que es lo que le ocurre al chico.
La mujer se puso seria al ver que la doctora estaba a punto de revelarle el estado del chico.
—El joven Titan parece haber perdido menos energía que los demás, tiene signos más estables, es como si algo o alguien hubiese impedido que le robaran tanta energía, él no debería tardar más de dos días en despertar —la mujer le mostró rápidamente sus hojas—. Los demás tardaran un poco más en despertar, lastimosamente la carga fue mucho mayor en sus cuerpos, no estamos seguros de cuanto tardaran.
Cynthia asintió con la cabeza, comprendiendo la situación actual. Aunque los cuatro habían sobrevivido a la experiencia en la Torre Perdida, su estado de salud estaba demasiado delicado como para poder cantar victoria.
Luego de hablar con la doctora, Cynthia notó como un gran Yanmega descansaba en el suelo, a un lado de la cama de Titan. Esto sacó un pequeño susto a la campeona, pero la doctora rápidamente intervino.
—No se preocupe, parece que es un pokémon del chico, ha estado aquí desde la noche —la mujer se acercó al pokémon—. Solo ha estado aquí, esperando.
—Cuidándolo —complemento la campeona—. Parece como si tuviera la misión de cuidar de él.
—Eso parece —la doctora rápidamente se alejó del pokémon—. Le recuerdo que todos ellos están conscientes y pueden escucharla, le recomiendo que no haga mucho ruido para no molestarlos.
—No se preocupe, solo quería pasar para ver cómo se encontraban —la campeona se le quedó mirando a Yanmega—. Puedo quedarme un poco más.
—Desde luego —la doctora sonrió levemente—. Solo siga las recomendaciones, me retiro.
—Gracias.
Cynthia sonrió y vio a la doctora salir lentamente por la puerta. Cuando se fue, la campeona se quedó analizando un poco más a Yanmega. Había algo en aquella criatura que le parecía familiar. No estaba segura, pero el ver aquellas alas le producía un extraño escalofrió.
Sin embargo, Yanmega parecía ignorar por completo la mirada de Cynthia. El pokémon estaba más concentrado en velar por su entrenador.
Rindiéndose al no encontrar nada que la ayudara a recordar, la campeona decidió ir a la cama del rincón, donde se encontraba Moon, y sentarse un momento para analizar la situación en una pequeña silla, bastante escondida.
La mujer se pasó las manos por la cabeza, el cansancio comenzaba a ser evidente. La pobre mujer apenas y había podido dormir, su estómago le pedía comida y su boca bebida. Sin embargo, esos problemas parecían pequeños bajo ese contexto.
—Vaya que te admiro, Diamond —dijo Cynthia, mirando a la ventana—. Has soportado lo mismo que yo y más, todo por tu hija —sonriendo—. Los niños hacen cosas extrañas con nosotros.
Pensando en un sueño idílico, un pequeño pensamiento que había rondado su mente y parecía traerle bastantes malos ratos, la mujer sintió como el cansancio comenzó a acabar con ella. Cerrando los ojos, la mujer se quedó dormida.
La campeona se quedó dormida por un tiempo considerable. Sin embargo, su sueño se vio interrumpido por el rápido entrar de un extraño camillero. El hombre no notó la presencia de la campeona, por lo que rápidamente se acercó a la cama donde se encontraba Titan.
Aunque Cynthia, que aún estaba mareada, estaba a punto de hablar, había algo en aquel extraño camillero que llamó su atención. No estaba segura si era el extraño pelo desalineado, las múltiples heridas en su rostro o su extraña y torpe forma de sacar una pequeña botella y una jeringa.
Aprovechando que no había sido vista gracias a lo escondida que estaba la cama de Moon, la mujer se levantó lentamente, a la par que las alas de Yanmega comenzaron a agitarse cuando el hombre vació la extraña sustancia de la botella en su jeringa.
—Tranquilo, amiguito, solo vengo a darle sus medicinas a tu entrenador —dijo el nombre con un marcado tono sarcástico.
—¿Viene por parte de la doctora? —preguntó Cynthia, revelando finalmente su posición.
Un lento escalofrió recorrió el cuerpo del hombre. Con rapidez, el camillero volteó a ver a la campeona, la cual parecía haberse recuperado ligeramente después de dormir por algunos minutos.
—Sí, es hora de que tomen sus medicinas —dijo titubeante—. ¿Qué hace usted aquí? Este no es un sitio para dormir.
Cynthia se acercó levemente al camillero, tratando de ver que era aquella botella que él ocultaba. Sin embargo, el hombre parecía ocultarlo celosamente, buscando cualquier ángulo para pasar desapercibido.
—Fue un error mío, sin embargo —dijo, cautelosamente—. Aunque estoy confundida, la doctora les dio sus medicamente hace apenas unas dos hora —mirando de reojo el reloj—. No creo que necesiten tantas medicinas.
—Oh, vaya que las necesitan, señora —el hombre apretó con fuerza su jeringa—. Le pido que se retire.
—Lo hare si me dice que hay en la jeringa —exigió.
El hombre suspiró, aquella pequeña caza no parecía llegar a ningún punto. Por eso, el hombre rápidamente se abalanzó contra Cynthia para intentar inyectarle a ella la extraña jeringa.
Para su infortunio, la mujer logró parar a duras penas su ataque. Aunque aún estaba algo mareada, la mujer puso todas sus fuerzas en sus brazos para evitar que la jeringa hiciera contacto en ella.
La fuerza del hombre era increíble, doblegando fácilmente a la pobre Cynthia. La mujer sentía como sus brazos cedían y la aguja de la jeringa comenzaba a rosar su cuello. Aunque ponía toda la fuerza que podía, aquella batalla parecía perdida.
Sin embargo, Yanmega rápidamente atacó al hombre subiéndose a su espada y atacándolo con Picadura. El hombre rápidamente soltó la jeringa y trató de quitarse al pokémon al sentir el dolor del ataque.
Cynthia cayó al suelo, sus brazos estaban bastante adoloridos, pero la situación en la que estaba no ameritaba un descanso. Rápidamente, la mujer trató de someter al hombre con la ayuda de Yanmega, pero el extraño hombre comenzó a moverse de manera agitada, golpeando todo a su paso. Esa habitación no era apta para pelear.
—¡Lánzalo por la ventana! —gritó Cynthia de manera desesperada.
A pesar de no ser su entrenadora, el pokémon accedió y, usando todas sus fuerzas, lanzó al hombre por la ventana de la habitación. Para fortuna del hombre, la habitación se encontraba en el primer piso.
Cynthia salió rápidamente y sacó a Garchomp y a Roserade de sus pokébolas. No quería que aquel hombre escapara.
—¡Atrápenlo! —gritó Cynthia.
Ambos pokémon se abalanzaron contra él, pero el extraño hombre lanzó tres artefactos al suelo que, al chocar con el suelo, provocaron una gran cortina de humo.
Imposibilitados para ver, el hombre rápidamente corrió hacia el bosque, dejando a Cynthia y a los pokémon complemente indefensos por aquellos artefactos. Cuando el humo se disipo, el hombre se había retirado.
Cynthia se maldijo así misma por no haber sido más rápida. Sin embargo, la mujer pudo acercarse para ver los restos de los pequeños dispositivos que el hombre había dejado.
Tomándolo del suelo con cuidado, la mujer apreció completamente de que aquello se trataba de un arma producida en la misma región, y estaba segura de quien eran los encargados de producir dicha granada.
Su sorpresa fue mayor cuando, al voltear de nuevo hacia el hospital, pudo ver a varios periodistas y medios de noticias grabándola.
—¿Cómo llegaron aquí? —se preguntó cuándo los reporteros se lanzaron a entrevistarla.
[…]
Ciudad Rocavelo, Una hora antes.
—¡Lucario, Rayo Resplandor! —gritó Maylene.
El gimnasio de Ciudad Rocavelo recibía a su segundo retador en la jordana. Un joven aspirante junto a su Haunter deseaban quitarle la medalla a la líder. Sin embargo, la balanza parecía muy inclinada hacia la líder.
—¡Usa Bola Sombra! —gritó el retador.
El pokémon fantasma rápidamente atacó a su adversario, interceptando su ataque con el suyo propio. El choque se mantuvo parejo por un momento. Sin embargo, la fuerza de Lucario resultó ser mayor, logrando que su ataque destruyera el ataque rival e impactara contra Haunter.
Sin fuerzas, el pokémon cayó al suelo, debilitado. Su entrenador rápidamente fue a auxiliarlo. Para su desdicha, aquel era su último pokémon.
—Has hecho un buen trabajo, Lucario —Maylene sonrió, acariciando a su pokémon.
Luego de acariciar a su pokémon, Maylene se acercó al chico, el cual parecía estar bastante decepcionado.
—Fue un gran combate, chico, solo necesitas mejorar un poco más —dijo Maylene con una sonrisa.
—Pensé que mi fuerza y la de mis pokémon había incrementado —el chico metió a su pokémon en su pokébola—. Gracias por el combate, líder Maylene.
Ambos contrincantes se hicieron una pequeña reverencia. Luego de eso, el chico se acarició el brazo, estaba bastante adolorido.
—La próxima vez intenta entrenar más tus brazos —rio levemente Maylene—. Te estaré esperando.
—Eso hare —sobando su brazo—. Nos vemos.
Con eso dicho, el muchacho se marchó lentamente del gimnasio, ligeramente adolorido. Maylene suspiró y caminó hasta una banca para poder relajarse y limpiarse el sudor de su cuerpo con una toalla.
Mientras la mujer se refrescaba, su esposo rápidamente se hizo presente, llevándole una botella de agua.
—Seguiré diciéndote que tus reglas son demasiado agresivas —dijo Pearl, entregándole el agua—. Ningún líder se había atrevido a tanto.
—Mi gimnasio, mis reglas —dijo Maylene, molesta—. Yo no te digo como manejar tu Torre de Batalla.
—La diferencia es que la Torre de Batalla no está sujeta a las reglas de la Asociación Pokémon —dijo el hombre, sentándose a un lado—. ¿Cuántas veces te han citado por eso?
—Cinco, y contando —confesó—. Igual Volkner tenía más quejas cuando era líder y nunca le hicieron nada —la mujer le tiró la toalla en la cara a su esposo—. Fue idea de todos implementar desafíos, ahora que no se quejen.
El hombre sintió la caliente y olorosa toalla caer sobre su cara, impregnándolo de aquel curioso olor. Rápidamente, el hombre lanzó con fuerza la toalla al suelo, ligeramente molesto.
—Diría que es lo más apestoso que he olido, pero he olido cosas peores —recordando un incidente con cierta entrenadora de Hoenn—. Como sea, tal vez deberíamos…
Su conversación fue interrumpida por una abrupta llamada al Poké-reloj de Pearl. De inmediato, el hombre miró la llamada y vio que se trataba de su hija.
—Es Rose —dijo con alegría.
—Oh, ponla en video llamada —dijo Maylene rápidamente—. Quiero ver a mi pequeña.
Sin titubear, Pearl presionó el botón de video llamada y colocó el Poké-reloj en forma de que él y Maylene aparecieran en la pantalla. Pearl contestó, esperando encontrarse con la cálida imagen de su hija. Sin embargo, lo que se encontró le hizo sudar frio.
Rose tenía bastantes heridas en los brazos y en la cara, su blusa estaba algo quemada, al igual que su cabello. Su mirada no reflejaba aquella alegría tan característica, reflejaba miedo y preocupación, una verdadera preocupación. Aquello hizo que Maylene y Pearl se asustaran de inmediato.
—¡¿Qué te pasó?! —preguntó Maylene, asustada.
—Mamá, papá, necesito verlos rápido —dijo con voz quebrada y asustada—. Los necesito…
—¡¿Dónde te encuentras?! —gritó Pearl de manera preocupada.
—Vayan al hospital de Pueblo Sosiego, por favor —una pequeña lagrima salió de uno de sus ojos—. Vengan rápido…
La llamada se cortó de repente, dejando a Pearl y Maylene completamente en shock. Ambos se quedaron congelados por unos pequeños instantes, procesando lo que acababan de ver.
Luego de recuperar su movimiento, los dos saltaron de sus asientos y corrieron lo más rápido que pudieron hacia la salida del gimnasio. Sin importar ni siquiera que el gimnasio se quedara solo y abierto.
Sacando a su Hawlucha y Chatot, ambos emprendieron su viaje hasta Pueblo Sosiego. En sus mentes no había nada más que aquella desagradable vista de su hija herida.
[…]
Pueblo Sosiego
—Heme aquí, disfrutando de la hermosa vista —dijo un hombre vestido con túnica café, mirando por la ventana de la habitación de Níquel—. Es un hermoso día allá afuera, ¿no te parece?
No hubo respuesta, Níquel aún seguía inconsciente y recuperándose de sus heridas. El sujeto lanzó una risa seca, volteó hacia la chica y se acercó lentamente a ella.
—Sabes, he estado deseando este momento desde hace mucho tiempo —el hombre se acercó a la chica, mirándola detenidamente—. Este momento es perfecto para finalmente acabar contigo.
Detrás del hombre apareció un Infernape, un Infernape comenzó a cargar una poderosa bola de energía.
—Que fácil seria, solo necesitaría dar una orden y tu vida acabaría en un suspiro, tal como la de tus padres —riendo de manera sarcástica, alzando la mano—. ¡Infernape usa…!
El pokémon se quedó esperando la instrucción de ataque, pero antes de que él hombre bajara su mano, este se quedó completamente paralizado. Sin decir una sola palabra. Lentamente, el hombre cerró su puño, indicándole a su pokémon detener su ataque.
—Pero no, no podemos hacer eso, ¿verdad? —acercándose lentamente a su oído—. La historia terminaría aquí, y a ellos no les gustaría que esto termine de esta manera, ¿cierto?
Riendo de manera seca, el hombre se alejó de la chica.
—No sabes cuánto deseo acabar con esta faena —el hombre comenzó a enojarse—. Hacer que pagues por todos tus pecados, que todas las almas sean finalmente vengadas —el hombre metió a su pokémon en su pokébola—. Sin embargo, su plan parece mucho más interesante, más justo. Ya tendremos tiempo para arreglar cuentas.
Mirando de reojo la puerta, el hombre vio como estaba a punto de ser abierta. Sonriendo, el hombre dijo unas últimas palabras.
—La historia debe continuar.
La puerta se abrió por completo, dejando ver que los responsables eran Platinum y Diamond. Cuando ambos entraron, el extraño hombre había desaparecido. Lo único que había dejado tras de sí era el suave movimiento de las cortinas.
Platinum y Diamond entraron de manera calmada a la habitación, a penas e hicieron ruido cuando ambos se acercaron a Níquel. Platinum tocó la mano de la chica una vez más, soltando una pequeña lagrima.
A su vez, Diamond acarició el cabello de la chica con cariño. En el ambiente se podía sentir un tono extraño. Lentamente, Platinum dejó la mano de Níquel y se sentó en el pequeño sillón que estaba en la habitación. Diamond decidió también sentarse junto a ella.
Ambos se quedaron quietos, en silencio. Diamond miraba con cierta preocupación a Platinum, una Platinum que solo podía mirar con horror como estaba Níquel en aquellos momentos.
Los minutos pasaron y ninguno de los dos se atrevió a decir una sola palabra. El ambiente era increíblemente tenso. Lo único que podía escucharse era el lento movimiento del ventilador y del aire entrando a la habitación.
—Fue mi culpa —pronunció Platinum en voz baja—. Yo provoque que todo esto pasara.
Al escuchar esas palabras, Diamond tomó a Platinum por los hombros, buscando consolarla.
—Eso no es cierto —dijo reconfortantemente.
—Sí, si lo es —Platinum comenzó a llorar más fuertemente—. Fui yo y mis ganas de protegerlos a todos, de protegerla a ella.
Diamond se quedó pensando por un momento cual sería el mejor camino para poder ayudar a su esposa. Deseaba que ella estuviera en paz consigo misma, y tal vez el confesar haría que ella estuviera mejor.
—Platinum, ¿acaso te refieres a…?
—Si —confesó con voz baja—. Al menos algunas partes…
Diamond se quedó en silenció, escuchando atentamente.
—Soy una horrible persona —la chica se cubrió la cara—. Yo solo intentaba protegerla, proteger a la que siempre considere mi hermana, y ahora Níquel pagó por ello —comenzando a llorar más fuerte—. Lo lamento…
Platinum siguió llorando. Diamond se quedó quieto por unos momentos, analizando la situación. Lentamente, el hombre acarició el pelo de su esposa de manera calmada.
Cuando Platinum lo volteó a ver, en su rostro no había odio o molestia, lo que había era un rostro completamente calmado y tranquilizador. Rápidamente, el hombre abrazó rápidamente a su esposa.
—Está bien —le dijo, acariciando su espalda—. Todo estará bien.
Platinum no pudo evitar quedarse en silencio, escuchándole.
—No podemos deshacer el pasado, pero si podemos trabajar en nuestro presente —Diamond parecía sonreír—. Eres una excelente mujer, estoy seguro que todo lo que hiciste no fue por algo malo —la separó levemente de él para poder mirarla a los ojos—. Lo importante ahora es arreglarlo todo, no será algo sencillo, pero lo superaremos juntos.
Aunque la sonrisa de Diamond era genuina, Platinum no podía sentirse bien todavía. Sus ojos aun deseaban derramar más lágrimas debido a su error. Diamond era una persona que siempre podría reconfortar a cualquier, pero parecía que ahora Platinum era inmune a eso.
—Si —sonriendo falsamente.
Diamond notó al instante que lo que había dicho no era suficiente. Que Platinum estaba demasiado más dolida de lo que había estado en mucho tiempo. El sentimiento de preocupación fue más doloroso aun cuando la mujer volvió a llorar. Si quería consolarla, debía intentar otro método.
Antes de decir una palabra más, alguien llamó a la puerta. Ambos esposos se extrañaron al escuchar a alguien queriendo entrar. Sin embargo, pensando que se podría tratar de Cynthia, Diamond simplemente le dijo que pasara.
Para su mala fortuna, la persona que entró a la habitación no era Cynthia. Incrédulos, Diamond y Platinum pudieron ver como entró un hombre de traje con unas flores. Al verlo, ambos se levantaron, con enojo.
—¿Qué hace usted aquí? —preguntó Diamond, serio.
—Lamento interrumpirlos, solo quería ver como se encontraba la niña —mencionó Yake, acercándose poco a poco.
Platinum se quedó en silenció, tratando de buscar las fuerzas para decirle todo lo que tenía que decirle. Diamond notó de inmediato la actitud de su esposa y trató de evitar que todo aquello se complicara.
—Señor, le pido por favor se retire —Diamond se mantuvo con una actitud seria pero enojada.
—No es mi intención incomodarlos, es solo que —el hombre se acercó lentamente a la niña—. Me siento muy apenado por todo lo que paso y…
—No es necesario que haga esto, solo retírese de aquí, por favor.
El ambiente se tornó demasiado tenso, más de lo que los tres se imaginaban que se pondría. Diamond miró directamente a los ojos a Yake y pudo notar algo extraño. De alguna manera, él era incapaz de detectar alguna señal hostil por parte del hombre. Era como aquel hombre estuviera realmente preocupado.
—Si realmente te preocupara… —Platinum finalmente se atrevió a decir algo, acercándose al hombre— Si realmente te preocupara, no hubieses dicho todas esas mentiras.
—El pueblo necesitaba saber la verdad —dijo, seriamente—. No sabía que esto se saldría de control, enserio lo lamento.
—Si realmente lo lamenta, por favor váyase —dijo Diamond, acercándose a su esposa—. Es lo mejor para todos.
Yake se quedó quieto un momento y accedió a la petición. La realidad era que él no esperaba encontrarse a sus padres justo ahí. Sus palabras reflejaban genuino arrepentimiento.
Al ver que no tenía nada más que hacer, el hombre simplemente dejó las flores en la cama de la chica y procedió a despedirse.
—Yo espero que se recupere pronto —confesó, con la mirada baja—. Lamentó que esto terminara de esta forma, solo quería que se le mostrara la verdad a la gente…
—¿La verdad? —preguntó Platinum de manera sarcástica— Lo único que te interesa es una falsa verdad, y por esa falsa verdad mi hija esta…
—Yo no quería que…
Antes de poder terminar su frase, un fuerte sonido de un golpe se escuchó en la habitación. Yake sintió un profundo dolor cuando la palma de Platinum chocó contra su mejilla.
Diamond se sorprendió, la verdad era que no vio venir la arremetida de Platinum. Rápidamente, el chico tomó por los hombros a Platinum, la cual estaba envuelta en furia, deseando golpear una vez más a Yake.
—Por favor, largase —dijo Diamond con enojó.
Yake se quedó en silencio por un minuto. Tocando su mejilla, el hombre simplemente se despidió.
—Lamento haberlos importunado —confesó, ligeramente sorprendido.
Lentamente, el hombre se acercó a la puerta y la abrió. Para su desagradable sorpresa, del otro lado de la puerta se encontraban varios reporteros con cámaras y micrófonos que parecían grabar todo lo acontecido.
Diamond se molestó aún más de ver a toda esa gente. Por lo que rápidamente empujó a Yake fuera de la habitación y cerró la puerta de golpe. Yake por su parte estaba molestó de ver a todos los reporteros.
Aunque la seguridad del hospital intentaron frenarlos, los pobres hombres no se dieron abastó con la enorme cantidad de agentes de prensa que entraron por fuerza bruta al recinto.
—¡Señores, por favor dejen a esta familia en paz! —exigió Yake, enojado.
—¡Señor Yake, ¿piensa seguir con la demanda después de lo acontecido?! —preguntó una reportera.
—¡Candidato, ¿cómo se está el estado de salud de la niña?! —preguntó un reportero.
—¡¿Piensa interponer una demanda por la cachetada que le dio la señora Platinum?! —un reportero más preguntó.
Por detrás del candidato, la misma directora del hospital apareció. Su rostro irascible asustó un poco a Yake.
—¡Señores, les pido de la manera más atenta que se retiren de este lugar si no quieren que las autoridades intervengan! —gritó la directora, enojada—. ¡Señor Yake, el hospital esta apuntó de demandarlo por traer a toda esta gente aquí!
—Pero yo no los traje aquí —confesó con sinceridad.
Para su fortuna, un fuerte sonido de explosión llamó la atención de los medios. Como si se trataran de una estampida, todos los reporteros comenzaron a correr hacia el origen del ruido de explosión que se había generado. A su vez, Yake y la directora corrieron también para averiguar de qué se trataba.
El sonido los llevó a las afuera del hospital, justo detrás de la habitación de la profesora Moon. Abriéndose paso entre los reporteros, ambos pudieron ver a Cynthia siendo increpada por los reporteros.
Cuando la mujer miró al candidato entendió porque había tanta gente así.
—Por eso no me gusta la política —dijo en voz baja—. No hay que ver, señores, vuelvan a sus casas o entrevisten a su candidato.
—¡Pero, señorita Cynthia! —dijo un reportero.
—¡Señores! —gritó la directora— ¡Esto es un hospital y no pienso permitir más escandalo! —la directora estaba realmente enfadada—. ¡La policía viene en camino, así que más les vale irse ahora!
Aunque la directora estaba realmente enojada, a los medios les tomó bastante tiempo el decidir irse del lugar. Aprovechando el hecho, Cynthia se escabulló rápidamente hacia el hospital, a la par que Yake era increpado por la directora del hospital.
Yake insistía que no había sido él el que había traído a los reporteros. Sin embargo, la directora siguió insistiendo que mentía y estaba dispuesta a interponer una demanda por poner en riesgo al hospital.
Sin más que decir, Yake simplemente decidió retirarse. No sin antes ver como dos personas llegaban de manera agitada al hospital y entraban a toda prisa a este. El ver aquello le llamó bastante la atención. Demasiado.
Cynthia aprovechó el tiempo para entrar una vez más a la habitación de Moon. La mujer estaba consciente de que ellos estaban en peligro y no podía darse el lujo de perderlos de vista ni un segundo.
Al llegar, la mujer se dio cuenta de un sonido pelicular proveniente de la pequeña mesa de noche de Titan. Acercándose a ella, la mujer pudo notar que lo que emitía aquel sonido era la pokédex del chico. Al tomarla, la mujer leyó la siguiente leyenda en la pantalla.
"Las tres pokédex están juntas".
Solo queria decirte que, si te sigue gustando esta historia a pesar del capitulo anterior, entonces estas dentro de mi corazon 3
¿Qué habrá pasado con Rose?
¿Acaso Platinum se volvió inmune a Diamond?
¿Yake sera lo que aparenta?
¿Creen que hay mucho Kanto en pokémon?
Gracias por leer :D
