Tarde, como siempre (?)
Hola queridos lectores y lectores anonimos, les traigo un nuevo capitulo de esta historia.
Realmente espero que les guste.
Enjoy :D
Entrada 15: La Reina
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Parece que finalmente hemos encontrado los parámetros adecuados para que el "sujeto 1" soporte las dosis de determinación adecuadas. Hemos probado casi quinientas combinaciones diferentes, pero esta nueva combinación parece ser lo suficientemente fuerte.
Por otro lado, mi subordinado ha empezado a comportarse de manera mucho más errática. Sus deseos de venganza con el "sujeto 1" pueden llevar a un fallo total del experimento.
Sin embargo, he podido controlarlo bastante bien, nuestra metamorfosis me da la opción de manipular su débil mente a mi voluntad. Sin embargo, algunas veces quisiera haber reclutado a su hermano antes de su muerte.
No estoy segura si la explosión de determinación dentro del "sujeto 1" cause su muerte. Si no lo hace, abre dado con la línea de tiempo perfecta.
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4 de Junio, Aeropuerto de Ciudad Jubileo
Como era costumbre, y a pesar de ser de madrugada, el aeropuerto de Jubileo estaba inundado de gente entrando y saliendo. Siendo el aeropuerto más importante de la región, no era de extrañarse que siempre estuviera así.
Todos los asientos de espera estaban ocupados, las filas para registrarse eran bastante largas y las salidas de los tripulantes estaban repletas de personas esperando ver con ansias a sus familiares y amigos.
Los vuelos no paraban de llegar y salir, reflejando la movilidad que la ciudad podía tener en aquel momento. Los servicios de transporte privado no podían descansar ni un momento, pues siempre había personas que deseaban llegar lo más pronto posible a los hoteles más cercanos de la zona.
Un pequeño grupo de gente, proveniente de la región de Kanto, salió tranquilamente desde la salida de abordaje, encontrando rápidamente a sus familias y/o amigos que los esperaban de manera ansiosa.
En entre las personas destacaba un curioso hombre de piel oscura y pelo morado. El hombre, vistiendo unos elegantes pantalones blancos, una chaqueta roja, unas gafas oscuras y una gorra negra, parecía disfrutar cálidamente del aeropuerto que lo recibía.
Sin ninguna persona que lo esperara, el hombre rápidamente salió con su equipaje hasta las afueras del aeropuerto. Al salir tomó un extraño teléfono, que parecía tener un Rotom dentro de él, y comenzó a buscar el mapa de la ciudad, de manera desesperada.
—Ah, vaya viaje, estoy muerto —dijo el hombre, bostezando—. Parece que Jubileo es más grande que cualquier ciudad de Kanto, con mi suerte me perderé peor que en Ciudad Azafrán, debí avisarle a alguien para que me guiara.
Quejándose y tronándose el cuello, el hombre finalmente pudo encontrar el mapa de la región y el hotel más cercano respecto al aeropuerto. Sonriendo, el hombre solo tenía que esperar a pedir un taxi que lo llevara hasta ese lugar.
—Como extraño los taxis de Galar —se lamentó, alzando la vista para ver si un taxi se aproximaba.
Al ver uno de esos taxis que parecían libres, el hombre alzó la mano rápidamente, sin darse cuenta que con esa acción golpeó de manera accidental a otro hombre, que estaba a su lado, en la cara.
Apenado, el hombre rápidamente se giró para ayudar al pobre señor al que había golpeado sin querer.
—Oh, discúlpeme señor —dijo, bastante apenado.
—¡¿Qué acaso no se fija, bruto?! —gritó el hombre de pelo oscuro.
El hombre de pelo morado solo pudo rascarse la cabeza y disculparse una vez más con el extraño hombre cuyo copete asemejaba a una "c". El ofendido, limpiándose la cara con un pañuelo, asaltó de nueva cuenta con gran enojo.
—Enserio lo siento, no me fije —dijo el hombre del teléfono Rotom, tratando de calmar las cosas.
—Vaya, parece que me la gente de esta región se vuelve cada vez más tonta —bufando con enojó, para después mirar más de cerca al hombre—. Espere un momento, ¿acaso no será usted el ex-campeón de Galar?
El hombre solo sonrió de manera nerviosa, quitándose los lentes oscuros para ver de mejor manera al extraño señor de traje amarillo.
—Y Maestro de la Torre de Batalla de Galar, Lionel, es un gus…
—Ya decía yo, la gente de Galar parece ser muy despistada —continuó con un tono prepotente.
—Oiga, tampoco se pase —Lionel pareció enojarse levemente—. Además, fue más bien culpa mía, yo suelo ser bastante despistado.
—Eso es irrelevante ahora —el hombre vio como un auto lujoso se detuvo junto a él—. Con permiso.
Siguiendo con esa pedantería, el hombre simplemente tomó su maleta y el chofer del auto la tomó y la metió al porta-equipaje. Cuando el auto finalmente se fue, Lionel solo se quedó confundido, viendo al extraño auto que tenía el logo de una "B" en el porta-equipaje.
—Qué carácter —confesó, cruzándose de brazos—. Aunque, juraría que he visto ese logo en alguna otra parte.
El hombre no tuvo tiempo de pensar cuando su taxi finalmente llegó. Metiéndose a él con todo y equipaje, Lionel le pidió al taxista que lo llevase al hotel marcado en su teléfono.
El viaje comenzó y Lionel simplemente se acomodó y disfrutó del paisaje que Ciudad Jubileo le ofrecía. Vaya que la ciudad era hermosa de noche. El enorme espectáculo de todas las luces de los edificios encendidas eran un deleite para el excampeón.
—Me preguntó si los entrenadores de Sinnoh serán más fuertes que los de Kanto —dijo en voz baja, tomando la pokébola de su Charizard—. Estoy esperando con ansias enfrentarlos.
Luego de unos veinte minutos de viaje, finalmente Lionel llegó a su destino. El hombre bajó su equipaje y le pagó al taxista. Estando afuera, Lionel miró al hotel con mucha emoción y gusto. Sus ojos cansados le rogaban por finalmente dormir un poco.
Sin embargo, antes de poder si quiera poner un pie en el recinto, el hombre pudo escuchar el sonido de una gran explosión. Seguido de eso, el hotel se quedó en completa oscuridad, asustando a toda la gente que se encontraba.
Rápidamente, Lionel dejó su equipaje en la zona de la recepción y salió para ver qué era lo que estaba pasando. Encontrándose una ciudad completamente a oscuras, el excampeón pudo ver una gran nube de polvo expandiéndose al norte, mientras que el sonido de otras detonaciones se escuchaban a lo lejos.
Sin pensárselo mucho, el hombre sacó a su Seismitoad para que cuidara sus cosas y también sacó a su Charizard para que lo llevase al lugar donde había ocurrido la explosión.
No importaba que no se encontrara en su natal Galar, Lionel no perdería la oportunidad de ayudar.
[…]
La gente se quedó completamente en silencio al escuchar el grito de la extraña mujer. Los presentes estaban demasiado aterrorizados como para mover un solo musculo, solo se quedaron mirando a la mujer.
—Han pasado muchos años, muchos años de indignidades y sufrimiento psicológico, pero eso está a punto de acabar —dijo la mujer, alzando las manos—. La sociedad industrial se desmoronara ante nuestros pies.
Al alzar las manos, los demás reclutas comenzaron a movilizarse hacia adentro del hospital. Sin embargo, antes de que pudiesen hacer algo, un rápido Lucario, un Garchomp y un Bastiodon los detuvieron en seco, impidiéndoles pasar.
—¡¿Quiénes son ustedes?! —gritó Cynthia, quien se levantó rápidamente junto a Diamond.
La mujer se quedó un momento en silencio al ver a la campeona y al holder, como si buscase en sus recuerdos de quienes se trataban.
—Campeona de Sinnoh, Pokédex Holder —dijo con tono seco—. No deberían estar aquí.
La mujer le ordenó a su Mamoswine que los atacara con Ventisca, pero Garchomp fue mucho más rápido y repelió el ataque con una poderosa Llamarada. Al anularse los ataques, la mujer simplemente ocultó sus manos dentro de su túnica.
—Sin embargo, su presencia puede que sea más favorable de lo que parece —dijo la mujer.
—¿Por qué atacan este lugar? No ven acaso que hay demasiada gente inocente —preguntó Diamond, enojado.
—Es justamente por eso —respondió, con una risa—. Esta gente "inocente" no debería seguir viviendo, el simple hecho de que la gente menos apta viva es una atrocidad natural.
—¿Cómo puedes decir eso? —preguntó devuelta, Diamond.
—No digo nada que la naturaleza no haga por si misma —dijo, sacando las manos de su túnica—. Nosotros nos encargaremos que las leyes naturales sean cumplidas, no importa lo que cueste.
Como si aquellas palabras fueran una secuencia de activación, todos los reclutas que estaban frente a los pokémon de Diamond y Cynthia lanzaron tres granadas por detrás de los pokémon y corrieron hacia la mujer.
Al escuchar el golpe de las bombas, Cynthia y Diamond voltearon rápido y les ordenaron a sus pokémon retroceder lo más rápido que pudieran. Garchomp y Lucario pudieron ponerse a salvo, pero Bastiodon no pudo alejarse lo suficiente y sufrió algunos daños cuando los dispositivos explotaron.
Tras la explosión, la gente comenzó a huir aterrada hacia la salida, mientras que los reclutas corrieron rápidamente hacia el hospital, ocultos bajo la nube de polvo y la oscuridad.
Al ver aquello, Cynthia le ordenó a Diamond ir tras ellos, ayudados por su Lucario y su Roserade.
—Yo debó pelear con la líder —exclamó Cynthia.
Diamond aceptó y rápidamente dividió a sus pokémon para que buscasen a los reclutas. Mientras tanto, Cynthia se puso frente a frente con la líder del Team Right.
—¿Acaso están locos? Van a matar a cientos de personas —Cynthia estaba furiosa.
—Cientos de personas que no deberían estar vivas —exclamó la mujer, junto a su Mamoswine—. Usted es incapaz de ver el problema que se alza sobre usted.
—Por el amor de Arceus, es un hospital —exclamó.
—Ese es el problema, usted lo ve como una cura, cuando en realidad es un cáncer —la mujer ocultó sus manos en su túnica—. Tendrá que entenderlo, de alguna manera u otra.
—En ese caso —preparándose—, prefiero no hacerlo. ¡Garchomp, saca a esta mujer de aquí!
El pokémon dragón se lanzó al ataque contra la mujer. Cynthia estaba consciente de que una pelea dentro del hospital dañaría aún más la estructura del edificio, por lo que debía sacar a la mujer para poder pelear sin exponer la integridad del hospital.
Sin embargo, cuando Garchomp se lanzó al ataque, la mujer golpeó ligeramente el piso con su pie izquierdo. De inmediato, un poderoso Steelix salió de por debajo de la tierra, golpeando fuertemente al dragón y lanzándolo contra una pared. El poderoso pokémon se alzó, rompiendo el techo que estaba sobre él.
—¡Garchomp! —gritó la campeona al ver a su pokémon incrustado en la pared.
—No le dejare estar en su terreno, si quiere detener mis planes, deberá hacerlo aquí.
Cynthia se mordió el labio, frustrada por no haber podido poner en marcha su plan. La líder del Team Right parecía estar lo suficientemente decidida para derribar el edificio, no importaba que pasara.
Por otro lado, Diamond no tardó mucho tiempo para dar caza con uno de los hombres del Team Right, el cual se había escondido en el cuarto donde se almacenaban las medicinas. Al verlo, el Holder sacó a su Torterra para inmovilizar al recluta usando las poderosas lianas del pokémon. Al acercarse pudo darse cuenta de que el hombre había colocado un extraño dispositivo en la pared. Una carga de C4.
—¡¿Cómo es posible que accedan a esto?! —preguntó de manera enojada —¡Podrían matar a miles!
—Ese es la idea —exclamó el recluta, riendo de manera psicótica.
Diamond no podía entender la falta de empatía del recluta, sintió algo muy extraño en su estómago al tratar de procesar la actitud del recluta. Sentía como si ese nombre no fuera un ser humano.
Dejando al hombre completamente inmovilizado, Diamond dejó a su Torterra cuidando del prisionero y comenzó a buscar a los demás reclutar. Sin embargo, el seguir escuchando la risa psicótica del hombre mientras él se alejaba le hizo sentirse completamente desesperado. Debía darse prisa, pues seguramente los demás reclutas estarían colocando as bombas.
Al pasar por la salida, Diamond notó como varias personas evacuaban el hospital. Aquello le hizo pensar en Níquel y Platinum, quienes se habían quedado solas. Quería ir con ellas, pero sabía que detener a los reclutas era prioridad. Sin embargo, eso no le impidió sacar a su Lickilicky para que fuera hasta la habitación de Níquel a cuidar de ella.
—¿Qué clase de plan diabólico involucra la destrucción de un hospital? —preguntó Cynthia, mientras su Togekiss salía de su pokébola para unirse al combate.
—No es la destrucción del hospital, señora, es lo que representa —la mujer se acercó lentamente—. Es una señal de atención, necesitamos esparcir nuestro mensaje.
—¿Qué mensaje? —preguntó, queriendo ganar tiempo.
—Uno que ustedes se niegan a reconocer, la solución a la depresión del mundo —volviendo a alzar las manos—. Lo tendrán que entender a las buenas, o a las malas.
Cuando la mujer chasqueó los dedos, Steelix comenzó a crear finas rocas que flotaban en torno a él. Rápidamente, Mamoswine lanzó una ligera ventisca a las rocas para crear una gruesa capa de hielo en cada una de ellas. Con aquel ataque listo, Steelix lanzó el ataque a los pokémon de Cynthia y a ella misma.
Aunque Garchomp trató de detener el ataque con Llamarada, aquel ataque ígneo solo descongeló algunas piedras, por lo que él y Togekiss recibieron los múltiples impactos de piedras y piedras congeladas.
Aquello los dejo bastante heridos, por lo que Cynthia inmediatamente contraatacó con los mejores movimientos que considero suficientes para no dañar la estructura.
—¡Garchomp, Garra Dragón contra Mamoswine, Togekiss, Esfera Aural contra Steelix! —ordenó Cynthia.
De inmediato ambos pokémon atacaron a sus respectivos rivales. En cuanto a velocidad, Garchomp destacó bastante, atacando a Mamoswine antes de que este se diese cuenta de la cercanía del pokémon. Por su lado, Steelix logró esquivar la primera vez la Esfera Aural, pero el enorme pokémon no se esperaba que el ataque volvería a atacarlo desde atrás.
Aunque los ataques fueron directos, ambos contrincantes no se vieron afectados por aquellos movimientos. Sonriendo, la líder simplemente chifló y sus pokémon atacaron con Rayo Hielo y Roca Afilada. Ataques que dejaron gravemente heridos a los pokémon de Cynthia.
La campeona se quedó sorprendida de la extraña forma en la que aquella mujer manejaba a sus pokémon, solo necesitaba hacer simples gestos y los pokémon sabían exactamente qué hacer. Por un momento recordó la forma de pelea de Rose, pero perfeccionada.
—Campeona, ¿seguirá negándole a este mundo el cambio que merece? —mencionó la mujer— Acaso no es capaz de entender la podredumbre que protege.
—Solo entiendo que desea acabar con cientos de vidas, y no pienso permitirlo —dijo, apretando con fuerzas su puño—. No solo como campeona, como ser humano, pienso proteger este lugar.
—Es más débil de lo que me imagine —dijo, riendo levemente—. Esa convicción es tan frágil, tan frágil que puede ser destruida con el más mínimo golpe.
Tronando los dedos, Mamoswine y Steelix comenzaron a hacer retumbar todo el piso. Cynthia pudo percatarse de inmediato que el movimiento que ambos pokémon estaban utilizando era Terremoto.
El ver una de las paredes desquebrajarse le hizo saber que debía actuar rápido si no quería que toda la estructura se venía encima. No estaba segura de como resultaría lo que estaba a punto de hacer, pero debía intentarlo.
—¡Togekiss usa Onda Ígnea, Garchomp usa Avalancha! —gritó Cynthia, desesperada.
Ambos pokémon atacaron al unísono, Togekiss creando un poderoso viento de fuego y Garchomp lanzando multitud de rocas al enemigo. Para salir ilesa, la líder se refugió por dentro de su túnica, la cual pareció soportar sin problemas ambos ataques.
Esta vez los ataques fueron efectivos, lo suficiente para que ambos pokémon rivales se detuvieran en seco. Sin embargo, ambos pokémon aun parecían no verse cansados en lo absoluto.
—No es una persona que le guste salirse de lo que las personas le dicen que haga, ¿cierto? —dijo la líder, dejando de ocultarse—. No importa lo que la biología le pida que haga, usted siempre hará caso a lo que los demás le dicen, seguirá sus reglas.
—¡¿A qué te refieres con eso?! —gritó.
—A algo muy simple, a que usted fue domada —la mujer sacó sus dos manos de su túnica—. Yo no sigo reglas sociales, yo tengo la ventaja.
La mujer entonces aplaudió un total de cuatro veces. Luego de eso, el ambiente se quedó completamente quieto hasta que dos pokémon extras hicieron acto de presencia: Sygilyph y Cofragrigus. Ambos pokémon se pusieron en posición, listos para atacar.
Una pelea dispareja, un dos contra cuatro. Cynthia entonces entendió a lo que se refería la líder. Esa mujer estaba dispuesta a romper las reglas, todo con el afán de llevar a cabo su desquiciado plan.
—¿Qué ocurre? ¿Acaso sus preciadas reglas le han fallado? —preguntó la líder con ironía.
—Eso es jugar muy sucio —expresó, enojada y tomando la pokébola de su Milotic.
—La naturaleza no se trata de pelear limpio —la mujer movió su mano en círculos—. Se trata de ser el más apto.
Los cuatro pokémon se lanzaron contra la campeona, la cual pudo lanzar rápidamente Milotic y le ordenó lanzar Rayo Hielo. Garchomp se unió usando Llamarada y Togekiss con Onda Ígnea.
El poder de los tres movimientos fue suficiente para repeler el ataque de los pokémon, los cuales se vieron obligados a retroceder lentamente. Sin embargo, Cynthia pudo notar como Cofragrigus había desaparecido. Cuando lo intentó buscar con la mirada, la campeona miró de forma aterrada como Garchomp cayó al piso, debilitado por el Golpe Fantasma que Cofragrigus había ejecutado en él.
—¡¿Cómo rayos?! —exclamó Cynthia, sorprendida.
—La magia del dejar a tus pokémon tener libertad propia —confesó la mujer, alzando el brazo izquierdo y luego bajarlo rápidamente—. Algo que ni siquiera una campeona puedo dominar si necesita de artefactos tecnológicos.
Aquel extraño movimiento fue una orden, una orden que Sygilyph y Steelix entendieron a la perfección. Steelix comenzó a cargar un poderoso Foco Resplandor. Sin embargo, el pokémon apuntó a una de las paredes del recinto.
Cuando el ataque fue ejecutado, este se vio rodeado por una extraña onda psíquica que incremento su potencia y lo hizo moverse al lugar que Sygilyph quisiera, golpeando todas las paredes del hospital que encontró y golpeando a Diamond en el brazo, raspándolo bastante y haciendo que este cayera al suelo cuando había detenido al penúltimo recluta que se había encontrado.
—¡Ahh! —Diamond gritó, arrodillándose en el suelo y sujetando su brazo—. ¿Qué fue eso?
Su Bastiodon se alarmó bastante y fue a ver a su entrenador, mientras que el recluta permanecía en el suelo, noqueado por una roca. Afortunadamente, el golpe no parecía ser demasiado grave.
—Cynthia debe estar necesitando nuestra ayuda, pero aún nos falta un recluta más —dijo el hombre, levantándose y viendo el pasillo—. Debemos encontrarlo rápido.
Diamond corrió lo más rápido que pudo, buscando como loco al último recluta que faltaba.
Mientras tanto, el rayo finalmente encontró su fin en el pecho de Togekiss. El golpe fue directo y devastador, dejando al pokémon completamente fuera de combate. Cynthia se quedó de piedra al ver a sus dos pokémon completamente noqueados. Los pokémon de la líder eran realmente fuertes.
—Ser una campeona con reglas no significa nada —alzó ambos brazos al viento—. Esas reglas no le servirán para sobrevivir.
Cynthia solo se quedó en silencio, tratando de buscar otra estrategia para vencer. Sin embargo, con la mitad de su equipo ocupados y con solo un pokémon en el combate, la campeona no estaba segura que aquello tuviera un desarrollo favorable para ella.
—Podre sobrevivir, ya lo he hecho antes —confesó con determinación—. No permitiré que derrumbes este lugar, cueste lo que cueste…
Luego de decir aquellas palabras, Cynthia se quedó en silenció, mirando fijamente hacia al Mamoswine enemigo. Cuando la líder volteó, vio cómo su pokémon cayó debilitado al suelo, casi de la misma forma que el Garchomp de la campeona.
Girándose para ver el origen del golpe, la mujer se percató que había sido un Empoleon el responsable de que este pokémon se hubiese debilitado. El Empoleon pertenecía a Platinum, la cual había llegado ahí gracias a la ayuda de su Froslass.
—¡Platinum! —gritó Cynthia, sorprendida.
—No puedo permitir que esta mujer derrumbe el edificio —gritó la chica, preparando a su pokémon para combatir—. No importa lo que pase, yo también defenderé este lugar.
Platinum sabía que su posición era ventajosa, tenían a la líder rodeada y cualquier intentó de huir sería inútil. Y aunque Cynthia no estaba segura si dejar desprotegido a los demás era buena idea, desde luego que era algo muy bueno tener a Platinum justo ahí.
—Ya veo, la encarnación misma de las actividades sustitutorias ha llegado —la mujer se giró nuevamente hacia Cynthia—. Veamos cómo termina todo esto.
Esta vez, sin mover sus manos, sus tres pokémon comenzaron a atacar a los demás. Platinum logró defenderse bien contra Steelix y Cofragrigus, mientras que Cynthia no tuvo mucho problema en enfrentarse a Sygilyph en un uno contra uno.
Sin embargo, ambas entrenadores aún estaban sorprendidas de que los pokémon de su rival pudiese ser tan sincronizados y poderosos sin recibir ninguna orden directa.
Mientras sus pokémon combatían, la mujer tomó un dispositivo que estaba dentro de su túnica y apretó un botón.
Diamond finalmente había logrado al último de los reclutas gracias a su Bastiodon y los pokémon restantes de Cynthia que le ayudaban. El hombre finalmente pudo suspirar y tomar un poco de aire. Preparándose para ayudar a Cynthia.
Sin embargo, antes de poder hacer algo, la pequeña pantalla pegada a las cargas C4 proyectó la palabra "READY". Aquello puso en alerta máxima al Holder.
—Oh no, oh no, oh no —dijo repetidamente, acercándose a la carga.
Debía pensar rápido si no quería que las cargas explotaran y derrumbaran todo el edificio de una sola explosión. Destruirla con algún ataque era una tonta idea, pues estas podrían explotar de manera directa. Tampoco podía desarmarlas, e ir por el Rotom de Níquel le llevaría demasiado tiempo.
Sin embargo, una idea finalmente llegó a su mente. Con cuidado, el chico tomó la carga y se dirigió rápido hacia las otras cargas.
—¡Recolecten todas las cargas y llévenlas a la salida trasera del hospital! —gritó Diamond.
Todos los pokémon presentes asintieron y pusieron manos a la obra para llevar las cargas al lugar que Diamond les indicó. Debían ser rápidos, no sabían cuando las cargas podían explotar.
Volviendo a la líder, su Steelix y su Sygilyph había caído derrotados, quedando simplemente Cofragrigus, el cual era rodeado por Empoleon, Froslass y Milotic. Al verse acorralada, la mujer no pudo evitar reír.
—¿De qué diablos te ríes? —preguntó Platinum, exaltada.
—¿Es que acaso son incapaces de verlo? Aunque hayan ganado, su victoria sigue probando mi punto —exclamó, viendo directamente a Cynthia—. Hicieron caso a sus instintos biológicos, rompieron las reglas y lograron vencerme.
—Eso no importa en estos momentos —confesó Cynthia, sin importarle lo que la mujer dijo.
—Tienes razón, eso no importara —la mujer alzó el dispositivo—. Después de todo, esto lo hago por el bien de todos.
—¡No! —gritó Cynthia, corriendo hacia la mujer.
Aunque Platinum no entendió para que era aquel dispositivo, Cynthia de inmediato entendió que significaba y se lanzó para detener que aquella mujer iniciara una explosión. Corrió todo lo que pudo, pero fue incapaz de impedir que la líder presionara el botón rojo cuando Cofragrigus la detuvo en seco.
Cuando el botón fue accionado, lo único que pudieron escuchar fue un sonido de explosión apenas audible, demasiado débil, como si algo lo hubiese detenido. Las tres mujeres se quedaron muy confundidas hasta que sintieron como la tierra por debajo de sus pies empezó a temblar.
Una sombra cubrió la luz del exterior que iluminaba a la líder, la cual volteó rápidamente para ver de qué se trataba. Justo detrás de ella se encontraba Regigigas, el poderoso pokémon legendario.
Aquel coloso había detenido la explosión encerrando los dispositivos en sus manos, soportando sin problemas la explosión y liberando solo el polvo que dejaron los explosivos.
—¡Diamond! —gritó Platinum, aliviada.
El hombre se encontraba con todos sus pokémon y los de Cynthia, dispuestos a pelear contra la líder. La mujer no pudo dejar de ver al enorme pokémon.
—Oh, poderoso Regigigas, tú también has sucumbido a esta locura —la mujer no parecía frustrada, su voz era bastante serena—. Una fuerza de la naturaleza controlado por la tecnología de un simple humano, no hay nada más blasfemo.
La mujer no paraba de ver al coloso, aquel pokémon no le transmitía temor, le transmitía el más puro respeto. El respeto era tal que, ante la mirada confundida de todos, la mujer se retiró su corona y se arrodillo ante el pokémon.
Ninguno de los presentes entendió el porqué de tan extraña reacción. Era algo que completamente raro a lo cual no sabía cómo responder.
Sin embargo, mientras el sonido de las sirenas de policía se hacía presente, un pequeño portal oscuro se formó en el piso por detrás de la mujer y de él salió un extraño pokémon dragón, con cabeza en forma de avión, que tomó con fuerza a la mujer, atrapándola de inmediato. La mujer no pareció oponer resistencia alguna.
Ante la mirada todavía más confundida de todos, el excampeón de Galar hizo su aparición junto a su leal Charizard. El hombre parecía haber encargado a su Dragapult el atrapar a la mujer.
—Así que tú eres la líder de esos tipos, había demasiados malos en la planta de energía —confesó el hombre, acercándose a la campeona.
—¡¿Lionel?! —gritó Cynthia, sorprendida.
—El mismo que canta y baila —confesó, sin perder seriedad.
Fue una genuina sorpresa para todos, más para Diamond y Platinum. Cynthia también estaba muy sorprendida, pero mantuvo su mirada fija en la mujer, no quería que escapara por ningún medio.
—¿Estás seguro que tu Dragapult podrá mantenerla así? —preguntó la campeona.
—Por supuesto, mi compañero podría mantener entre sus brazos hasta a un Rypherior —confesó, seguro de sí mismo.
—¿Estás seguro? —preguntó la líder.
Sin entender eso, la líder del Team Right sacó de entre sus manos una gran navaja y se la enterró directamente en el hombro, perforándoselo y dañando gravemente a Dragapult. Ante el dolor, el pokémon de inmediato soltó a la mujer, la cual rápidamente se quitó su arma.
—¡Dragapult! —gritó Lionel, asustado— ¿Qué demonios te sucede?
—Pura supervivencia —confesó la mujer, mientras se reincorporaba y llamaba a su Cofragrigus.
—No te dejare escapar —gritó Diamond—. ¡Ghee, usa Desarme!
El pokémon legendario no se contuvo ni un momento y atacó sin piedad a la mujer. Sin embargo, antes de que su mano hiciera contacto con el suelo, la líder y Cofragrigus había huido mediante un portal hacia la dimensión fantasma. Sin embargo, tras de sí dejaron un extraño libro y una carta antes de desaparecer completamente.
Lionel corrió rápidamente a auxiliar a su pokémon, el cual afortunadamente no tenía una herida demasiado profunda. Diamond devolvió a Regigigas a su pokébola y Platinum se acercó a él para ver cómo se encontraba, mientras que Cynthia tomó con delicadeza ambos artículos, usando sus mangas para no dejar huellas en dichos objetos.
El libro tenía una portada completamente hecha de cuero y en título ponía "El problema de la sociedad industrializada". Mientras que la carta estaba sellada por el nombre de la que parecía ser la autora de la carta.
—"Gaudimia" —leyó Cynthia, mientras las patrullas de policía finalmente llegaban al lugar.
De inmediato, las patrullas de policía se hicieron presentes, junto a un equipo de la seguridad nacional. Al verlos, Cynthia rápidamente guardó el libro entre sus ropas, haciéndoles un guiño a Diamond y los demás.
—¿Dónde está la terrorista? —preguntó uno de los oficiales.
—¿Dónde más? Escapó hacia la dimensión fantasma —dijo Lionel, ayudando a su pokémon—. Vaya que son lentos en llegar.
—El problema es que el sistema telefónico de toda la región es un caos —confesó el hombre.
—Pero si solo atacaron Ciudad Jubileo —dijo Diamond, algo molesto.
—Señor —el policía hizo una pequeña pausa antes de decir la verdad—. Tenemos registro de otros tres ataques más.
[…]
4 de Junio, Ruta 212
Cuando el reloj marcó las tres de la mañana, Wake supo que era hora de terminar el entrenamiento. El hombre se había quedado despierto en todo momento, incluso cuando su hija se había marchado, viendo con suma atención como era que Rose peleaba contra los pokémon salvajes de la ruta.
El líder de gimnasio admitió que la chica era muy buena entrenadora, más de lo que cabría esperar de la hija de sus pupilos más queridos. Sin embargo, el factor del miedo estropeaba toda aquella cualidad como entrenadora.
Aunque esta sesión había sido la primera de su entrenamiento con Shroomish, Wake la había puesto a buscar y capturar dicho pokémon en la noche, pues debía exponerla lo suficiente al miedo para que pudieses vencerlo de una vez por todas.
Y parecía que Rose era ligeramente menos temerosa cuando Wake llegó de sorpresa y la chica no se asustó, pero el líder se dio cuenta rápidamente que la falta de miedo era por el sueño. Esto debía ser un avance, o tal vez no.
—Lo has hecho fantástico, continuaremos mañana —dijo el hombre, con una gran sonrisa.
—De acuerdo, señor… —dijo Rose, bostezando.
El sueño era palpable tanto en ella como en su pokémon, el cual lucia bastante cansado. Sin perder el tiempo, el líder y su alumna caminaron tranquilamente por la ruta para llegar a la casa del mismo.
Luego de caminar por unas horas, finalmente ambos llegaron al acogedor hogar del líder de gimnasio. Una gran sala blanca les dio la bienvenida a ambos, sala que lucía bastante limpia y confortable.
Aunque en un principio Wake pensó que sería buena idea dejar a Rose dormir afuera para que siguiera exponiéndose a su miedo, el hombre descartó esa idea al pensar en los peligros que correría allá afuera si es que alguien del Team Age la encontrara. Por ello, él y Fantina la dejaron hospedarse en la pequeña recamara de huéspedes de su hogar.
Despidiéndose del líder y tomando sus pokémon, la chica fue lentamente a su alcoba, mientras que Wake empezaría a apagar todas las luces de su casa y, finalmente, irse a dormir junto a su esposa.
Sin embargo, cuando el hombre subió a su alcoba, no encontró a su esposa por ningún lado, tampoco a sus pokémon. Esto lo extrañó bastante, por lo que rápidamente intentó llamarle, sin respuesta. También intentó llamar a su hija, pero esta tampoco respondió.
Asustado, el hombre reviso su poké-reloj, el cual había apagado en la sesión de entrenamiento. De haberlo encendido, el hombre se hubiese dado cuenta de que tenía veinte llamadas perdidas de su esposa y cinco de su hija.
Asustado, el hombre llamó de vuelta a su esposa, la cual contestó rápidamente, con un tono entrecortado.
—¡Fantina, ¿Dónde estás?! —preguntó, asustado.
—En Ciudad Corazon, ven lo más pronto posible —la voz de Fantina era bastante agitada y desesperada—. Los del Team Right atacaron el recinto de los concursos.
—Voy en camino —replicó.
Sin perder tiempo, Wake tomó la pokébola de su Pelipper y puso marcha hacia Ciudad Corazon. Antes de salir, el hombre pensó por un minuto en llevar a Rose, pero ella aún no se encontraba lista para hacerle frente a ese evento, y probablemente la expondría demasiado.
Sin más, el hombre salió junto su pokémon para ir lo más rápido posible a la ciudad. Debía llegar lo más rápido posible para poder ayudar a su esposa.
Luego de unos largos veinte minutos de vuelo, el hombre finalmente pudo ver la ciudad y una gigantesca nube de humo elevándose por encima de esta. Ello provocó que la preocupación del hombre aumentó de sobremanera.
Sin embargo, para su fortuna, el cataclismo parecía haber sido apaciguado. Había numerosos bomberos, policías y paramédicos en la zona; unos apagaban el incendio, otros se llevaban a los secuaces del Team Right y los últimos atendían a los heridos.
El líder no tardó mucho en encontrarse a Fantina y a su hija, las cuales eran atendidas por un paramédico. Al llegar, Fantina rápidamente se levantó y abrazó cálidamente a su esposo, el cual correspondió rápidamente.
—Qué bueno que llegaste —dijo Fantina, sonriendo y derramando una pequeña lagrima.
—Lo lamento tanto —dijo el hombre, abrazando a su mujer y dándole un beso.
Sin embargo, cuando ese pequeño beso se terminó, el hombre pudo notar como Fantina tenía un corte en la mejilla, un corte que parecía superficial, pero bastante notorio.
—¿Qué te ocurrió? —preguntó Wake, asustado.
—Yo…
—Fue ese maldito sujeto —interrumpió Greda, apuntando a un hombre alto que era levado por dos oficiales.
Wake pudo ver al agresor, un hombre bastante alto y vestido con ropas viejas y armadura de cota de malla. El hombre sintió rápidamente la mirada del líder de gimnasio, a lo cual respondió con una sonrisa burlona que hizo hervir la sangre del líder. No faltaba mucho para que Wake se lanzara contra aquel sujeto y lo moliera a golpes.
—Mamá y yo peleamos contra ese tipo, y aunque logramos ganarle, el sujeto se volvió loco, sacó una espada y empezó a atacarnos —relató Greda, mientras mantenía una bolsa de hielo en su cabeza—. Fue una suerte que Drifblim lo noqueara antes de que hiciera algo más.
Wake se sintió fatal, sintió una gran impotencia al no poder estar ahí para poder ayudar. Sin embargo, las cálidas manos de su mujer tocando su mejilla le hicieron sentirse un poco mejor.
—No tienes que preocuparte, cariño, estamos bien —dijo Fantina, tranquilamente.
—Lo sé, pero debí haber estado ahí —dijo Wake, apenado.
—Lo importante es que estas ahora aquí —Fantina trató de sonreír, sin embargo, el ver el hermoso recinto de los concursos en llamas le hizo difícil la tarea de mantener esa sonrisa.
Wake entonces notó la enorme tristeza que abordó a Fantina al ver su recinto incendiarse. Los concursos eran una de las cosas que más amaba en la vida, y el verlos casi destruidos había roto una parte dentro de ella.
Aguantando sus ganas de llorar, Fantina le explicó lo que había ocurrido.
—Ellos volaron la planta de energía que abastecía la ciudad, luego de esos colocaron bombas en las instalaciones y comenzaron a volar todo, de no haber llegado rápido ellos hubieran derrumbado el edificio entero —la voz de Fantina parecía quebrase con cada palabra.
Afortunadamente habían logrado detener el ataque del Team Right, pero este no parecía haber sido del todo fallido con un treinta por ciento de la estructura dañada.
Wake no entendía por qué el Team Right quería destruir ese lugar. Aquel recinto no era ni siquiera un lugar estratégico o algo parecido, era un simple lugar de entretenimiento, nada más que eso.
El hombre simplemente abrazó fuertemente a su esposa, tratando de consolarle por lo que había ocurrido. Aquello parecía ser lo único que podía hacer por ella.
Fantina y Greda siguieron siendo atendidas un poco tiempo más hasta que los paramédicos les dijeron que estaban bien. Aunque Fantina tuvo que quedarse un poco más de tiempo para que le suturaran la herida.
Mientras esperaba a que terminaran de atender a su esposa, el hombre seguía preguntándose; ¿Cuál era el motivo del ataque?
[…]
4 de Junio, Ciudad Jubileo.
Las cosas comenzaron a calmarse rápidamente después de que la lideresa del Team Right se desvaneciera. La policía rápidamente acordonó el lugar y se llevó a todos los reclutas que quedaron atrapados gracias a la ayuda de Diamond.
Curiosamente, los pokémon de la mujer abandonaron el área de manera apresurada cuando retomaron el conocimiento, ignorando a todos los presentes.
Para fortuna de todos, la estructura del edificio no se vio afectada y el riesgo de derrumbe era mínimo, pero de todas formas se tendría que hacer una evacuación de algunos pacientes a otros hospitales de la ciudad en lo que en el hospital se realizaban las reparaciones en la primera y segunda planta.
Rápidamente los heridos recibieron pronta atención médica, entre ellos Diamond y Cynthia. El Dragapult de Lionel también recibiría pronta atención médica por su herida de cuchillo, la cual no había resultado grave, afortunadamente.
Diamond, Platinum, Cynthia y Lionel tuvieron que ir a la comisaria de policía para declarar lo que habían visto. Cynthia se reusó a dejar a Moon y compañía solos, pero una rápida llamada a Roark y Gardenia arregló rápidamente la situación.
Al llegar a la oficina de policía, los cuatro fueron separados para que se tomara su declaración, siendo Cynthia la primera en ser interrogada.
La campeona entró a una habitación realmente cliche de interrogatorios, con dos simples sillas de metal, una mesa del mismo material, una lámpara que iluminaba levemente la habitación y una ventana que solo podía ser vista desde afuera.
La campeona esperó de manera algo desesperada la llegada del detective que tomaría su caso. Honestamente la mujer solo deseaba estar en el hospital y leer el extraño libro que la líder dejó.
Su espera fue recompensada cuando finalmente el detective entró. Sin embargo y para su desgracia, aquel hombre vestido con camisa beis y pantalones oscuros no era un desconocido para ella.
—Señor Hemertly —dijo Cynthia con desagrado.
—Señora Cynthia, es realmente un placer verla por aquí —dijo el hombre de manera sarcástica.
El agente rápidamente se sentó en su silla correspondiente y comenzó a hojear unos papeles que tenía dentro de un folder. Después de eso, el hombre sacó de la bolsa de su camisa un cigarrillo y un encendedor.
—¿Gusta? —preguntó, ofreciéndole uno.
—No fumo, y le agradecería que no fumara en este lugar —dijo la mujer, algo fastidiada.
El hombre solo pudo lanzar una risa seca mientras empezaba a prender su cigarro sin problema alguno.
—Déjeme decirle algo, "campeona" —poniendo tono burlón—, usted podrá imponer las reglas que se le antojen halla afuera, pero en este lugar, yo soy el que pone las reglas.
—Bueno, si usted pone las reglas, ¿por qué ahí dice que está prohibido fumar? —dijo, apuntando hacia la pared.
Al girar, el hombre pudo apreciar cómo había perfectamente colocado un cartel que les avisaba de dicha prohibición. Una vena en la cabeza del detective se saltó mientras tuvo que apagar su cigarrillo sobre la mesa de metal.
—¿Podemos dejar el cliche del detective malo e ir al grano? —preguntó Cynthia de manera sarcástica.
—Si tanto quiere retirarse, entonces cuénteme lo que sucedió, con lujo de detalles —tratando de ocultar su enojo, Hemertly sacó de su bolsillo una grabadora y comenzó a grabar.
De inmediato, Cynthia comenzó a hablar sobre cómo habían ocurrido los acontecimientos de la última hora. Desde que la electricidad del hospital se fue, hasta cuando la policía llegó al lugar, evadiendo el tema del libro.
Hemertly puso bastante atención a la plática de Cynthia, anotando en su bitácora algunos datos importantes sobre el lenguaje corporal de la campeona. Cuando la campeona terminó su relato, el detective puso una cara burlona.
—Así que todo eso fue lo que ocurrió, ¿cierto? —preguntó el detective, arqueando la ceja.
—Es correcto —contestó Cynthia, con firmeza—. Al final su trabajo de encontrar a esa mujer fue tan inútil que ella misma apareció por su propia cuenta.
—Ignorando su comentario, hay algo que me gustaría preguntarle —el hombre, claramente enojado, evadió la burla—. Algunos compañeros me informan que le vieron ocultando algo en sus ropas, una especie de libro o algo así.
—¿Hmm? Pues no estoy segura de lo que me habla, la mujer simplemente desapareció —confesó de manera seria.
—Oh, entonces tal vez debe tratarse de un error —dijo el hombre, cerrando su folder—. Porque, claro, una campeona sabría perfectamente que ocultar evidencia a la policía es ilegal.
—De la misma forma que intentar asesinar a tres personas, ¿cierto? —respondió, arqueando la ceja.
Al escuchar aquello, Hemertly no pudo evitar lanzar una risa seca, entendió al instante como era el juego de Cynthia. La cuestión no estaba en saber si él decidiría entrar al juego o no.
—En efecto, pero nadie en este lugar está intentando eso, ¿cierto? —preguntó, arqueando la ceja.
—Bueno, desde hace un día, no —Cynthia miró a Hemertly de forma retadora—. Es curioso, el hombre que intentó asesinar a Titan en Pueblo Sosiego usaba artefactos explosivos de su agencia, no sabía que el estado le vendía armas a los asesinos, en especial cosas como granadas.
—La agencia se tiene que financiar de alguna forma, venderle armas a otras regiones resulta lucrativo —aquello no era algo que no se supiera—. No me extrañaría que algún extranjero buscara asesinar al chico, considerado quienes son sus padres…
—O lo que vio en cierto lugar —Cynthia se apoyó en la mesa—. Señor Hemertly, estamos a punto de llegar al punto de no retorno, ¿se da cuenta de ello?
—Recuerde que usted está en mi terreno, señora —dijo con voz retadora—. Si oculta evidencia la podrían encerrar por más de diez años.
—Y ¿cuál es la condena para mandar a asesinar a alguien? Creo que supera los veinticinco años, ¿no? —la campeona estaba lejos de dejarse intimidar—. Es más, una simple llamada con la Interpol bastaría para que se les condenara internacionalmente.
El ambiente se puso increíblemente tenso. Ambos sabían que cualquier paso en falso marcaria la diferencia entre ir a prisión o no. Hemertly tenía experiencia en interrogatorios, pero Cynthia parecía ser mucho más hábil, lo suficiente para hacer sudar al detective.
—Bueno, puede intentarlo si quiere, puede apretar el botón rojo y volar el castillo de naipes —tomando sus muñecas—. Sin embargo, no creo que valga la pena, tal vez las palabras correctas ayuden a su situación.
—Palabras correctas, no pudo escoger mejor combinación —la mujer sonrió de manera sarcástica—. Supongo que eso podría ayudarnos, ¿no le parece?
—Creo que finalmente entiende, así que reformulare la pregunta —el hombre miró firmemente a la mujer, levantándose de su silla—. ¿Usted vio algún objeto ser dejado por la líder?
Cynthia se lo pensó un momento, aquella guerra psicológica había llegado finalmente a su punto de quiebre. En su mente se debatía si debía decirle que sí o no al detective. No estaba segura de que la agencia cumpliera su parte del trato. Sin embargo, en esas circunstancias, no le quedaba otra alternativa.
—Una carta, la mujer dejó una carta —la campeona comenzó a sacar el sobre que la líder había dejado, usando desde luego sus mangas como protector.
Hemertly sonrió de manera burlona, se colocó guantes de látex y alzó la mano como quien recibe un premio por haber ganado un juego. El hombre estaba genuinamente orgulloso de su trabajo.
Usando un cuchillo, el hombre comenzó a abrir el sobre, encontrándose con una carta escrita por la líder del Team Right, Gaudimia. La carta rezaba lo siguiente:
"Publicación.
Los atentados hoy vistos en Ciudad Jubileo, Ciudad Corazon y Ciudad Canal son solo una advertencia, una advertencia de nuestro poderío.
Nuestro más ferviente deseo es la dignificación humana, es por ello que hemos escrito nuestro manifiesto, un manifiesto que debe ser publicado en todos los medios de comunicación existentes.
Si dichas demandas no son atendidas, estamos dispuestos a destruir aún más ciudades.
No descansaremos hasta eliminar este mal.
Gaudimia, Líder del Team Right"
Al leerlo, Hemertly sintió un poco de pánico. Aquellos ataques solo era una advertencia, una advertencia de lo que ese grupo de lunáticos podían lograr si no se cumplían sus demandas.
—¿Hay algo más que haya dejado? —preguntó, ligeramente nervioso.
—Parece que lo que leyó no le gustó —dijo Cynthia, desalentada y tomando el libro.
Rápidamente le entregó el libro, un libro que de inmediato el hombre hojeó para después cerrarlo y mirar a otro lado, algo alarmado.
—Señora Cynthia, ¿sabe algo más acerca de esto? —preguntó, de manera seria.
El cambio de tono del hombre alertó un poco a la campeona. Parecía como si lo que estuviera escrito en ese libro fuera mucho peor de lo que imaginaba.
—No, apenas tuve tiempo de leerlo —confesó, asustada—. ¿Gaudimia tiene algo más planeado?
Hemertly se quedó en silenció por unos momentos, analizando la situación. Ese silencio incomodó bastante a la campeona, la cual buscaba respuestas a sus incógnitas, incógnitas que no fueron contestadas.
—Agradezco su cooperación, puede retirarse —dijo el hombre, guardando las cosas.
—¿No piensa decirme algo? —preguntó Cynthia, arqueando la ceja.
No hubo respuesta, el hombre se quedó en silencio, apuntado a la puerta de salida. Enojada, Cynthia simplemente se levantó y se retiró de la habitación, completamente frustrada.
La mente de Hemertly se quedó clavada por unos instantes más, hasta que finalmente tuvo una revelación. Su tono pasó de preocupación a alegría, alegría sínica.
Ante su brillante idea, el hombre sonrió de manera perversa.
[…]
A la mañana siguiente, Ciudad Jubileo
Para fortuna de Cynthia, Roark y Gardenia respondieron a su llamado y fueron de inmediato al hospital de Jubileo. Ambos líderes de gimnasio llegaron algo asustados y somnolientos al hospital y cuidaron de Moon y compañía.
Gardenia se dedicó a resguardar a Moon, Gold, Crystal y Titan (el cual volvió a caer dormido por el cansancio, pero ya estaba fuera del coma), mientras que Roark resguardó la habitación Níquel.
Fue una gran proeza para ambos líderes no quedarse dormidos, pues apenas tenían consigo cuatro horas de sueño cuando fueron interrumpidos por la campeona.
Gardenia fue la que más difícil lo pasó, pues solo se quedó en la pequeña sala donde estaba Cynthia, mirando en silencio la habitación. Mientras que Roark tuvo algo que hacer por una o dos horas; hablar con Níquel.
Cuando el sol salió por la ventana de la habitación de Níquel, también lo hizo Diamond y Platinum, los cuales habían terminado el interrogatorio de la policía y estaban listos para otra ronda de cuidar a Níquel. El verlos pasar fue un gran alivio para Roark, el cual moría por finalmente dormir.
El hombre se despidió de la pareja y fue con su esposa para finalmente ir a su casa y dormir un poco, seguramente no abrirían sus gimnasios ese día. Platinum también se fue, pues Diamond le dijo que él cuidaría de su hija, que Platinum debía descansar.
Platinum aceptó, le dio un beso de despedida y finalmente puso rumbo al hotel donde se estaba hospedando cerca de la ciudad, todo con el fin de estar más cerca de Níquel.
Platinum salió del hospital y puso marcha al hotel. La holder no podía negar que se sentía demasiado agotada. La adrenalina había desaparecido, haciendo que los efectos de permanecer casi veintiocho horas seguidas despierta empezaras a fatigarla.
Cuando llegó al hotel, el mismo donde se hospedaba Lionel, la mujer alcanzó a notar una presencia completamente desagradable esperándola en la recepción. Su cerebro solo pudo pensar "tú no, no ahora", mientras el hombre de traje amarillo se acercaba a ella.
—Prima, enserio te vez acabada, el cuidar a una niña que ni siquiera es tuya está haciendo estragos tu salud —dijo el hombre con tono burlón.
—No tengo tiempo para esto, Cooper —dijo Platinum con un tono somnoliento y cansado.
El tono de poca importancia de Platinum hizo saltar la vena de Cooper, el cual solo hizo una mueca simulando una risa forzada, acto que Platinum simplemente ignoró y continuó su camino hacia su habitación.
—¿Piensas dejar a tu primo aquí, hablando solo? —preguntó Cooper, con prepotencia.
—Primo, estoy demasiado cansada, podemos hablar luego —dijo la holder seguido de un gran bostezo.
—Bueno, supongo que será lo mejor que te acostumbres a dormir en hoteles —dijo de manera sarcástica y burlona.
Esas últimas palabras si fueron captadas por el cansado cerebro de la hereda. Aquello le hizo darse la vuelta para ver a Cooper directamente a los ojos.
—¿De que estas hablando? —preguntó, confundida.
—¿Acaso olvidaste lo que le dije al mamarracho de tu marido? Quedan 30 días para que acabe el contrato —el hombre lanzó una sonrisa maliciosa—. O tu intentó de hija adoptiva consigue ese medallón, o los tres se largan de mi nueva mansión.
Y bueno, ¿qué tal les pareció? xD
Bueno, solo quería avisar que habrá un pequeño parón con esta historia. Esta vez auto impuesto.
Quisiera tomarme un tiempo de esta historia para respirar un poco, escribir otras cosas, despejar mi mente y volver a tope con ella.
ESTA HISTORIA SI SE CONTINUARA.
No pienso, bajo ninguna concepto, abandonarla, solo necesito darme un tiempo, pero por supuesto que volvera.
No estoy seguro si alcance a escribir un capitulo 16 antes de que acabe el año (tengo algunos asuntos), tratare de hacerlo, pero de todas formas no me esperen sentados (?) xD
Sobre Lionel, la verdad me gustó bastante su desarrollo final y quise introducirlo en esta historia. Y no se preocupen, no habrá spoilers de la historia del juego (Implicando que lo de Sword and Shield se le pueda llamar historia), solo queria usar al personaje para algunas cosas futuras xD.
Sin mas, gracias por leer :D
PD: Por si pasa algo, Felices Fiestas :D
