Hola, queridos lectores uwu.
Aquí les traigo un nuevo capitulo, el cual espero disfruten.
Afortunadamente logre terminarlo en esta fecha (al menos en horario de Mexico xD).
Sin mas, espero lo disfruten.
Enjoy :D
Entrada 19: Retomar el viaje
12 de Junio, Ciudad Jubileo
La luz de la mañana iluminó la habitación del hospital donde se hospedaba Níquel. Sin embargo, la luz solar iluminaba una cama vacía y acomodada. Los aparatos de la habitación estaban completamente apagados y los sueros habían sido retirados.
Al fondo de la habitación se encontraba un espejo, un espejo desde el cual se reflejaba Níquel. La chica se miraba directamente, observando cómo había cambiado desde la última vez que se había visto.
Sus pantalones azules ligeramente arrugados, su camisa blanca un poco rota por las mangas, su brazo izquierdo enyesado, su brazo derecho con algunas pequeñas cicatrices de las innumerables perforación que le hicieron y su pelo un poco más largo de lo que gustaría admitir.
Suspiró con calma, bajó los hombros y se giró, encontrándose que arriba de la mesita de noche había una caja de regalo algo grande. Con lentitud se acercó y tomó la pequeña carta que había sobre ella.
"Para mi querida nieta.
Espero que te recuperes pronto y sigas con tu maravilloso viaje.
Supe que tu ropa se estropeó y decidí comparte un camiseta nueva y un abrigo para el frio.
Espero que te recuperes pronto.
Con amor, Johanna."
Aquello hizo que Níquel sonriera ligeramente, dejando la caja una vez más en su sitio. Odiaba recibir regalos, pero no podía hacerle el feo a la madre de Diamond. No era su abuela, pero no tenía problema con que se refiriera a ella como nieta.
—Debí haberla visto antes de cambiarme —dijo, con una pequeña risa sarcástica—. Bueno, empecemos de nuevo.
Mientras Níquel comenzaba la titánica tares de cambiar de ropa, Diamond la esperaba en la recepción del hospital. El hombre se encontraba sentado en un pequeño sillón amarillo, mirando con poco interés su pokéreloj.
El aparato solo mostraba noticas que no parecían alentarlo mucho; protestas y más protestas. No solo en las diferentes ciudades de la región, sino que también en su propia casa, la mansión Berlitz.
—Algún día ira la policía, algún día —dijo Diamond con desgana, mirando con la mirada baja como seguían las manifestaciones.
No queriendo ver más de aquello, Diamond alzó la mirada para ver la televisión del hospital. El aparato, para su mala fortuna, mostraba las noticias del día a día con la misma reportera pelirroja.
—Y en otras noticias, los diferentes noticieros y medios de comunicación han publicado el extraño "Manifiesto" del Team Right —dijo la presentadora—. Se le pide a toda la población que por favor lea el documento y si tiene alguna información que dé con el paradero de la líder, favor de comunicarse con los servicios de emergencia.
—Así que Cynthia decidió publicarlo —dijo Diamond para sí mismo, cruzándose de brazos—. Espero que ahora si puedan atraparla.
De inmediato, Diamond recordó lo que había ocurrido en ese mismo hospital hace varios días. Lentamente el hombre acercó su mano a su cinturón y encontró la pokébola donde descansaba su Regigigas.
Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando una chica se paró frente a él. Al voltear pudo ver a su hija adoptiva con una cara ligeramente sonrojada. Níquel llevaba puesta una camiseta blanca con un estampado de un Pikachu sorprendido y una chaqueta café oscura. Al verla, Diamond no pudo evitar sonreír.
—¿Lista? —preguntó.
—Sí, es solo qué —Níquel no pudo evitar volver a ver el estampado de su camiseta—. ¿Tu madre es fanática de los estampados?
—Pues, algo así —respondió, riendo—. Se te ve bien.
—Si tú lo dices —la chica no pudo evitar rodar los ojos—. Salgamos de aquí.
Diamond aceptó con la mirada y ambos caminaron hacia las afueras del hospital.
Al salir, Níquel pudo sentir después de tanto tiempo el aire de la calle y el ruido de la misma. No le agradaba, pero en aquellas circunstancias el volver a sentirlos le hizo sentirse bastante bien.
—No vuelvo a pasar tanto tiempo encerrada —admitió, mirando a los alrededores.
Diamond respondió con una pequeña risa y ambos comenzaron a caminar hasta la ruta 203. Mientras avanzaban, Níquel no pudo evitar observar las enormes grúas que se miraban a lo lejos, cerca de la planta eléctrica de la ciudad. A su vez, se percató como el tráfico dificultaba un poco la movilidad.
Varios autos se mantenían atorados en las calles que iban al norte. Cuando cruzó una calle, la chica pudo ver al fondo de una calle como había un gran número de personas con carteles. Al verlos, la chica no pudo evitar sentir un escalofrió que le recorrió el cuerpo.
—¿Cuál es tu plan? —preguntó Diamond, viendo a la chica tan nerviosa.
—P-pienso retar a Roark, al final esto de estar en el hospital cambio todos los planes —admitió Níquel, con nerviosismo.
—Siempre pensé que después de derrotar a Gardenia irías con Roark —dijo Diamond.
—Esa era la idea, pero entonces me encontré con Rose —Níquel se detuvo un momento—. ¿Sabes qué pasó con ella?
—Bueno, Pearl me dijo que se había ido con Wake a entrenar, supongo que aún ha de seguir su entrenamiento —Diamond miró al cielo y se puso el dedo en la barbilla.
Níquel no pudo evitar abrir los ojos al escuchar aquello. Cuando empezó a hacer cuentas de cuánto tiempo había pasado desde la última vez que la vio, un extraño sentimiento nació en ella.
—Por Arceus, Rose debió volverse mucho más fuerte —admitió, cruzándose de hombros—. Me hace sentirme inútil en estos momentos.
—Bueno, ten en cuenta que tu estuviste en el hospital —Diamond intentó calmarle—. Además, tienes tiempo para ponerte al corriente.
—Esa es la meta, Diamond —admitió Níquel, determinada—. Deberé entrenar más, no puedo quedarme atrás.
Diamond sonrió al ver la determinación de su hija adoptiva, el verla tan determinada le hacía bastante feliz, mas después de días viéndola tan desanimada y triste.
Luego de unas horas caminando entre la congestionada ciudad, Diamond y Níquel llegaron hasta las pequeñas escaleras que separaban la ruta 203 de la ciudad.
—Bueno, hasta aquí llegó yo —admitió Diamond, suspirando—. ¿Tienes todo preparado en tu mochila?
—Medicinas, comida, las instrucciones de cómo manejar mi yeso, todo —respondió Níquel, moviendo su mochila.
—No olvides lo que dijo el doctor, nada de esfuerzo físico excesivo —le recordó—. No hay que arriesgarse.
—Tranquilo, lo tengo en cuenta —Níquel puso su mano en donde estaba su corazón—. Para tener once años, parece que tengo el corazón de alguien de sesenta.
—Al menos por ahora —Diamond suspiró, para después tomar el hombro de su hija—. Cuídate mucho, recuerda lo que te dije, no dejes que las emociones te dominen, ¿de acuerdo?
—Eso intentare —Níquel le sonrió de vuelta.
Diamond entonces respondió con un pequeño abrazo, un abrazo que tomó por sorpresa a Níquel. Aunque frunció levemente el ceño, Níquel respondió el abrazo con unas pequeñas palmadas.
—Bueno, no hagas esto tan sentimental —respondió.
—Lo lamento, la costumbre —Diamond rio levemente—. Cuídate.
—Eso hare —Níquel comenzó a bajar levemente las escaleras, al estar hasta abajo, volteó—. Adiós pa… digo, adiós Diamond.
Aquello hizo que Diamond sonriera bastante, despidiéndose igualmente de su hija adoptiva. Níquel entonces comenzó a caminar hacia la ruta, dispuesta a una pequeña jornada de entrenamiento, debía recuperar todo el tiempo perdido.
[…]
10 de Junio, Monte Corona
Las cuevas que atravesaban el Monte Corona eran bien conocidas. Sin embargo, aunque la mayoría de cuevas estaban bien iluminadas, había bastantes más que permanecían de forma natural.
Lejos de los pisos firmes y planos, de las innumerables luces que iluminaban el camino y de las paredes de madera y cuarzo estaban aquellas cavernas naturales con piso irregular, con mucha oscuridad y repletas de obstáculos.
En una de ella, un bastante grande y que era iluminada tenuemente por una antorcha y un pequeño hueco que daba a las afueras de la montaña se encontraba una bolsa de dormir perfectamente acomodada, junto a algunas cazuelas con algo de comida.
De pronto, en ese pequeño campamento improvisado se pudo escuchar el ruido de una roca partiéndose. Cerca de ahí, un Machoke se encontraba peleando contra lo que parecía ser un Kakuna.
—¡Kakuna, Picotazo Venenoso otra vez! —gritó Titan, desde la cima de una roca.
El pokémon insecto de inmediato saltó, con el pequeño pico de la parte inferior de su cuerpo envuelta en luz morada, y lanzó un fuerte ataque contra el pokémon rival. Machoke se cubrió del ataque con sus brazos, y aunque resistió bien, la herida generada por Kakuna se volvió morada y empezó a drenarle energía.
—¡Ahora usa Fortaleza! —ordenó el entrenador.
Un aura blanca rodeo a Kakuna, aumentando su defensa. Rápidamente Machoke se lanzó contra el pokémon usando Tajo Cruzado. Cuando el ataque fue ejecutado, Kakuna no pareció verse afectado.
—¡Vuelve a usar Fortaleza! —gritó Titan.
Su pokémon volvió a ejecutar su movimiento, volviéndose todavía más defensivo. El Machoke enemigo comenzó a golpear a Kakuna de forma más agresiva, pero cada golpe que asestaba no parecía tener efecto alguno.
—¡Otra vez, Picotazo Venenoso! —gritó Titan.
En medio de la serie de golpes de Machoke, Kakuna logró atacar a su adversario, justo en la barbilla. Aquel golpe logró derribar a Machoke al suelo, dejándolo bastante herido. El pokémon intentó levantarse, pero un profundo dolor en el brazo logró debilitarlo por completo.
—Bien hecho —dijo Titan.
El holder se acercó a su pokémon, el cual a pesar de tener la misma mirada penetrante de siempre, podía sentir como su pokémon parecía feliz por el entrenamiento. Metiendo a su pokémon en su pokébola, pudo ver como Machoke lentamente volvía a levantarse y se retiraba.
—Le daría una baya, pero ya se me acabaron —confesó Titan, apenado.
Con una pequeña sonrisa, el chico tomó dos de sus pokébolas y las miró, encontrándose a su Kakuna y a su recién evolucionado Dragalge.
—Hemos entrenado muy duro, chicos, se han vuelto muy fuertes —sonriendo—. Sin embargo, aún nos falta mucho para tan siquiera alcanzar el nivel de mis padres.
Suspirando el chico miró al techo de la caverna y pensó en ellos. No sabía dónde estaban, aunque tuviera problemas más importantes, algo dentro de él le hacía querer saber dónde estaba.
Metiendo a sus pokémon en su cinturón, Titan caminó hasta su pequeño campamento. Aunque su dolor había mejorado bastante, aún debía ser cuidadoso para poder agacharse, sujetándose la parte baja de la espalda en ese proceso.
Con cuidado sacó el pequeño aparato rastreador que le había dado Júpiter. Con el aparato en sus manos comenzó a caminar hacia el pequeño hueco que daba a las afueras de la montaña.
Presionando el botón rojo del lado derecho, la pantalla del aparato se encendió, mostrando un mapa de la región de Sinnoh. Luego de unos segundos, cientos de puntos rojos comenzaron aparecer en toda la pantalla, llenando por completo el mapa.
—Tantas personas, el Equipo Galaxia tenia demasiados miembros —dijo Titan, para después corregir—, bueno, más que miembros eran esclavos.
Tenía mucho trabajó que hacer luego de que terminara su entrenamiento. Tenía que reunir a todas esas personas para convencerlas de volver al equipo.
Sin embargo, el cuerpo de Titan comenzó a temblar al contemplar que tendría que convencerlas de algún modo. En el fondo sabía que era poco probable que la gente volviera a aceptar de manera pacífica unirse al equipo. Verse a él mismo frente a aquellas personas que tanto lastimó Cyrus le hizo sentir mucha incomodidad.
Luego de ese pequeño momento, sus ojos miraron la segunda opción que había en su control. El gran botón morado que estaba en el centro, el cual ejecutaba la orden de volver a activar los chips de control mental. El contemplar la posibilidad de activarlo le hizo querer arrogar el control.
—No, no lo hare —admitió, apagando el control una vez más—. No pienso cometer esos errores, no pienso herir más a la gente.
Negando con la cabeza, el chico se dio media vuelta para volver a su pequeño campamento improvisado. Sin embargo, antes de llegar se paró en seco.
Miró con detenimiento el gran cumulo de rocas que se encontraban al fondo de la cueva, viendo con atención la posición de estas y las pequeñas sombras que se formaban debido a la luz de la antorcha.
Su piel se erizó mientras seguía examinando aquellas rocas que le parecían extrañas. Había algo en cómo estaban acomodadas que le hizo querer lanzar a uno de sus pokémon de inmediato.
Guardando un poco la calma y ventilándose el cuerpo por el calor de la cueva, el chico sintió como la cabeza comenzó a dolerle y comenzó a darle vueltas. Sujetándose del muro, Titan llevó su mano libre a sus ojos y los limpió, esperando que aquello aliviara su mareo.
Luego de unos segundos, el chico tomó una de sus pokébolas y sacó a su Metang, el cual lo miró con ligera preocupación.
—Sera mejor que salgamos por un poco de aire —con lentitud, el chico se reincorporó—. ¿Podrías tomar mis cosas?
Metang aceptó, se acercó a las cosas de su entrenador y comenzó a guardarlas para llevárselas. Titan por su parte sentía como si su cerebro hubiera sido exprimido y estuviera golpeando con su cráneo.
Cuando los mareos se fueron, el chico y su pokémon salieron lentamente de la cueva, con Titan sujetando su cabeza para intentar controlar el dolor de cabeza. Mientras se alejaban, ambos no notaron como las sombras de las rocas que tanto observaban habían vuelto a cambiar de posición, una vez más.
[…]
10 de Junio, Ciudad Pirita
—¡Goose, Tajo Umbrío! —ordenó Níquel.
En medio de un pequeño campo, Zangoose se abalanzó contra un Luxio. Las garras iluminadas del pokémon de la holder golpearon la cabeza de Luxio, mandándolo a volar y lanzándole contra el suelo.
El pokémon rival intentó levantarse, pero el golpe había sido lo suficientemente fuerte como para que este se debilitara por completo, dándole la victoria a Níquel sobre el entrenador de pantalones cortos.
Mientras su rival se acercaba a su pokémon, Níquel pudo sentir como Zangoose volvía con ella en cuatro patas y se le restregaba en los pies como si de un Persian se tratara. Níquel no pudo evitar expresar una vez más cierta confusión al ver a su pokémon.
—¿Te criaron unos Persian o algo? —preguntó la entrenadora, mirando su pokémon.
De inmediato su rival se acercó a ella, dándole su mano en señal de respeto. Níquel de inmediato correspondió el acto.
—Buen combate, eres muy fuerte —dijo el chico con una sonrisa.
—Gracias —dijo, con cierta molestia—. ¿Sabes dónde está el centro pokémon?
El chico asintió y le explicó donde se encontraba el lugar. Níquel agradeció y se apresuró a ir al lugar, despidiéndose de su rival y metiendo a su Zangoose a su pokébola.
Mientras caminaba, pudo notar lo vacía que se encontraba la ciudad. No había ninguna persona en la calles, ni siquiera automóviles en movimiento, la ciudad parecía estar algo muerta.
Mientras Níquel se preguntaba a que era debido esto, finalmente llegó al Centro Pokémon. Como era de esperarse, el establecimiento se encontraba completamente vació, con solo la enfermera en el centro del recinto.
Luego de entregarle a su equipo para que la enfermera los curara, la chica sintió como su estómago comenzaba a emitir ciertos ruiditos de hambre. Tomó su mochila e intentó buscar algún alimento, pero el ver la máquina expendedora al fondo le hizo cambiar de idea.
—Bueno, no he comido nada delicioso desde que estuve en el hospital —dijo, acercándose a la máquina.
Sacando dinero de su mochila, la chica se acercó a la enorme máquina y comenzó a revisar las opciones que tenían. Galletas, papas, pan, nachos con queso, chetos, sodas e incluso yogurt bebible, todo aquello hizo que la boca de Níquel empezara a babear de solo pensar en comerlos. Sin embargo, la chica se detuvo al recordar su limitado dinero.
—Si gasto de más tendría que usar la tarjeta de… —se detuvo antes de decir aquel nombre— Solo comprare una galletas y algo para después.
Apretando los botones de la máquina, Níquel compró un paquete de galletas de chispas de chocolate, una bolsa de chetos, una soda de lima limón y un yogurt de fresa, no pudo soportar la tentación. Sin embargo, la chica guardo los chetos y la soda en su mochila, para poder disfrutarlos después.
Caminando lentamente hacia una de las pequeñas sillas con mesa que había en el recinto, Níquel destapó sus productos y procedió a comer. Una sensación de frescura recorrió su cuerpo cuando el yogurt de fresa recorrió su garganta. La chica no pudo evitar lanzar un sonido de satisfacción luego de beber un poco de ese yogurt y comer una galleta.
—Por Arceus, extrañaba esto —admitió, mientras comenzaba a comer otra galleta.
No podía negarlo, se sentía completamente feliz de volver a comer aquellas golosinas que tanto le habían prohibido en el hospital. Disfrutar del dulce sabor de las chispas de chocolate combinado con el yogurt de fresa le hacía estremecerse ligeramente.
No pasó mucho tiempo hasta darse cuenta que había comido todo lo que compró en muy poco tiempo. Y sin embargo, ella seguía sintiendo esa sensación en su boca que le pedía más comida así. Giró su mochila, la abrió y se vio tentada por tomar la gran bolsa de chetos que tenía, pero rápidamente negó con la cabeza y tomó unas bayas Oran.
—No, es mucha comida chatarra por hoy —dijo, cerrando su mochila.
Controlando su impulso, Níquel pudo concentrarse en comer sus bayas. No eran tan deliciosas como aquellas adictivas galletas, las sentía ligeramente amargas y sin sabor, pero sabía que no debía comer tanta comida chatarra.
Mientras comía sus bayas, sus ojos rodaron hasta un pequeño mueble lleno de revistas. Viendo que faltarían algunos minutos antes de que le devolvieran a sus pokémon, la chica se levantó y caminó hasta el pequeño aparador.
El gran mueble blanco estaba dividido en pequeñas secciones protegidas por una cúpula de cristal, las cuales contenían diferentes revistas y periódicos que podían ser comprados metiendo monedas en los pequeños huecos que había a un lado de los compartimentos.
Níquel caminó de un lado a otro viendo si debería comprar alguna revista. Había revistas de casi todo; revistas de combate, de moda, de espectáculos, de videojuegos e incluso de comida. Sin embargo, Níquel no sintió interés alguno en comprar alguna de estas revistas.
La sección de periódicos tampoco era muy distinta, con la ligera diferencia de tener algunas noticias que le erizaron la piel. "Numerosas protestas en Ciudad Jubileo", "Berlitz cae, utilidades de la compañía caen en picado", "El candidato Yake dará sus últimos discursos".
Aquello le hizo voltear la mirada, buscando no leer más aquello e irse de ese lugar. Sin embargo, antes de retirarse, Níquel vio como el espacio reservado para el periódico "The Jubile Times" estaba completamente abierta.
Extrañada, Níquel intentó bajar la cúpula, pensando que alguien la había dejado abierto. Sin embargo, al intentar bajar la tapa, esta se negaba a engancharse, no podía cerrarse. Fue entonces que la chica tomó el periódico y se acercó a donde estaba la enfermera mirando el aparato de recuperación.
—Disculpe, creo que la tapa de este periódico está descompuesta —dijo Níquel, mostrándole el periódico.
—Oh, es que esa edición es gratis —confesó la enfermera con una pequeña sonrisa.
—¿Gratis? —se dijo contrariada, mirando el periódico de vuelta—. ¿Por qué?
—Parece ser que publicaron algo que quieren que todo el mundo lea, eso fue lo que me dijo el repartidor —confesó.
Níquel arqueó una ceja, extrañada de aquel extraño suceso, le parecía raro que necesitaran publicar algo y que todo el mundo debía enterarse de ello. Se despidió de la enfermera y caminó hacia su silla para poder leer el periódico que tenía en su mano, después de todo sería una buena lectura.
Sentándose, la chica dejó caer el periódico en la mesa y con su mano sana comenzó a leer lo que decía el periódico.
"El problema de la sociedad industrializada – Manifiesto de la Líder del Equipo Right.
Se le pide a la población que si encuentra algún parecido con la forma de escribir de la autora con alguien que usted conozca, por favor informe a las autoridades correspondientes"-
Al leer aquello su mente hizo clic. De inmediato recordó el ataque al hospital, donde se la pasó cuestionándole a Platinum que es lo que ocurría hasta que ella salió rápido de la habitación del hospital. Diamond le informó después sobre el manifiesto y sobre las negociaciones, pero jamás le explicó que había llegado a esta resolución.
Hojeado torpemente el periódico se encontró que prácticamente todo el texto trataba de aquel manifiesto. Como si de un gato pequeño viendo una hoja caer del cielo se tratase, Níquel no pudo evitar sentir curiosidad de leer aquello. Sin embargo, la llamada de la enfermera le impidió comenzar a leer.
Guardando el periódico en su mochila, Níquel se paró y camino hacia la enfermera, la cual tenía sus cuatro pokébolas con sus pokémon recuperados del todo.
Níquel agradeció a la enfermera y salió del Centro Pokémon, lista para ir a enfrentar a Roark. Para su sorpresa, ahora parecía haber un poco más de gente caminando por la calles.
Sin embargo, la holder notó como la gente comenzaba a caminar hacia un punto al sur de la ciudad, cerca de la antigua mina de la misma. Sin prestarle importancia, Níquel continuó su camino hasta encontrarse de frente al gimnasio, el cual tenía un enorme cartel en sus puertas.
"Estimados Retadores.
Temó informar que no me encontrare en el gimnasio hasta el próximo 15 de Junio, debo atender algunos problemas de Jubileo.
Lamento de antemano las molestias que mi ausencia pueda causar. Pero en cuanto vuelva estaré gustoso de combatir contra ustedes.
-Roark"
Los dientes de Níquel chocaron mientras maldecía en silencio la ausencia del líder de gimnasio. Ya se había atrasado demasiado con su misión de conseguir todas las medallas y esto solo la atrasaría más.
Golpeando el suelo con una patada, la holder frunció el ceño y se retiró del lugar, si no podía pelear contra Roark, su siguiente misión era pelear contra Maylene. Algo dentro de su estómago se retorció al pensar en retar a la líder de gimnasio. Seguramente la líder no estaría tan contenta después de lo que ha hecho pasar a Rose.
Al ver como la luz del sol parecía desaparecer lentamente, la chica caminó hacia un hotel que había visto al sur de la ciudad, cerca de la entrada a la mina. Conforme caminaba, la chica se encontró con más gente que caminaba hacia ese lugar de la mina. Rápidamente, Níquel se percató del por qué la gente hacia esto.
A la entrada de la mina se encontraba la mayoría de la gente en un mitin, un mitin de la persona que menos quería encontrarse; Yake. El hombre, sobre un escenario, hablaba de manera apasionada con la población.
—… esta vieja mina de carbón representa muchas cosas para esta ciudad, representa no solo el motivo por el cual existió en un primer lugar, sino también el por qué ahora la mayoría del gobierno no ha ayudado a esta bella ciudad —el hombre se acomodaba la corbata y el micrófono—. Cuando cerró, la ciudad se vino a pique y al gobierno no le importó dejar a los ciudadanos a su suerte, y eso es algo que mi administración no piensa seguir haciendo —el hombre alzó la voz—. En mi gobierno, invertiremos para que Ciudad Pirita vuelva a ser la bella ciudad que fue en el pasado, no los abandonaremos por ningún motivo.
Níquel se quedó paralizada, su piel se volvió blanca y sus pupilas se contrajeron conforme veía la enorme cantidad de gente acumulada. Un sudor frio recorría su cuerpo lentamente, empapándola y deseando de manera desesperada salir de ahí.
Cuando la gente comenzó a gritar, Níquel no pudo evitar tener una imagen mental en su cabeza, una imagen de cientos de figuras negras abalanzándose contra ella. Otra sensación apareció, tres sombras pequeñas sobre ella, atacándola, golpeándola.
Usando su mano sana para taparse las orejas, Níquel negó efusivamente con la cabeza.
—¡No, déjenme! —gritó.
Nadie la escuchó, solo estaba ella con sus propios pensamientos. Cuando las extrañas sensaciones comenzaron a menguar, sus piernas finalmente respondieron y comenzó a correr lejos de ahí, hacia la ruta 207.
[…]
10 de Junio, Pueblo Arenisca
—¿Así que eso fue lo que pasó? —preguntó Diamond.
El hombre se encontraba en la sala principal de la mansión Berlitz. Sentado en el gran sofá blanco, Diamond hablaba con su pokéreloj con Níquel.
—Básicamente, si —admitió Níquel, con decepción—. Supongo que falle en mi primera prueba.
—No tienes que preocuparte por eso, es un proceso lento —admitió Diamond, con una pequeña sonrisa—. Estas haciendo tu mejor esfuerzo, alejarte del potencial peligro es lo mejor que puedes hacer, por ahora.
—No estoy segura —dijo, con nerviosismo—. No quiero ser tan cobarde como para huir de cualquier multitud que vea, sin embargo —hizo una pequeña pausa para tragar saliva—, esos pensamientos… no me gustan.
—No eres una cobarde por eso, Níquel —dijo Diamond, con tranquilidad—. No sé mucho de cosas mentales y eso, pero estoy seguro que es normal que sientas eso después de lo que pasó —el hombre se puso el dedo en su mentón—. Tal vez debas ir con la psicóloga que la doctora de Ciudad Corazon te recomendó.
Níquel movió los ojos hacia arriba, recordando aquella conversación. Rápidamente chasqueó los dedos.
—Ya lo recuerdo, debó ir a ese lugar entonces —dijo, con un poco más de calma—. Bueno, muchas gracias por la ayuda, Diamond, te llamare en cuanto vaya.
—Recuerda que estoy aquí siempre que lo necesites, no dudes en llamarme cuando quieras, ¿entendido? —preguntó Diamond, recibiendo un gesto de confirmación de su hija adoptada—. Cuídate mucho, Níquel, recuerda que te queremos demasiado.
—Yo también los… te quiero, Diamond —dijo Níquel con un tono de seriedad—. Buenas noches.
Níquel colgó, dejando en Diamond un mal sabor de boca. Bajando sus hombros, el hombre soltó sus brazos, miró al techo de la habitación y suspiró de manera lenta y algo triste.
La despedida de Níquel lo había desanimado bastante, le hizo recordar un poco aquellos tiempos cuando recién la había adoptado. Níquel y Platinum no se llevaron bien desde el inicio, sus personalidades chocaron al instante de conocerse. Y aunque parecía que ambas ya se llevaban bien y podían ser una familia, los últimos acontecimientos le hicieron sentir que tal vez esa relación no era tan fuerte como pensaba.
Las amaba a ambas, es por eso que le dolía la indiferencia y odio de una y la tristeza de la otra. Debía pensar en algo para intentar solventar esta solución, no quería que su familia no estuviera unida, no podía permitir que se repitiera lo mismo que pasó cuando él era un niño.
Un sonido lo sacó de sus pensamientos. Volteando la mirada pudo ver como Platinum entraba a la mansión con su típico traje negro con blanco. Aunque se alegró de verla, el rostro decaído de su esposa hizo que se preocupara.
—Amor ¿te encuentras bien? —preguntó Diamond, levantándose de inmediato.
—Sí, solo estoy cansada —respondió Platinum, caminando con algo de lentitud.
Diamond sabía que no estaba bien, esa forma tan cortante de responder se estaba volviendo una conducta muy común cuando Platinum llegaba a casa. Diamond entonces se acercó a ella, la tomó de los hombros y la miró directamente a los ojos.
La cara de Platinum había cambiado demasiado, sus ojos presentaban ya algunas ojeras y bolsas en los parpados. Sus labios estaban partidos y parecían como si pequeñas partes de estos hubieran sido arrancados por ella misma. Sin embargo, sus ojos enrojecidos y decaídos hicieron que Diamond sintiera algo dentro de su corazón.
—¿Quieres que te prepare algo? —preguntó, angustiado.
—No tengo hambre —dijo, con desganó.
—¿Chocolate o té? —preguntó de vuelta.
—Diamond, habló enserio —su tono se volvía agresivo—. No quiero nada.
—Entonces, ¿puedo llevarte a tu habitación? —preguntó, con una pequeña sonrisa.
—No soy una inútil, puedo sola —la mujer rápidamente se quitó las manos de Diamond de los hombros—. Solo quiero dormir, eso es todo.
Con molestia, Platinum se separó de Diamond y lentamente caminó hacia su alcoba. Mientras miraba a su esposa caminar hacia las grandes escaleras que la llevarían a su alcoba, Diamond no pudo evitar sentir como su corazón parecía romperse.
Con una fuerte presión en el pecho, el hombre se acercó a una de las ventanas, recargando sus manos en el marco de la misma. Alcanzó a divisar el bello jardín que había a las afueras, iluminado tenuemente por las luces instalas en el piso del mismo. Sin embargo, la parte más alejada lucia mucho más sucia, con el pasto repletó de papeles y pintura roja, pintura que también lucia en la parte alta del muro que protegía la residencia, muró del cual colgaban varios letreros.
Sintiendo el corazón en un puño, las lágrimas y sollozos se hicieron presentes rápidamente, ensuciando la ventana donde estaba Diamond.
—Esto está acabando con nosotros —susurró mientras las lágrimas corrían por su rostro.
[…]
10 de Junio, Ruta 207
La luz de la luna era lo único que acompaña a Níquel en su camino. Andando a un lado de la carretera, Níquel sujetaba con fuerza su mochila con su mano derecha y miraba con tranquilidad el caminó que recorría.
No tardó mucho para encontrarse con el túnel del Monte Corona, bien iluminado por los enormes focos del camino. Cuando entró, un recuerdo llegó rápidamente a su mente.
Miró con los ojos completamente abiertos el final del túnel, recordando los gritos que soltó junto a su compañera. Adentrándose en el túnel, aquel recuerdo se volvía cada vez más palpable.
Miró al techo del túnel; un enorme manto de roca que posaba sobre varios soportes metálicos. Suspiró y continuó caminando, con un extraño sentimiento de melancolía y tristeza. Miró su pokéreloj y buscó dentro de él sus contactos agregados. Cuando terminó de ver la lista, volvió a revisarla una vez más.
—¿Acaso no la agregue? —se preguntó, mirando una vez más la lista.
Sin embargo, la lista de contactos seguía igual, sin el número de su compañera. Suspiró, bajó los hombros y decidió seguir sin prestar atención a ello. Sin embargo, hizo una pequeña parada al ver una gran grieta en la pared.
Se acercó a ella, con una mirada seria y palpó lentamente la roca, la cual era fría al tacto. Tocando la pared pudo encontrar marcas de afiladas garras en la roca, algo de lo cual esperaba encontrarse.
—Salamance, me preguntó si…
Antes de poder terminar su oración, pudo escuchar un ruido proveniente del interior de la grieta. No era un ruido natural, era como el de una burbuja reventando en la pared, una burbuja muy poderosa.
Níquel de inmediato se alejó de la roca y sintió un poco de miedo, recordando su último encuentro con un pokémon en ese lugar. Dio un paso hacia atrás y miró a la salida, la cual se encontraba cerca.
Pensó en huir, pero lentamente cerró los ojos y comenzó a respirar profundamente, llenando sus pulmones de oxígeno y expulsando el bióxido de carbono de manera pausada. Cuando el oxígeno llegó a su cerebro, la chica se calmó bastante.
De inmediato, sacó a su Zangoose, el cual la miró extrañado al salir de su pokébola. Níquel solo lo miró con una mirada seria.
—Hace días un Salamance nos atacó a mí y a Rose —le dijo a su pokémon—. Por la bandana que encontré, sabía que era de un entrenador, y estoy dispuesta a saber quién fue, así que necesitó tu ayuda.
Zangoose movió la cabeza hacia un lado y se rascó la cien, no parecía entender aquello. Sin embargo, cuando otro sonido de un ataque pudo ser escuchado, el pokémon le dirigió una mirada determinada a su entrenadora.
Ambos entonces se adentraron en la grieta, con dificultad se adentraron entre el estrecho caminó hasta llegar a la pequeña cámara donde antaño Níquel y Rose querían dormir.
Iluminada por dos grandes antorchas, Níquel y Zangoose entraron en la cama, en la cual encontraron a un entrenador. Al verlo, Níquel lo reconoció de inmediato, apuntándole con sorpresa.
—¿Qué haces tú aquí? —preguntó, sorprendida.
A quien Níquel apuntaba no era otro que Titan, el cual se encontraba entrenando junto a su Yanmega en la pequeña cueva. Al verla, Titan también se sorprendió bastante, abriendo los ojos.
—Más bien, ¿Qué haces tú aquí? —le devolvió la pregunta.
—No me vengas con eso —Níquel empuño su mano—. ¿Tú eras el entrenador del Salamance que me atacó?
Titan de inmediato entrecerró el ojos derecho y movió la cabeza hacia un lado contrariado. Su Yanmega entonces se acercó a él, reaccionando de manera agresiva moviendo fuertemente sus alas.
—Yo no entrene a ningún Salamance —confesó, para después chasquear los dedos—. Sin embargo, tuve que enfrentarme a uno.
Níquel no pudo evitar echarse para atrás ante esa declaración.
—¿Tú lo enfrentaste? —preguntó, sorprendida—. ¿Entonces ese pokémon no era tuyo?
—No, pelee con él cuando llegue a este lugar —confesó el chico, metiendo a su Yanmega a su pokébola—. ¿Dices que ese pokémon te atacó?
—Sí, intente dormir en esta cueva y… —la chica recordó otro dato importante—. ¿No se supone que deberías estar en el hospital?
—¿Cómo sabes que estuve en el hospital? —preguntó devuelta.
Las pupilas de Níquel se contrajeron de inmediato, recordando que la última había hablado con él le había ocultado su identidad. Sin embargo, una pequeña sonrisa salió de sus labios al saber que él tampoco sabía que ella lo había salvado.
—Me entere por la prensa, nada más —confesó, rascándose el hombro—. Pensé que seguirías en el hospital.
—Ocurrieron algunas cosas, no es nada que te importe —dijo, para después ver el brazo enyesado de la chica—. Veo que tú también estuviste ahí.
—Oh, sí, tuve un accidente con una pelea —confesó, con algo de nerviosismo—. ¿Sabes quién podría ser el entrenador de ese Salamance?
Titan se llevó la mano a la barbilla y comenzó a meditar un poco, sin embargo, rápidamente negó con la cabeza.
—Lo desconozco, desde que vencí a ese Salamance no me lo volví a encontrar.
—Lo entiendo —Níquel también se llevó la mano a la barbilla.
La victoria por parte del chico la impresionó bastante. Sabía que Titan era poderoso desde que lo había visto, pero jamás imaginó que podría ganarle a un Salamance. Titan era fuerte, un holder que podría incluso ser más fuerte que Rose.
Titan era fuerte, Níquel deseaba ser fuerte, este debía ser el momento idóneo para probar su propia fuerza. Cuando vio que el chico comenzó a tomar sus cosas, pensó de inmediato en algo. Sería un excelente entrenamiento.
—Así que, ¿estas entrenando? —preguntó, curiosa.
—Eso hacía, honestamente creo que es hora de descansar —Titan se puso su mochila y caminó lentamente hacia la salida, pero la mano de Níquel lo detuvo—. ¿Qué quieres?
—Es mejor entrenar con un entrenador que con pokémon salvajes, ¿no te parece? —dijo Níquel, con una mirada picara.
Titan miró extrañado a la chica, no esperaba una propuesta así en ese lugar. Sin embargo, una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro al ver el rostro lleno de determinación en Níquel.
—De acuerdo, Daipura, creo que ese era tu nombre —Titan tomó una de sus pokébolas—. Una pelea individual, dos pokémon.
Níquel sonrió, confiada. Metió a su Zangoose a su pokébola y tomó otra pokébola, lista para comenzar el combate. Caminando hasta el otro lado de la cámara, Níquel lanzó su pokébola, a la par que Titan.
De la pokébola de Níquel se materializó Shuppet, mientras que de la de Titan apareció Kakuna. Al verlo, Níquel no pudo evitar sentir un poco de repelús, rascándose el codo.
—¿Acaso no te gustan los pokémon de tipo veneno? —preguntó Titan, confundido.
—No te incumbe, solo la pelea —respondió de manera agresiva—. ¡Shuppet, Golpe Bajo!
—¡Kakuna, Fortaleza! —ordenó Titan.
Shuppet intentó golpear rápidamente a Kakuna, pero su golpe no causó efecto alguno en el pokémon cuando este aumento su defensa física. Níquel no pudo evitar sorprenderse ante eso.
—No hay mucha forma de usar un Kakuna —dijo Níquel, alzando la mano—. ¡Shuppet, Bola Sombra!
—¡Kakuna, Picotazo Venenoso! —gritó Titan.
Ambos ataques impactaron en sus objetivos. A pesar del poder, Kakuna se mantuvo en su misma posición, al igual que Shuppet, quien se mantenía casi sin ninguna daño.
—No importa el número de estrategias, importa la calidad de las mismas —confesó Titan—. ¡Kakuna, continua!
—¡Ahora, Shuppet, usa Golpe Bajo!
Esta vez, el ataque de Shuppet al desplazarse bajo Kakuna y golpearlo fue exitoso, sin embargo, el pokémon se puso en la posición perfecta para que Kakuna lo golpeara en la cabeza con su ataque.
Shuppet volvió a salir intacto, sin embargó, Níquel pudo ver como su pokémon comenzaba a marearse ligeramente.
—¿Te encuentras bien? —preguntó Níquel, a lo cual Shuppet respondió con un gesto—. ¡Usa Bola Sombra!
Shuppet accedió y lanzó aquella esfera de energía al pokémon rival. Sin embargo, antes de que impactara, Kakuna se retiró del campo, haciendo que el ataque impactara en otro pokémon.
Una pequeña nube de polvo se levantó, menguando el fuego de las antorchas. Cuando el polvo se retiró, una extraña figura apareció en el campo. Las pupilas de Níquel se contrajeron mientras el nuevo rival de Shuppet revelaba su presencia.
—¡Dragalge, Trampa Toxica! —gritó Titan.
El enorme pokémon formó dos grandes burbujas moradas y las lanzó contra Shuppet, empapándole en aquella extraña sustancia y ralentizándolo. Cuando Shuppet volteó, pudo ver como su entrenadora también estaba ligeramente cubierta por aquella sustancia.
—¡AHH! —gritó Níquel.
Níquel se quedó viendo la sustancia manchando su abrigó por unos instantes, ignorando completamente el combate. Luego de gritar, la chica se quitó con rapidez el abrigo y lo arrojó al suelo, asqueada.
—¡Dragalge, usa Pulso Dragón! —gritó Titan.
El dragón aceptó, acumulando energía en su hocico y lanzándola contra el pequeño fantasma. Shuppet intentó escapar del golpe, pero este logró darle directamente en el pecho, lanzándolo contra la pared y debilitándolo.
Níquel salió de su pequeño trance al ver a su pokémon completamente debilitado. Al ver a su Shuppet en el suelo y el abrigo que le había dado la madre de Diamond ensuciada con esa sustancia, la chica frunció el ceño.
—Muy bien, niño bonito —dijo con enojó, metiendo a su Shuppet a su pokébola—. Limpiare esas asquerosas toxinas de una vez por todas.
Con enojo, Zangoose se materializó, listo para enfrentar al extraño dragón que estaba frente a él. La cara del pokémon mostraba férrea determinación por derrotar al pokémon veneno.
—¡Dragalge, Pulso Dragón! —gritó Titan.
—¡Goose, come la baya ahora! —ordenó Níquel.
Dragalge atacó con otro rayo a su enemigo, sin embargo, Zangoose logró escabullirse entre las rocas de la cámara para poder evitar el daño. Cuando el ataque cesó, Zangoose sacó de entre su pelaje una Baya Oran medió cortada y cubierta de una extraña sustancia morada, la cual de inmediato comió de un mordisco.
Al ver aquella baya, un pequeño recuerdo llegó a su cabeza, recordando su entrenamiento con flechas de hacía mucho tiempo. Sin embargo, ese pensamiento fue interrumpido cuando vio como un aura morada emergía de Zangoose.
—Ímpetu Toxico —dijo, sorprendido—. ¡Dragalge, Trampa Toxica!
—¡Esquívalo y usa Garra Brutal! —gritó Níquel.
Tres grandes burbujas de veneno se alzaron y fueron contra Zangoose, quien pudo esquivarlas con gran velocidad, haciéndolas impactar en el suelo. Con sus garras iluminadas, el pokémon golpeó con fuerza la cabeza de Dragalge, dañándolo considerablemente.
—¿Qué te pareció, niño bonito? —preguntó Níquel, con una sonrisa burlona— Tus toxinas no funcionaran esta vez.
—Eso está por verse —Titan miró a su pokémon—. ¡Dragalge, usa Escaldar!
—¡Zangoose, usa Garra Brutal una vez más!
Zangoose logró saltar y golpear una vez más a Dragalge en el hocico, pero esto no evitó que el dragón atacara ferozmente a Zangoose con un potente chorro de agua caliente que mando a Zangoose a volar.
El pokémon lentamente se levantó, su aura se incrementó y soltó un gritó bastante fuerte, mientras sus ojos se volvían completamente morados. Níquel sonrió, confiada.
—No debes hacer enojar a mi Zangoose, amigo —dijo Níquel—. ¡Goose, usa Tajo Umbrío!
—¡Protección! —gritó Titan.
Las garras de Zangoose se iluminaron de una luz oscura al momento en que este atacó a Dragalge. Sin embargo, el pokémon de Titan se vio protegido por una misteriosa barrera.
Al fallar, el aura de Zangoose creció aún más, a la par que su respiración se volvió más agitada. Al verlo, Titan sonrió ligeramente.
—No puedes protegerte por siempre —Níquel sentía como su corazón palpitaba fuertemente—. ¡Goose, Tajo Umbrío otra vez!
Esta vez, no hubo ninguna barrera que detuviera el ataque del pokémon. Las garras de Zangoose golpearon con fuerza la cara de Dragalge, haciendo que este saliera disparado hasta la pared de la cámara, rompiendo parte de la misma. Sin poder continuar, Dragalge cayó al suelo, debilitado.
—Hiciste un buen trabajo, Dragalge —dijo Titan, devolviéndolo a su pokébola—. ¡Kakuna, sigues tú!
El pokémon se materializó frente a un Zangoose con un aura morada oscura y una mirada sádica, listó para empezar el combate. Titan miró como su rival parecía ser igual a su pokémon, con una mirada determinada y confiada.
—¡Kakuna, Fortaleza! —ordenó Titan.
—¡Goose, Tajo Umbrío! —gritó Níquel.
Mientras el capullo de Kakuna se endurecía, Zangoose se acercó al pokémon y lo golpeó con su ataque, mandándolo a volar hacia una roca. Sin embargo, Kakuna soportó bien el golpe.
—¡Kakuna, sigue usando Fortaleza! —gritó Titan.
—¡Goose, acabaló con Garra Brutal, las veces que sean necesarias! —gritó Níquel con desesperación.
Tomando con fuerza su camisa, Níquel observó cómo una vez más las garras de Zangoose se iluminaban y golpeaban ferozmente a Kakuna, mientras el capullo de este se fortalecía. Luego del primer golpe, Kakuna ya se veía muy dañado.
Agitado, Kakuna pudo ver como Zangoose se alzaba ante él y se preparaba a atacarlo, el golpe de gracia. El pokémon pudo sentir la ráfaga del aire provocada por la preparación del ataque, pero no sintió nada más después de eso, solo escuchó un fuerte gritó por parte de su rival.
El aura de Zangoose colapsó sobre sí misma, provocando que Zangoose se paralizara por completó y gritara de dolor, el veneno lo había debilitado.
—¡Picadura! —gritó Titan.
Con el pokémon a su merced, Kakuna dio un salto y golpeó a su rival con su cola. Zangoose de inmediato cayó al suelo, debilitado por completo. Cuando vio a su pokémon en el pisó, Níquel se quedó de una sola pieza, en silencio.
Ver a su pokémon tirado en el piso hizo que toda su determinación se fuera de golpe. Con lentitud, la chica se acercó a su pokémon, el cual al sentir el toque de la mano de su entrenadora en su espalda le hizo levantarse lentamente.
—¿Te encuentras bien? —preguntó, con una mirada seria.
Zangoose no respondió, solo miró a los ojos a su entrenadora con una mirada un poco apenada. Níquel hizo un gesto, mirando a otro lado, para después devolverle la mirada.
—Peleaste bien —admitió, con una pequeña sonrisa.
—Daipura —Titan llamó la atención de la chica—. Dales esto.
Titan le lanzó a la chica dos Revivir, Níquel alcanzó a atraparlos, pero se les quedó bien por un instante, sintiendo como su corazón parecía encogerse al ver esos artículos, a la par que un extraño sentimiento de enojo nacía en su interior.
—"Dejen de regalarme cosas" —dijo en voz baja—. Gracias.
De inmediato le dio la medicina a su pokémon, provocando que este se recuperara rápidamente después de ingerirlo. Metiéndolo en su pokébola, Níquel sacó a su Shuppet y también le dio un Revivir, provocando que su pokémon se volviera a revitalizar. Al recuperar energía, Shuppet miró con cierta preocupación el sombrío rostro de su entrenadora.
—Fue una buena pelea, eres bastante buena —dijo Titan con una pequeña sonrisa.
—No seas tan modesto, es molesto —confesó Níquel, levantándose y tomando su mochila.
Titan movió la cabeza, confundido por el comportamiento de su rival. Curando a sus pokémon, el chico se acercó a Daipura.
—No me tomes por alguien engreído, realmente peleas muy bien —confesó, mirando a la cabizbaja Níquel.
—Y aun así no pude ganarte —el tonó enojado de Níquel hizo que Titan moviera la cabeza—. Ni siquiera usaste a ese Metang, y aun así no pude ganarte.
—Oh, así que también notaste el poder de Metang —Titan cerró los ojos y puso su mano en su barbilla—. Si te hace sentir mejor, nunca he podido controlar el poder de ese pokémon.
Níquel alzó la mirada y miró a Titan directamente a los ojos. Su corazón se agitó y su respiración se volvió más profunda conforme un intensó sentimiento de enojó nacía en su interior. Al ver esto, Titan dio un paso hacia atrás.
—No necesito que te compadezcas de mí, niño bonito —exclamó, con rabia.
—Oye tranquila, yo no quería…
—Deja de actuar como si me conocieras —dijo, con más rabia.
Asustando aún más a Titan, Níquel se dio media vuelta y fue a tomar su abrigó, el cual aún tenía algunas manchas moradas que la hicieron enojar aún más. Doblándolo, la chica se preparó para irse, pero se encontró con un Titan que le ofreció la mano.
—No me compadezco de ti, si lo hiciera te hubiese dejado ganar —confesó, con seriedad—. Eres fuerte, me vendría bien alguien con quien entrenar.
La ceja derecha de Níquel se arqueó al escuchar aquella petición. Miró con un poco de incredulidad la expresión seria del chico y su mano extendida. Mirando hacia otro lado, negó con la cabeza.
—No necesitó tu lastima —dijo, con enojo.
Titan cerró los ojos y suspiró lentamente.
—No es la primera vez que pierdes así, ¿verdad? —preguntó, con seriedad.
Los ojos de Níquel se abrieron como platos al escuchar aquello, sorprendida.
—¿Cómo podrías saberlo? —preguntó, enojada.
—Porque reconozco esa sensación, más de lo que crees —confesó, con calma—. Creo que quieres volverte fuerte, y ese enojo que sientes debe ser por qué piensas que no eres tan fuerte, yo pase por lo mismo —Titan se acercó más a la chica—. Entrena conmigo, tu misma dijiste que es mejor entrenar con alguien más, ¿no es así?
Níquel se quedó en silenció, analizando la petición que le hacia Titan. Aunque sentía gran enojo por la "condescendencia" que el holder sentía hacia ella, las palabras de Diamond recorrieron su mente.
Cerró los ojos y comenzó a respirar lentamente, sintiendo como su frecuencia cardiaca lentamente se normalizaba conforme sus pulmones se llenaban de oxígeno. Con aquel sentimiento de enojo desapareciendo lentamente, recordó a Rose.
Ya había entrenado con Rose y sus resultados mejoraron notablemente. Además, ella había estado entrenando mientras Níquel no estaba, esta era la oportunidad para poder estar más a la altura de la holder. Además, Titan no era alguien del cual podría desconfiar, por ahora.
Con sus pensamiento claros, Níquel terminó su respiración y miró a Titan, el cual parecía extrañado por los ejercicios de la chica.
—De acuerdo, lo hare —Níquel le dio la mano a Titan—. Sin embargo no quiero que tengas más consideraciones conmigo, ¿de acuerdo?
—Hecho —Titan sonrió, confiado, apretando su mano—. Bueno, tengo un campamento más adentro de la cueva, podemos…
—¡Espera! —Níquel se hizo para atrás, asustada— Nunca dije que haría un campamento contigo.
—Oye tranquila, es un área segura además… —Titan se detuvo al entender lo que le pasaba a Níquel, sonrojándose— La cámara es lo suficientemente grande, no necesitas estar cerca.
Níquel no puedo evitar sonrojarse ligeramente al contemplar acampar con Titan en una cueva, solos. Sin embargo, Shuppet hizo un pequeño gesto.
—Está bien, pero te advierto que si intentas cualquier movimiento —Shuppet hizo una mirada siniestra al chico— Shuppet conoce al menos cuatro formas de absorber tu alma.
—Por Arceus, no confundas las cosas —Titan negó con la cabeza, moviendo sus manos de un lado a otro—. Solo será entrenamiento, no te preocupes por eso, no soy un degenerado.
—Más te vale —dijo de manera sombría—. Vámonos entonces.
Con un Titan ligeramente molestó y sonrojado y una Níquel algo asustada e igualmente sonrojada, ambos chicos comenzaron a caminar fuera de la cámara, rumbo a la base de Titan. A pesar del altercado final, Níquel se sentía bastante optimista con su nuevo compañero, era la hora de igualar las tornas con Rose.
[…]
11 de Junio, Ciudad Canal
A pesar de los últimos acontecimientos, el puerto de Ciudad Canal seguía en operaciones. Con solo una pequeña sección se la ciudad acordonada por los agentes de seguridad y otra por los servicios de reparación, los barcos seguían llegando sin problema alguno.
Esa misma mañana, mientras los Pelipper sobrevolaban el mar, el S.S Aqua volvía a aparecer en el puerto, trayendo consigo otros grupos de extranjeros que buscaban pasar sus vacaciones de verano en la región.
Con el puente listo, lentamente la gente comenzó a salir del barco para reunirse con aquellas personas que los esperaban en el puerto, aunque algunos otros se dirigían directamente a la zona de taxis del lugar.
Entre ese grupo de personas se encontraba un hombre vestido con unos pantalones negros y una chamarra azul marino. El hombre bajó del barco y de inmediato comenzó a buscar entre la multitud a alguien en particular, encontrándose rápidamente con otro hombre al cual reconoció de inmediato.
—Diamond —dijo el hombre, ofreciéndole la mano.
—Silver, bienvenido a Sinnoh —Diamond sonrió y le dio la mano igual—. ¿Cómo estuvo el viaje?
—Bien, aunque me sorprende que haga tanto frio —admitió el pelirrojo, suspirando—. ¿No vendría Pearl también?
—Oh, Pearl no pudo venir, esta atareado con cosas del Frente de Batalla, además de que las cosas han estado algo ajetreadas últimamente —confesó Diamond, un poco triste.
—Comprendo —Silver bajó lentamente la mirada—. ¿Crees que podamos ir a verlos primero?
—Claro, acompáñame e iremos de inmediato —aceptó Diamond.
Rápidamente, Diamond y Silver abandonaron el puerto, caminando hacia el estacionamiento donde el holder de Sinnoh había dejado su vehículo. Guardando las cosas de Silver en la cajuela, ambos subieron a la camioneta azul y pusieron marcha hacia Ciudad Jubileo.
Ambos holders se mantuvieron en silencio mientras viajaban por la enorme carretera de la Ruta 218. Diamond se concentraba en manejar lo más tranquiló posible, mientras que Silver miraba con seriedad el suelo de la camioneta, en silencio.
Luego de unos minutos más, finalmente Silver rompió el silencio.
—¿Y cómo han estado las cosas? —preguntó.
—¿Ah? —Diamond se sorprendió ligeramente—. Bueno, no ha tan bien como me gustaría.
—No me refiero a la situación de Sinnoh, me refiero a la de tuya —corrigió Silver—. No me quiero entrometer mucho, pero me parece curioso que ni Platinum ni tu hija estén aquí.
—Bueno, Platinum está teniendo algunos problemas de estrés, también se disculpa por no venir —encogiéndose de hombros—. Y Níquel sigue en su viaje, tú sabes.
—Ya veo —Silver asintió ligeramente y desvió la mirada hacia otro lado de la camioneta.
Diamond no pudo evitar sentir una extraña sensación en el pecho, como si quisiera decir más, pero el hombre sabía que Silver no era la mejor persona para explayarse demasiado.
—¿Y qué tal las cosas allá? —preguntó de vuelta Diamond.
—No del todo mejor, Emerald está muy preocupado por la situación de Gold y Crystal —Silver suspiró un poco—, al final solo yo pude venir, aunque no fue sencillo.
—Sí, escuche que los boletos no eran precisamente baratos —Diamond rio ligeramente.
Silver solo hizo un gesto y volvió a voltear la mirada hacia la ventana, dejando a Diamond en silencio una vez más, el holder soló suspiró y continuó manejando, la carretera se acababa y estarían pronto en la ciudad.
Dicho y hecho, no tardaron mucho tiempo hasta finalmente llegar al hospital de Ciudad Jubileo. Estacionándose, ambos hombres se dirigieron rápidamente hacia donde se encontraban sus amigos, mientras que Diamond le explicaba lo que había sucedido.
Identificándose con dos oficiales que resguardaban la puerta, Diamond y Silver finalmente entraron a la enorme habitación donde se encontraba Gold, Crystal y Moon.
Al verlos, Silver no pudo evitar que su corazón se encogiera al ver a sus amigos en cama. Rápidamente se acercó para verlos más de cerca, sintiendo una presión en el pecho cada vez que la máquina que monitoreaba su pulso sonaba.
—Así que un Spiritomb —dijo Silver, con un tono ligeramente quebrado.
—Sí, los cuatro fueron tomados por sorpresa, no fue que hasta que Níquel los encontró que los rescatamos —confesó Diamond, cruzado de brazos.
Silver asintió y volvió a ver a Gold, el cual seguía en su cama, como si estuviera completamente dormido. Cerrando los ojos, Silver volteó a ver la cama vacía del cuarto.
—¿Y qué pasó con ese chico? —preguntó.
—Escapó, pero no sabemos exactamente a donde —Diamond se acercó a la cama de Moon—. Los sabemos porque le dejo una carta a la profesora.
Silver volvió a girar la mirada, encontrándose con la cama donde descansaba Moon. Acercándose, el holder pudo ver como un papel doblado estaba sobre la pequeña mesita de noche.
—Entiendo —Silver suspiró—. Solo espero que se recuperen pronto.
—Nosotros también lo esperamos, los doctores dicen que…
Antes de que Diamond pudiese terminar su frase, un extraño ruido se hizo presente en la habitación, un ruido extraño y débil que parecía provenir de la cama de Moon.
Cuando los hombres se acercaron, pudieron ver como el dedo de Moon comenzaba a moverse lentamente, mientras que su garganta emitía sonidos extraños.
Diamond entonces corrió hacia la puerta para llamar a un doctor, mientras Silver veía como los ojos de Moon se abrían lentamente, pronunciando una única palabra.
—Titan…
Ya faltaba un poco de protagonismo a Níquel, ¿no lo creen? xD
Por cierto, ya pronto sale el DLC de Sword y Shield, ¿que sorpresas nos traera? :0
¿Por qué Níquel oculta su identidad de Titan?
¿Qué significa Daipura?
¿Diamond podrá reconciliar a su familia, otra vez?
¿Qué pasara ahora que Moon despertó?
¿Dejare de seguir introduciendo personajes? (Spoiler: Quien sabe (?))
Todo esto y mas en el siguiente capitulo UwU, nos leemos el 15 de Julio.
Paz.
