Ya veinte capitulos... Jamas crei llegar tan lejos, honestamente :o.
Bueno, les dejo con este veintuagésimo capitulo, el cual espero que les guste.
Enjoy :D
Entrada 20: Descenso.
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Finalmente, luego de casi doscientos cincuenta intentos, he logrado la combinación perfecta.
El sujeto uno soporta de manera adecuada la determinación de su sistema, su organismo parece soportar la carga cuando esta es liberada. Han sido muchas las líneas temporales que vemos visitado, pero finalmente logramos dar con una que nos sirva.
Ahora solo queda llevarlo a un punto de estrés máximo, lo suficiente para que desate toda esa determinación. No será sencillo, pero mi asistente y yo lograremos que llegue a ese punto de quiebre.
La energía emanada será inconmensurable, lo suficientemente fuerte como para poder salir de aquí. Solo será cuestión de tiempo.
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13 de Junio, Pueblo Arenisca
El estresante sonido de una alarma retumbó por la recamara principal de la Mansión Berlitz. Envuelta en suaves sabanas de seda, una recién despertada Platinum alzó la mano para presionar el botón de apagado de su reloj digital.
El sonido cesó, pero la mujer pudo sentir un ligero dolor en la cabeza. Lentamente se arrastró hasta a fuera de su cama, sentándose un momento en el filo de la misma. Mientras sus pies buscaban sus pantuflas, sus manos sujetaban con fuerza su cabeza, buscando detener el dolor de cabeza.
Giró la cabeza hacia la izquierda, encontrándose su mesita de noche de color negro, la cual tenía sobre ella una bandeja con unos panqueques, un tarro de miel, un café, un vaso de jugo de naranja y una nota.
Platinum se levantó, fue hasta la mesa y abrió el primer cajón, sacando de él unas pastillas. Con ayuda del jugo, Platinum ingirió dos pastillas, sintiendo como su estómago se abría para recibir el jugo, un pequeño dolor por haberlo tomado tan rápido.
Dejando el vaso en la charola, la Berlitz caminó con lentitud hacia su baño. Cepillándose los dientes, Platinum pudo ver su extraño reflejo en el espejo; un rostro ligeramente demacrado, bolsas y ojeras sobresaliendo de unos ojos a los cuales se les podía apreciar varias venas rojas y unos labios con poca pigmentación y ligeramente carcomidos.
Escupiendo la pasta que tenía en la boca, la Berlitz se lanzó agua a la cara, tallándose con fuerza y volviendo a ver al espejo, solo para encontrarse el mismo rostro. Un ligero quejido salió de sus labios, mientras una pequeña lágrima salía de su ojo derecho.
Negando con la cabeza, la Berlitz siguió con su ritual de todas las mañanas; se bañó y se cambió para empezar una nueva jornada de trabajo. Mientras acomodaba su cabello, la mujer se acercó a la charola de comida. Ignorando los panqueques fríos, la mujer tomó la nota y la leyó.
"Buenos días, amor.
Recuerda comer tus panqueques antes de que se enfríen, el desayuno es muy importante, y delicioso.
En cuanto vuelva de con Silver, te prepare algo delicioso para cuando vuelvas del trabajo.
Recuerda que te amo, saldremos adelante.
Con amor, Diamond.
"
Al terminar, una tímida sonrisa se dibujó en el rostro de Platinum, sonrisa que produjo cierta incomodidad dentro de la heredera. Arrugando un poco la nota, la mujer notó unos extraños ruidos por fuera de su habitación.
—Ay no, por favor, no otra vez —dijo, con agobió.
Soltando la nota, la mujer caminó hacia la enorme ventana de su habitación. Fijando su vista, vio a una pequeña multitud, al menos unas veinte personas, fuera de su casa. Aquellas personas alzaban letreros de "A la cárcel los Berlitz", "Alto a la corrupción", entre otro tipo de mensajes de esa índole.
Platinum no pudo evitar llevarse las manos al rostro, arrestándolas por toda su cara. Quejándose en silenció, la mujer vio como todo su maquillaje había terminado en sus palmas. Lágrimas de enojo salieron de sus ojos mientras daba una fuerte patada al suelo, volviendo a su baño para maquillarse una vez más.
Cuando finalmente terminó, la mujer finalmente bajó de su habitación y caminó hacia el garaje. Subiéndose en su auto, la mujer simplemente suspiró y pisó el acelerador, empezando otro agotador día, otro día en el que deseaba que acabara rápido.
[…]
13 de Junio, Ciudad Jubileo
La cálida luz de la tarde se adentró con fuerza en la habitación donde Moon descansaba. Luego de volver a dormir por unos instantes y de ser revisada por el doctor, la profesora se encontraba en mejores condiciones para hablar.
Diamond y Silver se mantuvieron todo el tiempo en el hospital, tiempo después se les unió Cynthia, quien fue de inmediato luego de que Diamond le diera la noticia sobre el despertar de la profesora. Luego de que pudieron hablar, Diamond y Cynthia le explicaron con detalle lo que había ocurrido.
—Por Arceus, ¿todo eso pasó? —preguntó, incrédula.
—Todo eso, tomate tú tiempo para procesarlo —confesó Cynthia, quien estaba sentada a un lado de la profesora.
Era bastante información para analizar; la aves legendarias, el ataque del Team Right, el Spiritomb. Tanto información hacia que le doliera la cabeza ligeramente.
—Afortunadamente los chicos del alto mando capturaron a la aves legendarias, un problema menos —admitió Cynthia, tratando de calmar a la profesora.
—Los de Team Age lograron abrir un portal —Moon dejó su taza de té en una mesa—. ¿Sabemos si el Equipo Galaxia está involucrado?
—No hay indicios hasta ahora, salvó la destrucción de su antiguo centro de operaciones —la campeona se tocó la barbilla—. Pero no creemos que este relacionado.
Moon se quedó pensando por unos instantes, para luego sentir como el dolor de cabeza comenzaba a incrementar cada vez que intentaba analizar toda la información. Al tocarse la cabeza por el dolor, sus ojos se deslizaron hacia la carta que Titan le había dejado.
—Por lo menos ¿saben dónde podría estar Titan? —preguntó Moon, tomando la carta entre sus manos.
—No, desde que abandonó el hospital no se le ha visto —Cynthia bajó la mirada—. Sin embargo, ese chico es muy fuerte, seguramente estará bien.
—Estaba herido, no puedo evitar preocuparme por él —admitió Moon, mirando a la campeona—. Con lo de la explosión del cuartel, temó que los del Team Age estén buscando a los del Equipo Galaxia.
Aquella extraña afirmación hizo que los acompañantes de la profesora alzaran la mirada, intrigados. Silver fue el que pareció mostrar más interés al dejar de cruzar los brazos.
—¿Crees que los del Team Age vayan contra los del Equipo Galaxia? —preguntó Cynthia.
—No lo sé, pero pensar en esa idea me aterra —confesó, tomando un poco de té—. Hay una relación, y si no están colaborando, es probable que los estén exterminando.
Diamond pensó un momento para sí mismo. Recordó su último encuentro con el líder del Equipo Galaxia. Estaba seguro que el nombre ya no buscaría volver a tener aquella vida criminal. Giró sus ojos hacia Moon y al ver su rostro de preocupación, el hombre simplemente suspiró y negó con la cabeza.
—Solo quiero que se encuentre bien —confesó, para después hundir sus labios en su té y beber un poco.
—Es un chico fuerte, tú lo entrenaste —Cynthia tocó el hombro de la profesora—. Seguramente volverá, no tienes que preocuparte.
—Ese chico, Titan, ¿fue parte del Equipo Galaxia? —preguntó Silver, curioso.
Aquello hizo que Moon se sorprendiera un poco, para después lentamente bajar la mirada.
—No, pero sus padres sí —admitió Moon—. Sus padres fueron importantes para la organización, y temó que quieran ir contra él.
«Mars y Saturn», pensó Diamond, analizando la situación. Mientras tanto, Silver no pudo evitar sentir la situación extrañamente familiar.
—¿No podrías rastrearlo por el Pokédex? —preguntó Silver.
—Cierto, si mal no recuerdo me mencionaste dicha característica —añadió Cynthia.
—Si podría, pero el dispositivo que necesito está en mi laboratorio y… —Moon hizo una pequeña pausa— ¡El laboratorio!
Aquel gritó los asustó bastante. Cynthia se levantó de golpe para después calmar a Moon.
—He estado visitando el laboratorio, no tienes que preocuparte por un potencial robo —dijo Cynthia, tomando por las manos a Moon.
—¿Estas segura? Esos sujetos han intentado mil formas de entrar ahí —preguntó, agitada.
—Los papeles de Rowan están a salvo, te lo aseguro —Cynthia soltó a Moon.
Moon se calmó ligeramente, dejando caer su cuerpo en su cama. Cynthia suspiró y se volvió a sentar.
—Hay muchas cosas que tengo que hacer —admitió, pasando sus manos por su rostro—. ¿Cuánto tiempo más durare aqui?
—Los doctores creen que unos días más, depende de tu condición —confesó la campeona—. No tienes que preocuparte por eso.
Moon suspiró, derrotada y acomodando su cabeza en su almohada. La holder se sentía inútil estando en cama, quería ir de inmediato a su laboratorio y averiguar si todo está como lo había dejado.
Sintiendo su cerebro estrujado, la chica tomó su té y bebió un poco, mirando a los que estaban con ella. Sus ojos se fijaron en Diamond, el cual parecía estar pensando. De inmediato, la chica dejó su té.
—Diamond —habló, llamando la atención de Diamond—. ¿Cómo esta Platinum?
Aquello hizo que Diamond abriera los ojos y sudara ligeramente. Rápidamente giró sus ojos hacia Cynthia, quien parecía negar con la mirada. Ante aquello el hombre suspiró.
—Ella está bien —respondió Diamond, ligeramente nervioso—. Aún no he podido avisarle, pero seguramente cuando se entere vendrá enseguida.
—¿Estás seguro que está bien? —preguntó Moon, arqueando la ceja— Titubeaste.
—Oh, lo siento, es que —sus ojos se apartaron de la inquisidora mirada de la profesora— últimamente ha estado un poco estresada por lo de Níquel, eso es todo.
Diamond sabía que engañar a Moon no sería tan fácil, sin embargo, aquel no era el momento para hablar de lo que realmente le pasaba a su esposa. Para su fortuna, aquella cuartada pareció convencerla.
—Solo espero que este bien —respondió, con algo de preocupación.
—Lo importante ahora es que te recuperes, Platinum seguramente vendrá mañana —aseguró Cynthia—. Además, Pearl llegara más tarde para una pequeña reunión —la campeona miró a Diamond y Silver—. Necesitaremos de tu presencia, Diamond, también tú Silver, si quieres.
—Ya estoy aquí, si me necesitan puedo ayudar —confesó Silver, cruzándose de brazos—. Al menos hasta que Gold y Crystal se recuperen.
Con aquello acordado, Cynthia y los demás dejaron un rato a solas a Moon, quien se veía bastante pálida y con ganas de dormir un poco. Mientras se retiraban, la holder tomó la hoja que Titan le había dejado y la acercó a su pecho, apretándola con fuerza.
[…]
Ciudad Pradal, 13 de Junio
—¡Bree usa Bomba Germen! —gritó Rose.
El Breelom de Rose se apresuró a lanzar tres poderosas semillas contra un Tentacruel que se encontraba en el mar. El pokémon fue incapaz de esquivar el ataque, quedando noqueado de golpe.
—¡Bien hecho! —gritó Rose, con alegría, para después lanzar una Great Ball.
La pokébola golpeó la cabeza del enemigo y lo metió dentro de ella. Luego de tres vueltas, la captura se completó. Rose se adentró en el mar y tomó la pokébola de su recién capturado pokémon. La holder llevaba puesto una malla enteriza de color café, por lo que podía meter al agua sin problemas.
Con la pokébola en sus manos, la chica salió del agua y la guardó en una pequeña bolsa donde ya tenía atrapados a otros cuatro pokémon. Dejando la bolsa en el suelo, Rose secó los brazos y tomó una libreta.
—Tentacool, Magikarp, Pelipper, Wingull y Tentacruel, listos —dijo mientras rayaba el nombre del último pokémon—. Solo me falta un Remoraid y terminare con los pokémon de este lugar.
Como parte de las últimas etapas de su entrenamiento, Wake le había ordenado capturar a un ejemplar de las seis especies que había en el mar de la ciudad. La única condición era utilizar solo a los tres pokémon que había conseguido desde que empezó su entrenamiento; Falinks, Breloom y Meltan.
Breloom se acercó a su entrenadora y esta acarició su cabeza, mientras que el grupo de Falinks se acercaban a sus pies, disfrutando de la arena y de la presencia de su entrenadora.
—Ustedes han hecho un gran trabajo, chicos —sonrió levemente, para después mirar a donde estaba la pokébola de Meltan.
Pelear con Breelom se había vuelto muy fácil, y el entrenamiento de Falinks estaba resultando bien para ser un recién nacido, pero Meltan no era fácil de controlar. El pequeño pokémon mítico no solo se negaba a aprender las estrategias típicas de Rose, ni siquiera se dignaba a obedecerla en muchas ocasiones.
Con algo de preocupación, Rose caminó hacia donde estaba la pokébola de su pokémon y lo miró. El pequeño punto en medio de su tuerca mostraba cierta hostilidad, cosa que preocupó aún más a la holder.
—Mel, intentemos esto una vez más, ¿sí? —dijo Rose—. Solo un combate, solo eso te pido.
Meltan no cambió su extraña expresión, lo que hizo que Rose suspirara derrotada. Sin embargo, la chica sabía que debía seguir intentándolo. Solo le quedaba un pokémon, no podía ser tan difícil.
Caminó hacia una pequeña caña puesta sobre la arena y la uso, sentándose en el borde de la cosa, dejando la pokébola de Meltan sobre la arena. El tiempo comenzó a pasar y los Magikarp comenzaron a salir. Mientras esperaba a su presa, Breloom y Falinks se sentaron al lado de Rose. El pokémon planta jugueteaba con la arena y los Falinks caminaban en círculos alegremente.
Luego de dejar escapar varios Magikarp, finalmente el pokémon plateado apareció, Rose arrojó la caña y tomó la pokébola de Meltan, mientras sus otros dos pokémon retrocedían.
—Por favor, solo una vez —dijo en voz baja—. ¡Adelante, Mel!
Lanzando la pokébola, Meltan rápidamente se materializo en la costa. Al aparecer produjo un pequeño gritó de molestia, a la para que miró a todos lados, desconcertado.
—¡Mel, usa la estrategia cincuenta! —ordenó Rose.
El pokémon se quedó quieto donde estaba, cruzándose de brazos y sin hacer ningún movimiento. Sin embargo, su enemigo rápidamente lo golpeó con un Pistola de Agua, lanzando hacia la arena.
Levantándose, el pokémon comenzó a emitir fuertes Impactruenos en todas direcciones. Rose corrió hacia una palmera para cubrirse, mientras que el Remoraid enemigo se vió debilitado con un solo rayo.
Cuando paro, Rose lentamente salió de su escondite, acercándose a él.
—B-bien, eso fue un buen golpe, ahora solo debemos capturarlo y…
No alcanzó a terminar su oración cuando la cabeza del pokémon se iluminó y se dirigió violentamente contra Rose. La chica se cubrió con los brazos, pero Breelom logró interceptarlo con sus garras, nulificando el Golpe Cabeza.
—¡Bree, usa Espora! —ordenó.
El pokémon agitó las semillas de su cola, generando algunas esporas que rápidamente durmieron al pokémon. Ya dormido, Breloom soltó a Meltan, dejándolo caer en la suave arena.
Rose suspiró, otro intento fallido de controlar al pokémon mítico. Luego de capturar a Remoraid, volvió a meter a Meltan dentro de su pokébola. Bajó los hombros y miró al pokémon dormido en su pokébola.
—¿Soy lo suficientemente fuerte para poder controlarte? —se preguntó, para después volver a dejarlo junto al resto de su equipo.
No podía negar que le frustraba aquella situación. Su padre le había dicho que no todos los pokémon que capturase serían tan fácil de capturar, pero jamás imaginó que llegaría al nivel de Meltan.
Sintiéndose derrotada, la chica introdujo a Remoraid y lo tachó de la lista, ya había terminado su misión y debía entregárselo a su maestro. Tomando la bolsa con los pokémon y su mochila, Rose caminó hacia la casa de Wake.
Al llegar, el hombre ya la estaba esperando en la cocina, junto a su hija, quien se encontraba en la sala mirando su teléfono.
—He terminado —admitió Rose, dejando la bolsa con los pokémon y su pokédex.
—Déjame ver —el líder tomó la bolsa y la abrió, encontrándose con todas las especies, además de sus entradas en la pokédex—. Bien hecho, has completado la prueba.
Rose sonrió ligeramente, pero su sonrisa lentamente se desvaneció.
—Lo siento, maestro, pero Meltan sigue sin obedecerme —admitió, bajando la mirada—. Solo Brel y Fali me obedecieron.
Wake se cruzó se brazos y miró directamente a Rose, para después soltar una pequeña carcajada, dejando confusa a la chica.
—Eso supuse, entrenar a un pokémon mítico no es tarea fácil en lo absoluto —admitió Wake—. La cuestión es seguir intentándolo, debes generar confianza en él.
—Lo intentó, pero él solo intenta atacarme —la chica miró a otro lado, triste.
—Tal vez cree que eres demasiado débil —Greda dejó su teléfono y volteó hacia donde se encontraban—. Un pokémon muy fuerte necesita un entrenador fuerte.
—Tienes algo de razón, debes mostrarle a Meltan que eres más fuerte de lo que él o mi hija creen —el hombre se llevó la mano a la barbilla—. Y justamente ya sé cómo podemos hacerlo.
El hombre se levantó de su asiento y caminó hacia una pequeña repisa café en la sala. De la repisa sacó una caja de madera con el logo de un pokémon, la abrió y sacó una medalla.
—La medalla ciénaga, se les entrega a todos los entrenadores que logran derrotar mi gimnasio y le demuestra tanto a entrenadores como pokémon la fuerza del mismo —el hombre alzó la medalla—. Esta es tu última tarea.
—¿Eso significa que ya podre retarlo en su gimnasio? —los ojos de Rose no pudieron evitar iluminarse al escuchar aquello, emocionándose.
—Así es, pero tienes algunas restricciones —Wake guardó la medalla—. Como ya sabes, mi gimnasio y el de mi amada esposa son parecidos en mecánicas —dijo, guardando la caja en su vitrina—. Deberás buscar un compañero para pelear contra mí y mi hija —mirando a su hija.
—Como sea —gruñó, ligeramente molesta—. Otra oportunidad de humillar a una pokédex holder.
—Greda —Wake miró con ligera molestia a su hija.
—Perdón, "para tener una emocionante batalla contra otra discípula de papá" —dijo en tono burlón.
Wake suspiró, no podía negar que esperaba un comentario así, pero le decepcionaba un poco que su hija siguiera así.
—Sin embargo, a diferencia de con tu pelea con mi esposa, Greda y yo usaremos solo un pokémon cada uno, ustedes deberán usar hasta tres —aquello dejó confundida a Rose y levantó una ceja en Greta.
—¿Eso no es un poco injusto? —preguntó Rose, confundida.
—Sí, pero no de la forma en que lo esperas —respondió Greta, haciendo una mueca—. ¿Estás seguro de eso, padre?
—Lo estoy, es parte de su entrenamiento —el hombre se cruzó de brazos—. Sera dentro de cinco días, para que busques a tu compañero para pelear —el hombre sonrió ligeramente—. Y avísale a tu compañero que será parte de un entrenamiento, si gana él también tendrá la medalla, y si pierde podrá tener una batalla normal —el hombre se acercó a Rose—. ¿Aceptas el reto?
Rose giró los ojos, no estaba segura de que es lo que planeaba su maestro. Sin embargo, sabía que no podía negarse a aceptar la tarea. Era la última prueba, debía tomarla.
—Sí, entrenare mucho con mi compañera —admitió la chica, con una sonrisa.
—Perfecto, entonces no se diga más —el hombre sonrió y se alejó—. Tienes hasta este 18 de Junio para entrenar, no desperdicies el tiempo.
Rose movió la cabeza afirmativamente, despidiéndose de su maestro con una reverencia, tomando sus cosas y caminando hacia el cuarto donde se quedaba a dormir.
Wake simplemente se sentó en el sillón, sintiendo la mirada incrédula de su hija.
—Sabes que lo que estas planeando va en contra de las reglas, ¿no? —preguntó Greta.
—No, lo único que dice es que debe ser igualdad de condiciones en el combate —Wake sonrió confiado—. 6 contra 2 se me hace algo muy equilibrado.
—No creo que ellos lo vean así —Greta suspiró—. Solo espero que invite a su amiga esa, Níquel, creo que así se llamaba.
—Solo no te dejes mofar tan fácil con tu hermano —el hombre recordó la última llamada de su hijo—. Que tu odio contra los holders no sea tu perdición.
—Lo dices como si fuera fácil —la chica se cruzó de hombre—. Intentare no caer en provocaciones, pero si ganamos disfrutare la victoria.
Wake solo negó con la cabeza y suspiró. Mirando hacia el techo, el hombre solo esperaba que su hija no terminara igual que su hijo. No soportaría tener otro hijo fuera de su hogar.
[…]
Bahía Gresca, 13 de Junio
En medio de uno de los largos pasillos del Castillo de Batalla, Lionel y Darach caminaban tranquilamente. Caminando lentamente sobre la enorme alfombra roja, Lionel no para de sorprenderse de lo lujoso de aquel castillo.
—Sin duda este castillo es mucho más vistoso que el Estadio Artrejo —admitió Lionel, mirando una de las tantas armaduras del lugar.
—Agradezco el comentario, los antiguos reyes no escatimaron en gastos —dijo Darach con una pequeña sonrisa—. Hemos optado por dejar lo más ostentoso a la vista de los entrenadores, es parte del encantó de nuestro recinto.
—Debo decirle a Roy que debería hacer lo mismo —admitió Lionel, con una sonrisa—. Sin embargo, si estas casado con Caitlin y eres el as del frente, ¿por qué sigues usando tu uniforme de mayordomo?
Darach se sorprendió un poco de aquello, miró un poco su traje y no pudo evitar sentir un extraño sentimiento de nostalgia. Rápidamente alzó la mirada y sonrió levemente.
—Supongo que estoy acostumbrado —confesó, riendo levemente—. ¿Podría por su vestimenta de guardia real que usted también usa?
—Son bastante cómodos algunas veces —confesó, riendo igualmente—. Así que ¿Cuándo abrirán el recinto?
—Si todo sale bien, en una semana —admitió Darach, acompañando a Lionel al lobby del castillo.
—Bueno, tendré un poco más de tiempo para conocer los demás recintos —el hombre estiro sus brazos—. Olvidaba preguntarte, ¿ustedes tienen ese dispositivo para permitir a los pokémon dinamixar?
—Sí, solo la Torre y la Ruleta de batalla no cuentan con la Caja Dinamax —respondió—. Sin embargo, para activarla también ocupara de PC.
—Entiendo, al menos ustedes la tienen —el hombre rio levemente—. En Hoenn solo la Cúpula de Batalla tiene una de esas cajas.
—Bueno, en parte se lo debemos a Thorton, él logró crear las cajas distribuirla a todo Sinnoh, en especial a los líderes de gimnasio.
Aquello extrañó bastante a Lionel, quien miró de forma confusa a Darach mientras ambos salían del castillo.
—¿No es un poco injusto que los lideres tenga formas Dinamax en una región donde encontrar las pulsera es muy raro? —preguntó Lionel, confundido.
—El uso de las Caja Dinamax está muy limitado —dijo una voz externa a ellos.
Cuando ambos voltearon, vieron a un hombre de pelo negro con un extraño mechón verde acercarse a ellos. El hombre terminó de teclear algo en su tableta y después miró a Lionel.
—Solo se puede usar si el retador cuenta con algún otro multiplicador de poder, como una Megaevolución, un Movimiento Z, entre otros —Thorton ocultó su tableta y alzó la mano—. Disculpe interrumpir, soy Thorton, un gusto señor Lionel.
—El gustó es mío —Lionel apretó con fuerza la mano del hombre, provocando que este hiciera una pequeña mueca—. Así que tú creaste esas cajas.
—En efecto, no fue sencillo encontrar una forma de recolectar las pocas partículas de Eternatus en el Monte Corona, pero logre hacerlo —Thorton sonrió ligeramente—. Dígame, ¿está viendo los recintos antes de participar?
—Sí, Darach me acaba de dar un tour del Castillo de Batalla, un recinto muy bello, si he de admitir.
—Nos honra con su descripción —Darach hizo una pequeña reverencia—. ¿Por qué no va a ver el recinto de Thorton?
Thorton sonrió ligeramente ante la invitación, pero Lionel ignoró ligeramente el comentario y miró hacia el norte, directamente a la gran torre de batalla.
—No me lo tomes a mal, pero me gustaría visitar primero la Torre de Batalla, quiero saber si hay alguna diferencia con la de Hoenn —admitió Lionel, rascando su barbilla.
—Son 99.99% parecidas, salvó algunas extrañas modalidades —dijo Thorton, guardando su tableta.
—Debó admitir que tiene razón, las torres son muy parecidas entre ellas —admitió Darach, con un poco de pena.
Lionel se quedó pensando un momento, recordando su encuentro anterior en la Torre de Batalla de Hoenn. No pudo negar que el edificio lo decepcionó levemente, aunque el combate con la as fue bastante gratificante.
—Supongo que tienen razón —Lionel suspiró, para después ver a alguien acercándose.
Pearl se presentó en la escena, cargando en su mano derecha una carpeta roja llena de documentos y en la otra una más pequeña de color azul. De inmediato Lionel y Darach lo saludaron enérgicamente, mientras que Thorton solo se limitó a un sutil saludo desinteresado.
—¿Por qué tienes tantos papeles? —preguntó Lionel, sorprendido.
—Oh, son unos documentos que debo entregar a la Asociación Pokémon, reportes de seguridad de los recintos y otras cosas —admitió Pearl, mientras su Chatot se posaba en su hombro—. Debó ir a entregarlos antes de la siete. Además, ya despertó la profesora y debó presentarle mi investigación.
—¿Moon despertó? —los tres hombres se sorprendieron.
—Sí, esta mañana, por eso debo darme prisa y entregar estos documentos —admitió Pearl, suspirando.
—¿Por qué no los entregaste ayer? Te hubieras ahorra mucho tiempo —preguntó Thorton, ligeramente molesto.
—Tuve algunos problemas con el horario —respondió, ligeramente apenado—. Sera mejor que me dé prisa —el hombre puso los documentos en su mano derecha—. Nos veremos más tarde.
El grupo se despidió mientras que Pearl agarraba las patas de su Chatot y este lo alzaba en el aire. Para el pequeño tamaño del pokémon, este fue lo suficientemente rápido para que su silueta desapareciera en el horizonte.
—Él se esfuerza bastante, ¿no? —dijo Lionel.
—Algo, aunque es 60% más ineficiente que Palmer —confesó Thorton, sacando su tableta—. Señor Lionel, ¿gusta que le dé un tour por la Fábrica de Batalla?
Lionel arqueó la ceja, mirando directamente a Darach, el cual simplemente suspiró y bajó los hombros. Aceptando, Lionel siguió a Thorton mientras Darach los veía desde las grandes escaleras del lugar.
—Pearl no tiene que ser Palmer… —soltó un ligero suspiro para después volver a su recinto.
[…]
Ciudad Jubileo, 13 de Junio
La luz de la tarde llegó directamente a las retinas de Platinum, provocando que su cabeza comenzara a doler. La mujer se talló los ojos y se cubrió el rostro, buscando evadir tan molesta luz.
Luego de limpiarse los ojos, la mujer vio la pantalla de su computadora, una pantalla que solo le mostraba gráficas que iban hacia abajo y números rojos. Al lado de todas esas graficas había un documentó de texto con apenas cinco renglones escritos.
Masajeando su cabeza, la mujer intentó apoyar sus codos en su escritorio, recargándolos sobre el borde de una carpeta abierta que, rápidamente, se volteó, dejando caer muchos papeles y algunas plumas.
Frustrándose, la mujer respiró rápidamente, buscando calmarse un poco. Lentamente se levantó de su asiento y recogió los papeles que se habían caído; reportes de contabilidad que no mostraban buenos números.
Volviendo a acomodar su carpeta, la mujer intentó volver a escribir un informe, pero sus manos se detuvieron antes de presionar cualquier tecla. Sus ojos rodaron hacia un pequeño marco colgado en su pared, un marco que tenía una foto de ella, su esposo y su hija adoptiva.
Una presión se empezó en su pecho, una ligera lagrima que rápidamente limpió para intentar volver a su trabajó. Quería seguir escribiendo, pero el dolor de cabeza le impedía escribir cualquier palabra coherente.
Antes de poder seguir, alguien tocó a la puerta de su enorme oficina blanca.
—Pase —dijo, sujetándose la cabeza.
De inmediato entró una mujer de pelo castaño y traje negro, su ayudante.
—¿Qué ocurre, Jade? —preguntó Platinum, estresada.
—La junta ejecutiva la espera en la sala de reuniones —dijo, con pena.
—¿Junta ejecutiva? —Platinum arqueó la ceja, molesta— Yo no llame a ninguna junta.
—No sé, son las ordenes que me dieron —dijo la mujer, acercándose a la puerta—. Con su permiso.
De inmediato la mujer se fue, apenada y nerviosa. Platinum no pudo evitar preocuparse. Golpeando su laptop con fuerza, la mujer salió de su oficina, directamente a la sala de reuniones.
Al entrar se encontró con una gran oficina de color blanco con una gran mesa ovalada. En un extremo se encontraban tres hombres y dos mujeres bien vestidos. Confusa, Platinum cerró la puerta y se sentó en la silla que estaba en el extremo contrario al de los demás.
—Gracias por venir a esta junta, directora —habló un hombre alto de pelo negro con algunas canas.
—Yo nunca autorice una junta —admitió la holder, arqueando la ceja.
—Esta es una reunión de emergencia, para analizar lo último que ha ocurrido en la empresa e implementar estrategias para que las acciones no sigan cayendo —el hombre se acomodó en su silla.
—No entiendo, ya estaba trabajando en ese informe —Platinum recargó sus codos en la mesa.
—Veras, los inversores están desesperados por esta situación, y nos han estado presionando —el hombre junto sus manos sobre la mesa—. Y no ayuda mucho que aún no haya emitido una declaración oficial.
—No lo he hecho porqué es falso, busquen todas las transferencias de las empresa —una vena comenzó a saltarse en su frente—. Ni siquiera han hecho una denuncia formal, todo fue una táctica política.
—Eso no afecta a la percepción que el público y nuestros clientes tienen de usted —admitió, tomando un pequeño documentó—. Nunca habíamos tenido una crisis así, y debemos garantizar la seguridad de nuestros inversores.
Platinum podía sentir algo ranció en el ambiente. Todas aquellas miradas acosadoras mirándola le hacían sentirse pequeña, intimidada. Sentía que algo malo iba a pasar, deseaba no estar ahí.
—¿Y cuál es su plan entonces? —preguntó.
El hombre le hizo un gesto a una de las mujeres que estaba a su derecha. La mujer rápidamente le llevó a Platinum una carpeta con un único documento. Dándoselo a la holder, la Berlitz se quedó fría al leer el documento que había dentro.
—¡¿Quieren despedirme?! —un gritó de enojo salió de sus labios.
—No es un despido, solo un descanso indefinido, creemos que el que te mantengas lejos de la empresa por unas semanas o meses harán que las finanzas mejores.
—¿Están dementes? Soy la dueña de este lugar, no pueden hacerme esto —recriminó, con su cara roja del enojo.
—Directora Berlitz, le recuerdo que usted solo es dueña del 49% de la empresa, los demás inversionistas aquí presentes tienen otros porcentajes —admitió el hombre.
—¿Y piensan que voy a aceptarlo así como si nada? —preguntó, enojada.
—Usted sabe cómo funciona todo esto, la decisión ya fue tomada y no puede simplemente ignorarla —dijo el hombre, con tono firme—. Además de usted, yo también le prometí a su difunto padre que velaría por el bienestar de su empresa.
Escuchar aquella última frase le hizo arrugar la carpeta con su puño lleno de rabia.
—No hables de mi padre —dijo, con furia.
—Lo lamento, pero no tenemos otra opción —el hombre miró seriamente a Platinum—. Usted sabe que si se niega se atenderá a una demanda colectiva, esta compañía no lo soportara.
El enojo y la rabia rápidamente se convirtieron en impotencia y tristeza. No quería hacerlo, pero entendía que las consecuencias serían mucho peores. Sus ojos se empaparon de lágrimas mientras veía con enojo al hombre.
Con rabia, la mujer tomó una pluma y finalmente firmó aquel documento que la delegaba de sus funciones por un tiempo indeterminado. La habían despedido de su propia empresa.
Antes de que el hombre le dijera algo más, la Berlitz salió rápidamente de la sala de juntas, tratando inútilmente de guardar su compostura. Entrando a su oficina, la mujer sintió como sus piernas no pudieron soportar su propio peso.
Cayó al piso de su oficina y comenzó rápidamente a llorar. Una gran presión en el pecho le hacía llorar cada vez más fuerte. Su mente simplemente la torturaba más, recordándole su pasado.
No sentía ningún ánimo para tan siquiera levantarse, solo estaba ahí, dejando salir todo la tristeza y rabia que había dentro de ella. Cuando sus ojos dejaron de sacar lágrimas, la mujer lentamente se levantó.
Miró su oficina, sintiendo aún más tristeza que se presentaba en forma de más lágrimas. Al llegar a su escritorio, la mujer sacó una caja blanca para guardar sus cosas.
Antes de comenzar a guardar todo, un reflejo en la pantalla de su laptop le hizo darse una vuelta.
En su vitrina había una pequeña botella de vino. Platinum abrió la vitrina y tomó la fina botella, la cual tenía una pequeña nota atrás de ella que decía; "No abrir hasta navidad".
Platinum se quedó viendo la botella, sosteniéndola con firmeza y analizándola. Con una respiración más tranquila, la mujer simplemente la puso en su caja, empezando a guardar las demás cosas que tenía.
[…]
Ciudad Jubileo, 13 de Junio
—¿Monte Corona? —preguntó una voz femenina desde el pokéreloj de Diamond.
—Así es, ella me dijo que estaría allí entrenando en la mañana —confesó Diamond a la chica de pelo rosado.
—De acuerdo, muchas gracias, señor Diamond —Rose sonrió alegremente.
—No te preocupes, suerte en tu viaje, salúdame a Níquel cuando la encuentres —el hombre sonrió—. Adiós.
La llamada finalizó, dejando a Diamond libre para terminar su curri que tenía en su plató. Él y Silver habían bajado a comer algo mientras esperaban que Pearl llegara al hospital. Mientras comían, el hombre recibió una llamada de Rose, la cual había conseguido su número gracias a su padre.
Aunque intentó seguir comiendo, el hombre sentía cierta inquietud. La luz del atardecer y el sonido del reloj no le dejaba de recordar que pronto su esposa llegaría a casa. No es que no quisiera ayudar a Cynthia y Moon, pero el recordatorio del estado de su esposa le hacía querer volver rápido.
Silver por su lado mantenía aquella expresión seria de siempre, centrado en comer su comida y responder mensajes. Diamond sabía que él y Green eran de las personas más serias que había conocido, pero de todas formas sentía cierta incomodidad.
—Lamento que aún no hayas tenido de descansar, Silver —dijo Diamond, ligeramente apenado.
—No te preocupes, Diamond, la situación no la permite —respondió Silver—. ¿Cuánto tiempo crees que demore Pearl?
—Rose me dijo que cuando le habló ya estaba cerca, no debería tardar… —un sonido lo interrumpió.
El tono de su pokéreloj le indicó que había recibido un mensaje. Al abrirlo se encontró con el aviso de Cynthia de la llegada de Pearl.
—Parece que ya llegó —Diamond se sorprendió—. Sera mejor que vayamos.
La comida en sus platos se había terminado, por lo que ambos pidieron la cuenta, pagaron y pusieron marcha al hospital. La fonda donde se encontraban estaba a escasas dos cuadras, por lo que ambos llegaron rápidamente.
Entrando a la habitación de Moon, ambos se encontraron con Pearl, Cynthia y Moon. De inmediato Diamond y Silver saludaron al rubio.
—Es bueno verte de nuevo, Silver —admitió Pearl, con una sonrisa.
—Es una lástima que no sea una visita del todo vacacional —confesó Silver, cruzándose de brazos—. Bueno, ¿qué es aquello tan importante de lo que tenías que hablar?
Pearl no se demoró más en explicar lo que había investigado. Acercándose a Moon, el hombre sacó unas hojas de su carpeta y se las dio a Moon. Aquellas hojas eran fotografías de varios murales y de las cavernas recién encontradas.
—Desde que mi padre se fue a Unova, me encargó la tarea de investigar más acerca de los mitos de Regigigas —Pearl dejó la carpeta en la mesita de noche de Moon—. Para él era extraño que Regigigas estuviera en Sinnoh y los demás regis en Hoenn.
—Se supone que la gente de la antigüedad se llevó a Regigigas lejos para que nadie pudiese invocarlo —dijo Moon.
—En efecto, tú padre tuvo que pedir prestado los regis de Brandon para despertarlo y después volverlo a dejar libre —agregó Cynthia.
—Eso es cierto, pero lo que mi padre jamás investigó a fondo fue el templo de Puntaneva —cruzándose de brazos—. Con la ayuda de Candice, pudimos encontrar una serie de pinturas que daban a entender que había también regis en Sinnoh.
Aquella afirmación sorprendió bastante a los demás.
—Las posibles localizaciones encontradas eran el Monte Corona, la Isla Hiero y la ruta 228 —continuó el rubio.
—Las rutas donde encontramos a las aves legendarias —dijo Cynthia, tocándose la barbilla.
—Si eso es verdad, es posible que las aves atacaran sus recintos para reclamar el territorio —agregó Moon—. Y si eso es así, significaría que…
—El Team Age quería saber dónde estaban los regis —finalizó Pearl.
Aquella deducción fue bastante inesperada, pero tenía bastante sentido. Sin embargo, en la mente de Diamond algo no cuadraba.
—Pero, ¿con que fin? Yo ya tengo a Regigigas, sería absurdo atraparlos a los regis cuando Regigigas ya no está —infirió el hombre.
—Sí, aunque… —Pearl puso un tono de voz algo nervioso— Según mis investigaciones, para que las cámaras de los regis se habrán, tiene que ser Regigigas en que los habrá.
Aquello encendió un poco las alarmas, preocupando a Diamond.
—Eso significaría que tarde un temprano irán tras de ti, Diamond —dijo Cynthia, mirando seriamente al holder.
Diamond no pudo evitar sudar frio al escuchar aquellas palabras. Rápidamente llevó sus manos hacia la pokébola donde tenía a su pokémon.
—Pero, nadie sabe que yo lo tengo, solo lo usé cuando fue todo el problema del Equipo Galaxia y nadie lo vio.
—Lo usaste también contra el Team Right, ¿recuerdas? —Pearl arqueó la ceja.
El recuerdo de usar al pokémon aquella vez golpeó con fuerza la mente de Diamond. No se arrepentía de haberlo usado, pero un escalofrió recorrió su cuerpo al entenderlo.
—Si es así —temblando ligeramente, el hombre miró a Regigigas—. ¿Deberíamos dejarlo en un lugar seguro?
—Green podría encargarse de él, nunca sospecharían que lo transferiste a Kanto —propuso Silver.
—Esa sería una buena idea, pero de todas formas irían tras de Diamond o…
—De Platinum, de mi madre o Níquel… —concluyó Diamond.
Le aterraba la idea. De la noche a la mañana no solo él se había vuelto un objetivo, también su esposa, su madre y su hija lo eran. El tan solo pensar en lo que podrían hacerles hizo que su estómago se retorciera.
—Sin embargo, solo es una teoría, puede ser que nos equivoquemos y el Team Age no tenga contemplado despertar a los regis —Pearl se acercó a su amigo, poniendo una mano en su espalda.
—Es demasiado para dejar a la suerte —dijo Diamond, serio.
—También está el posible ataque a los lagos de Uxie, Azelf y Mesprit —Cynthia se llevó la mano a la barbilla—. Han pasado varios días y no hay rastro de ellos, es extraño.
—Están planeando algo con legendarios, eso es seguro —dijo Moon—. Debemos dividir nuestras fuerzas en ambos francos, en alguno de ellos atacaran —la profesora vio directamente a Cynthia—. Campeona, usted dijo que la policía internacional ya la ayuda con lo del Team Right, ¿cree que podría convencerlos de darle protección a Diamond y su familia?
—Claro, eso podría funcionar —Cynthia chasqueó los dedos—. Pearl, ¿mañana podrías acompañarme a ver a Handsome? Si le mostramos nuestros avances podremos convencerlos de que protejan a Diamond y su familia.
—Por supuesto —Pearl respondió enérgicamente.
Diamond pudo suspirar un poco más aliviado. Saber que la Interpol protegería a su familia le hacía sentirse mucho más seguro.
—Se los agradezco —Diamond sonrió, tranquilamente—. Igual ellos nos pueden aconsejar donde dejar a Regigigas y…
Una llamada llegó de repente al poké-reloj de Diamond. Disculpándose, el hombre se alejó un poco y contestó la llamada, encontrándose con el mayordomo de su casa, el cual le llamaba con una voz muy preocupada.
—¿Qué ocurre, Richard? —preguntó Diamond.
—Señor Diamond, la señorita Platinum se encuentra muy mal, ha tomado mucho y no se controla —avisó el hombre, preocupado.
—Por Arceus —Diamond se asustó bastante—. Iré en seguida.
Rápidamente colgó la llamada de su pokéreloj. Con un rostro preocupado se acercó a los demás.
—¿Ocurre algo? —preguntó Pearl.
—Platinum no se encuentra bien, debó ir a verla —respondió, con preocupación.
—¿Qué le pasa? —Moon se levantó ligeramente, preocupada.
—Ella —Diamond quiso contar la verdad, pero unas palabras recorrieron su mente—, no estoy seguro, solo debo ir de inmediato —el hombre tragó saliva, mirando a Silver—. Silver, te importaría…
—No te preocupes por mí, dormiré en un hotel —confesó Silver—. Ve con ella.
Despidiéndose de todos Diamond rápidamente salió del hospital, en dirección hacia su casa. Moon por su lado no pudo evitar preocuparse, poniendo su mano en su pecho.
—Platinum… espero que este bien —dijo, con preocupación.
[…]
Pueblo Arena, 13 de Junio.
El auto de Diamond tardó poco tiempo en llegar a la mansión Berlitz. Con el corazón en un puño, el hombre rápidamente salió de su vehículo y corrió hacia la entrada.
Antes de entrar pudo escuchar un sonido estridente saliendo de la mansión. Un sonido como de un piano, pero las notas no eran para nada armoniosas. Aunque trataban de imitar una canción, quien las tocaba lo hacía de forma completamente aleatorio, causando molestias a los oídos.
Sintiendo un extraño deja vú, Diamond alcanzó la puerta de la mansión, donde ya lo esperaba el mayordomo, indicándole el lugar donde se encontraba la Berlitz. Sin perder tiempo corrió a la sala principal.
Ahí se la encontró, con su falda negra manchada, con una camisa blanca de tirantes con solo un tirante en su lugar, con su cabello completamente despeinado y su cara ligeramente enrojecida. Platinum tocaba el piano con fuerza y sin sincronización, mientras en el suelo yacían una botella de vino y otra de whisky, y sobre el piano una copa con algo de vino.
—Amor… —dijo Diamond, con los ojos completamente pegados en Platinum.
—¿Di-diamond? —preguntó, tartamudeando— Finalmente has vuelto.
La mujer dejó de tocar el piano. Al intentar levantarse, una de sus piernas flaqueó y la mujer tuvo que sujetarse con fuerza del piano. Al ver esto, Diamond inmediatamente corrió para sujetarla y ayudarla a pararse.
—¿Estas bien? —preguntó.
—No, no lo estoy —respondió, riendo—. No sabes cuánto te extrañe, cariño.
Al estar cerca de ella pudo sentir el molesto olor del alcohol salir de sus labios. Aunque quiso apartar la mirada, simplemente alejó a Platinum del piano y se la llevó a su habitación.
—Tomaste mucho, será mejor que vayamos a nuestra habitación —dijo, ayudándole a caminar.
—Sí, eso será lo mejor —Platinum no ofreció ninguna resistencia—. Vamos a descansar, querido.
Diamond se encargó de llevarla hasta su habitación, sorteando las largas escaleras de las cuales Platinum casi cae, la mujer no parecía tener mucha fuerza en sus piernas.
Mientras avanzaba, la mujer no pudo evitar tocar el pecho de Diamond, intentando meter fútilmente su mano dentro de su camisa. El hombre no dijo nada, pero se sintió extraño al sentir como el dedo de su esposa hacia círculos en su pecho.
Cuando finalmente llegaron a su habitación, Platinum se alejó de Diamond y caminó lentamente hasta su gigantesca cama, tirándose de golpe.
—Te traeré algo de agua para que se te baje —dijo Diamond.
—¡Espera! —dio un pequeño grito— Ven, por favor, te necesito.
Preocupado, el hombre soltó la perilla de la puerta y se acercó a su esposa, la cual había conseguido sentarse en la orilla de su cama. Sentándose a su lado, el hombre la miró a los ojos.
—¿Qué sucede? —preguntó, preocupado.
—¿S-soy una mala persona? —preguntó, meneando su cabeza ligeramente.
—¿Qué? No, en lo absoluto —admitió Diamond, con la cabeza.
—Enserio, Diamond, ¿soy una mala persona? —preguntó de manera insistente.
—Por supuesto que no, eres una mujer espectacular y…
El cuerpo tambaleante de la mujer lentamente empezó a caer hacia el piso. De inmediato el holder la sujetó de la cintura, impidiendo que esta cayera al suelo.
—En-entonces, ¿por qué me sucede esto? —preguntó, con tristeza—. El mundo me odia
—El mundo no te odia, Platinum —respondió, con un tono calmado—. Están cegados por lo que dijo ese sujeto y…
—Sí, eso debe ser —la mujer recuperó algo de fuerza y se zafó de las manos de Diamond—. Al cabo mi hija me ama, mi fastidioso primo no me molesta, mi hermana me adora y soy súper querida en mi trabajo.
Diamond arqueó la ceja, contrariado por el extraño comportamiento de la Berlitz. Platinum entrecerró los ojos y miró con molestia a su esposo. La mujer se inclinó hacia la entrepierna de Diamond, sujetándose de su hombro con una mano y con otra tocando el pecho del hombre
—¿Platinum? —preguntó, confundido.
—Todo esto es un fiasco, Diamond, un maldito fiasco —admitió, con una voz entre cortada—. Esos malditos me despidieron de la empresa de papá.
Pegando su cabeza en el pecho de su esposo, las lágrimas lentamente comenzaron a fluir, manchando su camisa. Diamond se sorprendió bastante al escuchar aquello, irguiendo su espalda y tocando la espalda de la Berlitz.
—Cooper tiene razón, soy una vergüenza para mi familia —dijo mientras sujetaba con fuerza la camisa de Diamond—. La empresa de papá, Diamond, la que me encargó antes de morir, la perdí.
Diamond se quedó en silenció, acariciando la espalda de su esposa. El hombre estaba paralizado, no sabía cómo reaccionar. Era la primera vez que la veía tan vulnerable, y se sentía incapaz de hacer algo.
—Amor… —sus cuerdas vocales apenas permitirle articular palabras.
—Soy una horrible persona, una horrible madre, una terrible Berlitz y una horrible hermana —la mujer apretó sus manos mientras lloraba más fuerte—. Soy patética.
—No, no lo eres —recuperando un poco más de fuerza en sus brazos, el hombre levantó a su esposa—. Solo estamos pasando por una mala racha, eso es todo.
Al levantarla pudo ver una vez más el rostro de su esposa. Una mirada llena de dolor, empapada en lágrimas y con los ojos enrojecidos. Al verla, Diamond no pudo evitar abrazarla, tratando de aliviarla. Sin embargo, su abrazo no recibió ningún tipo de correspondencia.
—Soy patética, y tú lo sabes —admitió, despegándose del hombre—. Bebí esas botellas para sentir un poco de felicidad entre todo esto, pero no funcionó del todo, ni para eso sirvo.
Diamond sabía que Platinum estaba pasando por uno de sus peores momentos, pero este debía ser el peor si había tenido que recurrir al alcohol, algo que no había hecho en muchos años.
Una presión enorme en su pecho se acentuó, una poderosa culpa que lo mataba por dentro. Culpa por no poder ayudarla, culpa por haber permitido que todo esto pasara. Todos esos acontecimientos hicieron caer a su esposa hasta el punto más bajo.
No sabía que decir, no sabía cómo actuar. Sus ojos comenzaban a picar un poco, sintiendo como esto querían explotar. Soltando ligeramente a Platinum, Diamond pasó sus manos por su cara, aclaró su garganta y habló.
—Platinum, estoy seguro que solucionaremos esto, encontraremos la manera —dijo, buscando un alivio para su esposa.
—Lo dices como si fuera tan fácil arreglarme —riendo sarcasticamente—. Al menos hay algo que sí puedo hacer bien.
Platinum se levantó y se puso frente a Diamond. Poniendo sus manos en sus hombros, la mujer lo empujó hacia la cama, poniéndose sobre él. Diamond pudo sentir como el cuerpo de su esposa se pegaba completamente al suyo, mientras sus manos se entrelazaban fuertemente. Además, podía sentir la respiración de su esposa chocando contra su rostro.
—Platinum… —Diamond estaba nervioso, sintiendo la respiración de su esposa tan cerca.
Platinum respondió atacando sus labios con un torpe beso y apretando fuertemente sus manos. El hombre pudo sentir como su esposa arremetía contra él, sintiendo sus dientes chocar y sus lenguas juntarse mientras el profundo olor a alcohol quemaba sus garganta.
Esto estaba mal, sabía que estaba mal. El hombre intentó zafarse del agarre de Platinum, pero la mujer lo sujetaba con fuerza mientras seguía su beso forzado. Diamond no quería lastimarla, pero necesitaba hacerla a un lado rápido.
Usando un poco de su fuerza, Diamond logró quitársela girando hacia un lado. Cuando tuvo el control, el hombre logró soltarse y se alejó, dejándola tirada en la cama.
La mujer rápidamente se levantó de la cama y se sentó en el borde. Con fuerza, la mujer pasó sus manos por su cabello y lo apretó con fuerza, su cara se puso roja y su ceño se frunció.
—¿Por qué me haces esto? —preguntó, dejando caer sus brazos en su falda.
—No puedo hacerlo, Platinum, no así —respondió, respirando agitadamente.
—Por Arceus, es un hombre y dame un poco de placer —dijo, tomando con fuerza su blusa.
Con los nudillos blancos por la fuerza del agarre, Platinum se quitó la camisa con furia. Llevando sus manos hacia su espalda, la mujer intentó con fuerza quitarse el sostén, pero no podía concentrarse lo suficiente para hacerlo.
Diamond entonces se acercó a ella y la agarró de los hombros. Mirar el rostro completamente enrojecido de Platinum le hizo tragar saliva y girar sus ojos a otro lado, sentía que sus ojos quemaban. Sin embargo, rápidamente volvió a verla a los ojos
—Lo siento, no es el lugar —admitió Diamond.
Platinum se quedó mirándole con el rostro completamente rojo. Diamond suspiró y lentamente se alejó hacia la puerta. Antes de abrir, el hombre giró hacia Platinum, la cual seguía parada en el mismo lugar, fijando su mirada en la nada.
—Te traeré un vaso de agua para que descanses y…
—Hubiese preferido a Pearl como esposo —respondió fríamente—. Al menos él no le niega nada a Maylene.
Esas palabras golpearon en lo más profundo de Diamond, dejándolo congelado en el umbral de la puerta. Se paralizó por completo y su cara se ensombreció de golpe.
Sin decir una sola palabra, el hombre salió de la habitación, sin decir una sola palabra.
Como un ser sin alma, Diamond caminó sin rumbo fijo entre los pasillos de la mansión, yendo de un lado a otro mirando un punto fijo en la nada. Luego de unos segundos, el hombre llegó a la sala.
Sentándose, el hombre no pudo evitar sujetarse de los brazos y susurrar en silencio.
—E-es el alcohol hablando, es el al-alcohol…
Sin poder evitarlo, el hombre dejó caer su cuerpo en el sofá y comenzó a llorar, en silenció.
[…]
Lugar Desconocido, 14 de Junio.
El ruidoso sonido de unos Rapidash lograron despertar a Jupiter. Lentamente sus ojos se abrieron, viendo los barrotes de una jaula donde estaba contenida. Confundida, la mujer se levantó ligeramente e intentó buscar alguno de sus pokémon, pero su cinturón no tenía ninguna de sus pokémon.
Inmediatamente sintió un fuerte dolor en su hombro, dolor que le hizo rápidamente tocarlo y encontrarse un dardo tranquilizante, el cual rápidamente tiró al suelo de la jaula.
Al girar alrededor solo pudo ver algunos extraños hombres vestidos con armaduras, y a una mujer cabalgando un Rapidash. Al verla, la mujer rápidamente recordó lo que había pasado.
—¿A dónde me llevas? —preguntó Jupiter, acercándose a los barrotes.
—¿Has despertado? Sabía que ese tranquilizante no era tan fuerte —admitió la mujer de pelo rojizo—. El rey desea verte, con vida.
Lentamente la mujer recordó lo que había pasado. Recordó como intentó escapar de todos los miembros del Team Age que se encontraba. Sin embargo, no pudo contra aquella mujer, Mónica, y su poderoso Centiskorch. De un momento a otro la mujer fue acorralada y alguien le disparó un dardo.
Jupiter maldijo en voz baja mientras apretaba los barrotes de su jaula. Se sentía estúpida de no haber escapado cuando tuvo la oportunidad. Tragando saliva, la mujer aceptó su destino.
—Si Cyrus murió, no veo por qué yo no deba acompañarlo —admitió en voz baja.
Resignada, Jupiter se sentó y guardó su cabeza entre sus piernas, planeando una forma de acabar con su vida antes que ellos lo hicieran. La querían con vida, lo que significaba que cualquier cosa que le harían sería peor que la misma muerte.
De pronto la caravana frenó de golpe, provocando que Jupiter cayera hacia un lado de la jaula. Al levantarse, la mujer giró la mirada hacia el lugar donde se encontraban.
Frente al pequeño grupo se encontraba un viejo y derruido castillo finamente pegado en la roca. Las paredes de ladrillos estaban conectadas con las paredes de la cueva y las enormes torres perforaban el techo de la cueva. Las ventanas lucían vacías, con solo algunas antorchas iluminando la fachada, y la puerta de entrada era enorme y hecha completamente de hierro.
Luego de que Mónica hablara por su intercomunicador, la puerta lentamente cayó al suelo, dejando entrar al grupo. Cuando entraron y la puerta detrás se cerró, Jupiter notó como el enorme calor desapareció, dando paso a una temperatura más fresca.
Luego de avanzar por un el largo pasillo del castillo, Jupiter pudo ver de frente al rey. Volver a ver ese cráneo con pedazos de carne le volvió a causar asco, por lo que apartó la mirada.
—Mi señor, he conseguido capturarla —Mónica bajó de su Rapidash e hizo una reverencia.
—Has cumplido tu misión con éxito, serás recompensada de inmediato —el rey se acercó a la jaula—. Aunque veo que esta despierta.
—Lo lamento, su majestad, pero el paralizante que me dieron no fue lo suficientemente eficaz —admitió, apenada.
—Es irrelevante, de inmediato le aplicaremos otro —el rey se acercó más a Jupiter.
—¿Y qué demonios es lo que quieres de mí? —preguntó Jupiter, enojada.
—Sus servicios, claramente —confesó el rey—. Sin embargo, estoy consciente de que jamás accederías, es por ello que me vi en la necesidad de capturarte a ti y a… —el rey giró rápidamente para ver a Mónica—. ¿No debías capturar de igual forma al pequeño?
—L-lo siento, no lo encontramos —Mónica se alarmó ligeramente.
—Buena suerte intentando encontrarlo —dijo Jupiter, con un tono sarcástico—. Ni siquiera nosotros sabemos dónde está.
—No mientas, Jupiter, tú sabes donde esta Titan —dijo una voz masculina.
Jupiter se quedó helada al escuchar aquella voz que provenía del trono del rey. Su piel se puso blanca y se enchinó mientras lentamente giraba la cabeza y se encontraba con las personas que menos se esperaba encontrar.
Saturn y Mars salieron de por detrás del trono, vestidos con su ropa típica del Equipo Galaxia. La pareja se acercó lentamente a la jaula donde se encontraba Jupiter, con una pequeña sonrisa
—Vamos, Jupiter, tu sabes donde se oculta mi amado hijo, díselo al rey para que podamos estar juntos una vez más, como una familia —dijo Mars, sonriendo.
—Ustedes no son los amigos que conocí —dijo Jupiter, sujetando con fuerza los barrotes de su jaula—. Ustedes son leales a Cyrus, no a esta cosa.
—Cyrus murió, nos quedamos sin propósito, pero el rey nos ha dado un nuevo propósito —Mars se acercó al rey y se arrodillo.
—Así como nosotros le servimos lealtad, queremos que tú y Titan lo hagan, por la gloria de nuestro rey —Saturn de igual forma se arrodillo.
Una vena se saltó en el rostro de la mujer, apretando con mucha fuerza sus barrotes. No toleraba ver a sus amigos arrodillándose contra aquella extraña cosa. No podía entender como aquello era posible.
—Nunca me arrodillare, nunca seguiré tus ordenes —gruñó, enojada—. No importa lo que pase, tú, falso rey, caerás.
—¿Así como lo hizo tú jefe? No lo creo —el rey se acercó a la jaula de Jupiter—. Te arrodillaras y me dirás lo que necesito, te guste o no.
—Prefiero estar muerta —respondió.
Inmediatamente después de eso, Jupiter le escupió. El rey de inmediato se alejó de la jaula, sacando un pequeño pañuelo de entre su capa para limpiarse. La mujer pareció regocijarse un poco hasta que sintió un ligero piquete en la espalda.
—No, ¡No lo harán! —gritó con desesperación.
Sintiendo como su cuerpo lentamente perdía fuerzas, la mujer alcanzó a tomar el dardo tranquilizante. Con él en su poder, Jupiter acercó la punta del dardo y se lo encajó en su ojo.
La sangre comenzó a caer mientras la aguja lentamente perforaba su ojo. La mujer no sentía dolor alguno, sus brazos lentamente dejaban de responder mientras trataba de manera desesperada enterrarse el dardo lo suficiente para llegar a su cerebro.
Sin embargo, antes de ver cumplido su plan, la mujer se desmayó, en el ángulo exacto para que la gravedad terminara su obra. Cuando caía, una brazo entro a la jaula y detuvo el cuerpo ensangrentado de Jupiter.
—¿Se encuentra con vida? —preguntó el rey, acercándose a Mónica.
—No estoy segura —la mujer le arrancó el dardo y midió su pulso, sintiendo ligeros latidos—. Sí, pero necesitara cuidados si no queremos que muera.
—Debí prever que esto sucediera, después de todo ustedes me lo advirtieron —el rey se giró hacia Mars y Saturn.
La pareja se mantenía inmutable ante lo que había ocurrido, manteniendo una mirada extrañamente alegre. Aquello pareció complacer al líder.
—Jupiter era la más apegada, me sorprende que no se haya suicidado —admitió Saturn, cruzándose de hombros.
—Además, eso significa que mi hijo ya tiene el paquete que Cyrus le dejó, será mejor encontrarlo antes de que eso fastidie sus planes, su majestad —dijo Mars, mirando al rey.
—El niño saldrá, será inevitable, cuando salga le daremos casa, será mi regalo para ustedes —el rey emitió un extraño suspiró eléctrico—. Mónica, lleva a Jupiter con Impex para que la trate.
La pelirroja rápidamente aceptó la tarea, llevándose la jaula hacia el laboratorio del científico real. Mars y Saturn intentaron acompañarla, pero el rey los detuvo.
—¿Le podemos ayudar en algo más? Su majestad —preguntó Mars, moviendo la cabeza hacia un lado.
—Es hora de que empecemos los preparativos para conseguir más cadenas, es por ello que los traje —el rey caminó hacia su trono, sentándose en él—. Ustedes tres tienen experiencia, y ya tenemos todo lo necesario para llevar a cabo la operación.
—Estaremos encantados de compartir nuestra información, su majestad —Saturn hizo una pequeña reverencia—. ¿Cuándo desea efectuar el plan?
—Ocho días, serán los necesarios para que Jupiter esté preparada —el rey tomó su copa de oro y bebió de ella—. Vayan con Mónica, explíquenle todo lo que deben saber y serán enviados a preparar todo, ¿entendido?
La pareja aceptó de manera gustosa la tarea, inclinándose en modo de reverencia ante el rey y caminando hacia donde se encontraba Mónica.
La mandíbula del rey formó una sonrisa torcida mientras miraba con calma su copa de vino. Lentamente deslizó su mano hacia uno de los bolsillos de su túnica y sacó un extraño cristal blanco en forma de rombo.
Mirando el extraño cristal, el hombre suspiró levemente.
—Devolveremos a Sinnoh a su época más gloriosa, y tú me ayudaras —el rey volvió a soltar aquel extraño suspiro eléctrico—. Nuestra familia volverá al lugar que siempre le perteneció.
Saben, este capitulo fue particular por la penúltima escena.
Estuve pensandola por mucho tiempo, ideando la mejor forma de narrarla y de expresar lo que quería expresar. Tuve la ayuda de algunas amigas para lograr que fuera lo mejor posible.
Por eso mismo, si has llegado hasta aquí, me gustaría que esta vez me dieras tu mas sincera opinión. No importa si es una opinión fuerte,
realmente quiero saber como ustedes sintieron la escena, que digan que les transmitió, enserio se los agradecería muchísimo. No soy tan bueno con este tipo de escenas y quiero saber si logre transmitir lo que quería, de verdad se los agradecería infinitamente.
Sin mas por ahora:
¿Cual sera el plan de Wake?
¿Pearl lograra llevarse bien con los chicos del frente batalla?
y sobre todo.
¿Que pasara con Platinum?
Nos leemos luego, tal vez a finales de mez *guiño guiño*
