Hola queridos lectores, aqui un nuevo capítulo de esta historia UwU.

Si, es algo temprano en el mes para un capitulo, mas abajo les explicó que sucede xD.

Sin mas por ahora, enjoy :D


Entrada 21: Vs Salamence.

14 de Junio, Pueblo Arenisca

Un pequeño rayo de sol logró colarse entre las cortinas y golpeó el rostro de Platinum. Aquel rayo generó suficientes molestias para que la mujer despertara de su letargo.

Abriendo los ojos se encontró tirada en el piso de su habitación. Las cobijas de su cama la cubrían, mostrando algunas extrañas manchas cafés en ellas. Confundida, la mujer intentó sentarse en el suelo, pero rápidamente se detuvo al sentir un fuerte dolor en su cabeza.

Se sujetó con fuerza la cabeza, sintiendo como su cerebro parecía latir y golpearse con su cráneo. Su garganta estaba completamente seca y sus labios agrietados.

—¿Dia? —preguntó, sujetándose la cabeza.

No hubo respuesta a su pregunta, solo un extraño silenció que la mantenía igual de confundida. No escuchaba pasos por fuera de su cuarto, o afuera de la mansión, solo escuchaba el débil cantar de algunos Starly.

Confundida, la mujer finalmente se levantó y se sentó en su cama, la cual estaba completamente desordenada. Masajeando su cabeza, la mujer intentó recordar que había pasado.

Sus recuerdos eran difusos, solo recordaba haber destapado el vino de su oficina y de ahí todo era difuso. Girando la cabeza, la mujer se encontró con su mesita de noche.

La mesa no parecía haber sufrido mucho, solo una mesa vacía, completamente vacía. Al contemplarla, un escalofrió recorrió su cuerpo, haciendo que se enderezara.

—¡Diamond! —gritó, llevándose las manos al pecho.

Esperó, pero no hubo ninguna respuesta a sus gritos. Arreglando ligeramente su blusa, Platinum caminó lo más rápido que pudo hacia la salida. Al salir se encontró con su misma y silenciosa mansión, con algunos trabajadores limpiándola.

Su rostro de llenó de desesperación mientras bajaba las escaleras y corría hacia la cocina. Antes de llegar, el olor a estofado provocó una pequeña sonrisa en su rostro, sin embargo, dicha sonrisa desapareció cuando entró a la cocina y se encontró con uno de los tantos cocineros de la mansión.

—Señora Berlitz, en un momento estará lista la comi… —el cocinero saludó alegremente, pero la mujer rápidamente lo tomó por los hombros con fuerza.

—¿Dónde está Diamond? —preguntó, con desesperación.

El cocinero se alarmó al sentir el agarre de la mujer, pero su rostro se transformó cuando apreció las pupilas contraídas de la Berlitz a punto de soltar el llanto.

—N-no lo sabemos, señora —respondió el cocinero, con miedo.

La respiración de la Berlitz se agitó al escuchar aquello, liberando al cocinero, la mujer salió de la cocina y buscó a su mayordomo, el cual se encontraba limpiando la sala principal.

—¡Richard, ¿Dónde está Diamond?! —preguntó Platinum, desesperada.

—Señora Berlitz —el hombre pareció desviar un poco la mirada—, el señor Diamond salió en madrugada, no sabemos dónde este.

—¿No dijo a donde se fue? Cualquier pista —preguntó, exaltada.

—No, pero no parecía estar del todo contento cuando salió —respondió el hombre, con pena.

La Berlitz se llevó las manos a la boca al escuchar aquello. Sintiendo como sus piernas se debilitaban, la mujer se sentó en un sillón e intentó recordar lo que había pasado.

Si él se había ido triste, sin duda debía ser por algo que hizo. Aun cuando le dolía la cabeza, la mujer se forzaba a recordar lo ocurrido, necesitaba saber qué fue lo que dijo o hizo para que Diamond no estuviera ahí.

Rápidamente su mayordomo se sentó a su lado, intentado consolar a la mujer. La Berlitz rápidamente miró al hombre.

—¿Sabes qué fue lo que ocurrió anoche? —preguntó, con la mirada cabizbaja.

—Usted bebió mucho, el señor Diamond la llevó a su habitación y de ahí es todo lo que sabemos —respondió el hombre, con franqueza.

—¿Nada más? ¿No hubo gritos? —preguntó, incrédula.

—Solo al final, no sé qué le haya dicho, pero el señor Diamond simplemente salió de su habitación y comenzó a llorar.

Por Arceus, por el maldito amor a Arceus. Lo había hecho, había soltado algún comentario hiriente hacia su esposo. Lentamente una enorme presión llegaba a su pecho, sus pulmones parecían quedarse sin aire mientras que de los ojos de la heredera comenzaron a salir lágrimas.

Se sentía completamente miserable, más de lo que se había sentido antes. No estaba segura de que le dijo, pero tenía que ser algo lo suficientemente grave como para que la abandonara ahí.

—Le traeré un café para que se relaje un poco, luego le ayudaremos a encontrar a Diamond —sugirió el mayordomo.

Platinum no pudo responder aquello, su mente estaba sumida en aquel sentimiento de culpa y remordimiento. Agarró sus piernas con sus brazos y ocultó su rostro sobre estas, llorando.

Maldijo en silenció al alcohol, maldijo todo lo que se le podía venir a la mente. Sobre todo, se maldijo a ella, se odiaba. Después de todo, sentía que había terminado de arruinar lo último que le quedaba; Diamond.

[…]

Monte Corona, 14 de Junio.

El sudor comenzaba a empapar la cara de Níquel. La holder se encontraba en la cima de una roca, ordenándole a su Shuppet pelear contra un Bronzong que decidió aparecer por las cercanías de la cueva donde entrenaba. Era el cuarto Bronzong que se topaba ese día.

—¡Shuppet, Bola Sombra! —ordenó Níquel.

Su pokémon creó una bola de energía oscura y la lanzó directamente contra Bronzong, dañándolo. El pokémon tardó un poco en levantarse del suelo y comenzar a cargar un rayo plateado.

—¡Esquívalo! —gritó Níquel.

Bronzong atacó con un gran Foco Resplandor, Shuppet voló lo más rápido que pudo para esquivar el rayo de energía que dejaba de un color plateado las paredes de la cueva.

Níquel se refugió detrás de la roca, y al escuchar que el rayo se había detenido, la chica asomó la cabeza y ordenó.

—¡Shuppet, Bola Sombra una vez más! —gritó Níquel.

Su compañero creó otra bola de energía que lanzó contra Bronzong. El pokémon rival volvió a caer al suelo después del impacto, la zona donde había caído el golpe estaba tan caliente que brillaba.

Bronzong comenzó a girar sobre sí mismo y avanzó contra Shuppet, golpeándolo fuertemente y mandándolo a volar contra una de las paredes de roca, agrietándola. Bronzong intentó golpearlo una segunda vez, pero esta vez Shuppet logró esquivarlo.

La pared se rompió al recibir el impacto, revelando una pequeña cámara en la cual Bronzong cayó, muy debilitado. Los ojos de Níquel se abrieron completamente al ver aquella sala descubierta.

—¡Shuppet, usa Infortunio! —ordenó Níquel, acercándose a la cámara recién descubierta.

Los ojos de Shuppet se iluminaron mientras dos extrañas llamas aparecían junto a Bronzong y lo golpearon, provocando que el pokémon finalmente quedara inconsciente. Shuppet había ganado.

Níquel de inmediato se acercó a su pokémon y le sonrió, dándole una Baya Oran para que recuperara energía.

—Bien hecho —Níquel acarició la cabeza de su pokémon—. Parece que descubrimos algo interesante.

Níquel quiso acercarse más a la cámara, pero el ruido de algunas piedras chocando entre ellas la detuvo. Quedándose completamente quieta, los ojos de la chica rodaron hacia su izquierda, intentando encontrar por el rabillo del ojo el origen de tan extraño ruido.

Shuppet se quedó mirando hacia donde intentaba ver su entrenadora, pero lo único que se encontraron fue con la misma y oscura cueva. Níquel se quedó en el lugar en que estaba por algunos segundos, sin decir absolutamente nada.

Escuchando solamente los latidos de su corazón y su respiración agitada, la chica lentamente se giró, encontrándose con las mismas piedras gigantes y la pared cubierta de metal.

—¿Titan? —preguntó, en voz baja.

No hubo respuesta, simplemente silenció. Níquel se quedó un tiempo más analizando el ambiente; las sombras proyectadas por la pequeña antorcha que estaba al centro de la cueva, las piedras gigantes adornando la cueva y algunos Zubat mirándola desde el techo de la misma.

Las gotas de sudor comenzaron a bajar hasta sus ojos, momento en el cual la chica se las limpió con su brazo sano. Al instante, pudo escuchar como Bronzong finalmente le levantaba del suelo y se retiraba del lugar.

—Tal vez solo fue él —la chica suspiró y se acercó a la antorcha—. Vamos a investigar.

Níquel y Shuppet se adentraron en la caverna, pero la chica siguió pendiente de cualquier movimiento extraño. No era la primera vez que sentía que alguien la observaba. Y no solo a ella, Titan le había confesado que sentía lo mismo. No podían bajar la guardia en ningún momento.

La caverna que descubrieron no era demasiado grande, se trataba de un pasillo un poco largó y repletó de rocas de diferentes colores. Níquel no sabía qué tipo de minerales eran, pero algunos parecían valiosos.

—Esta cueva ha de haber estado sellada por mucho tiempo —confesó Níquel, acercándose a una de las piedras.

Al agacharse la chica se encontró con dos grandes rocas; una roca de color azul y otra de color verde pistache. Al intentar tomarlas se dio cuenta de que eran demasiado pesadas, además de provocarle una pequeña descarga en las yemas de sus dedos.

—Sí que son antiguas —admitió—. Vayamos al final y regresemos.

Dejando esas rocas, Níquel siguió su camino en esa pequeña caverna, encontrándose más rocas de diferentes colores.

Con el rostro empapado el sudor, Níquel decidió subir un poco su camisa para tratar de refrescarse, el calor dentro de aquella caverna era inmenso. Cuando finalmente deslumbró el final de la caverna, sus ojos se iluminaron al ver una piedra.

Acercándose más se encontró con una piedra de la cual tenía incrustada algunos cristales rojos. Los ojos de Níquel se iluminaron al ver el potencial de aquella roca. Sin embargo, su rostro de felicidad se borró cuando cargó la roca.

Al levantarla, Níquel se dio cuenta que la roca era muy liviana, demasiado para lo que cabía esperar, además, los cristales rojos eran mucho más traslucidos para ser rubíes, además de calientes al tacto.

—Una piedra calor —admitió Níquel, suspirando—. Bueno, me podría servir algún día.

Mientras recogía la roca con cuidado se encontró con otra roca azul traslucida, una piedra lluvia. La chica recogió las piedras y las metió con cuidado en su mochila.

—Bueno, solo rocas, será mejor que volvamos y… —al girar, Níquel se detuvo y volvió a girar.

El movimiento de su antorcha hizo que algo brillara por detrás de algunas rocas. Dejando la antorcha en un lado, Níquel retiró una roca y se encontró con una pequeña roca bastante singular. Una piedra azul con varias protuberancias en forma de pentágonos cuyos bordes resplandecían con un extraño color rojo.

—No estoy segura de que pueda ser, pero parece valiosa —admitió Níquel, tomando la pequeña roca.

La chica de inmediato puso la roca en su mochila, tomó su antorcha y se apresuró a salir de esa cueva. No estaba segura de que podría ser aquella roca, pero esos bordes rojos le decían que debía ser una roca valiosa. Además ya tenía dos rocas climáticas, podrían servirle de algo en el futuro.

Al salir de la caverna, Níquel se apresuró a buscar a Titan, el cual no se encontraba demasiado lejos de donde ella estaba. Luego de caminar un poco, la holder se lo encontró en la misma caverna donde se la habían pasado entrenando. El chico se encontraba dándole una baya a un Chimeco contra el cual había peleado.

—¿Terminaste tu pelea en solitario? —preguntó Titan al ver a Níquel.

—Cuatro Bronzong y un Golbat, nada demasiado raro —admitió Níquel, acercándose al entrenador.

Luego de que Chimeco se alejara, Titan se acercó a su Kakuna y le dio una baya. Níquel intentó sentarse junto al chico, pero al ver al pokémon veneno decidió alejarse un poco.

—¿Sigues temiéndoles? —preguntó Titan, arqueando la ceja.

—No les temo, solo… —el rostro de Níquel se ensombreció al ver a Kakuna— mantenlo alejado de mí.

Titan no pudo evitar reír ligeramente, acariciando la cabeza de Kakuna. Níquel siguió mirando con desagradó al pokémon hasta que Shuppet se acercó a ella para calmarla un poco.

Luego de un rato, el sonido de una olla a presión llamó la atención de la chica, la cual rápidamente se levantó y se acercó a una pequeña fogata que tenía una olla.

—Titan, ya está lista —admitió Níquel, sacando la olla del fuego con la ayuda de unos guantes.

Titan asintió y caminó hacia donde se encontraba Níquel. Sentándose en una pequeña roca, Níquel le dio al chico un pequeño plato hondo llenó con una extraña sopa con bayas. Ambos holders se sentaron en una pequeña mesa que estaba cerca de la fogata.

Aunque caliente, Titan no tuvo problemas con sostener el plato en sus manos y comer un poco con una cuchara. La textura era ligeramente espesa y un poco picante, con las bayas muy suavizadas.

—Wow, esto esta delicioso —admitió Titan, dándole otra probada a la sopa.

—Es mejor que la sopa que cocinaste —admitió Níquel con una sonrisa engreída—. Pero no te acostumbres, hice esto porque es fácil de hacer, no soy tu cocinera.

—Nunca dije que lo fueras, tú te ofreciste —admitió Titan, cerrando los ojos.

La chica no pudo evitar atragantarse al escuchar aquello. Luego de tomar un poco de jugo para pasarse la comida que se había quedado atascada en su tráquea, su cara se sonrojó.

—So-solo lo digo para que no te acostumbres —corrigió rápidamente la holder.

Titan rio un poco más al ver el sonrojo de Níquel, luego de eso siguió comiendo un poco. Cuando la sopa de su plato se terminó, el chico agradeció la comida.

—Estuvo delicioso, muchas gracias —dijo, haciendo una pequeña reverencia.

—De nada —Níquel giró la mirada a otro lado—. Esta sopa podrá durar otro día, no hay que desperdiciarla.

Aunque había disfrutado cocinar la sopa, no quería que Titan la viera como una cocinera, simplemente había decidido hacer la sopa al ver que la comida de su compañero era realmente mala. Le molestaba la idea de que la vieran como cocinera, pero le molestaba más comer esa comida insípida.

Luego de terminar su sopa, la holder vio como el chico sujetaba y observaba la hebilla de su cinturón. Ya antes la había visto y se le hacía raro que llevara lo que parecía ser el logo del Equipo Galaxia. Antes de poder decir algo, Titan le ganó la palabra.

—Níquel, ¿conociste al Equipo Galaxia? —preguntó Titan, con tono serio.

Níquel no pudo evitar sorprenderse ante aquella pregunta, moviendo la cabeza hacia la derecha.

—¿Hablas de los sujetos que casi destrozan Sinnoh en el pasado? —preguntó de vuelta, recibiendo una respuesta afirmativa de Titan—. Sí, mi padre me habló de ellos, unos loquitos siguiendo a Cyrus.

—Sí, unos loquitos —Titan rió de manera nerviosa, para después tragar algo de saliva—. El equipo se disolvió hace años, pero…

—Eres parte de ellos, ¿no? —preguntó Níquel, arqueando la ceja y apuntando a su cinturón.

Níquel miró como Titan observó su hebilla y después suspiró lentamente.

—Mis padres formaron parte de él —admitió el chico—. ¿Recuerdas el Drifloon que quisiste capturar cuando nos conocimos? —preguntó, recibiendo una respuesta afirmativa—. Bueno, hace años mi madre atacó el habitad donde él vivía, debó enmendar los errores de mis padres.

Níquel arqueó su ceja derecha y miró con extrañeza al chico. Intentó recordar quien había atacado la planta de energía, era algo que Diamond le contó y no recordaba del todo.

—¿Por qué tú enmendarías sus errores? No es tu responsabilidad —preguntó la chica.

—Es una responsabilidad que herede, ellos jamás reconocerán esos errores —Titan tragó saliva y dirigió su mirada a los ojos de Níquel—. Herede el Equipo Galaxia, y quiero restaurarlo para defender la región del Team Age y Right.

Los ojos de Níquel se abrieron enormemente al escuchar aquello. Haciéndose un poco para atrás, la holder se sorprendió de la idea tan rara del chico. Lentamente su rostro se recompuso.

—¿Revivirás un equipo malvado para vencer a otros equipos malvados? No suena muy bien —admitió Níquel.

—No será malvado esta vez, buscare que apoyen a la región —Titan se levantó, y le alzó la mano a Níquel—. Necesitó nuevos miembros que me ayuden, y tú serías una buena aliada.

Aquello extrañó a la holder, y le hizo preocuparse ligeramente. Mirando la mano extendida del chico, Níquel procesó lo que estaba pasando. Sabía que Titan era un pokédex holder y un protegido de la profesora, no debía ser una mala persona.

Sin embargo, no podía negar que la idea de pertenecer a una organización que en el pasado casi destruye la galaxia le asqueaba un poco.

—Paso —la chica se giró y se levantó.

—Pe-pero —Titan se puso nervioso— ¿acaso no te importa lo que le pueda pasar a la región?

—Me preocupa que haya tres organizaciones —respondió con firmeza—. Además, ya tenemos a la policía, a los líderes de gimnasio, la campeona, la elite four y hasta a los pokedex holders, no creo que necesiten ayuda.

—Ellos pueden fallar —dijo con un tono de enojo—. Además, si revivo a la organización, podre enmendar los errores del pasado.

—Eres pésimo convenciendo personas —admitió Níquel, cruzándose de brazos—. Lo siento, no pienso formar parte de eso, y te recomiendo que declines tu objetivo.

—No tengo otra opción —Titan miró a otro lado—. Es una responsabilidad que herede.

Níquel bufó, molesta. Aquella idea de hacerse responsable de los errores de sus padres le parecía algo muy estúpido. Negando con la cabeza, la holder se giró y caminó hacia su pequeña tienda de campaña, no tenía muchas ganas de seguir esa conversación.

Titan por su parte se sentía bastante impotente, su primer reclutamiento había fallado estrepitosamente. Se maldijo por haberlo intentado con alguien que apenas conocía. Sin embargo, no se daría por vencido.

—Daipura —Titan caminó hacia Níquel.

—¿Qué quieres? —preguntó, con molestia.

—A mí tampoco me agrada la idea de revivir al Equipo Galaxia, sin embargo —hizo una pequeña pausa—, Cyrus murió, y como mis padres eran los administradores de la organización, el me dio esa responsabilidad y… —tragando saliva— Aunque haya demás fuerzas para detener al Team Age y Right, quisiera que el Equipo Galaxia fuera un plan de emergencia.

Níquel miró con detalle a Titan, sus palabras parecían sinceras. Sin embargo, seguían sin sentir aquello como una buena idea, sentía que podía ser más bien el inicio de algo mucho peor.

—Mi abuela decía que el camino al infierno está cubierto con buenas intenciones —Níquel suspiró—. Si algún día esas fuerzas llegan a caer, ya ni siquiera valdría la pena luchar, y tu solución podría convertirse en un problema mayor.

Titan se quedó pensando un momento, las palabras de Níquel parecían tener sentido en su cabeza. Pero esa sensación de responsabilidad no podía irse tan fácilmente.

—Tengo que hacerlo, es mi responsabilidad y…

Antes de poder terminar su frase dos extraños sonidos sonaron por toda la cueva. Volteando hacia su campamento, Níquel pudo darse cuenta que el sonido venia de su mochila y de la de Titan.

La chica comenzó a sudar frio al entender de dónde provenía ese sonido, mientras que Titan la miró con confusión.

—¿Qué tienes en esa mochila? —preguntó Titan, con cara de sospecha.

—Na-nada, debe ser mi teléfono —tartamudeó.

—No, ese sonido es de una Pokédex —Titan abrió los ojos y se hizo para atrás —. ¿Acaso tú eres la otra Pokédex Holder?

Había sido descubierta. Níquel negó rápidamente con la cabeza e intentó inventarse algo. Sin embargo, la chica miró como una silueta entraba a la caverna. Una chica de pelo rosado junto a un Buneary.

—¡Níquel! —gritó Rose, sorprendida.

[…]

14 de Junio, Pueblo Hojaverde

La cálida luz de la mañana llenó de energía una pequeña casa en Pueblo Hojaverde. De su cama se levantó una mujer, un poco mayor, y se dispuso a empezar su día con mucho entusiasmo.

Luego de asearse, la alegre señora arregló con minuciosidad su habitación, bajó las escaleras y caminó hacia la gran cocina de su casa. Encendió la cafetera y sacó del refrigerador dos huevos y un poco de salsa.

Luego de encender la estufa, la mujer puso un lindo sartén negro en el fuego y esperó un poco a que este se calentara. Mientras esperaba, la señora escuchó el sonido de alguien tocando a su puerta.

Su primera reacción fue ver con extrañeza la puerta de su casa, para después mover la cabeza hacia un lado. Con curiosidad, la mujer caminó hacia la puerta y miró por la mirilla de la puerta, encontrándose un rostro muy conocido.

—¡Hijo! No esperaba tu visita hoy… —la voz dulce y sorprendida de la mujer se detuvo en seco.

Sus ojos no pudieron creer lo que estaba viendo. En el umbral de su puerta estaba su hijo, Diamond. El hombre tenía el cabello completamente desarreglado, su camiseta estaba manchada por la parte del cuello y los brazos y sus ojos estaban completamente rojos y empapados en lágrimas.

La mujer no dijo una sola palabra, su única reacción fue abrazar con fuerza a su hijo. Este la abrazó de vuelta, con fuerza, soltando más lágrimas y manchando ligeramente su mandil. Johana no pudo evitar darle un pequeño beso en el pelo, seguido de unas palmadas en la espalda. Lentamente, los ojos de la mujer también comenzaron a brotar lágrimas.

—¿Qué ha pasado, cariño? —preguntó Johanna, con tristeza.

Diamond no respondió, simplemente siguió llorando en el pecho de su madre. Johanna sentía como se rompía su corazón con cada sollozó de su hijo. Sin decir una sola palabra lo encaminó hacia dentro de la casa, debía de darle algo para que se relajara.

Luego de que el café estuviera listo, Johanna le sirvió un poco con un pan dulce que tenía guardado. Cuando Diamond dejó de llorar, finalmente pudo contarle todo lo que había ocurrido.

La mujer no pudo evitar quedarse helada al escuchar aquello, en especial la parte en que Platinum le había dicho aquella frase tan hiriente. Sin embargo, la mujer no pudo evitar negar con la cabeza luego de escuchar el relato, sintiendo que aquello ya había pasado antes.

—Es por eso que vine aquí, mamá. No sabía a quién recurrir.

—Está bien, hijo, sabes que estoy aquí para ayudarte —Johanna abrazó su hombro.

—Y es que no sé qué hacer, no sé cómo actuar —dijo mientras se limpiaba las lágrimas—. Sé que debo ayudarla, pero lo que dijo… —hizo una pequeña pausa— sé que fue por el alcohol, pero…

—Hijo, es normal que te sientas así, eres humano después de todo —Johanna acarició su hombro—. Por lo que me dijiste, Platinum solo buscaba liberar un poco de estrés. Y lo que dijo, fue seguramente un arrebató de coraje.

Diamond se quedó en silencio por un momento, sujetando su taza de café y observándola. Lentamente tomó un poco y giró hacia su madre.

—Dicen que los borrachos y los niños nunca mienten, ¿no es así? —Diamond arqueó la ceja con tristeza— Eso le decías siempre a papá.

Johanna se quedó pensando un momento, luego cerró los ojos y negó con la cabeza.

—También no tienen un límite para herir a sus seres amados —la mujer recordó un poco de su pasado—. Tal vez lo dijo para desquitarse por no darle lo que quería.

Aquella explicación no pareció convencerlo. Diamond seguía con la mirada fija en su café, con una expresión de desesperanza en su rostro. Johanna no pudo evitar sentir un pequeño déjà vu al ver a su hijo en aquella situación.

Un recuerdo llegaba a su mente en esos momentos, un pasado donde su hijo apenas tenía la edad suficiente para poder leer. La mujer suspiró.

—Cuando tu padre se emborrachaba, normalmente lo hacía cuando las cosas no estaban bien —admitió, atrayendo la atención de su hijo—. Algunas veces mi salario como coordinadora no alcanzaba para las cosas más básicas.

—Sí, normalmente me llevabas con la familia de Pearl —recordó el hombre, dejando su café en la mesa.

La mujer entonces se levantó y se acercó a una pequeña mesa donde tenía un portarretrato con la foto de su esposo; un hombre alto de pelo y barba negra y un poco gordo.

—Tu padre era un buen hombre, pero en aquellos momentos solo buscaba escapar un poco de esta realidad, por eso tomaba y me pedía que tomara con él, escapar juntos por un rato —admitió la mujer, sujetando con fuerza la foto—. Cuando no accedía llegaba a decir cosas muy hirientes.

—Sí, recuerdo eso —admitió Diamond amargamente—. ¿Y cómo te sobreponías a ello?

—Fue difícil al principio, intentaba dejarlo pasar o ignorarlo, pero eso solo empeoraba las cosas. Lo que al final funcionó fue hablar con él, entablar un dialogo con él —la mujer volvió a sentarse en su sillón—. Le demostré que no estaba solo, que saldríamos de esta. Después de todos éramos pareja y teníamos un hijo a nuestro cargo, intentar huir de nuestros problemas casi nos cuesta nuestra relación.

Johana no podía evitar entristecerse por ver que su hijo pasaba lo mismo que ella pasó en su matrimonio. Siempre deseo que nunca tuviera que pasar por lo mismo. Ver a su hijo reflexionando le hizo sacar un pequeño suspiró.

La mujer conocía a Platinum, sabía que era una mujer que no se dejaba caer tan fácil, aunque no podía culparla de haber caído después de todo lo que le había ocurrido. Le molestaba un poco que haya sido tan cruel con Diamond, pero no le guardaba rencor, así como no lo hizo cuando su esposo hacia lo mismo.

—Habla con Platinum, arreglen sus cosas y enfrenten sus problemas —finalizó Johana—. Están a tiempo de solucionarlo.

—Pero, madre, no hemos podido encontrar una solución —admitió Diamond, con un poco de desesperación.

—¿Qué han intentado al respectó? —preguntó, arqueando la ceja—. Por lo que me dices solo intentas hacer su vida más llevadera, pero nunca enfrentan el problema.

Aquello era verdad, Diamond se puso a pensar que nunca hablaron de cómo solucionar el problema. Él, en su rol de jefe de familia, solo intentó distraer a Platinum, pero nunca se habían sentado a ver que podían hacer.

Su plan era no hacer nada, esperar a que el tema se enfriara. Pero aquello no parecía ser algo que funcionara. Debían ponerse de acuerdo.

Hundido en sus pensamientos, Diamond volvió a sentir el timbrar de su pokéreloj. Al ver que la que le llamaba era Platinum el hombre volteó a ver a su madre, la cual asintió con la cabeza levemente. Sin más demora, Diamond contestó la llamada.

[…]

14 de Junio, Monte Corona

Los ojos de Níquel se abrieron por completó al ver la silueta de Rose entrando por la cueva. La pelirosa no dudó ni un segundo en ir corriendo hacia donde se encontraba ella y Titan.

—Níquel, finalmente te encuentro —dijo en un tono muy animado—. Es increíble lo bien que te has recuperado desde el accidente.

La chica sudó frio y se puso nerviosa. No esperaba que Rose la buscara en ese lugar. Girando sus ojos se encontró con un Titan con la boca abierta y apuntándole directamente, cosa que la hizo ponerse más nerviosa.

—¡Me mentiste! —reclamó Titan— Tú eres realmente Níquel Berlitz, una de las pokédex holders.

—Bu-bueno, si me dejas explicar —habló con mucho nerviosismo—. Mi segundo nombre es Daipura, es solo qué…

Antes de que Níquel pudiera terminar su oración, Titan se acercó a la chica e hizo una reverencia, arrodillándose ante ella. Níquel no pudo evitar sentirse súper incomoda y sonrojarse bastante, mientras que Rose miraba con extrañeza al chico.

—Tengo que agradecerte por rescatarme a mí y a la profesora, además de pedirte disculpas por ser tan agresivo la primera vez que nos encontramos —admitió el chico, con nerviosismo.

—¡Levántate! Es molestó que te arrodilles —admitió Níquel, molesta.

—¿Y quién es tu amigo? —preguntó Rose, moviendo la cabeza hacia un lado.

—No es mi amigo, solo entrenamos juntos —respondió, con más molestia—. Se llama Titan, es otro pokédex holder y ayudante de la profesora Moon —Níquel se alejó un poco del chico—. Y no, no te salve, fue Harold.

Rose se sorprendió bastante de escuchar aquello, sus ojos lentamente se iluminaron y una sonrisa nació de su rostro. Al verla, Níquel no pudo evitar sentir un mal presentimiento de esa sonrisa.

—Eso significa que —la chica dio un pequeño saltó de emoción junto a su Buneary— ¡Los tres pokédex holders estamos reunidos!

—Rose, no hagas eso —Níquel se tapó la cara de la vergüenza.

—Perdón, me ganó la emoción —admitió Rose con una risita—. Por cierto, mucho gusto, Titan, mi nombre es Rose.

—Rose, la profesora me ha hablado de ti —confesó Titan, quien no pareció molestarle la actitud de Rose.

Níquel simplemente bufó y caminó hacia su mochila, sacando de esta su pokédex. Al sacarlo el aparato marcaba en la pantalla: "Las pokédex están reunidas". Aquello le hizo expresar un pequeño quejido.

—Estas pokédex son iguales que la de Diamond, reaccionan al estar cerca —admitió, metiendo de nueva cuenta su pokédex.

—Daipura, o debería decir, Níquel, ¿por qué me ocultaste tu identidad? —preguntó Titan.

—No me gusta darle mi nombre a desconocidos —admitió, dándose media vuelta.

—A mí me la diste —agregó Rose.

—¡Tú me buscaste primero! —alzó la voz con molestia.

Aquello hizo que Rose bajara un poco los hombros, mientras que Titan seguía sin comprender el por qué le había mentido de esa manera.

—De todas formas, te debó mi gratitud —Titan se acercó a Níquel—. Gracias.

—De nuevo, el que nos sacó de ahí fue Harold, yo solo ayude a distraer a ese pokémon —dijo con molestia.

Titan no parecía del todo convencido, el chico quería volver a inclinarse ante Níquel, pero la chica realmente odia esa actitud que presentaba. No era una diosa o a alguien por el cual deberían inclinarse, solo hizo lo que tenía que hacer.

—Si quieres agradecérmelo, no me lo agradezcas.

—De acuerdo —Titan aceptó la oferta.

—Y Rose, ¿cómo me encontraste? —preguntó Níquel, llevando sus manos a su cadera.

—Le pregunté a tu pa… al señor Diamond y me dijo que estabas entrenando —admitió Rose—. La verdad es que estoy aquí por qué…

Rose se detuvo en secó cuando el fuerte batir de unas alas se hizo presente. Cuando todos voltearon hacia la entrada de la caverna pudieron ver a un Salamence entrando a la habitación y arremetiendo contra los tres.

Los tres holders lograron agacharse para evitar el golpe. Salamence solo logró destruir la pequeña mesa donde Níquel y Titan habían comido. Mientras se levantaban, el poderoso pokémon dragón se posaba sobre una roca, observándolos.

—Ay no, otra vez tú —Níquel pareció enojarse.

—Pensé que tenías suficiente con nuestra batalla —reclamó Titan, levantándose.

Rose no pudo evitar sentir miedo al ver a ese pokémon, el mismo pokémon que la había atacado hace algún tiempo. Sin embargo, el temblor de sus piernas no le impidió levantarse y apretar los puños.

—Es-esta vez será diferente, Salamence —dijo tartamudeando.

Níquel volteó a ver a Rose con confusión, en definitiva no esperaba esa reacción. Sin embargo, el rostro lleno de determinación de la chica le hizo esbozar una pequeña sonrisa.

—En eso tiene razón, si Titan pudo derrotarte, nosotras lo haremos —dijo Níquel.

Shuppet y Buneary aparecieron y se pusieron frente a sus entrenadoras. Los dos pokémon parecían estar listos para la pelea, deseaban tener una revancha contra aquel poderoso pokémon dragón.

—Tú —una voz femenina se escuchó por detrás de ellos.

Aquella voz confundió a los tres. Al girar se encontraron con la silueta de una extraña mujer. Vistiendo una capa arrugada y agrietada, una camiseta negra con dos media lunas rojas en los pechos, unos pantalones cortos cafés, unas botas y una extraña serpiente decorativa en su pierna.

—Devuélveme la estrella deseo —exclamó la mujer, apuntando con el dedo a Níquel.

Níquel arqueó la ceja y se enderezó, intentó reconocer a la mujer, pero no tenía idea alguna de quien era. Supuso que aquel objeto que mencionaba era aquella piedra que encontró.

—¿Le robaste algo a esta mujer? —preguntó Titan, volteando a ver a Níquel.

—Encontré una piedra extraña en una caverna, pero esa caverna estaba sellada por un muro de piedra natural —admitió Níquel—. ¿Cómo puedo saber que es tuya?

—Soy la protectora de los tesoros de esta montaña, esa estrella no te pertenece —declaró la mujer.

—¿Y quién te dio ese cargo? —preguntó Rose.

—He vivido en esta montaña desde hace años —la mujer se acercó más a la luz de una antorcha, revelando sus ojos rojos y pelo largo y oscuro—. Protegeré las riquezas de los señores del espació y el tiempo, así que devuelve esa estrella.

Níquel suspiró y miró a los ojos completamente rojos y serios de la extraña mujer. Algo dentro de su cabeza hizo clic al escuchar sobre la vida de esa mujer en la montaña.

—Tú eres la que nos ha estado espiando a Titan y a mí, ¿no es así? —preguntó, arqueando la ceja.

—Vigiló a quienes son intrusos en esta cueva —admitió la mujer.

—¿Y los atacas a traición con un Salamence? —preguntó de vuelta Titan—. Eso es muy peligroso, casi ilegal.

—Sí, pudiste matar a Níquel o a mí —reclamo Rose.

—Basta de palabrerías, deben darme la estrella deseo o sufrirán las consecuencias —la mujer se encorvó un poco.

Titan y Rose miraron a Níquel, esperando alguna respuesta. Níquel pensó ligeramente en aquello. Esa piedra que había encontrado podía ser de esa mujer, sin embargo la forma en la que le pidió las cosas y de cómo los espió y atacó provocaron cierta ira dentro de ella.

La holder le hizo un gestó a Titan, el respondió moviendo la cabeza de forma afirmativa. Rose hizo lo mismo, al igual que su Shuppet. Aceptando con la cabeza, Níquel sonrió de forma retadora.

—No te daré nada, nos enfrentaremos a ti —dijo Níquel.

—Como deseen.

La mujer de pronto pegó un gran salto hasta una roca, sorprendiendo a los holders. De inmediato Salamence rugió con fuerza mientras una esfera de energía se gestaba en su boca. El combate comenzaba.

Salamence lanzó un poderoso rayo contra los tres holders, los cuales se cubrieron detrás de algunas rocas. Shuppet y Buneary se agruparon para atacar, a lo cual les siguió el Kakuna de Titan.

—¡¿Cómo lo venciste antes?! —preguntó Níquel, cubriéndose desde una roca.

—Fue gracias a Metang, pura fuerza bruta —admitió el chico, sacando su pokébola—. Podríamos…

—Jaja —rió la extraña mujer desde lo alto de una roca—. ¿Enserio crees que volverá a funcionar esa estrategia? ¡Salamence, Colmillo ígneo!

Los colmillos del dragón se iluminaron mientras se abalanzaba contra Titan.

—¡Bunny, Puño Mareo! —gritó Rose.

Antes de que Salamence atacara a Titan, Buneary dio un gran salto y golpeó en la cabeza a Salamence, evitando el golpe. Con un movimiento de cabeza se quitó de encima al conejo y se elevó un poco.

—¡Titan, usemos la estrategia del desgaste! —le gritó Níquel, recibiendo una respuesta afirmativa—. ¡Rose, hay que distraer a Salamence!

Rose aceptó con la cabeza, dándole indicaciones a su Bunny.

—¡Bunny, Doble Equipo! —ordenó Rose.

—¡Kakuna, Picotazo Venenoso! —gritó Titan.

Kakuna saltó de inmediato hacia Salamence y logró asestar un golpe, sin embargo, Salamence no pareció afectarle en lo más mínimo.

—¡Salamence, Garra Dragón! —gritó la mujer.

—¡Buneary, Puño Mareo!

Salamence intentó atacar a Kakuna, pero las múltiples copias de Buneary le golpearon directamente en el cuello, haciéndolo retroceder un poco. Salamence entonces comenzó a mover la cabeza de un lado a otro.

—¡Kakuna, Picotazo Venenoso una vez más! —ordenó Titan.

—¡Buneary, Rapidez!

—¡Shuppet, Bola Sombra!

Con Salamence confundido, Kakuna se lanzó contra el pokémon y lo hirió en su pata, dejándole una pequeña herida morada. Luego de bajar, los ataques de Buneary y Shuppet lo golpearon directamente en el estómago.

Aunque los golpes apenas lograron dañarlo, el pokémon enemigo tuvo que bajar un poco debido al daño. Al ver la pata herida de su adversario, Titan sonrió ligeramente y miró a Níquel, guiñándole el ojo.

—¡Rose, no dejes que dañe a Buneary! —gritó Titan—. ¡Kakuna, Fortaleza!

—De acuerdo —Rose asintió—. ¡Buneary, Doble Equipo de nuevo!

—¡Shuppet, usa Embargo!

Mientras un aura fortalecía la defensa de Kakuna y Buneary creaba más copias de sí misma, del cuerpo del Shuppet salieron y atraparon al Pokémon, imposibilitándole el usar objetos.

—Ustedes son muy molestos —exclamó la mujer—. Sin embargo, necesitan más imaginación para detenerme. ¡Salamence, Golpe Aéreo contra Buneary!

Para su sorpresa, Salamence pareció librarse de la confusión y localizar al verdadero Buneary y golpearlo directamente con su pata. Buneary salió despedida hacia una gran roca, impactando contra ella y agrietándola.

—¡Bunny! —gritó Rose, acercándose a su pokémon.

Buneary logró zafarse de la roca. Con algunos rasguños y algo cansada, el pokémon quería seguir en la pelea, cosa que hizo que Rose sonriera de forma determinada.

—¡Shuppet, Infortunio! —ordenó Níquel.

—¡Kakuna, usa de nuevo Fortaleza!

Shuppet atacó de inmediato a Salamence con extrañas sombras que atacaron directamente en su pata. El pokémon rugió de dolor, bajando hasta el suelo y preparándose para contratacar.

—¡Desquítate con Garra Dragón! —gritó la mujer.

—¡Kakuna, intercepta el golpe!

Salamence intentó atacar contra Shuppet, pero Kakuna logró lanzarse para interceptar el golpe. Kakuna salió volando contra una roca, pero rápidamente volvió a la batalla con solo un rasguño.

Titan agradeció que su pokémon lograra soportar aquel golpe, a decir verdad esperaba que fuera más destructivo aquel ataque. Mientras le ordenaba a su pokémon que volvería a subir su defensa, el holder pudo apreciar como la extraña mujer comenzaba a moverse entre las rocas.

Sus movimientos eran como las de un Galvantula, se movía ágilmente entre las rocas hasta acercarse la mochila de Níquel. Sin embargo, Titan logró correr y detenerla antes de que se apoderara de la mochila.

—No te llevaras esa roca —dijo Titan.

Sujetándola directamente de la muñeca, Titan finalmente pudo ver con claridad la cara de la mujer. Esos brillantes ojos rojos le hicieron recordar algo que había visto en el pasado.

—Tú eres Zinnia, la cronista de Hoenn —exclamó el chico con sorpresa, llamando la atención de Rose y Níquel.

—Brillante, pero eso no te ayudara ahora —expresó.

Zinnia movió su mano atrapada para tomar la muñeca de Titan y con su mano libre empujó a Titan por el pecho, lanzándolo contra el piso y liberándose de su agarre.

Antes de poder agarrar la mochila, Rose logró empujar a Zinnia con su hombro, mientras que Níquel se acercaba para tomar su mochila y ayudar a Titan a levantarse.

—Se-se lo advierto, mi madre me enseñó a pelear —amenazó Rose con algo de nerviosismo, poniéndose en posición de pelea.

—Y aun así titubeas, que triste —admitió Zinnia—. Sin embargo, se les olvida que yo no soy su principal rival.

Apuntando hacia otro lado, los tres holders giraron y se encontraron con Salamence cargando otro Pulso Dragón hacia ellos. Cuando lo lanzó los chicos corrieron a ocultarse hacia las rocas, esquivando el golpe y dándole la oportunidad a Zinnia de subir a una de ellas.

—Es hora de acabar con este juego —dijo Zinnia.

Hincándose, Zinnia tocó la pequeña piedra que tenía en su tobillera, provocando que algunos rayos salieran de esta y se conectaran con su cansado Salamence. Salamence se envolvió en una gran aura que le provocó un gran cambio físico. Cuando el aura desapareció, Salamence había megaevolucionado.

Los tres holders se quedaron completamente boquiabiertos ante su nuevo y poderoso enemigo, cosa que pudo sudar frio a Níquel.

—¿Crees que le falte mucho para caer? —preguntó Níquel.

—Aún le falta un poco, pero no sé si nosotros tengamos ese tiempo —admitió Titan, preocupado.

—Sera mejor atacarlo con lo mejor que tenemos —Rose se levantó—. ¡Bunny, Puño Mareo!

—¡Shuppet, usa Infortunio!

—¡Kakuna, Picotazo Venenoso!

Buneary y Kakuna atacaron a la par contra el estomagó de Salamence, pero este no pareció verse dañado por los ataques. Sin embargo, el ataque de Shuppet si logró dañarlo un poco más, provocando cierta furia en el pokémon.

—¡Garra Dragón! —gritó Zinnia.

—¡Kakuna, recíbelo! —gritó Titan.

Las garras de Salamence se iluminaron e intentaron atacar a Shuppet, pero Kakuna se interpuso una vez más.

Cuando el ataque golpeó al pokémon insecto, este salió volando junto a Shuppet hacia una piedra. Esta vez el golpe logró dañar seriamente a Kakuna, al punto de que le costó mucho esfuerzo levantarse, al igual que a Shuppet.

Titan de inmediato fue a ver a su pokémon, el cual apenas podía mantenerse listo para la batalla. Níquel también vió a su Shuppet, el cual sorprendentemente estaba bastante dañado para no haber recibido el ataque de forma directa.

—No creo que Kakuna pueda soportar otro golpe, aunque su defensa sea muy alta —admitió Titan, mirando a su pokémon.

—Ninguno de nosotros podrá —Níquel vió con coraje a Salamence, el cual parecía estar un poco cansado.

—Regrésenme la estrella deseo y los dejare ir, es su última oportunidad —ofreció Zinnia—. No pueden ganar.

Níquel y Titan no podían negarlo, estaban en apuros. Podían usar a sus otros pokémon, pero sus compañeros no deseaban terminar de pelear, quieran seguir hasta las últimas consecuencias.

Rose también sintió como su Buneary quería seguir peleando, no se daría por vencida tan rápido. Sus ojos lentamente giraron hacia sus compañeros, los cuales no parecían estar del todo seguros de cómo seguir el combate.

Sintiendo ligera frustración, Rose miró hacia todas direcciones, buscando alguna forma de salir victoriosos. Sus ojos se detuvieron en el techo de la cueva, el cual estaba tapizado de varias rocas que parecían poder soltarse con facilidad. Luego de voltear y ver el pequeño hueco por el cual se salía al exterior, a la holder se le ocurrió algo.

—¡Bunny, usa Puño Drenaje contra Salamence! —gritó Rose.

Titan y Níquel vieron con incredulidad como el pokémon de Rose saltaba y golpeaba al pokémon de Zinnia con un puño envuelto en un aura verde.

—¡Salamence, usa Pulso Dragón! —gritó Zinnia.

—¡Bunny, salta lo más alto que puedas!

Salamence cargó el poderoso rayo dragón y lo lanzó contra Buneary, el cual comenzó a saltar hasta el techo, esquivando el rayo y provocando que este impactara contra el techo y desprendiera varias rocas.

Níquel observó aquello y rápidamente entendió lo que la chica intentaba hacer. Una pequeña risa salió de su boca mientras observaba.

—Eres una demente —admitió, con una pequeña risa—. Titan, prepara a tu Metang y Yanmega, volaremos este lugar.

—¿Qué? —Titan miró de manera incrédula a Níquel.

—¡Shuppet, vuela por encima de Salamence y usa Infortunio!

El pokémon fantasma obedeció y voló por arriba del pokémon dragón y lo atacó. Al sentir el golpe, Salamence intentó atacar a Shuppet, el cual logró esquivar un Garra Dragón. El golpe dio en el techo y produjo que más piedras comenzaran a caer.

Mientras Rose miraba a Titan y Níquel con una sonrisa decidida, Zinnia no pudo evitar sorprenderse y sacar una pequeña risa maliciosa.

—Ustedes están locos —admitió Zinnia—. No los dejare que hagan eso, ¡Salamence, Colmillo Ígneo!

—¡Kakuna, Picotazo Venenoso en la boca de Salamence! —gritó Titan.

Antes de que la ardiente mordida ígnea de Salamence diera con el escurridizo Shuppet, Kakuna logró darle un golpe desde abajó al dragón. A demás de evitar el golpe, el pokémon impactó ligeramente contra el techo, provocando que aún más rocas cayeran.

Al ver eso, Níquel de inmediato tuvo una buena idea, chasqueando los dedos y acercándose a la pequeña salida de la cueva.

—¡Ataquen desde abajo! —gritó— ¡Shuppet, usa Bola Sombra contra el estomagó de Salamence!

—¡Bunny, usa Puño Mareo también!

—¡Kakuna, continua con los Picotazos Venenosos!

Los tres pokémon accedieron sin problemas. Buneary y Kakuna se lanzaron al mismo tiempo con sus respectivos ataques. Al estar sobre ellos, Salamence no alcanzó a reaccionar a tiempo y su cuerpo fue empujado violentamente contra la pared, la cual comenzó a temblar.

Luego de esos dos golpes, Shuppet creó sus bolas de energía y las lanzó contra Salamence. El techo comenzó a desquebrajarse mientras múltiples piedras comenzaron a caer sobre todos lados.

Salamence cayó al piso bastante agotado, pero aún consiente. Sin embargo, la pequeña lluvia de piedras le obligó a huir hacia donde se encontraba Zinnia, la cual de inmediato la metió a su pokébola.

—Eso si fue imaginativo, niños enfermos —Zinnia rió—. No ha terminado.

Sin decir más, Zinnia bajó de su roca y corrió hacia la salida de la cueva. Los tres holders ignoraron el hecho y de inmediato metieron a sus pokémon a sus pokébolas.

—¡Titan, ahora! —gritó Níquel.

El holder asintió y de inmediato sacó a su Yanmega y a su Metang. El sudor comenzó a pesarle mientras les ordenaba sacarlos de ahí. Sus ojos giraron hacia su mochila y su portafolios, por ningún motivó podía perderlos.

Sorteando algunas rocas, el chico tomó sus pertenencias y de inmediato se acercó a sus pokémon. Yanmega tomó a Níquel por la espalda, mientras que Metang sujetó a Rose con sus brazos y obligó a Titan a subirse sobre él mientras aún había tiempo.

Finalmente los tres lograron salir de la cueva, dejando atrás un techo que terminaba de caer y enterraba aquella caverna. Los tres holders estaban completamente a salvo.

La nieve les dio la bienvenida desde el aire, observando como aquella ventana que tanto usaban para ver la región era sellada por una gran roca.

—Rose, ¿qué clase de idea loca fue esa? —preguntó Titan, sentándose sobre su Metang.

—Supongo que improvise —admitió nerviosamente.

Aquello hizo que Níquel soltara una pequeña risa. No dudaba que aquello fue una idea demasiado arriesgada, pero lo que más le sorprendía era que fuera Rose la que lo había hecho.

—No sé qué pasó en tu entrenamiento, pero me agrada esta nueva versión tuya —admitió Níquel, respirando agitadamente—. ¿Podemos bajar?

Titan aceptó con la cabeza y le ordenó a sus pokémon bajar a las faldas de la Montaña, en la ruta 208. Cuando bajaron, los tres holders pudieron tomar un pequeño respiró.

Sentándose sobre unas rocas cerca de la cascada, Níquel no pudo evitar acercarse un poco al agua y lanzarse un poco a la cara. Rose hizo lo mismo, mientras que Titan se quedó en silenció, pensando.

Luego de refrescarse un poco la cara, Níquel volteó a ver a Titan, el cual seguía mirando fijamente a un punto en el suelo.

—Así que, ¿tú conoces a esa mujer? —preguntó Níquel.

—¿Huh? —Titan se despertó un poco de su transe—. No directamente, la profesora me mostró algunas fotos de ella, es una cronista del clan dragón de Hoenn, estuvo involucrada en el evento del meteorito.

—¿Aquel donde invocaron a Mega-Rayquaza? —preguntó Rose, con la cara empapada.

—Sí, su paradero era desconocido, hasta ahora —suspirando y mirando al cielo—. ¿Qué estará haciendo aquí?

—Eso no es tan importante, lo importante es la razón por la cual nos atacó —Níquel se acercó a su mochila y la abrió—. ¿Alguno de ustedes sabe para qué sirven las estrellas deseo?

Níquel sacó la extraña roca azul. De inmediato Titan se acercó y la miró de cerca.

—Están relacionadas con el fenómeno Dynamax, se supone que puedes hacer una Maximuñequera, pero solo en Galar las hacen —dijo Titan.

—El señor Lionel está en la región, podríamos pedirle que la convierta en una Maximuñequera —propuso Rose.

—No, no más cosas gratis —dijo Níquel con molestia—. A todo esto, Rose, no me terminaste de decir por qué me buscaste.

—Oh, cierto —Rose se secó la cara y se acercó—. Mi maestro Wake me dijo que mi última misión de entrenamiento era enfrentarlo en su gimnasio, pero necesitó a una compañera. Así que, ¿quieres pelear conmigo?

Níquel se quedó pensando un poco. Aunque su idea era enfrentar a Maylene primero, la propuesta de Rose sonaba mucho mejor. Además mataría dos pájaros de un tiro.

—¿Y cuando tenemos que ir a pelear? —preguntó Níquel.

—En tres días, tenemos tiempo suficiente para entrenar.

—Les puedo sugerir que entrenemos juntos, después de todo parece que podemos llevarnos bien en un combate triple —propuso Titan.

Aquello hizo que los ojos de Rose se iluminaran.

—¡Sí! —dando un saltito— Como un equipo, los tres holders…

—¡Deja de gritar! —gritó Níquel—. No te emociones, si peleamos allá fue por una cuestión de supervivencia. No somos un crew de amigos como Diamond, Pearl y Platinum —antes de decir algo más, la chica bajó los hombros—. Sin embargo, tal vez no sea tan mala idea.

Titan rió ligeramente y Rose sonrió alegremente. Para la pelirosa Níquel seguía siendo la misma chica gruñona, pero parecía haberse ablandado un poco. Titan por su parte agradeció tener algo más de compañía para entrenar.

Sin embargo, entrenar en el Monte Corona ya no era una opción, debían encontrar un mejor lugar. Pero antes de hacer, los tres decidieron descansar un poco más en la cascada. Necesitarían relajarse antes de su próximo entrenamiento.

[…]

14 de Junio, Pueblo arenisca

—La casa de mi madre —esa fue la ubicación que Diamond le dio a Platinum. La mujer había estado llamando de manera insistente a su esposo hasta que este finalmente le respondió.

Su cara estaba completamente empampada en lágrimas y sentía una gran presión en el pecho. No podía evitar sentirse culpable por lo que había pasado. Lo que más le aterraba era saber qué demonios le había dicho.

Manejando lo más rápido y seguro que pudo, la mujer llegó rápidamente a Pueblo Hojaverde. Estacionándose con agresividad a pocos metros donde estaba el auto de su esposo.

De manera desesperada apagó el motor y salió de su auto, encontrándose con Diamond en el umbral de la puerta. Al verse, los dos no pudieron evitar correr el uno hacia el otro.

En cuanto tuvieron contacto se abrazaron fuertemente. Platinum lo abrazó con fuerza por la espalda y escondió su rostro en su hombro, para posteriormente comenzar a llorar.

—Y-yo lo siento, lo siento muchísimo Diamond —admitió Platinum, con pena—. No sé qué hice, pero realmente lo siento, no quise gritarte y herirte.

Aunque lo abrazaba con fuerza, Platinum sentía que el agarre de Diamond no era tan fuerte como esperaría. Aquello solo le hizo llorar con más fuerzas, manchando la camisa del hombre con sus lágrimas.

—P-perdóname, por favor, perdóname —suplicó—. No quiero perderte a ti también.

—Platinum… —Diamond hizo una pequeña pausa, separándose de su esposa— Debemos solucionar esto.

Platinum no dudo en asentir con la cabeza, con su rostro completamente empapado en lágrimas. No encontró la cálida sonrisa que siempre veía, ahora se encontraba frente a un rostro bastante serio, casi frio. Aquello solo le rompía más el corazón.

—¿Có-cómo? —preguntó la mujer.

—Moon despertó —respondió Diamond—. Debes ir con ella, debemos hacer algo para solucionar esta situación que nos destroza.

Sus ojos se abrieron completamente al escuchar aquella declaración. Sin embargo, aquello no fue rival con su gran sentimiento de culpa.

—An-antes de ir, quiero escucharlo de tú boca —Platinum miró directamente a Diamond—. ¿Qué fue lo que pasó anoche? ¿Qué clase de cosa horrible te dije?

Diamond se quedó en silenció, sus ojos giraron hacia otro lado para evitar la mirada acosadora de su esposa. Mientras su esposa le insistía, el hombre pudo ver a su madre desde su casa, indicándole que debía hacerlo.

—¿Por qué tomaste en primer lugar? —preguntó Diamond.

—Yo… —la mujer se sonrojó y trató de ocultar su rostro— Solo quería olvidarme por un rato de lo que nos está pasando, tener un poco de paz. Pero ahora veo que eso fue un error, ¿qué fue lo que dije?

Diamond tragó saliva, no estaba seguro si realmente decirlo. Mientras se la pensaba, Platinum no pudo evitar sentir que aquello era mucho peor de lo que se imaginaba.

Para su sorpresa, Diamond simplemente embozó una pequeña sonrisa tierna, para posteriormente abrazarla con bastante fuerza. Aquello desconcertó bastante a Platinum.

—No dijiste nada que importara, Platinum —dijo Diamond, acariciando su cabello.

—Pero…

—Te perdonó y te amo, ya lo sabes —Diamond se separó de ella y la miró a los ojos—. No tienes que preocuparte, de acuerdo.

Platinum estaba extrañada, pero el ver la sonrisa de su esposo una vez más le hizo sentirse un poco mejor, lo suficiente para darle un beso en los labios, besó que Diamond correspondió.

Cuando separaron sus labios. Diamond pudo ver como su madre se cruzaba de brazos y lo miraba de forma triste y ligeramente decepcionada. Diamond solo asintió levemente y devolvió su mirada a su esposa.

—¿Vamos con Moon? —preguntó.

Platinum asintió tímidamente, por lo que Diamond la llevó hacia su auto, podrían dejar el de la mujer en su madre. Mientras se retiraban, Platinum alcanzó a despedirse de ella, encontrándose una cara ligeramente enojada y decepcionada que le hizo encogerse de hombros.

Cuando partieron, Johanna no pudo evitar suspirar de manera triste.

—No hagas lo mismo que yo, hijo mío.


Bueno, ¿qué les pareció?

La verdad aún se me complica un poco ese factor dramático (ya no soy tan bueno como antes XD).

En fin, el punto es que tenia la idea de hacer un pequeño reto personal con esta historia para este mes: 4 capitulos en un solo mes.

Sin embargo, como se supone que este capitulo debió haberse publicado el 7, decidí adecuar el reto para que sean solo tres capitulos xd.

Así que, esperen otro capitulo el 21 y 31 de este mes :D. Esta vez si lo cumpliré y esperó que estén ahí para leer estas cosas UwU.

¿Qué hace Zinnia en Sinnoh?

¿Finalmente los tres holders viajaran juntos?

¿Podrán vencer a Wake?

¿Por qué Diamond no le dijo a Platinum lo que pasó?

Gracias por leer UwU