Buenas, queridos lectores uwu.

Tarde, como siempre, ese es mi estilo (?) Pero no se apuren, subire la parte 25 el siguiente Miercoles.

Por mientras, les dejo este pequeño capitulo que es una especie de "especial". Ya veran a lo que me refiero c:

Enjoy :D


Capítulo 24: Nieve

10 de Junio, Ruta 217

El sol había desaparecido del horizonte, dejando a oscuras la Ruta 217. A pesar de estar a algunos días de iniciar al verano, la nieve aún podía ser vista en las planicies, acumulándose entre las rocas, los árboles y el pasto.

Entre los enormes arboles del bosque habitados por varios Noctowl había una pequeña casa de madera en la cima de un árbol. Debajo de ella había varias tablas clavadas al árbol que funcionaban como escaleras.

Estas escaleras estaban siendo usadas por Harold, quien subía junto a su Chandelure. Luego de llegar al pequeño balcón de su casa del árbol, el chico le hizo una seña a su pokémon. Los ojos de Chandelure se iluminaron, provocando que sobre la casa apareciera una extraña cúpula morada que se abrió ligeramente, dejándolos pasar y cerrándose cuando estuvieron dentro de ella.

La casa por dentro era bastante simple; un pequeño saco de dormir, una silla hecha de un tronco cortado, una pequeña estufa eléctrica, un pequeño nido hecho de piedras, y una pequeña mesa de plástico sobre la cual descansaba una pequeña televisión.

Al entrar, Harold pudo sentir como la temperatura era mucho más agradable, por lo cual pudo quitarse su chamarra verde y dejarla en la silla. Chandelure se acercó al nido y se recostó un poco, mientras que Harold se lanzó a su saco de dormir, estaba bastante cansado.

Aquella casa se había vuelto su pequeño refugió. Luego de salir del hospital decidió viajar hacia el norte y quedarse en aquella ruta helada. El lugar era poco concurrido, por lo que era perfecto para poder estar solo con sus propios pensamientos.

Con los hombros adoloridos, Harold tomó su sabana y se cubrió. La textura suave de aquel artículo y el calor extra que le proveía le hizo sentirse bastante cómodo, sintiendo como sus parpados lentamente querían cerrarse.

—Se está muy cómodo —dijo en voz baja, mirando a su Chandelure descansar.

Aunque está a punto de quedarse dormido, un extraño movimiento por fuera llamó su atención. Lentamente se levantó y caminó hacia la ventana, encontrándose con que había comenzado a nevar. Aquello le hizo arquear una ceja.

—Los Snorunt debieron de haber salido de sus cuevas —dijo, volteando a otro lado.

Al rodar los ojos se encontró su garra de metal sobre su estufa, la cual tenía un poco de chocolate. Sintiendo el rugido de sus tripas, Harold caminó y encendió la pequeña estufa conectada a una batería.

Mientras esperaba, el chico se sentó sobre su saco de dormir y encendió la televisión, esperando encontrar algo interesante para pasar el rato. Sin embargo, apenas y había algo bueno para ver; solo se encontraba varias novelas y programas de chismes, nada que realmente le importara.

Su búsqueda de canales se terminó luego de encontrarse con un noticiero bastante conocido. No le importaba tanto el noticiero, si no la noticia que anunciaban.

—Respecto al incidente de Ciudad Rocavelo las autoridades han confirmado que no hubo nadie en el momento de la explosión, aunque aún se desconoce el origen de la misma —dijo la reportera—. El candidato del Partido Nuevo Mañana, Yake Tirón Vélez, acusó directamente al grupo criminal "Team Right" de este acto y exige a los gobernadores que tomen cartas en el asunto, lo cual ha provocado varias manifestaciones en Ciudad Rocavelo, Canal, Jubileo y Corazón.

Escuchar aquello último hizo que Harold se quedara pensando, mirando a un punto fijo en la pared. Lentamente el chico sacó su pokéreloj y se metió a sus contactos y encontró el perfil de su madre. Fantina le había mandado multitud de mensajes, pero desde hacía un tiempo los mensajes se habían detenido.

Él se había enterado de sobre el accidente de Ciudad Corazon al día siguiente. Quiso llamarle, asegurarse de que estaba bien, pero algo dentro de él se lo impidió. No es que no estuviera preocupado, después de todo había llamado a su hermana y le dijo que estaban bien.

El hecho era que no se sentía listo, no se sentía listo para volver a verla. Tenía muchas cosas que aprender antes que volver a verla. Aún seguía sin comprender aquellas lecciones de humildad, seguía pensando que la victoria lo era todo. Sí, había aprendido un poco con Níquel sobre trabajar en equipo, pero de todas formas no sentía ninguna especie de satisfacción por aquel combate.

—Si ganar no lo es todo, ¿por qué solo siento satisfacción ganando? —se preguntó en silenció, apagando su pokéreloj.

Su madre le había dicho que aún en las batallas más simples había algo que aprender, pero no encontraba nada. En todos sus días en esa ruta derrotó a muchos adversarios y pokémon de bajo nivel, pero nunca encontró ningún otro sentido más allá de ganar el combate. ¿Qué debía aprender? Ya lo sabía todo y a la vez sentía que no sabía nada.

Mientras seguía reflexionando en ello, el chico logró escuchar el burbujeo de su chocolate. Rápidamente apagó la estufa y se sirvió un poco de chocolate en una taza. Mientras se servía, alcanzó a ver, por el rabillo del ojo, una extraña luz en la ventana.

Acercándose, con chocolate en mano, pudo ver que aquella luz provenía de una linterna. Mirando más de cerca alcanzó a dilucidar quién cargaba con esa linterna. Se trataba de una chica de pelo castaño, vistiendo un overol de mezclilla, una camisa azul y una bufanda.

La chica se encontraba deambulando entre la espesa nieve que se había acumulado por la nevada. Ambas manos, tanto la que sujetaba la linterna como la que sujetaba una pequeña pokébola, temblaban de manera considerable. Pero lo más extraño era la piel de chica. Era completamente blanca, tan blanca que incluso se perdía un poco de la nieve.

Fue esto último lo que asustó bastante a Harold. El chico dejó su café en la mesa, se puso su chamarra y le pidió a Chandelure que lo acompañara afuera. Abriendo el sello, el chico bajó rápidamente y se acercó a la chica, la cual apuntaba con su linterna al bosque.

—¿Do-dónde están? —preguntó tartamudeando—. Vamos, pequeños, solo quiero capturar a uno de ustedes, es mi última oportunidad.

—Oye…

La chica gritó al escuchar la voz del chico y cayó al suelo, soltando su linterna. Harold de inmediato se acercó a ayudarle, sin embargo la desconocida rápidamente caminó hacia atrás.

—¿Qui-quien eres tú? —preguntó, asustada y jadeando—. ¿Qué quieres de mí?

—Oye, tranquila, te vi desde mi base y no te vez muy bien, estas demasiado pálida.

—Ese es el color natural de mi piel —replicó, levantándose—. No es bueno que aparezcas de la nada.

—Oye, solo me preocupe, pareces perdida y con síntomas de hipotermia —admitió Harold, mientras sus Chandelure.

Al ver al pokémon, los ojos de la chica se iluminaron. De inmediato se acercó al cálido pokémon, provocando una expresión de incomodidad en el pokémon y una de confusión en Harold.

—¿Este pokémon es tuyo? —preguntó, emocionada—. ¿Eres un entrenador?

—Sí, lo soy —dijo, confundido.

—En ese caso —la chica volteó a verlo, emocionada—. ¿Podrías ayudarme a capturar mi primer pokémon? He estado esperando mucho tiempo y quiero capturar un Snorunt.

—¿Por eso saliste a esta hora? —preguntó, arqueando la ceja— Es demasiado tarde y ni siquiera estas abrigada, ve a casa y luego vuelve a capturar uno.

—Y-yo no puedo —su rostro cambió a una mirada triste.

—¿Cómo de que no? Capturar pokémon es demasiado simple, además…

Antes de decir una palabra más, la chica tomó su brazo en modo de súplica y lo miró directamente a los ojos. A pesar de llevar chamarra, Harold sintió lo frio que estaban las manos de la chica, un frio parecido al del hielo. Aquello lo asustó bastante, aquellas manos completamente blancas sosteniéndolo le hicieron sentir un gran escalofrió en los hombros.

—Por favor, no puedo volver a casa —replicó, con lágrimas en los ojos—. Ayúdame.

Sus ojos color azul marino se fijaron en Harold. El chico sentía que podía estar hablando con un fantasma, pero el ver a su Chandelure actuando de manera normal le hizo descartar esa idea. Esa chica era humana, y sus signos no eran para nada buenos. Si seguía afuera, posiblemente moriría de hipotermia.

—Estás demasiado helada —admitió—. Te ayudare, pero será mejor que nos refugiemos, la nevada puede ser peligrosa para ti.

—Pero no tienes que preocuparte por eso, me adaptó muy bien al frio —admitió, con sus brazos temblando.

—Tus brazos dicen todo lo contrario —Harold le ordenó a su Chandelure que se acercara a ella—. Esperemos a mañana, yo sé dónde se esconden los Snorunt, si sigues fuera podemos morir.

Pensándolo un poco, la chica decidió aceptar la propuesta de Harold. Acompañados por el calor de su pokémon, ambos caminaron hasta la casa del árbol del chico.

Nada más entrar, Harold se quitó la chamarra y se la dio a la chica. Sin embargo, ella se negó rápidamente, alegando que sentía suficiente calor. El chico se alarmó, pero al ver que la chica no se desprendía de sus demás prendas le hizo calmarse un poco, no estaba sufriendo las últimas etapas de la hipotermia.

—Tienes un lugar muy acogedor aquí —admitió la chica, mirando alrededor de la casa—. ¿Cómo le haces para que Chandelure no queme la casa?

—Está protegida con un hechizo que vuelve la madera inflamable —dijo, dándole una taza—. Toma, es chocolate.

—Wow, eres un entrenador muy habilidoso —dijo con una sonrisa—. Gracias.

—Sí, hay algo de eso —admitió con una sonrisa burlona.

—¿Tienes más pokémon? —preguntó, arqueando la ceja.

—Equipo completo.

—¿Y todos son de tipo fuego o de tipo fantasma?

—Fantasma.

—¿Eres un entrenador fantasmagórico? Increíble —dijo, con una sonrisa.

—En efecto, me gustan mucho los fantasmas —admitió, tomando de su chocolate—. ¿Podrías decirme por qué decidiste salir sola, a esta hora, solo para capturar tú primer pokémon?

Luego de tomar un poco de chocolate, la chica miró con seriedad el piso, recordando algo. Harold no pudo evitar mover la cabeza hacia un lado, confundido.

—Es mi última oportunidad de hacerlo —la chica sacó su pokébola—. Ahorre mucho dinero para comprar esta pokébola y mi madre pensaba venderla mañana, si no lo hacía hoy, nunca lo seria.

—¿Cuánto tiempo ahorraste? Las pokébolas son muy baratas.

—¿Baratas? ¿Estás loco? Es una fortuna —replicó, enojada—. Ahorre por meses para conseguir comprar una.

Harold abrió los ojos de manera sorprendida. Para él una pokébola era el artículo más barato de los artículos para entrenadores, incluso tenía algunas acumuladas. Para que esta chica lo viera como un artículo de lujo debía estar en una situación bastante precaria.

Luego de terminar su chocolate caliente, el chico se acercó a su mochila y sacó otro saco de dormir, llevaba uno de repuesto para cuando el otro se estropeara.

—Bueno, será mejor ir a dormir —dijo el chico, acomodando su sacó—. Mañana te ayudare con tu captura, de acuerdo.

—Sí, muchas gracias este… —la chica rápidamente se rascó la cabeza— Creo que aún no nos hemos presentado.

—Cierto —admitió, con una sonrisa—. Me llamó Harold, de Ciudad Corazon.

—Y yo Cryoneth, de Puntaneva —dándole la mano—. Muchas gracias por dejarme dormir, y por prometerme ayudarme.

Harold simplemente sonrió y extendió la mano de la chica. Cryoneth le caiga bastante bien, mas por haberlo alagado. Luego de eso ambos se fueron a dormir en sus respectivos sacos, mientras que las llamas de Chandelure los calentaban. Mañana les esperaría un nuevo día de capturas.

[…]

11 de Junio, Ruta 217

A la mañana siguiente, justo después de despertar, Cryoneth y Harold salieron a buscar el pokémon de la chica. El hijo de Fantina apenas tuvo tiempo de desayunar algunas bayas, ya que la chica le insistió que fuera rápido a capturar a su pokémon.

La nieve comenzaba lentamente su proceso se derretimiento y el calor comenzaba a aumentar, por lo que el caminar entre el bosque no fue complicado y Harold se pudo dar el gusto de desabrocharse la sudadera.

El lugar que buscaban era una pequeña cueva cercana al Lago de Uxie, Harold había visitado esa cueva con anterioridad y se había encontrado con varios Snorunt dentro de ella. El lugar estaba bastante cerca, por lo que tardarían poco tiempo en llegar.

—Debo preguntarte, ¿Sabes algo de la captura de pokémon? —preguntó Harold, con las manos metidas en sus bolsillos.

—Bueno, solo es lanzarle la pokébola al pokémon y ya, ¿no? —respondió con un dedo en su mentón.

Harold miró con confusión a la chica.

—¿No sabes que primero hay que debilitarlo un poco?

—Oh, cierto —chasqueando los dedos—. Pero de todas formas no importa, no tengo pokémon para debilitarlo, así que solo le lanzaría la pokébola.

—¿Y si fallas? Es tu única pokébola.

—Se la vuelvo a lanzar hasta que entre.

Aquello hizo que Harold se golpeara en el rostro con la palma. No podía creer lo increíblemente novata que resultaba ser esa chica. ¿Qué clase de persona no sabría conceptos tan básicos?

—Cryoneth, si fallas, la pokébola deja de funcionar.

—¿Enserio? Qué estafa —reclamó, con molestia—. Son demasiado caras y ¿solo tienen un único uso? Que lacras.

—Supongo que sí —respondió con un suspiró.

Le parecía extremadamente raro que considerara una pokébola un artículo de lujo. Tal vez ella era de escasos recursos, pero el verla con esa buena y limpia ropa no encajaba con su visión de una persona pobre o necesitada.

Luego de caminar un poco más, ambos llegaron a la cueva; una gran abertura por la cual se filtraba la luz hacia unos pocos metros. Las paredes estaban recubiertas de hielo y el techo tenía muchos carámbanos.

—De acuerdo, este será el plan —dijo Harold, sacando a su Misdreavus—. Yo atraeré a un Snorunt y peleare contra él, luego tú le lanzaras la pokébola, ¿de acuerdo?

Cryoneth asintió, luego corrió hacia una roca y se ocultó para esperar el momento en el que Harold sacara al pokémon. Harold por su parte sacó una linterna y se adentró por la cueva de hielo.

La cueva estaba bastante silenciosa y fría, Harold tuvo que cerrar su chamarra mientras solo escuchaba el sonido de sus pasos. Adentrándose más en la cueva notó como esta era bastante más pequeña de lo que imaginaba. La recordaba más grande, y era así, solo que el resto de la cueva era inaccesible gracias a una gigantesca pared de roca.

—Parece que hubo un derrumbe —admitió—. Si había Snorunt debieron haber huido.

Suspiró, decepcionado. Sin embargo, su Misdreavus le indicó que girara hacia otro lado. El chico apuntó la linterna hacia donde le indicó su pokémon y se encontró con una especie de triangulo de color azul cielo.

Aquello hizo que sus ojos se abrieran de par en par y sus piernas temblaran.

—¡Es un Snorunt variocolor! —dijo, ahogando el gritó con su mano—. Tiene que ser mío.

Temblando, Harold intentó tomar una pokébola, pero Misdreavus lo detuvo con sus pequeñas manos y lo miró como si lo regañara.

—¿Qué haces? ¿No vez que es un pokémon muy raro? —preguntó, a lo que Misdreavus volteó a ver hacia la entrada de la cueva—. Oh vamos, le puedo conseguir otro, este tiene que ser nuestro.

Negando con la cabeza, Misdreavus señaló hacia su cinturón, el cual estaba completó con sus cinco pokémon.

—Vamos, hay muchos entrenadores que tienen más de seis pokémon, ella podría ser un bonito Froslass, o un Glalie en el peor de los casos.

Sin embargo, mientras Harold discutía con su pokémon, Snorunt se dio cuenta de la presencia de ambos y comenzó a correr hacia la salida. Misdreavus se dio cuenta de ello e intentó distraer a su entrenador, pero este se dio cuenta gracias a un gritó.

—¡Harold, ya salió!

—¡Snorunt, no escaparas! —gritó Harold.

Entrenador y pokémon salieron a buscar a su próxima captura. Al salir de la cueva Snorunt los esperaba y los atacó con un Rayo Hielo. Harold logró esquivarlo, mientras que Misdreavus se apresuró a ponerse frente a su rival.

—Observa como un profesional captura pokémon —alardeó Harold—. ¡Misdreavus, Bola Sombra!

Misdreavus atacó de inmediato a Snorunt con una bola de energía el cual lo impactó directamente. Snorunt retrocedió ligeramente con una ligera raspada en su cabeza triangular. Rápidamente respondió corriendo hacia él y creando una potente mandíbula de energía con la cual masticó a Misdreavus.

—Triturar, no será suficiente para derrotarnos —aseguró—. ¡Usa Electrocañon!

Misdreavus se concentró y comenzó a generar energía eléctrica en una pequeña esfera negra. Snorunt intentó atacar con Rayo Hielo, pero Misdreavus logró esquivar el golpe y lanzar el poderoso ataque eléctrico contra el pokémon.

El ataque golpeó directamente al pokémon, generando una pequeña explosión eléctrica de la cual Snorunt salió volando. El pokémon apenas podía levantarse, además de que de su cuerpo comenzaron a salir pequeños rayos eléctricos.

—Es mi oportunidad, ahora yo te… —Harold intentó sacar una pokébola, pero Misdreavus lo golpeó con su cabeza, tirándolo al suelo.

El pokémon rápidamente le gritó a Cryoneth, a lo que la chica dedujo que esa debía ser la señal. De inmediato corrió lo más cerca posible hacia Snorunt y lanzó su pokébola. Cryoneth clavó sus ojos en la pokébola que había lanzado, viendo con detenimiento como esta surcaba el aire hasta golpear la cabeza de Snorunt, provocando que este entrara. Luego de tres vueltas la pokébola emitió un pequeño brillo, la captura se había completado.

—¡¿Por qué demonios hiciste eso?! —gritó Harold, enfadado—. Soy tu entrenador, debes respetarme como tal.

Misdreavus solo le dirigió una mirada de enojo, a lo que Harold respondió metiéndolo en su pokébola de manera inmediata. Estaba furioso con su pokémon por eso.

Con molestia miró como Cryoneth se hincaba y tomaba la pokébola de su Snorunt. La chica se quedó completamente inmóvil, mirando a su pokémon y con sus brazos tembloroso. Sus ojos se iluminaron de alegría y abrazó con fuerza la pokébola.

—Mi primer pokémon —dijo con gran alegría—. ¡Muchas gracias!

Sin poder reaccionar, Cryoneth se abalanzó contra Harold y lo abrazó con fuerza. A pesar del frio natural de la chica, esta vez sintió cierta calidez en ese abrazo, mientras unas lágrimas empapaban su chamarra.

—Ya, no fue para tanto —replicó, con un ligero sonrojo—. Espero que aprecies a ese pokémon variocolor.

Luego de decir eso, Cryoneth lentamente se separó de Harold y se limpió las lágrimas. Mirándolo a los ojos, la chica giró su cabeza hacia un lado.

—¿Qué es "variocolor"?

Aquello hizo que un enojo terrible naciera dentro de él. Una vena suya se saltó mientras empuñaba ambos puños con coraje. No solo había perdido la oportunidad de capturar un pokémon raro, si no que la chica que lo había capturado ni siquiera sabía de lo valioso que era. Aunque quería hacer una pequeña rabieta, el chico comenzó a respirar hondo y a relajar sus músculos.

—Un variocolor es un pokémon cuyo color de piel es distinto, son exageradamente raros —dijo con cierto enojo contenido.

—Oh, ¿entonces este pokémon es raro? Esto lo hace doblemente especial —respondió con una gran sonrisa—. Gracias de nuevo.

Cryoneth volvió a abrazar repentinamente a Harold, provocando que su enojo finalmente se esfumara, aunque seguía sorprendido de la confianza que le tenía. Había sido una mañana bastante caótica y tenía bastante hambre, por lo que él chico se separó de ella y comenzó a caminar

—Bueno, tienes lo que tenías, ahora ve a curar a tu pokémon en el Centro Pokémon —dijo—. Nos vemos.

Harold comenzó a caminar hacia su base, dejando a Cryoneth sola y mirando su pokébola. La chica no quería que esto terminara así. Cerrando los ojos, la chica suspiró y corrió hacia Harold.

—Harold —dijo, deteniendo el pasó del chico.

—¿Qué quieres? —preguntó, dándose la vuelta.

—Ten una batalla contra mí.

Aquello hizo que Harold alzara una ceja de incredulidad. El chico no pudo evitar reír un poco y cruzarse de brazos, provocando que Cryoneth lo mirara con algo de molestia.

—Tienes que estar bromeando —respondió.

—No, habló completamente enserio —dijo, con molestia.

—Cryoneth, para empezar Snorunt es muy débil, y eres una entrenadora demasiado primeriza, no tendrías ninguna posibilidad —dijo.

—Lo sé, pero quiero intentarlo de todas formas —afirmó, con seriedad—. No sé si esta sea mi última vez que pueda intentarlo.

—Ya dijiste esa excusa antes, ¿Cuál es la razón por la que siempre es "la última oportunidad"?

—S-si curas a mi Snorunt y me permites pelear contigo, te lo contare —dijo, con un tono triste y serio.

Harold suspiró. No estaba interesado en pelear contra ella, el resultado sería demasiado predecible. Fue ahí que recordó las palabras de su madre, la enseñanza de los combates contra novatos. Negó con la cabeza al recordar aquello, pero al final de cuentas no tenía nada que perder.

—Creo que estoy demasiado involucrado contigo para no saber qué es lo que escondes —afirmó—. Déjame curar a Snorunt.

Usando una Hiperpoción y una Baya Ziuela, Harold recuperó por completó la salud de Snorunt. El pokémon, luego de ser curado, se acercó a su entrenadora y la miró de manera curiosa.

—Hola, pequeño —sonrió la chica, saludándole—. ¿Me ayudarías a pelear contra Harold?

Snorunt de inmediato giró a ver a Harold. Girando un poco su cabeza, el pokémon frunció en selló y lanzó un poco de viento helado al chico, molestándole y sacando una pequeña risa en Cryoneth, su pokémon la obedecería.

—De acuerdo, tu amigo ya quiere empezar —dijo, con molestia.

Harold se fue hacia un extremó, dando espacio suficiente para tener un combate. Envió a Misdreavus a pelear, era su pokémon más débil y serviría para no acabar el combate de un solo golpe.

—Bueno, te dejare ejecutar el primer movimiento —dijo, con algo de molestia.

—Genial, gracias —Cryoneth estaba bastante emocionada—. En ese caso —la chica se llevó una mano a la barbilla, intentando pensar—, ¡Snorunt, usa Electrocañon!

Snorunt iba a acercarse a Misdreavus, pero el pokémon cayó al escuchar aquella orden a la par que su rival comenzaba a reír. Harold no pudo evitar abrir los ojos de par en par y abrir la boca completamente.

—¿Q-qué estás haciendo? —dijo, de manera incrédula.

—Ordenándole, ¿acaso lo hago mal? Vi que tu Misdreavus pudo ejecutar ese movimiento.

Dejando escapar pequeños ruidos de incredulidad, el chico negó con la cabeza y se llevó la palma a la cara.

—¡Snorunt no aprende ese movimiento! —gritó, enojado—. ¡Ordénale que use sus movimientos!

—Pero, ¿qué movimientos conoces? —preguntó.

—Triturar, Rayo Hielo, esas cosas —replicó, más enojado—. Solo ataca.

—De acuerdo —Cryoneth cerró los puños—. ¡Snorunt, usa Rayo Hielo!

—¡Misdreavus, repele con Bola Sombra! —ordenó Harold.

Volviéndose a levantar, Snorunt lazó su rayo helado contra Misdreavus. El pokémon fantasma creó una esfera de energía oscura y la lanzó contra el rayo hielo. Ambos ataques se golpearon entre sí, provocando una pequeña explosión.

—¡Snorunt, intenta usar Triturar! —gritó Cryoneth.

—¡Misdreavus, esquívalo!

Misdreavus intentó escapar de la gran nube de humo en la que se encontraba, pero Snorunt logró llegar a ella antes y atacarla con su movimiento, lanzándola hacia un árbol.

—¡Bien hecho, Snorunt! —gritó Cryoneth, emocionada.

—Parece que quieres aprender rápido —replicó Harold—. ¡Misdreavus, usa Infierno!

Misdreavus empezó a rodearse de poderosas llamas rojas, casi oscuras. La temperatura comenzaba a aumentar progresivamente, provocando que la nieve alrededor se derritiera.

—¡Snorunt, Rayo Hielo!

Snorunt intentó atacar a Misdreavus, pero su rayo helado se derritió antes de golpearla directamente. Aquello asustó bastante al pequeño pokémon, el cual comenzó a caminar en círculos.

Misdreavus finalmente cargó su ataque, lanzando un gran torrente de llamas contra Snorunt, el pokémon solo podía correr en círculos al ver semejante cantidad de llamas

—¡Protégete! —gritó Cryoneth.

Las llamas golpearon a Snorunt, provocando un enorme tornado de llamas en medio del campo de batalla. Ambos entrenadores se taparon la cara mientras el tornado desaparecía y la nieve se derretía.

El humo lentamente se disipó, dejando ver que Snorunt había creado una esfera de energía con la cual se había protegido del golpe. Aquello sorprendió bastante a los entrenadores.

—¿Sabes Protección? —preguntó Cryoneth, sorprendida—. Qué útil.

—Eso no importa ahora —respondió Harold—. ¡Misdreavus, Bola Sombra!

—¡Protección otra vez!

Snorunt creó una vez más aquella esfera que lo protegía, pero esta vez la esfera fue más débil y no soportó el golpe de Misdreavus. Snorunt de inmediato salió disparado, golpeándose contra un árbol.

—¿Por qué no funciono? —se preguntó la chica.

—Conforme más usas Protección, más débil se vuelve —respondió Harold, ya estaba entendiendo que Cryoneth era una completa novata—. ¡Misdreavus, Electrocañon!

—¡Snorunt, Triturar! —gritó Cryoneth.

Misdreavus comenzó a acumular energía eléctrica en una pequeña esfera. Snorunt de inmediato corrió hacia el pokémon con unas enormes mandíbulas hechas de energía.

—Eso es estúpido, me aseguró el blanco —dijo Harold, en voz baja—. ¡Ahora!

Teniendo a Snorunt a escasos metros, Misdreavus logró atacarlo con éxito. El pequeño pokémon hielo sintió el feroz impactó de la esfera eléctrica y como una fuerte corriente salía desde su cuerpo. El impacto logró lanzarlo hasta donde se encontraba Cryoneth, la cual rápidamente se hincó para ver a su pokémon. Snorunt estaba fuera de combate.

Harold suspiró, fastidiado, honestamente no esperaba otro resultado. Rápidamente devolvió a su Misdreavus a su pokébola y se acercó a Cryoneth. Ella era una completa novata, el combate había resultado aburrido para él, aunque no pudo negar que el uso de protección fue algo bastante sorpresivo.

—Bueno, honestamente esperó que no hayas esperado…

El chico se detuvo en secó cuando se acercó a escasos dos metros de la chica. Cryoneth estaba abrazando a su Snorunt con fuerza y se encontraba llorando, las lágrimas lentamente caían y empapaban el cuerpo del pokémon.

—¿Llorando por tu primera derrota? —preguntó, con algo de sorpresa.

—No… —Cryoneth volteó a ver a Harold, con una sonrisa en el rostro—. Nunca imagine estar en una batalla pokémon.

Aquello causó un corto circuito en Harold. Las lágrimas de felicidad de Cryoneth le parecían irreales. ¿Cómo iba a estar feliz por perder? ¿Realmente estaba feliz solo por haber luchado? No lo entendía, pero lo conmovió un poco.

Se le quedó mirando, en silencio. Para él el combate no le había significado nada, pero para ella lo había sido todo. Lentamente se llevó la mano al pecho, sentía un sentimiento extraño de verla ahí, feliz, sujetando a su pokémon.

Cuando ya no pudo soportar más aquel sentimiento avanzó hacia ella y le ofreció la mano.

—Anda, curemos a tu pokémon y volvamos a casa.

Cryoneth se limpió las lágrimas y tomó la mano de Harold. Luego de meter a Snorunt a su pokébola, la niña volvió a abrazarlo. Harold esta vez pudo sentir cierta calidez en los brazos de la chica, por lo que decidió corresponder.

—Gracias —agradeció, con felicidad.

Harold no dijo nada, solo una tímida sonrisa salió de su rostro. Luego de eso, ambos caminaron en rumbo al norte.

[…]

11 de Junio, Ciudad Puntaneva

La casa de Cryoneth estaba a las afueras de Ciudad Puntaneva. Se trataba de un pequeño pueblo con algunas pocas cosas al sur de la ciudad. La pequeña comunidad compartía espacio con el bosque y el mar congelado desde el cual se veía la gran urbe.

Mientras ambos caminaban, Harold se quedó bastante sorprendido de todo lo que se encontraba. Los postes eléctricos tenían multitud de cables para robar la electricidad, había basura tirada por varias partes, las casas tenían varios grafitis y había varia gente intentando vender dulces.

—Nunca había visto esta parte de la ciudad —comentó Harold.

—Los turistas no suelen visitar esta área —admitió Cryoneth, con una risita.

Ahora podía entender por qué Cryoneth veía como un artículo de lujo aquella pokébola. Jamás se había dado cuenta de que existiera una comunidad tan pobre en ese lugar.

Le llamó la atención como en varias paredes de casas se encontraban lonas con la cara de Yake, el candidato. Una en especial le llamó la atención; se trataba de un poste enorme con el espectacular del candidato, este poste se erigía sobre un terreno cercado del cual se podían apreciar nieve y algunos escombros quemados.

—¿Quemaron el lugar para poner publicidad? —preguntó Harold.

—No, hace mucho tiempo aquí vivía una amiga mía —admitió, con un tono ligeramente triste—. Ella se fue y su casa fue derrumbada, tiempo después pusieron esa publicidad.

—Oh, entiendo —dijo, mirando hacia la publicidad.

—Es esperanzador, ¿no? —preguntó.

—¿Qué cosa?

—Ese candidato, Yake —dijo, sonriendo—. Él va a traer prosperidad a esta zona.

Harold no estaba enterado de la política, a decir verdad ni siquiera le importaba quien podría ser el próximo presidente o gobernador. Había oído hablar de él, pero nunca puso atención.

—No lo sé, nunca había escuchado hablar de él —respondió, llevándose las manos a la nuca.

—Mi madre y yo hemos escuchado todos sus spots, parece ser la única esperanza de que me pueda volver entrenadora —dijo, caminando alegremente.

—¿Cómo es que eso ayudara? —preguntó, arqueando la ceja.

—El traerá prosperidad con despensas y empleos, de esa forma podremos tener dinero y mi madre me dejara viajar por la región.

—¿Acaso tu madre…?

Antes de terminar su pregunta, Harold pudo apreciar como Cryoneth se quedó paralizada al ver algo acercándose hacia ella. Volteando se encontró a una mujer de pelo negro y piel blanca acercándose con gran rapidez, cargando consigo un cable eléctrico y a su lado un Cacturne.

Al verla, Cryoneth de inmediato corrió hacia atrás de Harold, intentado refugiarse. Harold no supo cómo reaccionar, hizo sus brazos hacia atrás con miedo mientras la señora se plantaba frente a él con la cara repleta de enojo y lágrimas.

—¡¿Dónde putas madres estabas, Cryoneth?! —gritó la madre, con rabia, agitando el cable—. ¡¿Dejas a tú madre asustada para irte de puta con este mocoso?!

—Es-espere señora —Harold estaba genuinamente asustado, retrocediendo—. Cálmense un poco.

—¡Tú cállate, mocoso estúpido, seguramente ya embarazaste a mi hija! —alejó, golpeando el cable contra el suelo—. ¡Espero que al menos seas de dinero!

—Se-señora, cálmese, yo…

—¡Yo no hice nada con él, mamá! —gritó Cryoneth, aferrándose a la chamarra de Harold—. ¡Me lo encontré y me ayudo a capturar un pokémon!

—¡No me vengas con eso! —con gran fuerza se acercó a Cryoneth y la tomó del cabello para luego jalarla con fuerza.

Harold vió con horror como la mujer jalaba a la niña con fuerza hacia ella, Cryoneth tuvo que arrodillarse mientras su madre sujetaba con fuerza su cabello.

—¡Señora, su hija no miente! —gritó Harold, asustado—. ¡Muéstrale!

La niña lentamente tomó la pokébola de Snorunt y se la mostró a su madre. La mujer finalmente soltó a su hija y tomó la pokébola, mirando al pokémon en su interior. Luego de limpiarse las lágrimas, la mujer volvió a ver con rabia a su hija.

—¡Te dije que te dejaras de estas estupideces! —gritó, con enojo—. ¡¿Usaste tus ahorros?!

—S-sí, pero logre capturar un pokémon, ahora solo queda entrenar ir.

—¿No te ha quedado claro que no estamos para estas cosas? Métetelo en la maldita cabeza —la mujer lanzó la pokébola lejos—. Ahora y ni siquiera podrás ir a la escuela.

Al tocar el suelo, Snorunt de inmediato salió de su pokébola. El pokémon miró con enojo a la mujer y se acercó con rapidez para defender a su entrenadora. Aunque Harold intentó detener al pokémon, este fue detenido por Cacturne, el cual uso Golpe Bajo para debilitar al pokémon.

—Pe-pero, si me vuelvo entrenadora, podre ganar dinero, además con Yake…

—¿Entrenadora? Te he dicho mil veces que serlo involucra gastos que no podemos pagar —reclamó, con enojo.

—Señora —Harold interrumpió—. Los entrenadores jóvenes tienen facilidades para salir de viaje.

—Sí claro, y el equipo de viaje y la comida es gratis ¿no? No te metas en esto —le respondió, con autoridad—. Y pienso mantener una parasita, si no vas a ir a la escuela entonces iras a trabajar.

—Pe-pero mamá —las lágrimas comenzaron a brotar por los ojos de la niña—. Mi po-pokémon.

—Deja de llorar, no podemos mantener a dos pokémon —admitió, tomando a la niña de la camisa—. Vámonos a la casa, y tú niño, más te vale que mi hija no salga embarazada, conozco a los de tu tipo y si le pasa algo, te buscare por cielo y tierra para que te hagas responsables.

—N-no, mamá, yo quiero.

Aquella negación alteró a un más a la mujer. Rápidamente la golpeó con el cable en la espalda, causando un gritó de dolor por parte de la niña. Harold no podía hacer nada, solo se quedó ahí, paralizado, sin poder moverse.

Lentamente la mujer se fue con su hija, Cryoneth lloraba e intentaba zafarse, pero cada intentó era reprendido por su madre, tomándola más fuerte del brazo. Harold se quedó ahí hasta verlas entrar a una pequeña casa de madera.

Misdreavus de inmediato salió de su pokébola, junto a Chandelure. Ambos pokémon intentaron reanimar a su entrenador, el cual miraba en silenció hasta que volvió a la realidad por el calor de su pokémon fuego. Misdreavus jaló su chamarra y apuntó hacia donde estaba la casa de Cryoneth, con la mirada triste, al igual que Chandelure.

—No, no podemos meternos —admitió, negando con la cabeza—. No nos corresponde.

Misdreavus lo miró con molestia e insistió, pero Harold la ignoró. Algo golpeó ligeramente su cabeza, se trataban de pequeños copos de nieve. Al girar se encontró con Snorunt, el cual comenzaba a llorar. Al chico se le hizo extraño que él pokémon llorara, no esperaba que se encariñara tan fácil.

Lentamente se acercó a la pokébola de Snorunt y lo devolvió a la misma. Bajo la atenta mirada de sus pokémon, Harold observó al pequeño pokémon. En cualquier otra instancia estaría alegre de que se quedó con el pokémon, pero no sentía ningún tipo de alegría.

No estaba seguro de que hacer, y el sonido de sus tripas le hizo voltear hacia un pequeño restaurante. Su mente estaba repleta de dudas y reflexiones retrospectivas. Lentamente el chico metió la pokébola en su mochila y caminó hacia el restaurante, metiendo a sus pokémon a sus pokébolas.

—Necesito hablar con mi hermana —dijo, mientras comenzaba a caminar.

[…]

11 de Junio, Ciudad Puntaneva

—Estas cosas las deberías hablar mejor con papá, no conmigo —admitió Greda, cruzándose de brazos.

—Tú eres la "niña justiciera", ¿no es así? —preguntó, arqueando la ceja.

—Al menos es mejor que "rechazada" —dijo, alzando los hombros —. Igual es raro que tengas esa duda, "tú eres el entrenador más fuerte", ¿no es así? —dijo en forma sarcástica— ¿Por qué prestarle atención a una novata?

—Cuando le gane, ella no está triste, estaba feliz, lloraba de felicidad —llevándose una mano al pecho—. Me hizo sentir extraño, raro.

—¿Te recordó a tú yo pequeño? —preguntó, arqueando la ceja—. Si, mamá me lo dijo.

Harold intentó ocultar la mirada, le daba mucha vergüenza recordar su infancia. Pero no podía negar que había algo en esa actitud que le recordaba a él. Negando con la cabeza, el chico volvió a ver a su hermana, con rostro serio.

Al ver a su hermano así, Greda solo suspiró.

—No puedes simplemente arreglar sus problemas con su madre, y tampoco darles dinero —admitió—. Honestamente no veo algo que puedas hacer.

—Ya lo sé, pero no dejo de pensar en que podría hacer algo, es la primera vez que me pasa —dijo, cruzándose de brazos.

—Vaya, esperaba que dijeras "No es mi problema" o algo así —Greda se sorprendió bastante—. Lo único que podría ayudar a esa chica es que se decida escapar, pero igual no llegaría muy lejos si es débil, nosotros pudimos salir por qué nos entrenó papá, incluso esas holders tienen algo de habilidad.

Harold respiró profundo, aceptando aquellas palabras. Miró directamente al vaso de vidrió con algo de jugo y se puso a pensar que podría hacer. Intentaba pensar que haría su padre en esta situación. Tal vez no debía meterse en esos asuntos, pero no se sentía tranquilo dejando a su suerte a esa niña.

—Greda, ¿por qué ayudaste a ese niño? El de la Ruta 214 —preguntó, con dudas.

Greda no pudo evitar sorprenderse con esa pregunta. Rápidamente se cruzó de brazos y miró hacia otro lado.

—¿Por qué no hacerlo? Estaba en peligro.

—Pero tú también te pusiste en peligro, ¿no? Pudiste haber muerto.

—Tenía la capacidad de hacerlo, y la voluntad para ello —admitió, alzando la vista hacia él—.Papá nos enseñó a ayudar cuando podamos, ¿no?

Harold se quedó pensando en ello, averiguando como procesar esas palabras. Ayudar a otro a tu costa, no sonaba algo sencillo de hacer. Pensó es las repercusiones de su idea, lo que podría pasar.

—¿Acaso tienes un plan? —preguntó Greda.

—Los inicios de uno —respondió, para luego mirar hacia la ventana de donde se encontraba sentada—. Solo esperó que padre no me quite la mesada.

—¿Acaso piensas…?

Greda no pudo terminar, pues de inmediato se empezaron a escuchar fuertes gritos en el restaurante donde comía Harold. El chico volteó y se encontró a la mamá de Cryoneth tomando por el brazo a su hija y con el otro una carpeta.

—¿Dónde está la señorita Judith? Traigo a su nueva camarera —dijo la madre a una de las camareras.

Harold de inmediato volteó a ver a su hermana, la cual no estaba segura de cómo responder. La chica suspiró y alzó la cabeza hacia un lado, en señal de aprobación. El chico entonces se levantó, respiró hondo y se acercó a la mujer.

—Señora, usted no puede hacer esto —dijo Harold, con firmeza.

—¿Tú de nuevo, mocoso? No te metas en esto —respondió la mujer, con enojo, mientras Cryoneth miraba con sorpresa a Harold.

—No puede poner a su hija a trabajar a tan corta edad, ella debería estar disfrutando de un viaje pokémon, no trabajando para su benefició —alejó.

—¿Para mi beneficio? No eres de por aquí, ¿verdad? —dijo la mujer, con burla—. Vivir aquí es diferente a tu ciudad, apenas puedo mantener nuestros gastos para poder comer, y si esta niña no piensa estudiar, se pondrá a trabajar para que aporte algo a la casa.

—Harold —Cryoneth interrumpió—. Deja de intentarlo, ya lo he hecho miles de veces y nada funciona.

—Es que tú crees que la maldita vida es fácil, pero no lo es —dijo la mujer, enojada—. Ahora no te metas donde no te llaman.

—Usted dijo que no puede costear el viaje de Cryoneth, ¿cierto? Entonces tengo la solución. Ella viajara junto a mí, yo la ayudare.

Aquello dejo impresionada a Cryoneth, llevándose las manos a la boca de la impresión. Harold se plantó firme a su madre y la miró directamente a los ojos, viendo como en su cara se plasmaba una mirada de incredulidad.

—Sí, claro, como no —respondió, con burla—. ¿Realmente crees que podrás con ello?

—Le acabo de decir que empezar un viaje no es tan complicado, y estoy dispuesto a demostrarlo —admitió—. Además, si es su madre, ¿no debería preguntarle a su hija si realmente lo quiere o no?

—Esta niña no entiende la situación, solo piensa en sí misma.

—Eso no es cierto —Cryoneth se armó de valor—. Te lo he dicho, si me vuelvo buena entrenadora podría ganar más dinero.

—No me respondas —mirándola con rabia—. Deja de pensar en esas tonterías y aterriza en la realidad, nuestra realidad.

—Si lo hago, madre, por eso te dijo que puedo hacer eso —Cryoneth se soltó del brazo de su madre—. Quiero hacer realidad mi sueño, y se sale bien podría ser una entrenadora reconocida y podría ganar mucho dinero.

—Si claro, como todos lo logran —dijo, con enojo y sarcasmo—. Solo unos pocos son los que logran sacarle provecho, nosotros no.

—No sin la ayuda adecuada —Harold sacó su tarjeta de entrenador—. Soy Harold Maximum, hijo de Fantina y Crasher Wake, yo puedo entrenar a su hija como mi padre lo hace con los nuevos entrenadores.

Todos en el restaurante se sorprendieron de aquello, ninguno de los presentes conocían a Harold de absolutamente nada. La señora se quedó mirando la tarjeta de entrenador con los ojos abiertos para después apretar los puños.

—No eres tu padre para andar haciendo esto —replicó, con enojo—. Ya deja de molestar.

—Madre, esta vez no —dijo Cryoneth, acercándose a Harold—. Ha-harold me está proponiendo la oportunidad de mi vida, y no pienso desaprovecharla.

Aquello abrió por completo los ojos de su madre, los cuales parecieron llenarse de odio.

—¿Qué demonios estas diciendo? Ya te dije que no.

—Y yo te dije que sí, lo hare.

—¿Acaso no piensas en tu madre?

—¿Y tú en tu hija? —respondió, con coraje—. Lo siento, esta vez no cederé, estoy harta de tus gritos, de tus regaños, quiero vivir mi sueño.

La mujer se llenó de coraje, ejerciendo tanta fuerza en sus puños que podía sentir como sus uñas cortaban su mano. Está furiosa, y la mirada seria de su hija le hizo enojarse más.

—¡Si no me vas a ayudar, no me quites lo que tengo —reclamó, con enojo—. ¡Lárgate!

La mujer hizo un gesto y se fue del lugar, enojada. Todo el mundo se quedó viendo a Cryoneth y rápidamente empezaron a escucharse murmullos. Murmullos que hicieron que la actitud de determinación de Cryoneth se rompiera y comenzara a llorar, bajó la mirada acusadora de la gente.

Harold se acercó e intentó consolarla, acariciando su hombro mientras la niña lloraba. Luego de levantarse, Harold le entrego la pokébola de su Snorunt, el cual miraba con alegría a su entrenadora. Al tenerlo entre sus manos, Cryoneth no pudo evitar sonreír y abrazar la pokébola.

Luego de eso abrazó a Harold con fuerza, cosa que volvió a sonrojar al chico, haciéndole esbozar una sonrisa.

—Gracias —dijo, con un tono alegre y triste.

—De nada —respondió—. Te lo prometo, serás una gran entrenadora.

No estaba seguro si aquello había sido la mejor o la peor idea, pero estaba decidido a ayudar a aquella niña que le hizo recordar su propio pasado.

[…]

18 de Junio, Ruta 217

Siete días, habían pasado siete días desde que Cryoneth había aceptado la idea de entrenar junto a Harold. Una semana entera donde la niña empezó por aprender lo básico de las peleas pokémon junto a su querido Snorunt.

Harold no era el mejor maestro del mundo, a menudo se desesperaba con el lento aprendizaje de su compañera. Sin embargo, mantenía su promesa de ayudarla a ser una buena entrenadora. El camino era largo, pero no se daría por vencido.

Cryoneth ya conocía los movimientos de su pokémon y sabia cuando y como usarlos. No solo eso, también había logrado conseguir un pequeño Sneasel, su segundo pokémon, el cual capturó ella sola.

Luego de aprender bastante de su compañero, la chica estaba emocionada porque se aproximaba su próximo reto; una batalla de gimnasio. Enfrentaría a Marley en unos días, en lo que terminaba de pulir una estrategia con Harold. Estaba aprendiendo a elaborar estrategias.

Sin embargo, esta mañana era el primer día donde se tomarían un descanso. Propuesta hecha por Harold, ya que Cryoneth se la quería pasar todo el día entrenando.

En la pequeña casa del árbol, Harold preparaba unos panqueques y Cryoneth miraba la televisión con las piernas cruzadas. Hubiese sacado a sus pokémon, pero hacerlo enfriaría un poco las cosas, además de que les molestaría el calor que desprendía Chandelure.

—Es raro tener un día sin entrenamientos —admitió Cryoneth, moviendo la cabeza hacia un lado.

—Lo sé, pero creo que merecíamos un pequeño descanso —admitió Harold, volteando un panqueque—. Además, si te aburres demasiado, podemos ir pensando en una estrategia.

—Eso sería más divertido —respondió, con una sonrisa.

La niña se encontraba pasando los canales que había en la televisión, buscando algo interesante para ver. Era de mañana, por lo que solo había caricaturas para prescolares y noticieros, nada que realmente llamara su atención.

—¿Dónde aprendiste a cocinar? —preguntó Cryoneth, curiosa, dejando la televisión en un noticiero.

—Bueno, mi madre me enseño un poco —admitió, sirviendo uno en un plato con otros—. Toma.

El plato tenía tres pequeños panqueques regordetes que le dio a la niña. Cryoneth de inmediato tomó uno y lo comió, eran bastante esponjosos y con un sabor penetrante a mantequilla.

—Están deliciosos —admitió con una sonrisa—. ¿Tú madre suele servirlos con tanta mantequilla?

—Algo así, es una adicción mía, mejores que los de mi hermana —admitió de manera fanfarrona.

Cryoneth solo sonrió y devolvió la vista a la televisión. En ella se podría apresar a una presentadora pelirroja y de tez morena entrevistando a una mujer de tez blanca y pelo negro. La niña de inmediato apuntó con el dedo.

—Harold, mira —apuntó a la televisión—. Es esa señora mala, Platinum.

Ese nombre le sonó de inmediato. Rápidamente dejó el sartén donde cocinaba y se acercó a ver la televisión. No pudo evitar sorprenderse por ver a esa mujer.

—Platinum Berlitz —dijo—. ¿Qué estará haciendo?

—Seguramente algo muy malo —admitió, con algo de molestia.

—¿No te crees todo lo que dicen de ella, verdad? —preguntó, arqueando la ceja.

—No lo creo, lo sé, su empresa ayudó mucho a que mi pueblo este como este —dijo, apretando el puño—. También hizo que despidieran a mis padres.

Harold se vió intrigado, nunca había visto a Cryoneth tan molesta con algo, además de su madre. Sentando a su lado, el chico bajó el volumen del televisor.

—¿Cómo pasó eso? —preguntó, curioso.

—Papá y mamá trabajaban cómo investigadores en una pequeña empresa, pero las empresas Berlitz se quedaron con las concesiones —dijo, con molestia—. Si no fuera por sus sobornos, el pueblo no sería tan pobre, mi madre me hubiera dejado salir de viaje antes y mi padre…

Se detuvo cuando las lágrimas comenzaron a salir de sus ojos. No eran de tristeza, eran de coraje. La odiaba, odiaba a la mujer que estaba frente a ella y parecía decir que conmocionaba al público.

Harold solo alcanzó a mirar con extrañeza y algo de tristeza. La molestia era bastante genuina, se podía sentir en el ambiente. Luego de tragar un poco de saliva, el chico solo pudo poner su mano sobre la espalda de la chica.

—Lo lamento —dijo.

—No importa, ya no importara, ella pagara por sus crímenes —dijo, con algo de satisfacción—. Y con eso…

Sus palabras fueron interrumpidas cuando pudieron sentir un repentino temblor. La casa del árbol se agitó bastante, provocando que la pequeña estufa eléctrica se cayera, pero Chandelure logró detenerla con su poder de manipular objetos.

El temblor desapareció, dejando a unos sorprendidos y abrazados Cryoneth y Harold. De inmediato Harold desconectó la televisión y la estufa para evitar más problemas y se asomó por la puerta.

—¿Qué habrá ocurrido? —preguntó Cryoneth, asustada.

—No lo sé —respondió, mirando hacia todos lados.

Fuera de la nieve cayendo, todo parecía bastante normal por la pradera y el bosque. Sin embargo, al voltear hacia donde se encontraba el Lago Agudeza, pudo percatarse como subía un poco de humo saliendo del lago.

—Esto no puede ser bueno —dijo, entrando a la casa.

—¿Qué ocurre? —preguntó Cryoneth, asustada.

—Hay algo en el Lago Agudeza, humo, eso no puede ser bueno —admitió, tomando su mochila—. Quédate aquí, iré a investigar.

—No, yo iré contigo —respondió, tomando su pequeña mochila roja.

—Cryo, no has entrenado demasiado, puede que allá estén los del Team Age o Right, no eres lo suficientemente fuerte.

—Eso no importa —respondió, con coraje—. Están cerca de mi pueblo, y no puedo quedarme ver como lo vuelven a arruinar, quiero ayudar.

Cryoneth estaba bastante determinada en ayudar a Harold, aunque no tuviera mucho poder. Harold sabía que no sería buena idea que ella fuera, seguramente su padre nunca dejaría hacerlo. Pero no era su padre, no podía aplicar las mismas reglas.

—Solo no dejes que te lastimen —admitió, serio—. Vamos.

No sabían a lo que se podrían enfrentar, pero definitivamente no podría ser algo bueno. Algo ocurriría, y estaban dispuestos a averiguar que era y detenerlo.


Seguramente se preguntaran, ¿Qué pasó con los Holders? Bueno, quería escribir un capitulo dedicado a Harold, ya que no hemos visto mucho de él. Es un experimento que quiero probar, por lo que seguramente lo repita, si es que les gusta c: (involucrando a otros personajes, claro esta).

Pueden verlo como un pequeño aperitivo para lo que se vendra el fin de mes.

Sin más, espero les haya gustado este pequeño especial y me den su opinión uwu, es muy importante y me motiva a seguir escribiendo estas cosas uwu.

Hasta la proxima :D