Buenas, queridos lectores uwu.

Sí, se que me desaparecí por un rato, pero hemos vuelto con la publicaciones de esta historia que espero estén disfrutando uwu.

Volvemos al juego.

Enjoy :D


Entrada 29.- Vida Normal

3 de Mayo, Lugar desconocido.

Los rayos de luz golpearon de manera sutil el rostro de Níquel, provocando que esta se despertara de golpe. Sus ojos se abrieron de golpe mientras que su respiración se agitaba y los latidos de su corazón se aceleraban.

Cuando su estado de estrés se detuvo, pudo darse cuenta donde se encontraba. La sabana destendida, los muebles acomodados y el librero repletó le hizo darse cuenta que estaba en su habitación. Dio un fuerte suspiró y pasó sus manos por su cara, calmándose.

—Fue una pesadilla —dijo con un tono más calmado.

Volteó hacia el otro lado de su cama, buscando a alguien que se había ido. Fue entonces que decidió sentarse al filo de la cama y beber un poco del agua que había dejado en su mesa de noche.

—Buenos días, dormilona —dijo una voz femenina del otro lado de la pequeño departamento.

Níquel volteó hacia la puerta y pudo ver a una chica rubia, con un gran blusón y cargando una charola con comida. La chica tenía una sonrisa tan cálida que hizo que Níquel sonriera y se sonrojara al verla acercarse a ella.

—¿Otra vez hiciste el desayuno? —preguntó, arqueando la ceja.

—Mi papá me envió la receta del pan francés, y creo que esta vez me quedaron deliciosos.

La chica colocó la bandeja en la pequeña mesa. El pan dorado emanaba un dulce humo blanco mientras que el café y el jugo de naranja invitaban a empezar a disfrutar dichas bebidas. El sabor llenó los pulmones de Níquel al instante, provocando que el estómago sintiera envidia que aquellos aromas fueran hacia esos órganos y no hacia él.

—Muchas gracias, amor —dijo, mirando tímidamente a su acompañante.

—Lo que sea por ti —la rubia se acercó a sus labios y la besó tiernamente.

Luego de ese pequeño acto de amor, Níquel y su acompañante procedieron a comer el delicioso desayuno. Cuando el jugo de naranja estaba a medio tomar, la chica rubia se relamió los dedos y volteó a ver a Níquel.

—¿Tuviste otra pesadilla?

—Sí, con Troupy —admitió, suspirando—. A decir verdad, siento que soñé todo mi viaje.

—Bueno, dicen que en los sueños son como viajes en el tiempo —la chica dirigió su mirada hacia la mesa de noche de Níquel—. Tú deberías saberlo, ¿no?

—Es la percepción del tiempo, no el tiempo en sí, señorita naturaleza —bromeó Níquel, para después voltear a ver el techo—. Ahora que lo pienso, no he visto a Rose y Titan desde hace un buen tiempo.

—Tal vez sería una buena idea que los busques —propuso, terminando su pan—. Has estado muy alejada de los demás.

—Bueno, realmente no los necesito, te tengo a ti —sonriendo.

—Oh, Níquel, no me he hagas eso, me sonrojas.

Con el rostro sonrojado, Níquel volvió a besar la boca de su quería acompañante. Sin embargo, hubo algo raro esta segunda vez. Los labios de la rubia no eran dulces como la primera vez, había un extraño sabor a hierro que no entendía del todo. Cuando se separó su boca quedó con un gusto a metal que intentó calmar con algo de café. Había algo raro, un sentimiento extraño que le recorría el cuerpo.

Luego de terminar de comer la rubia se fue, momento que Níquel aprovecho para limpiar su habitación y preparar la ropa que usaría para salir a trabajar. Sus jeans negros, una camisa vieja que su abuela adoptiva le había dado y una camisa verde a cuadros que su novia le había regalado en su primer aniversario.

Decidió observarse al llegar al espejo de su baño. De sus ojos colgaban algunas bolsas por dormir poco, su cabello estaba completamente alborotado y largo y sus ojos tenían pequeñas manchas café ensuciando su perfecto color cian. Lo más importante era la gran cicatriz que tenía en el pecho, una enorme cicatriz que nacía en su clavícula y se deslizaba entre sus pechos hasta terminar en su ombligo.

Al verla comenzó a tocarla, deslizando sus dedos por la piel que intentaba sellar aquella enorme herida que debió haberla matado. Herida que, por raro que parecía, no podía recordar cómo se la había hecho. Intentó concentrarse, escudriñar entre sus memorias el evento que se la había provocado, pero no encontró nada, ni una sola memoria relacionado a ello.

Luego de darse por vencida se metió a bañar, intentando recordar lo que había pasado mientras el agua recorría su herido cuerpo, sin ningún éxito aparente.

Al vestirse, Níquel tomó su pulsera con aquella extraña piedra azul brillante, se la puso y después volteó a ver el reloj, sentía que se le hacía tarde para ir a trabajar.

Su ojos se abrieron por completó al ver que los dígitos del reloj digital comenzaban a mostrar números aleatorios y corruptos, no se marcaba ninguna hora en específico. Al voltear a ver el reloj de manecillas se dio cuenta que estas giraban de un lado a otro sin control, algo estaba realmente mal. Asustada, Níquel corrió hacia donde estaba la rubia, quien parecía recoger un poco la cocina.

—Amor, algo le pasa a los relojes —dijo, asustada.

—¿Los relojes? —la rubia arqueó la ceja—. Déjame ver.

Ambas avanzaron hacia la habitación y miraron la locura de los relojes.

—¿Ves? Dan cifras aleatorias.

—Níquel, creo que estas teniendo otro de esos dolores —admitió la rubia—. Los relojes están bien.

Níquel alejó su cabeza y miró con incredulidad a su novia, apuntando hacia el reloj y remarcándole lo obvió. Sin embargo, la rubia insistía que el reloj se encontraba en perfectas condiciones.

—Entonces, según tú, ¿qué hora es?

—Bueno, es claro que…

Cuando quiso decir la hora, un chirrido extraño salió de sus labios, un chirrido agudo que provocó que Níquel se tapara los oídos para no salir lastimada, era demasiado fuerte. La rubia se asustó y le pidió explicaciones a Níquel, las cuales no parecía entender.

En ese momento la mente de Níquel pareció quebrarse. Toda su personalidad pareció evaporarse lentamente y era remplazada por aquella actitud que tenía a los once años. Eran un golpe cerebral tan raro, pero que no dolía. Sentía como sus sentidos y mente se retorcían, pero no había dolor alguno, quedándose parada y mirando al vació mientras su novia intentaba devolverla a la realidad.

Cuando pudo salir de su trance, cuando su mente se reseteó, Níquel de inmediato se tapó la nariz con las llenas de sus dedos e intentó respirar. El aire pasó sin problemas y su respiración se mantuvo, aquello hizo que sus pupilas se retrajeran.

—Por Arceus —dijo, mirando su entorno.

—¿Qué sucede, amor? ¿Estás bien? —preguntó la rubia.

Al sentir las mano de su novia y recordar sus labios, Níquel se alejó de golpe y su mirada expresaba genuino miedo y vergüenza.

—Y-yo tengo que irme —dijo de manera agitada.

—Pero…

—Lo si-siento, debo irme ahora —la chica comenzó a correr.

La rubia la siguió de vuelta, preocupada por la extraña actitud de su novia. Sin embargo, al llegar al umbral de la puerta de salida y tocar su hombro, Níquel la empujo de manera violenta y le gritó.

—¡Aléjate de mí, no me toques! —gritó de manera asqueada.

La rubia se quedó de una pieza, mirando con miedo y tristeza a una Níquel con una expresión de odio y asco. Solo se limitó a aceptar con la mirada mientras Níquel finalmente se marchaba de la habitación, dejándole completamente sola.

[…]

Lo primero que vió Níquel al salir de su edificio fue la tranquila y ajetreada ciudad. La gente y los autos eran ajenos al gran ajetreó que había en la cabeza de la chica. Caminó un poco y buscó encontrar más cosas que confirmaran su teoría.

Los letreros y señales eran confusos, no había palabras, solo símbolos borrosos que ella no podía identificar. La respuesta era clara, pero había que debía intentar antes de asegurar donde se encontraba.

Corrió hasta una calle un poco solitaria y amplia, dio un gran respiró y comenzó a correr por toda la calle. La chica intentaba propulsarse hacia arriba, como si intentara saltar sin hacerlo. Luego de un rato sus pies comenzaron a despejarse de suelo, comenzando a levitar de manera torpe hasta conseguir la suficiente velocidad para mantenerse en el aire.

—¡Es-esto si es un sueño! —gritó, sorprendida.

Lo había confirmado, estaba soñando, de otra forma no podría elevarse tanto en el cielo, elevándose hasta llegar a la atmosfera superior en cuestión de minutos, llegando a ver por completo la curvatura del planeta tierra, el espació e incluso la estación espacial internacional.

Sin embargo, había algo raro. Aquello lo había hecho miles de veces cuando soñaba, pero esta era la primera vez que sentía como la garganta se le cerraba y sus pulmones parecían explotar, causándole un gran dolor que le hizo volver a la tierra. Su cuerpo se envolvió en llamas que, aunque no la quemaron, le hicieron sentir fuerte ardor.

Luego de minutos de caída, el cuerpo de Níquel cayó en el campo de flores de Pueblo Aromaflor. Un gran cráter se formó en el lugar del impacto, provocando que algunas flores comenzaran a quemarse. Níquel se encontraba bien, su cuerpo no tenía ningún rasguño pero su cuerpo dolía demasiado, provocando que se retorciera un poco por el dolor del golpe.

—¡¿Qué demonios significa eso?! —preguntó, enojada y adolorida— Tengo dolor, pero sobreviví, ¿Qué clase de sueño es este?

No hubo respuesta, solo el sonido de las flores en llamas y de algunas rocas deslizándose por el cráter. Luego de que el dolor disminuyera, Níquel se levantó y caminó lejos del cráter, momento en el cual recibió una llamada por su pokéreloj.

—¿Níquel? ¿Eres tú la que cayó del cielo? —dijo una voz familiar por el parlante.

—¿Profesora Moon? —preguntó Níquel, sorprendida—. No sé de qué…

—Sé que estamos en un sueño, Níquel —admitió, con seriedad—. Las letras inentendibles, la incapacidad de medir el tiempo y el respirar al taparse la nariz.

La cara de incredulidad de Níquel precedió a más preguntas que fueron rápidamente contestadas por la profesora. En efecto, era un sueño compartido con ella, y no solo con ella, Rose y Titan también compartían aquel extraño sueño.

Al momento de saberlo, ambas pudieron sentir un fuerte terremoto que hizo retumbar la tierra. Al voltear a los alrededores, Níquel pudo ver como el cielo cambia de su típico color azul a uno verde claro.

—No pierdas el tiempo, ve al sitio donde nos encontramos en la ruta 202 ¡Ahora! —colgando.

Negar que se molestó por la orden seria mentir, pero la situación no le dio tiempo de quejarse por completo. Se comió su enojó y comenzó a volar una vez más hacia la ruta 202, ya tendría tiempo de reclamarle a la profesora.

[…]

3 de Mayo, Ruta 202

El viento soplaba con fuerza agitando los árboles de los alrededores. Sin embargo los pokémon se quedaban tranquilos en las copas de los árboles, como si aquella agitación del clima no existiera para ellos.

La primera en llegar a tan agitado prado era fue Níquel, la cual se encontró de frente con la profesora, resguardada debajo de un árbol y sosteniendo muchos papeles. Su rostro era mayor, pareciéndose demasiado a Platinum. Níquel la hubiese confundido con su madre adoptiva de no ser por su voz.

—¿Cómo demonios es que tengamos un sueño compartido? —preguntó Níquel, aterrizando.

—Eso es exactamente lo mismo que yo me preguntó —dijo Moon, acercándose a ella—. Sin embargo, ¿has sentido esas señales de que esto no es un sueño?

—Sí, me dolió caer en la atmosfera —sobando su hombro—. ¿Está segura que Rose y Titan tienen el mismo sueño?

Moon afirmó con la cabeza, una rápida llamada le había confirmado que ambos se encontraban soñando. Antes de saltar a conclusiones apresuradas, ambas decidieron esperar a que los otros llegaran al punto de reunión, mientras que Moon le explicaba cómo fue posible llamarles gracias a que su pokéreloj contenía imágenes las cuales no se distorsionaban.

Luego de esperar unos minutos, ambas mujeres pudieron ver una especie de patineta voladora acercándose a ellas. Titan y Rose manejaban dicha patineta de metal, impulsada por dos pequeños motores en la parte interior. Al verla, Níquel no pudo evitar reír ligeramente.

—Vaya que son fans de la ciencia ficción —riendo.

No hubo respuesta. Cuando la patineta bajó, Rose soltó con rapidez la cintura de Titan y se alejó de él, volteando la mirada al igual que él. Ambos se encontraban demasiado sonrojados y no deseaban verse los rostros, cosa que provocó confusión en Níquel e indiferencia por parte de Moon.

—Bueno, creo que podemos comenzar a especular que es lo que nos pasó —dijo Moon, con un rostro completamente serio—. ¿Alguno de ustedes tiene idea de en qué año estamos?

—¿Acaso eso importa? —preguntó Níquel, algo molesta— Es un sueño del futuro, no tiene relevancia.

—Excepto por el hecho de quien nos provocó este sueño —Titan habló, acercándose y eliminando un poco su sonrojo—. Está pensando que esto no es un sueño, ¿verdad, profesora?

Moon afirmó con la cabeza, causando confusión tanto en Níquel con en Rose, las cuales interrogaron a la profesora sobre aquello. Moon cerró los ojos y suspiró, mostrándole a los tres una nota en el periódico.

—Los acontecimientos que han pasado son demasiado precisos como para descartar la posibilidad de que estamos realmente en el futuro.

Aunque las letras del periódico eran inentendibles, la imagen de portada los mostraba a ellos cuatro tirados en la zona donde habían sido encontrados, con varias de las heridas que habían tenido en la batalla.

—Pe-pero, ¿eso no podría ser otra ilusión de nuestro sueño? —preguntó Rose, algo asustada.

—Podría serlo, si no fuera por lo raro y conveniente que sería —admitió Níquel, llevándose las manos a la barbilla—. Gothitelle nos hizo esto, no podemos descartar la idea de una ilusión.

—O de una visión del futuro —aseguró Titan.

—Titan, la gente no vuela —Níquel se molestó un poco—. Y dudo qué en el futuro lo hagan.

—Tal vez sea una mezcla de ambas cosas —Moon guardó el periódico.

Había algo que estaban olvidando, Troupy. Si el chico era capaz de predecir el futuro, había guiado los hilos para que los holders se enfrentaran al Equipo Galaxia, y lo que le dijo a Níquel la primera vez confirmaba sus sospecha. Fue entonces que Moon teorizó que esta era la forma en la que Troupy podía ver el futuro, una combinación entre viaje temporal y un sueño.

—Sin embargo, está olvidando un pequeño detalle, profesora —Níquel arqueó la ceja y se cruzó de brazos—. El mero hecho de que podamos ver el futuro ¿no altera su resultado aparente?

—A menos que estemos predestinados a verlo —agregó Rose—. Recuerdo que una vez mi papá investigó algo así.

—Eso crearía una paradoja temporal, como una bola de billar —Níquel suspiró—. En el universo las paradojas no existen, eso significa que cada segundo que pasamos en este sitió altera el futuro.

—Un bucle no es una paradoja, Níquel —Moon sonrió ligeramente, de manera confiada—. Estamos en un sueño, no viajamos al futuro, por lo tanto no se puede crear un bucle, así que puede que esto también estaría predestinado a pasar.

El grupo se encontraba en un enredado. Ambas ideas eran igual de validas en su contexto, después de todo Troupy logró predecir con exactitud muchas cosas que pasaron tal cual, pero el hecho mismo de que metiera a los holders daba indició de una manipulación temporal.

Aunque la duda se mantuvo en el aire, Moon no estaba dispuesta a desperdiciar aquella oportunidad, menos aun cuando otro terremoto pudo ser escuchado mientras el cielo se pintaba de colores morados y verdes, la realidad dentro del sueño comenzaba a desestabilizarse.

—No tenemos tiempo de discutir sobre el libre albedrío, lo mejor será investigar toda la información posible antes de que el sueño colapse —Moon lanzó una pokébola con su Decidueye—. Afortunadamente siempre sueño con mis pokémon.

—¿Cómo podremos investigar? Toda palabra escrita no tiene ningún significado —alegó Titan.

—Las imágenes se conservan, eso haremos —Moon se subió a su Decidueye—. Pero si quieren una idea de que investigar, podemos empezar con algo referente a esto.

Moon desdobló la otra gran hoja que llevaba consigo. Aquella hoja tenia impresa en ella la bandera de la región de Sinnoh, con el característico logo de la armadura de Arceus. Aquello no causó impresión, lo que lo causó fue el logo de la bandera de Unova en el centro de la bandera.

—¿No me diga que Unova…?

—Invadió la región —Níquel se acercó a la bandera—. ¿Hubo una guerra?

—Eso es lo que debemos investigar —Moon volvió a guardar su bandera—. Todo el tema del Rey, las organizaciones criminales y la bandera me hacen pensar que habrá una guerra, y debemos intentar evitarla a toda costa.

—Si Troupy tiene algo que ver con el Rey, seguramente haya algo en su casa —dijo Titan, mirando a sus compañeras—. Debemos ir ahí, esta vez es un sueño, dudo que pueda contra nosotros.

—Suponiendo que él está dentro de todo esto —Níquel parecía fastidiada—. Estoy en contra de pensar que el saber algo nos ayudara, pero si realmente quieren intentarlo, no tengo más opción que seguirlos.

—No tenemos mayor alternativa —dijo Moon, subiendo a la espalda de su pokémon—. Dense prisa, y buena suerte.

Con la misión en marcha, Moon partió rumbo al sur, directo hacía su laboratorio. Níquel y los demás se quedaron pensando un momento más, aquella situación era difícil de asimilar, más para la propia Níquel que creía que aquello era una pérdida de tiempo. Sin embargo, accedió de inmediato de ir hacía la casa de Troupy, llevando entre sus brazos a Rose, la cual se negaba a volar en la tabla de Titan.

—¿Enserió nunca has soñado con volar? —preguntó Níquel, arqueando la ceja—. Hasta Titan lo hace, en su forma Nerd al menos.

—Bueno, siempre preferí nada por las profundidades del mar, se me hace más interesante —rió Rose.

—Si encontramos un mar profundo, tú nos llevaras —dijo Níquel con una pequeña sonrisa.

—Sonreíste.

—¿Enserio me molestaras hasta en mi sueños?

Ambas chica rieron levemente, sin embargo, Titan se mantuvo en silencio, mirando al horizonte. Su mente no se encontraba divagando en la extraña fotografía que encontró en el lugar donde había despertado.

[…]

A pesar del extraño cielo y la enorme barrera de energía que se alzaba por el horizonte, la gente caminaba de manera tranquila por las calles, ignorantes de la desesperación de Moon mientras sobrevolaba Puedo Arenisca.

Sus ojos miraban con extrema preocupación la gran barrera que comenzaba a avanzar hacia su dirección, eliminando todo a su paso. Tenía el tiempo contado y el solo pensar que no encontraría nada que le ayudase le provocaba una fuerte presión en el pecho.

Luego de unos segundos de vuelo, finalmente pudo avistar su laboratorio. El edificio se había vuelto mucha más grande, como si una casa le hubiese brotado del costado, una casa más alta que el laboratorio original. Moon no pensó en esos detalles, solo quería entrar lo más rápido que pudiera.

Abrió con fuerza la gran puerta de madera con una palabra inentendible escrita en ella y se encontró con su nuevo laboratorio. La desesperación se vió disminuida al ver un laboratorio más grande, con equipo mucho más sofisticado, muebles nuevos y relucientes, papeles completamente ordenados e incluso una sala de experimentación para nuevos químicos. Los ojos de Moon brillaron mientras avanzaba como una niña en una dulcería.

La urgencia se vió desplazada por la curiosidad, curiosidad por ver todo lo que había en aquel laboratorio lleno de vida. Las maquinas relucían y los sillones le invitaban a descansar y relajarse.

Sin embargo, lo que más le sorprendió fue ver una pared de la cual colgaban muchas fotografías. En el presente solo tenía dos fotos, pero esta vez tenía diez fotos. Con lentitud se aproximó y tomó una de las nuevas fotos. Aquel retrato la mostraba a ella y a los otros tres holders, sus holders. Todos sonreían, incluso Níquel embozaba una linda sonrisa mientras la mano de la profesora descansaba en su hombro. Aquello provocó una fuerte calidez en su pecho, mientras una gran sonrisa salía de su ojo derecho.

Sus ojos giraron un momento a otra fotografía. Una foto donde aparecía ella, de su edad, tomando el brazo de alguien. De inmediato las palabras de Níquel resonaron en su mente. Si el ver el futuro lo altera, tal vez no era buena idea mirar aquella foto donde estaba vestida de blanco. La ansiedad le hizo girar la cabeza y dejar el marco que tenía, debía enfocarse en su misión.

De inmediato fue hasta su ordenador y lo encendió. El teclado era borroso, pero su mente recordaba claramente la posición de las teclas, así como su sistema de organización de ficheros. Navegaba a ciegas entre sus archivos, intentando buscar alguna imagen entre el mar de ficheros de texto incomprensible. Debía hacerlo con cuidado, un descuido provocaría abrir una imagen que no deseaba ver en lo absoluto.

Su búsqueda dio frutos con cinco archivos de imagen. La primera mostraba una gran puerta de hierro, como si fuera la puerta de un bunker, en lo que parecía ser la parte trasera de su laboratorio. La segunda fotografía era un mapa de la región, un mapa con un gran circulo en la parte suroeste del mar. El tercer fichero mostraba al corazón de la vida atravesado por una flecha brillante. La penúltima imagen mostraba una espada, un arco y unos guanteletes completamente destruidos, y el ultimo archivo era un dibujo, un dibujo de Dialga, Palkia y Giratina debilitados, y sobre de ellos una enorme entidad blanca.

La mente de Moon intentó adivinar qué clase de cosas. La primera fue fácil de averiguar al levantarse un momento y revisar la parte trasera de su laboratorio. Donde debía estar un librero se encontraba una puerta gigante.

—Supongo que Rowan la construyó y la ocultó —infirió Moon, abriéndola la puerta.

Luego de verificar que aquella puerta daba a un gran túnel, volvió a su escritorio a intentar averiguar de qué se podrían tratar las demás fotografía. Había demasiadas posibilidades para el mapa, pero lo que estaba claro con la tercera y cuarta foto hacían referencia de las armas que necesitarían para resolver el conflicto. Sin embargo, Moon no tenía ni la más remota idea de cómo crear o encontrar aquellas armas.

Un arco, una espada y unos guantes, tres armas que no resonaban en la mente de la profesora, exceptuando el arco. Fue en ese instante que tuvo la idea de avanzar un poco más por la casa, buscando su arco e intentando no mirar demasiado las numerosas fotografías desperdigadas por el laboratorio.

Luego de un rato examinando entre una gran sala, Moon encontró su arco, posando en una vitrina. De inmediato lo tomó y lo analizó, intentando buscar alguna modificación o alguna característica que lo hilara con el arco de la fotografía. No encontró nada, solo un viejo arco algo desgastado y con la madera un poco desgastada.

Moon suspiró y sus ojos giraron hacía una ventana, ventana que mostraba que la gran barrera ya se acercaba, devorando su patio. Sus pupilas se contrajeron y un sudor frio recorrió su cuerpo, no podía perder tiempo y debía investigar más. Intentó correr de nueva a cuenta hasta su computadora, pero algo la detuvo en el proceso.

—¿Mamá?

Era una voz suave, tierna y ligeramente adormilada de una niña, de tal vez unos siete u ocho años. Aquella voz paralizó por completo a Moon, la dejó inmóvil. Quería voltear, quería conocer quién era esa niña que le llamaba así, pero las palabras de Níquel le hacían no moverse ni un centímetro.

—¿Hi-hija? —preguntó de vuelta, intentando disimular su emoción.

No hubo respuesta, de repente sintió como unas tímidas y pequeñas manos enrollaban su cintura y una pequeña cabeza se hundía en su espalda. La niña se aferró a su madre.

—Pensé que estarías con papá, muchas gracias por venir —dijo con voz dulce y tímida—. Te extrañaba.

El cuerpo de Moon comenzaba a temblar al sentir aquel fuerte abrazo. Tragó saliva y cerró los ojos, intentando calmarse. Quería hacerlo, el sentimiento de ver a su "hija" y abrazarla devuelta le comía por dentro, le torturaba. Sus manos se movieron lentamente para tomar los brazos de la niña, sintiendo al tacto cómo había algunas pequeñas heridas que estaban en proceso de recuperación. Las lágrimas comenzaron a salir lentamente al momento de ver los raspones en los brazos de la chica.

—T-te caíste —dijo Moon, con la voz temblorosa.

—Te prometo que volveré a hacerte caso cuando nos adviertas a mí y a papá —un tono de arrepentimiento salió de sus labios.

La única razón por la que se detenía era que, si volteaba, tal vez aquella niña jamás existiría. Tal vez aquello era un sueño, y si ese fuera el caso entonces podría abrazar a aquella niña que tanto deseaba tener. O tal vez aquello si era el futuro, un futuro en el cual la existencia de esa niña podría depender de un solo movimiento de cabeza.

La única solución que encontró fue cerrar con fuerza los ojos, voltearse y abrazar con fuerza a la niña, sintiendo el cálido abrazo de su hija y como el sentimiento maternal afloraba al darle palmaditas.

—Y-ya, está bien, cariño, todo estará bien —dijo Moon entre lágrimas que alcanzaban a salir de sus ojos cerrados—. Todo estará bien.

—Mamá, ¿por qué lloras? —preguntó la niña, confundida.

—No te preocupes, es so-solo que me puse gotas en los ojos, eso es todo.

—Tú no usas gotas, eso lo hace papá —dijo, contrariada.

—Bueno, algunas veces las necesito.

Sus ojos se abrieron un pequeño momento, molestos por las lágrimas que salían. Fue entonces que pudo ver como la enorme barrera comenzaba a comerse su hogar, acercándose a ella.

No, no estaba dispuesta a que aquello terminara, la misión le daba igual, solo quería seguir disfrutando del cálido abrazo de su hija. Levantó a su hija y la llevó al rincón de su hogar, solo pudiendo apreciar el suave pelo oscuro de la niña.

—¿Qué ocurre mamá? —preguntó la niña, asustada de como su madre la llevaba a otro lado.

—Todo estará bien, amor, todo estará bien —dijo luego de ponerse en la esquina de la casa—. Estoy aquí contigo.

La enorme barrera de energía avanzaba con fuerza, devorando todo lo que se interponía en su lugar. Moon sintió una genuina desesperación, mientras abrazaba con fuerza a su hija y besaba su cabeza, asegurándole que todo estaría bien.

—Mami —dijo la niña.

—Tranquila, mi cielo, todo estará bien —dijo Moon, con la barrera a escasos centímetros de ella.

La niña se aferró más a Moon, se acercó a su oído y le susurró.

—Isla Eclipse.

[…]

El viaje de Níquel y compañía continuaba su marcha, acercándose rápidamente a la casa de Troupy. Para fortuna de Níquel el viaje fue bastante silencioso pues Rose y Titan apenas y podían verse o dirigirse la palabra. No le molestaba, pero comenzaba a volverse raro.

—Me encanta viajar en silenció, pero esto empieza a incomodarme —dijo Níquel, mirando a Titan—. ¿No piensan hablar?

—No queremos hablar de eso —dijo Titan, sonrojado.

—S-sí, no parece pertinente.

—¿Desde cuándo usas esas palabras? —preguntó Níquel, arqueando la ceja.

—Siempre las uso —respondió Rose, algo molesta—. Nos acercamos a Troupy, ¿tenemos algún plan de contingencia contra él?

—Bueno, si esto funciona como mis sueños, créanme que él no dudara mucho —Níquel rio levemente.

Rose rió ligeramente al escuchar aquello, le parecía chistoso que en los sueño de Níquel ella se viera como una súper heroína con fuerza y la capacidad de volar. Níquel no pudo evitar sonrojarse y molestarse por la risa de Rose, sentía un poco de vergüenza por admitir aquello.

El tiempo de vuelo terminó cuando finalmente encontraron la vieja cabaña de Troupy. Al aterrizar pudieron apreciar que la fachada ahora lucia mucho más dañada, sin varias tablas y con muchos grafitis en todos lados.

—Vaya, parece como si se fuera a caer en cualquier instante —admitió Rose, acercándose a la casa—. Miren, no hay campo de fuerza.

Sin el campo de fuerza que protegía la propiedad, los holders pudieron entrar para inspeccionarla, pero no encontraron nada más que madera vieja, muebles destrozados, tierra y excrementos de varios pokémon.

—Ni siquiera hay pokémon que vivan en este lugar —dijo Titan, luego de inspeccionar toda la casa—. Lo que sea que estuviera aquí, ya no está.

—No, tiene que haber algo —dijo Níquel, rebuscando entre los muebles viejos—. No proteges una casa con un conjuro solo por protección, ese tipo ocultaba algo, y lo encontraremos aunque tenga que… —Níquel se quedó pensando por unos instantes— ¡Salgan de aquí!

Ante el grito, los tres salieron del lugar de inmediato. Rose intentó increpar a Níquel por su grito, pero no contestó. En su lugar, la chica se puso frente a la casa, alzó la mano hacia ella y cerró los ojos.

—Esperó recordar cómo se hacía.

Endureció su mano extendida y se concentró, sintiendo como su brazo temblaba y su cuerpo comenzaba a endurecerse rápidamente. Luego de alejarlo un poco y volver a alzarlo en un movimiento ágil, una bola de energía salió de su mano, impactando contra la casa y destruyéndola por completo. Rose y Titan se quedaron con la boca abierta.

—¡¿Cómo es posible que hicieras eso?! —gritó Rose, asombrada y asustada.

—Mi sueño, mis reglas —dijo Níquel, con una sonrisa confiada.

—Has visto muchos animes, ¿verdad? —preguntó Titan, arqueando la ceja.

—Y tú mucha ciencia ficción, ¿verdad, nerd? —Níquel respondió con enojo.

Aunque Níquel y Titan estaban a punto de pelear por qué clase de entretenimiento era menos humillante, Rose les hizo volver a lo importante cuando señaló a la casa destruida. Entre los escombros había un gran agujero que fue revelado gracias a la enorme explosión.

El hoyo daba a un largo y oscuro túnel, un pasadizo completamente oscuro que Titan se apresuró a iluminar gracias a los luces de su patineta. No sabían a donde podría llevar aquel túnel, pero estaban dispuestos a averiguarlo.

El túnel se notaba demasiado desgastado. La luz de la linterna iluminaba muros agrietados de los cuales colgaban varios tubos oxidados o rotos, el piso estaba repleto de lodo y agua estancada que soltaba un aroma a coladera, además de que del techo colgaban lo que alguna vez fueron varias lámparas.

—¿Qué tan largo creen que sea el túnel? —preguntó Rose, caminando entre el lodo.

—Si tiene electricidad, debería ser algo largo —admitió Níquel, analizando los muros—. Nadie ha caminado por aquí en demasiado tiempo.

Mientras avanzaban, Rose comenzaba a analizar los numerosos grafitis que había en el lugar. No eran demasiado reveladores, pues solo había garabatos sin sentido alguno, además de algún que otro dibujo de la silueta de Troupy. Antes de seguir avanzando, el ruido de un pokéreloj los alertó.

—Tranquilos, es el mío —admitió mirando su aparató con la foto de una chica.

Al ver quien era, Níquel hizo un gesto de asco y colgó de inmediato, llamando la atención de sus compañeros. Aunque Rose intentó preguntarle de quien se trataba, Níquel se negó a responder, con una cara completamente roja. Fue en ese intercambió de miradas que Rose miró con detenimiento la brillante piedra azul que colgaba de la pulsera. Luego de verla y recordar que clase de artefacto era retrocedió y soltó un pequeño grito.

—¡Diamansfera!

El gritó resonó por todo el túnel, provocando un fuerte eco que asustó a Titan y a Níquel, haciéndoles retroceder.

—¡No grites! —reclamó Níquel.

—¿Qué es lo que ocurre? —preguntó Titan, ligeramente molesto.

—La piedra que Níquel tiene en su pulsera es una Diamansfera —alegó, apuntando a su pulsera.

Titan acercó la luz a la pulsera y pudo confirmar que aquello se trataba de una Diamansfera. Al cuestionarle de donde la había sacado, Níquel les dijo que no recordaba donde la había encontrado, solo la tomó de su cajón.

—¿Me estás diciendo que tienes uno de los artefactos más poderosos del planeta en un cajón? —preguntó Titan con un tono sarcástico.

—Oye, no me preguntes, jamás en mi vida había soñado con esta cosa —admitió Níquel, alzando el brazo.

—¿Y funcionara?

Rose se acercó, tocando el hombro de Níquel. Al sentir su mano, la chica reacciónó de manera agresiva alejando su hombro con un rostro de vergüenza, momento en el cual la pelirosa tocó la extraña piedra de manera directa. Aquel toque provocó un pequeño pulso que hizo que Titan comenzara a avanzar hasta atrás, a solo unos tres metros detrás de ellas. Luego de estar en esa posición dejó de retroceder y miró con confusión a sus compañeras.

—Oigan, ¿a qué hora me adelantaron? —preguntó Titan.

—Pero si tú fuiste el que…

La frase de Níquel fue interrumpida cuando el sonido de su Pokéreloj volvió a sonar, mostrando una vez más la llamada de aquella rubia. La revelación dejó a Níquel y a Rose con los ojos y la boca completamente abierta, aquel artefacto funcionaba por completo.

—¡Puedes manipular el tiempo! —gritó Rose, emocionada.

—Deja de gritar —reclamó Níquel.

Titan no parecía entender a que se referían, pero una rápida explicación por parte de Rose le hizo comprender la situación. Tenían consigo una de las más poderosas herramientas jamás concebidas.

Mientras avanzaban, los tres comenzaban a discutir cómo era posible que Níquel tuviera aquel artefacto tan poderoso.

—¿Segura que en tu sueños no quieres tener esas piedras que salen en los comics? —preguntó Titan, ladeando la cabeza.

—No soy tan nerd como tú, nunca me interesaron esos comics —admitió, mirando su pulsera—. Les repito que no sé cómo es que tengo esto, pero creo que nos puede servir de ventaja.

—Podríamos retroceder el tiempo para ver como es el túnel en nuestra época.

—Si supiéramos tan siquiera cuanto tiempo debemos retroceder —admitió Níquel, suspirando—. Además, nos comen los talones.

Al apuntar hacia atrás, los tres holders vieron un lejano punto blanco que parecía volverse cada vez más grande a un paso lento, pero constante. Debían apurarse para encontrar el final del túnel.

Para su fortuna, luego de correr unos minutos finalmente pudieron encontrar como una luz matutina comenzaba a filtrarse por un hueco al final del túnel, estaban prontos a llegar al final.

El final del túnel daba a una gigantesca caverna iluminaba por un gran hueco en el techo. La caverna estaba repleta de vegetación por todos lados, como si de un bosque subterráneo se tratara. Lo más revelador fue encontrarse con un gigantesco castillo en ruinas en el medió del boquete.

—¿Qué hace un castillo en este lugar? —preguntó Níquel, sorprendida del hallazgo.

—Tal vez sea un castillo antiguo, pero hay algo que no cuadra.

Titan se acercó al castillo gracias a su patineta. El estado de la estructura daba a entender que fue construido hace cientos de años, pero las ventanas de cristal rotas y algunos remaches de metal decían otra cosa completamente diferente. Analizándolo más de cerca, el holder pudo percatarse de que en su interior parecía haber una especie de sala real completamente destruida, como si un meteoro le hubiese impactado.

—Esta cosa no es tan vieja —dijo Titan, mientras Níquel se acercaba volando—. Parece como si un meteoro le hubiese caído encima.

—O una bomba —dijo la chica—. ¿Qué demonios significa todo esto?

—Tal vez sea lo que la profesora y yo hemos estado buscando por tanto tiempo.

Al volver con Rose, los tres llegaron a la conclusión de que aquello se trataba de la base del Team Right, o la del Team Age. El enorme castillo, ya destruido, fue el lugar donde ocurrió la gran catástrofe que ocurrió hace años.

—Bien, lo que necesitamos saber ahora es en que parte nos encontramos —dijo Titan, mirando al techo—. Iré a inspeccionar.

El chico salió por la gran grieta en el techo y se encontró rodeado por un frondoso bosque de árboles gigantes, sin ningún punto de referencia más que las faldas del Monte Corona siendo devoradas por el enorme muro blanco que se acercaba a ellos.

—Maldita sea —gritó, al ni siquiera saber si estaba al norte o al sur del monte.

Bajó y les informó a las chicas, las cuales ya habían contemplado esa posibilidad. No había mucho tiempo antes de que la barrera les alcanzara, por lo que su única opción era explorar un poco el castillo en búsqueda de más información que les ayudara.

—Sin embargo, cualquier cosa que nos encontráramos sería inútil —aseguró Níquel.

—¿Por qué? —preguntó Titan.

—No podemos leer nada, y seguramente toda foto o ilustración desapareció hace tiempo, al igual que toda máquina —cruzándose de brazos—. Sera como la casa de Troupy, no hay nada que nos sirva.

—A menos que —Rose chasqueó los dedos—. ¿Y si retrocedemos el tiempo?

La idea de Rose era sencilla, retroceder el tiempo hasta el punto en el que el ocurrió lo que ocurrió, así sabrían que fue lo que pasó e intentar evitarlo. Níquel se opuso en un inició, insistiendo que el conocer detalles tan específicos podría modificar los eventos, pero el tiempo que les quedaba en el sueño era poco como para ponerse a discutir sobre eso.

Sin opciones, Níquel terminó accediendo, pidiéndoles a ambos que tocaron su hombro (tragándose la extraña sensación que le provocó tener la mano de Rose den su hombro), apuntó su mano hacia el castillo, apretó su Diamansfera y movió su brazo derecho hacia la izquierda.

El movimiento provocó un gran pulso alrededor, pulso que hizo que cielo comenzara a moverse de forma agitada en un ciclo acelerado de día y noche, mientras la maleza iba retrocediendo. El tiempo estaba retrocediendo.

—Esto es increíble —dijo Rose, emocionada.

—Si la entropía fue una persona, seguramente se retorcería al ver esto —admitió Níquel con una pequeña risa.

Mientras la maleza comenzaba a desaparecer, y el castillo parecía rejuvenecer lentamente, los tres sintieron un pequeño disparo en la espalda. El tiempo se detuvo abruptamente, de noche. Al palparse las espaldas, los tres sintieron un extraño chip, chip que había sido lanzado desde el cielo.

Al girarse, Níquel se encontró con la única persona que no deseaba ver en aquella realidad. La chica rubia se alzaba en los aires con una mirada de decepción, mientras que Níquel se alejaba con un rostro de asco.

—Níquel, sabes que no puedes hacer eso —dijo la chica, acercándose al grupo.

—¿Quién es esa? —preguntó Rose, confundida.

—¿Ha pasado tanto tiempo que no me recuerdan? —preguntó la rubia, aterrizando—. Soy la no…

—¡¿Qué es lo que no está permitido?! —gritó Níquel, interrumpiendo a la chica.

—Tú lo sabes, manipular el tiempo, ya lo habíamos estipulado —respondió—. Por favor, Níquel, prometiste que lo dejarías de hacer.

Titan y Rose miraron con confusión de Níquel, la cual se encontraba aún más confusa que ellos, y avergonzada. La chica se acercó a Níquel, haciendo que esta retrocediera para no compartir el mismo espacio vital.

—Escucha, necesitó hacer esto, no sé qué estúpida regla se hayan inventado, pero no me importa —reclamó Níquel—. Y deja de acercarse.

—Níquel, ya lo hemos hablado, debes dejar el pasado atrás —la chica tragó saliva—. Dejarlos ir.

El ambiente se puso tenso, Níquel dejó por un momento de alejarse y su rostro se llenó de preocupación y algo de miedo.

—¿A quiénes te refieres? —preguntó, acercándose a ella.

—No tienes que pasar por eso de nuevo —dijo la chica, intentando calmar a su pareja.

—¡¿Quiénes murieron?! —preguntó, con enojo.

Hubo un poco de silenció, el rostro de la rubia se encontraba confundido por aquella pregunta, cómo si su novia lo hubiese olvidado por completo. No quería volver a pasar por lo mismo, pero sabía que eventualmente esto volvería a pasar.

—Platinum, Diamond, tus padres.

Sin necesidad de la Diamansfera, Níquel sintió como si el tiempo se hubiese detenido en ese preciso instante que la chica dijo aquellos nombres. Se quedó de piedra, sus piernas y brazos se quedaron paralizados por completo, a la par que sus pupilas se contrajeron y su rostro se volvió sombrío. Una gota de sudor frio recorrió su cara mientras Titan y Rose se quedaron paralizados, sin saber cómo actuar al respecto.

Un sentimiento de vació y temor apareció de repente, de golpe, dejándole sin la capacidad de hacer moviendo alguno. No fue hasta que sintió la mano en su pecho de la chica que finalmente pudo hacer algo.

—Lo siento, Níquel, pero tienes que dejarlos ir —dijo la rubia, sintiendo como Níquel tomaba su mano—, ellos están…

Sin dejarle terminar su oración, Níquel acertó un fuerte puñetazo a la chica, mandándola a volar directamente contra el muro. Se arrancó la pulsera y se la lanzó a Rose, para después volar a toda velocidad y patear con fuerza el estómago de la chica.

—¡Níquel! —gritó Rose, asustada.

—¡Dime que es mentira! —gritó Níquel.

Los brazos de Níquel respondieron de manera automática, golpeando una y otra vez el pecho descubierto de la rubia. Eran puños llenos de enojo y tristeza, tristeza por un futuro que parecía más horrible de lo que Níquel estaba dispuesta a aceptar. Cada golpe agrietaba más y más el muro de la caverna, hasta que al final la chica se cansó, alzó su mano y detonó una potente onda de energía en el cuerpo de la chica, provocando una gran explosión.

—¡Ya no me importa! —gritó Níquel, con enojo— ¡Rose, atrasa el tiempo me importa un carajo, modificare este maldito futuro!

—Pe-pero Níquel…

—¡Obedece! —gritó enojada Níquel a Rose.

Rose se vió intimidada por la mirada asesina de Níquel, aquellos ojos que parecían volverse rojos le hicieron tomar la pulsera y empezar el ritual. Titan intentó calmar a Níquel, pero su odio no podía ser calmado de ninguna forma.

—Lo siento, Rose, pero no puedo permitirlo —la chica salió de entre los escombros, vestida con un largo vestido blanco y envuelta en un aura azul.

La rubia intentó atacar a Rose, pero Níquel detuvo su pasó con una gran patada, ira le sobraba como para poder pelear contra ella. Titan se quedó quieto un momento luego de que Níquel se alzara al combate y Rose comenzara a retroceder el tiempo, momento en el cual se dio cuenta que los cuatro no eran afectados por aquello.

—Por favor, Níquel, no quiero hacerlo —dijo la rubia, recibiendo varios puñetazos.

—¡No me importa! —gritó Níquel— ¡Alterare este futuro a como dé lugar, no me importa saber que es o no lo que ocurrirá!

Los golpes continuaban sin cesar, y la rubia no tenía ninguna intención de defenderse ante tales ataques de su pareja. No deseaba pelear contra ella, pero su misión de proteger el tiempo le hizo detener a Níquel y golpearla fuertemente en la cara, mandándola contra la pared de la caverna, caverna que había perdido todo toque de vegetación.

Al ver aquello, Titan decidió tomar acción para proteger a Rose. Aunque la rubia intentó golpeara, el guante de su traje se hizo más grande, lo suficiente para tomar por completo la cabeza de la rubia y lanzarla contra la pared.

—Lo siento, pero no puedes interponerte.

—Titan, no puedes…

Níquel salió de los escombros y pateó a la rubia directamente en la cabeza. Luego de eso fue hasta ella, tomó su cabeza y comenzó a restregarla contra el suelo de piedra, intentando dañarla lo mayor posible.

Mientras ellos peleaban, Rose continuaba observando como la caverna comenzaba a modificarse. La maleza había desaparecido por completo, y el castillo comenzaba a reconstruirse, a la par que de él comenzaban a salir varios puentes. De aquellos puentes podían verse como varias camionetas avanzaban de un lado a otro, como si se estuvieran llevando algo de ahí. Se estaban acercando.

El ataque de Níquel se detuvo cuando se dio cuenta que la gran barrera comenzaba a comerse las partes más alejadas de la caverna. Fue entonces que lanzó con todas sus fuerzas a la rubia hacia la barrera.

—¡Níquel, tranquilízate! —dijo Titan.

La chica se quedó en silenció y voló de inmediato hacía Rose, la cual se asustó al sentir la presencia tan repentina de Níquel.

—¡Apresúrate! —gritó.

—¡No sé cómo acelerar esta cosa! —gritó Rose, asustada.

Cuando la barrera ya se estaba comiendo las paredes de la caverna, los tres pudieron presenciar en reversa lo que había provocado el boquete; una inmensa explosión de fuego se hizo presente, para después contraerse en un gran ataque de energía que lentamente disminuyó.

Cuando el ataque desapareció, los tres se vieron a oscuras en la caverna, la barrera brillaba, más no iluminaba en lo absoluto el ambiente. El castillo lucía en llamas, con varios huecos y una lucha enardecida dentro de ella.

Titan quiso pedirle a Rose que se detuviera, pero de la barrera salió la rubia una vez más, golpeando con fuerza a Rose y lanzándola a la barrera, despertándola. Aquello provocó un gran enojó en Titan, el cual quiso atacar a la chica, pero esta esquivó su golpe y se lo regresó, casi mandándolo a la barrera de no ser por la ayuda de Níquel.

—Averigua lo que puedas —dijo Níquel, lanzando a Titan contra el castillo—. Esta pelea es nuestra.

Con la barrera rodeando al castillo, Níquel y su novia comenzaron a pelear una última vez. La ira de Níquel la mantenía lo suficientemente fuerte como para golpear a la rubia y gritarle, mientras que de fondo podía escucharse la intensa lucha que ocurría en el castillo.

—¡Níquel, detente! —dijo la rubia, esquivando los puñetazos.

—¡No, no lo hare! —gritó Níquel— ¡Quiero saberlo todo, quiero saber cómo nos conocimos, como terminó mi viaje, quiero saber lo suficiente para destruir este futuro maldito!

Un puñetazo lanzó de lleno a la rubia hasta una de las torres del castillo, distrayéndola por unos segundos mientras Níquel arremetía una vez más contra ella. La barrera comenzaba a volverse más chica y el sonido de la batalla se atenuaba. El sueño comenzaba a detenerse, y Níquel deseaba con todo su ser averiguar más.

Descendió a los escombros de la torre, buscando el cuerpo de la rubia entre los escombros. No tuvo que buscar mucho, pues la chica se levantó y miró directamente a Níquel con un rostro que expresaba preocupación y miedo.

Níquel se lanzó contra ella, pero su cuerpo se vió completamente inmóvil ante el movimiento de manos de la rubia. La chica se acercó a su pareja a paso lento, con la barrera prácticamente comiéndole los talones de poco a poco y con el sonido de un techo desmoronándose.

Teniéndola a su merced, la chica se acercó a Níquel, le dio un pequeño beso en los labios (cosa que dejó a Níquel sonrojada y asqueada) y se acercó a sus oídos para susurrarle.

—Estamos contigo en la oscuridad.


Bastante intensó, ¿no es así?

Espero lo hayan disfrutado, si es así les agradecería que dejaran un review, todo comentario es bien recibido y me alienta a seguir escribiendo :D

¿Diamond y Platinum murieron?

¿Quien era esa extraña rubia?

¿Que habrá encontrado Titan en el castillo?

Y sobre todo...

¿Fue un sueño premonitorio o un viaje en el tiempo?

Nos vemos en el siguiente capitulo uwu