Luego de otro pequeño hiatus, estamos devuelta con esta historia UwU.

Tengo un pequeño aviso que darles, así que les recomiendo leer hasta el final de la historia uwu.
Sin más por el momento.

Enjoy :D


Entrada 30.- El tiempo se acaba

[¿?]

Mi colaborador ha perdido su orbe, lo ha entregado a un ser que va mucho más allá de mi control.

Lo que me inquieta es su poder, un poder que podría interferir con mis planes en esta línea temporal. Estas perturbaciones en el espacio tiempo han creado una gran distorsión.

No estoy segura de cuales sean las consecuencias de manipular de esa forma esta línea del tiempo, pero no me importan en lo más mínimo, lo único que deseo es que el sujeto uno despliegue todo su potencial. De ahí en fuera no estoy interesada en las demás líneas temporales.

[¿?]

21 de Junio, Lugar desconocido

El sonido del viento hizo eco en un pequeño valle en medio del bosque. En el cielo del mismo se apreciaban dos figuras luminosas girando alrededor del mismo, en círculos. Aquellas figuras eran los pokémon legendarios Azelf y Mesprit, los cuales parecían haber detectado algo que se escondía bajó el valle.

Un pequeño terremoto dio pasó al sonido de unas enormes puertas mecánicas abriéndose. Una compuerta enorme se abrió de entre la tierra y dejó expuesta una gran arena de combate a la cual ambos pokémon entraron sin chistar.

Al entrar se encontraron con una arena de combate con muy poca iluminación, apenas podían verse unos cuantos metros más allá de los bordes que formaba la luz del cielo. No parecía haber nadie cerca, nadie más allá de dos sujetos escondidos entre las sombras.

—¿Cree que cumpla su objetivo, su majestad? —preguntó Jupiter, cruzada de brazos.

—Lo hará, tiene la sangre de nuestra familia real —aseguró el rey mirando directamente hacía los dos pokémon—. Y si no lo hace, Troupy me ha dicho que hacer.

La persona a la que Jupiter se refería comenzó a avanzar lentamente hasta el borde de luz. Un ligero hormigueo se apoderó de su pierna mientras intentaba regular su respiración y calmar su mente, centrándose en aquellas entidades que flotaban en el cielo. Con un temblor en el cuerpo la mujer se tronó la cabeza y lanzó una pokébola.

—¡Empoleon, Surf! —gritó.

El poderoso pokémon acuático salió de su pokébola y lanzó su poderoso ataque de tipo agua a los desprevenidos legendarios. La gran ola de agua dio en el blanco alejando a los objetivos.

Empoleon volteó la mirada para ver a su entrenadora con un poco de arrepentimiento y miedo, provocando que Platinum se rompiera un poco. Sin embargo, antes de poder reaccionar, Mesprit y Azelf atacaron al pokémon usando un ataque psíquico.

—¡Froslass, Bola Sombra contra Mesprit! —Platinum lanzó otra pokébola— ¡Empoleon, Escaldar contra Azelf!

Empoleon se recuperó del ataque y ejecutó su ataque con éxito, provocando una quemadura en el legendario. Mesprit corrió la misma suerte al momento de ser impactado por la bola de energía y ver mermado su defensa especial.

Aunque Mesprit y Azelf contaban con la fuerza propia de un legendario, los pokémon de Platinum usaban la gran sombra de la arena de combate a su favor, ocultándose y atacando desde ese punto con poderosos ataques combinados.

La mente de Platinum no dejaba de cuestionarse si aquello era lo que debía hacer. Ver a los pokémon que alguna vez la ayudaron siendo golpeados de aquella forma le formaba un hueco en su corazón, un hueco que solo deseaba llenar para intentar justificar sus actos.

Tal vez aquello era el precio por tener la reivindicación que se merecía. Yake y Cooper habían vuelto su vida un verdadero infierno. Diamond no había hecho nada para poder ayudarla, solo la hizo sentir como una inútil que debía ser cuidada como una niña. Era el rey el único que le daba la opción de mejorarse a sí misma y a su entorno, era él la única esperanza que tenía.

Con esa fe en aquel que le mostraba una salida real, Platinum ordenó ejecutar un ataque final. Un doble Rayo Hielo que lanzó a ambos legendarios al piso y los congeló de inmediato. Fue esa congelación la señal indicada para que la compuerta del cielo se cerrara y una enorme esfera emergiera del campo de combate y capturara a los legendarios.

El sudor comenzó a correr por la cara de Platinum mientras esta se desplomaba en el suelo, el combate había sido extenuante de manera física y mental. Unas enormes luces se encendieron, iluminando el cuerpo del rey y de Jupiter acercándose hacía ella.

—Lo he conseguido, su alteza —dijo Platinum, levantándose con pesadez.

—Lo has hecho excelentemente, mi hija —admito con un tono alegre—. Has probado ser digna de mi confianza y del trono que se te ha ofrecido.

La mujer volteó a ver al rey y sonrió ligeramente, aceptando el honor que el rey le ofrecía. Había demostrado su valía y su compromiso con la causa, ganando así el puesto de la princesa. Luego de reafirmar su palabra, el rey le pidió a sus súbditos que la llevaran a su habitación y se pusieran a su inmediato servicio, ella ahora era la digna sucesora del reino.

—Me parece sorpréndete que haya aceptado tan fácil —admitió Jupiter.

—Hasta la voluntad más cae ante la incompetencia de los demás —el rió lanzó una risa—. Fue un proceso largo llegar a este punto, pero parece que todo valió la pena.

—Ese chico realmente es muy útil —la mujer sacó una carta de entre sus ropas—. ¿Sera hora de entregarla?

—Espera un poco más, las piezas deben estar en su lugar para la siguiente parte del plan. Deberás dejarla en la casa de Cynthia en Ciudad Vetusto, luego de arreglar los pendientes con ella procederemos con el premio mayor —el ruido mecánico dentro de su cuerpo comenzó a volverse más fuerte—. No puedo esperar a finalmente tenerlo bajó mi poder.

[...]

26 de Junio, Pueblo Arenisca.

—¡Ahhh! —gritó Níquel.

El sueño había terminado con un gran grito, un grito que alertó Diamond el cual estaba dormido en una silla.

—Níquel, ¿estás bien? —preguntó Diamond, asustado.

No hubo respuesta, la mente de la chica trataba de procesar lo que había vivido minutos atrás en aquel sueño. Luego de unos segundos de que su mente se aclarara un poco y se sintiera en el momento presente, sus ojos giraron hacía el rostro de su padre y comenzaron a lagrimear.

—Papá… —dijo, con voz suave y triste.

Sin darle tiempo a responder, Níquel abrazó con fuerza a su padre, incrustando su cara en su hombro y comenzando a llorar. Una extraña mezcla de alegría y tristeza se vertió en el hombro del hombre mientras le daba palmadas a su hija.

—Tranquila, hija, todo está bien —dijo Diamond, sorprendido, era la primera vez que Níquel le decía así.

—No quiero que me dejes, no quiero que te vayas —su tono era casi infantil, como el de una niña pequeña.

Se sentía aliviada, aliviada de tener a quien ahora fungía como su padre. No tenía ganas de ocultar la felicidad de saber que él se encontraba bien, sano y salvo. Por primera vez en su vida se sentía tan afortunada de tenerlo a él.

—¿Tuviste una pesadilla? —preguntó Diamond, desconcertado.

—Sí, pero ya terminó —Níquel sonrió ligeramente y se alejó—. Lamentó no haberlos… Por Arceus, ¿Dónde está Platinum?

Diamond se quedó en silenció por unos momentos, tragando saliva e intentando que su rostro no se descompusiera. Aunque ya había meditado su respuesta, ver la cara de angustia de Níquel le dificultaba hablar.

—Ella no está, Níquel —dijo, intentando guardar la calma—. Se fue a Galar.

—¿Galar? ¿Qué hace allá?

—Debido a lo que ocurrió, necesitaba estar unos días a solas, alejada de todo —dijo, intentando sonreír.

Níquel arqueó la ceja, confundida de aquel acto. No esperaba que su madre se hubiese ido tan de repente, menos sola. De inmediato buscó su pokéreloj, debía contactarla y hablar con ella, pero Diamond la detuvo.

—No tiene forma de comunicarse —admitió.

—¡La dejaste ir sola sin comunicación! —gritó Níquel, enojada— ¿¡Acaso estás loco!?

La preocupación de Níquel aumentó mucho más, a un punto que Diamond parecía algo asustado. La chica se zarandeó intentando liberarse de las sabanas para poder levantarse. Estaba demasiado asustada para atender los intentos de tranquilizarla por parte de su padre adoptivo.

—¡Ella estará bien! —dijo Diamond, intentando sujetarla.

—¡No puedo permitir que le pase nada! —gritó, enojada— ¡No puedo dejar que ella…!

Antes de poder terminar su frase, la puerta de la habitación se abrió de golpe. Níquel y Diamond se quedaron quietos ante la presencia de Cooper, el cual entró con una mirada pedante y santurrona.

—¿Qué demonios haces aquí, hipster? —dijo Níquel, enojada.

—Ni siquiera un ataque así te quita lo mal educada —dijo con un tono de asco—. Solo vengo para hablar con él.

—No tenemos tiempo para tus estupideces, idiota —Níquel logró sentarse al borde de su cama—. Lárgate.

—Cooper, escucha, ahora no es el momento de…

—¿Piensas evitar las consecuencias así como lo hizo mi prima al huir a Galar? Se nota que ustedes son unos cobardes.

Aunque el rostro de Níquel mostraba genuino odio, Diamond se encontraba muy confundido por las afirmaciones de Cooper. El hombre se mantenía con un rostro serió y cínico aun cuando Níquel se le plantó enfrente.

—Escúchame, remedó de hombre —Níquel apretó con fuerzas su puños—. Deja de molestarnos, o si no…

—¿Actuaras de forma salvaje? No me sorprende —dijo con una risa sarcástica—. Hablare contigo cuando tengas nuestro emblema, cosa que no tienes, ¿cierto?

—¿El emblema? —se preguntó Níquel así misma.

Había pasado muchas cosas, muchos eventos que le hicieron olvidar aquel importante hecho, uno de los principales motivos por los cuales había comenzado su viaje en primer lugar. Sus ojos intentaron buscar su bufanda, la cual yacía en una mesa junto a sus tres medallas.

"¿Sólo tres?" se preguntó, con extrañeza. En todo este tiempo de viaje, en todos aquellos combates, en las incontables aventuras y personas conocidas, ¿solo había conseguido tres insignificantes medallas? En que rayos había gastado el maldito tiempo.

—Siempre supe que serias una decepción de Berlitz, pero no que llegarías a niveles tan patéticos —dijo Cooper, mirándole desde arriba con un gesto de arrogancia—. Mi prima consiguió sus medallas en menor tiempo y peleó contra una organización, y tú solo has conseguidos tres patéticas medallas.

En situaciones normales, las palabras de Cooper ni siquiera afectarían el temple de Níquel, pero esta vez dejaron un claro hueco en ella. Un sentimiento de inutilidad y decepción que se aferraba a sus hombros. Tanto tiempo desperdiciado en nada, en perder el tiempo en tonterías.

Diamond, luego de expresar confusión en su rostro, intentó acercarse a su hija, pero Cooper soltó la última mofa que tenía preparada para la niña.

—Supongo que debo agradecerte, mocosa, gracias a eso en diez días podre conseguir mi mansión y ustedes tres volverán al basurero al que pertenecen.

Las palabras hicieron eco en Níquel, rebotaron en su cabeza el suficiente tiempo para que un intenso calor se gestara en ella, calor que descendió hacia sus puños. La energía fue liberada de un solo golpe en la entrepierna de Cooper, mandando al hombre al suelo de inmediato.

Con un porte orgulloso, Níquel se alzó frente a él y le gritó.

—Tú volverás al basurero de Kanto, nunca obtendrás nada —dijo con rabia, caminando hacía la mesas donde se encontraban sus cosas—. ¿Dónde está Rose?

La rabia y la determinación que emergían de sus ojos intimidaron bastante a Diamond, el cual no opuso ninguna resistencia y le indicó la habitación donde se encontraba su compañera.

No debía perder más el tiempo, se pondría a entrenar de inmediato para conseguir las medallas faltantes. Debía hacerlo por ella misma, por tratar de evitar aquel futuro hipotético, y sobre todo, por Platinum. Debía pagar finalmente esa deuda.

Luego de ponerse todos sus aditamentos se detuvo frente a un Cooper que apenas se levantaba.

—Conseguiré las medallas y el emblema, y entonces no volveré a ver tu cara nunca más —dijo, con un gran orgullo en sus palabras—. Nos veremos luego, pa… Diamond.

Finalmente se marchó, dejando a Diamond completamente sorprendido del repentino cambió de su hija, jamás le había visto expresar tanto aquel orgullo que le hacía parecerse tanto a Platinum, aunque ella no fuera su madre biológica.

—¿Acaso piensas quedarte ahí sin ayudarme? —dijo Cooper, molestó.

El trance de Diamond se rompió al escuchar las palabras de Cooper. Se levantó de inmediato y ayudó a Cooper a ponerse de pie. Aún había demasiadas preguntas que Diamond debía hacerle a aquel hombre.

—¿Por qué lo hiciste? —preguntó Diamond, arqueando la ceja.

—En estos momentos lo que menos necesitan es una mocosa impulsiva dando problemas —admitió amargamente, acomodándose la corbata de su camisa—. ¿Puedes dejar de tener esa cara de estúpido?

—Per-perdona, es qué —Diamond se mantenía profundamente confundido—. No esperaba esa ayuda.

—No te acostumbres, solo no quiero complicaciones. Quiero que entiendas que, con Platinum o no, mis planes siguen igual.

Aquella última frase hizo que Diamond se recompusiera, ese sonaba como el mismo Cooper insensible que conocía. Sin embargo, antes de poder reclamar, Cooper recuperó la palabra.

—Quiero que me mantengas informado de todo, ¿de acuerdo? No quiero que otro Berlitz termine igual, es lo único que quería pedirte —con aquellas palabras, Cooper se dio la vuelta y camino hacia la salida, deteniéndose en el umbral—. Sirve para algo por primera vez en tu vida y recupera a mi prime, ¿de acuerdo?

Diamond asintió con lentitud, momento en el que Cooper finalmente se retiró del lugar. Diamond volvió a quedarse inmóvil una vez más, todos estos acontecimientos le había dejado demasiado mareado, necesitaba procesar todo lo que había ocurrido.

No hubo mucho tiempo de pensar, pues de inmediato sonó su pokéreloj con el número de Cynthia. La campeona había enviado un mensaje a Diamond, un mensaje relativo al secuestro de su esposa. Sin pensárselo mucho, el hombre tomó sus cosas y puso rumbo a la casa de la campeona, no podía perder el tiempo.

[…]

26 de Junio, Laboratorio de Moon

—Así que, ¿eso fue todo lo que viste? —preguntó Moon, arqueando la ceja.

—Sí, lastimosamente —admitió Titan, bajando la cabeza y escribiendo en una libreta—. Era una pantalla al exterior, un gigantesco dragón verde peleando contra una gran luz.

—¿Crees que se podría tratar de Rayquaza, bzzt? —preguntó la RotomDex, quien flotaba al lado de Moon.

Moon y Titan se encontraban debatiendo lo que habían visto en aquel sueño compartido. El chico se había despertado hace algunas horas y estaba anotando todo aquello de vio, no quería olvidar nada, ni un solo detalle.

Intentando adivinar que pokémon era el que habían visto, Rotom comenzó a mostrar imágenes de los pokémon que coincidían con la descripción de Titan. Como era de esperarse, el pokémon que Titan había visto era Rayquaza, en su estado base.

—Por un momento creí que sería Zygarde —admitió Moon, suspirando—. ¿Qué demonios hace un Rayquaza en Sinnoh?

—Rayquaza es conocido por proteger la atmosfera, tal vez algo lo perturbo, btzz —postuló Rotom.

—¿Entonces el Team Age tiene pensado algún plan contra la atmosfera terrestre? —preguntó Titan, confundido.

—Tal vez, o quizás —una idea llegó a la mente de la profesora—. ¿Viste alguna plataforma de despeje? ¿O algún avión?

—No, solo una gran luz y Rayquaza peleando.

Una gran luz, por alguna razón eso le sonaba bastante a la profesora. De inmediato se levantó y caminó hasta el escritorio donde descansaba su computadora. De uno de los cajones sacó la libreta donde había anotado todo con lo que había soñado.

Mientras leía su sueño, Rotom comenzó a mencionarle pokémon que estuvieran relacionados con la luz de alguna u otra manera. No podía ser cualquier tipo de pokémon, debía ser uno lo suficientemente fuerte como para poner en aprietos a Dialga, Palkia y Giratina.

Mientras Moon analizaba aquello, Titan intentó darle una explicación a la presencia de Rayquaza. Debía tratarse de algo realmente grave como para que aquel pokémon estuviera interesado en aparecer en Sinnoh. Con sus dedos en los labios recordó un antiguó enfrentamiento que tuvo con una persona altamente relacionada con aquel legendario.

—Profesora Moon —el chico volteó a ver a la profesora—. ¿Usted sabe que fue lo que pasó exactamente con Zinnia?

—No mucho, se supone que se le dejó de ver cuando Ruby y Sapphire destruyeron el meteorito de hacer años —respondió Moon sin perder la vista de su libreta—. ¿Por qué?

—Hace unos días nos enfrentamos a ella —confesó, mirando la pokébola de su Beedrill—. En el Monte Corona.

Aquello hizo que Moon detuviera su lectura por unos minutos, levantándose de golpe y asustando un poco a Titan.

—¿Los tres se enfrentaron a ella? —preguntó, asustada.

La confirmación por parte de Titan solo provocó que los ojos de Moon se abrieran de par en par. El poder de Zinnia no era algo que se pudiera tomar a juego, después de todo el propio Ruby tuvo problemas para enfrentarla sin que su pokémon megaevolucionara. Era un milagro que la hubiese derrotado, un desafío que comprobaba la verdadera fuerza de los tres holders.

Sin embargo, había algo más importante que entender aquella tarde; la relación de Zinnia y Rayquaza. Luego de que Rayquaza atacara a al cronista, el pokémon había decidido colaborar con Ruby y Sapphire, por lo que no debía existir un vínculo entre el legendario y la cronista.

—¿Sabes que es lo que quiere Zinnia en el Monte Corona? —preguntó Moon.

—Proteger los tesoros del monte, eso fue lo que digo cuando intentó quitarle a Níquel la Estrella Deseo.

Ser guardiana del Monte Corona no parecía ser el final para una de las cronistas más famosas de Hoenn. Titan se llevó las manos a la barbilla, intentando pensar que hacer con respecto a la entrenadora de Hoenn.

Podrían hacer caso omiso a su presencia, pero la mera aparición de Rayquaza hacía sospechar que ella tendría un rol relevante en el futuro, una pieza clave en la guerra que estaba por desatarse.

—Hay demasiadas cosas a las cuales debo tomar nota —admitió Moon, un poco frustrada—. Por el momento debó encargarme del agujero de atrás.

Titan volteó a ver la parte de atrás del laboratorio. Había un gran hueco que se comía parte de la pared trasera. La tierra alrededor del agujero se encontraba mojada, con algunas raíces sobreexpuestas.

El gran agujero de escape que Moon había encontrado en su sueño no existía en la actualidad. Sin embargo, no tuvo problema alguno en concluir que debía encontrar alguna conexión oculta, por lo que decidió empezar una pequeña excavación con la ayuda de un viejo pokémon de tipo tierra.

—¿Realmente cree encontrar un túnel? —preguntó Titan, pensativo.

—Si no lo encuentro lo hare uno yo misma —suspiró, levantándose de su silla y caminando hacía un mapa—. Isla Eclipse, no hay ningún rastro de algo así, pareciera una isla antigua o algo así.

No se rendiría, aprovecharía al máximo toda la información extraída de su sueño para evitar ese futuro distópico. Por parte de Titan, el caminó a tomar era bastante confuso. Sin embargo, el chico tenía una vaga idea de que hacer a partir de ahora para ayudar a la causa de Moon.

—Profesora, iré con Zinnia —dijo, levantándose de la silla—. Averiguare que trama en Sinnoh.

—¡No! —gritó Moon, algo enojada— No sabemos si ella será aliada o enemiga.

—Rayquaza combatía contra la luz, no parece que sea una enemiga —admitió, caminando hacia ella—. Es mejor hacerla nuestra aliada desde ahora.

Aunque era una buena idea, algo dentro de Moon no dejaba que Titan se fuera a interrogar a la cronista. Un sentimiento que le pegaba en el pecho y le hacía querer que se quedara en el laboratorio. Tal vez aquel sueño le había hecho despertar una parte más protectora dentro de ella.

Sin embargo, la situación demandaba que todos trabajaran en todos los frentes, incluso el propio Titan.

—Sin embargo, ¿qué pasara si tienes que pelear contra ella? Níquel y Rose no pueden acompañarte —dijo Moon.

—Esta vez he mejorado bastante, además de que usare a Metang y Beedrill si las cosas se complican —sonriendo—. No tiene que preocuparse por mí, profesora, todo estará bien.

No debía hacerlo, él estaría bien, para eso había sido entrenado. Moon tuvo que hacer a un lado su sentimiento protector para aceptar el camino de Titan, camino que iba más allá que convencer a la cronista.

—Cuídate mucho, Titan —dijo, abrazando fuertemente a su ayudante—. Llámame si pasa algo malo.

—Así lo hare, profesora —Titan sonrió y se alejó un poco de la profesora—. En cuanto consiga noticias le hablare, cuídese.

Había muchos sentimientos en ese abrazo, como el de una madre despidiéndose de su hijo. Después de todo, Moon podía intuir que Titan no solo iría con Zinnia, el chico tenía otro plan en manos, plan que tenía que ver con el extraño aparato que había encontrado en la mochila del chico.

Moon podía poner las manos en el fuego por su protegido, y el aparato que había encontrado no mermó su confianza en él. Solo le quedaba esperar que el plan de Titan funcionara, y si así lo hacía, el evitar el gran desastre sería algo muy posible. Solo quedaba esperar.

Luego de su marcha, el teléfono de Moon comenzó a sonar. Al contestar le esperaba la voz de Cynthia. Su mirada pasó de confusión a seriedad cuando la campeona le contó que la necesitaba ver de inmediato en una casa de Ciudad Vetusta. No podía perder tiempo, después de todo la cita de la campeona estaba relacionada con Platinum.

[…]

26 de Junio, Ruta 203

En las afueras de Ciudad Jubileo, cerca de la Puerta Pirita, dos pokémon median sus fuerzas en un afán de aumentar las mismas. El Frill de Rose peleaba contra el Llish de Níquel usando mus mejores movimientos fantasmas.

Bola Sombra, Infortunio y Viento Aciago eran los movimientos ejecutados por los pokémon para poder fortalecerse y aumentar de nivel. Sin embargo, aunque Rose actuaba de manera calmara y estratégica, el estado de Níquel era muy diferente.

La mente de Níquel se encontraba del mismo modo que la hierba del campo de combate. Su desesperación interna se dejaba notar al ordenar movimientos cada vez más agresivos, buscando una victoria rápida. Sin embargo, aquella actitud solo logró que el pokémon de su compañera lograse debilitar a su pokémon con una Bola Sombra.

—Níquel, creo que debemos tomar un descanso —dijo Rose, algo agitada.

—¡No! No podemos perder el tiempo —dijo, metiendo a su pokémon a su pokébola—. Mañana enfrentare a Roark y quiero estar preparada.

Níquel lanzó otra pokébola de la cual salió Tom en su forma de lavadora. Los ojos del pokémon se encontraban entrecerrados, sus movimientos eran muy lentos y su cuerpo mostraba varias heridas.

—Es la tercera vez que lo sacas al campo, necesita tomar un descanso —Rose intentó razonar con su amiga—. Por favor.

—¡Usa Descarga!

Cerrando sus ojos, Rotom concentró una gran cantidad de energía y ejecutó su movimiento, debilitando a Frill de un golpe. Aquello molestó un poco a Rose, no por su pokémon, si no el cansancio del pokémon de Níquel. No quería lastimarlo, pero debía terminar aquello para poder calmar a Níquel.

La chica lanzó a Kir al campo y le ordenó usar Hipnosis. El movimiento acertó y Rotom quedó profundamente dormido. Níquel se quejó en silenció y masculló una grosería en voz baja mientras esperaba que su adversaria usara otro movimiento. Sin embargo, Rose no dijo ni una sola palabra, por más que Níquel le gritara con más y más fuerza. La sangre finalmente le llegó a la cabeza cuando su amiga comenzó a insultarla por su pasividad en el combate.

—¡Podrías ver a Tom por un segundo! —gritó Rose, molesta— ¡Esta exhausto!

Níquel volteó la mirada hacía su pokémon. A pesar de estar durmiendo, Níquel se dio cuenta que el estado de su pokémon no era el mejor, estaba demasiado agotado por tantos combates.

—Aún puede seguir…

—Níquel, los estas sometiendo a demasiada presión, si continúan así no podrán pelear bien mañana —la chica se acercó a Níquel—. Debes dejarlos descansar.

La molestia de Níquel era demasiado notoria, lo suficiente como para que Rose se sintiera ligeramente intimidada al momento de que Níquel soltara un quejido y devolviera a sus pokémon a sus pokébolas. Rose suspiró e hizo lo propio con sus compañeros, necesitaban descansar después del arduo entrenamiento.

Mientras curaban a sus pokémon, Níquel decidió sentarse un momento sobre el pequeño grupo de agua de la ruta mientras terminaba de curar a su cansado Zangoose.

Desde que se habían despertado, las únicas interacciones que ambas tuvieron fueron sobre su entrenamiento, jamás cruzaron palabra alguna sobre lo ocurrido en el sueño, sobre todo con la revelación de la chica rubia. Aunque no lo hubiesen hablando, Rose sabía que aquello había afectado a Níquel y la tenía en aquel estado, un estado de completa desesperación. Dando una profunda respiración, Rose caminó lentamente hasta Níquel y tocó su hombro.

—¿Estas bien? —dijo Rose juntó a su Kir.

—Estaría mejor si estuviéramos entrenando —admitió, con molestia.

—Aun así me hiciste caso cuando te dije que no, por qué sabes que les estas exigiendo demasiado.

No hubo respuesta más allá del silenció del lugar. Níquel sabía que esforzar demasiado a sus pokémon les perjudicaría demasiado y les impediría mostrar su potencial el día de mañana en el gimnasio. Sin embargo, su instinto le suplicaba el seguir entrenado, intentando conseguir en un día el nivel que la chica que estaba a su lado había conseguido en mucho más tiempo.

—Es fácil decirlo cuando eres tan fuerte —admitió Níquel, amargamente—. Mientras yo estaba en coma tú entrenabas junto a Wake, te volvías mucho más fuerte que yo. La brecha entre nosotras se agrandó demasiado.

—Bueno, es cierto, pero tú sigues siendo muy fuerte.

—Por favor, sabes que eso es una vil mentira —frunciendo el ceño—. No pude vencerte una sola vez en este entrenamiento.

—Eso no significa nada, yo misma jamás he podido vencer a mi padre…

—Oye, ya se me todo ese sermón de la perspectiva, no es necesario —interrumpió Níquel, abrazando sus piernas—. ¿Podrías dejarme sola hasta que volvamos a entrenar?

El tono de Níquel se volvió mucho más apagado y con toques de molestia. No tenía muchas ganas de hablar, solo quería combatir. Su única meta ahora era volverse más fuerte, vencer los gimnasios y conseguir ese ansiado medallón que tanto necesitaba su familia.

Familia, era lo único que le tenía en su cabeza. El recuerdo de aquel sueño no dejaba de volar en su cabeza una y otra vez. Rose confirmó aquello cuando finalmente se armó de valor y se lo preguntó de manera directa. No hubo respuesta, solo un inquietante silencio. Rose tuvo que volver a armarse de valor y articular palabras.

—Sabes, mi abuelo siempre tuvo un dicho —Rose se sentó al lado de Níquel—. El pasado está escrito en roca y el futuro está escrito en la arena. Si él tiene razón, entonces aquel futuro no debería de existir, ¿no lo crees?

Níquel no respondió, solo dio un fuerte respiro como si estuviese buscando algo dentro de ella, algo que decirle a su compañera. Luego de meditarlo un poco, Níquel alzó el rostro hacía el bosque.

—Tú mismo lo dijiste, ¿no? El ver el futuro altera su resultado. No todo está perdido.

—¿Y si lo estuviera? —preguntó Níquel de vuelta— En este punto ya ni siquiera sé si nuestras acciones nos alejan o acercan a ese futuro.

Rose quedó pensativa un momento, buscando las palabras correctas para consolar a su amiga.

—No podemos estar seguras de ambas cosas —respondió—. Solo sé que tus pa… que Diamond y Platinum estarán bien.

—¿Cómo demonios puedes asegurarlo? —preguntó con enojo, volteándola a ver—. Es fácil decirlo para ti, tus padres seguramente seguían vivos en aquel futuro, no tienes nada de qué preocuparte.

—Bueno, yo solo…

Con en el enojo quemándole los hombros, Níquel se levantó y miró con furia a Rose, la cual se acercó al suelo al sentir el enojo de su amiga.

—¡Deja de pretender que puedes ayudarme! —gritó— ¡¿Acaso sabes lo que se ha sentido perder a los que amas? No ha sido una sola vez, son tres veces, tres malditas veces!

La voz de Níquel comenzó a quebrarse a medida que comenzaba a arrodillarse. La furia rápidamente se convertía en tristeza mientras las lágrimas comenzaban a salir de sus ojos.

—Mis primeros padres, mi abuela, y ahora ellos —poniéndose a gatas—. No quiero perder a mis padres otra vez, Rose —un nudo se formó en su garganta—, no quiero perder todo otra vez.

Las lágrimas comenzaron a fluir por los ojos de Níquel, empapando sus mejillas y cayendo en el césped. El ambiente se volvió abrumador conforme Rose asimilaba ver a su amiga en ese estado. Níquel, la chica orgullosa y obstinada estaba en aquella posición tan vulnerable que hizo que el corazón de Rose se agitara un poco.

Rose solo sabía de una forma de consolar a la gente. Levantó un poco a Níquel y le dio un fuerte abrazo. La chica esperaba una resistencia y una innata necesidad de alejarse, pero en su lugar sintió como los brazos de Níquel también la envolvieron y su rostro se clavó en su hombro.

Quiso decir algo, pero los sollozos y la forma en que Níquel la abrazaba le hicieron guardar silencio. Necesitaba desquitarse, vaciar todos aquellos sentimientos que llenaban su cabeza de una vez por todas. El sentimiento era real, la tristeza era real, el solo hecho de imaginar una tumba con la inscripción de sus padres le hacía abrazar con más fuerza a Rose.

—No quiero estar sola, no quiero volver a estarlo, Rose.

Sintiendo como el pecho de Níquel temblaba, la chica de pelo rosa finalmente encontró las palabras correctas.

—No lo estarás, no sé cómo, pero estoy segura de que no lo estarás. Nos tienes a los demás, a tus amigos.

Níquel se detuvo un momento a pensar en ello. Lentamente se alejó de Rose para poder mirarla a los ojos.

—Aun cuando te he tratado tan mal en el pasado, tú…

—Papá dice que el pasado está en el pasado —Rose sonrió alegremente—. Níquel, sabes, aunque tú no me consideres como tal una amiga, yo si lo hago, y estaré contigo siempre que pueda, eso hacen los amigos.

Níquel se quedó en silenció por un momento. Su cuerpo comenzó a presentar los mismos síntomas que había presentado con anterioridad en batallas pasadas. La presión en el pecho y un poco la falta de aire. Sin embargo, el sentimiento que se manifestó fue de cariño, cariño sinceró ante la chica de pelo rosado y ojos amarillos que la miraba de frente con una gran sonrisa.

No había experimentado esto antes, todas las veces que sufrió de aquella "Ultra-Empatía" eran con sentimientos negativos que le quemaban por dentro, no con sentimientos que le reconfortaban y le hacían sentirse alegre, feliz, cómo en casa.

Con esa gratitud, Níquel esbozó una fuerte sonrisa y abrazó a Rose con fuerza una vez más.

—Tú también eres mi amiga, Rose —dijo, con una sonrisa—. Gracias.

Rose se sorprendió del repentino cambio de Níquel, pero no podía negar que se sentía emocionada de haber formado finalmente un vínculo con aquella chica. Sus palabras eran sinceras, no intentaba hacer sentir bien a Níquel con palabras vacías, genuinamente le agradaba Níquel, la quería.

—Creo que finalmente somos cómo tú pa… Diamond y mi papá.

Una risa apagada salió de la boca de Níquel.

—Diamond y Platinum son mis padres, Rose, no tienes que corregirte cada que lo hagas. Aunque, seguiré estando en contra de que nos compares con ellos, aunque seamos amigas —dijo con una sonrisa provocadora—. Iré por mis medicinas, me duele un poco el pecho.

Níquel se levantó y se acercó a su mochila, pero antes de llegar Rose le dijo algo.

—Sonreíste —dijo con un tono burlesco.

Níquel solo alcanzó a suspirar con ternura, algunas cosas no estaban dispuestas a cambiar.

Luego de llegar a su mochila y sacar el frasco de su medicina, la holder notó como solo quedaba una sola pastilla. Mientras ingería su medicamento recordó lo dicho por aquella doctora, lo de visitar a una psiquiatra en Ciudad Rocavelo.

—Iré cuando rete a Maylene —dijo para sí misma.

[…]

26 de Junio, Ciudad Vetusto

La entrada de Diamond no se hizo esperar. El sonido de su auto podía escucharse minutos antes de que este llegara al pequeño departamento en el cual antiguamente el profesor Oak se quedaba a descansar.

Moon fue quien le abrió la puerta a Diamond, la profesora había llegado apenas unos minutos antes que él gracias a sus pokémon. De inmediato la mujer lo llevó a la sala donde Cynthia se encontraba.

—¿Saben algo de ella? —Diamond corrió hasta Cynthia con una gran desesperación en sus ojos.

—No, pero me llegó esto.

Cynthia le entregó a Diamond un sobre amarillo el cual había llegado a esa casa específicamente. Sin perder tiempo Diamond abrió el sobre y leyó la carta que se encontraba dentro de ella.

La carta era de aquel que había decidido robarle a su esposa. Un aviso de que en las próximas tres horas después de entregada la carta recibiría una llamada en esa casa con las instrucciones para recuperarla.

—¿Hace cuánto llegó esta carta? —preguntó Diamond, asustado.

—Unas dos horas —Cynthia se llevó las manos a la barbilla—. Sean quien haya sido el que trajo esta carta, sabía perfectamente que yo estaría aquí.

La mente de Diamond no tenía tiempo alguno para intentar descifrar el por qué Cynthia había recibido la carta, Moon tampoco. Cynthia era la única que se cuestionaba cómo se había logrado aquella coincidencia tan escandalosa. Sin embargo, antes de averiguar más, la mujer había llamado a Handsome para que los ayudaran con la llamada que pronto recibirían.

Mientras esperaban, la mujer les ofreció un poco de café y galletas a ambos. Aunque aceptaron el refrigerio, Diamond y Moon estaban demasiado preocupados cómo para poder relajarse en un momento como este. Ambos estaban tensos y reflejaban ese sentimiento en el ambiente.

Cynthia se alejó y se acercó a la enorme ventana del departamento. Deslizó un poco la cortina y analizó con detalle el vecindario, en búsqueda de alguna persona sospechosa. La duda se mantenía en su cabeza y esperaba encontrar entre las casas alguna persona que fuese la responsable de localizarle. Lo único que encontraba fue un vecindario común y algunos autos de policía que comenzaron a estacionarse en las afueras del departamento.

Handsome apareció junto a su equipo para instalar los aparatos necesarios para rastrear la llamada del secuestrador. La policía internacional normalmente no se prestaría para este tipo de cosas, pero al tratarse de una persona tan relevante como Platinum hizo que Handsome hiciera una pequeña excepción.

—Bueno, creo que todos estamos listos —Handsome se acercó a Diamond—. Recuerde, mantenga al secuestrador ocupado el mayor tiempo posible para que podamos rastrear su llamada.

Diamond asintió con la mirada, estaba dispuesto a distraer a aquel maldito el tiempo que fuese necesario, y a cualquier costo. La enorme presión en el pecho de Diamond se hizo presente al momento de sentarse frente al teléfono de la casa, el sentimiento de hablar con aquel maldito bastardo se quedó atorado en su garganta hasta que el teléfono timbró en la hora acordada.

Quiso contestar de inmediato, pero Handsome le pidió que esperara un poco para poder calibrar los aparatos. Luego de unos segundos de espera, Diamond finalmente pudo contestar.

—Bueno.

Un molestó ruido de la conexión se hizo presente, dejando a Diamond con un sentimiento de angustia y confusión, deseando que alguien contestara del otro lado del parlante. No tuvo que esperar mucho hasta que el sonido de fondo terminara y alguien finalmente respondiera.

—Felicitaciones, ha logrado contestar a este número en el tiempo estipulado, eso es muy educado de su parte —admitió una voz robótica del otro lado del parlante.

—Una voz automática… —dijo Diamond, algo molesto.

—Oh, lamento que pienso eso, señor Diamond, pero estoy bastante lejos de ser una simple inteligencia artificial —con un ligero tono de voz burlón.

El escuchar esa declaración hizo que la piel de Diamond se erizara por completo y un sudor frio bajara de su rostro. Sin embargo, el hombre volvió a la normalidad luego de analizar que seguramente se estuviera distorsionando su voz.

—¿Quién eres? ¿Qué has hecho con mi esposa?

—Bueno, antes que nada, realmente espero que este rodeando de aquel sofisticado equipo de localización de llamadas y de un buen puñado de policías. Así que, por favor, ponga el altavoz.

Diamond miró asustado a los agentes, los cuales no parecieron sorprendidos por aquella declaración, era obvio que aquel secuestrador deseaba ser escuchado por los agentes, así que se le dio luz verde para encender el altavoz.

—Listo, pueden escucharlo —admitió Diamond—. Ahora dígame ¿dónde está mi esposa?

—Se lo agradezco, y a ustedes autoridades por hacer esto posible —una risa eléctrica salió de las bocinas—. Platinum se encuentra bien, de hecho creo que quiere hablar con usted.

Un silenció incomodo se hizo presente hasta que la voz de la mujer salió del parlante.

—Diamond, amor, ¿puedes escucharme? —dijo Platinum con un tono apagado.

El escuchar la voz de su esposa en aquella situación hizo que un gran sentimiento de desesperación apareciera de repente.

—Amor, ¿te encuentras bien?

—S-sí, estoy bien, yo…

—Te sacare de ahí, te lo prometo —dijo Diamond mientras las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos.

—Es muy precipitado hacer esa clase de promesas, señor Diamond —dijo la voz mecánica, recuperando el control.

—¿Qué es lo que quieres? ¿Dinero? —preguntó con algo de enojo.

—¿Dinero? Claro que no, eso es muy inútil en este punto —la voz rio de manera sarcástica—. Señor Diamond, si desea volver a ver a su esposa con vida, deberá entregarme algo mucho más valioso que el dinero. A cambió de la libertad de Platinum, quiero a que me entregue a Regigigas.

Regigigas, ese pokémon otra vez. Pearl había predicho que buscarían quitarle a Diamond el control de ese pokémon, pero jamás esperaría que esta sería la forma. Prefería mil veces a que a él lo atacasen directamente para quitárselo, no usarlo de intercambió para poder recuperar a su esposa.

Mientras se maldecía a él mismo por ser el poseedor de ese pokémon, la voz del otro lado del parlante volvió a hablar.

—Vamos, ¿enserió quiere pensarlo tanto? Es la vida de su esposa, ¿qué clase de esposo lo duda? —preguntó con cinismo.

—¿Para qué demonios quieres a Regigigas? —preguntó Diamond.

—Esa es una cuestión confidencial, así que no podre responderle su pregunta. Lo único que tiene que saber es que un servidor siempre honra un acuerdo, por lo que si me entrega ese pokémon, yo mismo en persona le hare entrega de su esposa.

La vida de Platinum o la seguridad de la región, esas eran las opciones de Diamond en aquel momento. Debía elegir, o al menos alargar la llamada lo suficiente para detectar la ubicación de la llamada. Solo quedaban pocos segundos antes de que el programa de la policía diera con las coordenadas.

—Oh, ya entiendo lo que hace, muy listo —la voz rió un poco—. El número es irrastreable, pero si quieren tiempo lo tendrán, todo el que gusten. Pero si la verdadera razón por la que tarda tanto es por qué no sabe cómo decidirse, entonces debó decirle que estoy muy descepciona…

—¿Dónde quieres hacer el intercambio? —preguntó Diamond, interrumpiéndolo.

La actitud seria y decidida de Diamond tomó por sorpresa a los presentes, no esperaban que respondiera de aquella forma tan tajante.

—Me estaba asustado de que no fuera el hombre que me habían platicado. El cinco de julio a las cuatro de la madrugada, en estos días le mandare otra carta con las coordenadas del sitio de reunión.

No había otra elección para Diamond en aquel momento, debía cooperar con el secuestrador. Para su fortuna, Handsome le indicó que había logrado rastrear el número que había recibido la llamada. De inmediato el hombre dio alerta a un equipo de seguridad para que fueran de inmediato a esa dirección.

—De acuerdo —admitió Diamond, suspirando—. No quiero que le hagas nada a mi esposa, tendrás a Regigigas, pero no le hagas daño.

—A una mujer no se le toca ni con el pétalo de una rosa, señor Diamond —un tono de falsa galantería salió del parlante—. Por cierto, antes de despedirme, quisiera darle un mensaje a la señorita Cynthia, que es más que seguro que está aquí.

Con la localización de la llamada ya realizada por la policía internacional, Handsome pudo decirle a Cynthia que podía responder la llamada, después de todo era obvio que él los quería a todos reunidos.

—¿Qué es lo que quieres, infeliz? —dijo Cynthia, enojada.

—Oh, esos no son los modales propios de una campeona.

—No mereces ningún respeto después de lo que has hecho —admitió con asco—. ¿Qué clase de recluta basura del Equipo Galaxia eres?

—Señorita Cynthia, ¿con esa boca besa a su madre? —preguntó, enojando un poco más a la mujer— Bueno, no me alargare más, solo quería agradecer que me haya facilitado tanto mi trabajo, por lo que he decidido darle un pequeño regalo por su esfuerzo.

Cynthia movió la cabeza de manera contrariada, no entendió a qué era lo que se refería aquel hombre. Sin embargo decidió seguirle el juego.

—¿Has estado espiándome para entrar a tu juego? —preguntó devuelta.

—Por favor, eso sería demasiado fácil —riendo—. Estoy a cuatro pasos por delante, así que le daré un poco de ventaja, y espero que la policía internacional capte esto.

Los reclutas se miraron entre ellos con un poco de preocupación. De inmediato encendieron las grabadoras de audio.

—Te escucho.

—Antes de las elecciones habrá tres fiestas a las cuales ustedes están claramente invitados —riendo con sarcasmo—. Frente de Batalla, El Safari y Ciudad Marina. En una de esas fiestas iré personalmente, por lo que espero verlos a todos ustedes, por el bien de todos.

La llamada finalizó de repente, sin decir una sola palabra más. Los ojos de Cynthia se desorbitaron al momento en que escucharon aquellas palabras. Las elecciones se llevarían a cabo en tan solo cuatro días, por lo que aquel ataque era completamente inminente.

Las fuerzas del orden publicó comenzaron a realizar vayas llamadas de inmediato, debían reorganizarse gracias a la nueva información que tenía. El Equipo Galaxia volvería a realizar otro ataque en poco tiempo.

[…]

26 de Junio, Lugar Desconocido

El sonido de botas golpeando el suelo resonó por toda la sana del trono. Los soldados del Team Age avanzaban de manera ordenada hasta las afueras del castillo, cargando consigo algunas espadas al lado de sus cinturones con pokébolas.

A las afueras del castillo se encontraba la maquina con la cual habían logrado abrir portales dimensionales. Las enormes luces blancas dejaban ver como la maquina era hasta cinco veces más grande con una cadena roja enorme. Debajo de lo que pronto sería un portal se encontraba una gran rampa diseñada para dejar pasar al ejército del Team Age.

Con más de cien hombres a su disposición, el rey contaba con un ejército de esbirros lo suficientemente grande como para hacer caer una ciudad entera. Frente a los soldados rasos se encontraban los antiguos administradores del Equipo Galaxia, quienes llevaban consigo a Spectrier y Glastrier.

En el área de máquinas se encontraba el señor Impex, monitoreando las cargas de energía de Meltan, mientras que la Condestable Mónica organizaba a todas las tropas y las preparaba para la gran incursión.

No pasó mucho tiempo antes de que el rey finalmente hiciera acto de presencia. Todo el mundo guardó silencio mientras el rey avanzaba con elegancia entre su ejército. De lado izquierdo se encontraba Platinum junto a su Empoleon, mientras que del lado derecho se encontraba Troupy junto a su Gothitelle. Todo el ejercitó mostró respeto inclinándose hasta que el rey subió a la máquina y levantó la voz.

—¡Súbditos míos, la fecha esperada por todo ha llegado! —gritó el rey con gran elocuencia— La condestable Mónica los ha preparado para este día, probaremos la fuerza de nuestro reino contra una gran potencia de otra dimensión y tomaremos la llave que nos acercara a nuestra anhelado sueño.

Los soldados lanzaron un gritó coordinado hacía al rey, un gritó de estar listos para el combate.

—Recuerden bien sus instrucciones, debemos asegurarnos de capturar a la entidad conocida como Zoe, una integrante de la Unidad Ultra con un pelo anaranjado —recordó el rey—. No la maten, captúrenla con vida, será ella quien nos de nuestra llave de nuestra futura victoria.

Era importante que aquella chica estuviera viva al momento de su captura. Después de todo ella había capturado a aquel pokémon que el rey necesitaba con tanta desesperación.

Luego de dar esa orden, Impex encendió la máquina para crear el portal. Los enormes engranes comenzaron a girar con fuerza, acelerando la cadena a una gran velocidad mientras se está comenzaban a salir varios rayos que golpeaban la caverna y desprendían algunas rocas. Para fortuna del ejército, Platinum y Troupy lograron eliminar los grandes fragmentos de roca antes de que estos cayeron en las cabezas de los soldados.

Luego de que la cadena roja se volviera completamente blanca, el espacio dentro de esta comenzó a quebrarse, colapsando en un pequeño punto negro que rápidamente se expandió creando un enorme resplandor de energía. Cuando las personas pudieron volver a abrir sus ojos, el portal había sido creado con éxito.

Antes de poder entrar, Mónica eligió un soldado para que entrara y comprobara que si estaban conectados con el mundo correcto. Mientras el soldado caminaba con tranquilidad hacia el portal, el rey retomó su discurso.

—Recuerden que la gente de Ultropolis pueden utilizar ultraentes, deberán estar preparados para derrotar a esos pokémon —dijo el rey, esperando la llegada del soldado de prueba.

Cuando el soldado volvió, de inmediato se acercó con Mónica para comunicarle su hallazgo. Los ojos de Mónica se desorbitaron al escuchar la explicación de su soldado, luego de mandarlo a la final la mujer se acercó al rey y le explicó la situación, dejándolo bastante confundido.

—Nunca espere que fuera tan sencillo —admitió con sorpresa—. Prepara las tropas de todas formas, el plan sigue igual.

Con eso dicho, el rey se quitó su gran capa, revelando una enorme armadura metálica y su gran espada. De inmediato sacó a su Tyrantrum al campo y subió a él. Con una rápida mirada a Platinum y a su ejército para corroborar que todo estaba listo, el hombre empuño su espada.

—¡Hasta la victoria! —gritó con entusiasmo.

Luego de un fuerte gritó de guerra por parte del ejército, todo el Team Age se abalanzó hacia la batalla, con el rey a la cabeza del ataque.

Luego de cruzar el enorme umbral del portal, el ejercitó se encontró con la enorme ciudad de Ultropolis. La adrenalina de la guerra les impidió percatarse que la majestuosa ciudad de la cual les habían contado se encontraba en malas condiciones.

Los pokémon lanzados comenzaron a irrumpir en edificios ya destruidos o en reparación, destruyendo varia maquinaria en el proceso. Los pokémon voladores ni siquiera se dieron cuenta del enorme campo de energía que había sobre sus cabezas y comenzaron a destruir los pocos rascacielos que se encontraban intactos.

Los soldados no encontraron ninguna defensa enemiga que destruir, todas se encontraban por detrás de ellos y eran incapaces de atacar al enorme ejército que había entrado tan de repente a su ciudad.

No tardó mucho antes de que los soldados de la ciudad comenzaran a salir y utilizar sus ultraentes. Fútil esfuerzo resultó ser cuando los pokémon del ejercitó lograron derrotar sin problemas a unos muy debilitados ultraentes. Aquello no se trataba de una guerra contra una gran potencia dimensional, era el golpe de gracia a una ciudad asediada por un enemigo completamente desconocido.

No era justo, pero al rey poco le importaba aquello, solo deseaba con ansias entrar a la enorme torre de la ciudad de la cual emergía una potente luz que iluminaba todo el lugar. La llave que cumpliría todas las ambiciones del lugar. Sin embargo, la ventaja de la ciudad debilitada se acababa en los límites de la torre, donde unos de los integrantes de la Unidad Ultra se interpusieron y mandó a un Lunala.

—Finalmente has aparecido, Darius —dijo el rey, bajando de su pokémon fósil.

—No me interesa que es lo que quiera tu gente, pero no permitiré que avances más allá de este punto —indicó el hombre, con enojó—. Esta ciudad ha sufrido suficiente.

—Estimado, estoy justo donde quería estar, y te agradezco que me hayas facilitado la captura de Lunala.

Ante la mirada incrédula de Darius, Glastrier llegó a toda velocidad y atacó con un gran Pulso Umbrío, mandándola contra la torre. Cuando el legendario intentó levantarse, Glastrier le atacó de nueva cuenta con Chuzos.

—Como vera, nosotros también contamos con pokémon legendarios, y a menos que quiera que su ciudad sea destruida, ustedes nos darán a su Lunala y a…

Antes de poder terminar su oración, un enorme rayo de energía salió de la torre y golpeó a ambos pokémon legendarios, haciéndoles retroceder un poco. Cuando el rey alzó la vista pudo ver una criatura negra y geométrica descendiendo junto a una chica de pelo anaranjado.

—Ustedes no obtendrán nada, más vale que se vayan —gritó Zoe, enojada.

—Sera difícil terminar esto sin Deoxys, pero creo igual lo conseguiremos —dijo el rey, riendo lentamente—. ¡Que comience la verdadera batalla!


Y más eventos interesantes se vienen en la región Sinnoh, ¿Estarán todos preparados para lo que vendra?

Por cierto...

¡Hemos llegados a los treinta capítulos! Y por ello quiero hacer una pequeña dinámica para celebrarlo uwu.

Haré un pequeño Preguntas y Respuestas , por lo que pueden enviarme tanto preguntas a mi como a los personajes de la historia uwu. Todas serán respondidas en un podcast que estaré publicando el domingo 22 de agosto, por lo que tienen hasta el viernes 20 para hacer sus preguntas uwu.

Para poder escuchar el podcast el día de su salida busquen mi pagina en facebook "Trainer Manuel Baez" (donde publicó dibujos que hago, actualizaciones de fanfics y memes uwu), o busquen el podcast "A nadie le importa" en Spotify.

Espero que quieran participar en esta dinamica :D, y sobre todo, muchas gracias por leer.

(Aunque también podrían dejar sus reviews, no se... quizás uwu)

Nos leemos en la próxima oportunidad.